viernes, 15 de junio de 2018

El libro del té

Kakuzo Okakura. El libro del té.

III
Taoísmo y Zen

Los practicantes zen vivían en comunión directa con la naturaleza íntima de las cosas, considerando accesorio lo exterior, una sombra en el camino del conocimiento de la realidad. El amor a lo abstracto ha conducido a la grafía zen hacia los trazos en blanco y negro. alejándose del exquisito refinamiento pictórico que caracteriza al budismo clásico. Por haber procurado siempre en conocer a Buda en sí mismos, y no por sus símbolos e imágenes, un grupo de monjes zen llegó a declararse iconoclasta.
Se sabe que Tanka Osho, un día de invierno, convirtió en astillas una figura en madera de Buda para hacer fuego.
—¡Qué sacrilegio! —gritó espantado alguien.
—Extraeré de sus cenizas las shali que contiene este buda —repuso tranquilamente el monje zen.
—Pero si es imposible que esa estatua contenga shalis —replicó otro. 
—Entonces significará que esta madera no era un Buda, por lo cual tampoco se habrá cometido ningún sacrilegio —adujo con absoluta serenidad Tanka. Y se fue hacia el fuego a calentarse.
Para terminar, el Zen aportó al pensamiento oriental la noción igualitaria establecida entre los asuntos temporales y espirituales. En las relaciones superiores de las cosas no existe diferencia entre lo sencillo y lo complejo, lo grande o lo pequeño: un átomo posee las mismas posibilidades que el Universo.
Quien busca la perfección debe hallar en su propia vida el reflejo de la luz interior.
Al respecto no existe nada tan significativo como la monástica zen. Cada miembro, excepto el abad, tenía una tarea asignada en la conservación del monasterio y, cosa extraña, las funciones ligeras correspondían a los novicios, reservándose las más duras y humildes a los monjes más respetables y avanzados en el camino de la perfección. Estas obligaciones formaban parte de la disciplina zen que predicaba realizar cualquier labor por insignificante que fuera con absoluta perfección.
¡Qué maravillosas discusiones debieron originarse en los conventos a la hora de regar el jardín, fregar la vajilla o preparar el té!

Shali: piedras preciosas que se forman en el cuerpo de los Budas tras su cremación. (N. del autor)

Traducción de José Javier Fuente del Pilar

El libro del té
Kakuzo Okakura