domingo, 31 de mayo de 2015

El lugar donde se lee

André Kertész. El lector, 1974.

A solas se encuentra todo lector cuando lee, aun sabiendo que otros existen y rozándolos con tacto, cada uno en su propio recogimiento y deferente hacia el recogimiento de los demás (en realidad, por una especie de indiferencia puntillosa: ¡no vaya a ser que vengan a distraerlo!), semejantes a monjes que viven juntos sin molestarse nunca, asamblea ideal en el interior de la sociedad, ya de por sí demasiado precipitada como para perder el tiempo con ellos, y tolerándolos, con el desdén que puede haber en la tolerancia. Los grandes lectores son monstruos. Inofensivos, por otra parte, aunque hasta cierto punto, a partir del cual reivindicaran prestigio y dejaran de hacerse los modestos. Que no olviden que son minoritarios.

La lectura nos extrae. Creo que sería contradictorio con respecto a su naturaleza que nos dejara acordarnos con exactitud del momento y del lugar en que la hicimos. La lectura es ese instante de eternidad simultáneamente sentido por algunos solitarios en el espacio inmaterial y un poco raro al que podríamos llamar espíritu.

Traducción de Elena M. Cano y Íñigo Sánchez-Paños

¿Por qué leer?
Charles Dantzig