jueves, 23 de mayo de 2019

La respuesta del erizo

Hans Hoffmann. Erizo.

No puede plantar cara al enemigo,
mostrándole los cuernos:
no los tiene.
Ni tampoco morderle:
son sus dientes
pacíficos, hervíboros.
Carece de aguijones, de sustancias
que inocular: su cuerpo
no produce venenos.
Ni puede refugiarse en la manada:
vive con su familia nada más, cuida de ella.
Ni siquiera la huida le es posible:
mal corredor, lentísimo, torpón,
lo atrapan de inmediato.
Así que si se siente
atacado, el erizo
se aovilla
y despliega sus púas.
Es su única defensa.

Pues aún hay quien le acusa
de agresivo.

Corazón independiente (1998)
Jesús Munárriz

miércoles, 22 de mayo de 2019

¿Por qué?

Eduardo Morales. Carretas, 1912.

¿Por qué ésta no es Suecia? ¿Por qué ésta no es Austria?
¿Por qué trabajar el campo en vez de leer a Hopkins?
¿Por qué si tengo que ensuciarme las manos
No es recogiendo mis pelotas de golf?
¿Por qué me usan el tiempo que yo necesito emplear
En decir que no tengo nada que hacer en el tiempo que me usan?

Y le respondemos: ¿por qué ésta no es Grecia?
¿Por qué ésta no es Babilonia la de las tablillas inmortales,
Donde hay un mapa y una epopeya y la forma del sueño?
¿Por qué ésta no es la India del tiempo en que la India era la India?
Pero déjanos pasar, que vamos a cortar la caña
Para que luego no puedan decir que todos fuimos como tú,
Y en vez de eso, se añada el nombre de esta tierra a esos suspiros.

Que veremos arder (1970)
Roberto Fernández Retamar

martes, 21 de mayo de 2019

El libro de la almohada

S. Hodo. Peregrino caminando en la nieve.

116. Es muy molesto

Es muy molesto cuando uno ha visitado el templo de Hase y se ha retirado a su recinto, ser perturbado por un rebaño de gente vulgar que llega y se sienta en fila, apretujado de tal modo que sus kimonos caen unos sobre otros en pleno desorden. Recuerdo que cierta vez me sobrevino un gran deseo de emprender una peregrinación. Habiendo subido por los escalones de leño, aturdida por el terrible ruido del río me apresuré para llegar a mi lugar, urgida por el deseo de contemplar el sagrado rostro del Buda. Desconsolada, vi a una turba de gente vulgar que se había instalado justo frente a mí y que continuamente se ponía de pie, se prosternaba y volvía a sentarse. Parecían bichos canasto cuando se amontonaban con su ropa horrible, dejando apenas una pulgada de espacio entre ellos y yo. Ganas me dieron de empujarlos a todos.
Las visitas importantes siempre tienen sirvientes para abrirles camino, pero no es tan fácil para gente común como yo. Si se llama a uno de los sacerdotes que es responsable de cuidar a los peregrinos, él dice simplemente:
—Ustedes, ahí, retrocedan un poco. 
En cuanto se ha ido las cosas siguen como antes.

Traducción de María Kodama y Jorge Luis Borges

El libro de la almohada
Sei Shonagon

miércoles, 15 de mayo de 2019

Las palabras

Eugénio de Andrade dibujado por Fernando Lanhas, 1987.

SON igual que un cristal,
las palabras.
Algunas, un puñal,
un incendio.
Otras,
llovizna apenas.

Secretas vienen, llenas de memoria.
Inseguras navegan:
barcos o besos,
las aguas estremecen.

Desamparadas, inocentes,
leves.
Tejidas son de luz
y son de noche.
E incluso pálidas
aún recuerdan los verdes paraísos.

¿Quién las escucha?, ¿quién
las recoge así,
crueles, deshechas
entre sus conchas puras?
De Corazón del día (1958)

Versión de Ángel Crespo

Antología poética (1940-1980)
Eugénio de Andrade

lunes, 13 de mayo de 2019

La vorágine

José Eustasio Rivera. La vorágine.

Tercera Parte

Nadie ha sabido cuál es la causa del misterio que nos trastorna cuando vagamos en la selva. Sin embargo, creo acertar en la explicación: cualquiera de estos árboles se amansaría, tornándose amistoso y hasta risueño, en un parque, en un camino, en una llanura, donde nadie lo sangrara ni lo persiguiera; mas aquí todos son perversos, o agresivos, o hipnotizantes. En estos silencios, bajo estas sombras, tienen su manera de combatirnos: algo nos asusta, algo nos crispa, algo nos oprime, y viene el mareo de las espesuras y queremos huir y nos extraviamos, y por esta razón miles de caucheros no volvieron a salir nunca.

