martes, 18 de julio de 2017

De fusilamientos

Julio Torri, retratado por Salvador Pruneda, 1950.

Le poète maudit

Muy poco grata era su compañía y evitada hábilmente por todos. Había perpetrado un latrocinio hacía mucho, y lo que es peor no conservaba nada del mal habido dinero. De las dos razas humanas, pertenecía a la que pide prestado. Era un fatuo sin igual que no hallaba en Darío sino un admirable virtuoso de las palabras, y en Lugones un imitador genial sin originalidad verdadera. Su vida era completamente irregular. Notoria su mala educación; y nadie extrañará que deliberadamente le hayamos olvidado cuando redactamos la lista de socios de la Agrupación Ariel. Su ilustración era muy desigual, y desde luego nada académica. De latín no sabía ni los rudimentos, ni leía a los humoristas ingleses del tiempo de la reina Ana, ni poseía la principesca edición de los cuentos de Lafontaine, que engalanaron Eisen  y Chauffard, ni había oído hablar del Pseudo Calístenes, del Pseudo Turpino, ni del Pseudo Pamphilus.
Pero a pesar de todo, y por raro capricho de la Fortuna... hacía mejores versos que nosotros. No cabe duda que los dones poéticos se reparten de modo arbitrario y a veces tocan en suerte a los peores sujetos (de que se pueden aducir tantos ejemplos ilustres).
—Se suele admirar hasta la idolatría a un poeta —nos decíamos en nuestras amables cenas de la Agrupación Ariel—, y no apetecerlo para compañero en el paraíso.
Tras propinarnos interminables acertijos rimados nos consolábamos considerando que si la poesía tiene curiosas virtudes como la de mover los árboles y detener la corriente de los ríos, no dignifica por sí sola a los que la cultivan ni los dota de autoridad en letras.

De fusilamientos (1940)
Julio Torri

domingo, 16 de julio de 2017

Un héroe de nuestro tiempo

Jorge Lizana. Los Villalones, 2013.

El fatalista

Regresaba a mi casa por las desiertas callejuelas del poblado. La luna llena y roja, como el resplandor de un incendio, asomaba tras el almenado horizonte de las casas; relucían plácidamente las estrellas en la bóveda azul oscura, y reí al recordar que había habido sapientísimos varones convencidos de que los astros intervienen en nuestras nimias disputas por un trozo de terreno o por cualquier derecho imaginario. ¿Y qué sucedió? Esas mariposas, que, en opinión de aquellos sabios, ardían con el solo fin de iluminar sus contiendas y sus triunfos, siguen resplandeciendo con el mismo fulgor, mientras que sus pasiones y esperanzas se extinguieron al mismo tiempo que ellos, como una pequeña hoguera encendida en la linde de un bosque por un peregrino despreocupado. Y no obstante, ¡qué fuerza de voluntad les infundía la certeza de que el cielo entero, con sus infinitos moradores, los contemplaba con callada pero constante simpatía!... Nosotros, sus míseros descendientes, que vamos por la tierra sin convicciones ni orgullo, sin placer ni temor (excepto por esa instintiva angustia que nos oprime el corazón al pensar en el fin inevitable), no somos ya capaces de grandes sacrificios, ni en bien de la humanidad ni aun en pro de nuestra propia dicha, porque sabemos que ésta es imposible. E, indiferentes, pasamos de una duda a otra, igual que nuestros antepasados iban de error en error, con la diferencia de que no tenemos sus esperanzas ni tan siquiera ese deleite, incierto pero intenso, que nuestro espíritu encuentra en toda lucha contra los hombres o contra el destino...

Traducción de Oriol Pose

Un héroe de nuestro tiempo (1840)
Mijail Lermontov

sábado, 15 de julio de 2017

¡Adentro!

Miguel de Unamuno, tetratado por Iñaki Massini Pontis.

Me dices en tu carta que, si hasta ahora ha sido tu divisa ¡adelante!, de hoy en más será ¡arriba! Deja eso de adelante y atrás, arriba y abajo, a progresistas y retrógrados, ascendentes y descendentes, que se mueven en el espacio exterior tan sólo, y busca el otro, tu ámbito interior, el ideal, el de tu alma. Forcejea por meter en ella al universo entero, que es la mejor manera de derramarte en él... En vez de decir, pues, ¡adelante!, o ¡arriba!, di ¡adentro! Reconcéntrate para irradiar; deja llenarte para que reboses luego, conservando el manantial. Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás todo entero e indiviso. «Doy cuanto tengo», dice el generoso; «Doy cuanto valgo», dice el abnegado; «Doy cuanto soy», dice el héroe; «Me doy a mí mismo», dice el santo; y dí tú con él, y al darte: «Doy conmigo el universo entero». Para ello tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de ti. ¡Adentro!

Obras selectas
Miguel de Unamuno

martes, 11 de julio de 2017

Los ríos profundos

Jorge Warde. Boyeros lomo amarillo.

