sábado, 23 de mayo de 2009

En un país extraño

Nat Farbman. William Somerset Maugham.
Soy andariego por natural inclinación, pero no viajo sólo por contemplar monumentos imponentes,, que en verdad no dejan de hastiarme, ni para recrear mi vista con hermosos paisajes, de los cuales me canso pronto. Viajo con el único propósito de estudiar a los hombres.
Trato de evitar a los poderosos. No me molestaría en cruzar la calle para saludar a un presidente o a un rey; me satisface conocer a un escritor por sus libros o a un pintor por sus cuadros, pero he recorrido cientos de kilómetros a fin de poder entrevistarme con algún misionero del cual he sabido un relato extraño, y he pasado a veces hasta una quincena en un hotel inmundo con el único propósito de conocer más profundamente a un jugador de billar, por ejemplo.
Me atrevería a decir que no me sorprende el contacto con ninguna clase de personas, si no existiera un tipo clásico por excelencia que invariablemente se ha interpuesto en mi camino, admirándome y divirtiéndome al mismo tiempo. Me refiero a la mujer inglesa de edad indefinida, con holgados medios de vida por regla general, que uno suele hallar sola en los lugares menos imaginables y frecuentados de nuestro planeta.
Por esta razón, a uno no le sorprende que le digan que en tal o cual villa situada en las afueras de un pueblecito italiano, en la ladera de una montaña, vive una dama inglesa, única en la vecindad; lo mismo puede suceder en una solitaria hacienda de Andalucía. Pero lo que sí sorprende es saber que la única persona blanca que habita en cierta ciudad de la China sea una inglesa, no una misionera, sino una dama cuya estancia en aquel lugar no podemos llegar a explicar.

Cosmopolitas
William Somerset Maugham

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