martes, 31 de mayo de 2022

Nadadora

Concha Méndez. Surtidor. 

Mis brazos:
Los remos.

La quilla:
Mi cuerpo.

Timón:
Mi pensamiento.

(Si fuera sirena,
mis cantos
serían mis versos.)

Surtidor (1928)
Concha Méndez 

Nadadora

Concha Méndez. Surtidor. 

Mis brazos:
Los remos.

La quilla:
Mi cuerpo.

Timón:
Mi pensamiento.

(Si fuera sirena,
mis cantos
serían mis versos.)

Surtidor (1928)
Concha Méndez 

jueves, 26 de mayo de 2022

Canción de marzo

Eloy Sánchez Rosillo. La certeza.

Abrí el balcón y vi la maravilla:
estaba ahí la primavera.
¿Cómo pudo ser todo así, tan simple?
Algo raro ocurrió.
El balcón de una casa 
cualquiera, en una calle
de una ciudad cualquiera.
Abrí y miré. Eso tan sólo hice.
Y sucedió el prodigio.
Qué cosa tan extraña.
Mi casa era un palacio.
Yo era el rey de la vida.
El balcón daba a marzo,
a un día de jilgueros.

La certeza (2005)
Eloy Sánchez Rosillo 

Canción de marzo

Eloy Sánchez Rosillo. La certeza.

Abrí el balcón y vi la maravilla:
estaba ahí la primavera.
¿Cómo pudo ser todo así, tan simple?
Algo raro ocurrió.
El balcón de una casa 
cualquiera, en una calle
de una ciudad cualquiera.
Abrí y miré. Eso tan sólo hice.
Y sucedió el prodigio.
Qué cosa tan extraña.
Mi casa era un palacio.
Yo era el rey de la vida.
El balcón daba a marzo,
a un día de jilgueros.

La certeza (2005)
Eloy Sánchez Rosillo 

martes, 24 de mayo de 2022

Fe

César Simón. El jardín.

Tú ¿qué crees entonces,
ocioso de la vida a la que abrazas?
Creo, ya lo habré dicho, en la belleza,
mas no entendida carnalmente.
Creo, con fiebre y con ardor,
en nada.

El jardín (1996)
César Simón 

Fe

César Simón. El jardín.

Tú ¿qué crees entonces,
ocioso de la vida a la que abrazas?
Creo, ya lo habré dicho, en la belleza,
mas no entendida carnalmente.
Creo, con fiebre y con ardor,
en nada.

El jardín (1996)
César Simón 

jueves, 19 de mayo de 2022

El gorrión

William Yarrell's. Gorrión (Passer domesticus).

Sabe el gorrión a qué hora me levanto.
(Dejo, desde hace noches,
migas de pan en la terraza.)
Salgo a mirar el aire
¡y allí está, como un clavo,
saludándome a gritos de alegría!
(O eso pienso yo, aún adormilado.)
En prosa ya, sospecho
que ha venido a desayunar.

Los deslumbramientos seguido de Recapitulaciones (2020)
Ángel Guinda 

El gorrión

William Yarrell's. Gorrión (Passer domesticus).

Sabe el gorrión a qué hora me levanto.
(Dejo, desde hace noches,
migas de pan en la terraza.)
Salgo a mirar el aire
¡y allí está, como un clavo,
saludándome a gritos de alegría!
(O eso pienso yo, aún adormilado.)
En prosa ya, sospecho
que ha venido a desayunar.

Los deslumbramientos seguido de Recapitulaciones (2020)
Ángel Guinda 

viernes, 13 de mayo de 2022

Cantos rodados

Juan Gil-Albert. Cantos rodados.

Es uno mismo el que necesita redimirse, no el mundo. El mundo es como es: vasto, vario, tentacular, siniestro, incorregible.

No se consiguen más que aproximaciones; la plenitud queda siempre relegada a otro tiempo.

Los espejos más fieles, más sabios son aquellos que, por deficiencias del azogue, por su desgaste, reflejan nuestra imagen salpicada de puntos oscuros. Sin restarnos limpidez nos añaden las manchas.

Hay seres, hombres, que no es que estén entre esto y aquello, término medio de una valoración corriente; es que son otra cosa.

Cada día, a través de la pequeña pantalla, amiga, engañosa, de los hombres, se descarga sobre éstos, en la intimidad del hogar, quintales de plomo que los ciegan poco a poco, haciéndolos creer que los instruyen.

