sábado, 9 de abril de 2016

Viajes con Heródoto

Félix Bonfils. Pirámide de Sakkara, 1857.

No se ocupa del futuro: el mañana no es otra cosa que el hoy de turno; le interesa el ayer, ese pasado que se desvanece, teme que se lo lleve el viento, que desaparecerá de nuestra memoria y lo perderemos. ¿Cómo podemos permitirlo, siendo lo que somos? Y somos seres humanos, pues contamos historias y mitos; en esto nos diferenciamos de los animales, las experiencias y leyendas compartidas cimientan la comunidad y el hombre no puede vivir sino en y gracias a la misma. Aún no se han inventado el individualismo, el egocentrismo, el freudismo, que tardarán dos mil años en aparecer. De momento, la gente se reúne al ponerse el sol ante largas mesas, en torno a una hoguera o bajo un árbol centenario, a poder ser cerca del mar, para comer, beber vino y hablar. Esas charlas rebosan historias, cientos de historias de lo más variado. Si en las proximidades aparece un huésped inesperado, un viajero, lo invitarán a la mesa. Él se sentará y será todo oídos. Al día siguiente seguirá su camino. Al llegar a un nuevo paradero, también allí lo invitarán. El guión de estas tardes se repite. Si el viajero tiene buena memoria -y Heródoto debió de tenerla prodigiosa- con el tiempo acumulará en ella un sinfín de historias. Ésta era una de las fuentes en las que bebió nuestro griego. La segunda, lo que veía. La tercera, lo que pensaba.

Traducción del polaco de Agata Orzeszek

Viajes con Heródoto (2004)
Ryszard Kapuscinski