viernes, 6 de diciembre de 2019

Diccionario de símbolos

José María Albert de Paco. Diccionario de símbolos.

Arena
Los granos de que se haya compuesta representan la multitud. En virtud de su naturaleza maleable y de la sensación que experimentamos al tendernos o caminar sobre ella, la arena evoca, asimismo, el regreso del hombre al útero materno.

Isla
Término de simbolismo ambiguo por cuanto evoca las nociones de soledad, aislamiento, confinamiento, pero también alude a la fogosa peripecia, a la aventura iniciática. En la historia de la literatura, las islas devienen a menudo en una suerte de lugar paradisíaco lleno de encantos y tesoros. La isla representa, asimismo, la seguridad que brinda la tierra firme frente al embate de las olas. 

Olas
En la mitología griega, las olas se hallan emparentadas con las nereidas, un centenar de divinidades femeninas que personifican los aspectos amables del mar. Viven en el fondo hilando telas preciosas y oyendo música; y surgen de cuando en cuando entre las olas para jugar, danzar, observar lo que se tercie e intervenir si procede. Al margen de esta asimilación de raigambre clásica, las olas han sido vinculadas con la pasividad, con la inercia. Estar a su merced, por consiguiente, entraña una cierta pérdida de la voluntad. Ello puede derivar en una situación de placidez o devenir en torbellino arrasador.

Diccionario de símbolos (2003)
José María Albert de Paco

jueves, 5 de diciembre de 2019

La Nave

Tomás Salvador. La Nave.

G-XXIII: 01

Debo anotar, porque es Ley, que en la Nave habitan setecientos cuarenta y ocho hombres, mujeres y niños de la clase superior, quinientos vigilantes y doscientos cincuenta servidores; todos ocupando las cubiertas y cámaras superiores. No puedo testimoniar cuántos habitantes tienen las cubiertas inferiores y oscuras porque desde hace siete generaciones hemos perdido el control sobre los wit, y nuestros guardianes deben montar vigilancia en los pasillos fronteras para evitar su invasión. Cierto número de ellos, cuatrocientos adultos, machos y hembras, trabajan en nuestras factorías y jardines; pero el número total de sus varones, mujeres e hijos nos es desconocido, ya que nunca abandonan sus cuevas de acero. Se supone que su número es superior al nuestro, porque ellos no conocen nuestra ley de hijos limitados y es notorio que en sus cámaras y rampas se entregan a orgías desenfrenadas y prácticas abominables. Aunque de derecho reconocen nuestra superioridad, de hecho están en rebeldía. Constituyen un problema inquietante, y ahora habré de estudiar mejor sus características.
Debo testimoniar que la Nave continúa igual que siempre, con sus ocultas vibraciones, con sus ventiladores renovando el aire, sus granjas hidropónicas cultivando los aminoácidos, la clorofila y las féculas de nuestro alimento vegetal, lo mismo que la célula cancerosa llamada «La Carne» sigue reproduciendo el tejido conectivo llamado proteína de nuestro alimento graso.
Debo testimoniar que las Leyes se siguen cumpliendo y que todos nosotros —con la posible excepción de los wit— obedecemos las normas que desde hace mucho tiempo constituyen el cuerpo social de nuestra organización, sin que sepamos quiénes las dictaron y cuál es su utilidad.
Debo testimoniar, en fin, que seguimos en la Nave. Ignoro desde cuándo y hasta cuándo, si bien es cierto que existen algunas tradiciones cuya verdad absoluta nunca hemos comprobado. No quiero anotar teorías confusas, en esta hora de responsabilidad, y por lo tanto inscribo, sencillamente, que la generación XXIII vive en este cuerpo autárquico llamado Nave.

La Nave (1959)
Tomás Salvador

martes, 3 de diciembre de 2019

Al paso

Octavio Paz. Foto: Ricardo Salazar.

Brindis en Estocolmo

Algo sabemos, sin embargo: la vida en nuestro planeta corre graves riesgos. Nuestro irreflexivo culto al progreso y los avances mismos por nuestra lucha por dominar a la naturaleza se han convertido en una carrera suicida. En el momento en que comenzamos a descifrar los secretos de las galaxias y de las partículas atómicas, los enigmas de la biología molecular y los del origen de la vida, hemos herido en su centro a la naturaleza. Por esto, cualesquiera que sean las formas de organización política y social que adopten las naciones, la cuestión más inmediata y apremiante es la supervivencia del medio natural. Defender a la naturaleza es defender a los hombres.
Al finalizar el siglo hemos descubierto que somos parte de un inmenso sistema —o conjunto de sistemas— que va de las plantas y los animales a las células, las moléculas, los átomos y las estrellas. Somos un eslabón de «la cadena del ser», como llamaban los antiguos filósofos al universo. Uno de los gestos más antiguos del hombre —un gesto que, desde el comienzo, repetimos diariamente— es alzar la cabeza y contemplar, con asombro, el cielo estrellado. Casi siempre esa contemplación termina con un sentimiento de fraternidad con el universo. Hace años, una noche en el campo, mientras contemplaba un cielo puro y rico de estrellas, oí entre las hierbas obscuras el son metálico de los élitros de un grillo. Había una extraña correspondencia entre la palpitación nocturna del firmamento y la musiquilla del insecto. Escribí estas líneas:

Es grande el cielo
y arriba siembran mundos.
Imperturbable,
prosigue en tanta noche
el grillo berbiquí.