2. Los viajes

En los pueblos, a cierta hora, las aves se dirigen visiblemente a lugares ya conocidos. A los pedregales, a las huertas, a los arbustos que crecen en las orillas de las aguadas. Y según el tiempo, su vuelo es distinto. La gente del lugar no observa estos detalles, pero los viajeros, la gente que ha de irse, no los olvida. Las tuyas prefieren los árboles altos; los jilgueros duermen o descansan en los arbustos amarillos; el chihuaco canta en los árboles de hojas oscuras; el saúco, el eucalipto, el lambras; no va a los sauces. Las tórtolas vuelan a las paredes viejas y horadadas; las torcazas buscan las quebradas, los pequeños bosques de apariencia lejana; prefieren que se les oiga a cierta distancia. El gorrión es el único que está en todos los pueblos y en todas partes. El viuda-pisk'o salta sobre las grandes matas de espino, abre las alas negras, las sacude, y luego grita. Los loros grandes son viajeros. Los loros pequeños prefieren los cactus, los árboles de espino. Cuando empieza a oscurecer se reparten todas esas aves en el cielo; según los pueblos toman diferentes direcciones, y sus viajes los recuerda quien las ha visto, sus trayectos no se confunden en la memoria.

Los ríos profundos (1958)
José María Arguedas

lunes, 10 de julio de 2017

Primera fundación

Rosalba Campra. Ciudades para errantes.

Primero eran tan sólo una pocas casas, y alrededor la llanura inacabable, la línea del horizonte siempre a la altura de los ojos. Pero por ese espacio sin fronteras podían venir los enemigos, y no habría dónde esconderse, ni cómo defenderse de ellos. Fue por eso que se levantó la primera muralla, no demasiado alta, para poder ver si alguien se acercaba. Sólo que así los enemigos tampoco encontrarían dificultad en escalarla. De modo que detrás de esa muralla hubo que levantar otra, mucho más alta. Fue evidente entonces que si los enemigos conseguían escalar la segunda muralla, los tomarían desprevenidos, porque se habían sentido seguros. Y se levantó la tercera. Y así sucesivamente, hasta que se acabó el horizonte.

Ciudades para errantes (2007)
Rosalba Campra

sábado, 8 de julio de 2017

Equinoccio

Francisco Tario en Italia, en 1953, fotografiado por Carmen Farell.

No hay tal silencio, fijaos bien. Es un constante rumor de astros, de aguas, de respiraciones heladas, de alas de pájaros.

¡Qué quietud la del mar embravecido, la del cielo tormentoso, la del fuego en el bosque, comparadas con la loca, desenfrenada, frenética aceleración de este nacer y morir de hombres!

Más que una flor, más que la noche, más que la lluvia, más aún que la Muerte, es mucho más bella, más silenciosa, más enigmática una llave perdida.

Hay en mí constantemente una curiosidad incurable por aquella Tierra silenciosa, nocturna, llena de pisadas celestes; aquella Tierra sin hombres, color violeta, de hace setecientos billones de años.

No puede ser de otro modo. Lo único que me inspira cierto respeto en el hombre es esa ilusión suya tan infantil de construir y construir casas.

Nadie debe poner en duda que todos aquellos que vemos transitar tan apresuradamente por la calles van a algo. Pongamos sí o no, que consigan sus propósitos; que vuelvan o no mañana, otro día. Está bien, pero ¿y después? ¿Y siempre? ¿Y el año que viene?

¡Oh, volverse de bronce y que lo sienten a uno en un parque a ver jugar a los niños!

Equinoccio (1946)
Francisco Tario 

En la ceniza escribo

Ryunosuke Akutagawa. En la ceniza escribo.

Se hace la calma
en la otoñal tormenta,
la luna asoma.

En la ceniza escribo
un nombre de mujer
al calor del brasero.

Caen hojas del gingko
y del cerezo caen,
nos mudamos de sitio.


Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo

En la ceniza escribo
Ryunosuke Akutagawa

viernes, 7 de julio de 2017

El Eco y sus leyendas

Talbot Hughes. Eco, 1900.

Bien enterado tú de lo que digo,
puedes a los demás y a ti explicarte
cómo en las soledades los peñascos
repiten las palabras por su orden
y en articulación cuando buscamos
entre montes opacos los perdidos
compañeros, llamándolos a voces.
Sitios he visto yo que repetían
seis o siete palabras, diciendo una:
las palabras así de cerro en cerro
reflejadas muy bien se distinguían.
Los pueblos comarcanos se figuran
que las ninfas habitan estos sitios,
y caprípedos sátiros, diciendo
los faunos ser, que en estas soledades
interrumpen la calma silenciosa
con su nocturno estrépito y retozo
y que hieren las cuerdas con destreza,
que acompaña la flauta bien tocada:
y aseguran sentir los campesinos
cuando Pan, agitando en su cabeza
anfibia la corona de los pinos,
recorre con sus labios retorcidos
los caramillos, porque nunca deja
de sonar canción rústica la flauta
otros muchos prodigios de esta clase
refieren, y los venden por milagros,
bien porque no se mire aquella tierra
que habiten ellos como abandonada
de los dioses, o bien sean movidos
de otra cualquiera razón, como que toda
la raza humana fábulas ansía.

