jueves, 25 de mayo de 2017

La marcha

Sherwood Anderson. Winesburg, Ohio.

Aquel joven, que salía de su pueblo a buscar las aventuras de la vida, empezó a pensar; pero no pensó en nada grande ni dramático. No se le ocurrió pensar ni en la muerte de su madre, ni en su partida de Winesburg, ni en la incertidumbre de su vida futura en la ciudad, ni en los aspectos más serios y más amplios de su vida.
Pensaba en cosas pequeñas: en Turk Smallet acarreando tablas en su carretilla por la calle Mayor del pueblo, en las horas de la mañana; en una mujer alta y elegantemente vestida que había pasado una noche en el hotel de su padre; en Butch Weeler, el hombre que encendía las luces de Winesburg, corriendo por las calles en una noche de verano con la antorcha encendida en alto; en Helen White, a la que vio un día de pie junto a una ventana de la casa de correos de Winesburg pegando un sello en un sobre.
El joven se dejó llevar por su creciente afición a los sueños. Quien se hubiese fijado en él no lo habría tomado por persona de inteligencia extraordinaria. Recordando aquellas pequeñas cosas, cerró los ojos y se echó hacia atrás en su asiento. Permaneció así durante largo rato; y cuando volvió a ponerse en pie y miró por la ventanilla, había desaparecido ya el pueblo de Winesburg, y toda su vida allí pasaba a ser como el fondo sobre el que había de pintar los sueños de su edad adulta.

Traducción de A. Ros. Revisión de la traducción de Eduardo Rodríguez

Winesburg, Ohio (1919)
Sherwood Anderson

miércoles, 24 de mayo de 2017

Fábulas

Platanus orientalis. Ilustración de Pierre Belon.

Los caminantes y el plátano

Unos caminantes en verano, al mediodía, agotados de calor, vieron un plátano, fueron a refugiarse bajo él y tumbados a su sombra se reponían. Después de levantar la vista hacia el plátano, se dijeron uno al otro: «Qué inútil y estéril es este árbol para los hombres». El plátano respondiendo dijo: «Ingratos, aún estáis disfrutando de mi servicio y me tratáis de inútil y estéril». 
Así, también entre los hombres algunos son tan desagradecidos que aun beneficiando a sus vecinos, su bondad no obtiene crédito.

Las zorras en el río Meandro

Un día las zorras se congregaron a orillas del Meandro con la intención de beber de sus aguas. Pero como el agua se arrastraba con un fuerte fragor, trataban de animarse unas a otras sin atreverse a entrar. Entonces una de ellas tomó la palabra para hacer de menos a las demás y burlarse de su cobardía, ella, dándoselas de valiente, saltó al agua. La corriente la arrastró al centro y las otras, apostadas en la orilla del río, le dijeron: «No nos dejes, vuélvete para señalarnos el paso por donde podamos beber sin peligro». Pero aquélla, arrastrada por la corriente, dijo: «Tengo un encargo para Mileto y quiero llevarlo allí, a la vuelta os lo señalo».
Va para los que por fanfarronería se meten en un peligro.

Nota:
El río Meandro, hoy Menderes, discurre bordeando el flanco occidental de la meseta de Anatolia. Parte de su cauce es subterráneo. El curso del Meandro es muy accidentado, en su primer tramo corre por un estrecho valle y un profundísimo cañón. El segundo tramo forma un fértil valle que separa las regiones de Lidia y Caria. Ciudades importantes en su orilla eran Tralles y Magnesia. A partir de aquí, su curso es extremadamente sinuoso; el nombre de meandro procede precisamente de esto. Desemboca por Mileto.

Traducción y notas de Pedro Bádenas de la Peña

Fábulas
Esopo

Las ciudades invisibles

Italo Calvino. Las ciudades invisibles.

Las ciudades continuas. 2.

Si al tocar tierra en Trude no hubiese leído el nombre de la ciudad escrito en grandes letras, hubiera creído llegar al mismo aeropuerto del que partiera. Los suburbios que tuve que atravesar no eran distintos de aquellos otros, con las mismas casas amarillentas y verdosas. Siguiendo las mismas flechas se contorneaban los mismos canteros de las mismas plazas. Las calles del centro exponían mercancías embalajes enseñas que no cambiaban en nada. Era la primera vez que iba a Trude, pero conocía ya el hotel donde acerté a alojarme; ya había oído y dicho mis diálogos con compradores y vendedores de chatarra; otras jornadas iguales a aquélla habían terminado mirando a través de los mismos vasos los mismos ombligos ondulantes.
¿Por qué venir a Trude? me preguntaba. Y ya quería irme.
Puedes remontar vuelo cuando quieras me dijeron, pero llegarás a otra Trude, igual punto por punto; el mundo está cubierto de una única Trude que no empieza y no termina, cambia sólo el nombre del aeropuerto.

