jueves, 27 de agosto de 2015

Deleite de la discreción

Bernardino Fernández de Velasco y Pimentel. Deleite de la discreción.

Capítulo V

Advertido Julio César de haber un hombre en Roma que se le parecía infinito, como era así, hízole venir a su presencia, y le preguntó: ¿Decidme acaso, podemos ser hermanos? ¿Vuestra madre estuvo en esta Corte en su juventud? A que respondió, con postrado acatamiento: No, señor; quien habitó en ella en tiempo de su mocedad, fué mi padre. 

En una ciudad de Grecia llegó a reinar con tal fuerza el humor melancólico, que muchos (especialmente mujeres, que allí eran honestísimas) se mataban en la desesperación de no hallar remedio, porque no le había en la medicina; pero un prudente médico pidió a la República publicase por edicto que todas las que falleciesen en el cruel impulso de la aprensión, las llevasen a enterrar desnudas; y el temor de llegar a ese trance, que contemplaban indecente al decoro de su recato, obró de modo que extinguió la enfermedad. 

Deleite de la discreción
Bernardino Fernández de Velasco y Pimentel (1707-1771)