Traducción de Abate Marchena

De la naturaleza de las cosas
Lucrecio

sábado, 1 de julio de 2017

En el principio

Blas de Otero. Pido la paz y la palabra, 1955.

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Pido la paz y la palabra (1955)
Blas de Otero

viernes, 30 de junio de 2017

El grafógrafo

Salvador Elizondo. El grafógrafo.

A Octavio Paz

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

El grafógrafo (1972)
Salvador Elizondo

jueves, 29 de junio de 2017

El día

Jesús Munárriz. Camino de la voz.

El día empieza hoy, con la mañana,
y tiene por delante el infinito.
A este día has llegado, es todo tuyo,
todo lo que posees, este día.

Camino de la voz (1988)
Jesús Munárriz

martes, 27 de junio de 2017

Museo de cera

José María Álvarez. Museo de cera.

LIBRO I
OTIUM

El mundo en sus manos

Mira en paz las altísimas estrellas
Y escucha el dulce canto de los ruiseñores
Y que bellas mujeres te distraigan
Y que nunca tu copa esté vacía
Mira pasar la Luna


Paseos de un solitario

Como si fuera un cuento,
generosa es la casa
que amparó la niñez.
Y errarás por sus salas
vacías
buscando algo, que
sólo tuviste en el principio
y verás al final.

Alimentos crudos

Escribe.
Tus días y tus páginas.
Acepta ser como el viento que pasa.

Paseos por Roma

Cuando tus ojos ya no juzguen
sino contemplen,
cuando ya sólo agradezcas.
Esa es la edad de Roma,
la edad de pasear
por Roma.

Museo de cera
José María Álvarez

domingo, 25 de junio de 2017

Regla de San Benito

Escudo de la Abadía de Santo Domingo de Silos.

Del 66. Los porteros del monasterio

En la portería del monasterio será puesto un viejo prudente, que sepa coger los recados y dar las respuestas, y que por su edad no guste de andar de un lado para otro. El tal portero tendrá su celda junto a la puerta, para que los que lleguen encuentren siempre a alguien que les responda, de manera que en cuanto alguno llame o se oiga a un pobre pedir se le conteste Deo Gratias o Benedic, y así tengan todos enseguida su respuesta con toda la mansedumbre que da el temor de Dios. Y si el mismo portero necesita ayuda que le asignen un hermano más joven.
El monasterio, en lo posible, deberá construirse de manera que todas las cosas necesarias, como el agua, el molino y el huerto, estén dentro de su recinto, y que también se puedan ejercer en él los diversos oficios, a fin de que los monjes no tengan necesidad de salir fuera, lo cual en modo alguno favorecerá a sus almas.

Versión de Antonio Linage Conde

Regla de San Benito
San Benito (480-547)

viernes, 23 de junio de 2017

Lectura

Ilustración de Denis Goncharov.

En todo aquello susceptible de recibir el nombre de lectura, el proceso tiene que ser absorbente y voluptuoso; tenemos que deleitarnos con el libro, embelesarnos y olvidarnos de nosotros mismos, y acabar la lectura con la cabeza rebosante del más abigarrado y caleidoscópico baile de imágenes, incapaces de dormir o de tener un pensamiento continuado.

Traducción de Ismael Attrache

Memorias para el olvido. Ensayos.
Robert Louis Stevenson

jueves, 22 de junio de 2017

Cancionero y Romancero de Ausencias

Miguel Hernández. Cancionero y Romancero de Ausencias.

39

Todas las casas son ojos
que resplandecen y acechan.

Todas las casas son bocas
que escupen, muerden y besan.

Todas las casas son brazos
que se empujan y se estrechan.

De todas las casas salen
soplos de sombra y de selva.

En todas hay un clamor
de sangres insatisfechas.

Y a un grito todas las casas
se asaltan y se despueblan.

Y a un grito todas se aplacan,
y se fecundan, y esperan.

Cancionero y Romancero de Ausencias (1938-1941)
Miguel Hernández

miércoles, 21 de junio de 2017

El placer

Rosalba Campra. Cuentos del cuchillo de jade.

El hombre de quien trata este cuento era inmensamente rico. Disponía por lo tanto de una casa con una desmedida cantidad de habitaciones, patios interiores, jardines, sótanos, torres de castigo , etcétera. Por la misma razón disponía, además de la esposa principal y de todas las esposas secundarias correspondientes a su jerarquía, de las concubinas reglamentarias, reclutadas entre las vírgenes más prometedoras de la comarca y, por supuesto, de las criadas que cada una de ellas tenía a su servicio. Todas, obviamente, instruidas con minuciosidad en el Arte de la alcoba, en el que, como se debe, también él era ducho, cosa que no dejaba de ponerse en evidencia cada vez que las atendía teniendo en cuenta el orden y asiduidad que la categoría de cada una de ellas implicaba.
Cuando alguna pausa lo hacía posible, visitaba un selecto prostíbulo donde, en compañía de cortesanas especialmente adiestradas, desentendiéndose de los sempiternos placeres a los que lo destinaba su condición de amo y señor de tanta esposa y adláteres, todas con el mismo derecho a satisfacción independientemente del rango, podía por fin entregarse sin inhibiciones al Arte de la conversación, la música y la poesía.

