lunes, 17 de febrero de 2020

Un hotel

Susan Meiselas. Lena en el hotel

Cuántas de mis noche se me han ido
en un cuarto de hotel.
La lluvia acaso guarda nombres y fechas,
insomnes susurros de lámparas
y penumbras que flotan por largos pasillos.
De tanto ir y volver entre valijas,
cuarto número tres, número doce,
silencio, soledad, ventanas,
yo mismo me siento el hotel de una calle
a la orilla de noches fugitivas
donde extraños celajes se guarecen.
Los jadeos de un amor, la luz, la ducha
y el frío de albas anónimas
nacidas al hervor de algún café,
van y vienen rodeándome,
y el hotel crece de mí hasta el horizonte,
con el laberinto de sus cuartos
llenos de espejos que guardan en sus pátinas
sombras y voces que jamás serán mías.

Alfabeto del mundo (1986)
Eugenio Montejo

domingo, 16 de febrero de 2020

La muralla china

Franz Kafka. La muralla china.

¡Renuncia!

Era muy temprano por la mañana, las calles estaban limpias y vacías, yo iba a la estación. Al verificar la hora de mi reloj con la del reloj de una torre, vi que era mucho más tarde de lo que creyera, tenía que darme mucha prisa; el susto que me produjo este descubrimiento me hizo perder la tranquilidad, no me orientaba todavía muy bien en aquella ciudad. Felizmente había un policía en las cercanías, fui hacia él y le pregunté, sin aliento, cuál era el camino. Sonrió y dijo:
—¿Por mí quieres conocer el camino?
—Sí —dije—, ya que no puedo hallarlo por mí mismo.
—Renuncia, renuncia —dijo—, y se volvió con gran ímpetu, como las gentes que quieren quedarse a solas con su risa.

La partida

Ordené sacar mi caballo del establo. El criado no me comprendió. Fui yo mismo al establo, ensillé el caballo y monté. A lo lejos oí el sonido de una trompeta, le pregunté lo que aquello significaba. Él no sabía nada, no había oído nada. En el portón me detuvo para preguntarme:
—¿Hacia dónde cabalga el señor?
—No lo sé —respondí—. Sólo quiero irme de aquí, solamente irme de aquí. Partir siempre, salir de aquí, sólo así puedo alcanzar mi meta.
—¿Conoces, pues, tu meta? —preguntó él.
—Sí —contesté yo—. Lo he dicho ya. Salir de aquí, ésa es mi meta.

Traducción de Alejandro Ruiz Guiñazú

La muralla china. Cuentos, relatos y otros escritos
Franz Kafka

jueves, 13 de febrero de 2020

Icaromenipo

Théophile Steinlen. Gato al claro de luna.

Aún no había ascendido un estadio, cuando la Luna, dejando oír una femenina voz, me dijo: «Menipo, , préstame un servicio ante Zeus; yo por mi parte te desearé un buen viaje». «Sólo tienes que hacerme saber de qué se trata —le respondí—. No hay trabajo pesado, cuando no hay objeto que transportar». «Quiero que seas portador de una embajada y de una súplica para Zeus de mi parte —añadió—. No te serán dificultosas. Estoy cansada, Menipo, de oír innumerables cosas molestas a los filósofos, que no tienen otra ocupación que entrometerse en todo lo mío, y tratar de averiguar cuál es mi naturaleza y mi tamaño y por qué causa me reduzco a la mitad o me vuelvo jorobada. Unos dicen que estoy habitada, otros que a manera de espejo estoy colgada sobre el mar, y otros me atribuyen aquello que cada cual piensa. Finalmente, afirman también que mi luz es producto de robo y bastarda, ya que me llega de arriba, del Sol, y no cejan en su empeño de enemistarme con él, que es mi hermano, y de promover la discordia entre ambos, pues no les basta con lo que han dicho acerca del propio Sol, sosteniendo que es una piedra y una masa incandescente.
Ahora bien, ¡de cuántas acciones suyas estoy yo en el secreto, acciones vergonzosas y despreciables que llevan a cabo noche tras noche quienes durante el día tienen grave y firme semblante y venerable apariencia y atraen hacia sí las miradas de admiración de la gente! Y yo, que veo esto, me callo no obstante, pues considero que sería indecente descubrir e iluminar esas ocupaciones nocturnas y la comedia de la vida de cada uno de ellos. Lejos de eso, cuando veo a alguno de ellos cometer adulterio o robar, o atreverse a alguna otra acción en plena noche, al punto atraigo hacia  mí una nube y me oculto en ella, para no mostrar a la muchedumbre a unos ancianos que deshonran sus espesas barbas y la virtud de que hacen gala. Pero ellos no dejan de despedazarme con sus palabras y de afrentarme por todos los medios, de suerte que, ¡por la Noche te lo juro!, muchas veces tuve el pensamiento de trasladarme a un lugar lo más lejano posible, para huir de sus impertinentes lenguas. Así pues, acuérdate de notificar esto a Zeus y de añadir que para mí es imposible permanecer en mi sitio, sino aniquila a esos filósofos naturalistas, amordaza a los dialécticos, echa abajo el Pórtico, quema la Academia y pone fin a las conversaciones del Perípato. Porque así podría descansar, libre de las mediciones a que ellos me someten a diario».
Así será —le respondí—, y al mismo tiempo remonté mi vuelo, siguiendo un camino

en que no se mostraban huellas de bueyes ni de hombres.

Traducción de Francisco García Yagüe

Icaromenipo o El hombre que viajó por encima de las nubes
Luciano de Samosata (125-181)

miércoles, 12 de febrero de 2020

Del Vesubio al Etna

Roger Peyrefitte. Del Vesubio al Etna.

