martes, 31 de mayo de 2011

Los últimos días de Pompeya

Edward G. Bulwer-Lytton. Los últimos días de Pompeya.

¡Ante él, qué serenamente dormía la ciudad! ¡Con qué seguridad reposaban las columnas de las calles! ¡Qué tranquilidad tenía el mar! ¡Y qué hermoso era el azul del cielo de Campania. Sin embargo, aquella noche era la última para la alegre Pompeya! ¡La última para la colonia de Caldeo, el del blanco cabello! ¡La fabuloa ciudad de Hércules! ¡La delicia de los voluptuosos romanos! ¡Los siglos había pasado sobre ella sin destruirla, sin gastarla! ¡Y ahora iba a ver la última gota en la clepsidra! El gladiador oyó unos pasos detrás de sí; se trataba de un grupo de mujeres que volvía del anfiteatro. Se volvió y vio una extraña y repentina aparición. De la cumbre del Vesubio, que era difícilmente visible a distancia, surgió una luz pálida, meteórica, lívida; tembló un instante y desapareció.

Traducción de Francisco Álvarez

Los últimos días de Pompeya
Edward G. Bulwer-Lytton

lunes, 30 de mayo de 2011

Comentarios sobre la novela de misterio

Greg Hildebrand. Sudden Danger. Peligro inminente.

La novela de misterio debe castigar al criminal de un modo u otro, aunque no necesariamente por medio de los tribunales de justicia. En contra de la opinión popular, esto no tiene nada que ver con la moralidad. Forma parte de la lógica del género. Sin ello, la historia sería como un acorde musical sin resolver. Dejaría una sensación de irritación.

Traducción de Juan Manuel Ibeas

Chandler por sí mismo
Raymond Chandler

domingo, 29 de mayo de 2011

Paisajes

Paisaje de Tadrar, Argelia. Foto: Wikimedia Commons.

Sientes respeto por estos paisajes intactos, que no nos han pedido nada, que pasarían perfectamente sin nuestra presencia y que están allí de todos modos, simplemente majestuosos.

Méharées (Camelladas)
Théodore Monod

sábado, 28 de mayo de 2011

Gato

Muchacha y gato. Fotografía de Yaroslavna Nozdrina.

Según la tradición budista, los únicos animales que no se conmovieron con la muerte de Buda fueron el gato y la serpiente; de ahí que, en una primera lectura de su simbolismo, ambos aparezcan revestidos de connotaciones negativas. No obstante, esta consideración se diluye ante la que, en sentido opuesto, sostiene que la actitud del gato y la serpiente obedeció, antes que a una simplista naturaleza impía, a la sabiduría que atesoraban estos seres. En el mundo musulmán, el gato encarna buenos presagios salvo cuando es negro. Estamos sobre todo, ante un animal de simbolismo ambivalente, en que se entrecruza el binomio positivo-negativo. La vertiente positiva la hallamos en el antiguo Egipto, donde dar muerte a un gato se castigaba con la pena capital . En este mismo ámbito cultural , el felino aparecía vinculado, mediante la diosa Bast, a la luna (debido, probablemente, a la extraordinaria adaptabilidad de sus pupilas a la oscuridad). En Occidente, en cambio, y durante la Edad Media, el gato fue demonizado por su supuesta condición de mensajero de las brujas. La literatura también recoge la ambigüedad que, desde antiguo, ha caracterizado el simbolismo gatuno. El gato negro de Poe y El gato con botas de Perrault son, a este respecto, los ejemplos más emblemáticos de uno y otro sentido. Algunos autores sitúan el origen de esta ambivalencia en el ritmo vital del animal, inverso al del ser humano. El gato gusta de pasar el día en reposo y merodear sigilosamante por tejados y azoteas tras la puesta de sol.

Diccionario de símbolos (2003)
José María Albert de Paco

viernes, 27 de mayo de 2011

Historias de almanaque

Bertolt Brecht. Historias de almanaque. Cubierta: Daniel Gil.

Ulm 1592

-Obispo, puedo volar
-le dijo el sastre al obispo-,
Verás qué bien se me da-,
Y se subió con dos trastos
que a alas asemejaban,
decidido, al campanario.
-Todo eso es falsedad
-dijo del sastre el obispo-
El hombre no nació pájaro.
Jamás logrará volar.

