viernes, 3 de febrero de 2012

Jean Giono

Michael McCurdy. Plantando bellotas.

En su maravillosa historia de Elzéard Bouffier, Giono parece querer inspirar un vasto programa de reforestación capaz de renovar toda la tierra. A su confianza en el futuro, Giono le llamó espérance, es decir, esperanza; no espoir, que es el vocablo masculino para definir la esperanza, sino espérance, la forma femenina que designa un permanente estado esperanzador, o ese saber vivir siempre con el sosiego que infunde la esperanza.¿De dónde brota esa fuente de esperanza, se pregunta Giono?
En su opinión, la esperanza debe brotar de la literatura y de la profesión de poeta. Los autores solamente tienen que escribir. Y, para ser consecuentes, tienen la obligación de profesar la esperanza, a cambio de su derecho a vivir y a escribir. El poeta debe conocer el efecto mágico de ciertas palabras: heno, hierba, praderas, sauces, ríos, abetos, montañas, colinas. Giono pensaba que la gente sufre tanto encerrada entre cuatro paredes que ya nadie recuerda lo que significa ser libres. Los seres humanos no han sido creados para vivir para siempre en bloques de vecinos y viajando en metro, porque sus pies arden en deseos de caminar por la hieba, o de deslizarse a través de una corriente de agua. La misión del poeta es recordarnos esa belleza: los árboles balanceándose en la brisa, o los pinos gimiendo bajo la nieve en los puertos de montaña, o los blancos caballos salvajes galopando entre las olas.
"¿Sabes una cosa? -me dijo Giono-. Hay momentos en la vida en que es preciso partir como un rayo en pos de la esperanza".

Traducción de Manuel Pereira

Epílogo a 'El hombre que plantaba árboles'
Norma L. Goodrich