sábado, 22 de octubre de 2011

Limpopo

Milo Manara. Muchacha y caballo.

En la víspera de la llegada de los tulumbuses, Olga Jristofórovna cruzó la ciudad de R. montada en un caballo del koljós con una bandera negra en la mano derecha y un ultimátum en la izquierda. Exigía la abolición del dinero, de los privilegios alimenticios, de las mesas de encargos, de los exámenes en las universidades y escuelas, reclamaba libertad para los perros, caballos y loros siempre que fueran propiedad personal de los habitantes de la ciudad de R. Exigía que se destruyeran las vallas, los candados, las llaves, los visillos, las alfombras, fundas con costura y sin ella, almohadas, colchones, zapatillas de casa, ropa interior, pañuelos de nariz, anillos, broches, pendientes, manteles, tenedores, cucharas, servicios de café y té -a excepción de los vasos tallados-, corbatas, sombreros, bolsos, artículos de lana, seda, sintéticos, de nylon y viscosa. Olga Jristofórovna permitía a los ciudadanos de R. poseer no más de una mesa, dos taburetes, un cubo de cinc, tres jarritas de latón con asas, dos cuchillos plegables, un hornillo de keroseno mensualmente controlado, un metro cúbico y medio por familia, una manta per cápita y encendedores ad libitum.
Olga Jristofórovna declaraba, además, que por disposición suya la naturaleza cambiaba de nombre de ahora para siempre en escala mundial: la ciudad de R., así como el resto del mundo, recibirían en adelante las lluvias otoñales llamadas de Augusto Bebel, amaneceres brumosos Vera Slútzkaia, nubes de Noguin, amaneceres de Uritzki y ventiscas condecoradas con la bandera roja que llevarían el nombre de "El despertar de las mujeres de Transcaucasia".
Y en conclusión, Olga Jristofórovna afirmaba que su doctrina era justa porque era correcta.

Traducción de Lydia Kúper

Sonámbulo en la niebla
Tatiana Tolstoi