Ociosidad, me digo. Ser ocioso ¿no será más bien el atributo de una laboriosidad genuina? Unos trajinan, otros conservan; es decir, eternizan. Se es como un broche que reúne y fija, con un centelleo de joyel, el discurrir del tiempo; con todo lo que el tiempo contiene, la humana grey, los árboles, las mesas, los tranvías, el perro perdidizo que pasa, y sin lo que, con todo su proceder inasible, y al parecer omnipotente, no sería nadie, o más propiamente, no sería nada, no tendría nada que hacer. In solis sis tibi turba locis, nos recomienda Tibullo. Y yo lo cumplí: hice mío, en mi soledad, el mundo.

Cantos rodados (1976)
Juan Gil-Albert 

Cantos rodados

Juan Gil-Albert. Cantos rodados.

Es uno mismo el que necesita redimirse, no el mundo. El mundo es como es: vasto, vario, tentacular, siniestro, incorregible.

No se consiguen más que aproximaciones; la plenitud queda siempre relegada a otro tiempo.

Los espejos más fieles, más sabios son aquellos que, por deficiencias del azogue, por su desgaste, reflejan nuestra imagen salpicada de puntos oscuros. Sin restarnos limpidez nos añaden las manchas.

Hay seres, hombres, que no es que estén entre esto y aquello, término medio de una valoración corriente; es que son otra cosa.

Cada día, a través de la pequeña pantalla, amiga, engañosa, de los hombres, se descarga sobre éstos, en la intimidad del hogar, quintales de plomo que los ciegan poco a poco, haciéndolos creer que los instruyen.

Ociosidad, me digo. Ser ocioso ¿no será más bien el atributo de una laboriosidad genuina? Unos trajinan, otros conservan; es decir, eternizan. Se es como un broche que reúne y fija, con un centelleo de joyel, el discurrir del tiempo; con todo lo que el tiempo contiene, la humana grey, los árboles, las mesas, los tranvías, el perro perdidizo que pasa, y sin lo que, con todo su proceder inasible, y al parecer omnipotente, no sería nadie, o más propiamente, no sería nada, no tendría nada que hacer. In solis sis tibi turba locis, nos recomienda Tibullo. Y yo lo cumplí: hice mío, en mi soledad, el mundo.

Cantos rodados (1976)
Juan Gil-Albert 

martes, 10 de mayo de 2022

La admiración del ciruelo

Fukuyiro Wakatsuki. Tradiciones japonesas.

El amor de los japoneses por los cerezos es conocido en el mundo entero. Lo que acaso sea menos sabido es que los habitantes de nuestro país sienten un amor no menor al ciruelo, cuyas elegantes y perfumadas flores merecen atención particular.
Esta preferencia obedece a razones de carácter simbólico. Las flores del ciruelo se adelantan a todas las demás. Aparecen inmediatamente después de que el valiente árbol ha pasado los rigores del invierno. El ciruelo es, pues, reverenciado sobre todo por los furiuyin, como llamamos a los hombres de gusto delicado y a los poetas, que ponen las alegrías del espíritu por encima de las demás y las buscan en la contemplación de las bellezas naturales.
En el Japón la flor del ciruelo es considerada incluso como más aristocrática que la del cerezo.
Los paseantes ven a veces en el campo o en un parque una hojita de papel de forma rectangular, atada a una rama de ciruelo o de cerezo. Este papel lleva un haikai o un waka. Es el tanyuaku utilizado por los poetas para escribir sus poemas.
En el Japón el arte de los pintores y de los dibujantes se pliega a ciertas costumbres que rigen la composición de sus obras. Así, cuando se representa determinada planta, hay que representar en el mismo cuadro determinado animal.
Si, por ejemplo, se figura un bambú, habrá que completar la figura con la de un tigre o la de un gorrión. El pino tiene como complemento una cigüeña. El ciruelo exige que se represente a su lado al ruiseñor, que canta en primavera con voz maravillosa.

Traducción de M. Morales

Tradiciones japonesas
Fukuyiro Wakatsuki

La admiración del ciruelo

Fukuyiro Wakatsuki. Tradiciones japonesas.

El amor de los japoneses por los cerezos es conocido en el mundo entero. Lo que acaso sea menos sabido es que los habitantes de nuestro país sienten un amor no menor al ciruelo, cuyas elegantes y perfumadas flores merecen atención particular.
Esta preferencia obedece a razones de carácter simbólico. Las flores del ciruelo se adelantan a todas las demás. Aparecen inmediatamente después de que el valiente árbol ha pasado los rigores del invierno. El ciruelo es, pues, reverenciado sobre todo por los furiuyin, como llamamos a los hombres de gusto delicado y a los poetas, que ponen las alegrías del espíritu por encima de las demás y las buscan en la contemplación de las bellezas naturales.
En el Japón la flor del ciruelo es considerada incluso como más aristocrática que la del cerezo.
Los paseantes ven a veces en el campo o en un parque una hojita de papel de forma rectangular, atada a una rama de ciruelo o de cerezo. Este papel lleva un haikai o un waka. Es el tanyuaku utilizado por los poetas para escribir sus poemas.
En el Japón el arte de los pintores y de los dibujantes se pliega a ciertas costumbres que rigen la composición de sus obras. Así, cuando se representa determinada planta, hay que representar en el mismo cuadro determinado animal.
Si, por ejemplo, se figura un bambú, habrá que completar la figura con la de un tigre o la de un gorrión. El pino tiene como complemento una cigüeña. El ciruelo exige que se represente a su lado al ruiseñor, que canta en primavera con voz maravillosa.

