lunes, 13 de agosto de 2012

Glosa

Gil Cavalcanti. Valle del río Coe, Tierras Altas, Escocia.

No sé de dónde vino; hace muchos años que lo tengo frente a mí, en la mesa de trabajo. Es un paisaje escocés del río Coe, en el condado de Argill, con montes azulados al fondo, agua escasa en el lecho pedregoso, pues es verano. La margen derecha casi es una muralla, y entre las piedras cortantes, donde crece la grama recia, es ahí donde se encuentra, con los brazos levantados, un árbol cargado de frutas rojas. Tal vez sean manzanas, y ese árbol, como decía mi madre, sólo pueda estar allí por la gracia de dios, quiero decir por la suprema gracia de la poesía. Este paisaje desierto pero no triste, duro sin ser agresivo, grave pero no exento de encanto, hace mucho tiempo que me llama. Aquel recodo del río, con el manzano doblegándose de tan cargado, es uno de los lugares de que tengo más nostalgia, como si allí hubiera llegado una tarde de agosto y me hubiese descalzado y metido los pies en el agua, y hubiese olvidado las horas hasta que la sombra cayó en la hierba, y de repente se oyó a lo lejos un son de esquilas, sin que se divisase sin embargo rebaño ni pastor. Y el sueño es el resto.
15-3-86

Traducción de Ángel Crespo

Vertientes de la mirada (1946-1986)
Eugènio de Andrade