domingo, 25 de junio de 2017

Regla de San Benito

Escudo de la Abadía de Santo Domingo de Silos.

Del 66. Los porteros del monasterio

En la portería del monasterio será puesto un viejo prudente, que sepa coger los recados y dar las respuestas, y que por su edad no guste de andar de un lado para otro. El tal portero tendrá su celda junto a la puerta, para que los que lleguen encuentren siempre a alguien que les responda, de manera que en cuanto alguno llame o se oiga a un pobre pedir se le conteste Deo Gratias o Benedic, y así tengan todos enseguida su respuesta con toda la mansedumbre que da el temor de Dios. Y si el mismo portero necesita ayuda que le asignen un hermano más joven.
El monasterio, en lo posible, deberá construirse de manera que todas las cosas necesarias, como el agua, el molino y el huerto, estén dentro de su recinto, y que también se puedan ejercer en él los diversos oficios, a fin de que los monjes no tengan necesidad de salir fuera, lo cual en modo alguno favorecerá a sus almas.

Versión de Antonio Linage Conde

Regla de San Benito
San Benito (480-547)

viernes, 23 de junio de 2017

Lectura

Ilustración de Denis Goncharov.

En todo aquello susceptible de recibir el nombre de lectura, el proceso tiene que ser absorbente y voluptuoso; tenemos que deleitarnos con el libro, embelesarnos y olvidarnos de nosotros mismos, y acabar la lectura con la cabeza rebosante del más abigarrado y caleidoscópico baile de imágenes, incapaces de dormir o de tener un pensamiento continuado.

Traducción de Ismael Attrache

Memorias para el olvido. Ensayos.
Robert Louis Stevenson

jueves, 22 de junio de 2017

Cancionero y Romancero de Ausencias

Miguel Hernández. Cancionero y Romancero de Ausencias.

39

Todas las casas son ojos
que resplandecen y acechan.

Todas las casas son bocas
que escupen, muerden y besan.

Todas las casas son brazos
que se empujan y se estrechan.

De todas las casas salen
soplos de sombra y de selva.

En todas hay un clamor
de sangres insatisfechas.

Y a un grito todas las casas
se asaltan y se despueblan.

Y a un grito todas se aplacan,
y se fecundan, y esperan.

Cancionero y Romancero de Ausencias (1938-1941)
Miguel Hernández

miércoles, 21 de junio de 2017

El placer

Rosalba Campra. Cuentos del cuchillo de jade.

El hombre de quien trata este cuento era inmensamente rico. Disponía por lo tanto de una casa con una desmedida cantidad de habitaciones, patios interiores, jardines, sótanos, torres de castigo , etcétera. Por la misma razón disponía, además de la esposa principal y de todas las esposas secundarias correspondientes a su jerarquía, de las concubinas reglamentarias, reclutadas entre las vírgenes más prometedoras de la comarca y, por supuesto, de las criadas que cada una de ellas tenía a su servicio. Todas, obviamente, instruidas con minuciosidad en el Arte de la alcoba, en el que, como se debe, también él era ducho, cosa que no dejaba de ponerse en evidencia cada vez que las atendía teniendo en cuenta el orden y asiduidad que la categoría de cada una de ellas implicaba.
Cuando alguna pausa lo hacía posible, visitaba un selecto prostíbulo donde, en compañía de cortesanas especialmente adiestradas, desentendiéndose de los sempiternos placeres a los que lo destinaba su condición de amo y señor de tanta esposa y adláteres, todas con el mismo derecho a satisfacción independientemente del rango, podía por fin entregarse sin inhibiciones al Arte de la conversación, la música y la poesía.

Cuentos del cuchillo de jade (2009)
Rosalba Campra

martes, 20 de junio de 2017

Sobre los clásicos

Jorge Luis Borges. Otras inquisiciones.

No tengo vocación de iconoclasta. Hacia el año treinta creía, bajo el influjo de Macedonio Fernández, que la belleza es privilegio de unos pocos autores; ahora sé que es común y que está acechándonos en las casuales páginas del mediocre o en un diálogo callejero. Así, mi desconocimiento de las letras malayas o húngaras es total, pero estoy seguro de que si el tiempo me depara la ocasión de su estudio, encontraría en ellas todos los alimentos que requiere el espíritu. Además de las barreras lingüísticas intervienen las políticas o geográficas. Burns es un clásico en Escocia; al sur del Tweed interesa menos que Dumbar o que Stevenson. La gloria de un poeta depende, en suma, de la excitación o de la apatía de las generaciones de hombres anónimos que la ponen a prueba, en la soledad de sus bibliotecas.
Las emociones que la literatura suscita son quizá eternas, pero los medios deben constantemente variar, siquiera de un modo levísimo, para no perder su virtud. se gastan a medida que los reconoce el lector. De ahí el peligro de afirmar que existen obras clásicas y que lo serán para siempre.
Cada cuál descree de su arte y de sus artificios. Yo, que me he resignado a poner en duda la indefinida perduración de Voltaire o de Shakespeare, creo (esta tarde de uno de los últimos días de 1965) en la de Schopenhauer y en la de Berkeley.
Clásico no es un libro (lo repito) que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad. 

