lunes, 11 de enero de 2021

Santa simplicidad

Josef Mathauser. Juan Huss encarcelado.

Exclamación proferida supuestamente por el heresiarca checo Juan Huss (1369-1415) poco antes de morir quemado vivo en una hoguera alzada en la ciudad suiza de Constanza al ver que una campesina, imbuida del fervor fanático, arrojaba leña a la pira sobre la que era inmolado este teólogo, condenado por hereje. La frase se suele utilizar con compasión dirigida hacia los pobres de espíritu que siguen ciegamente doctrinas o predicaciones que están muy lejos de comprender.

Del hecho al dicho (1995)
Gregorio Doval

Visión de los hijos del mal

Miguel Ángel Bustos. Visión de los hijos del mal.

1

Afuera oigo la lluvia, adentro siento la lluvia. Mi cuerpo de barro se deshace.

9

Escribe mientras sea posible. Escribe cuando sea imposible. Ama el silencio.

14

¿Adónde me conducirá la locura que no sea al corazón de los hombres?

47

Quiero ser eterno como si aún no hubiera nacido.

87

Dibujo soles porque no puedo ver el día.

Visión de los hijos del mal (1967)
Miguel Ángel Bustos 

sábado, 9 de enero de 2021

El color del Egeo

Thomas Somerscales. Navegación.

Todos quisiéramos ir en ese barco
que va a Karkinagri.
Si hoy lo lleva un mar tranquilo
mañana no importa que sea tormenta.
El rostro de una mujer,
pájaro de miel,
se posa contra la borda.
Haciendo juego en el presente
un marinero desenreda las cuerdas
al ir del tiempo.
Espejo
la vieja sal en la cubierta,
la estela de espuma y gaviotas.
Nadie dijo que tenía que moverse de allí
ese barco que va a Karkinagri.
Nadie me lo va a quitar hoy
de los ojos y la memoria.
Así será, eterno, ese barco
que nos lleva a Karkinagri,
vida y silencio.

El color del Egeo (2016)
Armando Romero 

miércoles, 6 de enero de 2021

Aldea

Aldea. Acuarela de Hermann Hesse.

¡Ya lo sé! No es en Busoni en quien pienso, ni en Zurich, ni en Mahler. Estos son los habituales engaños de la memoria, cuando tropieza con algo incómodo; entonces le gusta colocar en primer plano imágenes inofensivas. ¡Ahora lo sé! En aquel restaurante se hallaba también una mujer joven, muy rubia y de mejillas muy sonrosadas, con la que yo no hablé una sola palabra. ¡Ángel mío! ¡Mirarla era goce y tormento, cuánto la amé durante aquella hora! Volví a tener dieciocho años.
De repente todo es diáfano. ¡Rubia, hermosa y alegre mujer! Ya no sé cómo te llamas. Te amé durante una hora y vuelvo a amarte hoy, durante otra hora, en la callejuela soleada de un pueblo de montaña. Nunca te ha amado nadie como yo, nunca te ha concedido nadie tanto poder como yo, tanto poder absoluto. Pero estoy condenado a la infidelidad. Soy uno de esos casquivanos que no aman a una mujer, sino al amor.
Todos los vagabundos estamos hechos así. Nuestra ansia de errar y vagabundear es en gran parte amor, erotismo. La mitad del romanticismo del viaje no es otra cosa que una espera de la aventura. Pero la otra mitad es una necesidad inconsciente de transformar y diluir lo erótico. Nosotros los caminantes estamos acostumbrados a albergar deseos amorosos precisamente a causa de su carácter irrealizable, y aquel amor que debería pertenecer a la mujer lo repartimos, jugando, entre pueblo y montaña, lago y garganta, los niños del camino, los mendigos del puente, el buey de la pradera, el pájaro, la mariposa. Separamos al amor del objeto, el amor en sí es suficiente para nosotros, del mismo modo que no buscamos el destino en el peregrinaje, sino únicamente disfrutarlo, estar de camino.

Traducción de Pilar Giralt

El caminante (1918)
Hermann Hesse  

martes, 5 de enero de 2021

Ser tomada por granito

Ursula K. Le Guin. Contar es escuchar.

