domingo, 19 de febrero de 2017

Guirnalda con amores

Adolfo Bioy Casares. Guirnalda con amores.

Retrato del héroe

Algunos al héroe lo llaman holgazán. Él se reserva, en efecto, para altas y temerarias empresas. Llegará a las islas felices y cortará las manzanas de oro, encontrará el Santo Graal y del brazo que emerge de las tranquilas aguas del lago arrebatará la espada del rey Arturo. A estos sueños los interrumpe el vuelo de una reina. El héroe sabe que tal aparición no le ofrece una gloriosa aventura, ni siquiera una mera aventura —desdeña la acepción francesa del término— pero tampoco ignora que los héroes no eluden entreveros que acaban en la victoria y en la muerte. Porque no se parecen a nuestros héroes criollos, no sobrevive para contar la anécdota. ¿Quienes la cuentan? Los sobrevivientes, los rivales que él venció. Naturalmente, le guardan inquina y se vengan llamándolo zángano.

Guirnalda con amores (1959)
Adolfo Bioy Casares

martes, 14 de febrero de 2017

Una muchacha

Andrés Castellanos. Chica de la ciudad.

Ha salido, tal vez, de su casa hace un rato.
No va a ninguna parte. Da gusto, en primavera,
pasear a estas horas sin rumbo, mientras cae
la tarde lentamente y vuelan los vencejos
en la luz que declina. Ha estado en un jardín;
pasó por una plaza y por una alameda.
Tiene ganas de andar.
                                         Ahora, el azar la trae,
despacio, hasta mi calle. Yo, aburrido, me asomo
a un balcón de mi casa, y, al mirar hacia abajo,
la veo venir. Tendrá veinte años apenas.
Camina con la gracia que regala la vida
a quien es bello y joven: gloria breve del cuerpo;
milagro de lo efímero, que cifra en su relámpago
visos de eternidad.
                                   Ajena a mi mirada,
se va acercando. El oro del sol último brilla
en su piel, en sus ojos, en el dulce desorden
oscuro de su pelo. En este instante, cruza
de una acera a la otra. No sabe que la observo,
que su fugaz presencia me hace feliz. Muy pronto
pasará por la puerta de la casa en que vivo.
Ya llega. Ya ha pasado. Y sigue. Y va alejándose.
Dentro de unos momentos doblará aquella esquina.

Autorretratos (1989)
Eloy Sánchez Rosillo

lunes, 13 de febrero de 2017

El aprecio de las cosas

Luis García Montero. El aprecio de las cosas.

Las cosas son un relato, un curso abreviado de filosofía, una forma de cuidado. La vida se enreda en su paciencia para dejarse mirar, y la voluntad de convivir provoca un conocimiento íntimo, una posesión amorosa en la que uno acaba siendo la cosa de sus cosas. Manías, ilusiones, antiguas debilidades, fechas y viajes, todo permanece en las cosas, que dan testimonio y guardan memoria amarga o feliz de nosotros. Las cosas son objetos con los que convivimos, nos conocen y sirven para conocernos, forman un currículum íntimo, una versión humana de los antecedentes penales. Las penas y las dichas van por dentro de las cosas. Cuando se les cruzan los cables a los recuerdos y quieren ponerle precio a la vida en venta, conviene tener la ayuda de las cosas, su mirada vigilante. Los años pasan factura, imponen un modo de entender el tiempo que conviene ajustar con la ayuda del aprecio a las cosas, una herencia que somos capaces de dejarnos a nosotros mismos.
El mercado fija, como el tiempo, el precio de las cosas. Nosotros fundamos el aprecio de aquello junto a lo que vivimos y amamos. Tenemos los días contados y las cosas contadas. El banquero cuenta sus beneficios y el político sus votos. En los sábados de reflexión, con esa capacidad de amor que sólo tienen los solitarios, necesito contar y recontar mis cosas. No pierdo el tiempo, me pierdo en el tiempo de mis habitaciones. Me reconozco en lo que soy, sin someterme a los resultados inmediatos de mí mismo. Vagabundeo por la casa y miro la carta infantil, el paquete de tabaco de mi padre, el primer disco, las fotografías de juventud, los carnés, la bufanda tricolor, la Torre Eiffel de mi primer viaja a París, la corbata de Alberti, los libros dedicados, los cuadernos antiguos, las fotografías en las que me siento una cosa más en los brazos del pasado, los dibujos infantiles de mis hijos, mis pegatinas pacifistas del año 86... ¿Se trata de un museo? No, se trata de un paisaje.