XXXI

Imerese

No se sabe a quién estaba dedicado el templo que los griegos construyeron en Imerese y del que sólo quedan sus basamentos. El ferrocarril pasa a pocos metros. El humo de las máquinas ha reemplazado al de los sacrificios. Reemplaza la estatua de la cella. Se ha convertido en el dios natural del templo de Imerese.
Este templo, que conmemoraba la gran victoria siciliana sobre Cartago, fue destruido, ochenta años después, por aquellos cuya derrota recordaba. El museo de Palermo y el de Termini conservan las imponentes gárgolas en forma de cabeza de leones, que bordeaban el techo.
Sobre una eminencia, del otro lado de la carretera, está situada la acrópolis clásica de los helenos. Sólo un olivo crece allí. Los vestigios arquitecturales son mínimos. Se descubre la boca del río Imerese, la costa que va del cabo Zafferano a Cefalú y, pegada a una colina, la ciudad de Termini, donde se encuentran "los baños calientes de las ninfas de Imerese", que ya alababa Píndaro.

Traducción de Lía Susini, Abelardo Arias y Renato Pellegrini

Del Vesubio al Etna (1952)
Roger Peyrefitte

Estela de un juez

Esperanza López Parada. los tres días.

Estela de un juez

Desaparecido aquél que nos orientaba,
el país se allana y se nivela.
Puesto que imponía él toda medida,
él dictaba la ley y las escalas.
Ninguno despierta hoy interés,
el alma regresa a su sitio
y cada valle se equilibra.
Se parecen los días a los días.

Los tres días (1993)
Esperanza López Parada

miércoles, 5 de febrero de 2020

Leer para hacer amigos

Odilon Redon. Le liseur. (El lector).

Cuando alguien es arisco y no se atreve a abordar a la gente, como uno a quien yo conozco, las novelas son ideales. Para los grandes lectores, los personajes de las novelas llegan a ser más reales que las personas de la vida. Piensan con frecuencia en ellos, los visitan en los libros, los quieren mucho, a menudo los echan de menos, a veces los molestan, o sea, unos amigos. Con una leve diferencia, que estos amigos imaginarios no ocultan nada. Por eso son los únicos que nunca nos traicionan, piensan los grandes lectores, que se olvidan algunas veces de arriesgarse a vivir.

Traducción de Elena M. Cano e Íñigo Sánchez-Paños

¿Por qué leer? (2011)
Charles Dantzig

martes, 4 de febrero de 2020

Cuentos de un minuto

István Örkény. Cuentos de un minuto.

Fenómeno

Un corcho que no se distinguía en nada de los demás corchos (dijo que se llamaba Sándor G. Hirt, pero ¿qué significa un nombre? Un nombre no significa nada) cayó al agua.
Durante un rato estuvo flotando en el agua, era de esperar, pero después pasó algo muy extraño. Se fue hundiendo poco a poco, llegó al fondo y no volvió a aparecer nunca más.
No hay explicación.

Errata pertinaz
(Nota de rectificación)

En el número del martes de nuestro periódico dimos la noticia de que la Academia Sueca le había concedido el grado de Doctor «Honoris Causa» a un científico húngaro a quien mencionamos, lamentablemente, con el nombre de Dr. Pálpéter Péter Pál. Además, no sólo en el texto, sino también en el título de la noticia publicamos mal el nombre Pálpéter Péter Pál.
El nombre correcto del excelente científico húngaro: Dr. Pálpéter Péter Pál.

Traducción del húngaro de Judit Gerendas

Cuentos de un minuto
István Örkény

domingo, 2 de febrero de 2020

Serpiente

Vladimir Tasoff. Edén.

Vieja liana del mundo
enroscada a su cepa, te deslizas
por la vena del tiempo desde las aguas madres.
Engullidora exacta, todo pasa
por el flexible túnel de tu ciego apetito:
gacelas, manatíes, patriarcas,
luengas tribus que bogan
por el río intrincado
de su genealogía..., y te devoras
a ti misma en anillo
de secreta anfisbena. En el desierto
te escurres de costado, mientras tu huella traza
su oscuro jeroglífico sobre la arena cruda.
Al encontrarte, el pie vacila, y siente,
bajo su planta, como si la tierra
retirase su estera.

Hoy queremos las paces
contigo, fiel guardiana
del jardín de los padres, abuela de la ciencia
que aquel celoso fruto le arrancaste
del sabroso saber al Dios del miedo.
Deja que te soñemos
abrazada a la pértiga que destierre a las plagas,
crucificada sierpe de la sabiduría,
culebra al fin amiga, báculo
del humano albedrío para el camino nuestro.

La miel salvaje (2003)
Miguel Ángel Velasco

viernes, 31 de enero de 2020

El guardador de rebaños

Jan Urban. Paisaje.

26

La diligencia ha pasado por la carretera, y se ha ido;
y la carretera no se ha puesto más bonita, ni siquiera más fea.
Así es la acción humana en el mundo.
Nada quitamos ni ponemos; pasamos y olvidamos;
y el sol es puntual todos los días.
De El guardador de rebaños 
(1911-1912)
De Alberto Caeiro

Traducción de Ángel Crespo

Antología poética. El poeta es un fingidor
Fernando Pessoa

martes, 28 de enero de 2020

Muchachas a caballo

Ekaterina Vladi a caballo, foto de Vladimir Lapshin.

Y sobre las monturas, desnudas las muchachas,
liberado el cabello en el espacio extenso,
carnales armaduras al trote de la vida,
traspasadas por un rayo de sol como una música,
ciñendo el mundo con sus muslos prietos,
la vida confirmando con un tajo de risa
y núbil vocerío.

Tembló la tarde toda de azul mitología.

Borrando fue la espuma la huella de los cascos
por el húmedo estero en tanto se alejaban
las grupas poderosas, los femeninos cuerpos
tatuados en oro contra el confín del cielo.

Aquel fulgor sonoro fue absorbido en el agua.
Perdióse su galope, quedó su movimiento,
vibrando luego el aire en colas de caballo
y un eco de muchachas, flameantes cabelleras
en la gloria del tiempo y el cielo de la tarde.

