jueves, 31 de marzo de 2011

El intermediario

Andrey YaKovlev. Lili y Aleeva.

Cuando al fin le confesé mis relaciones con la Otra, me insultó y amenazó con lanzar mis cosas por la ventana, pero luego, ya más calmada, quiso saber qué me atraía de ella, cuáles eran sus posiciones preferidas para hacer el amor, de qué hablábamos después. Cuando le confesé a la Otra que Ella ya sabía sobre lo Nuestro, me insultó y amenazó con dejarme, pero luego, ya más calmada, quiso saber qué le atraía a ella de mí, qué posiciones le excitaban más, qué temas le interesaba discutir antes de dormirse.
Ahora viven juntas. Prometieron invitarme a visitarlas, pero aún no me llaman.

El intermediario
Juan Armando Epple

miércoles, 30 de marzo de 2011

Calila e Dimna

Calila e Dimna.

El viejo, su mujer y el ladrón.

Era un mercader rico, pero muy viejo, que tenía una mujer joven y hermosísima, a la que él mucho amaba. Una noche entró un ladrón en casa del mercader, y su mujer, que estaba despierta, tuvo tanto miedo, que se metió en la cama de su esposo y le abrazó tan reciamente, que lo despertó. Entonces él vio al ladrón y le dijo: "Toma cuanto pudieres llevar y vete sin miedo, porque me has dado la dicha de que mi mujer me abrace".

El viejo, su mujer y el ladrón.
Calila e Dimna

martes, 29 de marzo de 2011

Por qué escribo

Alberto Manguel en Saint-Malo, Bretaña, Francia. Fotografiado por Mathieu Bourgois, 2005.

Porque no sé bailar el tango, tocar un instrumento musical como la celesta o el glockenspiel, resolver problemas de matemáticas superiores, correr una maratón en Nueva York, trazar las órbitas de los planetas, escalar montañas, jugar al fútbol, jugar al rugby, excavar ruinas arqueológicas en Guatemala, descifrar códigos secretos, rezar como un monje tibetano, cruzar el Atlántico en solitario, hacer carpintería, construir una cabaña en Algonquin Park, conducir un avión a reacción, hacer surf, jugar a complejos videojuegos, resolver crucigramas, jugar al ajedrez, hacer costura, traducir del árabe y del griego, realizar la ceremonia del té, descuartizar un cerdo, ser corredor de bolsa en Hong Kong, plantar orquídeas, cosechar cebada, hacer la danza del vientre, patinar, conversar en el lenguaje de los sordomudos, recitar el Corán de memoria, actuar en un teatro, volar en un dirigible, ser cinematógrafo y hacer una película, en blanco y negro, absolutamente realista de Alicia en el País de las Maravillas, hacerme pasar por un banquero respetable y estafar a miles de personas, deleitarme con un plato de tripas á la mode de Caën, hacer vino, ser médico y viajar a un lugar devastado por la guerra y tratar con gente que ha perdido un brazo, una pierna, una casa, un hijo, organizar una misión diplomática para resolver el problema del Medio Oriente, salvar náufragos, dedicar treinta años al estudio de la paleografía sánscrita, restaurar cuadros venecianos, ser orfebre, dar saltos mortales con o sin red, silbar, decir por qué escribo.

Por qué escribo
Alberto Manguel

lunes, 28 de marzo de 2011

Río Sena

Río Sena, París. Fotografía de Ed Clark, 1946. LIFE.

Bajo los puentes de París he visto
correr tranquila el agua,
doblarse su cintura mansamente
hacia la calma.

Ya todas las melancolías
muy tercamente la memoria
sobre mi corazón las abalanza.
Nada tendré.
De todo lo soñado
sólo nos queda el ansia.
Viento sin fin, ay, nuestra vida.
Vértigo que empezó
y nunca acaba.

Bajo este puente de París transcurren,
sin viento ni extravío,
lentas, conscientes, hacia el mar
las aguas.