Una forma de resistencia (2012)
Luis García Montero

domingo, 12 de febrero de 2017

El hombre imaginario

Nicanor Parra. Hojas de parra.

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

Hojas de parra
Nicanor Parra

viernes, 10 de febrero de 2017

Voces reunidas

Antonio Porchia. Voces reunidas.

A veces lo que deseo y lo que no deseo se hacen tantas concesiones que llegan a parecerse.

Lo que hice o no hice, creo que pasó. Y lo que haré o no haré, creo que también pasó.

Mi pobreza no es total: falto yo.

Un corazón grande se llena con muy poco.

No, no entro. Porque si entro no hay nadie.

Cerca de mí no hay más que lejanías.

Toda cosa existe por el vacío que la rodea.

Voces reunidas
Antonio Porchia (1885-1968)

domingo, 5 de febrero de 2017

Política

Luisa Valenzuela. Aquí pasan cosas raras.

Una pareja baja del tren en Retiro. Tienen las manos ocupadas: de la izquierda de él y de la derecha de ella cuelgan sendos bolsos. La izquierda de ella y la derecha de él están enlazadas. Miran a su alrededor y no entienden. Las manos enlazadas se desenlazan, él se enjuga el sudor de la frente, ella se arregla la blusa. Vuelven a tomarse de la mano y caminan varios metros hasta la calle. Recién llegados del interior. Traen la información. Nadie ha ido a recibirlos. Se pierden en la ciudad, desaparecen para siempre y nunca más serán identificables a partir del momento en que se soltaron las manos, poco después de la llegada a Retiro. Las manos no se vuelven a juntar en la ciudad —o muy esporádicamente— y la información de diluye en los gases de escape y queda flotando por ahí con la esperanza de que alguien, algún día, sepa descifrar el código

Aquí pasan cosas raras (1975)
Luisa Valenzuela

sábado, 4 de febrero de 2017

Apuntes

Czeslaw Milosz. Tierra inalcanzable.

Apuntes

Esta gente que está a mi lado no sabe cuán difícil es fingir que nada ha pasado, que todo es normal.

Amé a Dios con todas mis fuerzas en los caminos arenosos de los bosques.

¿Dónde está la memoria de esos días que fueron tus días en la tierra,
Y te causaron dolor, y alegría, y fueron para ti todo el universo?

Muy abajo, en las simas,
Una mesa, en ella hay un libro grueso,
Y una mano que escribe en él...
De Otro espacio (2002)
Traducción de de Xavier Farré

Tierra inalcanzable. Antología poética.
Czeslaw Milosz

viernes, 3 de febrero de 2017

Del otro lado

Eugénio de Andrade, en 1998. Foto: Alfredo Cunha.

También yo me he sentado ya algunas veces a las puertas del crepúsculo, pero quiero decirte que mi comercio no es el del alma, hay iglesias de sobra y nadie te impide entrar. Muere si quieres por un dios o por la patria, eso es cosa tuya; hasta puede suceder que mueras por algo que te pertenezca, pues siempre patrias y dioses han sido propiedad sólo de algunos, pero no me pidas a mí, que sólo conozco los caminos de la sed, que te muestre la dirección de los manantiales.

Traducción de Ángel Crespo

Memoria de otro río (1976-1977)
Eugénio de Andrade

miércoles, 1 de febrero de 2017

Regla de San Benito

Oswaldo Cantillo. La cantoría.

G) — La Disciplina

30. La corrección de los niños y los menores

Cada edad y cada inteligencia deben ser medidas por su propio rasero. Por eso cuando cometan faltas los niños, los adolescentes o los que no pueden llegar a comprender la gravedad de la pena de excomunión, para que se curen se les someterá a ayunos rigurosos o se les castigará con azotes fuertes.


45. Las faltas en el oficio del coro

Si alguno se equivoca mientras recita un salmo, un responsorio, una antífona o una lección, y no se humilla ante todos dando reparación en el acto, se le impondrá un castigo más severo ya que no quiso corregir con humildad lo que hizo mal por negligencia.
Y a los niños se les pegará por esa falta.