A veces me toman por granito. A todos nos toman por granito alguna vez, pero no estoy de humor para ser justa con los demás. Estoy de humor para ser justa conmigo. Me toman por granito bastante a menudo, y me molesta y me aflige, porque no soy granito. No estoy segura de qué soy, pero granito sé que no. He conocido a algunas personas de granito, como todos: con un carácter de piedra, rectas, inamovibles, inmutables, con opiniones del tamaño y la forma de la Montañas Rocosas, cantera que hay que excavar durante cinco años para extraer una sola sonrisita pétrea. Eso está bien, es admirable, pero no tiene nada que ver conmigo. Lo recto está bien, pero yo soy más bien retorcida.
No soy granito, y no debería tomárseme por tal. No soy sílex ni diamante ni ninguna de esas estupendas materias duras. Si soy piedra, soy una clase de piedra de pacotilla y quebradiza como la arenisca o la serpentina, o quizá el esquisto. O ni siquiera roca sino arcilla, o ni siquiera arcilla sino barro. Y ojalá los que me toman por granito me tratasen de vez en cuando como al barro.
El barro es realmente muy distinto del granito, y debería tratarse de otro modo. El barro se queda en su sitio, húmedo y denso y pringoso y productivo. El barro está bajo los pies. La gente deja huellas en el barro. Como barro acepto los pies. Acepto el peso. Trato de dar apoyo, me gusta ser acomodaticia. Los que me toman por granito dicen que no es así, pero no han prestado atención a dónde ponían los pies. Por eso la casa está toda sucia y llena de pisadas.
El granito no acepta las huellas. Las rechaza. El granito crea pináculos, y luego la gente se ata con cuerdas y pone clavos en sus zapatos y escala los pináculos con mucho esfuerzo, costes y riesgos, y quizá sienten una gran emoción, pero el granito no. No se produce nada en absoluto, y nada en absoluto cambia.
Cosas enormes y pesadas vienen y se instalan sobre el granito y el granito simplemente se queda en su sitio sin reaccionar ni ceder ni adaptarse ni ser complaciente, y cuando las cosas enormes y pesadas se mandan mudar el granito sigue en su sitio igual que antes, exactamente igual, admirablemente. Para alterar el granito hay que hacerlo estallar.
Pero cuando la gente camina por encima de mí se ve exactamente dónde han puesto los pies, y cuando vienen y se instalan encima de mí cedo y reacciono y respondo y dejo pasar y me adapto y acepto. No se precisan explosivos. Tengo mi propia naturaleza y le soy fiel tanto como el granito o incluso el diamante lo son a la suya, pero la mía no es dura, ni recta, ni parecida a una gema. No se fragmenta. Es muy impresionable. Es blandengue.
Tal vez la gente que se ata con cuerdas y las cosas enormes y pesadas no se llevan bien con un suelo tan adapta-ble e incierto porque las hace sentirse inseguras. Tal vez tienen miedo de ser chupadas y tragadas. Pero a mí no me interesa chupar, y no tengo hambre. Solo soy barro. Cedo. Trato de acomodarme. Y así, cuando la gente y las cosas enormes y pesadas se marchan, no han cambiado, salvo porque tienen barro en los pies, pero yo sí he cambiado. Sigo aquí y sigo siendo barro, pero estoy llena de pisadas y huecos hondos y huellas y alteraciones. Me han cambiado. Tú me cambias. No me tomes por granito.

Traducción de Martin Schifino

Contar es escuchar
Ursula K. Le Guin

lunes, 28 de diciembre de 2020

El Libro de Aurora

Aurora Bernárdez. El Libro de Aurora.

La tarea de escribir y otros poemas

La tarea de escribir

Llenarás las palabras de ti mismo,
llenarás las palabras de palabras,
llenarás con las cosas las palabras:
quedan siempre vacías.

Vaciarás las palabras de ti mismo,
vaciarás las palabras de palabras,
vaciarás de las cosas las palabras:
queda siempre el vacío.

¿Dónde estarás tú mismo,
dónde las cosas, dónde las palabras?

Con humildad

Con humildad acepto lo que ignoro,
su sombra subrepticia se desliza
entre un saber y otro.

¿Es sombra el no saber?
¿O es el saber la sombra?

Perpleja me retraigo
a la cara del mundo,
me quedo entre las cosas familiares,
sombras también, mas sombras compasivas.

Tiempo

Los días me traen implacablemente el pasado.
       Aquel tiempo en que el tiempo duraba.

A medida que avanza, un muro de sombra cierra atrás el camino. No queda otra salida que seguir interminablemente para descubrir, al volverse, que atrás el camino ha desaparecido.
Seguir adelante hasta llegar a la luz que indica... ¿Qué? ¿El final del camino? ¿Otro comienzo?
Y así pasa con muchos años: desaparecen, se borran de nuestras vidas. ¿Existieron? ¿Son un hueco en el tiempo?

El Libro de Aurora
Aurora Bernárdez (1920-2014)

sábado, 26 de diciembre de 2020

Sobre la tierra no hay medida

Dr. Alt. Volcán Paricutín, 1943.

Aparato para una demostración evidente
Uno

Sea una isla con un volcán. El volcán hace erupción: rayas de lumbre, chorros ígneos, coronas de fumarolas alcalinas, penachos de humo grueso, flujos de lava disparados a trescientos kilómetros por hora, como en una pintura del Dr. Alt. La erupción del volcán reorganiza el paisaje existente. Crea islas, islas de piedra entre la vegetación, kaipukas entre la devastación del desierto de lava. La lava crea montañas, nuevas topografías, mezclas con fragmentos de paisajes. Provoca nuevas líneas de evolución donde el factor de versatilidad pesa más que la competencia, evoluciones a-paralelas, rompe las continuidades, incuba especies cuyo linaje es el aislamiento; da espacio a migraciones infinitesimales por entre las grietas de las estructuras de lava, da espacio a la fauna cavernícola, a la fauna intersticial que vive entre los granos de arena. En esas estructuras emergen islas de noche permanente, de aislamiento profundo, ecosistemas cerrados. La evolución no tiene origen pero los animales y las plantas de esas islas pueden ser descendientes de fuertes precursores o de viajeros de viajes no tripulados: la deriva de un coco por el océano, el secuestro de unos periquitos por los vientos de un huracán.

Sobre la tierra no hay medida. Una morfología de los espacios (2008)
Salvador Gallardo Cabrera

viernes, 25 de diciembre de 2020

Mapa autógrafo

José Carlos Rosales. Y el aire de los mapas.

El mapa que dibujas de ti mismo,
que cada uno hace de sí mismo,
es un mapa de niebla: está disperso,
se mueve y cambia, pero nada cambia.

Y lo miras después de dibujarlo
y revisas lugares conocidos,
espacios que no son como creías
ni serán lo que estabas esperando.