Estrellas, colinas, nubes. árboles, pájaros, grillos, hombres: cada uno en su mundo, cada uno un mundo —y no obstante todos esos mundos se corresponden. Sólo si renace entre nosotros el sentimiento de hermandad con la naturaleza, podremos defender a la vida. No es imposible: fraternidad es una palabra que pertenece por igual a la tradición liberal y a la socialista, a la científica y a la religiosa.
Alzo mi copa —otro antiguo gesto de fraternidad— y brindo por la salud, la ventura y la prosperidad de Sus Majestades y del noble y pacífico pueblo sueco.
(1990
Al paso
Octavio Paz

sábado, 30 de noviembre de 2019

Exposición personal

Giovanni Papini. Exposición personal.

Los gajes del buzo

Alta ornitología

El que quiera despertar, por la mañana, con el espíritu volador del águila, métase en la cama, al anochecer, a la hora en que lo hacen las gallinas.
El que ambiciona hacer de urraca parlanchina en sociedad, que no espere cantar como el ruiseñor cuando vuelva a la soledad.
El que quiera renacer como el fénix, que no se alimente como el cuervo, es decir, de cadáveres.

Nueva librería

Me desagradan los verdaderos libros, los libros impresos. Son demasiados; me rodean cual acreedores desengañados, como jueces sin piedad, cual compañeros opresivos. Quiero venderlos todos y hacerme una biblioteca nueva, que no me moleste.
Estará integrada:
1.º Por todas las obras antiguas que se han perdido para siempre y de las que no nos quedan más que los títulos y las añoranzas.
2.º Por todas las obras soñadas, meditadas y prometidas por los escritores modernos de todas las naciones, pero que no llegaron nunca a escribirse o que, después de escritas, fueron destruidas. Entre ellas muchísimas mías.
Con semejante librería, que no ocupa casi para nada las paredes y los pensamientos, me parecería estar mejor; más solo, quizá, pero más libre y más rico.

Traducción de Alfonso Banda Moras

Exposición personal (1941)
Giovanni Papini

martes, 26 de noviembre de 2019

Sin trama y sin final

Antón P. Chéjov. Sin trama y sin final.

Escribir para los entendidos

Entre otras cosas, estoy escribiendo un relato largo que saldrá probablemente en El Mensajero del Norte. Es una novela corta en la que me ocupo de la estepa, de su gente, de sus aves, de sus noches, de sus tormentas, etc. Escribo a buen ritmo, pero, al no estar acostumbrado a las narraciones largas, temo equivocar el tono, cansarme, no decir todo lo que debo y no ser lo suficientemente serio. Hay muchos aspectos que ni la crítica ni el público entenderán; otros les parecerán fútiles, indignos de atención, pero me alegra pensar que esos mismos puntos serán comprendidos y apreciados por dos o tres entendidos de la literatura; con eso me basta. En conjunto mi pequeña novela no me satisface. Se me antoja farragosa, aburrida y demasiado especializada. A los lectores modernos un tema como la estepa, con su paisaje y su gente, les parecerá demasiado específico y poco significativo. 

(A Yákov Polonski, Moscú, 18 de enero de 1888).

Qué no escribir

Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.

Sin trama y sin final

Me congratulo de tu debut en Tiempo Nuevo. Pero ¿por qué no has elegido un tema serio? La forma es óptima, pero los personajes son acartonados; además, el tema es insulso. En quinto curso de instituto se puede pretender algo más... Toma algo de la vida real y cotidiana, sin trama y sin final.

(A Aleksandr Chéjov, Babkino, 16 de junio de 1887).

Limar, pero no demasiado

No pulir, no limar demasiado; hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento.

(A Aleksandr Chéjov, Moscú, 11 de abril de 1889).

No lo que he visto, sino cómo lo he visto

Lo he visto todo; no obstante, ahora no se trata de lo que he visto, sino de cómo lo he visto.

(A Alekséi Suvorin, Vapor Baikal, Estrecho de Tartaria, 11 de septiembre de 1890).

Tachar sin piedad

Mi alma está llena de pereza y de un sentimiento de libertad. Es la sangre que bulle al acercarse la primavera. Y sin embargo, estoy trabajando. Preparo el material para mi tercer libro y tacho sin piedad. Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad; nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.

(A Alekséi Suvorin, 6 de febrero de 1889).

Policía literaria

No existe una policía que pueda considerarse competente en cuestiones literarias. Sí, estoy de acuerdo, es imposible no recurrir al freno y al bastón, ya que los bribones se entrometen también en la literatura; pero, por mucho que se haga, será imposible encontrar para la literatura una policía más eficaz que la crítica y la conciencia personal del autor.

(A María Kiselova, Moscú, 14 de enero de 1887).

Traducción de Víctor Gallego Ballestero

Sin trama y sin final
Antón P. Chéjov (1860-1904)

domingo, 24 de noviembre de 2019

Prosas apátridas

Julio Ramón Ribeyro. Prosas apátridas. 