Otras inquisiciones
Jorge Luis Borges

Una noche con Hamlet y otros poemas

Vladimir Holan. Una noche con Hamlet y otros poemas.

La madre

¿Has visto alguna vez a tu vieja madre
en el instante en que te hace la cama
desdoble, extiende, alisa y acaricia la sábana
para que no quede en ella ni una sola arruga que pueda molestarte?
Su aliento, el gesto de su mano
son tan cariñosos que, una vez pasados,
continúan apagando el incendio de Persépolis
y, presentes, han aplacado alguna futura tempestad
en el Mar de la China o en otro hasta hoy desconocido...
De Avanzando (1943-48)
Traducción de Josef Forbelsky

Una noche con Hamlet y otros poemas
Vladimir Holan

lunes, 19 de junio de 2017

Juego de villanos

Luisa Valenzuela. Juego de villanos.

Consecuente

Los nietitos vienen muy avispados hoy en día. Antes preguntaban cariñosamente, como un juego,
—Abuelita ¿qué hora son?
Ahora nos meten en camisa de once varas. Al menos el mío, que ya de pequeño complejizó el problema al preguntarme
—¿Abu, qué es el tiempo?
—Mañana te contesto, le prometí. Mañana.
Y por los años de los años me mantuve firme en mi promesa.

Juego de villanos (2008)
Luisa Valenzuela

viernes, 16 de junio de 2017

Mapa de Grecia

Aureliu Prodan. Melodía griega.

Caverna del Ida

Y de pronto sentir ya la nostalgia
de lo que todavía estás viviendo.
Como si te encontrases muy lejano,
la distancia tapándote los ojos
y acumulando abismos a tus pies.
Pero sigues aquí, no hay más espacio
que el de todo lo bello que te asiste,
laberinto de azul y con salida
hacia otros más azules laberintos,
más perdederos, más reveladores,
con más intensidad de flores nuevas,
y más sabiduría de palabras
para la libertad. Sé muy paciente.
No es difícil salir del laberinto.
Lo que cuesta es hallarlo y penetrar.

Mapa de Grecia (1979)
Enrique Badosa

miércoles, 14 de junio de 2017

Los complementarios

Antonio Machado. Los complementarios.

APUNTES

¡Qué difícil es
cuando todo baja
no bajar también!

Empleo a veces las palabras fuera de su recto sentido, a conciencia de mi error.
Lo esencial en arte es siempre incorregible.
Un defecto no es un descuido, sino una limitación.
La mayor tortura a que se me puede someter es la de escuchar mis versos recitados por otro.
Hay dos maneras de corregir: una es borrar; otra, hacer de nuevo.
Sólo publico para librarme del maleficio de lo inédito.
Y para no volver a acordarme de lo escrito.
Nunca estoy más cerca de pensar una cosa que cuando he escrito la contraria.

Los complementarios
Antonio Machado

lunes, 12 de junio de 2017

Sabe a mariposa

Ramón Gómez de la Serna. Caprichos.

Llegó a la gran bodega el supercatador, y cuando le dieron a probar el caldo rubio del jerez nuevo dijo sin dubitación alguna: 
—Esto sabe a mariposa.
Todos se quedaron perplejos porque el dictamen del supercatador era inapelable.
Por si hablaba en un sentido simbólico le preguntaron:
—¿Y eso qué quiere decir?
—Nada, no se alarmen —repuso el genio en distinguir sabores—. Eso quiere decir que ha caído una mariposa en la gran tinaja.
Dudando de tanta sutileza subieron en una escalera para ver si se veía la mariposa ahogada, y en efecto una mariposa blanca se había ahogado en el néctar rubio.

Caprichos
Ramón Gómez de la Serna (1888-1963)

domingo, 11 de junio de 2017

El espectador

José Ortega y Gasset. El espectador.

A la mayor gloria de Dios

Todos los templos se erigen, claro está, para la mayor gloria de Dios; pero Dios es una idea general y ningún templo verdadero se ha elevado jamás a una idea general. El apóstol que vagabundeando por Atenas creyó leer en el frontis de un altar. "Al Dios desconocido" padeció un grave error; ese hierón no ha existido nunca. La religión no se satisface con un Dios abstracto, con un mero pensamiento; necesita de un Dios concreto al cual sintamos y experimentemos realmente. De aquí que haya tantas imágenes de Dios como individuos: cada cual, allá en sus íntimos hervores, lo compone con los materiales que encuentra más a mano. El rigoroso dogmatismo católico se limita a exigir que los fieles admitan la definición canónica de Dios; pero deja libre la fantasía de cada uno para que lo imagine y lo sienta a su manera. Refiere Taine que una niña a quien dijeron que Dios estaba en los cielos, exclamó: "¿En el cielo, como los pájaros? Entonces tendrá pico". Esta niña podía ser católica: la definición del catecismo no excluye el pico en Dios.