Traducción de Aurora Bernárdez

Las ciudades invisibles (1972)
Italo Calvino

lunes, 22 de mayo de 2017

Antología de la literatura fantástica

Borges, Ocampo, Bioy. Antología de la literatura fantástica.

La obra y el poeta

El poeta hindú Tulsi Das compuso la gesta de Hanuman y de su ejército de monos. Años después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo libertaron
R. F. Burton

El negador de milagros

Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó. «Oh, venerado suegro», suplicó «no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros». El ataúd entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.
Citado por Giles en Confucianism and its Rivals, Lecture VIII, 1915

El pañuelo que se teje solo

La mitología malaya habla de un pañuelo, sansistah kalah, que se teje solo y cada año agrega una hilera de perlas finas, y cuando esté concluido ese pañuelo, será el fin del mundo.
W. W. Skeat
Malay Magic (1900)

Antología de la literatura fantástica (1940)
Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares

domingo, 21 de mayo de 2017

La respiración

Aleksandr Solzhenitsyn en 1994 en un tren en Vladivostok. Foto: Wikipedia.

Llovió de noche y ahora las nubes se desplazan por el cielo. A veces caen algunas gotas.
Estoy de pie bajo un manzano que está terminando de florecer, y respiro.
No sólo el manzano, sino también los pastos que lo rodean, expanden aromas después de la lluvia, y no hay palabras para este sabor dulce y penetrante que impregna el aire. Lo aspiro con todos mis pulmones, siento el aroma en todo mi pecho, respiro, ora con los ojos abiertos, ora con los ojos cerrados, no sé cómo es mejor...
Tal vez esto sea la libertad, la única, pero la más apreciada libertad, de la cual nos priva la cárcel: respirar así, respirar aquí.
Ninguna comida en la tierra, ningún vino, ni siquiera el beso de una mujer, me resultan más dulces que este aire, este aire embriagado con el florecimiento, la humedad, la frescura.
No importa que esto sea sólo un minúsculo jardín, encerrado entre las jaulas de fieras de las casas de cinco pisos.
Dejo de oír los escapes de las motocicletas, el aullido de los tocadiscos, los gritos de los altoparlantes.
Mientras se puede respirar después de la lluvia bajo un manzano, se puede vivir.

Traducción de Irina Astrau

Cuentos en miniatura (1964)
Aleksandr Solzhenitsyn

viernes, 19 de mayo de 2017

Viajes con Heródoto

Ryszard Kapuscinski. Viajes con Heródoto.

Rodeados de luz en medio de la oscuridad

Heródoto se ve envuelto en un dilema irresoluble: por un lado dedica su vida a intentar preservar la verdad histórica, lleva a cabo sus investigaciones para impedir que el tiempo borre la memoria de la historia de la humanidad, y por el otro, su principal fuente de noticias no es otra que unos interlocutores que le cuentan los hechos no tal como sucedieron, sino tal como les hubiera gustado que sucedieran, dando, por consiguiente, rienda suelta a sus recuerdos selectivos y a su particular, arbitraria e intencionada manera de evocarlos. En una palabra, no se trata de una historia objetiva, sino de una historia pasada por la criba subjetiva de otros. Y no hay solución a este desencuentro. Podemos intentar reducirlo o atenuarlo, pero nunca alcanzaremos el estado ideal. Pues nos resultará imposible eliminar ese factor de subjetividad que siempre está ahí deformando la realidad. Consciente de ello, nuestro griego no cesa de subrayar sus reservas: «según me refieren», «unos afirman», «otros sostienen», «hay varias versiones», etc. Por eso, volviendo al estado ideal, nunca estamos ante la historia real, sino siempre ante una contada, tal como alguien sostiene -y cree- que ha sido.
Esta verdad es tal vez el mayor descubrimiento de Heródoto.

Traducción del polaco de Agata Orzeszek

Viajes con Heródoto (2004)
Ryszard Kapuscinski

jueves, 18 de mayo de 2017

Los trenes de la noche

Denis Saint Clair. El tren.

3
Recuerdo la Estación Central
en el atardecer de un día de diciembre.
Me veo apenas con dinero para tomar una cerveza,
despeinado, sediento, inmóvil,
mientras parte el tren en donde viaja una muchacha
que se ha ido diciendo que nunca me querrá,
que se acostaría con cualquiera, menos conmigo,
que ni siquiera me escribirá una carta.
Es en la Estación Central
un sofocante atardecer
de un día de diciembre.

Los trenes de la noche y otros poemas (1961)
Jorge Teillier

La vida como arte

Eugenio Trías. La dispersión.