180

No creo que para escribir sea necesario ir a buscar aventuras. La vida, nuestra vida, es la única, la más grande aventura. El empapelado de un muro que vimos en nuestra infancia, un árbol al atardecer, el vuelo de un pájaro, aquel rostro que nos sorprendió en el tranvía, pueden ser más importantes para nosotros que los grandes hechos del mundo. Quizás cuando hayamos olvidado una revolución, una epidemia o nuestros peores avatares, quede en nosotros el recuerdo del muro, del árbol. del pájaro o del rostro. Y si quedan, es porque algo los hacía memorables, algo había en ellos de imperecedero, y el arte sólo se alimenta de aquello que sigue vibrando en nuestra memoria.

198

Aún no has terminado de celebrar la primavera y ya ha llegado el invierno. Quedarás tú, como tus libros, lleno de erratas, nadie te comprenderá. ¡Ah, como no fueras uno de esos pueblos solares, ígneos, cercados por la arena, inmóviles, eternos bajo la canícula!

200

La única manera de continuar en vida es manteniendo templada la cuerda de nuestro espíritu, tenso el arco, apuntando hacia el futuro.

Prosas apátridas (1975)
Julio Ramón Ribeyro

viernes, 22 de noviembre de 2019

Animales y minerales

Ana María Shua. Casa de geishas.

Los fósforos

Los fósforos en nada se parecen a las hormigas. Tienen hábitos reverberantes y nocturnos, apenas gregarios, y se resisten a constituir una sociedad colectiva en la que la vida de cada miembro importa poco. Cada vez que se enciende uno, es una personalidad individual la que se apaga. Sólo te admitirán entre ellos si estás dispuesto a que tu cabeza estalle en un instante absoluto, orgásmico, final, cuyo presumible éxtasis es imposible de asegurar de antemano.

Los granos de arena

Los granos de arena no tienen rey. Actúan por impulso, desorganizadamente, movilizados por caudillos menores, por lo general de mica o madreperla. El viento, las pisadas, las mareas, provocan disturbios en sus comunicaciones. Basta una ráfaga para separar indefinidamente a dos interlocutores. Sus científicos investigan un sistema de reproducción que haga innecesario el contacto prolongado entre sus sexos. Ojalá no lo encuentren.

Casa de geishas (1992)
Ana María Shua

miércoles, 20 de noviembre de 2019

La gota

José Emilio Pacheco. El silencio de la luna.

La gota es un modelo de concisión:
todo el universo
encerrado en un punto de agua.

La gota representa el diluvio y la sed.
Es el vasto Amazonas y el gran Océano.

La gota estuvo allí en el principio del mundo.
Es el espejo, el abismo,
la casa de la vida y la fluidez de la muerte.

Para abreviar, la gota está poblada de seres
que se combaten, se exterminan, se acoplan.
No pueden salir de ella,
gritan en vano.

Preguntan como todos:
¿de qué se trata,
hasta cuándo,
que mal hicimos
para estar prisioneros de nuestra gota?

Y nadie escucha.
Sombra y silencio en torno de la gota,
brizna de luz entre la noche cósmica
en donde no hay repuesta.

El silencio de la luna
José Emilio Pacheco

martes, 19 de noviembre de 2019

Paraíso

Enrique Anderson Imbert. El gato de Cheshire.


En un convento a orillas del río Gihón vivían tres monjes que eran grandes amigos de Dios: Teófilo, Sergio e Higinio. Un día se estaban bañando y vieron flotar en la corriente una rama de árbol, espléndidamente florida. Decidieron remontar aguas arriba hasta llegar al lugar sagrado de donde la rama debía proceder. Llegaron así al Paraíso y un ángel abrió la puerta. Se sintieron tan arrobados ante lo que veían que pidieron que les dejaran visitar esa maravilla, siquiera durante una semana.
—¡Cómo! ¿Qué queréis quedaros siete días? ¡Si ya lleváis aquí setecientos años! Cuando regreséis a la tierra todo habrá cambiado: nuevas ciudades, nuevas leyes, nuevos príncipes, nuevo lenguaje. Si queréis daros a conocer todo lo que tendréis que hacer es explicar a quienes os lo pregunten que sois los mismos monjes sobre los que Godofredo de Viterbo está escribiendo en este mismo momento, como cosa que ocurrió hace siete siglos.

El gato de Cheshire (1965)
Enrique Anderson Imbert

miércoles, 13 de noviembre de 2019

El mar y las campanas

Pablo Neruda. El mar y las campanas.

Todos me preguntaban cuándo parto

Todos me preguntaban cuándo parto,
cuándo me voy. Así parece
que uno hubiera sellado en silencio
un contrato terrible:
irse de cualquier modo a alguna parte
aunque no quiera irme a ningún lado.

Señores, no me voy,
yo soy de Iquique.
soy de las viñas negras de Parral,
del agua de Temuco,
de la tierra delgada,
soy y estoy.

Esperemos

Hay otros días que no han llegado aún,
que están haciéndose
como el pan o las sillas o el producto
de las farmacias o de los talleres:
hay fábricas de días que vendrán:
existen artesanos del alma
que levantan y pesan y preparan
ciertos días amargos o preciosos
que de repente llegan a la puerta
para premiarnos con una naranja
o para asesinarnos de inmediato.

El mar y las campanas (1973)
Pablo Neruda

martes, 12 de noviembre de 2019

Escribir

Marguerite Duras fotografiada por Boris Lipnitzki.

Escribir: es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado.

Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará. 

Un libro abierto también es la noche.

En la casa escribía en el primer piso. No escribía abajo. Después, al contrario, escribí en la gran habitación central de la planta baja para estar menos sola, quizá, ya no lo sé, y también para ver el jardín.

Traducción de Ana María Moix

Escribir (1993)
Marguerite Duras

domingo, 10 de noviembre de 2019

Pero qué

Idea Vilariño. Pobre Mundo.

Uno se envuelve
uno se rodea
- arbolitos que crecen a ojos vistas
una lámpara
nombres
circunstancias
obligaciones
libros
los amigos -
pero qué cuando solos
pero qué cuando abriendo los ojos
en lo oscuro
nos sentimos rodando con la tierra
despojados de todo
hasta del nombre
sin destino
sin nadie
hacia la nada.

Pobre Mundo (1966)
Idea Vilariño

sábado, 9 de noviembre de 2019

Rubaiyat

Omar Kheyyam retratado por Hossein Behzad.

132

Frecuenté mucho el trato de sabios y de doctos
en mi edad juvenil. Grandemente admiraba
doctrinas, teorías... Pero al dejar sus aulas
estaba más confuso que al penetrar en ellas.

136

Descubrir quise en vano el Cielo y el Infierno
más allá de la Tierra y aun del infinito.
Pero una voz me dijo: «¡Necio! Cielo e Infierno,
hasta el fin de los siglos, viven sólo en ti mismo».

150

Aprendí y olvidé. Llevaba en mi cerebro
en orden mis ideas, cada una en su sitio.
Viví inquieto hasta el día que vi lo imposible
de afirmar o negar la más pequeña cosa.

Traducción del árabe de José Gibert
Puestos en verso castellano por Diego Navarro

Rubaiyat
Omar Kheyyam

viernes, 8 de noviembre de 2019

Máximas

Retrato de François de La Rochefoucauld. (Wikimedia Commons).

Máximas póstumas

511.—Todo lo tememos como mortales que somos, y todo lo deseamos cual si fuésemos inmortales.

515.—La esperanza y el temor son inseparables: no hay temor sin esperanza, ni esperanza sin temor.

538.—Poco hace falta para hacer al sabio feliz; nada puede contentar al necio: he aquí por qué la mayor parte de los hombres son desdichados.

539.—Nos atormentamos menos para tratar de ser dichosos que por hacer creer que lo somos.

544.—Un verdadero amigo es el mayor de todos los bienes y en el que no obstante menos pensamos en adquirir.

551.—La felicidad y la desgracia van de ordinario a los que más tienen tanto de una como de otra.

Traducción de Juan B. Bergua

Máximas
François de La Rochefoucauld (1613-1680)

jueves, 7 de noviembre de 2019

Viajeros

Pablo Montoya. Viajeros.

Noé

Cansado, vuelvo a recorrer el arca. Los míos se han desmoronado en una descreencia donde no hay fondo alguno. Ya no preguntan por el fin de esta líquida travesía. El silencio instalado entre nosotros ni siquiera lo rompen los animales. Sólo me resta evocar las tierras, y los rebaños que cuidaba, y no estas especies diezmadas por el hambre y el encierro. Movido por la orden, y no por la esperanza, miro la última paloma. Dudo que pueda volar un palmo más allá de mis brazos. La tomo y la suelto para verla caer en la bruma tramada por el agua. Por qué, me pregunto, esta necedad de ir sin conocer el rumbo, y mejor desaparecer, y olvidar el mandato de la supervivencia.

Ovidio

En el exilio la nostalgia nos ilumina y nos consume. En el exilio un diálogo persistente con nuestra sombra quieta. En el exilio el primer y el último crepúsculo reflejan el aparente paso de los días. En el exilio el eco de los hallazgos se difumina y su opacidad es inmensa. En el exilio la tierra acosa en su ineluctable distancia. En el exilio tu fuga, amor, es definitiva.

Viajeros (1999)
Pablo Montoya 

El escritor y su sombra

Gaëtan Picon. Introducción a una estética de la literatura.

Buscar referencias acerca de un momento, acerca de una obra, acerca de un texto, para la inteligencia de un texto, siempre fuera del texto mismo (son los mismos que aparentan haber inventado el recurrir al texto, el ir al texto), (las célebres fuentes, como ustedes saben), buscar noticias acerca de un texto, en todas partes, siempre con esta sola condición, que no sea en el texto mismo...

Numerosos artistas, al consagrar al arte todas sus fuerzas, están hoy en la situación de los hombres del "divertimiento" ante ese "único necesario", de que hablaba Pascal. Al crear nadie escapa por completo al remordimiento de sustituir la actividad social por una actividad secundaria. Tampoco escapa el que prefiere el amor de las cosa creadas por otros y la reflexión sobre ellas a la preocupación por la condición histórica de los hombres. ¿Quién puede hoy elegir sin remordimiento una vida de amante del arte, de espectador del arte? ¿Quién no respira, en la soledad de cerca de los museos y las bibliotecas, el perfume sospechoso de las evasiones? ¡Qué lejanos están los tiempos en que se podía vivir y morir entre las piedras de Venecia, pensando que se había elegido la más alta parte del hombre; los tiempos en que se podía ir del Prado al Ermitage, de Toledo a Aigues-Mortes, sin tener el sentimiento de rehuir la más urgente responsabilidad.