El espectador (1916-1934)
José Ortega y Gasset 

sábado, 10 de junio de 2017

Mariposa manchada

Jacob Hunter. Mariposa Saturnia spini. Wikipedia.


Todo está inscrito en el menudo pliego
de esos pétalos tenues
que en su prisa retratan este mundo
mientras su vuelo se deshace en polen:
ojos multiplicados, anacondas,
caparazones, prímulas, panales.
Las máculas del sol y la viruela
de la luna. Las llagas del martirio.
Las limpias nubes misericordiosas.
Gotas de sangre. El jaspe de los templos.
Estigmas y denarios y cadenas.
La roja herrumbre y las salpicaduras
del barro en la diáspora.
Los cardenales en la piel del tiempo...
Las consteladas alas que no sienten
el peso de leopardos y legiones,

La miel salvaje (2003)
Miguel Ángel Velasco

viernes, 9 de junio de 2017

Nuevas aventuras de Marsuf

Tomás Salvador. Nuevas aventuras de Marsuf.

III. Marsuf se tiende a escuchar crecer la hierba

Algo así pasó con el planeta Limia. Parece ser que el primer informe, decía simplemente: «Sólo tiene hierba». Existen indicios razonables para suponer que Marsuf leyó este informe y se sintió intrigado. O aludido.
Y no porque Marsuf gustara de la hierba al sentido de las vacas. No. Marsuf, pese a su tremendo dinamismo, era muy partidario de ejecutar al pie de la letra una metáfora muy corriente en la Tierra desde siglos anteriores.«Sentarse a escuchar crecer la hierba», es gandulear, dedicarse a la vida contemplativa. Tumbarse en un rincón a verlas venir.
Algo, la verdad, completamente inofensivo. Los males de este mundo vienen siempre por exceso de ambición. Los abúlicos, los contemplativos, no es que contribuyan mucho al progreso, pero tampoco lo estorban. Es más, la creación sale del ocio. Dejad a un hombre con talento tumbado sobre la hierba, con tiempo para pensar y os dará hermosas teorías. Y dadle tiempo a un poeta, sin apremios, y creará un bello poema. Pero como el mundo está mal acostumbrado, al que se tumba se le llama vago. Injusticia, digo yo.

Nuevas aventuras de Marsuf (1977)
Tomás Salvador

El mar y las campanas

Pablo Neruda. El mar y las campanas.

Yo me llamaba Reyes...

Yo me llamaba Reyes, Catrileo,
Arellano, Rodríguez, he olvidado
mis nombres verdaderos.
Nací con apellido
de robles viejos, de árboles recientes,
de madera silbante.
Yo fui depositado
en la hojarasca:
se hundió el recién nacido
en la derrota y en el nacimiento
de selvas que caían
y casas pobres que recién lloraban.
Yo no nací sino que me fundaron:
me pusieron todos los nombres a la vez,
todos los apellidos:
me llamé matorral, luego ciruelo,
alerce y luego trigo,
por eso soy tanto y tan poco,
tan multitud y tan desamparado,
porque vengo de abajo,
de la tierra.

El mar y las campanas (1973)
Pablo Neruda

martes, 6 de junio de 2017

Una tumba para Boris Davidovich

Boris Davidovich. Sello conmemorativo.

Los antiguos griegos tenían una costumbre digna de respeto: a las víctimas de un incendio, a los devorados por el cráter de un volcán, a los que la lava había sepultado, a los descuartizados por las fieras o a los que los tiburones habían engullido, a los desgarrados por los buitres en el desierto, les construían en su patria los llamados «cenotafios», tumbas vacías, porque el cuerpo es fuego, agua y tierra, pero «el alma es alfa y omega, y es a ella a quien se debe levantar un santuario».

Traducción del servocroata por Pilar Gil Cánovas

Una tumba para Boris Davidovich
Danilo Kis

lunes, 5 de junio de 2017

Las virtudes del pájaro solitario

Juan Goytisolo. Las virtudes del pájaro solitario.