Hay una mezquina tendencia a jubilar las musas consagradas y promocionar un nuevo repertorio de jóvenes musas. Así por ejemplo ahora se tiende a jubilar la pintura y la escritura y a «sustituirlas» por el diseño, la imagen o la «música pop».

¿Por qué esa manía «progresista» por afirmar algo «nuevo» a costa de la vejación o negación de lo «antiguo»? ¿O es que no pueden afirmarse todas las Musas a la vez...? ¿Cuándo aprenderemos a ser rigurosamente politeístas...? Afirmo la multiplicidad de los dioses y su profusa cohorte.

Escribir, pensar... son actos gratuitos: son vida...

LA VIDA COMO ARTE. Si me piden por la razón de mis actos, diré que los hago porque sí; porque sí, como dice el niño.
En verdad, la más razonable de las razones.

La dispersión (1971)
Eugenio Trías

sábado, 13 de mayo de 2017

Apostillas a los clásicos

Isidre Monés. El caballo de  Troya.

En la corte de Alcinoo, rey de los feacios, un aedo de nombre Demódoco canta las hazañas de los griegos de Troya.
Los jóvenes escuchan. Cuando Demódoco termina su relato, comentan en voz alta.
—Los versos, bien medidos.
—Las metáforas, brillantes y vigorosas.
—El lenguaje, adecuado a las situaciones.
—Esto, en cuanto a la forma. Analicemos ahora el fondo.
—Sobresaliente, a mi juicio, el retrato de Agamenón.
—Gracioso el episodio de Tersites.
—Inverosímil, en cambio, el ardid del caballo de madera.
—La muerte de Patroclo me hizo llorar.
—La sobrepasa en patetismo la de Héctor.
—Pues, ¿y la lamentación final de Príamo?
Entre los oyentes hay un extranjero que permanece silencioso. Nadie sabe quién es. Es Ulises.
Y Ulises piensa: «¿Qué es lo que ha cantado Demódoco? ¿A qué Troya se ha referido, a qué griegos? No he reconocido a nadie. Aquellos sudores, aquellas lágrimas, aquellos olores, aquellas voces, aquel fuego, aquel dolor, aquel miedo, ¿dónde están? Ha balbuceado una estúpida parodia. Ahora sabrán estos jóvenes lo que fue Troya».
Ulises comienza a hablar. Pero enseguida el auditorio lo interrumpe de mal talante:
—Cállate, extranjero. Y cesa de farfullar ese galimatías. Tu guerra de Troya se parece más a una riña de gallos que a una contienda entre héroes. Luego del divino canto de Demódoco, ¿pretendes tú emularlo con semejante ristra de disparates?

Obras completas
Marco Denevi

Diccionario ideológico de la lengua española

Julio Casares. Diccionario ideológico de la lengua española.

Contracandela. En las plantaciones de caña de azúcar, fuego que se da, en caso de incendio, en la parte del cañaveral de donde viene el viento, para que al llegar allí las llamas, queden detenidas.

Epostracismo. Juego de los antiguos griegos que consistía en hacer rebotar sobre la superficie del agua una concha o piedra plana.

Ornitomancia. Predicción del porvenir por el vuelo y canto de las aves.

Diccionario ideológico de la lengua española
Julio Casares

viernes, 12 de mayo de 2017

Historia como sistema

José Ortega y Gasset. Historia como sistema.

VIII

El hombre es lo que le ha pasado, lo que ha hecho. Pudieron pasarle, pudo hacer otras cosas, pero he aquí que lo que efectivamente le ha pasado y ha hecho constituye una inexorable trayectoria de experiencias que lleva a su espalda, como el vagabundo el hatillo de su haber. Ese peregrino del ser, ese sustancial emigrante, es el hombre. Por eso carece de sentido poner límites a lo que el hombre es capaz de ser. En esa ilimitación principal de sus posibilidades, propia de quien no tiene una naturaleza, sólo hay una línea fija, preestablecida y dada, que puede orientarnos, sólo hay un límite: el pasado. Las experiencias de vida hechas estrechan el futuro del hombre. Si no sabemos lo que va a ser, sabemos lo que no va a ser. Se vive en vista del pasado.

En suma, que el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene... historia. O, lo que es igual: lo que la naturaleza es, a las cosas, es la historia —como res gestae— al hombre.

Historia como sistema (1941)
José Ortega y Gasset

jueves, 11 de mayo de 2017

Escrito en un jardín

Ilustración de Clay Wagstaff.

Signo hermético del aire, triángulo vacío que apunta hacia lo alto. En los días tranquilos la pirámide verde del árbol se sostiene en el aire en perfecto equilibrio. En los días de viento, las ramas, al agitarse, inician el comienzo de un vuelo.