La vorágine (1924)
José Eustasio Rivera

viernes, 10 de mayo de 2019

La misericordiosa Cruz Roja

Ilustración de Bernard Charoy.

Cuando empezó la guerra hacía falta mucho personal sanitario femenino. Las voluntarias eran sometidas a una prueba única. Se les preguntaba si preferían ser oficiales o enfermeras comunes. A las que preferían ser oficiales, las llevaban a una habitación donde les comunicaban que no las necesitarían, porque no necesitaban oficiales. A todas las demás las aceptaban. Entre ellas había muchas prostitutas, porque el oficio no era muy rentable en esos días. Las enfermeras resultaron malas desde el principio; durante largo tiempo, las inspectoras tuvieron que levantarse continuamente por la noche para inspeccionar que el personal de servicio no estuviera durmiendo. Cuando terminó la guerra ya no fueron necesarias y las echaron a la calle. Para eso no hizo falta prueba alguna.

Traducción de Juan J. del Solar

Relatos (1927-1949
Bertolt Brecht

miércoles, 8 de mayo de 2019

Entre zarzas

La modelo Viktoriya Aliko cabalgando. Foto: Arkadiy Kozlovskiy.

Entre zarzas, al galope.
En un claro del bosque, verde,
donde la reina mora
desgarra las cañas.
En la quietud que el ojo concede,
en la memoria, a la escena.
Entre el helado
asombro del árbol larguilíneo
y el celaje que corta un cielo rosa,
la hija de los Lichmann, sus ojos
ensimismados, furiosos,
sobre un alto caballo de crin blanca
galopa. No más de diez segundos. Entre zarzas.

Rusia es el tema. Antología.
Daniel Samoilovich

sábado, 4 de mayo de 2019

La libélula

Biho Takahashi. Libélula y lotos. 

Mi madre tras envolverme en una plateada capa de aire, se sumergió en el estanque y depositó mi huevo a más de treinta centímetros de profundidad.
Tras la eclosión me convertí en una ninfa grotesca. Mi labio inferior, por ejemplo. es muy largo, y cunado no lo utilizo, me cubre el rostro como una careta antigás.
Me complace, sin embargo, saberme monstruosa, porque sé que, con el tiempo, me convertiré en uno de los insectos más hermosos del bosque. Cuando se haya completado mi desarrollo, me arrastraré fuera del agua y posada sobre el tallo de un junco, se iniciará la metamorfosis. Los latidos de mi corazón, obedeciendo una orden dictada hace millones de años, empezarán entonces a impulsar el plasma sanguíneo hacia el ancho y corto abdomen, y hacia las alas, todavía arrugadas y en forma de saco.
Y surgirá sin fin, como un milagro, la libélula adulta. Un doble juego de alas, plenas de fuerza, me permitirá ascender hacia el sol, y mis ojos, policromados como una vidriera gótica, se extenderán por encima de mi cabeza, ferozmente proyectados hacia cualquier forma de vida que se agite a mi lado.
Sí, sí, amigo mío; me complace saberme una ninfa monstruosa porque los que ahora se burlan de mí, se morderán luego los labios. En mi precaria realidad del momento, vivo yo gozosamente futuras venganzas.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

martes, 30 de abril de 2019

Viejos verdes - Ancianos maduros

Nicanor Parra retratado por Manuel Berrios.


Sólo de la cintura para abajo
Fablan los pobres viejos libidinosos
Expulsados del templo de Minerva
Por infracciones de orden erótico.

     Nosotros somos otra clase de gente:

     Nuestros poemas cantan las hazañas
De los héroes,
                        no los devaneos
De Cupido en el lecho de Venus.

     Ellos son viejos verdes
Nosotros somos ancianos maduros.

Antipoemas. La camisa de fuerza.
Nicanor Parra

lunes, 29 de abril de 2019

La ventana a la calle

Ilustración de Leo John Meissner.

Aquel que vive solo y que, sin embargo, desea de vez en cuando vincularse a algo; aquel que, considerando los cambios del día, del tiempo, del estado de sus negocios y demás, anhela de pronto ver un brazo al cual podría aferrarse, no está en condiciones de vivir mucho tiempo sin una ventana que dé a la calle. Y le place no desear nada, y sólo se acerca a la ventana como un hombre cansado, cuya mirada oscila entre el público y el cielo, y no quiere mirar hacia afuera, y ha echado la cabeza un poco hacia atrás; sin embargo, a pesar de todo esto, los caballos de abajo acabarán por arrastrarlo en su caravana de coches y su tumulto, y así finalmente en la armonía humana.

Traducción de J. R. Wilcock

Contemplación (1913)
Franz Kafka

domingo, 28 de abril de 2019

Terredad

Eugenio Montejo. Terredad.

