viernes, 15 de febrero de 2008

Alicia a través del espejo



Through the Looking-Glass, and What Alice Found There
Chapter 2
The Garden of Live Flowers
«I think I'll go and meet her,» said Alice, for, though the flowers were interesting enough, she felt that it would be far grander to have a talk with a real Queen.
«You can't possibly do that,» said the Rose: «I should advise you to walk the other way.»
This sounded nonsense to Alice, so she said nothing, but set off at once towards the Red Queen. To her surprise, she lost sight of her in a moment, and found herself walking in at the front-door again.
A little provoked, she drew back, and after looking everywhere for the queen (whom she spied out at last, a long way off), she thought she would try the plan, this time, of walking in the opposite direction.
It succeeded beautifully. She had not been walking a minute before she found herself face to face with the Red Queen, and full in sight of the hill she had been so long aiming at.
«Where do you come from?» said the Red Queen. «And where are you going? Look up, speak nicely, and don't twiddle your fingers all the time.»
Alice attended to all these directions, and explained, as well as she could, that she had lost her way.
«I don't know what you mean by your way,» said the Queen: «all the ways about here belong to me—but why did you come out here at all?» she added in a kinder tone. «Curtsey while you're thinking what to say, it saves time.»
Alice wondered a little at this, but she was too much in awe of the Queen to disbelieve it. «I'll try it when I go home,» she thought to herself, «the next time I'm a little late for dinner.»
«It's time for you to answer now,» the Queen said, looking at her watch: «open your mouth a little wider when you speak, and always say “your Majesty.”»
«I only wanted to see what the garden was like, your Majesty—»
«That's right,» said the Queen, patting her on the head, which Alice didn't like at all, «though, when you say “garden,”—I've seen gardens, compared with which this would be a wilderness.»
Alice didn't dare to argue the point, but went on: «—and I thought I'd try and find my way to the top of that hill—»
«When you say “hill,”» the Queen interrupted, «I could show you hills, in comparison with which you'd call that a valley.»
«No, I shouldn't,» said Alice, surprised into contradicting her at last: «a hill can't be a valley, you know. That would be nonsense—»
The Red Queen shook her head, «You may call it “nonsense” if you like,» she said, «but I've heard nonsense, compared with which that would be as sensible as a dictionary!»

Alicia a través del espejo
Capítulo 2
El jardín de las flores vivas
--Creo que iré a su encuentro --dijo Alicia, porque aunque las flores tenían ciertamente su interés, le pareció que le traería mucha más cuenta conversar con una auténtica reina.
--Así no lo lograrás nunca --le señaló la rosa-- Si me lo preguntaras a mí, te aconsejaría que intentases andar en dirección contraria.
Esto le pareció a Alicia una verdadera tontería, de forma que sin dignarse a responder nada se dirigió al instante hacia la Reina. No bien lo hubo hecho, y con gran sorpresa por su parte, la perdió de vista inmediatamente y se encontró caminando nuevamente en dirección a la puerta de la casa.
Con no poca irritación deshizo el camino recorrido y después de buscar a la Reina por todas partes (acabó vislumbrándola a buena distancia de ella) pensó que esta vez intentaría seguir el consejo de la rosa, caminando en dirección contraria.
Esto le dio un resultado excelente, pues apenas hubo intentado alejarse durante cosa de un minuto, se encontró cara a cara con la Reina roja y además a plena vista de la colina que tanto había deseado alcanzar.
--¿De dónde vienes? --le preguntó la Reina-- y ¿adónde vas? Mírame a los ojos, habla con tino y no te pongas a juguetear con los dedos.
Alicia observó estas tres advertencias y explicó lo mejor que pudo que había perdido su camino.
--No comprendo qué puedes pretender con eso de tu camino contestó la Reina--, porque todos los caminos de por aquí me pertenecen a mí...; pero, en todo caso --añadió con tono más amable--, ¿qué es lo que te ha traído aquí?. Y haz el favor de hacerme una reverencia mientras piensas lo que vas a contestar: así ganas tiempo para pensar.
Alicia se quedo algo intrigada por esto último, pero la Reina la tenía demasiado impresionada como para atreverse a poner reparos a lo que decía.
--Probaré ese sistema cuando vuelva a casa --pensó--, a ver qué resultado me da la próxima vez que llegue tarde a cenar.
--Es tiempo de que contestes a mi pregunta --declaró la Reina roja mirando su reloj--. Abre bien la boca cuando hables y dirígete a mí diciendo siempre «Su Majestad».
--Sólo quería ver cómo era este jardín, así plazca a Su Majestad...
--¡Así me gusta! --declaró la Reina dándole unas palmaditas en la cabeza, que a Alicia no le gustaron nada-- aunque cuando te oigo llamar a esto «jardín»... ¡He visto jardines a cuyo lado esto no parecería más que un erial!
Alicía no se atrevió a discutir esta afirmación, sino que siguió explicando:
--...y pensé que valdría la pena de subir por este camino, para llegar a la cumbre de aquella colina...
--Cuando te oigo llamar «colina» a aquello... ¡Podría enseñarte montes a cuyo lado esa sólo parecería un valle!
--Eso sí que no lo creo --dijo Alicia, sorprendida de encontrarse nada menos que contradiciendo a la Reina--. Una colina no puede ser un valle, ya sabe, por muy pequeña que sea; eso sería un disparate...
La Reina roja negó con la cabeza:
--Puedes considerarlo un dísparate, si quieres --dijo--, ¡pero yo te digo que he oido disparates a cuyo lado éste tendría más sentido que todo un diccionario!
Alicia a través del espejo
Lewis Carroll

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