El agua que por sí misma cede y desciende. Y por eso es apropiado aplicarle el calificativo franciscano: umile.

Las raíces hincadas en el suelo, las ramas que protegen los juegos de la ardilla, el nido y los cantos de los pájaros, la sombra otorgada a las bestias y a los hombres, la copa en pleno cielo. ¿Conoces una manera de existir más sabia y más benéfica?

Traducción de Emma Calatayud

El tiempo, gran escultor (1983)
Marguerite Yourcenar

martes, 9 de mayo de 2017

Diario de la galera

Imre Kertész. Diario de la galera.

Si conocemos nuestras costumbres no estaremos tan perdidos.

¿El sueño de quién estoy viviendo? ¿La lengua de quién estoy hablando?

A veces el genius loci se apodera de mí de tal forma que paso meses sentado junto a la mesa, con los brazos caídos y la cabeza inclinada.

No existe personaje más novelesco que el hombre que piensa. Pensar no es solamente peligroso para uno mismo y la comunidad, no es sólo una pasión que sustituye las otras, una aventura más arriesgada que todas las aventuras, algo interior mucho más singular que la fe, sino para colmo algo muy poco habitual.

Ningún gran descubrimiento posee valor suficiente para que abandonemos nuestro hábitos cotidianos.

Traducción de Adan Kovacsics

Diario de la galera (1992)
Imre Kertész

lunes, 8 de mayo de 2017

La novia robada

Juan Carlos Onetti. La novia robada.

Santa María tiene un río,
tiene barcos.
Si tiene un río tiene niebla. Los barcos
usan bocinas, sirenas. Avisan,
están, pobre bañista y mirador de agua
dulce. Con su sombrilla, su bata, su traje
de baño, canasta de alimentos,
esposa y niños, usted, en un instante
en seguida olvidado de imaginación
o debilidad, puede, pudo, podría
pensar en el tierno y bronco gemido
del ballenato llamando a su madre,
en el bronco, temeroso llamado
de la ballena madre. Está bien;
así, más o menos, sucede en Santa María
cuando la niebla apaga el río.

La novia robada (1968)
Juan Carlos Onetti

sábado, 6 de mayo de 2017

La vida te cambia los planes

Orlando Van Bredam. La vida te cambia los planes.

Zumbidos de siesta

En la siesta pueblerina se oye el zumbido de los altavoces callejeros sobre un viejo rámbler;
"¡Esta noche en Cine Ambassador vea 'La Biblia'! ¡La película de todos los tiempos! ¡No se la pierda! ¿Matará Caín a Abel? Sépalo esta noche a las 21 en Cine Ambassador.

Preocupación

—No se preocupe. Todo saldrá bien—dijo el verdugo.
—Eso es lo que me preocupa—respondió el condenado.

La vida te cambia los planes (1994)
Orlando Van Bredam

miércoles, 3 de mayo de 2017

El ángel literario

Eduardo Halfon. Foto: Amir Valle.

Existe el momento de la primera inspiración literaria. El primer golpe. Como escritor, sospecho que toda persona que decide incursionar en el mundo de las letras, sin duda, sin duda alguna, debe tener un momento específico de génesis literaria. Distinto es ubicarlo. Dicho de otro modo: en qué momento una persona se convierte en escritor. Dicho de aún otro modo: en qué momento una persona queda preñada de ese extraño anhelo por narrar, por contar, por escribir, por adoptar las palabras como su forma de expresión y, en ciertos casos, su modus vivendi. Encontrar ese instante y narrarlo. Encontrar el momento preciso en que una persona cualquiera deja de ser una virgen literaria, y empieza a hacer el amor con las palabras; o como me dijo un amigo: encontrar el momento en la vida de personas con tan pocas circunstancias propicias en que les pasa un ángel por encima y caen en la literatura.

El ángel literario (2004)
Eduardo Halfon

sábado, 29 de abril de 2017

Fui al río...

Juan L. Ortiz. Antología Poética.

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.

Regresaba
—¿Era yo el que regresaba?
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

Antología Poética
Juan L. Ortiz

jueves, 27 de abril de 2017

Insomnio

Alexei Butirskiy. Insomnio.

La noche y sus perfiles.
Crecen formas sin forma.
Largos dedos de frío.
Caras que se resuelven en sonrisas
que emergen de lo oscuro,
hasta desvanecerse en multitudes.

Con el alba,
la espera de esa tarde
en que acaso he de verte
me traerá sosiego.

Las cosas que me acechan (1979)
Víctor Botas

miércoles, 26 de abril de 2017

Paseo de portales

Alexei Butirskiy. Arcos.

