jueves, 4 de agosto de 2011

Vida de Don Quijote y Sancho

Octavio Ocampo. Amistad de Don Quijote

Obsérvese cómo Sancho, apenas se encuentra en una aventura, cuando acude al punto al botín, mostrando en ello cuán de su casta era. Y pocas cosas elevan más a Don Quijote que su desprecio de las riquezas del mundo. Tenía el Caballero lo mejor de su casta y de su pueblo. No salió a campaña como el Cid "al sabor de la ganancia" y para "perder cueta y venir a rictad" (Poema del Cid, verso 1689), ni habría dicho nunca lo que dicen que dijo Francisco Pizarro en la isla del Gallo cuando haciendo con la espada una raya en el suelo, de naciente a poniente, y señalando al mediodía como su derrotero, exclamó: "Por aquí se va al Perú a ser ricos; por acá se va a Panamá a ser pobres; escoja el que sea buen castellano lo que mejor le estuviere". De otro temple era Don Quijote; nunca buscó oro. Y al mismo Sancho, que empezó buscándolo, le veremos ir cobrando poco a poco afición y amor a la gloria, y fe en ella, fe a que le llevaba Don Quijote, y hay que convenir en que nuestros mismos conquistadores de América unieron siempre a su sed de oro su sed de gloria, sin que se logre en cada caso separar la una de la otra. De la gloria y riqueza a la vez dicen que habló a sus compañeros Vasco Núñez de Balboa en aquel glorioso 25 de septiembre de 1513, en que de rodillas y anegados por el gozo, en lágrimas sus ojos, descubrió desde la cima de los Andes, en el Daríen, el mar nuevo.

Vida de Don Quijote y Sancho
Miguel de Unamuno