Traducción de Edgar Bayley

Introducción a una estética de la literatura. El escritor y su sombra (1953)
Gaëtan Picon

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Tántalo

Tántalo. Ilustración de Tableaux du temple des muses. (Wikimedia Commons).

Tántalo

Durante mucho tiempo sufrió Tántalo sus crueles tormentos. Tenía sed y no conseguía beber: en cuanto bajaba la cabeza la tierra absorbía las aguas del lago. Tenía hambre y no conseguía comer: en cuanto estiraba los brazos un viento se llevaba los frutos de los árboles. Al fin tántalo comprendió la inutilidad de todo esfuerzo. Ni bajó la cabeza ni estiró los brazos. Entonces, ya sin las intervenciones de Tántalo, el lago se desbordó e inundó la ciudad y los árboles se enviciaron y quedaron estériles.
Ahora los hombres decían, con rencor:
—Tántalo no debería resignarse a su sed y a su hambre. ¿Por qué no hace algo? Que baje la cabeza y beba, que estire los brazos y coma.

El gato de Cheshire (1965)
Enrique Anderson Imbert

jueves, 31 de octubre de 2019

Canción de invierno y de verano

Ángel González. Tratado de urbanismo.

Cuando es invierno en el mar del Norte
es verano en Valparaíso.
Los barcos hacen sonar sus sirenas al entrar en el puerto de
            Bremen con jirones de niebla y de hielo en sus cabos,
mientras los balandros soleados arrastran por la superficie del
             Pacífico Sur bellas bañistas.
Eso sucede en el mismo tiempo,
pero jamás en el mismo día.
Porque cuando es de día en el mar del Norte
—brumas y sombras absorbiendo restos
de sucia luz
es de noche en Valparaíso
—rutilantes estrellas lanzando agudos dardos
a las olas dormidas.

Cómo dudar que nos quisimos,
que me seguía tu pensamiento
y mi voz te buscaba —detrás,
muy cerca, iba mi boca.
Nos quisimos, es cierto, y yo sé cuánto:
primaveras, veranos, soles, lunas.

Pero jamás en el mismo día.

Tratado de urbanismo (1967)
Ángel González

viernes, 25 de octubre de 2019

Voces

Retrato de Antonio Porchia. 

Cuando no ando en las nubes, ando como perdido.

Estar en compañía no es estar con alguien, sino estar en alguien.

Mueren cien años en un instante, lo mismo que un instante en un instante.

Cuando uno comprende que es hijo de sus creencias, pierde sus creencias.

Cuando comienzan a vernos como esto, como aquello, comienzan a no vernos.

Y si no pudiera alejarme de mí, no podría acercarme a nadie, a nada. Ni a mí.

Voces
Antonio Porchia (1885-1968)

martes, 22 de octubre de 2019

Escolios a un texto implícito

Nicolás Gómez Dávila. Escolios a un texto implícito.

35
El vulgo admira más lo confuso que lo complejo.

37
Negarse a admirar es la marca de la bestia.

61
La momentánea belleza del instante es lo único que concuerda en el universo con el afán de nuestras almas.

67
La vulgaridad consiste en pretender ser lo que no somos.

68
La idea inteligente produce placer sensual.

81
Sólo vive su vida el que la observa, la piensa, y la dice; a los demás su vida los vive.

101
Basta que unas alas nos rocen para que miedos ancestrales resuciten.

110
La literatura toda es contemporánea para el lector que sabe leer.

116
Ser joven es temer que nos crean estúpidos; madurar es temer serlo.

132
¿Quién no teme que el más trivial de sus momentos presentes parezca un paraíso perdido a sus años venideros?

Escolios a un texto implícito I
Nicolás Gómez Dávila

viernes, 18 de octubre de 2019

Vagabundo

Ilustración de Balthus.

NO puedo
poner casa
en ningún
lugar
de la tierra

A cada
nuevo
clima
que encuentro
advierto
desfallecido
que
antaño
ya me había
acostumbrado a él

Y siempre me alejo
extranjero

Naciendo
de regreso de épocas demasiado
vividas

Gozar un solo
minuto de vida
inicial

Busco un pueblo
inocente
Campo de Mailly, mayo de 1918

Versión de Giovanni Cantieri

Vida de un hombre
Giuseppe Ungaretti

miércoles, 16 de octubre de 2019

El oficio de poeta

Cesare Pavese. El oficio de poeta.

Es ilusorio buscar en el apoyo directo de los hechos en la escuela de la dura experiencia, en la aventura vivida, aquella seriedad y aquella precisión de fantasía que nacen solamente —cuando nacen— de la lenta costumbre y maduración de la vida interior. Que sea deber de cada uno enriquecer en toda forma —no definitiva, sino aceptando y respetando los propios límites— esta vida interior, es cosa obvia. Que cada uno de nosotros —también el escritor— esté radicado en una situación dada, en una clase, en un conflicto histórico inevitable, es verdad, pero es cierto también que, cuando se toma la pluma para narrar verdaderamente, todo ha sucedido ya, se cierran los ojos y se escucha una voz que está fuera del tiempo.

Traducción de Rodolfo Alonso y Hugo Gola

El oficio de poeta
Cesare Pavese

martes, 15 de octubre de 2019

Poesías

Catulo. Poesías.