Versión de Antonio Linage Conde

Regla de San Benito
San Benito (480-547)

martes, 31 de enero de 2017

La vuelta al reloj

Édouard Manet. El lector

Todos los días, a las tres y media de la tarde, cuando el sol es más firme y las calles parecen más solitarias, el viejo lector acude humildemente a la Biblioteca. Suele ser el primero en llegar y por eso espera en un oscuro descansillo. Los empleados en cuyas voces y gestos se percibe cierta brusquedad— le tratan casi con cariño, aunque él evite su mirada o no los reconozca. El viejo lector tiene unos ojos azules que comienzan a engañarle con las sombras.
Cuando penetra en la Biblioteca ve los volúmenes inabarcables, que dormitan, como si fuera imposible reconocer el bullicio sordo de las palabras que en ellos aguarda. El viejo lector se distrae a veces con mapas amarillentos o juega con el reloj de arena que siempre lleva consigo. A veces también alza la cabeza y deja su vista fatigada sobre el techo, como aventurando conjeturas imposibles. Sin embargo, lo que trae al lector a la olvidada Biblioteca es algo muy concreto, quizá evidentísimo, que sabe que reconocerá si da con el volumen adecuado (Imaginemos, tal vez esté en su mente la historia que Suetonio escribió sobre la guerra de Crimea, en una ilocalizable versión árabe).
El viejo lector trabaja con fanática paciencia. Nada podría distraerle, en su inmensa soledad, de la tarea. La bibliotecaria se muestra solícita con él, le trae los libros que pide y es incluso amable.
El viejo lector recorre miles de líneas y toma algunas notas. De vez en cuando da la vuelta a su reloj y la arena, confundida, vuelve a deslizarse silenciosamente. A veces levanta la cabeza y se ve solo en el inmenso salón de lectura. 
Sólo él sabe qué hermoso es el camino y qué cierta la derrota.

Noticia de tierras improbables (1992)
Pedro Ugarte

lunes, 30 de enero de 2017

Una mujer desnuda y en lo oscuro

Ilustración de Manrico Orlandi.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda

una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan

una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo

una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte

Preguntas al azar (1985-1986)
Mario Benedetti

domingo, 29 de enero de 2017

Memorias

Alfonso Canales, fotografiado por Francis.

Como quien ve una cinta de romanos
veo mis gastados días, mis pesquisas de niño,
mis lejanos jardines y mis descubrimientos
de prohibidos placeres.
Ya no es mío ese tiempo
gastado y muerto: finjo
recordar, cuando soy
un mero espectador ante sucesos
torpemente inventados.
Soy otro, y antes otro y otro fui. Me figuro
que este que escribe ahora
estos versos arrastra cadenas de ocasiones
gozadas o dolidas, pero en verdad no acierto
a saber si el de hoy
es el mismo de ayer y será el de mañana.

Poemas de la teja
Alfonso Canales (1923-2010)

sábado, 28 de enero de 2017

La hoja

Jean-François Dupuis. Hoja.