Estar aquí por años en la tierra,
con las nubes que lleguen, con los pájaros,
suspensos de horas frágiles.
A bordo, casi a la deriva,
más cerca de Saturno, más lejanos,
mientras el sol da vuelta y nos arrastra
y la sangre recorre su profundo universo
más sagrado que todos los astros.

Estar aquí en la tierra: no más lejos
que un árbol, no más inexplicables,
livianos en otoño, henchidos en verano,
con lo que somos o no somos, con la sombra,
la memoria, el deseo, hasta el fin
(si hay un fin) voz a voz,
casa por casa,
sea quien lleve la tierra, si la llevan,
o quien la espere, si la aguardan,
partiendo juntos cada vez el pan
en dos, en tres, en cuatro,
sin olvidar las sobras de la hormiga
que siempre viaja de remotas estrellas
para estar a la hora en nuestra cena
aunque las migas sean amargas.

Terredad (1978)
Eugenio Montejo

Libro del desasosiego

Fernando Pessoa dibujado por Júlio Pomar.

21

Al final de este día queda lo que quedó de ayer y quedará de mañana: al ansia insaciable e innúmera de ser siempre el mismo y otro.

71

... barcos que pasan por la noche y ni se saludan ni conocen.

323

El placer de elogiarnos a nosotros mismos...

380

Algunos tienen en la vida un gran sueño y faltan a ese sueño. Otros no tienen en la vida ningún sueño, y también faltan a ése.

El libro del desasosiego
Fernando Pessoa

miércoles, 24 de abril de 2019

Parvo Reino

Ida Vitale fotografiada por Bernardo Pérez.

Justicia

Duerme el aldeano en un colchón de heno.
El pescador de esponjas descansa
sobre su mullidísima cosecha.
¿Dormirás tú, en lenta flotación,
sobre papel escrito?

Residua

Corta la vida o larga, todo
lo que vivimos se reduce
a un gris residuo en la memoria.

De los antiguos viajes quedan
las enigmáticas monedas
que pretenden valores falsos.

De la memoria sólo sube
un vago polvo y un perfume.
¿Acaso sea la poesía?

Parvo Reino (1984)
Ida Vitale

viernes, 19 de abril de 2019

Satori

Gabriel Celaya. Buenos días Buenas noches.

Los hombres hormiguean. Se cuentan de uno en uno.
Se imaginan distintos pero son siempre el mismo.
Por eso se matan.

Los hombres pululan. Mienten y se disfrazan.
Son seres indistintos en un campo conjunto.
Por eso se aman.

Los hombres enloquecen sumidos en un sueño.
Imaginan y atacan. Son tontos y agresivos.
Por eso tienen miedo.

Los hombres, ciertos días, viendo pasar las nubes
se olvidan de sí mismos, y se dicen: "¿quién vive?".
Entonces, son felices.

Buenos días Buenas noches (1976)
Gabriel Celaya

jueves, 18 de abril de 2019

San Atanasio el Athonita

Hermann David Salomon Corrodi. Monte Athos.

Nacido en Trebisonda en 920;
Maestro en Constantinopla;
Amigo de emperadores;
Iniciador de la vida monástica comunal;
Con dinero del emperador Nicéphoros Phocás
Fundador del Gran Lavra en 963;
Perseguido perseguidor;
Vilipendiado,
Calificado extranjero, intruso,
por los monjes eremitas;
Establecido en autoridad para poner orden y disciplina en la vida monacal
Por el emperador Juan Tzimiszes, el asesino y usurpador al trono de Nicéphoros Phocás;
Conversador con Dios en su caverna en los riscos del Monte Athos;
Constructor de iglesias y monasterios;
Plantador de árboles y arbustos;
Santo entre los santos de la iglesia de Bizancio;
Su fiesta se celebra el 5 de julio;
Lo mató una teja desprendida del cielo de la cúpula del Gran Lavra,
En 1003.

Hagion Oros (Monte Santo) 2001
Armando Romero

martes, 16 de abril de 2019

Fragmentos

Heráclito, retratado por Abraham Janssens.

4

Si la felicidad consistiera en los placeres del cuerpo, llamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran algarrobas para comer.

18

Si no se espera, no se encontrará lo inesperado; puesto que lo inesperado es difícil y arduo.

30

Este mundo, que es el mismo para todos, no lo hizo ningún dios o ningún hombre; sino que fue siempre, es ahora y será fuego siempre viviente, que se prende y apaga medidamente.

49a

Entramos y no entramos en los mismos ríos; somos y no somos.

116

Está en poder de todos los hombres conocerse a sí mismos y ser sensatos.

Traducción de Luis Farré

Fragmentos
Heráclito

martes, 9 de abril de 2019

Poemas

Li Po. Poemas.

De noche

Agua diáfana... luna clara...
En el resplandor de la luna, vuela una garza.
¡Escuchad! Las doncellas recolectoras de castañas de agua,
inundando de canciones la senda, retornan a casa.