Paseo de portales.
Horas dulces y lentas.
Mirar, soñar, charlar
y dar vueltas, más vueltas.

Paseo de portales
Gerardo Diego

lunes, 24 de abril de 2017

Espejos. Una historia casi universal

Eduardo Galeano. Espejos.

Cavernas

Las estalactitas cuelgan del techo. Las estalagmitas crecen desde el suelo.
Todas son frágiles cristales, nacidos de la transpiración de la roca, en lo hondo de las cavernas que el agua y el tiempo han excavado en las montañas.
Las estalactitas y las estalagmitas llevan miles de años buscándose en la oscuridad, gota tras gota, unas bajando, otras subiendo.
Algunas demorarán un millón de años en tocarse.
Apuro, no tienen.


Fundación del fuego

En la escuela me enseñaron que en el tiempo de las cavernas descubrimos el fuego frotando piedras o ramas.
Desde entonces, lo vengo intentado. Nunca conseguí arrancar ni una humilde chispita.
Mi fracaso personal no me ha impedido agradecer los favores que el fuego nos hizo. Nos defendió del frío y de las bestias enemigas, nos cocinó la comida, nos alumbró la noche y nos invitó a sentarnos, juntos, a su lado.

Espejos. Una historia casi universal (2008)
Eduardo Galeano

domingo, 23 de abril de 2017

Como tú

León Felipe. Versos y oraciones de caminante.

Así es mi vida,
piedra,
como tú; como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una Lonja,
ni piedra de una Audiencia,
ni piedra de un Palacio,
ni piedra de una Iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que, tal vez, estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...

Versos y oraciones de caminante (1920 y 1929)
León Felipe

jueves, 20 de abril de 2017

Málibu

Luis Cernuda. Desolación de la Quimera.

Málibu,
Olas con lluvia.
Aire de música.

Málibu,
Agua cautiva.
Gruta marina.

Málibu,
Nombre de hada.
Fuerza encantada.

Málibu,
Viento que ulula.
Bosque de brujas.

Málibu,
Una palabra,
Y en ella, magia.

Desolación de la quimera (1962)
Luis Cernuda

lunes, 17 de abril de 2017

Hipatia

Alfred Seifert. Hipatia.

Va con cualquiera —decían, queriendo ensuciar su libertad.
No parece mujer —decían, queriendo elogiar su inteligencia.
Pero numerosos profesores, magistrados, filósofos y políticos acudían desde lejos a la Escuela de Alejandría, para escuchar su palabra.
Hipatia estudiaba los enigmas que habían desafiado a Euclides y a Arquímides, y hablaba contra la fe ciega, indigna del amor divino y del amor humano. Ella enseñaba a dudar y a preguntar. Y aconsejaba:
Defiende tu derecho a pensar. Pensar equivocándote es mejor que no pensar.
¿Qué hacía esa mujer hereje dictando cátedra en una ciudad de machos cristianos?
La llamaban bruja y hechicera, la amenazaban de muerte.
Y un mediodía de marzo del año 415, el gentío se le echó encima. Y fue arrancada de su carruaje y desnudada y arrastrada por las calles y golpeada y acuchillada. Y en la plaza pública la hoguera se llevó lo que quedaba de ella.
Se investigará —dijo el prefecto de Alejandría.

Espejos. Una historia casi universal (2008)
Eduardo Galeano

domingo, 16 de abril de 2017

Meditaciones

Marco Aurelio. Meditaciones.

Libro II

14. Aunque debieras vivir tres mil años y otras tantas veces diez mil, no obstante recuerda que nadie pierde otra vida que la que vive, ni vive otra que la que pierde. En consecuencia, lo más largo y lo más corto confluyen en un mismo punto. El presente, en efecto es igual para todos, lo que se pierde es también igual, y lo que se separa es, evidentemente, un simple instante. Luego ni el pasado ni el futuro se podría perder, porque lo que no se tiene, ¿cómo nos lo podría arrebatar alguien? Ten siempre presente, por tanto, esas dos cosas: una, que todo, desde siempre, se presenta de forma igual y describe los mismos círculos, y nada importa que se contemple lo mismo durante cien años, doscientos o un tiempo indefinido; la otra, que el que ha vivido más tiempo y el que morirá más prematuramente, sufren idéntica pérdida. Porque sólo se nos puede privar del presente, puesto que éste sólo posees, y lo que uno no posee, no lo puede perder.

Traducción de Ramón Bach Pellicer

Meditaciones
Marco Aurelio (121-180)

sábado, 15 de abril de 2017

Voces

Antonio Porchia, retratado por Libero Badii.

Estar en compañía no es estar con alguien, sino estar en alguien.

Dirán que andas por un camino equivocado, si andas por tu camino.