Un hombre se alejaba, en extremada soledad, del centro urbano; se sentó en un banco, al borde de uno de esos grandes bulevares que suelen llamar allá «cinturón». Una hoja se posó sobre él, pues había árboles en aquel cinturón. En modo alguno se habría atrevido a tirar esa hoja: era una señal de lo alto y la guardó.
Debía volver a casa, donde le esperaba algo que comer, no tenía hambre, pero se había de alimentar. ¿O acaso era mejor, sin más espera, instalarse allí para toda la eternidad y morir? Fue justo entonces cuando un singular problema tomó forma. Un hombre que deambula por la calle con una hoja en la mano despierta extrañeza; pero él no tenía derecho a separarse de la hoja: era ésta una señal de lo alto. La hizo entonces girar entre sus manos cruzadas a la espalda como por distracción: un modo de evitar el ridículo. Y mientras así la hacía girar y girar, la hoja, repentinamente, cayó; en la última callejuela antes de llegar a donde vivía él. El hombre prosiguió su camino, la cobardía era demasiado fuerte en el fondo de sí y la hoja quedaba por tierra, atrás.
Un paso más, un paso y después otro, y la hoja quedaba cada vez más lejos, detrás de él, por tierra. Sentía su cobardía crecer, soñaba con campos inmensos que se agigantaban a la caída de la noche, y el recuerdo de la hoja volvía sin cesar y una vez más se perdía. En un momento dado, sin embargo, se hizo invencible el miedo, y el acontecimiento se produjo, surgió a pesar de todo: maquinalmente se volvió en busca de la hoja.
En esa pugna en la que se jugaban su felicidad y su vida había llegado de todos modos a decidir; por eso, apenas hubo empezado a desandar su camino, su marcha se hizo alegre: ya no temía a nadie, iba a buscar la hoja.
Una pequeña hoja, un poco marchita, difícil de distinguir sobre el empedrado.
Caminó sin verla mucho tiempo. El viento la habrá arrastrado, pensó, o el pie de un transeúnte. Sintió entonces una gran tristeza. Después, el canto de una alegría lejana volvió a alzarse, porque la desgracia ya no vendría por él. Se encaminó con más alegre paso hacia su casa. 
Cuando apenas había hecho la mitad de camino, vio la hoja. Estaba allí, sobre el empedrado, visible y tontamente. Pequeña y visible era la hoja, y el hombre comprendió cómo podía no haberla visto. Lleno de júbilo la recogió, sin preocuparse de las mujeres que, desde las ventanas, miraban mientras sacudían sus sábanas.
La victoria era ahora suya, manifiesta, en una inmediata claridad. Con la hoja en la mano, erguida la cabeza, entró en su casa.

Versión de  José Ángel Valente de la traducción francesa efectuada por Philippe Jaccottec

La hoja
Ludwig Hohl (1904-1980)

lunes, 23 de enero de 2017

Los veranos

Francisco Brines. El otoño de las rosas.

¡Fueron largos y ardientes los veranos!
Estábamos desnudos junto al mar,
y el mar aún más desnudo. Con los ojos,
y en unos cuerpos ágiles, hacíamos
la más dichosa posesión del mundo.

Nos sonaban las voces encendidas de luna,
y era la vida cálida y violenta,
ingratos con el sueño transcurríamos.
El ritmo tan oscuro de las olas
nos abrasaba eternos, y éramos sólo tiempo.
Se borraban los astros en el amanecer
y, con la luz que fría regresaba,
furioso y delicado se iniciaba el amor.

Hoy parece un engaño que fuésemos felices
al modo inmerecido de los dioses.
¡Qué extraña y breve fue la juventud!

El otoño de las rosas (1986)
Francisco Brines

Canto a mí mismo

Walt Whitman. Canto a mí mismo.

46

Lo mejor del tiempo y del espacio es mío,
del tiempo y del espacio que nunca se han medido,
del tiempo y del espacio que nadie medirá.

Marcho por un camino perpetuo (Escuchadme todos).
Mis señas son un capote de lluvia,
zapatos regios y un báculo que he cortado en el bosque.
Ningún amigo mío se sentará en mi silla.
Yo no tengo silla, ni iglesia, ni filosofía; 
yo no conduzco a los hombres
ni al casino
ni a la biblioteca
ni a la Bolsa...
Los llevo hacia aquellas cumbres altas.
Mi mano izquierda te tomará por la cintura,
con la derecha te mostraré paisajes del continente y del camino abierto.
Nadie, ni yo, ni nadie, puede andar este camino por ti,
tú mismo has de recorrerlo.
No está lejos, está a tu alcance.
Tal vez estás en él sin saberlo, desde que naciste,
acaso lo encuentres de improviso en la tierra o en el mar.

Traducción de León Felipe

Canto a mí mismo
Walt Whitman

domingo, 22 de enero de 2017

Diario íntimo

Sören Kierkegaard. Diario íntimo.

Sólo cuando me pongo a escribir me siento bien. Entonces se me desvanecen los disgustos de la vida y los sufrimientos, me encuentro con mi pensamiento y me siento feliz. Nulla dies sine linea. Nulla dies sine lacryma. Ni un solo día sin escribir una línea. Ni un solo día sin verter una lágrima.

Traducción de Mª Angélica Bosco

Diario íntimo
Sören Kierkegaard (1813-1855)

viernes, 20 de enero de 2017

Estelas

Mercedes Escolano. Estelas.

XXIV

De la noche aprendí el precio de la luz.
De los libros, la luz sin precio
para el hombre. De la noche y los libros
le vienen al hombre no pequeños placeres.