85

Odio y amo. Quizá me preguntes por qué.
No lo sé, pero así lo siento. Y sufro.

Edición bilingüe de José Carlos Fernández Corte
Traducción de Juan Antonio González Iglesias

Poesías
Catulo

Razones para el lector

Enrique Badosa. Razones para el lector.

El auténtico escritor no le teme al tiempo. No teme que sus ideas queden desvalorizadas en pocos meses, que su decir quede rápidamente exhausto de significado. El arte es largo y la vida breve. Pero el escritor auténtico no tiene prisa. No se puede apresurar la sensibilidad, ni la imaginación, ni la inventiva, ni la disposición útil para escribir... Todo requiere su momento. Todo requiere ese tiempo útil de que nos habla con palabra de gravedad, el Eclesiastés. Por eso es penoso ver que algunos escritores se lanzan a escribir contra reloj. Porque uno teme que el tiempo de escribir que le está concedido, quede malbaratado. El tiempo no se vence ni se trasciende con la prisa, sino con la atención y la paciencia; con el total sufrir y con el vivir en intensidad y en extensión el tiempo de escribir.

Razones para el lector (1964)
Enrique Badosa

lunes, 14 de octubre de 2019

Botánica del Caos

Kant. Litografía de Heinrich Wolff (1924).

Puntualidad de los filósofos I

El profesor Kant es tan regular en sus costumbres que cada día esperamos su paso para poner en hora nuestros relojes. Cruza la calle siempre por esta esquina a las cuatro en punto de la tarde. El resto del universo, en cambio, es irregular, confuso, impredecible. A las cuatro en punto de la tarde a veces brilla un sol violento y a veces es de noche. Hay días en recién acabamos de cenar y otros en que las cuatro de la tarde llegan inmediatamente después del desayuno. Los peores son esos días de infierno en que las cuatro en punto vuelven una y otra vez, casi a cada momento. Imagínese usted en qué horrible caos viviríamos si no nos informara el profesor Kant, con su paso regular y confiable, cuando están empezando a ser otra vez esas veleidosas cuatro de la tarde.

Botánica del Caos (2000)
Ana María Shua

miércoles, 9 de octubre de 2019

Un marino holandés

Christopher Blossom. Navegando en el Ártico.

Mañana nos pondremos en camino hacia una meta inexplorada: hallar la ruta de Catay en medio de océanos de hielo. Entonces veré las casas de Ámsterdam alejarse. Y en las olas, rostros, diálogos, olores de otra edad se irán uniendo al vuelo de las gaviotas. Es posible que no haya reencuentro, y la noche de ahora, noche del amor que hacemos una y otra vez sin hastiarnos, sea la última. Pero piensa que tus ojos de almendra, el eco de tu cuerpo blanco regarán mi memoria en los fríos parajes. Si no vuelvo, y algún día el hijo guardado en tu carne me pregunta, dile que aún busco un paso que me traiga, que siempre estaré intentando regresar.

Viajeros (1999)
Pablo Montoya

lunes, 7 de octubre de 2019

El cuco

Philip Henry Gosse. El cuco. (Wikimedia Coomons).

Aquel año oyó el cuco a principios de abril.
Tal vez, porque estaba inquieto,
tal vez, por esa manía de ordenar el caos,
quiso adivinar en qué notas cantaba.

La tarde siguiente, allí estaba en el bosque,
con un diapasón, esperando.
Al rato, lo escuchó.
El diapasón no mentía:
Si-Sol eran las notas del cuco.

El descubrimiento se supo en todas partes
todos querían probar si de verdad el cuco
cantaba en esas notas.
Pero, los resultados no coincidían.
Cada uno decía su verdad.
Algunos que eran Fa-Re, otros Mi-Do.
No se ponían de acuerdo.

Mientras tanto, el cuco seguía cantando en el bosque.
Ni Si-Sol, ni Fa-Re, ni Mi-Do.
Como hace mil años
cantaba: Cucú, cucú.

Traducción de Kirmen Uribe, Gerardo Markuleta y Ana Arregi

Mientras tanto dame la mano
Kirmen Uribe

domingo, 6 de octubre de 2019

El bosque transparente

Ángel Crespo. El bosque transparente.

Fin del mundo

Salvo sin prisa un
cristal de roca, una
medalla; salvo un verso
y una pluma en el aire;
algo de olor a pan, una ventana
sobre la nada abierta.

¿Qué río?

¿Qué río corre por debajo
de las palabras?
¿Qué árboles muertos y qué enjambres
arrastra su agua?

¿De qué fuentes vienen, o valles,
sus avenidas?
¿Hay un mar, un lago, un vacío,
que las reciba?

¿Qué río corre por encima
de las palabras?
¿Qué piedras muertas o diamantes
oculta su agua?

El bosque transparente (1971-1981)
Ángel Crespo

lunes, 30 de septiembre de 2019

El corazón secreto del reloj

Elías Canetti. El corazón secreto del reloj. 

1975

No dejes que las cartas de otros tiempos te den una imagen falsa de ellos. 

Uno sólo puede vivir no haciendo con mucha frecuencia lo que se propone.

El arte consiste en elegir acertadamente lo que no se hará.

¿Habrá alguna idea que merezca no ser pensada de nuevo?