De aquel día de tu infancia
estival por el sueño,
sobre el vítreo silencio azul de tu memoria,
tu corazón aún guarda la luz de los caballos.
(fragmento)

Los argonautas y otros poemas (1975)
Carlos Clementson

La legión extranjera

Clarice Lispector. La legión extranjera.

Fondo de gaveta

Los negociados

Después que descubrí en mí misma cómo se piensa, nunca más pude creer en el pensamiento de los demás.

El reclutamiento

Los pasos se están volviendo más nítidos. Un poco más próximos. Ahora suenan casi cerca. Todavía más. Ahora más cerca de lo que podrían estar de mí. Sin embargo, continúan acercándose. Ahora no están más cerca, están en mí. ¿Van a sobrepasarme y proseguir? Es mi esperanza. Ya no sé con qué sentido percibo distancias. Es que ahora los pasos no están solamente próximos y pesados. Ya no están solamente en mí. Yo marcho con ellos.

Entendimiento

Todas las visitaciones que tuve en la vida, llegaron, se sentaron y no dijeron nada.

Traducción de Juan García Gayó

La legión extranjera. Cuentos y crónicas
Clarice Lispector

lunes, 27 de enero de 2020

La vela

Elena Tatulyan. Vela y libros.

Escribo al lado de esta vela,
de esta vela que tiembla.
Le queda llama, pero tiembla,
cree, como yo, que ya no cree,
que alumbra sola frente al universo.

Despacio cae la indescifrable noche
con sus astros girando.
La vela erguida, contra el mundo, arde,
y en mi cuaderno lenta se derrama
su luz atea.
Estamos solos uno frente al otro,
ella con su temblor y yo, mirándola,
mientras en derredor, junto a su lumbre,
van y vienen los vuelos planetarios
de pequeños insectos que dan vueltas,
la errante lucha de una galaxia mínima
que quizá gira porque cree, porque no cree,
que gira porque gira...

Partitura de la cigarra (1999)
Eugenio Montejo

Las noches blancas

Fedor Dostoiewski. Las noches blancas.

Primera noche

Era una noche maravillosa, una de esas noches que, quizá, sólo puede apreciar la juventud, lector querido. Tan estrellado, tan sereno estaba el cielo, que, al mirarlo, se preguntaba uno, sin querer, si era verdad que debajo de un cielo semejante pudieran vivir criaturas malignas y tétricas. También esto es asunto de juventud, querido lector, muy de juventud. ¡Quiera Dios revivir con frecuencia esa edad en tu alma...!

Nota: Llámanse Noches Blancas, en San Petersburgo —esas noches extraordinarias verdaderamente bañadas en el fulgor casi boreal—, a aquella época del estío en que el sol se pone sobre las nueve de la noche y sale alrededor de la una de la madrugada.

Traducción de H. C. Granch

Las noches blancas (1848)
Fedor Dostoiewski

viernes, 24 de enero de 2020

No fingir

Francisco Chamayou. Caminante.

Se desgajó del grupo, siguió andando,
aunque luego, más tarde, se detuvo,
miró el cielo: no supo dónde estaba.

Se desgajó del grupo con la idea
de llegar a otro sitio, no estar solo,
frente al engaño solo, no fingir,
no traficar con mapas o mentiras.

Se desgajó del grupo y ahora vive
al margen del camino, sigue andando
de un sitio para otro: si no avanza,
tampoco retrocede.

Y el aire de los mapas (2014)
José Carlos Rosales 

lunes, 20 de enero de 2020

Cuaderno de escritura

Rudolph Palais. El escritor.

100
Leer y escribir

Pero ¿y si al que lee no le basta con las invenciones fabulosas que otros le dan? ¿Y si no se conforma con el mundo vivido y soñado por los demás, que cada cual adapta a sus necesidades de ilusión? Entonces, no sólo participa en el juego prodigioso de la lectura e inventa unas reglas nuevas a su medida. Es decir, se convierte en escritor, lo cual ya es casi —a pesar de su relativa abundancia— una anomalía de la naturaleza.
Cada escritor, bueno o malo, remeda modestamente la creación y se siente un poco como si añadiera un octavo día al relato del Génesis. No ya en un ambicioso poema o en un gran ciclo novelesco, incluso en lo que pudiera ser la más trivial de las cartas familiares (y Madame de Sévigné no nos dejará mentir) el que escribe nombra las cosas y los sentimientos, no sacándolos de la nada, claro está, pero si haciendo que todo renazca según el orden de las palabras que emplea.
Donde había la confusión, el caos de lo desconocido o de lo demasiado conocido, da igual, el diminuto creador que está manejando la pluma o la máquina de escribir instaura un orden propio que ordena la mescolanza anárquica de lo natural; como un descubridor de Américas, de nuevos continentes, que da nombres a las selvas y a los ríos, urbaniza lo amorfo, construye y funda, bautiza, inspiradamente o no, las tierras ignotas; es decir, rehace el mundo a su imagen.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

domingo, 19 de enero de 2020

Escaramuzas

Antonio Martínez Sarrión. Escaramuzas.

Por más que lo pienso, no hallo mejor oficio que el de crítico de haikus, puesto que tuvo un poeta «zen» japonés llamado Senroy. Evaluaba cuantos poemas se le sometían y los que juzgaba mejores se publicaban. Se calcula que hizo la crítica de dos millones y medio de piezas. También —cómo no— los escribió con mucho acierto. Murió en 1790, a la venerable edad de setenta y tres años. ¡Qué destino admirable! A este maestro le heredó y sustituyó en el sutil oficio su hijo mayor, y muerto éste, otro hijo. De este tercer Senroy es esta composición difícilmente mejorable por sus antecesores, hermano y padre respectivamente:

Como gota de rocío
sobre una hoja de loto,
desaparezco.

De una inscripción anónima que recoge la Antología Palatina:
Fue arponero a quien nadie igualó, más la mar en invierno a unos pescadores de otros no distingue.

Escaramuzas (2011)
Antonio Martínez Sarrión

jueves, 16 de enero de 2020

El descubridor

Julio Torri. De fusilamientos.