Cuentos del cuchillo de jade (2009)
Rosalba Campra

martes, 20 de junio de 2017

Sobre los clásicos

Jorge Luis Borges. Otras inquisiciones.

No tengo vocación de iconoclasta. Hacia el año treinta creía, bajo el influjo de Macedonio Fernández, que la belleza es privilegio de unos pocos autores; ahora sé que es común y que está acechándonos en las casuales páginas del mediocre o en un diálogo callejero. Así, mi desconocimiento de las letras malayas o húngaras es total, pero estoy seguro de que si el tiempo me depara la ocasión de su estudio, encontraría en ellas todos los alimentos que requiere el espíritu. Además de las barreras lingüísticas intervienen las políticas o geográficas. Burns es un clásico en Escocia; al sur del Tweed interesa menos que Dumbar o que Stevenson. La gloria de un poeta depende, en suma, de la excitación o de la apatía de las generaciones de hombres anónimos que la ponen a prueba, en la soledad de sus bibliotecas.
Las emociones que la literatura suscita son quizá eternas, pero los medios deben constantemente variar, siquiera de un modo levísimo, para no perder su virtud. se gastan a medida que los reconoce el lector. De ahí el peligro de afirmar que existen obras clásicas y que lo serán para siempre.
Cada cuál descree de su arte y de sus artificios. Yo, que me he resignado a poner en duda la indefinida perduración de Voltaire o de Shakespeare, creo (esta tarde de uno de los últimos días de 1965) en la de Schopenhauer y en la de Berkeley.
Clásico no es un libro (lo repito) que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad. 

Otras inquisiciones
Jorge Luis Borges

Una noche con Hamlet y otros poemas

Vladimir Holan. Una noche con Hamlet y otros poemas.

La madre

¿Has visto alguna vez a tu vieja madre
en el instante en que te hace la cama
desdoble, extiende, alisa y acaricia la sábana
para que no quede en ella ni una sola arruga que pueda molestarte?
Su aliento, el gesto de su mano
son tan cariñosos que, una vez pasados,
continúan apagando el incendio de Persépolis
y, presentes, han aplacado alguna futura tempestad
en el Mar de la China o en otro hasta hoy desconocido...
De Avanzando (1943-48)
Traducción de Josef Forbelsky

Una noche con Hamlet y otros poemas
Vladimir Holan

lunes, 19 de junio de 2017

Juego de villanos

Luisa Valenzuela. Juego de villanos.

Consecuente

Los nietitos vienen muy avispados hoy en día. Antes preguntaban cariñosamente, como un juego,
—Abuelita ¿qué hora son?
Ahora nos meten en camisa de once varas. Al menos el mío, que ya de pequeño complejizó el problema al preguntarme
—¿Abu, qué es el tiempo?
—Mañana te contesto, le prometí. Mañana.
Y por los años de los años me mantuve firme en mi promesa.

Juego de villanos (2008)
Luisa Valenzuela

viernes, 16 de junio de 2017

Mapa de Grecia

Aureliu Prodan. Melodía griega.

Caverna del Ida

Y de pronto sentir ya la nostalgia
de lo que todavía estás viviendo.
Como si te encontrases muy lejano,
la distancia tapándote los ojos
y acumulando abismos a tus pies.
Pero sigues aquí, no hay más espacio
que el de todo lo bello que te asiste,
laberinto de azul y con salida
hacia otros más azules laberintos,
más perdederos, más reveladores,
con más intensidad de flores nuevas,
y más sabiduría de palabras
para la libertad. Sé muy paciente.
No es difícil salir del laberinto.
Lo que cuesta es hallarlo y penetrar.

Mapa de Grecia (1979)
Enrique Badosa

miércoles, 14 de junio de 2017

Los complementarios

Antonio Machado. Los complementarios.

APUNTES

¡Qué difícil es
cuando todo baja
no bajar también!

Empleo a veces las palabras fuera de su recto sentido, a conciencia de mi error.
Lo esencial en arte es siempre incorregible.
Un defecto no es un descuido, sino una limitación.
La mayor tortura a que se me puede someter es la de escuchar mis versos recitados por otro.
Hay dos maneras de corregir: una es borrar; otra, hacer de nuevo.
Sólo publico para librarme del maleficio de lo inédito.
Y para no volver a acordarme de lo escrito.
Nunca estoy más cerca de pensar una cosa que cuando he escrito la contraria.