Traducción de M. Morales

Tradiciones japonesas
Fukuyiro Wakatsuki

jueves, 5 de mayo de 2022

Breve historia del mundo

Georges Rochegrosse. Los héroes de Maratón.

Un combate desigual

El ejército de tierra fue derrotado también muy poco después en Platea por las tropas griegas unidas. Desde entonces, los persas no se atrevieron ya a marchar contra Grecia. Y aquello significó mucho. No es que los persas fueran peores o más tontos que los griegos. No lo eran ciertamente. Pero ya te he contado que los griegos eran una gente muy especial. Mientras los gigantescos imperios orientales se aferraban siempre a las costumbres y doctrinas heredadas, en Grecia, y sobre todo en Atenas, sucedía justamente lo contrario. Casi cada año se les ocurría alguna novedad. Ninguna institución se mantenía mucho tiempo. Y tampoco los dirigentes. Así lo hubieron de experimentar los grandes héroes de las guerras contra los persas, Milcíades y Temístocles. Al principio se les alabó y honró y se levantaron monumentos en su honor; luego fueron objeto de acusaciones, calumnias y destierro. Es indudable que aquello no era una buena peculiaridad de los atenienses, pero formaba parte de su carácter. ¡Siempre a la búsqueda de novedades, siempre probando, nunca contentos, jamás satisfechos y apaciguados! Así, en los cien años que siguieron a las guerras contra los persas, las mentes de los habitantes de la pequeña ciudad de Atenas vivieron más cosas que las ocurridas en mil años en los grandes imperios de Oriente. Lo que se pensó, pintó, escribió y experimentó en aquellos tiempos, lo que debatieron y hablaron entonces los jóvenes en la plaza del mercado y los viejos en los consejos, son asuntos que alimentan todavía hoy nuestros pensamientos. Y no sabría decirte de qué nos alimentaríamos si hubieran triunfado los persas en Maratón el año 490, o en Salamina el 480.

Traducción de José Luis Gil Aristu

Breve historia del mundo
Ernst H. Gombrich

Breve historia del mundo

Georges Rochegrosse. Los héroes de Maratón.

Un combate desigual

El ejército de tierra fue derrotado también muy poco después en Platea por las tropas griegas unidas. Desde entonces, los persas no se atrevieron ya a marchar contra Grecia. Y aquello significó mucho. No es que los persas fueran peores o más tontos que los griegos. No lo eran ciertamente. Pero ya te he contado que los griegos eran una gente muy especial. Mientras los gigantescos imperios orientales se aferraban siempre a las costumbres y doctrinas heredadas, en Grecia, y sobre todo en Atenas, sucedía justamente lo contrario. Casi cada año se les ocurría alguna novedad. Ninguna institución se mantenía mucho tiempo. Y tampoco los dirigentes. Así lo hubieron de experimentar los grandes héroes de las guerras contra los persas, Milcíades y Temístocles. Al principio se les alabó y honró y se levantaron monumentos en su honor; luego fueron objeto de acusaciones, calumnias y destierro. Es indudable que aquello no era una buena peculiaridad de los atenienses, pero formaba parte de su carácter. ¡Siempre a la búsqueda de novedades, siempre probando, nunca contentos, jamás satisfechos y apaciguados! Así, en los cien años que siguieron a las guerras contra los persas, las mentes de los habitantes de la pequeña ciudad de Atenas vivieron más cosas que las ocurridas en mil años en los grandes imperios de Oriente. Lo que se pensó, pintó, escribió y experimentó en aquellos tiempos, lo que debatieron y hablaron entonces los jóvenes en la plaza del mercado y los viejos en los consejos, son asuntos que alimentan todavía hoy nuestros pensamientos. Y no sabría decirte de qué nos alimentaríamos si hubieran triunfado los persas en Maratón el año 490, o en Salamina el 480.

Traducción de José Luis Gil Aristu

Breve historia del mundo
Ernst H. Gombrich