A semejanza del minero es el escritor: explota cada intuición como una cantera. A menudo dejará la dura faena pronto, pues la veta no es profunda. Otras veces dará con rico yacimiento del mejor metal, del oro más esmerado. ¡Qué penoso espectáculo cuando seguimos ocupándonos en un manto que acabó ha mucho! En cambio, ¡qué fuerza la del pensador que no llega ávidamente hasta colegir la última conclusión posible de su verdad, esterilizándola; sino que se complace en mostrarnos que es ante todo un descubridor de filones y no mísero barretero al servicio de codiciosos accionistas!

De fusilamientos (1940)
Julio Torri

miércoles, 15 de enero de 2020

El trabajo intelectual

Jean Guitton. El trabajo intelectual.

Capítulo II
La preparación del trabajo

III
Afinidad de lugares, vecindad de seres

Al ordenamiento del tiempo corresponde el del lugar y el de la vecindad.
Basta con interrogar para advertir, en esta materia, la diferencia de costumbres. Unos necesitan una atmósfera superpoblada de libros, de documentos y de un desorden en el cual, como decía Hugo, su inspiración se "encarama". Otros no tienen menos necesidad de un orden en el que tienen mucho que ver la privación y el vacío, y no se dispone sino de los necesario. Hay quienes, como Rilke, necesitan una habitación pequeña, monástica, y un espectáculo insignificante que los sumerja en su interior; y quienes, por el contrario, como ocurre con Sertillanges, se complacen en la extensión, en las montañas o el mar.
La preparación del trabajo implica una morada y, más aún, una atmósfera.
Creo que el primer cuidado, en este sentido, debe ser el de encontrar un refugio, un rincón, un escondrijo, y esto puede obtenerse hasta en la prisión. Ordenar la guarida, Elegir una habitación tal que todo en ella sea calma e incitación. Si está arreglada con lujo, que no sea a expensas de la sobriedad. Si en la pobreza, que sea una pobreza plena de símbolos. "No toleres cerca de ti", aconsejaba Ruskin, "nada que no te sea útil o que no encuentres bello". Esta regla, aplicada a una habitación de trabajo, enseña a condenar muchas cosas.

Traducción de Celia Pereira y Carlos A. Duval
Revisión de Carlos Rovetta

El trabajo intelectual (1951)
Jean Guitton 

lunes, 13 de enero de 2020

Primer amor

Friedrich von Amerling. Muchacha.

Abro el balcón, y miro. En los balcones
de la casa de enfrente el sol de junio
juega con los geranios.

            Me saluda
desde allí una muchacha: alza la mano,
me hace señas, sonríe, y es más bella
que el fulgor del verano.

            Los minutos
se aquietan en el cielo y acaece
mucha luz. Se diría
que un raro sortilegio ha detenido
el tiempo esta mañana.

             Pero cierro
un instante los ojos, y al abrirlos
nada queda: ni casa, ni muchacha,
ni balcones con sol. De todo aquello
hace ya veinte años.

Hilo de oro. (Antología poética, 1974-2011)
Eloy Sánchez Rosillo

domingo, 12 de enero de 2020

La línea de sombra

Joseph Conrad. La línea de sombra.

Sólo los jóvenes conocen momentos semejantes. No quiero decir los muy jóvenes, no; pues éstos, a decir verdad, no tienen momentos. Vivir más allá de sus días, en esa magnífica continuidad de esperanza que ignora toda pausa y toda introspección, es el privilegio de la primera juventud.
Cierra uno tras sí la puertecita de la infancia, y penetra en un jardín encantado. Hasta sus mismas sombras tienen un resplandor de promesa. Cada recodo del sendero posee su seducción. Y no a causa del atractivo que ofrece un país desconocido, pues de sobra sabe uno que por allí ha pasado la corriente de la humanidad entera. Es el encanto de una experiencia universal, de la que esperamos una sensación extraordinaria y personal, la revelación de un algo de nuestro yo.
Llenos de ardor y de alegría, caminamos, reconociendo las lindes de nuestros predecesores, aceptanto tales como se presentan la buena suerte y la mala —los puntapiés y las perras chicas, como reza el adagio—, el pintoresco destino común que tantas posibilidades guarda para el que las merece, cuando no simplemente para el afortunado. Sí: caminamos, y el tiempo también camina, hasta que, de pronto, vemos ante nosotros una línea de sombra advirtiéndonos que también habrá que dejar tras de nosotros la región de nuestra primera juventud.

Traducción de Ricardo Baeza

La línea de sombra (1917)
Joseph Conrad

viernes, 10 de enero de 2020

Todos los cuentos

Antonio Pereira. Todos los cuentos.

El escalatorres

Un oficio que da muchas emociones es el de escalatorres, pero es un cuerpo en el que cuesta trabajo entrar porque ha quedado en manos de pocas familias.
Hay un escalatorres jubilado que relata su conocimiento eminente del país: los prados extendidos y los campos de mieses, las humildes chimeneas y los caserones humillados de los señores.
Pero no es lo mismo una torre de ayuntamiento que la experiencia desde cúpula de catedral. Y aun en ésta, la visión del escalatorres puede ser exaltada o serena, según sea gótico o románico el monumento al que se encarama. 
Con todo, lo que a él le importaba más era su facultad de descifrar la condición humana desde la altura.
Cuenta de ciudades cultas donde la escalada es como un concierto de música al que se asiste en silencio, ciudades avaras enumera donde el público desaparece a la hora de la colecta, pero también ciudades generosas y de brazos abiertos. En Osorno, provincia de Palencia, se cruzan apuestas sobre el espectáculo, sin descuidar por eso las barajas. En la ciudad empedernida (pero de ésta no dice el nombre) alienta el deseo de ver cómo el artista se desprende de un saliente y se mata.

Todos los cuentos
Antonio Pereira

domingo, 5 de enero de 2020

El satiricón

Petronio retratado por Philibert Boutrois.

