lunes, 20 de octubre de 2008

Nueve cuentos


-Oye, Selena...
-¿Qué? -dijo Selena, ocupada en tantear con una mano el suelo del taxi-. ¡No encuentro la funda de mi raqueta! -se lamentó.
Pese a la templada temperatura de ese mes de mayo, las dos chicas llevaban abrigos sobre sus shorts.
-La guardaste en el bolsillo -dijo Ginnie-. Escúchame ahora...
-¡Oh, menos mal! ¡Me has salvado la vida!
-Oye -dijo Ginnie, a quien no le interesaba la gratitud de Selena.
-¿Qué?
Ginnie decidió ir directamente al grano. El taxi se estaba acercando a la casa de Selena.
-No tengo ganas de cargar otra vez con el pago de todo el viaje -dijo-. No soy millonaria, ¿Sabes?
Selena puso primero expresión de asombrada, después de ofendida.
-¿Acaso no pago siempre la mitad? -preguntó con ingenuidad.
-No -replicó Ginnie rotundamente-. Pagaste la mitad el primer sábado, a comienzos del mes pasado. Y desde entonces, nunca más. No quiero ser mezquina, pero estoy viviendo con cuatro dólares y medio por semana. Y de ahí tengo que...
-Yo siempre traigo las pelotas de tenis, ¿no es cierto? -preguntó Selena con tono desagradable.
A veces Ginnie sentía ganas de matar a Selena.
-Tu padre las fabrica o algo así -dijo-. No te cuestan nada. Yo me tengo que pagar hasta la más mínima cosa que...
-Está bien, está bien- dijo Selena levantando la voz y con un aire de suficiencia como para asegurarse la última palabra.
En forma displicente, se revisó los bolsillos del abrigo.
-Sólo tengo treinta y cinco centavos -dijo friamente-. ¿Es bastante?
-No, lo siento, pero me debes un dólar sesenta y cinco. He llevado la cuenta de cada...
-Tendré que subir y pedírselo a mamá. ¿No puedes esperar hasta el lunes? Podría llevarte el dinero a la clase de gimnasia, si eso te hace más feliz.
La actitud de Selena no invitaba a la clemencia.
-No- dijo Ginnie-. Tengo que ir al cine esta noche. Necesito el dinero.
Sumidas en un silencio hostíl, las dos chicas miraron por ventanillas opuestas hasta que el taxi se detuvo frente la casa de Selena.
Justo antes de la guerra con los esquimales
(del libro de relatos "Nueve cuentos")

J. D. Salinger

3 comentarios:

Gavilán dijo...

¡Qué finísima clase de síntesis narrativa en un breve y superficial (pero esclarecedor) diálogo! ¡Yo quiero escribir asííí!

Higinio dijo...

El estilo es lo más importante para un escritor, incluso más que los temas que trata.
La manera de escribir un cuento es tan o más importante que lo que se cuenta.
Salinger vive apartado del mundo en una granja de su propiedad. No desea que le visiten. Nadie sabe si escribe... o no escribe.
Sus lectores aguardan impacientes...

Ar Lor dijo...

Estoy de acuerdo con Higinio.
El estilo es "no colorista", tirando a grises (una gama infinita de ellos),muy difícil de conseguir, al
alcance de muy pocos.