XXXIX

Júpiter, que da y quita los bienes
a voluntad, quiso concederme
días agradables: buenos libros,
amistades sencillas y tranquilos
días en el campo, alejado de la turba
y el bullicio indómito de Roma.

Estelas (1991)
Mercedes Escolano

Aviso de caminantes

Eloy Sánchez Rosillo. Elegías.

En la suma de días indistintos
que la vida da al hombre, acaso hay uno
en que el destino, trágico y hermoso,
pasa por nuestro lado y el azar manifiesta
una insólita luz, un desusado
fulgor inconfundible.
Pero no has de dudar. Ten el coraje
cuando llegue el momento,
de abandonar las cosas con que siempre
te engañó la costumbre, y sube pronto
a ese carro de fuego.
                                    Poco dura
el milagro.
                   Después, si te negarás
a partir, sólo noche
merecerás. Y nunca, aunque quisieras,
podrás comprar la luz que despreciaste.

Elegías (1984)
Eloy Sánchez Rosillo

jueves, 19 de enero de 2017

Libro del desasosiego

Alexei Galushkov. Chevrolet. (Retroatelier).

347
¿Viajar? Para viajar basta con existir. Voy de día a día, como de estación a estación, en el tren de mi cuerpo, o de mi destino, asomado a las calles y a las plazas, a los gestos y a los rostros, siempre iguales y siempre diferentes como, al final, lo son todos los paisajes.
Si imagino, veo. ¿Qué más hago si viajo? Sólo la debilidad extrema de la imaginación justifica que haya que desplazarse para sentir.
«Cualquier carretera, esa misma carretera de Entepfuhl, te llevará hasta el fin del mundo» Pero el fin del mundo, desde que el mundo se ha acabado dándole la vuelta, es el mismo Entepfuhl de donde se ha partido. En realidad, el fin del mundo, como el principio, es nuestro concepto del mundo. Es en nosotros donde los paisajes tienen paisaje. Por eso, si los imagino, los creo; si los creo, existen; si existen, los veo como a los otros. ¿Para qué viajar? En Madrid, en Berlín, en Persia, en la China, en ambos Polos, ¿dónde estaría yo sino en mí mismo, y en el tipo y género de mis sensaciones?
La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.

Traducción de Ángel Crespo

Libro del desasosiego
Fernando Pessoa (1888-1935)

martes, 17 de enero de 2017

Tratado de las vírgenes

San Ambrosio. Tratado de las vírgenes.

Libro primero

Las mujeres que adornan sus cuerpos a manera de ídolos, para ser agradables a los hombres, se disminuyen ante ellos mismos, perdiendo en cambio el amor a sus maridos; porque aquéllos las rechazan por vanas, y éstos por dudar de la fidelidad de ellas, al verlas ocupadas en deshonestas liviandades. Pero vosotras que despreciáis tales ornamentos, os vestís el hábito humilde de la modestia, que es el mejor adorno de la belleza. No os agujeréis las orejas, para colgarles brillantes arracadas, ni ajustéis vuestras gargantas con los collares, que aprisionan la cerviz de las mundanas como el fuerte dogal aprisiona el cuello del esclavo, o la cadena el pie del desdichado galeote condenado a servidumbre por sus crímenes: que cadena es cadena al fin, aunque dorada, su fulgor no hace menos amarga la prisión del encadenado, ni suaviza su desgracia. ¿Le importa acaso estar ligado con hierro o con oro, siendo igualmente prisionero de ambas maneras? ¿Puede el lazo precioso endulzar su cautiverio? ¿Acaso el grillete de oro hará menos infame a la servidumbre?

Traducción de A. Conca

Tratado de las vírgenes
San Ambrosio (340-397)

sábado, 14 de enero de 2017

Por si acaso

Ángel Gabilondo. Por si acaso.

Puestos a cambiarlo todo, conviene incluirse.

Cerrar los ojos para pensar es como cerrar la boca para comer.

Despertarse lleva a veces años.

Sin horizontes no veo ni de cerca,

Cuando era niño no tenía probablemente infancia. Ahora sí.

Por si acaso. Máximas y mínimas (2014)
Ángel Gabilondo

viernes, 13 de enero de 2017

Ocaso de un imperio

Thomas Kinkade. El rosal.