1976

Dios fue interrumpido por el hombre.

Recibió un puntapié hacia la luz ¿Será feliz?

1980

Tras una vida llena de miedo logró ser asesinado.

Sin el desorden de la lectura no hay un solo escritor.

Ya no me irrita el final feliz del cuento: lo necesito.

Traducción de Juan José del Solar

El corazón secreto del reloj. Apuntes, 1973-1985
Elías Canetti

sábado, 28 de septiembre de 2019

Actos sacramentales

Kenneth Rexroth. Actos sacramentales.

Plinio - XXXVI - Lampridius - XXIX

Cuando recuerdo esa carta de Plinio
Sobre la vida cotidiana de un hombre de letras
En la época de Trajano -masseuses de
Diversos colores antes del desayuno, todas
Ellas versadas en los poetas griegos,
Discursos filosóficos en el baño, sones de
Flauta y matemáticas con la comida,
Pavos asados para cenar y luego ménades
Diversas o bien astronomía, según el
Talante y el tiempo-, soy presa del asombro.
Aquí estoy yo, pobre, orgulloso y
Hogareño, manejando mi máquina de escribir,
Y por la ventana de mi biblioteca
Veo regresar del instituto, lujuriantes en
Extremo y sacudidas por risitas
Esotéricas, a las distantes hijas de mis vecinos.

Traducción de Carlos Manzano

Actos sacramentales
Kenneth Rexroth

jueves, 26 de septiembre de 2019

Vértigo

Hubert de Lartigue. Vértigo.

Varada velocísima en
tu borde,
veraz de veras,
en vilo, en vela
virando hacia,
en ti guarecida,
guarnecida quiero seguir
imaginando cómo se amanece,
capaz de maullar
por las azoteas del frío
o del ardor final,
feliz naciendo
de la diaria muerte.

Oidor andante (1972)
Ida Vitale

miércoles, 25 de septiembre de 2019

El arte de la memoria

Grabado de Charles-Nicolas Cochin de un dibujo de Jean-Baptiste Oudry. 
Simónides salvado por los dioses.

Capítulo 1

En un banquete que daba un noble de Tesalia llamado Scopas, el poeta Simónides de Ceos cantó un poema lírico en honor de su huésped, en el que incluía un pasaje en elogio de Cástor y Pólux. Scopas dijo mezquinamente al poeta que él sólo le pagaría la mitad de la cantidad acordada y que debería obtener el resto de los dioses gemelos a quienes había dedicado la mitad del poema. Poco después se le entregó a Simónides el mensaje de que dos jóvenes le estaban esperando fuera y querían verle. Se levantó del banquete y salió al exterior, pero no logró hallar a nadie. Durante su ausencia se desplomó el tejado de la sala de banquetes aplastando y dejando, bajo las ruinas, muertos a Scopas y a todos los invitados; tan destrozados quedaron los cadáveres que los parientes que llegaron a recogerlos para su enterramiento fueron incapaces de identificarlos. Pero Simónides recordaba los lugares en los que habían estado sentados a la mesa y fue, por ello, capaz de indicar a los parientes cuáles eran sus muertos. Los invisibles visitantes, Cástor y Pólux, le habían pagado hermosamente su parte en el panegírico sacando a Simónides fuera del banquete momentos antes del derrumbamiento. Y esta experiencia sugirió al poeta los principios del arte de la memoria del que se le consideró inventor. Reparando en que fue mediante su recuerdo de los lugares en los que habían estado sentados los invitados como fue capaz de identificar los cuerpos, cayó en la cuenta de que una disposición ordenada es esencial para una buena memoria.

Traducción de Ignacio Gómez de Liaño

El arte de la memoria (1966)
Frances A. Yates

lunes, 23 de septiembre de 2019

Apócrifos del libro

Emilio Pascual. Apócrifos del Libro.

El monstruo en su laberinto 

La construcción de la torre empezó a desviarse tras una sucesión de malentendidos. La idea era rozar el cielo con las yemas de los más elevados chapiteles. Viejas leyendas atribuían a aquella llanura al borde del río el emplazamiento de un antiguo paraíso, nebuloso como cualquier edad de oro. La reunión estuvo teñida de melancolía, de victimismo, de soberbia. La melancolía alimentaba por contraste fanáticos fervores: el entusiasmo ciego de quien se siente habitado por los dioses; el victimismo encendía el deseo de desquite; la soberbia iluminaba un fin sin límites. Advertí un ánimo abonado para emprender proyectos temerarios, y propuse la edificación de la torre. Construiríamos la puerta del cielo que en algún momento de una mitología incierta se nos había cerrado; sería como forzar la verja del paraíso perdido, desarmar el querubín y arrebatarle el fuego de la espada. Me nombraron por unanimidad el arquitecto. 
Con ese ardor insano que solo saben provocar la religión o el patriotismo, todos se declararon albañiles. Fui moldeando su sentir como ellos los ladrillos. Hasta hacerles creer que mi voluntad era la suya. Algo tan elemental como la piedra fue sometida a juicio y derrotada. ¿Por qué edificar con piedra, una cosa tradicional y de cantera, cuando podíamos modelar nuestros propios materiales a nuestra imagen y semejanza? Les enseñé el arte del adobe y del ladrillo y su cocción al fuego, sin que alcanzaran a deslindar la tenue línea que separa la libertad del cautiverio: pisar barro y paja para construir la casa ajena es esclavitud; pisar la misma paja, el mismo barro para edificar tu torre, es independencia.