Sentado, solo, en la montaña Zhing Ting

Los pájaros han tornado a sus nidos en bandadas.
Perezosa, la última nube se aleja.
La montaña es mi única compañera.
Ni al uno ni al otro vernos nos cansa.

Nostalgia en una noche silenciosa

La luna, sobre mi lecho sus luces proyecta.
Me parece escarcha sobre la tierra.
Contemplo la luna al levantar la cabeza,
y, al bajarla, añoro mi aldea natal.

Traducción de Chen Guojian

Poemas
Li Po (701-762)

domingo, 7 de abril de 2019

La simiente enterrada

Antonio Colinas. La simiente enterrada.

A unos pocos metros de las grandes avenidas con rascacielos, un viejo jardinero recoge en su arcaico carromato, con su escobón hecho de matojos, las hojas caídas. Como en el siglo pasado, o como hace muchos siglos. Y, viéndolo, recuerdo haber leído en un viejo texto que, a veces, los chinos, por simples razones estéticas, gustaban de no recoger del todo las hojas de sus árboles: las dejaban un tiempo sobre el suelo o las escalinatas como simple expresión de lo bello que moría.

De nuevo, esa nada (que es el todo) de una sonrisa. Una nada que, de golpe, abre en nosotros el cielo, que nos proporciona la seguridad en ese momento levemente angustioso que hay entre dos ciudades extrañas; en ese instante del aterrizar en un aeropuerto, en el que no somos nosotros mismos, porque estamos aún en el aire y no sabemos a dónde llegamos. La sonrisa inesperada, entregada como una forma momentánea, fugaz, de amor. No hay razón ni explicación para ella, pero de golpe, inesperadamente, se nos entrega y nos salva de la angustia del instante entre dos realidades, entre dos ciudades.

En el vacío y en la soledad (multitudinaria) del aeropuerto de Shanghai, mientras espero mi maleta, me siento a escribir con calma unas pocas palabras. También estas palabras —como la sonrisa inesperada de la mujer desconocida del avión— me salvan. La seguridad de la palabra ante cualquier prisa, confusión o temor. Las palabras que delinean en la página en blanco una especie de cadena sutil a la que me aferro. La palabra: el símbolo que salva. 

La simiente enterrada (2005)
Antonio Colinas

viernes, 5 de abril de 2019

Manoa

Tomás Sánchez. Meditación antes del amanecer.

No vi a Manoa, no vi sus torres en el aire,
ningún indicio de sus piedras.

Seguí el cortejo de sombras ilusorias
que dibujan sus mapas.
Crucé el río de los tigres
y el hervor del silencio en los pantanos.
Nada vi parecido a Manoa
ni a su leyenda.

Anduve absorto detrás del arco iris
que se curva hacia el sur y no se alcanza.
Manoa no estaba allí, quedaba a leguas de esos mundos,
—siempre más lejos.

Ya fatigada de buscarla me detengo,
¿qué me importa el hallazgo de sus torres?
Manoa no fue cantada como Troya
ni cayó en sitio
ni grabó sus paredes con hexámetros.
Manoa no es un lugar
sino un sentimiento.
A veces en un rostro, un paisaje, una calle
su sol de pronto resplandece.
Toda mujer que amamos se vuelve Manoa
sin darnos cuenta.
Manoa es la otra luz del horizonte,
quien sueña puede divisarla, va en camino,
pero quien ama ya llegó, ya vive en ella. 

Trópico absoluto (1982)
Eugenio Montejo

martes, 2 de abril de 2019

Lector...

José Ortega y Gasset. Meditaciones del Quijote.

¡La circunstancia! Circum-stantia! ¡Las cosas mudas que están en nuestro próximo derredor! Muy cerca, muy cerca de nosotros levantan sus tácitas fisonomías con un gesto de humildad y de anhelo, como menesterosas de que aceptemos su ofrenda y a la par avergonzadas por la simplicidad aparente de su donativo.

Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.

Vemos, entonces, que no son las grandes cosas, los grandes placeres, ni las grandes ambiciones, quienes nos retienen sobre el haz de la vida, sino este minuto de bienestar junto a un hogar en invierno, esta grata sensación de una copa de licor que bebemos, aquella manera de pisar el suelo, cuando camina, de una moza gentil, que no amamos ni conocemos; tal ingeniosidad, que el amigo ingenioso nos dice con su buena voz de costumbre. Me parece muy humano el suceso de quien, desesperado, fue a ahorcarse a un árbol, y cuando se echaba la cuerda al cuello, sintió el aroma de una rosa que había al pie del tronco y no se ahorcó.

Meditaciones del Quijote (1914)
José Ortega y Gasset

domingo, 31 de marzo de 2019

Equinoccio

Francisco Tario. Equinoccio.