Swift inventó el país de Liliput, poblado por hombres diminutos, y Tomás Moro la isla de Utopía, cuya capital es Amauroto. Yo también me dedico a inventar lugares imaginarios. Sin ir más lejos, ayer dibujé un círculo con guijarros en el patio y lo nombré Imperio de Chu. Chu es un país árido, sembrado de agujas de pino y habitado sólo por hormigas. Más allá de sus fronteras se extienden parterres con begonias y crisantemos, y también un sendero de grava que conduce hasta la verja de salida, esa verja que siempre permanece cerrada (al menos, para mí). Todos los imperios están condenados a desaparecer: esta mañana, el jardinero arrasó Chu al pasarle un rastrillo por encima. Como me encaré con él, las enfermeras decidieron inyectarme una nueva dosis de tranquilizante.

El imperio de Chu (2008)
Manuel Moyano

jueves, 12 de enero de 2017

Dirección única

Walter Benjamin en París, 1938, fotografiado por Gisèle freund.

Material didáctico
Principios del mamotreto o el arte de fabricar libros gruesos

I. En toda la exposición deberán entreverarse continuas y prolijas referencias al plan de la obra.

II. Se introducirán términos para designar conceptos que, salvo en su definición misma, no vuelvan a aparecer en todo el libro.

III. Las distinciones conceptuales a las que con gran dificultad se llegue a lo largo del texto, deberán desdibujarse de nuevo en las notas a los pasajes correspondientes.

IV. Se darán ejemplos para ilustrar conceptos que sólo sean tratados en su acepción general: así, donde se hable de máquinas, se enumerarán todos sus tipos.

V. Todo cuanto a priori esté claro de un objeto, será corroborado por una retahíla de ejemplos.

VI. Las correlaciones representables gráficamente serán descritas con palabras. En vez de dibujar, por ejemplo, un árbol genealógico, todos los vínculos de parentesco serán pormenorizados e ilustrados.

VII. Varios adversarios que defiendan la misma argumentación, deberán ser refutados uno a uno.

Traducción de Juan J. del Solar y Mercedes Allendesalazar

Dirección única
Walter Benjamin

martes, 10 de enero de 2017

Vida de un hombre

Giuseppe Ungaretti. Vida de un hombre.

Vagabundo
Campo de Mailly mayo 1918

En ninguna
porción
de tierra
puedo
alojarme

En cada
nuevo
clima
que hallo
me siento
languideciente
aunque
antes ya estaba
acostumbrado

Y de allí me desprendo siempre
extranjero

Naciendo
al retornar desde tiempos demasiado
vividos

Gozar un solo
minuto de vida
inicial

Busco un país
inocente

Traducción de Gianna Prodan y Miguel Galanes

Vida de un hombre
Giuseppe Ungaretti

sábado, 7 de enero de 2017

Cómo leo

David Hamilton. Muchacha leyendo.

VI

Hay libros primaverales que brotan en nuestra memoria cuando el aire empieza a tener efluvios de violetas, y tan cálidos de sol y de amor que no sería posible leerlos en otras estaciones. En invierno más bien serían tormento que compensación; en otoño nos ablandarían en la nostalgia.
Ciertos libros heroicos, duros, ascéticos, tonificantes, hay que leerlos por la mañana temprano, cual si nos pusiéramos la armadura después de un baño helado. Y hay otros —pienso especialmente en ciertos poetas— que están hechos para ser leídos al anochecer, al lado de una ventana, en esa tibieza que deja el sol reciente, en esa hora que se presta a las primeras escaramuzas con la tristeza, a los recuerdos molestos que resucitan, como los fantasmas, al aproximarse la gran solemnidad de la noche.

Traducción de Alfonso Banda Moras

Exposición personal (1941)
Giovanni Papini

miércoles, 4 de enero de 2017

Las ruinas

Ferdinand Knab. Ruinas.

En la contemplación de las ruinas, el argumento se reduce al mínimo y deja visible en toda su amplitud el horizonte, el tránsito de las cosas de la vida; es el raro privilegio de que gozan y que es causa de su fascinación. También las cosas gastadas muestran el paso del tiempo y en el caso de un objeto usado por el hombre algo más: la huella, siempre misteriosa de una vida humana grabada en su materia. Un cepillo usado, un zapato viejo, un traje raído, casi llegan a alcanzar la categoría de ruina. Porque ruina es solamente la traza de algo humano vencido y luego vencedor del paso del tiempo.