Compañera de hoy (1966)
Alfonso Costafreda

domingo, 27 de marzo de 2011

Diarios de las estrellas. Viajes

Stanislaw Lem, en su casa de Cracovia, Polonia, en 1975. Foto: REUTERS.

Todo empezó un día escaso después de mi vuelta de las Hyades, una constelación esférica, tan poblada de estrellas que las civilizaciones se aprietan en ella como sardinas en lata. No había aún abierto ni la mitad de mis maletas, repletas de ejemplares para mi colección, y ya se me caían los brazos. Primero pensé bajar todo el equipaje al sótano y ocuparme de él más tarde, en cuanto hubiera descansado un poco, ya que el camino de vuelta se me había hecho interminable, así que deseaba solamente sentarme en mi butaca labrada junto a la chimenea de la salita, estirar las piernas, hundir las manos en los bolsillos de mi viejo batín y decirme que, salvo tal vez la leche dejada en el fuego, que podía verterse, no me amenazaba ningún peligro. Verdaderamente, después de cuatro años de un viaje como el mío, se puede estar harto del Cosmos, al menos por un tiempo. Me acercaré, pensaba, a la ventana, y veré, no un abismo negro, ni protuberancias candentes, sino la calle, jardincitos, arbustos, un perrito que levanta la pata junto a un árbol con una indiferencia hacia los problemas de la Vía Láctea que da gusto.

Traducción de Jadwiga Maurizio

Diario de las estrellas. Viajes
Stanislaw Lem

sábado, 26 de marzo de 2011

Sátiras y aforismos

Jonathan Swift, retratado por Francis Bindon.

17
Cuando aparezca en el mundo un auténtico genio lo reconoceremos por esta señal: la conjura universal de los necios contra él.

56
Los ancianos y los cometas son respetados por idéntica razón: sus largas barbas y la pretensión de predecir acontecimientos.

131
El ser humano tiene sólo tres formas de vengarse de los reproches del mundo: desestimarlos, pagarlos con la misma moneda o esforzarse en llevar una vida que los evite. La gente suele aparentar que recurre al primero; el último es casi imposible de aplicar; la práctica universal se decide por el segundo.

Traducción de José Luis Gil Aristu

Sátiras y aforismos
Jonathan Swift

viernes, 25 de marzo de 2011

Los diarios de una nómada apasionada

Isabelle Eberhardt. Los diarios de una nómada apasionada.

9 de febrero de 1901

Si la extravagancia de mi vida fuera resultado de un esnobismo, de una pose, sí, podría decirse: "Ella se lo ha buscado". ¡Pero no es eso en absoluto! Nunca nadie ha vivido tan al día ni tan azarosamente como yo, y han sido los mismos acontecimientos, su inexorable cadena, los que me han llevado hasta donde estoy ahora, no los he creado yo.
Tal vez toda la extravagancia de mi personalidad se resuma en esta acusada característica: busco al precio que sea sucesos nuevos, huyo de la pasividad y de la falta de movimiento.

Traducción de Adofo García Ortega

Los diarios de una nómada apasionada
Isabelle Eberhardt

jueves, 24 de marzo de 2011

Magallanes

Stefan Zweig. Magallanes. Cubierta de Eduardo Ruiz.

