jueves, 8 de octubre de 2009

Hoteles literarios


Jesús Navarro. Máquina de escribir junto a la ventana.

Ya no hay un fin del mundo, ni territorios inexplorados, ni aventuras que no hayan sido vividas antes por otros, y hay en cambio demasiados viajeros. O demasiados turistas y no bastantes aventureros, tan curiosos del mundo como de sí propios, probando otras vidas, rompiendo los "dicen que", rechazando prejuicios, abiertos, atentos, sensibles, solitarios y agradecidos a la vida por su diversidad, en lo mejor y lo peor, pues lo peor es a menudo la mejor manera de percibir. El viajero no sabe necesariamente a dónde va. Parte hacia un lugar al que acaso no llegue. Puede en todo momento modificar su trayectoria. Quedarse en un sitio que sólo pensaba cruzar, seguir a alguien, o los consejos de un desconocido. La ciudad y los paisajes acaso sean hermosos, pero quizás los que no lo sean lo marcarán para toda la vida. En cuanto a saber dónde dormirá esa noche, ya vendrá la hora de ocuparse de ello cuando el sol se ponga.

Traducción de Esther Benítez

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Nathalie de Saint Phalle