era posible descifrar las oscuridades del texto, hallar una clave explicativa unívoca, desentrañar su sentido oculto mediante el recurso a la alegoría, circunscribir sus ambigüedades lingüísticas, establecer una rigurosa crítica filológica, buscar una significación estrictamente literal, acudir a interpretaciones éticas y anagógicas, enderezar su sintaxis maleable, esclarecer los presuntos dislates, paliar su señera y abrupta radicalidad, estructurar, disponer, acotar, reducir, esforzarse en atrapar su inmensidad y liquidez, capturar la sutileza del viento con una red, inmovilizar sus inasibles fluctuaciones y cambios oníricos, reproducir el acendrado esplendor del incendio místico mediante la acumulación de glosas, lecturas, fichas, notas académicas y apostillas, observaciones plúmbeas, gravosas ordenaciones sintácticas, exégesis filtradoras, páginas y páginas de prosa redundante y amazacotada?
no sería mejor anegarse de una vez en la infinitud del poema, aceptar la impenetrabilidad de sus misterios y opacidades, liberar tu propio lenguaje de grillos racionales, abandonarlo al campo magnético de sus imantaciones secretas, favorecer la onda de su expansión, admitir pluralidad y simultaneidad de sentidos, depurar la incandescencia verbal, la llama y dulce cauterio de su amor vivo?
pasajes y pasajes de belleza enigmática, incoherencia reveladora de la ebriedad y consumación gozosa del alma, entronque esotérico con la cábala y experiencia sufí, audad apropiación del Otro en el verso Amada en el Amado transformada!

Las virtudes del pájaro solitario (1988)
Juan Goytisolo

sábado, 3 de junio de 2017

Altivo

Camilien Roy. El arte de rechazar una novela.

Señor:

Por la presente le informo de que nuestro comité editorial ha leído el manuscrito que usted nos ha presentado. Se me ha encargado informarle que, lamentablemente, no lo hemos seleccionado para su publicación. Sobra agregar que esta decisión (por otra parte unánime) es irreversible.
Los miembros de nuestro comité desearían, por mi mediación, recordarle que nuestra editorial, que cuenta con más de cincuenta años de existencia, goza de una reputación y un prestigio envidiables. Es evidente que usted desconoce los cimientos de respetabilidad sobre las cuales se ha construido nuestra sociedad. En varias partes de su texto hemos hallado temas y personajes que se apartan de lo que nosotros definimos como elementos de un libro respetable. Entre otros, esa clase obrera, a la que usted se refiere constantemente y que es el telón de fondo de su historia, es un lugar común insoportable. Toda esa gente es de una pobreza aberrante. Además, las palabras que usted emplea para describir las escenas de amor físico entre los dos personajes principales son demasiado crudas y rozan la impudicia.
Existen sin duda un público para este género de literatura y editores para propagarla. No obstante, puedo afirmarle que, al dirigirse a nosotros, se ha equivocado usted de medio a medio, y si hemos apuntado su nombre es para asegurarnos de que nadie nunca lo asociará con el nuestro.

Traducción de Ana Becciu

El arte de rechazar una novela (2008)
Camilien Roy

viernes, 2 de junio de 2017

Batería

Julio Martínez Mesanza. Las trincheras.

Cuando a mi alrededor todo se hunde,
pienso en los mapas y en la artillería,
en el mundo perfecto de los mapas
y en la realidad que lo transforma.
Alguien elige un objetivo y alguien,
antes de dibujar la trayectoria,
busca las referencias del paisaje,
la torre de una iglesia, una montaña,
para medir con pulcritud los grados.
En las mesas de cálculo se esmeran
los que aplican las fórmulas de tiro
y deciden el ángulo y la carga.
Los sirvientes empiezan su trabajo
mecánico y febril junto a las piezas
y los observadores se impacientan
por ver la nube del primer impacto.
Cuando al fin se da la orden de abrir fuego
todo se vuelve excitación y estruendo,
cada uno es responsable de su parte
y nadie es responsable del estrago.

Las trincheras (1996)
Julio Martínez Mesanza

lunes, 29 de mayo de 2017

El escorpión

Samuel Howitt. Escorpión africano.

Soy la expresión perfecta de las oscuras fuerzas telúricas, relacionadas con las tinieblas y las viejas piedras. Los hombres me temen. En otros tiempos fui protector de la diadema real y di forma a uno de los más antiguos jeroglíficos. Evocar ahora mi pasada grandeza, sin embargo, no me sirve de consuelo, porque vivir de recuerdos es como vivir entre muertos.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

sábado, 27 de mayo de 2017

Antología de Spoon River

Edgar Lee Masters. Imagen de The Alcorn Studio & Gallery.

AMOS SIBLEY

No había en mí ni carácter, ni fortaleza, ni paciencia,
como el pueblo pensaba que yo tenía
porque soportaba a mi mujer, sin dejar de predicar,
haciendo el trabajo que Dios me había dado.
La aborrecía porque era un basilisco, una lasciva.
Yo sabía sus adulterios, uno a uno.
Pero, con todo, si yo me divorciaba de ella,
tenía que abandonar mi ministerio.
Por lo tanto, para hacer el trabajo de Dios y recoger sus frutos,
tenía que aguantarla.
Y, así, me mentía a mí mismo.
Y mentía a Spoon River.
Y, sin embargo, traté de dar conferencias, me presenté a la legislatura,
me hice corredor de libros, y todo con el mismo pensamiento:
Si gano así dinero, me divorcio de ella.