Aquel que no sepa nada sabrá más que ninguno. ¿Oh, la dulce ciencia de saber ignorar las cosas! Ser un divino ignorante de tres años.

¡Y este constante, inminente peligro de reñir unos con otros, que da a entender a las claras que nos sentimos nerviosos, molestos, inconformes con algo!

¡Maldita superabundancia de palabras, que nunca le permiten a uno expresar lo que desea! ¡Y maldita abundancia, maldito este exceso de ruido que da a sospechar si el objeto de todo ello es impedir que el hombre se halle a solas consigo mismo!

¡Con cuánta más agudeza, fe en sí mismo, con cuánta más resolución y bellos propósitos criminales persigue un mosquito a un hombre que un hombre a un mosquito!

Despertar pensando: ¿Qué día? ¿Qué luz? ¿Quién soy?

Equinoccio (1946)
Francisco Tario

miércoles, 27 de marzo de 2019

Camino de campo

Vincent van Gogh. camino de campo con árboles.

Todavía el roble sigue diciéndoselo al camino de campo que, seguro de su senda, pasa a su lado. El camino congrega todo lo que existe a su alrededor y a todo el que por él transita le aporta lo suyo. Los mismos campos y prados acompañan al camino en cada estación con una proximidad siempre diferente. Sea que los Alpes, por encima del bosque, se hundan en el atardecer, sea que la alondra levante el vuelo al amanecer estival allí donde el camino de campo salva la falda de una colina, sea que el viento del este llegue rugiendo desde las tierras en las que se encuentra el pueblo natal de la madre, sea que un leñador, al caer la noche, arrastre su haz de leña al hogar, sea que la segadora, contoneándose, regrese a casa por los surcos del camino de campo, sea que los niños junten las primeras flores de primavera en los márgenes del prado, sea que la niebla vaya avanzando durante días por los campos cubriéndolos con su sombra y lobreguez, siempre y por doquier envuelve al camino de campo el aliento de lo mismo:
Lo sencillo encierra el enigma de lo que permanece y es grande. Entra de improviso en el hombre y requiere una larga maduración. En lo imperceptible de lo que es siempre lo mismo oculta su bendición. La vastedad de todo lo que ha crecido y habita los alrededores del camino, dispensa mundo. Sólo en lo no dicho de su lenguaje Dios es Dios, según dice Meister Eckhart, el viejo maestro de lecturas y de la vida.

El aliento del camino de campo despierta un sentido que ama lo libre y que, en el lugar propicio, todavía consigue salvar la aflicción hacia una última serenidad. Se rebela contra la necedad del mero trabajar que, ejercido por sí solo, fomenta únicamente lo fútil.
En el aire del camino de campo, que cambia según las estaciones, madura la sabia serenidad con un mohín que, a menudo, parece melancólico. Este saber sereno es lo «Kuinzige». Quien no lo tiene no lo obtiene. Quienes lo tienen, lo obtuvieron del camino de campo. En su senda se encuentran la tormenta de invierno y el día de la siega, coinciden lo vivaz y excitante de la primavera, con lo quedo y feneciente del otoño, están frente a frente el juego de la juventud y la sabiduría de la vejez. Pero todo rebosa serenidad al unísono, cuyo eco el camino de campo lleva calladamente de aquí para allá. 
La sabia serenidad es una apertura a lo eterno. Su puerta se abre sobre los goznes antaño forjados con los enigmas de la vida por un herrero experto.

Kuinzige: Lo «kuinzige» expresa una inclinación hacia las personas y cosas del lugar y una auténtica preocupación por éstas; se afana en permanecer en lo impenetrable, sin ser consciente de ello, lo que puede ser fácilmente malentendido como segunda intención.

Traducción de Carlota Rubies

Camino de campo (1949)
Martin Heidegger

martes, 26 de marzo de 2019

El arte y el tiempo

Xu Ning. El poeta.

Quienes son mis contemporáneos? —se pregunta Juan Gelman.
Juan dice que a veces se cruza con hombres que huelen a miedo, en Buenos Aires, París o donde sea, y siente que esos hombres no son sus contemporáneos. Pero hay un chino que hace miles de años escribió un poema, acerca de un pastor de cabras que está lejísimos de la mujer amada y sin embargo puede escuchar, en medio de la noche, en medio de la nieve, el rumor del peine en su pelo; y leyendo ese remoto poema, juan comprueba que sí, que ellos sí: que ese poeta, ese pastor y esa mujer son sus contemporáneos.

El libro de los abrazos (1989)
Eduardo Galeano

lunes, 25 de marzo de 2019

Congreso de los ratones

Enoki Toshiyuki. Gato.