LXXXVIII

Tan divertida historia me distrajo de mis tristes pensamientos, y empecé a hacer preguntas a Eumolpo —que era más instruido que yo— acerca de la antigüedad de los cuadros y sobre el asunto de algunos de ellos, que no comprendía muy bien. Le pregunté después a qué causas atribuía la decadencia de las bellas artes en el presente siglo, en particular en cuanto atañe a la pintura.
—El amor a las riquezas —me respondió— ha producido este lamentable resultado. En tiempos de nuestros antepasados, cuando sólo se honraba al mérito, florecían las bellas artes, y los hombres se diputaban a porfía la gloria de trasmitir a los siglos venideros los descubrimientos útiles. Demócrito, Hércules de la ciencia, destilaba el jugo de todas las plantas conocidas y se pasaba la vida realizando experimentos encaminados a investigar las propiedades de vegetales y minerales. Eudoxio envejeció en la cumbre de una montaña para observar lo más cerca posible los movimientos del cielo y de los astros. Crísipo tomaba eléboro por tres veces consecutivas para purificarse el espíritu y prepararlo a nuevos descubrimientos. Y, volviendo a las artes plásticas, cuéntase de Lipo que murió de hambre, ocupado tan sólo en perfeccionar los contornos de una estatua, y de Mirón, el cual infundió en el bronce el alma humana y el instinto animal, que no encontró heredero. Sumidos nosotros en la lujuria y en la embriaguez, no nos atrevemos ni a elevarnos al conocimiento de las artes inventadas en otro tiempo. Detractores de lo antiguo, no conocemos más ciencia que la disolución de costumbres, de la que somos ejemplo y precepto viviente. ¿Qué se hizo de la dialéctica y de la astronomía? ¿Qué fue de la moral, camino recto de la sabiduría? ¿A quién se ve hoy entrar en un templo para invocar a los dioses e impetrar de ellos la perfección en la elocuencia o bien para descubrir los ocultos manantiales de la filosofía? Ni tan siquiera se les pide la salud. Mira esa muchedumbre que se dirige al Capitolio. Antes de llegar al umbral del mismo, uno promete ofrendas si se le muere pronto un pariente rico; otro, si no tarda en descubrir un tesoro; un tercero, si antes de morir llega a acumular algunos millones de sestercios. Al Senado, al propio Senado, árbitro del honor y de la justicia, lo hemos visto ofrecer a Júpiter mil marcos de oro, dando la impresión con ello de querer atraerse el favor del cielo a fuerza de dinero. No te asombre, por consiguiente, la decadencia de la pintura y de las demás artes, ya que dioses y hombres ven con más gusto una barra de oro que todas las obras de Apeles y Fidias y demás griegos locos, como ellos los denominan. 

Traducción Manuel Rossell Pesant

El satiricón
Petronio  

viernes, 3 de enero de 2020

Persuasión de los días

Oliverio Girondo. Persuasión de los días.

ARENA

ARENA,
y más arena,
y nada más que arena.

De arena el horizonte.
El destino de arena.
De arena los caminos.
El cansancio de arena.
De arena las palabras.
El silencio de arena.

Arena de los ojos con pupilas de arena.
Arena de las bocas con los labios de arena.
Arena de la sangre de las venas de arena.

Arena de la muerte...
De la muerte de arena.

¡Nada más que de arena!

LO QUE ESPERAMOS

Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
—no cajas de caudales,
ni perchas desoladas—,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
(fragmento)

Persuasión de los días (1942)
Oliverio Girondo

martes, 31 de diciembre de 2019

Caballo imaginando a Dios

Ilustración de Paul Landacre.

A PESAR de lo que digan, la idea de un cielo habitado por Caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el Caballo.
Todo el mundo sabe —continuaba en su razonamiento— que si los Caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de jinete.

La oveja negra y demás fábulas (1969)
Augusto Monterroso

lunes, 30 de diciembre de 2019

Geco

Pierangelo Boog. Geco.

Geco o gecko. Reptil saurio de las regiones cálidas. Es una especie de lagarto insectívoro. Tiene piel escamosa y cabeza maciza. Sus patas están provistas de unas laminillas adhesivas que le permiten trepar. Se alimenta de insectos y es inofensivo para el hombre. Una de las especies más extendidas en España es la llamada salamanquesa (platydactylus mauritaniens), de unos 15 centímetros de longitud, con cabeza grande, lomo gris y vientre blanquecino. El nombre de geco es una onomatopeya del sonido que emite este animal haciendo chasquear la lengua.

Geco
Enciclopedia Internacional Focus

El autor y la escritura

Harry Kwinkelenberg. Tintero y pluma.

¿Por qué se quejan tantos de ser menospreciados? Peor aún es lo contrario.

La crítica más estricta de lo propio: "Si esto lo hubiera escrito otro, sería bueno".

Vivir hasta el final un problema es más importante que ofrecer esta o aquella solución: fue una buena partida, independientemente de quien la haya ganado.

Epopeya cortesana, novela social, obra edificante, poesía bélica, lírica proletaria, pornografía: todos casilleros. Lo que hay que juzgar no es bajo qué pabellón, sino cómo navega cada uno.

No el pueblo, sino el hombre, es el soberano.

El autor y la escritura (1984)
Ernst Jünger

jueves, 26 de diciembre de 2019

¿Desde dónde escriben los poetas?

León Felipe retratado por Ángel Cerdera.

I

¿DESDE dónde escriben los poetas?
Tal vez todo el secreto esté en esta pregunta.
¿Hacia dónde se abre esa puerta?
¿Quién está allí?
¿Qué hace allí aquel hombre sentado?
¿Quién es?
¿Por qué no se levanta?
Le llaman,
le llaman,
le llaman todos...
y él sigue escribiendo. . .
¿Qué escribe?
¿Para quién escribe?
¿Desde dónde escribe?
Ésta es la pregunta:
¿Desde dónde escriben los poetas?