Lo que sea será mapa de bruma,
hollín que manchará la roca,
aire sin nombre, pérdida.

Y el aire de los mapas (2014)
José Carlos Rosales

jueves, 24 de diciembre de 2020

Por algo más

Wislawa Szymborska. Canción negra.

Por algo más
que un sueño de fronteras,
o el ruido de estandartes;
por Su victoria de intrépido furor.

Por algo más
que un himno y Su revancha,
o el sentido de todos los destinos,
por Su venganza, que el odio, más veloz.

Por algo más
que Su celebración.

Por algo más
que un Día de Diario.

...por el humo de las rojas chimeneas,
por el libro sacado sin temor,
por un trozo de cielo despejado,
luchamos.

Traducción de Abel Murcia y Katarzyna Moloniewicz

Canción negra
Wislawa Szymborska 

miércoles, 23 de diciembre de 2020

El Sendero Furtivo

Luis Mateo Díez, retratado por Samuel Sánchez. (El País).

Le veíamos entrar en el Bar Central a las seis de la tarde y en la sumergida quietud de los divanes y las mesas de mármol se iba diluyendo como una sombra más. Algunas veces se percataba de que le estábamos mirando tras el ventanal: seis ojos de niños traviesos que se demoran en el camino de regreso a casa, pero no parecía importarle aquella vigilancia impertinente y caprichosa. Escribía en cuartillas con una estilográfica muy grande y fumaba sin parar.
Murió al final de aquel invierno, poco después de que hubiéramos decidido dejar de espiarle para ir directamente a los billares de Castro donde, al fin, nos permitían colarnos.
Su última novela, que apareció al cabo de un año, se titulaba El Sendero Furtivo. La leí mucho tiempo después y debo reconocer que me gustó. En el último capítulo el protagonista, un hombre de vida sentimental muy atormentada, aguarda en un bar a la mujer con la que tras muchas dudas ha decidido reconciliarse. De pronto observa tras el ventanal el rostro de tres niños que le miran burlones y comienza  a sentir una gran zozobra. Se levanta, cruza apresuradamente el local y sale huyendo. La novela termina describiendo la congoja de esa huida absurda e irremediable. De nada me he sentido tan culpable en mi vida como de ese desgraciado final.

El porvenir de la ficción (1999)
Luis Mateo Díez

sábado, 19 de diciembre de 2020

Cielo

Frank Licsko. Colina.

Ahora necesito más que nunca
mirar al cielo. Ya sin fe y sin nadie,
tras este seco mediodía, alzo
los ojos. Y es la misma verdad de antes,
aunque el testigo sea distinto. Riesgos
de una aventura sin leyendas ni ángeles,
ni siquiera ese azul que hay en mi patria.
Vale dinero respirar el aire,
alzar los ojos, ver sin recompensa,
aceptar una gracia que no cabe
en los sentidos pero les da nueva
salud, los aligera y puebla. Vale
por mi amor este don, esta hermosura
que no merezco ni merece nadie.
Hoy necesito el cielo más que nunca.
No que me salve, sí que me acompañe.

Alianza y condena (1965)
Claudio Rodríguez

martes, 15 de diciembre de 2020

Destiempo

Gabriel Insausti. Destiempo.

Ventana
(con estorninos)

El modo de no estar en otro sitio
una tarde cualquiera
exige una ventana y una calle
vacía con castaños. Aburrido,
miro cómo esos pájaros ocultan
el cielo en su inconcreta maniobra,
se cruzan, se reagrupan, se dispersan,
hacen temblar el aire como un plasma
de cientos de moléculas que el viento
llevara a ebullición extrañamente.
Quizá esa sola escena no me baste.
Suponer en su vuelo una conciencia
no acalla mi pregunta: quién los guía,
qué misteriosos azar nos ha reunido
una tarde cualquiera en esta calle.

Destiempo (2004)
Gabriel Insausti

viernes, 11 de diciembre de 2020

El alegre apocalipsis

Antonio Fuertes. Rincón de La Alhambra, Granada.

Definición del placer

Comer naranjas
en la Alhambra
viendo
volar
entre
la hiedra verde

una

mariposa

blanca.

El alegre apocalipsis (1995)
Ivonne Bordelois

martes, 8 de diciembre de 2020

Calendas

Luis Feria. Calendas.

Junio

No soy de patria alguna y a nadie pertenezco,
haragán en la yerba vivo por no morir,
sólo acato el desorden y nunca me importuno
por la suerte o la muerte que me pueda ocurrir.

Noviembre

Dime cómo es la vida cuando no sé estar vivo,
despójame de sueños, que la tierra no espera.
Que tu empresa y la mía sean sólo el poema,
hiélame si algún día no me asombra mi oficio. 

Calendas (1981)
Luis Feria 

sábado, 5 de diciembre de 2020

La cena de las cenizas

Giordano Bruno. La cena de las cenizas.

