miércoles, 31 de marzo de 2010

«Un leve roce puede matar la rosa»

Rubaiyat
VII
El tiempo, inexorable, va fluyendo. ¿Qué ha sido
de Bagdad y de Balk? Un leve roce puede
matar la rosa. Bebe, y al mirar las estrellas
medita en las culturas que se tragó el desierto.

Rubaiyat
(Prólogo, traducción del árabe y notas de Jose Gibert )
(Puestos en verso castellano por Diego Navarro)
(En la hora en que el alba asoma por Oriente)

10 comentarios:

SUREANDO dijo...

¿Qué ha sido de Bagdad y de Balk?
Un leve roce puede matar la rosa...
....medita en las culturas que se tragó el desierto...

(escrito en el siglo XI por el poeta persa, que premonitorio es este rubai, pero no ha sido todo culpa del desierto.)

Ar Lor dijo...

Yo también lo creo así, Beatriz. Algunas de nuestras culturas se autoengullen, esperemos que los poetas, nos adviertan a tiempo.
Un saludo, Beatriz

Gavilán dijo...

No vemos el tiempo, sino en el caer de las hojas.

Ar Lor dijo...

Cual la generación de las hojas, así la de los hombres. Esparce el viento las hojas por el suelo, y la selva, reverdeciendo, produce otras al llegar la primavera: de igual suerte, una generación humana nace y otra perece"
(Ilíada, Canto VI, verso 44 y ss., traducción de Luis Segalá).

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Ar Lor

Preciosos son los versos que citas, escritos hace ya casi mil años. La verdad es que Omar Jayyam tuvo una premonición de lo que harían los bárbaros del siglo XX y XXI, cuando, de forma miserable y sin motivo alguno, atacaron una población indefensa y destruyeron una civilización milenaria. Si las guerras son siempre injustas, estas dos contra Iraq lo fueron mucho más.

Impresionantes los versos que, en un comentario tuyo, citas de Homero, épicos como toda la Ilíada. Me encantan ese tipo de comparaciones que hace Homero. Me vas a permitir que transcriba el texto Griego y anote una pequeña errata. Se trata de los versos 146-9, no del 44 y siguientes.

Te envío un cordial saludo,

Antonio

οἵη περ φύλλων γενεὴ τοίη δὲ καὶ ἀνδρῶν.
Φύλλα τὰ μέν τ᾽ ἄνεμος χαμάδις χέει, ἄλλα δέ θ᾽ ὕλη
τηλεθόωσα φύει, ἔαρος δ᾽ ἐπιγίγνεται ὥρη·
ὣς ἀνδρῶν γενεὴ ἣ μὲν φύει ἣ δ᾽ ἀπολήγει.
(Ilíada, VI, 146-9)

Ar Lor dijo...

Gracias amigo Antonio, por corregir este para mí imperdonable fallo, soy un obseso en cuanto a que las citas deben ser perfectas.
La fuente de donde la tomé parecía autorizada y pudiendo corroborarla, pues en ese momento estaba en casa, no lo hice. Es una pena que para estos casos, no puedan editarse los comentarios en Blogger.
Un abrazo, amigo Antonio

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigos Carlos Hernández, Chacien; y Ar Lor:

Veo que esta exposición mía sobre

EL DIOS PRÍAPO Y LAS BRUJAS CANIDIA Y SAGANA (HORACIO, SÁTIRAS, I, VIII)

está provocando un debate que yo no me imaginaba ni de lejos. Ya ha habido quien ha tenido la idea de que yo puedo ser excomulgado por mezclar en el tiempo al dios Príapo con la Cuaresma y la Semana Santa. Tengo que decirles que el diálogo en el que están entrando Vds. dos resulta de lo más interesante y demuestra el gran sentido del humor que ambos tienen. A mí me encantan este tipo de debates y tengan por seguro que ya pondré mi grano de sal en el momento oportuno, que no se hará esperar.

Pasa ahora que me voy a dedicar unos días a hacer Penitencia, como corresponde en estos días y, en consecuencia debo abstenerme de traer a colación las tentaciones de la carne, que, como Vds. ambos saben perfectamente, siempre le acechan a uno.

Sean Vds. un poco pacientes en recibir mi propuesta al respecto de sus comentarios y el debate que se está creando sobre las magníficas tallas de su padre, el de Vd., Don Carlos, es decir, Don Serapio.

Como cosa previa a mis comentarios, que Vds. recibirán con seguridad, vaya por delante, Don Carlos, el sentimiento de ternura que ha provocado en mi la anécdota que Vd. nos explica sobre su madre. Eso son momentos irrepetibles.

Seguiré por ahora haciendo Penitencia y reconciliando mi Espíritu con quien proceda, no sea que me esté ganando el Infierno.

Insisto, antes del Tercer Día resucitaré, y haré un comentario que pueda estar a la altura de los que Vds. están haciendo, pero les reitero que tengo que tomarme mi tiempo, porque Vds. han puesto el listón muy alto.