Un poco de ingenuidad nunca se aparta de mí. Y es ella la que me protege.

Y si crees que eres como cualquier ser, como cualquier cosa, eres todos los seres, todas las cosas. Eres el universo.

Toda persona anónima es perfecta.

Miles de soles lejanos no disipan la noche.

Voces
Antonio Porchia

Susana y los viejos

Hendrick Goltzius. Susana y los viejos.

Furtivos, silenciosos, tensos, avizorantes,
Se deslizan, escrutan y apartando la rama
Alargan sus miradas hasta el lugar del drama:
El choque de un desnudo con los sueños de antes.

A solas y soñando ya han sido los amantes
Posibles, inminentes, en visión, de la dama.
Tal desnudez real ahora los inflama
Que los viejos se asoman, tímidos estudiantes.

¿Son viejos? Eso cuentan. Es cómputo oficial.
En su carne se sienten, se afirman juveniles
Porque lo son. Susana surge ante su deseo,

Que conserva un impulso cándido de caudal.
Otoños hay con cimas y ráfagas de abriles.
—Ah, Susana. —¡Qué horror! —Perdóname. ¡Te veo!

Homenaje. Reunión de vidas (1949-1966)
Jorge Guillén

viernes, 14 de abril de 2017

Juegos de parejas

Juegos de parejas
Juegos de parejas

—Voy a cazar mariposas.
—Pero, Clarisse —replicó Walter—, en esta estación no hay mariposas.
—Quién sabe.
El hombre sin atributos
Robert Musil

Gramática convencional
Esa mañana temprano, Eva se puso la malla y la sudadera que su marido le había regalado en su cumpleaños y salió al balcón. Era temprano, y aún no había amanecido. El cielo estaba estrellado, estrellas como puños. Solía correr una media hora y a la vuelta preparaba el desayuno de todos. Correr con las estrellas, lo llamaba ella. Bajó los cuatro pisos en ascensor y salió a la calle.
Era sábado. Las ventanas de las casas del vecindario permanecían apagadas. Eva se apoyó en la empalizada del jardín de la comunidad y empezó con los ejercicios para entonar las piernas. Soplaba una brisa algo fresca, anticipando el otoño. Mientras se ponía a punto, se fijó en el césped cubierto de hojas y alzó la vista hasta el magnolio. Empezó a correr, y a la luz de las farolas vio que los plátanos de ambos lados de la carretera estaban igualmente desnudos, sus hojas muertas alfombrando la alameda, que los pies levantaban en medio de pequeñas explosiones de hojarasca seca.
Juegos de parejas
Asdrúbal Hernández

jueves, 13 de abril de 2017

Uno de esos días

Uno de esos días
Bien, ¿tendría que repetírselo? ¿Cómo quería que se lo dijera? ¿Acaso no hablaban el mismo idioma? Lo repitió una vez más. Más o menos con las mismas palabras, que, sin embargo, remarcó ahora con un tonillo de irritación que expresaba el incipiente agotamiento de su paciencia.
—Te lo repito, hoy salgo tarde y no puedo ir a retirarlo.
—Pero ya he quedado para jugar al golf —repitió a su vez ella—. ¿Es que no lo entiendes? ¿No me escuchas?
—Por Dios, ¿te das cuenta de que si no lo recogemos hoy nos pasaremos el fin de semana sin él?
—¿Y qué? ¿No tenemos el otro? ¿Para qué queremos los dos coches el fin de semana?—repuso ella.
Él no respondió de inmediato. ¿Qué podía oponer a eso?
—Mira… —empezó.
—Además, por qué no me lo dijiste anoche? No, tenías que esperar a que quedara con mis amigas para decírmelo.
—Santísimo Jesucristo, ¿pero no te entra en la cabecita que se ha terminado de estropear es-ta-ma-ña-na? Cómo iba a decírtelo anoche. Lo que te dije anoche es que se me había calado en un semáforo volviendo a casa, y que la semana pasada le había pasado lo mismo otras dos veces, pero que luego había vuelto a arrancar. ¿Quién no escucha a quién? Te lo dije delante de los chicos, mientras cenábamos. Ellos son testigos.
—¿Los chicos, dices? Siempre igual. No los obligues a tomar partido, te llevarías una sorpresa.
—¿Qué quieres decir? No me vengas…
Uno de esos días
Asdrúbal Hernández

miércoles, 12 de abril de 2017

Tres de corazones

Tres de corazones
(relatos)
Todos los huevos
El día siguiente transcurrió con
normalidad; al otro todo cambió.
Soldados de Salamina
Javier Cercas
Llamó a Elena.
Eso fue lo primero que Leisa hizo nada más bajar del avión. Luego tomó un taxi y se dirigió a la ciudad. Entre todo lo que la distancia le había permitido hacer durante esos tres meses que había pasado fuera estaban los planes para empezar de nuevo, y ahora, recostada sobre el respaldo del asiento y con la cabeza algo levantada y ensoñadoramente vuelta a un lado, fue repasando todo cuanto se había propuesto hacer desde mañana mismo.
Tres de corazones
Asdrúbal Hernández

domingo, 9 de abril de 2017

Acerca de los cometas

El Gran Cometa de 1811, de R. A. Proctor, Flowers of the Sky.