Segundo diálogo

TEO. No, no es imposible, aunque sí sea difícil, esta empresa. Son difíciles aquellas cosas establecidas para hacer retroceder a los poltrones. Las cosas ordinarias y fáciles son para el vulgo y para la gente ordinaria. Los hombres raros, heroicos y divinos pasan por este camino de la dificultad con el fin de que la necesidad se vea obligada a concederles la palma de la inmortalidad. Añádase a esto que aunque no sea posible llegar al extremo de ganar el palio, corred sin embargo y haced todo lo que podáis en asunto de tanta importancia, resistiendo hasta el último aliento de vuestro espíritu. No sólo es alabado el vencedor, sino también quien no muere como un cobarde y poltrón. Este último rechaza ser culpable de su fracaso y de su muerte atribuyéndolo a la suerte y muestra al mundo que ha llegado a tal estado no por una falta suya, sino por culpa de la fortuna. No sólo merece honores el único individuo que ha ganado la carrera, sino también todos aquellos que han corrido tan excelentemente como para ser juzgados igualmente dignos y capaces de haberla ganado, aunque no hayan sido los vencedores. Merecen vituperio los que desesperados se paran a mitad de la carrera y no tratan (aunque sea en última posición) de alcanzar la meta con el esfuerzo y vigor que les es posible.

Traducción de Miguel Ángel Granada

La cena de las cenizas (1584)
Giordano Bruno 

viernes, 4 de diciembre de 2020

Malentendido

Ilustración de Manrico Orlandi.

Le puse
la mano
en
el muslo
Por el modo
en que ella
se apartó
vi que
su entrega
a la literatura
no era
perfecta.

Versión de Salustiano Masó

Poemas de amor
Irving Layton 

Crevaux


Ilustración de Tomás Sánchez.

Voy al fondo del enigma. Soy místico en el follaje gótico. Con los pies descalzos, recorro sus caminos. Encarno el mito que se hace en la galería vegetal. Bajo la humedad de la noche, olorosa a cópulas y depredaciones, tomo mi pulso. Frágil pálpito devorado por el tuyo. Selva. Madre sin contornos. Absoluto enloquecido. Reflejo de mi inconsciente.

Viajeros (1999)
Pablo Montoya

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Epigramas

Carlos Díaz Dufoo Hijo. Epigramas.

La razón le abandona cuando necesita pensar.

Cumple un año más. En otra época eso pudo tener importancia. pero ahora ¿qué importa un año más en el tiempo de un muerto?

Regalaba, generosamente, las ideas ajenas.

La vida, como un soplo remoto, pasó entre sus dedos, íntima y ajena. De su visita quedó la huella del viento que agitó las hojas.

Después de triunfar en todo y de ganar cien coronas de laurel, advirtió, con sorpresa, que no tenía una cabeza de donde colgarlas.

Cree que lo que hace lo hace por deber. Nunca ha analizado un deber.

En él no duró nunca idea ninguna. Su alma era de fuego.

Camina sin descanso. Sus pies sangran. Los vientos abren surcos en sus carnes marchitas. Busca el propio país, en donde nunca estuvo.

—¡Qué viajar milagroso el de quien no ha viajado!
—Por eso son los sueños.

Epigramas (1927)
Carlos Díaz Dufoo Hijo 

martes, 1 de diciembre de 2020

El juego del diábolo

Diana Amelin. Libros.

Si quieres mantener un secreto guárdalo en un libro

Desde hace algún tiempo hago la mayor parte de mi compra de libros a través de internet. No me gustan las grandes superficies que están acabando con los libreros. En internet busco a mis autores favoritos de todos los tiempos y elijo libro, encuadernación y edición a mi capricho; todo depende, como siempre, del dinero que esté dispuesto a gastarme. Hace unos días recibí mi último encargo. Vino de Minneapolis, Minnesota, Estados Unidos, era un libro de Horace Beemaster, el gran clásico norteamericano, uno de mis escritores favoritos. Era una primera edición, debo decir que sin huellas de haber sido leída nunca, por la más que razonable suma de doscientos dólares, transporte y entrega incluidos. Anoto esto porque todavía compré dos ejemplares más idénticos, también primeras ediciones, uno se lo encargué a una librería de Maryland, por trescientos veinticinco dólares, otro a una de Colorado por cuatrocientos cuarenta, ambos en algo peor condición que el primero. Tuve que hacerlo, sin embargo. Quiero decir que tuve que comprarlos para corroborar que lo que había encontrado en el primero no era parte de la ficción. Me refiero a una nota manuscrita del propio Horace Beemaster que venía entre las páginas 132 y 133 del ejemplar de Minneapolis y que decía así:

A quien pueda interesar:

A la hora de mi muerte, yo, Horace Zebulon Beemaster, declaro solemnemente que mi jardinero, Anthony Whilam, un mocetón irlandés analfabeto que sirvió en mi casa durante veinticinco años, ha sido el autor de todos mis escritos.
Mientras él se bebía mi whisky, yo copiaba literalmente cuantas palabras iban saliendo de su boca. Así nacieron mis novelas más importantes: El calderero, La furia del alba, Los árboles ahogados, El camino de un sueño y El mendigo de horas. Ni siquiera los títulos son míos que brotaron también de su boca.
Hoy dejo esta nota en este ejemplar de El mendigo de horas que yo guardo en mi biblioteca, con la esperanza de que, a mi muerte, la verdad resplandezca y mi alma recupere la paz.

Firmado Horace Z. Beemaster

PD. Anthony Whilam murió de una cirrosis hepática el 27 de febrero de 1829 a la edad de cuarenta y cuatro años.

El juego del diábolo (2008)
Juan Pedro Aparicio

sábado, 28 de noviembre de 2020

Estado de sobrevuelo

Manuel de las Casas. Bodegón con cajas.