-El pequeño sastre ha muerto
-dijo la gente al obispo-.
Fue una locura. Las alas,
al caer, se quebraron.
Y se estrelló contra el duro,
duro suelo de la plaza.

-Que repiquen las campanas,
todo era falsedad
-dijo el obispo a su pueblo-.
El hombre no nació pájaro,
jamás logrará volar.

Traducción de Joaquín Rábago.

Historias de almanaque
Bertolt Brecht

jueves, 26 de mayo de 2011

Mi credo

Hermann Hesse, retratado por Ernst Würtenberger, 1905.

El credo a que me refiero no es fácil expresarlo con palabras. Podría explicarse así: creo que, a pesar de su aparente absurdo, la vida tiene sentido; y aunque reconozco que este sentido último de la vida no lo puedo captar con la razón, estoy dispuesto a seguirlo aun cuando signifique sacrificarme a mí mismo. Su voz la oigo en mi interior siempre que estoy realmente vivo y despierto. En tales momentos, intentaré realizar todo cuanto la vida exija de mí, incluso cuando vaya contra las costumbres y leyes establecidas. Este credo no obedece órdenes ni se puede llegar a él por la fuerza. Sólo es posible sentirlo.

Traducción de Pilar Giralt

Mi credo
Hermann Hesse

miércoles, 25 de mayo de 2011

Viaje a Oriente

Jean Léon Gérôme. Camellos bebiendo en el abrevadero.

... hay más filosofía en cien leguas de caravana que en diez años de lecturas y meditaciones. Me sentía feliz de errar así a la aventura, sin más camino que mi antojo, en medio de desiertos y tierras desconocidas... si me encontrase solo y sin afectos familiares llevaría esta vida durante años y años. Me gustaría no volver nunca a acostarme donde me hubiera despertado, pasear mi tienda desde las riberas de Egipto hasta las del Golfo Pérsico; no tener por meta, al anochecer, que el anochecer mismo; recorrer con el pie, con el ojo y con el corazón todas aquellas tierras ignotas, todas aquellas razas de hombres tan diversas de la mía...

Viaje a Oriente
Alfonso de Lamartine

martes, 24 de mayo de 2011

Cuaderno de escritura

Hanns Bastanier. Ex Libris de Lisa Stransky.

Escribimos lo que deciden las palabras.

El único tema es uno mismo, deformado y manifiesto como en una caricatura.

Creer ciegamente en lo que se lee puede engendrar Quijotes, locos, ilusos. ¿Y creer ciegamente en lo que se escribe?

Escribir todos los días aunque no apetezca, aunque estemos cansados o distraídos, aunque no se tenga nada que decir. A la larga, no se sabe cómo ni por qué, el hábito hará al monje.

Sólo tiene verdadero interés lo inexplicable, lo que puede explicarse enseguida resulta banal.

Cuaderno de escritura
Carlos Pujol

lunes, 23 de mayo de 2011

El premio

Czeslaw Milos, 1998. Foto: Mariusz Kubik.

Qué día feliz,
la niebla se disipó temprano.
Me puse a trabajar en el jardín.
Colibríes quietos sobre la madreselva.
Nada sobre la tierra que yo quisiese tener,
nadie sobre la tierra que yo pudiese envidiar.
Había olvidado todo lo que sufrí,
no tenia ya verguenza del hombre que fui.
No me dolía el cuerpo.
Al enderezarme, vi el mar azul y las velas.

El premio
Czeslaw Milos

domingo, 22 de mayo de 2011

Destino de las explicaciones

Julio Cortázar fotografiado por Mario Muchnik.

En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones.
Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural.

Un tal Lucas
Julio Cortázar

viernes, 20 de mayo de 2011

La muralla de la China

Bernard Goldbach. La Gran Muralla.

La muralla de la China salta por los montes y serpentea con coquetería a través de los valles perdiéndose en el horizonte. Las damas pasean allí con sombrillas adornadas, cosidas primorosamente, con cascabeles de plata y sedas de colores; los caballeros andan con su carcaj y sus flechas mientras saludan con arrogancia. Este mundo se encuentra desvaído en la caligrafía de los poemas que mi guía Zi Lu me enseñó en la ciudad de Xian. Aproximo mi oído a un escritorio lacado, de color verde malaquita, y oigo las voces de las doncellas bañándose, riéndose difuntas, en el gran río imparable del olvido.