A través de aquel estrecho de aguas más calmadas, llegaron a una segunda bahía que se estrechaba en un sitio para ensancharse en otro. Tres días duraba el viaje, sin hallar el fin de aquel singular estrecho. Sin embargo, el imponente camino de agua de ningún modo podía ser un río. El agua era salada en toda su extensión, y con regularidad y ritmo aparecían las mareas alta y baja. No era una corriente, como el Plata, que se estrechara agua arriba de la desembocadura; antes al contrario, ancha y con caracteres oceánicos, la superficie se extendía en aquel piélago singular con profundidad constante. Era más que probable que aquel fiordo, aquel canal, saliera al tan buscado Mar del Sur, cuyas orillas divisara hacía pocos años, desde las alturas de Panamá, el primer europeo, Núñez de Balboa.
En todo un año no había recibido Magallanes, el hombre tantas veces puesto a prueba, una noticia más satisfactoria. Ya se puede suponer cómo iluminaría, de súbito, su alma sombría y acongojada. En su fuero interno desesperaba ya y había previsto la vuelta por el Cabo de Buena Esperanza. Nadie sabe qué secretos votos y oraciones debió de elevar de rodillas a Dios y sus santos. Y ahora que su fe vacilaba, la ilusión empieza a ser verdad, y el sueño a realizarse. Es cuestión de no vacilar un solo instante, ¡Arriba las áncoras! ¡A desplegar velas! Una última salva en homenaje al emperador y una plegaria al Almirante de todos. Y en seguida, adelante a través de aquel laberinto. Si encuentra en aquellas aguas aquerónticas un camino que salga al otro mar, él será el primero que habrá dado con la ruta alrededor del mundo. Con sus cuatro barcos emprende Magallanes animosamente la navegación de aquel canal, que en conmemoración de la festividad del día bautiza con el nombre de Canal de Todos los Santos y que la posteridad, agradecida, denominará de Magallanes.

Traducción de Editorial Juventud

Magallanes
Stefan Zweig

miércoles, 23 de marzo de 2011

El descubrimiento de la lentitud

Doon Seegmiller. Finisterre

Toda la pugna de la vida es, hasta cierto punto, una pugna por la lentitud o la rapidez con que realizamos cada cosa.

El descubrimiento de la lentitud
Sten Nadolny

martes, 22 de marzo de 2011

Un extranjero con, bajo el brazo, un libro de pequeño formato

Edmond Jabès, fotografiado por Bracha L. Ettinger, 1989.

Abandoné una tierra que no era la mía
por otra que tampoco lo es.
Me refugié en un vocablo de tinta, cuyo espacio es el libro;
palabra de ningún lugar, al ser la palabra oscura del desierto.
No me resguardé por la noche.
No me protegí del sol.
Caminé desnudo.
De donde venía ya no tenía sentido.
Hacia donde iba no le preocupaba a nadie.
Aire, os digo, aire.
Y un poco de arena en el aire.

Traducción de Cristina González de Uriarte y Maryse Privat.

Un extranjero con, bajo el brazo, un libro de pequeño formato
Edmond Jabès

lunes, 21 de marzo de 2011

Notas para un diccionario apócrifo

Antonio Gamoneda, fotografiado por Peio García. El País.

CHAMANES. No están vivos ni muertos; en sus ojos no hay distinción entre lo visible e invisible.

HORMIGAS BLANCAS. Temen la luz y, aladas, se aparean en el presentimiento de la tormenta.

IBOGE. Nace de los frutos corrompidos por nieblas volcánicas.

PAPÁVER. Su zumo cierra los párpados sobre sueños inmóviles.

TINNITUS. Oyes el gemido del mar y el grito de las aves lejanas. El silencio cesa en ti para siempre.

Notas para un diccionario apócrifo
Antonio Gamoneda

domingo, 20 de marzo de 2011

En el camino

Jack Kerouac fotografiado por John Cohen.

Ahora quería dormir el día entero. Así que fui al albergue juvenil a buscar habitación; no tenían, y por instinto deambulé hasta las vías del ferrocarril -y en Des Moines hay un montón- y encontré una vieja y siniestra pensión cerca del depósito de locomotoras, y pasé todo el día entero durmiendo en una enorme cama limpia, dura y blanca con inscripciones obscenas en la pared junto a la almohada y las persianas amarillas bajadas para no ver el espectáculo humeante de los trenes. Me desperté cuando el sol se ponía rojo; y aquél fue un momento inequívoco de mi vida, el más extraño momento de todos, en el que no sabía ni quién era yo mismo: estaba lejos de casa, obsesionado, cansado por el viaje, en la habitación de un hotel barato que nunca había visto antes, oyendo los siseos del vapor afuera, y el crujir de la vieja madera del hotel, y pisadas en el piso de arriba, y todos los ruidos tristes posibles, y miraba hacia el techo lleno de grietas y auténticamente no supe quién era yo durante unos quince extraños segundos. No estaba asustado; simplemente era otra persona, un extraño, y mi vida entera era una vida fantasmal, la vida de un fantasma. Estaba a medio camino atravesando América, en la línea divisoria entre el Este de mi juventud y el oeste de mi futuro, y quizá por eso sucedía aquello allí y entonces, aquel extraño atardecer rojo.