Cinco cajas para una 
instalación

Caja # 3

Contiene 129 no objetos, objetos que se anulan a sí mismos, objetos provenientes de almacenes secundarios, objetos sin propósito alguno, objetos en ebullición, objetos desequilibrados, objetos de adaptación instantánea (al tocarlos se funden con nosotros replegándose sobre sí mismos), objetos en estado de hibernación, neo-objetos, objetos-trampa, objetos armándose con una paciencia presta para el infinito, objetos que tienen por estómago a un hombres, objetos desfondados, objetos sin contorno, metaobjetos, objetos congelados en su perfección, objetos obturados en las terrazas electrónicas, objetos en mudanza incesante (no permiten hacerse una representación de ellos), objetos de doble coyuntura, objetos imposibles, objetos-cardumen, objetos desventrados, objetos de la última generación rebasados por la obsolescencia, objetos desestructurados, objetos textuales de persecución, chupaobjetos, dispositivos u objetos de umbral. Son 129. No describiré ninguno.

Estado de sobrevuelo (2008)
Salvador Gallardo Cabrera 

viernes, 27 de noviembre de 2020

Selección propia

Francisco Brines. Foto: El Mundo.

La certidumbre de la poesía

Hay muchas maneras de situarse el poeta ante la poesía, y pienso que, en mi caso, mucho tiene que ver la mía con lo que ante ella experimenté en mis años adolescentes. Mis primeros poemas, a pesar de su exagerada mediocridad, me depararon una experiencia mágica; supongo que entonces sólo comparable al uso sexual del cuerpo, si el hallazgo de un tan refinado placer hubiera conllevado la creación de una criatura deseada. Pero esta última experiencia no fue vivida por mí. Así que, situado el muchacho ante el papel en blanco, fluía, como un prodigio el acontecer de las palabras, y tan peregrina acción iba acompañada de un gran placer nunca antes reconocido, con el final resultado de la misteriosa aparición de un cuerpo, a mi parecer, exactísimo. La emoción que allí se me entregaba como ajena, me pertenecía: yo era a la vez la fuente y el sediento.
(fragmento)

Selección propia (1984)
Francisco Brines 

La tierra baldía

Wyndham Lewis. Estudio para un retrato de T. S. Eliot.

IV
Muerte por agua

Phlebas el Fenicio, ya quince días muerto,
olvidó el grito de las gaviotas, el hondo oleaje del mar,
la pérdida y la ganancia.
                                           Una corriente submarina
recogió sus huesos en susurros. Entre subidas y bajadas
atravesó las etapas de su juventud y vejez
entrando en el remolino.
                                           Gentil o judío
oh tú que haces girar la rueda y miras a barlovento,
piensa en Phlebas, que fue alto y hermoso como tú.

Traducción de Juan Malpartida

La tierra baldía (1922)
T. S. Eliot 

domingo, 22 de noviembre de 2020

Textos cautivos

Fritz Behn. Retrato de Oswald Spengler. 

Biografías sintéticas

Oswald Spengler

Spengler nació el 29 de mayo de 1880, en el pueblo de Blanken-burgam-Harz, del ducado de Brunswick. Estudió en Munich y en Berlín. A principios de siglo se graduó en filosofía y letras: su tesis doctoral sobre Heráclito (Halle, 1904) es el único trabajo que publicó antes de aquel otro, sensacional, que lo haría famoso. Seis años tardó Spengler en escribir La decadencia de Occidente. Seis obstinados años, en un hambriento conventillo de Munich, en una pieza lóbrega que da a un pobre paisaje de chimeneas y de tejas manchadas. Oswald Spengler, entonces, no tiene libros. Pasa las mañanas en la biblioteca pública, almuerza en comedores para obreros, toma, cuando está enfermo, vastas y ardientes cantidades de té. Hacia 1915 termina la revisión del primer volumen. No tiene amigos. Secretamente se compara con Alemania, que también está sola.
En el verano de 1918 La decadencia de Occidente apareció en Viena.
Schopenhauer ha escrito: "No hay una ciencia general de la historia; la historia es el relato insignificante del interminable, pesado y deshilvanado sueño de la humanidad".
Spengler, en su libro, se propuso demostrar que la historia podía ser algo más que una mera y chismosa enumeración de hechos particulares. Quiso determinar sus leyes, echar las bases de una morfología de las culturas. Sus varoniles páginas, redactadas en el tiempo que va de 1912 a 1917, no se contaminaron nunca del odio peculiar de esos años.
Hacia 1920 empezó la gloria.
Spengler alquiló un departamento sobre el Isar, compró con amorosa lentitud unos cuantos miles de libros, coleccionó armas persas, turcas e hindúes, escaló altas montañas y se negó a la perseverancia de los fotógrafos. Sobre todo, escribió. Escribió Pesimismo (1921), Deberes políticos de la juventud alemana (1924), Reconstrucción del Estado Alemán (1926).
Oswald Spengler murió al promediar este año. Su concepto biológico de la historia se podrá discutir; no su espléndido estilo. 
(1936)

De la vida literaria

Durante la última de las guerras civiles de Irlanda, el poeta Oliver Gogarty fue aprisionado por los hombres de Ulster en un caserón a orillas del Barrow, en el condado de Kildare. Comprendió que al amanecer lo fusilarían. Salió con un pretexto al jardín y se arrojó a las aguas glaciales. La noche se agrandó de balazos. Al nadar bajo el agua renegrida, en la que reventaban las balas, le prometió dos cisnes al río si este lo dejaba en la otra ribera. El dios del río lo escuchó y lo salvó y el hombre cumplió el voto.
(1938)

Textos Cautivos
Jorge Luis Borges

sábado, 21 de noviembre de 2020

Eothen

Ilustración de Eduardo Feito.

