sábado, 7 de marzo de 2020

Historia del silencio

Jan Harmensz Muller. Harpócrates.

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Aprendizajes y disciplinas del silencio

Entre los griegos, al dios Harpócrates se le representaba con un dedo en la boca. Con este gesto ordenaba callar. En el curso de la historia, el precepto de guardar silencio ha sido múltiple y banal. Implica aprendizajes, pues el silencio no es una obviedad. Hay individuos, escribe Maeterlinck, «que no tienen silencio y matan el silencio en torno suyo, y estos son los únicos seres que pasan verdaderamente inadvertidos», porque no podemos «formarnos una idea exacta del que nunca se calló. Se diría que su alma no tiene rostro». El aprendizaje del silencio es tanto más esencial porque el silencio es el elemento en el que se forjan las cosas importantes. Para que éstas puedan finalmente surgir se requiere aprender el silencio:  «Y tú mismo, en tus pobres pequeñas perplejidades, trata de contener la lengua durante un día y ¡verás cuánto más claros son tus designios y tus deberes al siguiente!». La palabra, por el contrario, es con excesiva frecuencia el arte de ahogar y de suspender el pensamiento, que sólo trabaja en el silencio. Por todas estas razones, el silencio nos asusta y pasamos buena parte de la vida, repite Maeterlinck, buscando lugares donde no reine.

Maurice Maeterlinck, El tesoro de los humildes, Santiago de Chile, Ercilla, 1935.

Traducción del francés de Jordi Bayod

Historia del silencio (2016)
Alain Corbin

2 comentarios:

Francesc Cornadó dijo...

Estos días he estado leyendo muchos textos sobre el silencio, este que traes ahora no lo conocía. Estos días también he escuchado muchas obras musicales donde el silencio juega un papel determinante.
Más adelante daré razón de esta inmersión mía en el silencio.
Abrazos
Francesc Cornadó

Higinio dijo...

Palabra y silencio. Un binomio necesario. Que no nos falte nunca ni lo uno ni lo otro.

Un fuerte saludo, amigo Francesc Cornadó