El hombre y lo divino (1955)
María Zambrano

jueves, 29 de diciembre de 2016

Pensamientos

Retrato de Giacomo Leopardi por D. Morelli.

CVII

Muchas tonterías se dicen en público por el simple afán de hablar. Pero el joven que en algo se estima a sí mismo, cuando se introduce en el mundo por primera vez, fácilmente comete otro defecto, es decir: que para hablar espera que en su vida ocurran cosas extraordinariamente bellas e importantes. Así, esperando, acaece que no habla nunca. La más sensata conversación del mundo y la más estrepitosa se componen, en su mayor parte, de dichos y de razonamientos frívolos y ordinarios, con los que, de cualquier modo, se procurará pasar el tiempo hablando. Y es necesario que cada cual se decida a decir las cosas más comunes, para decir las no comunes sólo a veces.

Traducción de Antonio Colinas

Pensamientos
Giacomo Leopardi (1798-1837)

Por otro rey

Roberto Fernández retamar. A quien pueda interesar.

Largos, infinitos poemas vienen: yo los rechazo;
Vuelven como en oleadas insistentes, en paños,
En aguas vastas y golpeantes: yo los empujo
Contra su propio fragor, yo los hundo
Unos en otros; regresan otra vez, van a los ojos,
Van al rostro, buscan la boca, el cuerpo:
Yo los resisto, los alejo, vuelven, siempre vuelven.
Multitud espesa de letras
Está ya en marcha, y es inútil el rechazo.

A quien pueda interesar. Poesía (1958-1970)
Roberto Fernández Retamar

martes, 27 de diciembre de 2016

Aforismos

Georg Cristoph Lichtenberg. Aforismos.

G
(1779-1783)

54
Pagar deudas con el mismo placer con que se cobra dinero es, sin duda, un signo inequívoco de que se ha mejorado.

79
Hay gente capaz de creer en todo lo que quiere: ¡son tan felices!

150
El libro que primero merecería ser prohibido en el mundo sería un catálogo de libros prohibidos.

184
Entre todas las curiosidades que había acumulado en su casa, él mismo acababa siendo la más grande.

212
Hacer que cada momento de nuestra vida sea el mejor posible, independientemente de la mano del destino de que provenga y de si es favorable o desfavorable: en esto consiste el arte de vivir y el verdadero privilegio de un ser racional.

Traducción de Juan del Solar

Aforismos
Georg Christoph Lichtenberg

lunes, 26 de diciembre de 2016

Paralajes

Cometa Hale Boop, fotografiado por Franz Haar, en 1997. (Wikipedia).

VIMOS el cometa
que pasa cada seis mil años.
Las palabras despertaron.
Los oídos se embriagaron
con su clamor sigiloso.
Los ojos fueron cautivos
de su incesante manar,
que entretejía coronas en el aire
con las hebras del misterio.
Y nos recorrió un jardín
de quietud abarcadora
que en el confín del no ser
el puro ser custodiaba.
Vimos el cometa,
lo vimos y lo vemos
porque somos materia
de una estrella muerta
y la luz es nuestro secreto.

Paralajes (2002)
Clara Janés

sábado, 24 de diciembre de 2016

Sin novedad en el frente

Erich Maria Remarque. Sin novedad en el frente.

X
Soy joven, tengo veinte años, pero no conozco de la vida más que la desesperación, el miedo, la muerte y el tránsito de una existencia llena de la más absurda superficialidad a un abismo de dolor. Veo a los pueblos lanzarse unos contra otros, y matarse sin rechistar, ignorantes, enloquecidos, dóciles, inocentes. Veo a los más ilustres cerebros del mundo inventar armas y frases para hacer posible todo eso durante más tiempo y con mayor refinamiento. Y, al igual que yo, se dan cuenta de ello todos los jóvenes de mi edad, aquí y entre los otros, en todo el mundo; conmigo lo está viviendo toda mi generación. ¿Qué harán nuestros padres si un día nos levantamos y les exigimos cuentas? ¿Qué esperan que hagamos cuando llegue una época en la que no haya guerra? Durante años enteros nuestra tarea ha sido matar; éste ha sido el primer oficio de nuestras vidas. Nuestro conocimiento de la vida se reduce a la muerte. ¿Que más puede suceder después de esto? ¿Y qué será de nosotros?