2. Viaje por tierras turcas

Llevábamos cabalgando dos o tres horas y la agitación y bullicio del viaje inicial habían cesado. La vivacidad de nuestra reducida tropa se había evaporado junto con el día agonizante, y cerraba ya la noche cuando entramos en el gran bosque servio, que debíamos cruzar en una longitud de más de cien kilómetros. A ambos lados los altos robles, en hileras compactas, se alzaban interminables, sombríamente erectos por encima de nosotros, torvos como un ejército de gigantes con la paga atrasada de mil años. Con el oído bien atento, nos esforzábamos por captar alguna noticia del interior de ese mundo selvático, algún movimiento de animales, el chillar de algún pájaro nocturno, pero todo estaba en silencio, exceptuando la voz de las cigarras que poblaban cada mata, llenando las profundidades del bosque del mismo susurro infinito, más monótono que el mismo silencio.

Traducción de Juan Carlos Silvi

Eothen (1844)
Alexander W. Kinglake 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Maletas

Ricardo Renedo. Maletas.

En mi caso hacer el equipaje es toda una batalla, tengo pocas cosas pero mal definidas, hasta el punto que desconozco qué poseo en realidad, tan solo sé que algunas pertenencias son ligeras y ovaladas pero éstas a veces se alargan inesperadamente hasta romperse y vaciarse por completo. Otras en cambio son pesadas y con solo pensar en ellas modifican su forma, estorban por todas partes, me tropiezo con ellas, tengo las piernas llenas de hematomas, algún día van a lograr que me caiga y me dé un mal golpe.
Hay incluso algunas cuya existencia es dudosa, a menudo ignoro si pertenecen al pasado, al presente o tan solo al universo de mis sueños. Así que no es extraño que a la hora de hacer las maletas nunca sepa si voy a tardar mucho o poco, son tantas las conjeturas, las hipótesis... La sucesión de enigmas me rompe los nervios, me fatiga en extremo, me deja sin fuerzas para nada. Y claro, en esas circunstancias siempre acabo anulando mis viajes. 

Un extraño envío (2006)
Julia Otxoa

martes, 17 de noviembre de 2020

Cuaderno de Egipto

Edwin Howland Blashfield. Isla Elefantina. 

Isla Elefantina

Desde orillas de la isla plantas con flores blancas beben sobre el Nilo. A su lado, árboles con puntos blancos en las copas colmadas. Un ruido cruza el aire. De los sauces y las acacias salen las flores en bandada, y por unos instantes las ramas quedan desnudas y monócromas. Tu ojo registrará durante años está ausencia suspendida. Tras un breve vuelo de reconocimiento, las aves regresan a su posición sobre la exacta rama del mismo árbol, ahora bullicio estático de vida.

Valle de las Reinas

En medio del valle, el templo de la primera faraón, Hatsehepsut, el Edén, rescatado de la arena y coronado de montañas, en el oleaje de siglos del cielo. La historia: sus reinos desaparecidos tras diecisiete años de mandato, y el odio que coronó su contrato de la vida y escribió otro nombre en el cartucho. Sin embargo, blanca de sal fue la efigie del sucesor, tan enorme como necesaria para su pueblo, donde sólo la revancha despertó el deseo de superar a su antecesora. Pero si el negro limo del lago del templo dedicado a Hathor no llegó a guarecer la tierra fértil, del viento del desierto que con los siglos la secó, sí apagó la sed de debajo de la roca. Limo filtrado hasta la piel amiga, curtida y reseca de Nonufre y Meritre Hatsehepsut, sus hijas, quienes, como ella, esperan ser desenterradas. Su historia poco a poco hacia la luz, aflorando, algún lejano día.

Cuaderno de Egipto (2000)
Rosa Lentini

sábado, 14 de noviembre de 2020

Cantos

Amedeo Modigliani. Leopardi y la luna.

Canto nocturno de un pastor errante de Asia

¿Qué haces, luna, en el cielo? Dime, ¿qué haces 
silenciosa luna?
Surges de noche y vas
contemplando los desiertos, y luego te paras.
¿Aún no estás cansada
de recorrer los caminos del cielo?
¿Es que aún no te cansas ni te hastías
de mirar estos valles?
Se parece tu vida
a la del pastor.
Sale con la primera luz
y conduce el rebaño por el campo; ve
majadas, prados, fuentes.
Después, cansado, reposa de noche.
Otra cosa no espera nunca.
Dime, oh luna, ¿de qué le sirve
su vida al pastor,
y a ti la tuya? Dime, ¿adónde tiende
este vagar mío, tan breve, 
y tu curso inmortal?
(fragmento)

Traducción de Antonio Colinas

Cantos. Pensamientos
Giacomo Leopardi (1798-1837) 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Vino el destacamento

Antonio Pereira. Dibujo de figura.

Vino el destacamento.
Vino el destacamento con sus galas,
llenaron el casino, y la misa de doce,
les limpiaban las botas bajo los soportales,
y en el celoso corazón nosotros
duelo llevábamos porque en los claros
miradores miraban nuestras novias
el paso de los otros,
y no arrojaban sobre sus cabezas
la pez hirviente como en un romance.
Marchó el destacamento.
Fue asombroso
y alegre que el domingo
volviese a ser domingo, la costumbre
del amor a la tarde y los zapatos,
hermoso tener moza en nuestro pueblo,
tan bonitas y fieles como son
cuando no miran a los invasores.

Dibujo de figura (1972)
Antonio Pereira

martes, 10 de noviembre de 2020

Poesías

 Goethe. Poesías.