Traducción de Martín Lendínez

En el camino
Jack Kerouac

sábado, 19 de marzo de 2011

El harén de un tímido

Vera Donskaya Khilko. El harén, 2002.

Como temía decirles que no, opté por conservar a todas las mujeres que he amado.

Cuentos de hadas amorosas (1998)
René Avilés Fabila

viernes, 18 de marzo de 2011

Le regret d'Héraclite

Jorge Luis Borges, fotografiado por Jorge Aguirre en 1960.

Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach.

Gaspar Camerarius,
en Deliciae Poetarum Borussiae, VII, 16.


El hacedor (1960)
Jorge Luis Borges

jueves, 17 de marzo de 2011

Coleccionismo

Vicente Herrero Heca. Libros y conchas.

El libro es un objeto propenso a ser conservado; y a serlo junto a otros libros. Se diría que es un ser social que apetece la compañía de sus iguales. Mal se concibe en una casa un libro aislado como pueda tenerse un cuadro solo o una escultura, o un árbol en el jardín; se trata de una de las cosas sobre las que más y mejor se aplica la proteica afición humana al coleccionismo.

El hombre busca la sociedad de los libros, se procura su compañía como la de buenos amigos discretos, callados, generosos, altruistas, y, aparte de los que real y asiduamente utiliza, tiende a conservar, incluso por centenares, otros muchos libros en los que encuentra gracia, si no belleza, aunque no son ni antiguos ni modernos, ni de ciencia ni de distracción; son para él eso: libros.

Los libros de casa
Fernando Huarte Morton

miércoles, 16 de marzo de 2011

El resucitador

Rafael Pérez Estrada. Fuente de la imagen La Opinión de Málaga.

Señalándome a un hombre de gran dignidad, me dijeron: Ése es el resucitador, y como yo preguntara detalles, me explicaron que sólo podía resucitar a aquellos cuya muerte representara para la patria y la cosa pública una pérdida irreparable.
Todos confiaban en este hombre, y al punto creían en su capacidad prodigiosa para devolver a los muertos de su eterno reposo. Mas cuando inquirí sobre el número de sus milagros, ésta fue la respuesta: Nunca ha resucitado a nadie, porque nadie nos ha parecido imprescindible. Sin embargo, el hombre actuaba como si hubiera devuelto de las sombras a toda una nación.

El ladrón de atardeceres (1998)
Rafael Pérez Estrada

martes, 15 de marzo de 2011

Aforismos, sentencias breves.

Juan Ramón Jiménez. Foto: Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez, 1923

Mi vocación de eterno está, como en el niño, en mi gran amor a lo presente.

¡Oriental y occidental a la vez, ay! ¡No tengo escapatoria!

En la soledad no se encuentra más que lo que se lleva a ella.

Vemos una escultura, leemos una poesía, oímos una canción antigua y nuestro mayor elojio es: "Parece de ahora".

Pensemos que el elojio mayor que un antiguo resucitado pudiese hacer de lo nuestro sería: "Parece de entonces".

Ningún día... sin romper un papel.

Poesía y prosa
Juan Ramón Jiménez

lunes, 14 de marzo de 2011

Mundos Para-lelos

Alex Alemany. Vida secreta de los espejos.

Acá no somos libres. Debemos dejar la más inaplazable ocupación para correr tras los espejos cuando ustedes van a mirarse. Nos toca sonreír falsamente, excoriar la piel, improvisar el llanto, ejecutar los movimientos más absurdos... todo para no decepcionarlos o asustarlos, para alimentar su vanidad, para corroborar diagnósticos, para que no los acusen de locos.

