sábado, 2 de febrero de 2008

Decálogo del perfecto cuentista



Fuente: Wikipedia
Decálogo del perfecto cuentista
I
Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.
II
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
IV
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
VI
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
VII
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
X
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

4 comentarios:

Gavilán dijo...

Esta joyita la encontré en uno de los primeros números de QUIMERA, allá por los ochenta, y desde entonces trato que el decálogo rija, no ya sólo en lo que escribo, sino en lo que vivo. Gracias por traerlo a colación, Ar Lor.

Ar Lor dijo...

Este catálogo, que no conocía, me recordó, por una de esas cabriolas de la memoria (hoy diríamos una IP neuronal equivocada): al cuento de la "carta robada". El "misterio" se halla en el cuento, y el decálogo, lo expresa muy bien.

Higinio dijo...

Escribir es como atrapar la sombra del pez en el agua.Escribir es como rastrear huellas en un bosque petrificado.Escribir es como escuchar las pisadas del gato.Escribir es, a todas luces, imposible.

Gavilán dijo...

¡¡¡Higinio, cabrón, yo quiero ser el padre de esas palabras!!! Por otro lado, Ar Lor, claro que el "misterio" o el alma o llámalo como quieras, está dentro del relato, es condición sine qua non para que uno, al escribirla, y otros, al leerla, no desfallezca de aburrimiento.