Desde el gran Zapirón, el blanco y rubio,
que después de las aguas del diluvio
fue padre universal de todo Gato,
ha sido Miauragato
quien más sangrientamente
persiguió a la infeliz ratona gente.
Lo cierto es que, obligada
de su persecución la desdichada,
en Ratópolis tuvo su congreso.
Propuso el elocuente Roequeso
echarle un cascabel, y de esa suerte
al ruido escaparían de la muerte.
El proyecto aprobaron uno a uno:
¿quién lo ha de ejecutar?, eso ninguno
—Yo soy corto de vista.
—Yo muy viejo.
—Yo gotoso, decían. El concejo
se acabó como muchos en el mundo.
Proponen un proyecto sin segundo;
lo aprueban, hacen otro. ¡Qué portento!
Pero ¿la ejecución? Ahí está el cuento.

Fábulas (1781)
Félix María de Samaniego

sábado, 23 de marzo de 2019

Varado en Andrómeda

http://enunlubooks.blogspot.com/
 ELN
El robot mira
La larga eternidad,
No tiene prisa.
«Varado en Andrómeda», pertenece a la colección Novum de Enunlu Books y es un libro de haikus de un poeta hasta ahora desconocido (Iru Burni), y que presenta dos originalidades; la primera, que son haikus de «ciencia ficción» y la segunda, que se escriben con un sombrerete o pukao, ( las iniciales versales de los versos del haiku). Iru Burni nos lleva al futuro, a la vida de un «camionero» del espacio.
Varado en Andrómeda
Iru Burni

viernes, 22 de marzo de 2019

Pronombres separados

Ilustración de Raymond Leech.

Él juega a ser tren,
ella, silbato.
Viajan.
Él juega a ser cuerda,
ella, árbol.
Columpian.
Él juega a ser sueño,
ella, paloma.
Vuelan.
Él juega a ser líder,
ella, pueblo.
Juegan a la guerra.

Revista Arquitrave, nº 36, 2008

Pronombres separados
Dunya Mikhail

jueves, 21 de marzo de 2019

Tao Te King

Lao Tse. Tao Te King. Editorial Diana, 1ª edición, 1972. México.

13

El espacio entre el Cielo y la Tierra, es como una flauta:
está vacío y mantiene su oquedad.
Y, no obstante, su contenido es inagotable.

14

Es sólo en el Vacío donde se halla lo que es verdaderamente esencial.
Es el Vacío que hay entre los radios de una rueda
lo que hace que la rueda pueda utilizarse.
Es el Vacío que hay en el interior de las vasijas
lo que hace que las vasijas puedan utilizarse.
Es el vacío que hay entre las paredes de una habitación
lo que hace que la habitación pueda utilizarse.
Por eso, el Ser es de utilidad, pero es el no-Ser
lo que hace que el Ser pueda utilizarse.

Versión de Roberto Pla

Tao Te King
Lao Tse

miércoles, 20 de marzo de 2019

Los libros

Pablo García Baena. Fieles guirnaldas fugitivas.

Llegan todos los días libros. ¿Nuevos?
Albor primero, lumbre contenida,
noticias de dominios abolidos.
Abres, cierta cautela, azar y páginas.
¿Seguirá todo igual, vida, muerte, ruinas
del amor? Tú ya lejos.
Ávido lees. Desgana. Desaliento.
Irrespirable es el hedor del calco,
las lágrimas prestadas glicerina,
gruesos cirios eléctricos alumbran
el amor en las cámaras ardientes.
¿Y esto era todo, aquel deslumbramiento?
Silencioso entreabres la ventana
y aspiras, desde alto, vasta noche.
Turba la madreselva y estás solo.
¿Salir ahora? No te espera nadie.
Vuelves a tus amigos reales: seminario
de Besançon, Fabricio
-las violetas de Parma junto al guante-,
Sor Teodora de Aransis, rúas húmedas
de Dublín, vivos Joyce, Galdós, Stendhal.

Fieles guirnaldas fugitivas (1990)
Pablo García Baena

viernes, 15 de marzo de 2019

Buena suerte viviendo

Roberto Fernández Retamar. Buena suerte viviendo.

Niñas y niños, muchachas y muchachos

Niñas y niños, muchachas y muchachos,
Seres prácticamente humanos y decentes:
Agradezco de corazón la fineza
Que los ha traído hasta aquí
Con las uñas limpias, bien vestidos y peinados,
Mirando de reojo mis libros
Y mi calva indetenible.
Pero
No tengo nada que decirles:
Soy lo mismo que ustedes, sólo que
Han pasado los años, me han pasado los años,
Y hay quien cree que así
Uno está en mejor disposición
Para decir algo.
Tengo malas noticias.
Yo también (hace quizá mucho tiempo)
Me limpié las uñas, me peiné al lado, me vestí de limpio
Y me senté frente a un calvo.
En vano.
Sépase pues:
No tengo nada que decirles.

Antes de separarnos:
Buena suerte viviendo.

