lunes, 31 de agosto de 2009

Los habitantes son en realidad encantadores

Imagen:The Alfred Agate Collection: The United States Exploring Expedition, 1838-1842
Fuente:DEPARTMENT OF THE NAVY -- NAVAL HISTORICAL CENTER
November 15th, 1835.

I was pleased with nothing so much as with the inhabitants. There is a mildness in the expression of their countenances which at once banishes the idea of a savage; and an intelligence which shows that they are advancing in civilisation. The common people, when working, keep the upper part of their bodies quite naked; and it is then that the Tahitians are seen to advantage. They are very tall, broad-shouldered, athletic, and well-proportioned. It has been remarked that it requires little habit to make a dark skin more pleasing and natural to the eye of a European than his own colour. A white man bathing by the side of a Tahitian was like a plant bleached by the gardener's art compared with a fine dark green one growing vigorously in the open fields. Most of the men are tattooed, and the ornaments follow the curvature of the body so gracefully that they have a very elegant effect. One common pattern, varying in its details, is somewhat like the crown of a palm-tree. It springs from the central line of the back, and gracefully curls round both sides. The simile may be a fanciful one, but I thought the body of a man thus ornamented was like the trunk of a noble tree embraced by a delicate creeper.

Many of the elder people had their feet covered with small figures, so placed as to resemble a sock. This fashion, however, is partly gone by, and has been succeeded by others. Here, although fashion is far from immutable, every one must abide by that prevailing in his youth. An old man has thus his age for ever stamped on his body, and he cannot assume the airs of a young dandy. The women are tattooed in the same manner as the men, and very commonly on their fingers. One unbecoming fashion is now almost universal: namely, shaving the hair from the upper part of the head, in a circular form, so as to leave only an outer ring. The missionaries have tried to persuade the people to change this habit; but it is the fashion, and that is a sufficient answer at Tahiti, as well as at Paris. I was much disappointed in the personal appearance of the women: they are far inferior in every respect to the men. The custom of wearing a white or scarlet flower in the back of the head, or through a small hole in each ear, is pretty. A crown of woven cocoa-nut leaves is also worn as a shade for the eyes. The women appear to be in greater want of some becoming costume even than the men.


Los habitantes son en realidad encantadores. Tienen sus facciones tal dulzura de expresión que no es posible imaginar que sean salvajes; y es tan grande su inteligencia que progresan en la civilización con suma rapidez. Los trabajadores van desnudos hasta la cintura, y así es como mejor puede admirarse a los tahitianos. Son altos, bien proporcionados, anchos de hombros; en una palabra, verdaderos atletas. No sé quién ha dicho que el europeo se acostumbra con facilidad al espectáculo de las pieles oscuras y que éstas llegan a parecerle tan agradables y tan naturales como la suya blanca. Un hombre blanco que se baña al lado de un tahitiano hace el mismo efecto que una planta blanqueada a fuerza de cuidados, al lado de un hermoso brote verde oscuro que crece vigoroso en medio del campo. Casi todos los hombres están pintarrajeados; pero acompañan tan graciosamente esas pinturas las curvas del cuerpo que producen un efecto muy elegante. Uno de los dibujos más comunes, pero cuyos detalles varían al infinito, puede compararse a la corona de una palmera. Parten estos dibujos, de ordinario, de la columna vertebral y se encorvan con arte a los lados del cuerpo. Podrá creerse que exagero, pero viendo el cuerpo de un hombre ornamentado en esta forma no he podido prescindir de compararlo al tronco de un hermoso árbol rodeado por delicadas plantas trepadoras. Casi todos los viejos tienen los pies cubiertos de dibujos delicados, dispuestos de manera que simulan un zapato; aun cuando ha desaparecido ya en gran parte esta moda, siendo sustituida por otra. Aquí como en todas partes cambian las modas con bastante frecuencia; pero quieras o no quieras, hay que someterse a dejar que reine cuando se es joven. De este modo cada viejo lleva impresa, por decirlo así, su edad en su cuerpo y no puede jugar a los pollos. Las mujeres se pintan lo mismo que los hombres, y muchas veces llevan tatuajes en los dedos. Ahora (1835) se ha hecho casi universal la moda de afeitarse la parte superior de la cabeza no dejando más que una corona de cabellos. Los misioneros han intentado reducir a los tahitianos a que abandonen tal costumbre, pero es moda, y esta razón es tan suficiente en Tahití como en París. Declaro que las mujeres me han desencantado; están muy lejos de ser tan hermosas como los hombres. Tienen, sin embargo, costumbres muy bonitas; por ejemplo: la de llevar una flor blanca o roja en la parte posterior de la cabeza, o en agujerito hecho en cada oreja, También suelen llevar una corona de hojas de cocotero, pero esto no es ya un adorno sino protección para los ojos. En resumen, paréceme que las mujeres ganarían mucho, más que los hombres, llevando un traje cualquiera.
Viaje de un naturalista alrededor del mundo
(Traducción Manuel Vílchez de Serradel,1906)
Charles Darwin