¡Oh, este viejo y roto violín! (1966)
León Felipe

lunes, 23 de diciembre de 2019

Descubrimientos

Clarice Lispector retratada por Giorgio de Chirico.

1968

20 de julio
En busca del otro

No es en vano que entiendo a los que buscan un camino. ¡Qué arduamente busqué el mío! Y cómo  busco hoy con ansia y aspereza mi mejor modo de ser, mi atajo, ya que no me atrevo a hablar más de camino. Yo, que lo había querido. El Camino, con mayúscula, hoy me aferro ferozmente a la búsqueda de un modo de andar, de un paso seguro. Pero el atajo con sombras refrescantes y reflejo de luz entre los árboles, el atajo donde yo sea finalmente yo, no lo encontré. Pero algo sé: mi camino no soy yo, es otro, es los otros. Cuando pueda sentir plenamente al otro estaré salvada y pensaré: he aquí mi puerto de llegada.

!4 de septiembre
Escribir

Dije una vez que escribir es una maldición. No me acuerdo exactamente de por qué lo dije, y con sinceridad. Hoy repito: es una maldición, pero una maldición que salva. 
No me estoy refiriendo del todo a escribir para el periódico. Sino escribir aquello que eventualmente puede transformarse en un cuento o en una novela. Es una maldición porque obliga y arrastra como un vicio penoso del cual es casi imposible librarse, pues nada lo sustituye. Y es una salvación.
Salva al alma presa, salva a la persona que se siente inútil, salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba. Escribir es intentar entender, es intentar reproducir lo irreproducible, es sentir hasta el último momento el sentimiento que permanecería apenas vago y sofocante. Escribir es también bendecir una vida que no fue bendecida.
Qué pena que sólo sé escribir cuando espontáneamente viene la «cosa». Quedo, así, a merced del tiempo. Y, entre un verdadero escribir y otro, pueden pasar años. 
Recuerdo ahora con nostalgia el dolor de escribir libros.

Traducción de Claudia Solans

Descubrimientos
Clarice Lispector

domingo, 22 de diciembre de 2019

Sentencias Vaticanas

Agostino Scilla. Retrato de Epicuro.

17. No es el joven quien merece ser felicitado sino el viejo que ha pasado una vida hermosa, pues el joven que está en la flor de la edad yerra pasando por su cabeza, por cualquier cosa, ideas extrañas, mientras que el viejo ha arribado a la vejez como a puerto seguro tras haber logrado incluir entre sus seguras satisfacciones los bienes que antes había desesperado alcanzar.

19. Quien un día se olvida de lo bien que lo ha pasado se ha hecho viejo ese mismo día.

26. Es menester tomar buena nota de que el razonamiento profundo igual que el superficial tienden ambos al mismo fin.

35. No debemos perder los bienes presente por el deseo de los ausentes, sino que debemos darnos cuenta de que éstos que tenemos ahora estaban también entre los solicitados.

58. Hay que liberarse de la cárcel de la rutina y de la política.

68. Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.

Traducción de José Vara

Obras completas
Epicuro (341-270 a. C)

domingo, 15 de diciembre de 2019

Una brújula

Jorge Luis Borges. El otro, el mismo.

Todas las cosas son palabras del
Idioma en que Alguien o Algo, noche y día,
Escribe esa infinita algarabía
Que es la historia del mundo. En su tropel

Pasan Cartago y Roma, yo, tú, él,
Mi vida que no entiendo, esta agonía
De ser enigma, azar, criptografía
Y toda la discordia de Babel.

Detrás del nombre hay lo que no se nombra;
Hoy he sentido gravitar su sombra
En esta aguja azul, lúcida y leve,

Que hacia el confín de un mar tiende su empeño,
Con algo de reloj visto en un sueño
Y algo de ave dormida que se mueve.

El otro, el mismo (1964)
Jorge Luis Borges

viernes, 13 de diciembre de 2019

Winesburg, Ohio

Sherwood Anderson. Winesburg, Ohio.

El libro de lo grotesco

Al principio, cuando el mundo era joven, había una gran cantidad de ideas; pero no se conocía lo que se llama la verdad. Eran los hombres los que se construían las verdades, y cada verdad estaba compuesta de una gran cantidad de pensamientos difusos. Las verdades se hallaban por todo el mundo, y todas eran hermosas.
Nuestro anciano había anotado en su libro centenares de verdades. Yo no voy a repetirlas todas. Allí estaba la verdad de la virginidad y la verdad de la pasión, la verdad de la riqueza y la verdad de la pobreza, de la mesura y del despilfarro, del esmero y del abandono. Las verdades se contaban por centenares y todas eran hermosas. 
Entonces apareció la gente. Cada persona que aparecía cogía una de las verdades; había personas de mucha fuerza que se apoderaban hasta de media docena.
Lo que hacía grotescas a las personas eran las verdades. El anciano exponía una intrincada teoría a propósito de esto. Sostenía que en el momento mismo en que una persona se apropiaba de una verdad, la llamaba su verdad y se esforzaba por adaptar a ella su vida, se convertía en un ser grotesco, y aquella verdad a la que se había abrazado se tornaba mentira.

Traducción de A. Ros
Revisión de la traducción de Eduardo Rodríguez

Winesburg, Ohio (1919)
Sherwood Anderson

viernes, 6 de diciembre de 2019

Diccionario de símbolos

José María Albert de Paco. Diccionario de símbolos.

Arena
Los granos de que se haya compuesta representan la multitud. En virtud de su naturaleza maleable y de la sensación que experimentamos al tendernos o caminar sobre ella, la arena evoca, asimismo, el regreso del hombre al útero materno.

Isla
Término de simbolismo ambiguo por cuanto evoca las nociones de soledad, aislamiento, confinamiento, pero también alude a la fogosa peripecia, a la aventura iniciática. En la historia de la literatura, las islas devienen a menudo en una suerte de lugar paradisíaco lleno de encantos y tesoros. La isla representa, asimismo, la seguridad que brinda la tierra firme frente al embate de las olas. 