Apócrifos del Libro (2004)
Emilio Pascual 

domingo, 22 de septiembre de 2019

Epigramas

Retrato de Ausonio. Ilustración: Bibliothèque nationale de France.

2

Exhortación a la modestia

Se dice que el rey Agatocles comía en escudillas de barro y que a menudo llenaba el aparador con arcilla de Samos, mientras ponía toscas bandejas bajo sus copas adornadas de joyas, y mezclaba, todo junto, las riquezas y la pobreza. Al preguntarle la razón, contestó: «A mí, que soy rey de Sicilia, me engendró un alfarero». Lleva con moderación tu suerte si te vuelves rico de repente, y habías salido de un humilde lugar.

14

Sobre uno que encontró un tesoro cuando quería colgarse de una soga

Un hombre, en el momento de colgarse de una soga, encontró oro y en el lugar del tesoro dejó la soga: pero quien lo había escondido, al no encontrar el oro, se ató al cuello la soga que sí encontró.

15

Traducido del griego

El comienzo es la mitad del todo

Empieza: la mitad de la obra es haber comenzado.
Queda la otra mitad: empiézala también y habrás acabado.

63

A una estatua de mármol de Níobe

Yo existía: me hicieron una roca y después, pulida por las manos de Praxíteles, vuelvo a gozar de la vida, yo Níobe. La mano del artífice me devolvió todo, pero sigo sin juicio; tampoco lo tuve cuando me atreví a injuriar a los dioses. 

Traducción y notas de Antonio Alvar Ezquerra

Obras II
Décimo Magno Ausonio

jueves, 19 de septiembre de 2019

Máximas

Chamfort. Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas.

Lo que he aprendido, no lo sé. Lo poco que sé aún, lo he adivinado.

Me he limitado a buscar todos mis placeres en mi interior, es decir en el exclusivo ejercicio de mi inteligencia. La naturaleza ha puesto en el cerebro humano una pequeña glándula llamada cerebelo, la cual desempeña el papel de un espejo; ahí se representan, mal que bien en grande o en pequeño, en líneas generales o en detalle, todos los objetos del universo, incluidos los productos de su propio pensamiento. Es una linterna mágica que pertenece al hombre y ante la cual se suceden escenas donde es alternativamente actor y espectador.

La vida contemplativa es con frecuencia miserable. Es preciso actuar más, pensar menos y no mirarse vivir.

Existen siglos en los que la opinión pública es la peor de las opiniones.

Traducción de Antonio Martínez Sarrión

Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas
Nicolas Chamfort (1741-1794)

lunes, 16 de septiembre de 2019

Una cosa

Clarice Lispector retratada por Hugo Enio Braz.

1967
9 de diciembre

Vi una cosa. Una cosa en realidad. Eran las diez de la noche en la Plaza Tiradentes y el taxi corría. Entonces vi una calle que nunca más voy a olvidar. No voy a describirla: es mía. Sólo puedo decir que estaba vacía y eran las diez de la noche. Nada más. Pero fui fecundada.

Traducción de Claudia Solans

Descubrimientos
Clarice Lispector

domingo, 15 de septiembre de 2019

Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas

Hugo Enio Braz. Kafka.

Son muchos los que esperan. Una inmensa muchedumbre que se pierde en la oscuridad. ¿Qué quieren? Parece que vienen con determinadas exigencias. Me enteraré de lo que piden y responderé después. Pero al balcón no voy a salir; tampoco podría, aunque quisiera. En invierno cierran la puerta del balcón y no tengo a mano la llave. Pero tampoco me acercaré a la ventana. No quiero ver a nadie, no quiero ver nada que me perturbe; mi sitio está junto al escritorio, la cabeza entre las manos: ésa es mi posición.

He hablado hoy con el capitán en su camarote. Me he quejado de los otros pasajeros. Le dije que aquello no podía recibir el nombre de barco de pasajeros, que por lo menos la mitad de los que iban en él eran gentuza de la peor especie. Que mi mujer apenas se atrevía a salir de la cabina, pero que incluso con la puerta cerrada no se sentía segura y yo tenía que quedarme con ella.

Dos hombres estaban sentados ante una mesa toscamente labrada. Sobre ellos pendía una lámpara de petróleo, de vacilante llama. Era muy lejos de mi tierra natal.

Introducción, traducción y notas de Carmen Gauger

Carta al padre y otros escritos
Franz Kafka

viernes, 13 de septiembre de 2019

Oidor andante

Remedios Varo. La batalla.


La batalla

¿Quién, resonante,
baja por la noche,
sino palabra apolo
con sus flechas furiosas
que hierven al oído
como abejas?
Maligna, triste, silenciosa peste
sobre aquel que rehuye la batalla,
si dentro sintió el fuego.
Para el que acepta,
diaria, contrincante muerte.

La palabra

Expectantes palabras,
fabulosas en sí,
promesas de sentidos posibles,
airosas,
          aéreas,
                   airadas,
                             ariadnas.
Un breve error
las vuelve ornamentales.
Su indescriptible exactitud
nos borra.

Oidor andante (1972)
Ida Vitale