Cenizas & Diamantes
Juan Perucho

jueves, 19 de mayo de 2011

Tierras de cristal

Alessandro Baricco, fotografiado por Pablo Hojas. El País
1. Las cosas: hay que escribirlas para no olvidarlas.
A partir de este axioma, el mapa del saber de Pehnt se desarrolló día tras día en las más diversas direcciones. Como todos los catálogos, también éste se reveló límpidamente neutral. El mundo se veía allí retratado de manera inevitablemente parcial, pero rigurosamente privado de jerarquías. Las anotaciones -siempre muy sintéticas, casi telegráficas- testimoniaban un cerebro precozmente consciente de la naturaleza articulada y plural del misterio de la vida: por qué la luna no siempre es igual, qué es la policía, cómo se llaman los meses, cuándo se llora, naturaleza y funciones de los prismáticos, orígenes de la diarrea, qué es la felicidad, sistema rápido para anudar los cordones de los zapatos, nombres de ciudades, utilidad de los ataúdes, cómo llegar a ser un santo, dónde está el infierno, reglas fundamentales para la pesca de la trucha, lista de los colores disponibles en la naturaleza, receta del café con leche, nombre de perros famosos, dónde va a parar el viento, festividades del año, en qué parte está el corazón, cuándo acabará el mundo. Cosas de este tipo.

Traducción de Carlos Gumpert y Xavier González Rovira
Tierras de cristal
Alessandro Baricco

miércoles, 18 de mayo de 2011

Sobre la pintura

Pablo Picasso. Toro.

Todo el mundo quiere comprender la pintura. ¿Por qué no prueban a comprender el canto de los pájaros? Las gentes adoran la noche, una flor, todo cuanto las rodea, y sin embargo no hacen el menor intento para comprenderlo. Pero la pintura..., ¡eso sí que necesitan comprenderlo!

Sobre la pintura
Pablo Picasso

martes, 17 de mayo de 2011

Me acuerdo

Andreas M. Wiese. El coche rojo.

Me acuerdo de cuando iba a buscar leche con un cubo de estaño todo abollado.

Me acuerdo del pan amarillo que hubo durante algún tiempo después de la guerra.

Me acuerdo solo de algunos nombres de los siete enanitos: Gruñón, mudito, sabio.

Me acuerdo de 'Sissi' con Romy Schneider.

Me acuerdo de la Nouvelle Vague.

Me acuerdo de que mi tío tenía un 11 CV con matrícula 7070 RL2.

Traducción de Yolanda Morató.

Me acuerdo
Georges Perec

lunes, 16 de mayo de 2011

En el país de las arenas

Desierto Siloli, Departamento de Potosí, Bolivia. Foto de Jenny Mealing. (Wikipedia)

¡Oh! ¡La dulce sensación de dejarse vivir, de dejar de pensar, de dejar de obrar, de no forzarse a nada, de no añorar nada, de no desear, salvo la duración indefinida de lo que es! ¡Oh! ¡La bienaventurada aniquilación del yo, en esta vida contemplativa del desierto!...

Au pays des sables
Isabelle Eberhardt

domingo, 15 de mayo de 2011

El arte según W. Saroyan

José Ruiz Blanco. The magic stone.

Una hoja. Un botón. Algunas piedras
sucias de barro o por el mar pulidas.
Un zapato. Papeles de periódico.
Una manzana. O flores. O un gusano.

También valen corbatas, cortaplumas,
vasos, botellas, un balón de rugby.
O bien cartas de amor, fotografías,
una colilla, un perro, hasta un vecino.

Coloca cualquier cosa ante tus ojos,
separada del mundo, iluminada
como una rara joya, altiva y sola.

El arte es atención y extrañamiento:
contemplar lo que borra la costumbre
como si nunca lo hubieras visto antes.

Treinta monedas (1989)
José Luis García Martín

sábado, 14 de mayo de 2011

Alexander Selkirk

Alexander Selkirk, abandonado en la isla. Ilustración de Ron Embleton.