Olas
En la mitología griega, las olas se hallan emparentadas con las nereidas, un centenar de divinidades femeninas que personifican los aspectos amables del mar. Viven en el fondo hilando telas preciosas y oyendo música; y surgen de cuando en cuando entre las olas para jugar, danzar, observar lo que se tercie e intervenir si procede. Al margen de esta asimilación de raigambre clásica, las olas han sido vinculadas con la pasividad, con la inercia. Estar a su merced, por consiguiente, entraña una cierta pérdida de la voluntad. Ello puede derivar en una situación de placidez o devenir en torbellino arrasador.

Diccionario de símbolos (2003)
José María Albert de Paco

jueves, 5 de diciembre de 2019

La Nave

Tomás Salvador. La Nave.

G-XXIII: 01

Debo anotar, porque es Ley, que en la Nave habitan setecientos cuarenta y ocho hombres, mujeres y niños de la clase superior, quinientos vigilantes y doscientos cincuenta servidores; todos ocupando las cubiertas y cámaras superiores. No puedo testimoniar cuántos habitantes tienen las cubiertas inferiores y oscuras porque desde hace siete generaciones hemos perdido el control sobre los wit, y nuestros guardianes deben montar vigilancia en los pasillos fronteras para evitar su invasión. Cierto número de ellos, cuatrocientos adultos, machos y hembras, trabajan en nuestras factorías y jardines; pero el número total de sus varones, mujeres e hijos nos es desconocido, ya que nunca abandonan sus cuevas de acero. Se supone que su número es superior al nuestro, porque ellos no conocen nuestra ley de hijos limitados y es notorio que en sus cámaras y rampas se entregan a orgías desenfrenadas y prácticas abominables. Aunque de derecho reconocen nuestra superioridad, de hecho están en rebeldía. Constituyen un problema inquietante, y ahora habré de estudiar mejor sus características.
Debo testimoniar que la Nave continúa igual que siempre, con sus ocultas vibraciones, con sus ventiladores renovando el aire, sus granjas hidropónicas cultivando los aminoácidos, la clorofila y las féculas de nuestro alimento vegetal, lo mismo que la célula cancerosa llamada «La Carne» sigue reproduciendo el tejido conectivo llamado proteína de nuestro alimento graso.
Debo testimoniar que las Leyes se siguen cumpliendo y que todos nosotros —con la posible excepción de los wit— obedecemos las normas que desde hace mucho tiempo constituyen el cuerpo social de nuestra organización, sin que sepamos quiénes las dictaron y cuál es su utilidad.
Debo testimoniar, en fin, que seguimos en la Nave. Ignoro desde cuándo y hasta cuándo, si bien es cierto que existen algunas tradiciones cuya verdad absoluta nunca hemos comprobado. No quiero anotar teorías confusas, en esta hora de responsabilidad, y por lo tanto inscribo, sencillamente, que la generación XXIII vive en este cuerpo autárquico llamado Nave.

La Nave (1959)
Tomás Salvador

martes, 3 de diciembre de 2019

Al paso

Octavio Paz. Foto: Ricardo Salazar.

Brindis en Estocolmo

Algo sabemos, sin embargo: la vida en nuestro planeta corre graves riesgos. Nuestro irreflexivo culto al progreso y los avances mismos por nuestra lucha por dominar a la naturaleza se han convertido en una carrera suicida. En el momento en que comenzamos a descifrar los secretos de las galaxias y de las partículas atómicas, los enigmas de la biología molecular y los del origen de la vida, hemos herido en su centro a la naturaleza. Por esto, cualesquiera que sean las formas de organización política y social que adopten las naciones, la cuestión más inmediata y apremiante es la supervivencia del medio natural. Defender a la naturaleza es defender a los hombres.
Al finalizar el siglo hemos descubierto que somos parte de un inmenso sistema —o conjunto de sistemas— que va de las plantas y los animales a las células, las moléculas, los átomos y las estrellas. Somos un eslabón de «la cadena del ser», como llamaban los antiguos filósofos al universo. Uno de los gestos más antiguos del hombre —un gesto que, desde el comienzo, repetimos diariamente— es alzar la cabeza y contemplar, con asombro, el cielo estrellado. Casi siempre esa contemplación termina con un sentimiento de fraternidad con el universo. Hace años, una noche en el campo, mientras contemplaba un cielo puro y rico de estrellas, oí entre las hierbas obscuras el son metálico de los élitros de un grillo. Había una extraña correspondencia entre la palpitación nocturna del firmamento y la musiquilla del insecto. Escribí estas líneas:

Es grande el cielo
y arriba siembran mundos.
Imperturbable,
prosigue en tanta noche
el grillo berbiquí.

Estrellas, colinas, nubes. árboles, pájaros, grillos, hombres: cada uno en su mundo, cada uno un mundo —y no obstante todos esos mundos se corresponden. Sólo si renace entre nosotros el sentimiento de hermandad con la naturaleza, podremos defender a la vida. No es imposible: fraternidad es una palabra que pertenece por igual a la tradición liberal y a la socialista, a la científica y a la religiosa.
Alzo mi copa —otro antiguo gesto de fraternidad— y brindo por la salud, la ventura y la prosperidad de Sus Majestades y del noble y pacífico pueblo sueco.
(1990
Al paso
Octavio Paz

sábado, 30 de noviembre de 2019

Exposición personal

Giovanni Papini. Exposición personal.

Los gajes del buzo

Alta ornitología

El que quiera despertar, por la mañana, con el espíritu volador del águila, métase en la cama, al anochecer, a la hora en que lo hacen las gallinas.
El que ambiciona hacer de urraca parlanchina en sociedad, que no espere cantar como el ruiseñor cuando vuelva a la soledad.
El que quiera renacer como el fénix, que no se alimente como el cuervo, es decir, de cadáveres.

