martes, 30 de junio de 2009

Estado de la Literatura en Selenópolis

Georges Melies:Les sélénites. Fuente:artnet
El VIAGE
DE UN FILÓSOFO
A SELENÓPOLIS,
CORTE DESCONOCIDA
DE LOS HABITANTES DE LA TIERRA
CAPÍTULO IV
Prosigue el Diálogo entre Arzames y el Filósofo Europeo sobre el estado de la Literatura en Selenópolis.
Siendo la crítica (dijo Arzames), más dañosa que útil para los progresos de la Literatura cuando no se contiene en los límites de la razón y de la equidad, se estableció aquí un tribunal del gusto compuesto de personas sabias y prudentes que tenían la jurisdicción para sentenciar, sin lugar a apelación, sobre todas las disputas literarias.
Las obras se examinaban en él con todo cuidado antes de permitirlas la impresión. No bastaba para esto que no contuviesen cosa alguna contraria a la Religión, a las buenas costumbres, o al gobierno, sino que se necesitaba además que se las juzgase buenas y que contuvieran algunas ideas nuevas y útiles; de otro modo no se las daba el pase. Si la producción era puramente de recreo, estando escrita con un estilo vivo, ingenioso, conciso y brillante, decretaba el tribunal que era propia para desahogar el espíritu por un rato.
Para sofocar las consecuencias de las disputas literarias, que degeneraran por lo común en indecencias y en invectivas poco honrosas a los Literatos, los Litigantes estaban obligados antes de entrar en la lid a establecer claramente la cuestión que se disputaba en la Academia. Sola esta precaución cortaba ya la mayor parte de las disputas en su nacimiento. Cuando dos quieren entenderse, no tardan en ponerse de acuerdo. En las disertaciones físicas sobre los fenómenos había igualmente la obligación de probar los hechos antes de someterlos a la discusión. Así, se ahorraba por lo común la necedad de buscar como Demócrito40 la causa de lo que no es. El proceder de diferente modo es lo mismo que componer remedios para enfermedades imaginarias o que establecer leyes para reformar abusos que no existen.
Se dejaba así a cada uno la libertad de dar definiciones de los seres metafísicos según su gusto; esta suerte de obras servían de recreación. Por ejemplo, se habían dado dos mil definiciones de espíritu, todas diferentes y todas justas.
El Viage de un Filósofo a Selenópolis
Antonio Marqués y Espejo