Sueño que el mar, el mar aquel, me encierra
y del sueño me salvan las campanas
de Dios, que santifican las mañanas
de estos íntimos campos de Inglaterra.
Cinco años padecí mirando eternas
cosas de soledad y de infinito,
que ahora son esa historia que repito,
ya como una obsesión, en las tabernas.
Dios me ha devuelto al mundo de los hombres,
a espejos, puertas, números y nombres,
y ya no soy aquel que eternamente
miraba el mar y su profunda estepa
¿y cómo haré para que ese otro sepa
que estoy aquí, salvado, entre mi gente?

El otro, el mismo (1964)
Jorge Luis Borges

viernes, 13 de mayo de 2011

El barco de los muertos

Edward Wadsworth. El puerto de Dunkerque, Francia.

Contemplar los barcos en el puerto es prácticamente lo único que vale la pena para un marino, una vez que ha visto a las damas y cuando no tiene dinero suficiente para humedecerse la barriga. Al cine no es posible ir, porque no todas las lenguas resultan comprensibles, así, pues, lo único que queda por hacer es criticar otros barcos, su apariencia, su tripulación, el rancho, la paga, y reflexionar sobre la conveniencia de tripular éste o aquél o permanecer en el mismo en que uno se encuentra.

Traducción de Esperanza López Mateos

El barco de los muertos
B. Traven

martes, 10 de mayo de 2011

Viajes con Heródoto

Ryszard Kapuscinski, año 2005. Fotografiado por Carles Ribas.

Personas como Heródoto, útiles para los demás, en el fondo son muy desgraciadas, porque a la hora de la verdad están condenadas a la más absoluta de las soledades. Es cierto que buscan a otros congéneres; pero incluso cuando -a veces- les parece que los han encontrado en tal país o ciudad, cuando ya los han conocido a fondo, un buen día se despiertan con la sensación de que nada les une a ellos, que pueden marcharse de ese lugar en cualquier momento, pues de pronto descubren que las ha deslumbrado otro país y otra gente, y que el acontecimiento que ayer mismo las fascinaba ha palidecido, perdiendo todo sentido e importancia.
A la hora de la verdad no se atan a nada ni echan raíces profundas. Su empatía, aunque sincera, es superficial. La pregunta por el país que más les gusta de cuantos han conocido les causa cierto embarazo: no saben qué responder. ¿Que cuál? De una u otra manera, todos; todos tienen su interés. ¿Que a qué país les gustaría volver? De nuevo, cuestión embarazosa: jamás se han planteado preguntas semejantes. Seguro que les gustaría volver a emprender un viaje, ponerse en camino. El camino: he aquí lo que anhelan.

Traducción del polaco de Agata Orzeszek

Viajes con Heródoto
Ryszard Kapuscinski

lunes, 9 de mayo de 2011

Montañas azuladas

Retrato de Li Po. Fuente: Wikimedia Commons.

Se vislumbran las montañas azuladas más allá de la muralla Norte;
Al este de la ciudad corre el agua límpida y cristalina.
Aquí nos separamos, amigo, para siempre.
Tú has de navegar diez mil millas en barco,
como una planta acuática sin raíces.
¡Oh las nubes viajeras y los pensamientos de los vagabundos!
¡Oh los crepúsculos! ¡Oh la nostalgia de los viejos amigos!
Nos separamos haciendo gestos con la mano,
mientras nuestros corceles se alejan paso a paso..., paso a paso...

Traducción de Marcela de Juan

Poema
Li Po (701-762 d.C)

domingo, 8 de mayo de 2011

Memorias de Adriano

Marguerite Yourcenar. Memorias de Adriano.

Nunca me gustó mirar dormir a los seres que amaba; descansaban de mí, lo sé; Y también se me escapaban. Todo hombre se averguenza de su rostro contaminado de sueño. Cuántas veces, al levantarme temprano para estudiar o leer, ordené con mis manos las almohadas revueltas, las mantas en desorden, evidencias casi obscenas de nuestros encuentros con la nada, pruebas de que cada noche dejamos de ser...

Traducción de Julio Cortázar

Memorias de Adriano
Marguerite Yourcenar

viernes, 6 de mayo de 2011

El libro de la almohada

Wang Weidong. Naturaleza muerta.