Epigramas

6

Cuando veo al peregrino no puedo dominar nunca las lágrimas.
¡Oh, qué felices nos hace a las personas una idea equivocada!

10

¿Por qué se comporta el pueblo así y grita? Quiere alimentarse,
engendrar hijos y darles como pueda de comer.
¡Fíjate bien en esto, viajero, y haz en casa lo mismo!
A más no llega ningún hombre, por mucho que aparente.

35

¿Qué es la vida de un individuo? Pero miles de personas pueden
hablar sobre el hombre, lo que ha realizado y cómo.
Menos aún es un poema; pero miles de personas pueden disfrutarlo
o criticarlo. ¡Amigo, sigue viviendo, sigue escribiendo poemas!

65

¿Tan misterioso secreto son Dios, el hombre y el mundo?
¡No! Mas nadie desea conocerlos, y sigue, por tanto, el secreto.

92

Di, ¿de qué modo vives? ¡Vivo! Y aunque cientos y cientos de años
se concedieran al hombre, desearía el mañana como el hoy.

98

Pobre y sin vestidos estaba la muchacha cuando la hice mía.
Gustóme entonces desnuda, y así sigue gustándome ahora.

Traducción de Alfonsina Janés

Poesías
Johann Wolfgang Goethe (1749-1832)

domingo, 8 de noviembre de 2020

Las cartas

Cornelis Bisschop. Betsabé, mujer de Urías.

3. Las cartas

Las cartas más antiguas que conservamos, o de las cuales tenemos noticia, proceden de Mesopotamia y Egipto. Cuando todavía selvas vírgenes cubrían el suelo de Alemania cambiaban ya los babilonios cartas de amor entre sí y los señores orientales enviaban importantes embajadas a otros príncipes. En Sepharvani, la actual Sippara, se ha encontrado una tableta de arcilla escrita hace más de cuatro mil años, en la cual un cierto Gimil-Marduk decía a su amada Bhibi lo siguiente: «Schamasch (divinidad solar) y Marduk te concedan por mi amor vivir eternamente. ¿Cómo te va? ¡Escríbeme! He ido a Babilonia pero no te he encontrado, y esto me llenó de angustia. Envíame noticias y dime cuándo vienes; entonces seré yo feliz. Ven en el mes de Marcheswan (noviembre). ¡Que puedas vivir eternamente por mi amor!». 

Unos 500 años más tarde hay que agregar dos escritos que han llegado a nosotros por intermedio de las poesías de Homero y de la Biblia, los escritos más antiguos de los griegos y de los israelitas. En el primer caso el rey Preto dio a Belerofón una carta para su cuñado Jobates, con el ruego de que hiciera desaparecer al portador; en el segundo, el rey David envía a Urías con una comunicación de igual contenido dirigida a su general Joab. En ambos casos, son mujeres quienes dan motivo al fatal encargo; pues en el primero la esposa de Preto, enardecida de amor hacia Belerofón, que no accede a sus deseos, concibe la idea de hacerlo matar por su marido valiéndose de falsas acusaciones; y en el segundo, David, que sostenía relaciones ilícitas con la mujer de Urías, decide hacer desaparecer al esposo de ésta. Ambos casos han originado frases proverbiales.

Traducción de Luis Boya Saura

La escritura y el libro
Oscar Weise

sábado, 7 de noviembre de 2020

Voces

Antonio Porchia, retratado por Sameer Makarius.

Cuando me digo: "nada", nada y yo somos una sola vez. Y me he dicho millones de veces "nada". He sido millones de yo.

Lo que no es posible en este mundo, ¿por qué está en este mundo?

Si no vieran solamente lo visible de lo que ven, verían que lo que yo hago de las cosas es lo que hacen las cosas de mí.

Nadie y yo. Y no me siento estar solo. Nadie es alguien y es alguien que no me deja estar solo.

Cuando creo que la piedra es piedra, que la nube es nube, me hallo en un estado de inconsciencia.

Hombres y cosas, suben, bajan, se alejan, se acercan. Todo es una comedia de distancias.

Voces
Antonio Porchia (1885-1968)  

jueves, 5 de noviembre de 2020

Sombras de bibliofilia

José Gutiérrez-Solana. El bibliófilo, 1920.

Cuántas veces, durmiendo, has rescatado
libros inexistentes e imposibles
de las estanterías del olvido
(un ejemplar intonso, por ejemplo,
del Diable amoureux, de Jacques Cazotte,
ilustrado por Flaxman, Blake y Füssli
a comienzos del siglo XIX).
Cuántas veces el libro de tus sueños
se ha convertido, al despertar, en humo.

La vida en llamas (2006)
Luis Alberto de Cuenca 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Las musarañas

José Antonio Muñoz Rojas. Las musarañas.