Que tengan Vds. una buena Semana Santa y que lo disfruten.

Un cordial abrazo a ambos,

Antonio

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Carlos Hernández, Chacien: y amigo Ar Lor,

Tenía yo preparado el comentario que sigue, para publicarlo después de una revisión del mismo, tras el comentario recibido de Don Carlos, en el que hace referencia a otro anterior del Sr. Ar Lor. Entre éstas, el Sr. Ar Lor, con cierta nocturnidad, se me ha adelantado y ha aclarado la situación deshaciendo cualquier malentendido que pudiese existir y restableciendo el equilibrio y el savoir faire en todos los sentidos. Para que todo el mundo pueda seguir con claridad la evolución de los acontecimientos en su aspecto diacrónico, dejo aquí el comentario que tenía preparado, tal cual:

Es Vd., Don Carlos, impecable a la hora de escribir y, estoy seguro, también a la hora de pensar. Cualquier persona es capaz de ver que el estilo del amigo Ar Lor no es el suyo, y ambos, Vds., viajan de forma paralela, pero por caminos diferentes. Me imagino yo que el Sr. Ar Lor no ha querido ofenderle ni a Vd., Don Carlos, y, por supuesto, tampoco a su padre, Don Serapio, al que Vd. y yo admiramos y respetamos profundamente, cada uno a su manera: Vd. en su condición de hijo digno de su padre, y yo en la condición de admirador de ambos dos Vds., Don Carlos y Don Serapio. También hay que tener en cuenta la gran admiración y respeto que tenemos los dos, Vd. y yo, por las personas que nos llevan la delantera en bastantes años: eso les da un prestigio y unos merecimientos que hay que tener en cuenta siempre.

Si yo tuviera que pedirle a su padre, Don Serapio, que hiciera una talla, haría lo mismo que Vd., Don Carlos: me inclinaría por la estatua de Pigmalión, tan artísticamente descrita por Ovidio en Las Metamorfosis. Jamás se me ocurriría pedirle que tallara algo lascivo o degradante para la mujer o para el hombre.

Y otra cosa: las tallas de su padre es lógico que no estén en venta: resulta que su valor artístico es tal y tan grande que no hay dinero suficiente en el mundo para pagarlas. Y es que hay cosas que no se pueden comprar ni vender.

Por mi parte, pienso que aquí no ha habido mala intención por parte de nadie, ni por parte de Vd., Don Carlos, por supuesto, ni por parte del Sr. Ar Lor. Seguramente lo que ha pasado es que el Sr. Ar Lor no se ha paseado lo suficiente por su blog, el de Vd., Don Carlos, y en consecuencia desconoce algunos de los detalles y el contexto de las tallas de su padre, el de Vd., las tallas de Don Serapio.
Quiero entender que la lascivia atribuida al Sr. Ar Lor es producto de su entorno cultural, y quizá sea puramente literaria. Y es que el sentido del humor con respecto al trato que hay que darles a los Seres Humanos en general y a las mujeres en particular es muy diferente en la Argentina y en la Europa Occidental. Esto lo digo con fundamento de causa, porque hace algunos años yo pasé una temporada en la Argentina y lo pude comprobar in situ.

Espero y deseo que estos malentendidos no sean motivo de polémica, porque, como decía Cicerón en su Discurso Pro Milone, lo moralmente censurable no son los hechos concretos sino la intencionalidad de los mismos.

Siendo así las cosas, Don Carlos, creo que Vd. y yo podemos convenir en que el Sr. Ar Lor no ha pretendido en ningún momento ofenderle a Vd. y mucho menos faltarle el respeto a su padre.

Desde aquí yo le aconsejo al Sr. Ar Lor que se dé un paseo por el blog de Vd., Don Carlos, y entonces podrá comprobar lo que es un auténtico respeto, admiración y dedicación al que le dio la vida a uno, a Vd., Don Carlos.

Reciba Vd., Don Carlos, y Vd., Sr. Ar Lor, un afectuoso saludo y que pasen ambos unos bien merecidos días de descanso durante este fin de semana especial.

Antonio

elena clásica dijo...

¡Cómo se puede alcanzar tanta belleza como lo hace el gran Jayyam?
La rosa es delicada, moriría de orgullo si alguien supiera que es tan sensible, el Principito lo sabía, los poetas lo saben, ¿y los políticos, los que tienen el poder, el mando, que hacen matando a las rosas? Pero, ¿con qué derecho?
¿Tendrá el desierto su justicia o jugará a los dados? Serán engullidos algún día en el ritmo del tiempo inexorable y pagarán su culpa, "a la grandiosa humanidad traidores" (José Martí).
Preciosa entrada.

Ar Lor dijo...

Una parte de la belleza de los rubâi de Jayyam, está en la "revelación" del mundo, por medio de unos poemas, a la vez dionisíacos y apolíneos...y después tiempo y polvo.
Un beso, Elena