Buena suerte viviendo (1962-1965)
Roberto Fernández Retamar

domingo, 10 de marzo de 2019

Nada de otro mundo

https://www.amazon.es/dp/B07PH8SQ4H/ref=sr_1_2?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1552237051&sr=1-2&keywords=nada+de+otro+mundo
Nada de otro mundo, de la colección Novum de Enunlu Books, está compuesto de trece relatos escritos por dos autoras y tres autores. Su temática es variada y ahí van: ¿Cómo se hará el amor en el futuro? ¿Son coincidencias o el universo es así de extraño? El Dogma, ¿puede ser tan dogmático? ¿Es peligroso el espacio? El mundo sigue igual de mal. ¿Retales de amor? ¡Gástatelo todo, antes de que se lo quede el sistema! Si no vales para asesino... Nada de otro mundo. Siempre falta una pizca de algo. La Espasa del futuro. Tampoco es para tanto. Un puticlub debajo de casa. Ah, y una última cosa "sigan vigilando el cielo".
Nada de otro mundo
AA. VV.

viernes, 8 de marzo de 2019

Pasa se va se pierde...

Idea Vilariño. Poesía completa.

Pasa se va se pierde
no se detiene
fluye
mana incansablemente
se escapa de las manos
corre vuela a su fin
se desliza
se apaga
se aniquila
se extingue
se deshace
se acaba.
De No (1980)

Poesía completa
Idea Vilariño

jueves, 7 de marzo de 2019

Cuadernos

Juan Ramón Jiménez. Cuadernos.

Estética y ética estética

Vemos una escultura, leemos una poesía, oímos una canción antigua y nuestro mayor elojio es: «Parece de ahora».

Pensemos que el elojio mayor que un antiguo resucitado pudiese hacer de lo nuestro sería: «Parece de entonces».

Crear es ser dominado para lo bello; correjir es crear dominando.

En la soledad no se encuentra más que lo que se lleva a ella.

Ningún día... sin romper un papel.

Cuadernos
Juan Ramón Jiménez

martes, 5 de marzo de 2019

Paisaje con grano de arena

Wislawa Szymborska. Paisaje con grano de arena.

Regresos

Volvió. No dijo nada.
Pero era evidente que sufría alguna contrariedad.
Se acostó vestido.
Se tapó la cabeza con una manta.
Se acurrucó.
Cuarentón, pero no ese momento.
Está, pero como se está en el vientre de la madre,
envuelto en siete pieles, en protectora oscuridad.
Mañana pronunciará una conferencia sobre la homeostasis
aplicada a la cosmonáutica metagaláctica.
Por ahora, hecho un ovillo, duerme.

Alabanza de la mala opinión de sí mismo

El águila ratonera no suele reprocharse nada.
Carece de escrúpulos la pantera negra.
Las pirañas no dudan de la honradez de sus actos.
Y el crótalo a la autoaprobación constante se entrega.

El chacal autocrítico está aún por nacer.
La langosta, el caimán, la triquina y el tábano
viven satisfechos de ser como son.

Cien kilos pesa el corazón de la orca,
pero es, en lo esencial,
como una pluma liviano.

En el tercer planeta del sol
la conciencia limpia y tranquila
es síntoma primordial de animalidad.

Traducción de Jerzy Slawomirski y Ana María Moix

Paisaje con grano de arena
Wislawa Szymborska

miércoles, 27 de febrero de 2019

El arroyo

Eliseo Reclus. El arroyo.

I. La fuente

La historia de un arroyo, hasta la del más pequeño que nace y se pierde entre el musgo, es la historia del infinito. Sus gotas centelleantes han atravesado el granito, la roca calcárea y la arcilla; han sido nieve sobre la cumbre del frío monte, molécula de vapor en la nube, blanca espuma en las erizadas olas. El sol, en su carrera diaria, las ha hecho resplandecer con hermosos reflejos; la pálida luz de la luna las ha irisado apenas perceptiblemente; el rayo la ha convertido en hidrógeno y oxígeno, y luego, en un nuevo choque, ha hecho descender en forma de lluvia sus elementos primitivos. Todos los agentes de la atmósfera y el espacio y todas las fuerzas cósmicas, han trabajado en concierto para modificar incesantemente el aspecto y la posición de la imperceptible gota; a su vez, ella misma es un mundo como los astros enormes que dan vueltas por los cielos, y su órbita se desenvuelve de cielo en cielo eternamente sin reposo.
Toda nuestra imaginación no basta para abarcar en su conjunto el circuito de la gota y por eso nos limitamos a seguirla en su curso y su caída, desde su aparición en la fuente, hasta mezclarse con el agua del caudaloso río y el océano inmenso. Como seres débiles, intentamos medir la naturaleza con nuestra propia talla; cada uno de sus fenómenos se resume para nosotros en un pequeño número de impresiones que hemos sentido. ¿Qué es el arroyo, sino el sitio hermoso y apacible donde hemos visto correr el agua cristalina bajo la sombra de los álamos, balancearse sus hierbas largas como serpentinas y temblar agitados los juncos de sus islitas? La orilla florida donde gozábamos acostándonos al sol, soñando en la libertad, el sendero tortuoso que bordea el margen y que nosotros seguimos con paso lento contemplando el curso del agua, la arista de la piedra desde la cual el agua unida en apretado haz se precipita en cascada o se deshace en espuma; he ahí lo que en nuestro recuerdo es el arroyo, casi con toda su infinita y compleja naturaleza, puesto que lo restante se pierde en las obscuridades de lo inconcebible. 