LA SEÑORA SIBLEY

El secreto de las estrellas: la gravitación.
El secreto de la Tierra: las capas de roca.
El secreto del suelo: recibir semillas.
El secreto de las semillas: el germen.
El secreto del hombre: sembrar.
El secreto de la mujer: tierra.
Mi secreto: bajo un montículo de tierra que no encontraréis.

Traducción de Jesús López Pacheco y Fabio L. Lázaro

Antología de Spoon River (1915)
Edgar Lee Masters

Memoria de la nieve

C. F. William Mielatz. El viejo caserón.

21
Inútil es volver a los lugares olvidados y perdidos, a los paisajes
y símbolos sin dueño.

No hay allí ya liturgias milenarias. Ni aceites fermentado en ánforas de barro.

Los ancianos han muerto. Los animales vagan bajo la lluvia negra.

No hay allí sino la lenta elipsis del río de los muertos,

la mansedumbre helada del muérdago cortado, de los paisajes abrasados
por el tiempo.

Memoria de la nieve (1982)
Julio Llamazares

jueves, 25 de mayo de 2017

La marcha

Sherwood Anderson. Winesburg, Ohio.

Aquel joven, que salía de su pueblo a buscar las aventuras de la vida, empezó a pensar; pero no pensó en nada grande ni dramático. No se le ocurrió pensar ni en la muerte de su madre, ni en su partida de Winesburg, ni en la incertidumbre de su vida futura en la ciudad, ni en los aspectos más serios y más amplios de su vida.
Pensaba en cosas pequeñas: en Turk Smallet acarreando tablas en su carretilla por la calle Mayor del pueblo, en las horas de la mañana; en una mujer alta y elegantemente vestida que había pasado una noche en el hotel de su padre; en Butch Weeler, el hombre que encendía las luces de Winesburg, corriendo por las calles en una noche de verano con la antorcha encendida en alto; en Helen White, a la que vio un día de pie junto a una ventana de la casa de correos de Winesburg pegando un sello en un sobre.
El joven se dejó llevar por su creciente afición a los sueños. Quien se hubiese fijado en él no lo habría tomado por persona de inteligencia extraordinaria. Recordando aquellas pequeñas cosas, cerró los ojos y se echó hacia atrás en su asiento. Permaneció así durante largo rato; y cuando volvió a ponerse en pie y miró por la ventanilla, había desaparecido ya el pueblo de Winesburg, y toda su vida allí pasaba a ser como el fondo sobre el que había de pintar los sueños de su edad adulta.

Traducción de A. Ros. Revisión de la traducción de Eduardo Rodríguez

Winesburg, Ohio (1919)
Sherwood Anderson

miércoles, 24 de mayo de 2017

Fábulas

Platanus orientalis. Ilustración de Pierre Belon.

Los caminantes y el plátano

Unos caminantes en verano, al mediodía, agotados de calor, vieron un plátano, fueron a refugiarse bajo él y tumbados a su sombra se reponían. Después de levantar la vista hacia el plátano, se dijeron uno al otro: «Qué inútil y estéril es este árbol para los hombres». El plátano respondiendo dijo: «Ingratos, aún estáis disfrutando de mi servicio y me tratáis de inútil y estéril». 
Así, también entre los hombres algunos son tan desagradecidos que aun beneficiando a sus vecinos, su bondad no obtiene crédito.

Las zorras en el río Meandro

Un día las zorras se congregaron a orillas del Meandro con la intención de beber de sus aguas. Pero como el agua se arrastraba con un fuerte fragor, trataban de animarse unas a otras sin atreverse a entrar. Entonces una de ellas tomó la palabra para hacer de menos a las demás y burlarse de su cobardía, ella, dándoselas de valiente, saltó al agua. La corriente la arrastró al centro y las otras, apostadas en la orilla del río, le dijeron: «No nos dejes, vuélvete para señalarnos el paso por donde podamos beber sin peligro». Pero aquélla, arrastrada por la corriente, dijo: «Tengo un encargo para Mileto y quiero llevarlo allí, a la vuelta os lo señalo».
Va para los que por fanfarronería se meten en un peligro.

Nota:
El río Meandro, hoy Menderes, discurre bordeando el flanco occidental de la meseta de Anatolia. Parte de su cauce es subterráneo. El curso del Meandro es muy accidentado, en su primer tramo corre por un estrecho valle y un profundísimo cañón. El segundo tramo forma un fértil valle que separa las regiones de Lidia y Caria. Ciudades importantes en su orilla eran Tralles y Magnesia. A partir de aquí, su curso es extremadamente sinuoso; el nombre de meandro procede precisamente de esto. Desemboca por Mileto.