¡Oh celestiales! ¡Oh divinas! ¡Oh criaturas, compañeras de aquella edad! Estabais dondequiera, salíais de todos los rincones, nos aliviabais de todas las dolencias. Cuando los días se hacían largos, cuando había que quedarse quitecitos—Dios sabría por qué con aquellas hormigas que se nos paseaban por las piernas—, cuando dentro había un bulto negro avanzando, cuando la escuela era aburridísima, o predicaba aquel padre que todo era ísimo, ísimo, de pronto algo que, ¿cómo se llamaría aquello que nos sacaba de la dolencia de las gentes pesadas, de las horas pesadas, de los sermones pesados? ¿Cómo se llamaría? Intuíamos que sin nombre no tendría existencia.
—Te quedas ahí pensando en las musarañas.
¡Ya estaban aquí! Claro. Eran ellas. Las musarañas, insectos, animalillos, ángeles. Algo tenía que ser. Si no, no cabía que, sin presencia de alguien, se cambiara tan hondamente el contorno.
Así, cuando estábamos solos sin estarlo, cuando nos divertíamos sin reír, cuando soñábamos sin sueño, las musarañas estaban presentes, angélicas, efectivas, consoladoras. Lo malo es que, a veces, descansábamos en su esperanza y no venían. Nos quedábamos sin consuelo, sin musarañas. Estábamos verdaderamente solos.
Y era horrible.

Las musarañas (1957)
José Antonio Muñoz Rojas

lunes, 2 de noviembre de 2020

Encuentro en un ascensor

Vladimir Holan. Foto: El País.

Entramos en la cabina y nos quedamos solos los dos.
Nos miramos sin hacer nada más.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella salió, y yo, que iba más arriba,
comprendí que nunca volvería a verla,
que nos habíamos encontrado una vez, para siempre,
que aun habiéndola seguido lo hubiera hecho como un muerto
y que si ella hubiera vuelto a mí
no hubiera vuelto más que del otro mundo.

De Dolor (1949-1955)
Traducción de Josef Forbelsky
Revisión y prólogo de Guillermo Carnero

Una noche con Hamlet. Otros poemas
Vladimir Holan

viernes, 30 de octubre de 2020

Remures y Lampurias

Rosalba Campra. Foto: Diario Alfil.

El remur conoce casi todo el mundo pero nunca había visto una lampuria, y la lampuria es la primera vez que ve un remur.

Él se sorprende porque estaba seguro de haber visto todo lo que se debe ver para poder decir que uno conoce el mundo, y ella se sorprende porque, no habiéndose movido nunca de su sitio, no conoce nada.

En consecuencia, o no, la lampuria y el remur se enamoran el uno del otro. Un caso clásico de «exotismo especular», bien estudiado por la astroneuromancia y demás ciencias alquímicas, etológicas, homeopáticas, etc. 

Después cada uno, mirándose en el espejo que sus semejantes les alcanzan, comprueba que no pertenece a la misma especie que el otro, reconsidera la situación, la clasifica como inconveniente, renuncia.

¿Pero hay acaso alguien que sea de la misma especie que otro?

Cuento publicado en la revista Luvina, invierno de 2014.

Cuentos
Rosalba Campra 

jueves, 29 de octubre de 2020

Diapsálmata

Sören Kierkegaard. Diapsálmata.

Ni ganas tengo siquiera. No tengo ganas de andar a caballo; es un ejercicio demasiado fuerte. Tampoco siento deseos de andar; me fatigo demasiado. No me gusta tampoco estar acostado, pues tendría que permanecer así, y esto no quiero, o tendría que volver a levantarme, cosa que no me hace gracia. Summa summarum: no tengo ganas de nada. 

Existe una charla insustancial que en su infinitud guarda la misma relación con el resultado que las diversas e inacabables dinastías egipcias con el progreso histórico.

Siento la alegría que tiene que sentir un peón de ajedrez al oír decir al adversario: "Ese peón no puede moverse".

En un teatro se declaró un incendio en los bastidores. Salió el payaso a dar la noticia al público. Pero éste, creyendo que se trataba de un chiste, aplaudió. Repitió el payaso la noticia y el público le aplaudió más todavía. Así pienso yo que perecerá el mundo: bajo el júbilo general de cabezas chistosas que se creerán que se trata de un chiste.

Traducción del danés de Javier Armada

Diapsálmata
Sören Kierkegaard (1813-1855) 

lunes, 26 de octubre de 2020

Epigramas

Ernesto Cardenal. Epigramas.

Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
Yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.


Muchachas que algún día leáis emocionadas estos versos
y soñéis con un poeta:
sabed que yo los hice para una como vosotras
y que fue en vano. 

Epigramas
Ernesto Cardenal 

jueves, 22 de octubre de 2020

El juego del diábolo

Juan Pedro Aparicio. Caricatura de Gusi Bejer.

El cartero

Cuando se supo que el cartero Suárez Lidón en veinticinco años de servicio nunca había escrito una carta, fue inmediatamente ascendido.

Capturar el tiempo

Las ecuaciones de Einstein obsesionaban al matemático Pezuela. Un día consiguió capturar el tiempo y se convirtió en estatua. Hoy se le puede ver a la entrada del Museo de Ciencias.

El misil

No era un meteorito sino una creación artificial que venía directa hacia la tierra. Se trataba de un misil capaz de destruir el planeta. Así lo comunicó el Pentágono tras analizar cuidadosamente con los astrónomos las características del objeto que se aproximaba a gran velocidad. Las discusiones no se hicieron esperar. ¿Qué civilización extraterrestre lo envía? ¿Y por qué, si no hemos tenido relaciones ni buenas ni malas con ella? Surgió la sospecha. ¿No habría sido lanzado por los soviéticos antes de la disolución de la URSS, camuflado de una misión a los planetas, ahora de vuelta? Rusia protestó. ¿Con qué objeto enviar un proyectil capaz de destruirnos a todos? ¿No sería un acto terrorista de Al Qaeda?  Las discusiones se agriaron de tal manera que cuando el proyectil llegó a la Tierra apenas le quedaba nada por destruir.

El juego del diábolo (2008)
Juan Pedro Aparicio