68. Cuando una mujer vive sola...

Cuando una mujer vive sola su casa debe estar muy descuidada. La pared de barro debe estar cayéndosa a pedazos, y si hay un estanque debe estar lleno de plantas acuáticas. No es necesario que el jardín esté cubierto de artemisas, pero la artemisa debe crecer aquí y allá entre la arena porque esto da al lugar un aire desolado.
Me desagrada la casa de una mujer sola cuando se nota que es hacendosa y pone cada cosa en su lugar y cierra bien la puerta.

111. Escribí una vez un poema...

Anoté en mi libreta un poema que me había impresionado. Desgraciadamente una de las criadas lo vio y recitó los versos torpemente. Es terrible cuando alguien recita de prisa un poema sin el sentimiento apropiado.

Traducción de María Kodama y Jorge Luis Borges

El libro de la almohada
Sei Shonagon

miércoles, 4 de mayo de 2011

Despedida a un amigo

Ezra Pound. Portada de Cathay, 1915.

Montañas azules al norte de las murallas,
alrededor el río blanco se crispa;
aquí precisa separarnos
y recorrer mil millas de pasto muerto.
La mente como ancha flotante nube,
el ocaso como la partida de viejas amistades
que se inclinan sobre sus enlazadas manos a distancia.
Nuestros caballos relinchan uno a otro mientras partimos.
Li Po (En japonés Rihaku)

Versión de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal a partir del original de Ezra Pound.

Cathay
Ezra Pound

lunes, 2 de mayo de 2011

La Confesión

Manuel Peyrou. Manuscrito de el cuento 'La Confesión'.

En la primavera de 1232, cerca de Aviñón, el caballero Gontran D'Orville mató por la espalda al odiado conde Geoffroy, señor del lugar. Inmediatamente confesó que había vengado una ofensa, pues su mujer lo engañaba con el Conde.
Lo sentenciaron a morir decapitado, y diez minutos antes de la ejecución le permitieron recibir a su mujer, en la celda.
-¿Por qué mentiste? -preguntó Giselle D'Orville-. ¿Por qué me llenas de verguenza?
-Porque soy débil -repuso. De este modo simplemente me cortarán la cabeza. Si hubiera confesado que lo maté porque era un tirano, primero me torturarían.

La Confesión
Manuel Peyrou

domingo, 1 de mayo de 2011

Un lamento por Afganistán

Bruce Chatwin, en París, en 1984. Foto de Ulf Andersen.

Éste -de todos los años- es el año indicado para llorar la pérdida de Robert Byron, el archienemigo de la política de apaciguamiento, que dijo. "Pondré belicista en mi pasaporte", cuando vio lo que estaban preparando los nazis. De vivir aún hoy, creo que estaría de acuerdo en que, con tiempo (todo en Afganistán lleva su tiempo), los afganos le harán algo temible a sus invasores, tal vez despertar los fantasmas dormidos del Asia Central.
Pero ese día no nos devolverá las cosas que amábamos: los días altos y claros, y los casquetes de nieve en las montañas; las hileras de álamos blancos cimbreándose al viento, y las largas y blancas banderolas de oración; los campos de asfódelos nacidos de los bulbos; o las ovejas de larga cola pululando por las montañas de encima de Chakcharan, y el carnero con una cola tan grande que tenían que atársela a un carro. No volveremos a descansar nuestras espaldas sobre los muros del castillo Rojo ni a observar a los buitres trazando círculos sobre el valle donde había muerto el nieto de Gengis Khan. No volveremos a leer las memorias de Baburen en su jardín de Istalif ni veremos más al ciego que seguía su camino oliendo los arriates de rosas. Ni nos sentaremos en la paz del islam con los mendigos de Gazar Gagh. Ni subiremos a la cabeza del Buda de Bamiyan, erecto en su nicho como una ballena varada en un dique seco. No volveremos a dormir en las tiendas nómadas ni escalaremos los alminares de Jam. Y habremos perdido para siempre los sabores; el picante, agrio y harinoso pan; el té verde aromatizado con cardamomo; las uvas que enfriábamos en la nieve fundida; y las nueces y moras pasa que mascábamos para evitar el mal de las alturas. No volveremos a oler los campos plantados de habas, el suave y resinoso olor de la madera de cedro al arder, o el resoplido del leopardo de las nieves a cuatro mil metros de altura.
1980

Traducción de Alberto Cardin.

¿Qué hago yo aquí?
Bruce Chatwin