Traducción y notas de Pedro Bádenas de la Peña

Fábulas
Esopo

Las ciudades invisibles

Italo Calvino. Las ciudades invisibles.

Las ciudades continuas. 2.

Si al tocar tierra en Trude no hubiese leído el nombre de la ciudad escrito en grandes letras, hubiera creído llegar al mismo aeropuerto del que partiera. Los suburbios que tuve que atravesar no eran distintos de aquellos otros, con las mismas casas amarillentas y verdosas. Siguiendo las mismas flechas se contorneaban los mismos canteros de las mismas plazas. Las calles del centro exponían mercancías embalajes enseñas que no cambiaban en nada. Era la primera vez que iba a Trude, pero conocía ya el hotel donde acerté a alojarme; ya había oído y dicho mis diálogos con compradores y vendedores de chatarra; otras jornadas iguales a aquélla habían terminado mirando a través de los mismos vasos los mismos ombligos ondulantes.
¿Por qué venir a Trude? me preguntaba. Y ya quería irme.
Puedes remontar vuelo cuando quieras me dijeron, pero llegarás a otra Trude, igual punto por punto; el mundo está cubierto de una única Trude que no empieza y no termina, cambia sólo el nombre del aeropuerto.

Traducción de Aurora Bernárdez

Las ciudades invisibles (1972)
Italo Calvino

lunes, 22 de mayo de 2017

Antología de la literatura fantástica

Borges, Ocampo, Bioy. Antología de la literatura fantástica.

La obra y el poeta

El poeta hindú Tulsi Das compuso la gesta de Hanuman y de su ejército de monos. Años después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo libertaron
R. F. Burton

El negador de milagros

Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó. «Oh, venerado suegro», suplicó «no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros». El ataúd entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.
Citado por Giles en Confucianism and its Rivals, Lecture VIII, 1915

El pañuelo que se teje solo

La mitología malaya habla de un pañuelo, sansistah kalah, que se teje solo y cada año agrega una hilera de perlas finas, y cuando esté concluido ese pañuelo, será el fin del mundo.
W. W. Skeat
Malay Magic (1900)

Antología de la literatura fantástica (1940)
Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares

domingo, 21 de mayo de 2017

La respiración

Aleksandr Solzhenitsyn en 1994 en un tren en Vladivostok. Foto: Wikipedia.

Llovió de noche y ahora las nubes se desplazan por el cielo. A veces caen algunas gotas.
Estoy de pie bajo un manzano que está terminando de florecer, y respiro.
No sólo el manzano, sino también los pastos que lo rodean, expanden aromas después de la lluvia, y no hay palabras para este sabor dulce y penetrante que impregna el aire. Lo aspiro con todos mis pulmones, siento el aroma en todo mi pecho, respiro, ora con los ojos abiertos, ora con los ojos cerrados, no sé cómo es mejor...
Tal vez esto sea la libertad, la única, pero la más apreciada libertad, de la cual nos priva la cárcel: respirar así, respirar aquí.
Ninguna comida en la tierra, ningún vino, ni siquiera el beso de una mujer, me resultan más dulces que este aire, este aire embriagado con el florecimiento, la humedad, la frescura.
No importa que esto sea sólo un minúsculo jardín, encerrado entre las jaulas de fieras de las casas de cinco pisos.
Dejo de oír los escapes de las motocicletas, el aullido de los tocadiscos, los gritos de los altoparlantes.
Mientras se puede respirar después de la lluvia bajo un manzano, se puede vivir.

Traducción de Irina Astrau

Cuentos en miniatura (1964)
Aleksandr Solzhenitsyn

viernes, 19 de mayo de 2017

Viajes con Heródoto

Ryszard Kapuscinski. Viajes con Heródoto.

Rodeados de luz en medio de la oscuridad

Heródoto se ve envuelto en un dilema irresoluble: por un lado dedica su vida a intentar preservar la verdad histórica, lleva a cabo sus investigaciones para impedir que el tiempo borre la memoria de la historia de la humanidad, y por el otro, su principal fuente de noticias no es otra que unos interlocutores que le cuentan los hechos no tal como sucedieron, sino tal como les hubiera gustado que sucedieran, dando, por consiguiente, rienda suelta a sus recuerdos selectivos y a su particular, arbitraria e intencionada manera de evocarlos. En una palabra, no se trata de una historia objetiva, sino de una historia pasada por la criba subjetiva de otros. Y no hay solución a este desencuentro. Podemos intentar reducirlo o atenuarlo, pero nunca alcanzaremos el estado ideal. Pues nos resultará imposible eliminar ese factor de subjetividad que siempre está ahí deformando la realidad. Consciente de ello, nuestro griego no cesa de subrayar sus reservas: «según me refieren», «unos afirman», «otros sostienen», «hay varias versiones», etc. Por eso, volviendo al estado ideal, nunca estamos ante la historia real, sino siempre ante una contada, tal como alguien sostiene -y cree- que ha sido.
Esta verdad es tal vez el mayor descubrimiento de Heródoto.

