lunes, 11 de enero de 2016

Los viajeros desprevenidos se admiran de una larga caravana

V. Gortinsky. El cohete, 1963.

Que mi cuerpo se deje en el espacio, fue su última voluntad.
Hubo que hacer los trámites, y para sorpresa nuestra, no era el primero: quienes no habían podido ir en vida al cosmos, era lógico que solicitasen eso.
Los viajeros desprevenidos se admiran de una larga caravana, como de ataúdes espolvoreados de cristales, que generalmente se cruza en el camino de los cohetes cuando éstos se dirigen a Marte.

Me pareció que saltaba por el espacio como una hoja muerta (1977)
Armando José Sequera