¡Oh! ¡La dulce sensación de dejarse vivir, de dejar de pensar, de dejar de obrar, de no forzarse a nada, de no añorar nada, de no desear, salvo la duración indefinida de lo que es! ¡Oh! ¡La bienaventurada aniquilación del yo, en esta vida contemplativa del desierto!...
Au pays des sables
Isabelle Eberhardt

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