Traducción del polaco de Agata Orzeszek

Viajes con Heródoto (2004)
Ryszard Kapuscinski

jueves, 18 de mayo de 2017

Los trenes de la noche

Denis Saint Clair. El tren.

3
Recuerdo la Estación Central
en el atardecer de un día de diciembre.
Me veo apenas con dinero para tomar una cerveza,
despeinado, sediento, inmóvil,
mientras parte el tren en donde viaja una muchacha
que se ha ido diciendo que nunca me querrá,
que se acostaría con cualquiera, menos conmigo,
que ni siquiera me escribirá una carta.
Es en la Estación Central
un sofocante atardecer
de un día de diciembre.

Los trenes de la noche y otros poemas (1961)
Jorge Teillier

La vida como arte

Eugenio Trías. La dispersión.

Hay una mezquina tendencia a jubilar las musas consagradas y promocionar un nuevo repertorio de jóvenes musas. Así por ejemplo ahora se tiende a jubilar la pintura y la escritura y a «sustituirlas» por el diseño, la imagen o la «música pop».

¿Por qué esa manía «progresista» por afirmar algo «nuevo» a costa de la vejación o negación de lo «antiguo»? ¿O es que no pueden afirmarse todas las Musas a la vez...? ¿Cuándo aprenderemos a ser rigurosamente politeístas...? Afirmo la multiplicidad de los dioses y su profusa cohorte.

Escribir, pensar... son actos gratuitos: son vida...

LA VIDA COMO ARTE. Si me piden por la razón de mis actos, diré que los hago porque sí; porque sí, como dice el niño.
En verdad, la más razonable de las razones.

La dispersión (1971)
Eugenio Trías

sábado, 13 de mayo de 2017

Apostillas a los clásicos

Isidre Monés. El caballo de  Troya.

En la corte de Alcinoo, rey de los feacios, un aedo de nombre Demódoco canta las hazañas de los griegos de Troya.
Los jóvenes escuchan. Cuando Demódoco termina su relato, comentan en voz alta.
—Los versos, bien medidos.
—Las metáforas, brillantes y vigorosas.
—El lenguaje, adecuado a las situaciones.
—Esto, en cuanto a la forma. Analicemos ahora el fondo.
—Sobresaliente, a mi juicio, el retrato de Agamenón.
—Gracioso el episodio de Tersites.
—Inverosímil, en cambio, el ardid del caballo de madera.
—La muerte de Patroclo me hizo llorar.
—La sobrepasa en patetismo la de Héctor.
—Pues, ¿y la lamentación final de Príamo?
Entre los oyentes hay un extranjero que permanece silencioso. Nadie sabe quién es. Es Ulises.
Y Ulises piensa: «¿Qué es lo que ha cantado Demódoco? ¿A qué Troya se ha referido, a qué griegos? No he reconocido a nadie. Aquellos sudores, aquellas lágrimas, aquellos olores, aquellas voces, aquel fuego, aquel dolor, aquel miedo, ¿dónde están? Ha balbuceado una estúpida parodia. Ahora sabrán estos jóvenes lo que fue Troya».
Ulises comienza a hablar. Pero enseguida el auditorio lo interrumpe de mal talante:
—Cállate, extranjero. Y cesa de farfullar ese galimatías. Tu guerra de Troya se parece más a una riña de gallos que a una contienda entre héroes. Luego del divino canto de Demódoco, ¿pretendes tú emularlo con semejante ristra de disparates?

Obras completas
Marco Denevi

Diccionario ideológico de la lengua española

Julio Casares. Diccionario ideológico de la lengua española.

Contracandela. En las plantaciones de caña de azúcar, fuego que se da, en caso de incendio, en la parte del cañaveral de donde viene el viento, para que al llegar allí las llamas, queden detenidas.

Epostracismo. Juego de los antiguos griegos que consistía en hacer rebotar sobre la superficie del agua una concha o piedra plana.

Ornitomancia. Predicción del porvenir por el vuelo y canto de las aves.

Diccionario ideológico de la lengua española
Julio Casares

viernes, 12 de mayo de 2017

Historia como sistema

José Ortega y Gasset. Historia como sistema.

VIII

El hombre es lo que le ha pasado, lo que ha hecho. Pudieron pasarle, pudo hacer otras cosas, pero he aquí que lo que efectivamente le ha pasado y ha hecho constituye una inexorable trayectoria de experiencias que lleva a su espalda, como el vagabundo el hatillo de su haber. Ese peregrino del ser, ese sustancial emigrante, es el hombre. Por eso carece de sentido poner límites a lo que el hombre es capaz de ser. En esa ilimitación principal de sus posibilidades, propia de quien no tiene una naturaleza, sólo hay una línea fija, preestablecida y dada, que puede orientarnos, sólo hay un límite: el pasado. Las experiencias de vida hechas estrechan el futuro del hombre. Si no sabemos lo que va a ser, sabemos lo que no va a ser. Se vive en vista del pasado.