Los complementarios
Antonio Machado

lunes, 12 de junio de 2017

Sabe a mariposa

Ramón Gómez de la Serna. Caprichos.

Llegó a la gran bodega el supercatador, y cuando le dieron a probar el caldo rubio del jerez nuevo dijo sin dubitación alguna: 
—Esto sabe a mariposa.
Todos se quedaron perplejos porque el dictamen del supercatador era inapelable.
Por si hablaba en un sentido simbólico le preguntaron:
—¿Y eso qué quiere decir?
—Nada, no se alarmen —repuso el genio en distinguir sabores—. Eso quiere decir que ha caído una mariposa en la gran tinaja.
Dudando de tanta sutileza subieron en una escalera para ver si se veía la mariposa ahogada, y en efecto una mariposa blanca se había ahogado en el néctar rubio.

Caprichos
Ramón Gómez de la Serna (1888-1963)

domingo, 11 de junio de 2017

El espectador

José Ortega y Gasset. El espectador.

A la mayor gloria de Dios

Todos los templos se erigen, claro está, para la mayor gloria de Dios; pero Dios es una idea general y ningún templo verdadero se ha elevado jamás a una idea general. El apóstol que vagabundeando por Atenas creyó leer en el frontis de un altar. "Al Dios desconocido" padeció un grave error; ese hierón no ha existido nunca. La religión no se satisface con un Dios abstracto, con un mero pensamiento; necesita de un Dios concreto al cual sintamos y experimentemos realmente. De aquí que haya tantas imágenes de Dios como individuos: cada cual, allá en sus íntimos hervores, lo compone con los materiales que encuentra más a mano. El rigoroso dogmatismo católico se limita a exigir que los fieles admitan la definición canónica de Dios; pero deja libre la fantasía de cada uno para que lo imagine y lo sienta a su manera. Refiere Taine que una niña a quien dijeron que Dios estaba en los cielos, exclamó: "¿En el cielo, como los pájaros? Entonces tendrá pico". Esta niña podía ser católica: la definición del catecismo no excluye el pico en Dios.

El espectador (1916-1934)
José Ortega y Gasset 

sábado, 10 de junio de 2017

Mariposa manchada

Jacob Hunter. Mariposa Saturnia spini. Wikipedia.


Todo está inscrito en el menudo pliego
de esos pétalos tenues
que en su prisa retratan este mundo
mientras su vuelo se deshace en polen:
ojos multiplicados, anacondas,
caparazones, prímulas, panales.
Las máculas del sol y la viruela
de la luna. Las llagas del martirio.
Las limpias nubes misericordiosas.
Gotas de sangre. El jaspe de los templos.
Estigmas y denarios y cadenas.
La roja herrumbre y las salpicaduras
del barro en la diáspora.
Los cardenales en la piel del tiempo...
Las consteladas alas que no sienten
el peso de leopardos y legiones,

La miel salvaje (2003)
Miguel Ángel Velasco

viernes, 9 de junio de 2017

Nuevas aventuras de Marsuf

Tomás Salvador. Nuevas aventuras de Marsuf.

III. Marsuf se tiende a escuchar crecer la hierba

Algo así pasó con el planeta Limia. Parece ser que el primer informe, decía simplemente: «Sólo tiene hierba». Existen indicios razonables para suponer que Marsuf leyó este informe y se sintió intrigado. O aludido.
Y no porque Marsuf gustara de la hierba al sentido de las vacas. No. Marsuf, pese a su tremendo dinamismo, era muy partidario de ejecutar al pie de la letra una metáfora muy corriente en la Tierra desde siglos anteriores.«Sentarse a escuchar crecer la hierba», es gandulear, dedicarse a la vida contemplativa. Tumbarse en un rincón a verlas venir.
Algo, la verdad, completamente inofensivo. Los males de este mundo vienen siempre por exceso de ambición. Los abúlicos, los contemplativos, no es que contribuyan mucho al progreso, pero tampoco lo estorban. Es más, la creación sale del ocio. Dejad a un hombre con talento tumbado sobre la hierba, con tiempo para pensar y os dará hermosas teorías. Y dadle tiempo a un poeta, sin apremios, y creará un bello poema. Pero como el mundo está mal acostumbrado, al que se tumba se le llama vago. Injusticia, digo yo.

Nuevas aventuras de Marsuf (1977)
Tomás Salvador

El mar y las campanas

Pablo Neruda. El mar y las campanas.

Yo me llamaba Reyes...

Yo me llamaba Reyes, Catrileo,
Arellano, Rodríguez, he olvidado
mis nombres verdaderos.
Nací con apellido
de robles viejos, de árboles recientes,
de madera silbante.
Yo fui depositado
en la hojarasca:
se hundió el recién nacido
en la derrota y en el nacimiento
de selvas que caían
y casas pobres que recién lloraban.
Yo no nací sino que me fundaron:
me pusieron todos los nombres a la vez,
todos los apellidos:
me llamé matorral, luego ciruelo,
alerce y luego trigo,
por eso soy tanto y tan poco,
tan multitud y tan desamparado,
porque vengo de abajo,
de la tierra.