Si yo fuera un cometa, debería considerar al hombre de nuestro tiempo como una raza degenerada.
En tiempos pasados, el respeto hacia los cometas era universal y profundo. Uno de ellos anunció la muerte de César, otro fue interpretado como indicador de la proximidad de la muerte del emperador Vespasiano. Éste era un hombre de carácter y sostuvo que el cometa debía de tener otra significación, puesto que tenía cabellera y él era calvo, pero fueron pocos los que compartieron este extremo de racionalismo. Beda el Venerable dijo que «los cometas presagian revoluciones en los reinos, pestes, guerras, vientos o calores». John Knox consideraba los cometas como pruebas de la ira divina, y otros protestantes escoceses pensaban que eran «una advertencia al rey para que exterminara a los papistas».
Norteamérica, y especialmente Nueva Inglaterra, tuvo su debida parte en la atención de los cometas. En 1652 apareció un cometa precisamente en el momento en que el eminente señor Cotton cayó enfermo, y desapareció a su muerte. Sólo diez años más tarde un nuevo cometa advirtió a los perversos habitantes de Boston que se abstuvieran de «la voluptuosidad y el abuso de las buenas criaturas de Dios por la licenciosidad en la bebida y en las modas del vestido». Mather, el eminente teólogo, consideraba que los cometas y los eclipses habían presagiado las muertes de algunos presidentes de Harvard y de algunos gobernadores coloniales, y recomendó a su rebaño que rogara al Señor que no «se llevara las estrellas y enviara cometas para substituirlas».
Toda esta superstición fue disipada por el descubrimiento por Halley de que al menos un cometa giraba alrededor del sol en una elipse regular, igual que un juicioso planeta, y por la prueba de Newton de que los cometas obedecen la ley de gravitación. Durante algún tiempo, los profesores de las universidades más anticuadas tuvieron prohibido mencionar estos descubrimientos, pero, a la larga, la verdad no pudo ser ocultada.
En nuestros días, es difícil imaginar un mundo en el que todos, pobres o ricos, educados o incultos, estaban preocupados por los cometas y se llenaban de terror cuando aparecería alguno. La mayoría de nosotros nunca ha visto un cometa. Yo he visto dos, pero eran mucho menos impresionantes de lo que yo había esperado. La causa del cambio en nuestra actitud no es únicamente el racionalismo, sino el alumbrado artificial. En las calles de una ciudad moderna, el cielo nocturno es invisible; en los distritos rurales, viajamos con vehículos con potentes faros. Hemos borrado los cielos, y sólo unos pocos científicos siguen atendiendo a las estrellas y los planetas, los cometas y los meteoritos. El mundo de nuestra vida diaria es más artificial que en cualquier época anterior. En ello hay un menoscabo, así como una ventaja: el hombre, en la seguridad de su poder, se está haciendo superficial, arrogante y un poco loco. Pero no creo que un cometa produjera ahora el saludable efecto moral que produjo en Boston en 1662; ahora sería menester una medicina más fuerte.

Traducción de María Elena Rius

Elogio de la ociosidad y otros ensayos
Bertrand Russell (1872-1970)

jueves, 6 de abril de 2017

Demasiadas cosas

Pablo Picasso. El asceta, 1903.

El asceta es consciente de demasiadas cosas.
Un exceso de amor lo amarra al mundo.
Cada casualidad se convierte en un vínculo.
Siente cada palabra, cada letra.
Se puede enamorar de una definición
encontrada al azar en cualquier diccionario.
A veces tiene miedo de que su corazón alcance el tamaño del cosmos.
Por eso con paciencia va deshaciendo nudos.
Corta ataduras. Se le va la vida
en desentenderse.

Eros es más (2007)
Juan Antonio González-Iglesias

miércoles, 5 de abril de 2017

Minidecálogo de la ley del minirrelato

Raúl Renán, fotografiado por Salvador Castañeda.

1)   Todo es incipit.
2)   Omnipersonaje.
3)   Esencia de la esencia.
4)   Nadanécdota.
5)   Tensión contención.
6)   Candado verbal.
7)   Honduración.
8)   Instantaneidad.
9)   Amoral.
10) Vida in nuce. 