Convicciones y otras debilidades mentales
Guillermo Bustamante Zamudio

domingo, 13 de marzo de 2011

Sueños

John Henry Fuseli. The Nightmare. La Pesadilla.

Los sueños son como paisajes. Cuando depertamos, todos están a nuestro alrededor y necesitamos distanciarnos un poco de ellos para ver lo que son.

Por muy extrañas que sean las cosas que nos acontezcan en un sueño, nunca nos mostraremos sorprendidos. Y es que, como los sueños forman un mundo replegado sobre sí mismo e insensible a toda crítica racional, jamás podremos juzgarlos en función de las normas aplicables a la vida real.

Lo más grande acerca de los sueños es que siempre puedes rehuirlos. Por ejemplo, aunque estés plantado en la cumbre del monte Kanchenjunga y te halles totalmente solo y hayas perdido tu piolet y la noche caiga junto con una densa niebla, no habrá el menor motivo para alarmarse. Te bastará con abrir los ojos para encontrarte tumbado en tu cama.

Traducción de Manuel Vázquez

Pensamientos en una estación seca
Gerald Brenan

sábado, 12 de marzo de 2011

Las olas

Virginia Woolf. Fotografiada por Giséle Freund.

Yo voy de casa en casa como los monjes de la Edad Media que engañaban a las mujeres y a las muchachas ofreciéndoles rosarios y baladas. Soy un viajero, un vagabundo y pago mi hospedaje con una balada; soy un huésped sin malicia, fácil de contentar: a veces me colocan en la mejor habitación de la casa, con un lecho con pilares; otras veces duermo en el granero, sobre la paja. No me preocupan las pulgas y no hago caso de la sedas. Soy muy tolerante. No soy un moralista. Poseo un sentido demasiado agudo de la brevedad de la vida y de sus tentaciones para trazar líneas de demarcación con tinta roja. Y, sin embargo, no estoy tan desprovisto de malicia como vosotros creéis, vosotros que me juzgáis por mi charlatanería. Yo oculto en mi manga mi pequeña daga de desprecio y de severidad. Pero es fácil que mi golpe sea desviado. Yo invento historias. Con una nada fabrico pequeños juguetes. Una muchacha está sentada en el umbral de una cabaña; ella espera...¿a quién? ¿Ha sido seducida o no ha sido seducida?

Traducción de Lenka Franulic.

Las olas
Virginia Woolf

viernes, 11 de marzo de 2011

Judas en flor

Katherine Anne Porter. Ilustración de Michael J Deas.

Algún día este mundo, aparentemente tan armonioso y mesurado y eterno, hasta las orillas de todos los mares será una mera maraña, de trincheras abiertas, de paredes derrumbadas y cuerpos destrozados. Todo debe ser arrancado del sitio de costumbre, donde se pudrió durante siglos, arrojado al cielo y distribuido, caer limpio como lluvia, sin una identidad separada. No sobrevivirá nada que las manos agarrotadas de la pobreza hayan creado para los ricos, y nadie quedará con vida excepto los espíritus selectos destinados a engendrar un mundo nuevo limpio de crueldad e injusticia, regido por una benévola anarquía.

Judas en flor
Katherine Anne Porter

jueves, 10 de marzo de 2011

Meditaciones

Marco Aurelio. Ilustración de Charlotte Mary Yonge.

LIBRO XII

13. Cuán ridículo y extraño es el hombre que se admira de cualquier cosa que acontece en la vida.

15. La luz de una lámpara, hasta extinguirse, brilla y no pierde su fulgor. ¿Se extinguirán con anterioridad la verdad que en ti reside, la justicia y la prudencia?

17. Si no conviene, no lo hagas; si no es cierto, no lo digas; provenga de ti este impulso.

Traducción de Ramón Bach Pellicer

Meditaciones
Marco Aurelio

miércoles, 9 de marzo de 2011

Fin

Andreas M Wiese. Calzada a Lasswitz.