El mar y las campanas (1973)
Pablo Neruda

martes, 6 de junio de 2017

Una tumba para Boris Davidovich

Boris Davidovich. Sello conmemorativo.

Los antiguos griegos tenían una costumbre digna de respeto: a las víctimas de un incendio, a los devorados por el cráter de un volcán, a los que la lava había sepultado, a los descuartizados por las fieras o a los que los tiburones habían engullido, a los desgarrados por los buitres en el desierto, les construían en su patria los llamados «cenotafios», tumbas vacías, porque el cuerpo es fuego, agua y tierra, pero «el alma es alfa y omega, y es a ella a quien se debe levantar un santuario».

Traducción del servocroata por Pilar Gil Cánovas

Una tumba para Boris Davidovich
Danilo Kis

lunes, 5 de junio de 2017

Las virtudes del pájaro solitario

Juan Goytisolo. Las virtudes del pájaro solitario.

era posible descifrar las oscuridades del texto, hallar una clave explicativa unívoca, desentrañar su sentido oculto mediante el recurso a la alegoría, circunscribir sus ambigüedades lingüísticas, establecer una rigurosa crítica filológica, buscar una significación estrictamente literal, acudir a interpretaciones éticas y anagógicas, enderezar su sintaxis maleable, esclarecer los presuntos dislates, paliar su señera y abrupta radicalidad, estructurar, disponer, acotar, reducir, esforzarse en atrapar su inmensidad y liquidez, capturar la sutileza del viento con una red, inmovilizar sus inasibles fluctuaciones y cambios oníricos, reproducir el acendrado esplendor del incendio místico mediante la acumulación de glosas, lecturas, fichas, notas académicas y apostillas, observaciones plúmbeas, gravosas ordenaciones sintácticas, exégesis filtradoras, páginas y páginas de prosa redundante y amazacotada?
no sería mejor anegarse de una vez en la infinitud del poema, aceptar la impenetrabilidad de sus misterios y opacidades, liberar tu propio lenguaje de grillos racionales, abandonarlo al campo magnético de sus imantaciones secretas, favorecer la onda de su expansión, admitir pluralidad y simultaneidad de sentidos, depurar la incandescencia verbal, la llama y dulce cauterio de su amor vivo?
pasajes y pasajes de belleza enigmática, incoherencia reveladora de la ebriedad y consumación gozosa del alma, entronque esotérico con la cábala y experiencia sufí, audad apropiación del Otro en el verso Amada en el Amado transformada!

Las virtudes del pájaro solitario (1988)
Juan Goytisolo

sábado, 3 de junio de 2017

Altivo

Camilien Roy. El arte de rechazar una novela.

Señor:

Por la presente le informo de que nuestro comité editorial ha leído el manuscrito que usted nos ha presentado. Se me ha encargado informarle que, lamentablemente, no lo hemos seleccionado para su publicación. Sobra agregar que esta decisión (por otra parte unánime) es irreversible.
Los miembros de nuestro comité desearían, por mi mediación, recordarle que nuestra editorial, que cuenta con más de cincuenta años de existencia, goza de una reputación y un prestigio envidiables. Es evidente que usted desconoce los cimientos de respetabilidad sobre las cuales se ha construido nuestra sociedad. En varias partes de su texto hemos hallado temas y personajes que se apartan de lo que nosotros definimos como elementos de un libro respetable. Entre otros, esa clase obrera, a la que usted se refiere constantemente y que es el telón de fondo de su historia, es un lugar común insoportable. Toda esa gente es de una pobreza aberrante. Además, las palabras que usted emplea para describir las escenas de amor físico entre los dos personajes principales son demasiado crudas y rozan la impudicia.
Existen sin duda un público para este género de literatura y editores para propagarla. No obstante, puedo afirmarle que, al dirigirse a nosotros, se ha equivocado usted de medio a medio, y si hemos apuntado su nombre es para asegurarnos de que nadie nunca lo asociará con el nuestro.

Traducción de Ana Becciu

El arte de rechazar una novela (2008)
Camilien Roy

viernes, 2 de junio de 2017

Batería

Julio Martínez Mesanza. Las trincheras.

Cuando a mi alrededor todo se hunde,
pienso en los mapas y en la artillería,
en el mundo perfecto de los mapas
y en la realidad que lo transforma.
Alguien elige un objetivo y alguien,
antes de dibujar la trayectoria,
busca las referencias del paisaje,
la torre de una iglesia, una montaña,
para medir con pulcritud los grados.
En las mesas de cálculo se esmeran
los que aplican las fórmulas de tiro
y deciden el ángulo y la carga.
Los sirvientes empiezan su trabajo
mecánico y febril junto a las piezas
y los observadores se impacientan
por ver la nube del primer impacto.
Cuando al fin se da la orden de abrir fuego
todo se vuelve excitación y estruendo,
cada uno es responsable de su parte
y nadie es responsable del estrago.