Nueva librería

Me desagradan los verdaderos libros, los libros impresos. Son demasiados; me rodean cual acreedores desengañados, como jueces sin piedad, cual compañeros opresivos. Quiero venderlos todos y hacerme una biblioteca nueva, que no me moleste.
Estará integrada:
1.º Por todas las obras antiguas que se han perdido para siempre y de las que no nos quedan más que los títulos y las añoranzas.
2.º Por todas las obras soñadas, meditadas y prometidas por los escritores modernos de todas las naciones, pero que no llegaron nunca a escribirse o que, después de escritas, fueron destruidas. Entre ellas muchísimas mías.
Con semejante librería, que no ocupa casi para nada las paredes y los pensamientos, me parecería estar mejor; más solo, quizá, pero más libre y más rico.

Traducción de Alfonso Banda Moras

Exposición personal (1941)
Giovanni Papini

martes, 26 de noviembre de 2019

Sin trama y sin final

Antón P. Chéjov. Sin trama y sin final.

Escribir para los entendidos

Entre otras cosas, estoy escribiendo un relato largo que saldrá probablemente en El Mensajero del Norte. Es una novela corta en la que me ocupo de la estepa, de su gente, de sus aves, de sus noches, de sus tormentas, etc. Escribo a buen ritmo, pero, al no estar acostumbrado a las narraciones largas, temo equivocar el tono, cansarme, no decir todo lo que debo y no ser lo suficientemente serio. Hay muchos aspectos que ni la crítica ni el público entenderán; otros les parecerán fútiles, indignos de atención, pero me alegra pensar que esos mismos puntos serán comprendidos y apreciados por dos o tres entendidos de la literatura; con eso me basta. En conjunto mi pequeña novela no me satisface. Se me antoja farragosa, aburrida y demasiado especializada. A los lectores modernos un tema como la estepa, con su paisaje y su gente, les parecerá demasiado específico y poco significativo. 

(A Yákov Polonski, Moscú, 18 de enero de 1888).

Qué no escribir

Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.

Sin trama y sin final

Me congratulo de tu debut en Tiempo Nuevo. Pero ¿por qué no has elegido un tema serio? La forma es óptima, pero los personajes son acartonados; además, el tema es insulso. En quinto curso de instituto se puede pretender algo más... Toma algo de la vida real y cotidiana, sin trama y sin final.

(A Aleksandr Chéjov, Babkino, 16 de junio de 1887).

Limar, pero no demasiado

No pulir, no limar demasiado; hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento.

(A Aleksandr Chéjov, Moscú, 11 de abril de 1889).

No lo que he visto, sino cómo lo he visto

Lo he visto todo; no obstante, ahora no se trata de lo que he visto, sino de cómo lo he visto.

(A Alekséi Suvorin, Vapor Baikal, Estrecho de Tartaria, 11 de septiembre de 1890).

Tachar sin piedad

Mi alma está llena de pereza y de un sentimiento de libertad. Es la sangre que bulle al acercarse la primavera. Y sin embargo, estoy trabajando. Preparo el material para mi tercer libro y tacho sin piedad. Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad; nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.

(A Alekséi Suvorin, 6 de febrero de 1889).

Policía literaria

No existe una policía que pueda considerarse competente en cuestiones literarias. Sí, estoy de acuerdo, es imposible no recurrir al freno y al bastón, ya que los bribones se entrometen también en la literatura; pero, por mucho que se haga, será imposible encontrar para la literatura una policía más eficaz que la crítica y la conciencia personal del autor.

(A María Kiselova, Moscú, 14 de enero de 1887).

Traducción de Víctor Gallego Ballestero

Sin trama y sin final
Antón P. Chéjov (1860-1904)

domingo, 24 de noviembre de 2019

Prosas apátridas

Julio Ramón Ribeyro. Prosas apátridas. 

180

No creo que para escribir sea necesario ir a buscar aventuras. La vida, nuestra vida, es la única, la más grande aventura. El empapelado de un muro que vimos en nuestra infancia, un árbol al atardecer, el vuelo de un pájaro, aquel rostro que nos sorprendió en el tranvía, pueden ser más importantes para nosotros que los grandes hechos del mundo. Quizás cuando hayamos olvidado una revolución, una epidemia o nuestros peores avatares, quede en nosotros el recuerdo del muro, del árbol. del pájaro o del rostro. Y si quedan, es porque algo los hacía memorables, algo había en ellos de imperecedero, y el arte sólo se alimenta de aquello que sigue vibrando en nuestra memoria.

198

Aún no has terminado de celebrar la primavera y ya ha llegado el invierno. Quedarás tú, como tus libros, lleno de erratas, nadie te comprenderá. ¡Ah, como no fueras uno de esos pueblos solares, ígneos, cercados por la arena, inmóviles, eternos bajo la canícula!

200

La única manera de continuar en vida es manteniendo templada la cuerda de nuestro espíritu, tenso el arco, apuntando hacia el futuro.

Prosas apátridas (1975)
Julio Ramón Ribeyro

viernes, 22 de noviembre de 2019

Animales y minerales

Ana María Shua. Casa de geishas.

Los fósforos

Los fósforos en nada se parecen a las hormigas. Tienen hábitos reverberantes y nocturnos, apenas gregarios, y se resisten a constituir una sociedad colectiva en la que la vida de cada miembro importa poco. Cada vez que se enciende uno, es una personalidad individual la que se apaga. Sólo te admitirán entre ellos si estás dispuesto a que tu cabeza estalle en un instante absoluto, orgásmico, final, cuyo presumible éxtasis es imposible de asegurar de antemano.

Los granos de arena

Los granos de arena no tienen rey. Actúan por impulso, desorganizadamente, movilizados por caudillos menores, por lo general de mica o madreperla. El viento, las pisadas, las mareas, provocan disturbios en sus comunicaciones. Basta una ráfaga para separar indefinidamente a dos interlocutores. Sus científicos investigan un sistema de reproducción que haga innecesario el contacto prolongado entre sus sexos. Ojalá no lo encuentren.

Casa de geishas (1992)
Ana María Shua