De pronto, como predestinado por una fuerza invisible, el carro respondió a otra intención, enfilado hacia imprevisible destino, sin que mis inútiles esfuerzos lograran desviar la dirección para volver al rumbo que me había propuesto.
Caminamos así, en la noche y el misterio, en el horror y la fatalidad, sin que yo pudiera hacer nada para oponerme.
El otro ser paró el motor, allí en un sitio desolado.
Alguien que no estaba antes, me apuntó desde el asiento posterior con el frío implacable de un arma.
Y su voz definitiva, me sentenció:
-¡Prepárate al fin de este cuento!

Sólo los sueños y los deseos son inmortales, Palomita (1986)
Edmundo Valadés

martes, 8 de marzo de 2011

Diario de lecturas

Arthur Conan Doyle. Sherlock Holmes. Ilustración de Scott McKowen.

En Mar del Plata, al sur de Buenos Aires, en una casa alquilada para el verano, leí por primera vez las historias de Sherlock Holmes; devoré un libro tras otro, incapaz de dejarlos. No estoy seguro de lo que me cautivó entonces: ni los argumentos -El Séptimo Círculo, la serie de novelas policiacas editadas por Borges y Bioy, ofrecía rompecabezas mucho más intrigantes y soluciones más originales-, ni tampoco las palabras, que me parecían menos mágicas que las de Stevenson o Kipling. Quizá fuera lo que Chesterton llama "el hilo de ironía que enlaza todas las solemnes imposibilidades de la narrativa" y que, según pensaba él, convertía las historias de Holmes en "una adición realmente brillante a la literatura del absurdo". Quizá fuera la presencia, fría pero tranquilizadora, de un lugar que sería escenario frecuente de mis ensoñaciones, el Londres de Holmes: las habitaciones de Baker Street, iluminadas con luz de gas, las siniestras callejuelas, las plazas señoriales cubiertas por la niebla. Años más tarde viajé a Londres convencido de que encontraría aquella geografía memorable. Mi primera habitación, con derecho a cocina y con una estufa de gas que se alimentaba de chelines, situada sobre un típico puesto de pescado y patatas fritas, bastó para desengañarme.

Diario de lecturas
Alberto Manguel

lunes, 7 de marzo de 2011

Cuadernos de notas a las 'Memorias de Adriano'

Marguerite Yourcenar, fotografiada por Irmeli Jung.

Es necesario sumergirse en los recovecos de una persona para descubrir las cosas más simples, y del interés literario más general. Sólo con estudiar a Flegón, secretario de Adriano, supe que se debe a este personaje olvidado la primera y una de las más bellas historias de aparecidos, esa sombría y voluptuosa Novia de Corinto en la que se inspiraron Goethe y el Anatole France de las Bodas corintias. Flegón, además, escribía con la misma tinta y con la misma curiosidad desordenada por todo aquello que transcendiera los límites de lo humano absurdas historias de monstruos con dos cabezas, de hermafroditas en trance de parir. Tal era, por lo menos en ciertos días, el tema de conversación en la mesa imperial.

El hombre más apasionado por la verdad, o al menos por la exactitud, es por lo común el más capaz de darse cuenta, como Pilatos, de que la verdad no es pura. Por tanto, que las afirmaciones más directas van mezcladas con dudas, réplicas, rodeos que un espíritu más convencional no tendría. En ocasiones, aunque no a menudo, me asaltaba la impresión de que el emperador mentía. Y por qué no permitírselo, como hacemos todos nosotros.

Traducción de Marcelo Zapata

Cuadernos de notas a las 'Memorias de Adriano'
Marguerite Yourcenar

domingo, 6 de marzo de 2011

Tao Te Ching

Estatua de Lao Tsé, en Quanzhou, China. Fuente: Wikipedia.