Las trincheras (1996)
Julio Martínez Mesanza

lunes, 29 de mayo de 2017

El escorpión

Samuel Howitt. Escorpión africano.

Soy la expresión perfecta de las oscuras fuerzas telúricas, relacionadas con las tinieblas y las viejas piedras. Los hombres me temen. En otros tiempos fui protector de la diadema real y di forma a uno de los más antiguos jeroglíficos. Evocar ahora mi pasada grandeza, sin embargo, no me sirve de consuelo, porque vivir de recuerdos es como vivir entre muertos.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

sábado, 27 de mayo de 2017

Antología de Spoon River

Edgar Lee Masters. Imagen de The Alcorn Studio & Gallery.

AMOS SIBLEY

No había en mí ni carácter, ni fortaleza, ni paciencia,
como el pueblo pensaba que yo tenía
porque soportaba a mi mujer, sin dejar de predicar,
haciendo el trabajo que Dios me había dado.
La aborrecía porque era un basilisco, una lasciva.
Yo sabía sus adulterios, uno a uno.
Pero, con todo, si yo me divorciaba de ella,
tenía que abandonar mi ministerio.
Por lo tanto, para hacer el trabajo de Dios y recoger sus frutos,
tenía que aguantarla.
Y, así, me mentía a mí mismo.
Y mentía a Spoon River.
Y, sin embargo, traté de dar conferencias, me presenté a la legislatura,
me hice corredor de libros, y todo con el mismo pensamiento:
Si gano así dinero, me divorcio de ella.


LA SEÑORA SIBLEY

El secreto de las estrellas: la gravitación.
El secreto de la Tierra: las capas de roca.
El secreto del suelo: recibir semillas.
El secreto de las semillas: el germen.
El secreto del hombre: sembrar.
El secreto de la mujer: tierra.
Mi secreto: bajo un montículo de tierra que no encontraréis.

Traducción de Jesús López Pacheco y Fabio L. Lázaro

Antología de Spoon River (1915)
Edgar Lee Masters

Memoria de la nieve

C. F. William Mielatz. El viejo caserón.

21
Inútil es volver a los lugares olvidados y perdidos, a los paisajes
y símbolos sin dueño.

No hay allí ya liturgias milenarias. Ni aceites fermentado en ánforas de barro.

Los ancianos han muerto. Los animales vagan bajo la lluvia negra.

No hay allí sino la lenta elipsis del río de los muertos,

la mansedumbre helada del muérdago cortado, de los paisajes abrasados
por el tiempo.

Memoria de la nieve (1982)
Julio Llamazares

jueves, 25 de mayo de 2017

La marcha

Sherwood Anderson. Winesburg, Ohio.

Aquel joven, que salía de su pueblo a buscar las aventuras de la vida, empezó a pensar; pero no pensó en nada grande ni dramático. No se le ocurrió pensar ni en la muerte de su madre, ni en su partida de Winesburg, ni en la incertidumbre de su vida futura en la ciudad, ni en los aspectos más serios y más amplios de su vida.
Pensaba en cosas pequeñas: en Turk Smallet acarreando tablas en su carretilla por la calle Mayor del pueblo, en las horas de la mañana; en una mujer alta y elegantemente vestida que había pasado una noche en el hotel de su padre; en Butch Weeler, el hombre que encendía las luces de Winesburg, corriendo por las calles en una noche de verano con la antorcha encendida en alto; en Helen White, a la que vio un día de pie junto a una ventana de la casa de correos de Winesburg pegando un sello en un sobre.
El joven se dejó llevar por su creciente afición a los sueños. Quien se hubiese fijado en él no lo habría tomado por persona de inteligencia extraordinaria. Recordando aquellas pequeñas cosas, cerró los ojos y se echó hacia atrás en su asiento. Permaneció así durante largo rato; y cuando volvió a ponerse en pie y miró por la ventanilla, había desaparecido ya el pueblo de Winesburg, y toda su vida allí pasaba a ser como el fondo sobre el que había de pintar los sueños de su edad adulta.

Traducción de A. Ros. Revisión de la traducción de Eduardo Rodríguez

Winesburg, Ohio (1919)
Sherwood Anderson

miércoles, 24 de mayo de 2017

Fábulas

Platanus orientalis. Ilustración de Pierre Belon.

Los caminantes y el plátano

Unos caminantes en verano, al mediodía, agotados de calor, vieron un plátano, fueron a refugiarse bajo él y tumbados a su sombra se reponían. Después de levantar la vista hacia el plátano, se dijeron uno al otro: «Qué inútil y estéril es este árbol para los hombres». El plátano respondiendo dijo: «Ingratos, aún estáis disfrutando de mi servicio y me tratáis de inútil y estéril». 
Así, también entre los hombres algunos son tan desagradecidos que aun beneficiando a sus vecinos, su bondad no obtiene crédito.