Traducción de Antonio López Rodrigo

El arroyo (1869)
Eliseo Reclus

martes, 26 de febrero de 2019

El infinito viajar

Claudio Magris. El infinito viajar.

Prefacio

Viajar sintiéndose siempre, a un tiempo, en lo desconocido y en casa, pero a sabiendas de que no se tiene, no se posee una casa. Quien viaja es siempre un callejeados un extranjero, un huésped; duerme en habitaciones que antes y después de él albergarán a desconocidos, no posee la almohada en la que apoya la cabeza ni el lecho que le resguarda. Y así comprende que nunca se puede poseer verdaderamente una casa, un espacio recortado en el infinito del universo, sino tan solo detenerse en ella, por una noche o durante toda la vida, con respeto y gratitud. No por azar el viaje es ante todo un regreso y nos enseña a habitar más libre y poéticamente nuestra propia casa. Poéticamente vive el hombre en esta tierra, dice un verso de Hölderlin, pero solo se sabe, como dice otro verso, que la salvación crece allá donde crece el peligro.
En el viaje, desconocidos entre gente desconocida, aprendemos en sentido fuerte a no ser Nadie, comprendemos concretamente que no somos Nadie. Y precisamente, en un lugar querido que se ha trocado casi físicamente en una parte o una prolongación de la propia persona, esto permite decir, haciéndole eco a don Quijote: aquí yo sé quién soy.

Traducción de Pilar García Colmenarejo

El infinito viajar (2005)
Claudio Magris

domingo, 24 de febrero de 2019

Estaciones

Ilustración de Clifford Harper. 

El hombre que señaló el pájaro en su vuelo ya no existe.
Ni su tosca mano tomando la empuñadura del revólver.
Ni el pájaro cayendo en espiral entre hierbales.

El beso. El encuentro de las bocas en el último peldaño.
Ni siquiera la escalera de caracol.
Subiendo como volutas de madera hasta el balcón.
Ni el balcón donde soñabas bajo el traje de lino.

No existe la mujer
Que paladeaba escamoteadas ciruelas
Ni la ira del jinete en su caballo tras de ella
Ni el caballo como un viento encerrado en su pelaje.
Llegado el momento, tocados por los dedos del vacío,
¿Cuál la diferencia con lo que nunca ha sido?

Ciudadano de la noche (1989)
Juan Manuel Roca

jueves, 21 de febrero de 2019

Puerto adelante

Benito Quinquela. Labores en el puerto.

Noche tibia sensación placentera. Los sones abstractos de las vías colmaban sus oídos eufóricos. Pensaba en el puerto que veía tan seguido... puerto de colores impresionistas y hombres sucios de brazos mojados y brillosos y vello crecido y húmedo. Hombres impasibles a la lejanía maravillosa, al cielo entre los barcos, al paisaje de conjunto, al suelo atiborrado de objetos de lugares remotos como pedazos de mundo en el melancólico corazón de un mar...
Sí. Hundirse una noche en las calles del puerto. Caminar, caminar...
Sí. Sola. Siempre sola. Lenta, muy lentamente. Y el aire estará enrarecido, será un aire cosmopolita y el suelo lleno de papeles de cigarrillos que alguna vez existieron, blancos y hermosos.
Sí. Se seguirá caminando. Hundirse, oscuridad, caminar...
Sí. Y una estrella dará su color al ancla de plata que llevaba en su pecho. Tirar el ancla. Sí. Muy junto a ese barco gigante de rayas rojas y blancas y verdes... irse, y no volver.

La tierra más ajena (1955)
Alejandra Pizarnik

martes, 19 de febrero de 2019

Obstinación

Hermann Hesse. Obstinación.

Una virtud hay que quiero mucho, una sola, se llama obstinación. Todas las demás, sobre las que leeremos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan. En el fondo se podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hombre en un solo nombre. Virtud es: obediencia. La cuestión es a quién se obedece. La obstinación también es obediencia. Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a las leyes dictadas por los hombres. Tan sólo la obstinación no pregunta por esas leyes. El que es obstinado obedece a otra ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al «propio sentido».

Traducción de Anton Dietrich

Obstinación
Hermann Hesse