XXXIII

Conocer a los demás es sabiduría.
Conocerse a sí mismo es iluminación.
Vencer a los demás requiere fuerza.
Vencerse a sí mismo requiere fortaleza.

Quien consigue sus propósitos, es voluntarioso.
Quien sabe contentarse, es rico.
Quien no abandona su puesto, perdura.
Quien vive el eterno presente, no muere.

Tao Te Ching
Lao Tsé

sábado, 5 de marzo de 2011

Taj Mahal

Taj Mahal, Agra, India. Fuente: LIFE.

Para construir un Taj Mahal hay que comenzar por lo que no se ve. Falta reunir las noches de alta fiebre, el celo de la pantera, el casto deseo de la crisálida. Faltan ríos, pantanos, restos de naufragio. Faltan voces, clamores de hospital, el fatigado rumor de las tropas que regresan diezmadas. El reflejo de una hoguera en los escudos, la plegaria del cobarde en el segundo que precede a la batalla, la mueca del traidor, el tabaco liminar del fusilado. Falta el sol que se dilata en el aguamanil, la luna sigilosa tras la higuera. Los reinos giratorios del coraje, los pozos de la vergüenza, el cepo de los remordimientos. Días repletos de nubes y de niños, de brújulas y pájaros, vestigios del paraíso confiscado. Falta la levadura de la música, los purgatorios del alcohol, las reticencias del ángel. Tardes amplias como un azoro de muchacha. La tejedura de la pasión, hiedra del instante. Falta desaliento, sangre, vértigo. Para construir un Taj Mahal es preciso comenzar ahora, mañana será siempre demasiado tarde.

Taj Mahal
Jorge Esquinca

viernes, 4 de marzo de 2011

Costumbres

Juan Gelman, fotografiado por Cristóbal Manuel, 2009.

no es para quedarnos en casa que hacemos una casa
no es para quedarnos en el amor que amamos
y no morimos para morir
tenemos sed y
paciencia de animal.

Costumbres
Juan Gelman

jueves, 3 de marzo de 2011

Felicidad perfecta

Katherine Mansfield. Fuente: Biblioteca Nacional de Nueva Zelanda.

Aunque Bertha Young tenía treinta años, todavía experimentaba momentos como este en los que quería correr en vez de andar, subir y bajar la acera dando unos pasos de baile, hacer rodar un aro, lanzar algo al aire y cogerlo después, o estarse quieta y reirse de... nada, sencillamente nada.

Felicidad perfecta
Katherine Mansfield

miércoles, 2 de marzo de 2011

Libro del desasosiego

Clara Gangutia. La casa grande.

354

Además, al pasar delante de casas, de "villas", de chalets, voy viviendo en mí todas las vidas domésticas al mismo tiempo. Soy el padre, la madre, los hijos, los primos, la criada y el primo de la criada, , al mismo tiempo y todo junto, mediante el arte especial que tengo de sentir al mismo tiempo varias sensaciones diferentes, de vivir al mismo tiempo -y al mismo tiempo por fuera, viéndolas, y por dentro, sintiéndolas- las vidas de varias criaturas.

Traducción de Ángel Crespo

Libro del desasosiego
Fernando Pessoa

martes, 1 de marzo de 2011

Profesión de fe

Eduardo Galeano, en Madrid. Fotografía de Samuel Sánchez. El País.

Sí, sí, por lastimado y jodido que uno esté, siempre puede encontrar contemporáneos en cualquier lugar del tiempo y compatriotas en cualquier lugar del mundo. Y cada vez que eso ocurre, y mientras eso dura, uno tiene la suerte de sentir que es algo en la infinita soledad del universo: algo más que una ridícula mota de polvo, algo más que un fugaz momentito.

La muerte

Ni diez personas iban a los últimos recitales del poeta español Blas de Otero. Pero cuando Blas de Otero murió, muchos miles de personas acudieron al homenaje fúnebre que se le hizo en una plaza de toros de Madrid. Él no se enteró.

El libro de los abrazos
Eduardo Galeano