Las zorras en el río Meandro

Un día las zorras se congregaron a orillas del Meandro con la intención de beber de sus aguas. Pero como el agua se arrastraba con un fuerte fragor, trataban de animarse unas a otras sin atreverse a entrar. Entonces una de ellas tomó la palabra para hacer de menos a las demás y burlarse de su cobardía, ella, dándoselas de valiente, saltó al agua. La corriente la arrastró al centro y las otras, apostadas en la orilla del río, le dijeron: «No nos dejes, vuélvete para señalarnos el paso por donde podamos beber sin peligro». Pero aquélla, arrastrada por la corriente, dijo: «Tengo un encargo para Mileto y quiero llevarlo allí, a la vuelta os lo señalo».
Va para los que por fanfarronería se meten en un peligro.

Nota:
El río Meandro, hoy Menderes, discurre bordeando el flanco occidental de la meseta de Anatolia. Parte de su cauce es subterráneo. El curso del Meandro es muy accidentado, en su primer tramo corre por un estrecho valle y un profundísimo cañón. El segundo tramo forma un fértil valle que separa las regiones de Lidia y Caria. Ciudades importantes en su orilla eran Tralles y Magnesia. A partir de aquí, su curso es extremadamente sinuoso; el nombre de meandro procede precisamente de esto. Desemboca por Mileto.

Traducción y notas de Pedro Bádenas de la Peña

Fábulas
Esopo

Las ciudades invisibles

Italo Calvino. Las ciudades invisibles.

Las ciudades continuas. 2.

Si al tocar tierra en Trude no hubiese leído el nombre de la ciudad escrito en grandes letras, hubiera creído llegar al mismo aeropuerto del que partiera. Los suburbios que tuve que atravesar no eran distintos de aquellos otros, con las mismas casas amarillentas y verdosas. Siguiendo las mismas flechas se contorneaban los mismos canteros de las mismas plazas. Las calles del centro exponían mercancías embalajes enseñas que no cambiaban en nada. Era la primera vez que iba a Trude, pero conocía ya el hotel donde acerté a alojarme; ya había oído y dicho mis diálogos con compradores y vendedores de chatarra; otras jornadas iguales a aquélla habían terminado mirando a través de los mismos vasos los mismos ombligos ondulantes.
¿Por qué venir a Trude? me preguntaba. Y ya quería irme.
Puedes remontar vuelo cuando quieras me dijeron, pero llegarás a otra Trude, igual punto por punto; el mundo está cubierto de una única Trude que no empieza y no termina, cambia sólo el nombre del aeropuerto.

Traducción de Aurora Bernárdez

Las ciudades invisibles (1972)
Italo Calvino

lunes, 22 de mayo de 2017

Antología de la literatura fantástica

Borges, Ocampo, Bioy. Antología de la literatura fantástica.

La obra y el poeta

El poeta hindú Tulsi Das compuso la gesta de Hanuman y de su ejército de monos. Años después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo libertaron
R. F. Burton

El negador de milagros

Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó. «Oh, venerado suegro», suplicó «no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros». El ataúd entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.
Citado por Giles en Confucianism and its Rivals, Lecture VIII, 1915

El pañuelo que se teje solo

La mitología malaya habla de un pañuelo, sansistah kalah, que se teje solo y cada año agrega una hilera de perlas finas, y cuando esté concluido ese pañuelo, será el fin del mundo.
W. W. Skeat
Malay Magic (1900)

Antología de la literatura fantástica (1940)
Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares

domingo, 21 de mayo de 2017

La respiración

Aleksandr Solzhenitsyn en 1994 en un tren en Vladivostok. Foto: Wikipedia.

Llovió de noche y ahora las nubes se desplazan por el cielo. A veces caen algunas gotas.
Estoy de pie bajo un manzano que está terminando de florecer, y respiro.
No sólo el manzano, sino también los pastos que lo rodean, expanden aromas después de la lluvia, y no hay palabras para este sabor dulce y penetrante que impregna el aire. Lo aspiro con todos mis pulmones, siento el aroma en todo mi pecho, respiro, ora con los ojos abiertos, ora con los ojos cerrados, no sé cómo es mejor...
Tal vez esto sea la libertad, la única, pero la más apreciada libertad, de la cual nos priva la cárcel: respirar así, respirar aquí.
Ninguna comida en la tierra, ningún vino, ni siquiera el beso de una mujer, me resultan más dulces que este aire, este aire embriagado con el florecimiento, la humedad, la frescura.
No importa que esto sea sólo un minúsculo jardín, encerrado entre las jaulas de fieras de las casas de cinco pisos.
Dejo de oír los escapes de las motocicletas, el aullido de los tocadiscos, los gritos de los altoparlantes.
Mientras se puede respirar después de la lluvia bajo un manzano, se puede vivir.

Traducción de Irina Astrau

Cuentos en miniatura (1964)
Aleksandr Solzhenitsyn