martes, 5 de enero de 2016

Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas

Josef Breitenbach. Sin título, 1950.

Si quieres introducirte en una familia extraña, buscas un amigo común y le pides el favor. Si no encuentras a nadie, te armas de paciencia y esperas una ocasión favorable.
En la pequeña localidad en que vivimos, no faltará la ocasión. Si no se presenta hoy, seguro que se presenta mañana. Y si no se presenta, por eso no vas a sacudir las columnas del universo. Si la familia soporta el verse privada de ti, tú, desde luego, no vas a llevarlo peor que ellos.
Todo esto es evidente, pero K. no lo entiende. Últimamente se le ha metido en la cabeza que tiene que introducirse en la familia del propietario de la hacienda, pero no lo intenta a través de las relaciones sociales, sino por vía directa. Tal vez le parezca muy difícil la vía normal, y en eso tiene razón, pero la que él intenta seguir es desde luego impracticable. Con esto no es que yo quiera dar excesiva importancia al hacendadado. Un hombre honorable, sensato y trabajador, pero nada más. ¿Que quiere K. de él? ¿Quiere un empleo en su finca? No, eso no es lo que quiere, él tiene también una posición desahogada y carece de preocupaciones materiales. ¿Ama a la hija del hacendado? No, no, de esa sospecha está completamente libre.

Traducción de Carmen Gauger

Carta al padre y otros escritos
Franz Kafka (1883-1924)