En suma, que el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene... historia. O, lo que es igual: lo que la naturaleza es, a las cosas, es la historia —como res gestae— al hombre.

Historia como sistema (1941)
José Ortega y Gasset

jueves, 11 de mayo de 2017

Escrito en un jardín

Ilustración de Clay Wagstaff.

Signo hermético del aire, triángulo vacío que apunta hacia lo alto. En los días tranquilos la pirámide verde del árbol se sostiene en el aire en perfecto equilibrio. En los días de viento, las ramas, al agitarse, inician el comienzo de un vuelo.

El agua que por sí misma cede y desciende. Y por eso es apropiado aplicarle el calificativo franciscano: umile.

Las raíces hincadas en el suelo, las ramas que protegen los juegos de la ardilla, el nido y los cantos de los pájaros, la sombra otorgada a las bestias y a los hombres, la copa en pleno cielo. ¿Conoces una manera de existir más sabia y más benéfica?

Traducción de Emma Calatayud

El tiempo, gran escultor (1983)
Marguerite Yourcenar

martes, 9 de mayo de 2017

Diario de la galera

Imre Kertész. Diario de la galera.

Si conocemos nuestras costumbres no estaremos tan perdidos.

¿El sueño de quién estoy viviendo? ¿La lengua de quién estoy hablando?

A veces el genius loci se apodera de mí de tal forma que paso meses sentado junto a la mesa, con los brazos caídos y la cabeza inclinada.

No existe personaje más novelesco que el hombre que piensa. Pensar no es solamente peligroso para uno mismo y la comunidad, no es sólo una pasión que sustituye las otras, una aventura más arriesgada que todas las aventuras, algo interior mucho más singular que la fe, sino para colmo algo muy poco habitual.

Ningún gran descubrimiento posee valor suficiente para que abandonemos nuestro hábitos cotidianos.

Traducción de Adan Kovacsics

Diario de la galera (1992)
Imre Kertész

lunes, 8 de mayo de 2017

La novia robada

Juan Carlos Onetti. La novia robada.

Santa María tiene un río,
tiene barcos.
Si tiene un río tiene niebla. Los barcos
usan bocinas, sirenas. Avisan,
están, pobre bañista y mirador de agua
dulce. Con su sombrilla, su bata, su traje
de baño, canasta de alimentos,
esposa y niños, usted, en un instante
en seguida olvidado de imaginación
o debilidad, puede, pudo, podría
pensar en el tierno y bronco gemido
del ballenato llamando a su madre,
en el bronco, temeroso llamado
de la ballena madre. Está bien;
así, más o menos, sucede en Santa María
cuando la niebla apaga el río.

La novia robada (1968)
Juan Carlos Onetti

sábado, 6 de mayo de 2017

La vida te cambia los planes

Orlando Van Bredam. La vida te cambia los planes.

Zumbidos de siesta

En la siesta pueblerina se oye el zumbido de los altavoces callejeros sobre un viejo rámbler;
"¡Esta noche en Cine Ambassador vea 'La Biblia'! ¡La película de todos los tiempos! ¡No se la pierda! ¿Matará Caín a Abel? Sépalo esta noche a las 21 en Cine Ambassador.

Preocupación

—No se preocupe. Todo saldrá bien—dijo el verdugo.
—Eso es lo que me preocupa—respondió el condenado.

La vida te cambia los planes (1994)
Orlando Van Bredam

miércoles, 3 de mayo de 2017

El ángel literario

Eduardo Halfon. Foto: Amir Valle.

Existe el momento de la primera inspiración literaria. El primer golpe. Como escritor, sospecho que toda persona que decide incursionar en el mundo de las letras, sin duda, sin duda alguna, debe tener un momento específico de génesis literaria. Distinto es ubicarlo. Dicho de otro modo: en qué momento una persona se convierte en escritor. Dicho de aún otro modo: en qué momento una persona queda preñada de ese extraño anhelo por narrar, por contar, por escribir, por adoptar las palabras como su forma de expresión y, en ciertos casos, su modus vivendi. Encontrar ese instante y narrarlo. Encontrar el momento preciso en que una persona cualquiera deja de ser una virgen literaria, y empieza a hacer el amor con las palabras; o como me dijo un amigo: encontrar el momento en la vida de personas con tan pocas circunstancias propicias en que les pasa un ángel por encima y caen en la literatura.

El ángel literario (2004)
Eduardo Halfon

sábado, 29 de abril de 2017

Fui al río...

Juan L. Ortiz. Antología Poética.

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.

Regresaba
—¿Era yo el que regresaba?
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

Antología Poética
Juan L. Ortiz