martes, 19 de junio de 2012

Miguel Ángel

Emil Ludwig. Miguel Ángel.

En la época en que Lorenzo descubrió a Miguel Ángel, llevándolo a su casa, irguiose en Florencia aquel dominico fanático que se creyó llamado a obligar desde allí al arrepentimiento al mundo pecador. Su método era semipolítico; veía en peligro la libertad de la urbe, y cuando atacaba a su secreto dominador por su paganismo, sólo a medias era éste el grito del moralista. Miguel Ángel escuchaba por las mañanas, entre miles, al asombrosos monje, y oía también, al mediodía, en la mesa de Lorenzo graves discusiones sobre el mejor modo de refutar a aquél. La batalla entre Fe y Conocimiento, entre Deber y Placer, entre Dios y Mundo, tan vieja como la humanidad, renovada en todas las épocas, se libraba a su vista, como un drama cada vez más fuerte, con cada sermón, agitando su corazón sensible. ¿Era, pues, pecado la belleza del cuerpo? El tranquilo mundo de Platón, ¿sólo era una seducción de los sentidos? ¿La fe era la única redentora posible? ¿Debía el arte, como exigía el monje amenazador, limitarse de un modo exclusivo a las vírgenes vestidas, cesando de explorar las posibilidades del floreciente cuerpo humano?

Traducción de Editorial Juventud

Miguel Ángel
Emil Ludwig