Minidecálogo de la ley del minirrelato
Raúl Renán

domingo, 2 de abril de 2017

Poemas proféticos y prosas

William Blake, retratado por Thomas Phillips.

PROVERBIOS INFERNALES

El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría.

El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.

Lo que hoy es evidencia, ayer fue sólo imaginación.

Un solo pensamiento colma la inmensidad.

Así como la oruga escoge las hojas más hermosas para poner los huevos, el sacerdote deposita su maldición sobre las más hermosas alegrías.

La creación de una florecilla es trabajo de siglos.

Fecundidad sin tasa es la Belleza.

Las mejoras enderezan los caminos; pero los caminos tortuosos, sin mejoras, son los propios del Genio.

De El matrimonio del Cielo y del Infierno

Traducción de Cristóbal Serra

Poemas proféticos y prosas
William Blake (1757-1827)

sábado, 1 de abril de 2017

Estrategias del deseo

Cristina Peri Rossi. Estrategias del deseo.

Contra la identidad

La pregunta que me atormentaba a los seis años
«¿por qué soy yo y no cualquier otro u otra?»
sigue sin respuesta
muchos años después.

Sólo que en ese tiempo
a menudo he sido otro
otra
sin necesidad de ir a Casablanca
a cambiar de sexo
ni a una clínica de cirugía estética
a cambiar de aspecto.


Contra lo ordinario

Nadie ha podido demostrar hasta ahora
       de manera fehaciente
que los pequeños deseos
son más fáciles de conseguir que los grandes.
Sólo se ha podido demostrar
        de manera fehaciente
que son más numerosos.

Estrategias del deseo (2004)
Cristina Peri Rossi

viernes, 31 de marzo de 2017

Kôan

S. Hodo. Peregrino caminando en la nieve.

¡No vayas!
¡No vuelvas!
¡No te quedes de pie!
¡No te sientes!
¡No te levantes!
¡No te tumbes!

Traducción de Godofredo González

Misterios de la sabiduría inmóvil del maestro Takuán
Takuán (1573-1645)

jueves, 30 de marzo de 2017

La espuma de las horas

Octavio Paz. Foto: Manuel Álvarez Bravo.

La espuma de las horas: Marie José Paz

La vocación comienza con un llamado. Es un despertar de facultades y disposiciones que dormían adentro de nosotros, y que, convocadas por una voz que viene de no sabemos dónde, despiertan y nos revelan una parte de nuestra intimidad. Al descubrir nuestra vocación nos descubrimos a nosotros mismos. Es un segundo nacimiento. Por esto muchos artistas cambian el nombre que les dieron sus padres por otro, el de su vocación. El nuevo nombre es una señal, mejor dicho, una contraseña que les abre el camino hacia una región oculta de su persona. Vocación viene de vocatio: llamamiento; a su vez, vocatio es un derivado de vox. La palabra designó al principio, dice el Diccionario de Autoridades, «a la inspiración con que Dios llama a un estado de perfección, especialmente al de religión». Dios tiene distintas maneras de llamar y, como refiere la Biblia, muchas son mudas; señales silenciosas, signos que debemos descifrar.
Aunque el significado religioso de vocación se ha extendido a otros campos, sobre todo a los del arte y pensamiento, la palabra designa, en todos los casos, a dos actos correlativos: el llamado y la respuesta. ¿Quién o qué nos llama? No lo sabemos a ciencia cierta; es un agente exterior, una fuerza, un hecho en apariencia insignificante pero cargado de sentido, una palabra oída al azar, qué se yo; no obstante, aunque viene de fuera, se confunde con nosotros mismos. La vocación es el llamado que un día, señalado entre todos, nos hacemos y al que no tenemos más remedio que responder, si queremos realmente ser. El llamado nos obliga a salir de nosotros mismos. La vocación es un puente que nos lleva a otros mundos que son nuestro verdadero mundo.

Al paso (1992)
Octavio Paz

miércoles, 29 de marzo de 2017

Vida

José Hierro. Cuaderno de Nueva York.

DESPUÉS de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito "¡Todo!", y el eco dice "¡Nada!".
Grito "¡Nada!", y el eco dice "¡Todo!".
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada).

Que más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

Cuaderno de Nueva York (1998)
José Hierro

martes, 28 de marzo de 2017

Los ojos del asceta

Juan Antonio González-Iglesias. Eros es más.

Cuando algo consigue todavía
cuando alguien consigue
que vuelva la cabeza,
celebro fugazmente
cada contemplación,
porque sé que a partir
del año cuadragésimo de vida
los ojos del asceta
apenas miran ya las cosas de este mundo.

Eros es más (2007)
Juan Antonio González-Iglesias