Traducción de Judith Vilar

Sin novedad en el frente (1929)
Erich Maria Remarque

Por sendas de montaña

Matsuo Basho. Por sendas de montaña.

Por sendas de montaña
encontré algo sublime:
la silvestre violeta.

En mi vida viajera
arar, yendo y viniendo,
una parcela.

Al olor del ciruelo,
sale de pronto el sol
por sendas de montaña.

Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Por sendas de montaña
Matsuo Basho (1644-1694)

sábado, 17 de diciembre de 2016

Entre la vida y el sueño

Antonio Fuertes. Tren

Fragmentos de un diario de vacaciones

Lo que me gusta de una salida de viaje —dije mientras el mozo de blusa azul colocaba mi maleta en la red—, lo que me gusta de una marcha, es que nos libera de falsas desgracias. ¿Qué es una injuria tan pronto como el que ha insultado se haya a cien leguas de distancia? ¿Qué es el amor desde el momento que la amante está fuera de nuestro alcance? Sólo viajando —continué, dejándome caer sobre los almohadones— somos verdaderamente nosotros mismos. He aquí a Yorick, es decir, un cuerpo, necesidades, recuerdos, y no la casa de Yorick, los servidores de Yorick, los amigos y los enemigos de Yorick, la leyenda de Yorick y la fortuna de Yorick. Ya no hay bienes para administrar, excepto las seis camisas, los doce pañuelos y los veinticinco volúmenes que contiene esta maleta. Ya no hay que temer ni más llamadas ni más visitantes. En este momento, cuando el tren arranca, deslizándose sobre las vías chirriantes de la estación del Norte, decidí escribir el relato de mi viaje...

Traducción de Rosa S. de Naveira

Entre la vida y el sueño
André Maurois (1885-1967)

martes, 13 de diciembre de 2016

Diccionario del hombre contemporáneo

Bertrand Russell. Diccionario del hombre contemporáneo.

Aventura

Una vida sin aventura probablemente es insatisfactoria, pero una vida en la cual se permite que la aventura tome cualquier forma, es, seguramente, corta.

Cambio

Cambio es una cosa, y progreso otra. El cambio es "científico", y el progreso es "ético"; el cambio es indudable, mientras que el progreso es un asunto de controversia.

Grandes hombres

Los grandes no están solos; de la oscuridad surgen las voces de los predecesores, claras y animosas; y por lo tanto, a través de las edades realizan  un desfile imponente, orgullosos, impávidos, inconquistables. El ingresar en esta gloriosa compañía, el engrosar las filas de los que el destino no logró someter, puede ser la felicidad: ¿pero qué significa la felicidad para aquéllos cuyas almas están llenas de esa música celestial?

Traducción de Josefina Martínez Alinari

Diccionario del hombre contemporáneo
Bertrand Russell (1872-1970)

jueves, 8 de diciembre de 2016

El sabor del éxito

José María Merino, fotografiado por Claudio Álvarez (2012).

Tan joven y ya ministro, piensa, y sonríe al sentir la frase repetirse una y otra vez en su cabeza, como una jaculatoria, eco incesante de las palabras de su madre, de su padre, de todos sus familiares, de sus compañeros y colegas. Es el destino, mi destino, y vuelve a sonreír, satisfecho.
Ha asumido pacíficamente los dominios del ministro saliente, amigo y compañero de partido, la gente de su secretaría y hasta los cajones y las estanterías a medio vaciar. Y tras un día de enorme ajetreo, a esta hora, última de la tarde, se ha quedado solo y se complace en esa tranquilidad.
Se siente colmado de euforia mientras observa el espacio que lo rodea, la enorme mesa de despacho, la otra circular, los grandes sofás, la madera que cubre las paredes, con ese color un poco funerario del roble, y los cuadros con paisajes de planicies vertiginosas.
En la pared de la derecha está la puerta de la secretaría, y en la de enfrente una más pequeña, que da acceso al cuarto de aseo, y otra que el ministro no ha abierto todavía.
El flamante ministro descorre el pestillo de esa puerta. Topa con el cuerpo denso pero endeble de un cortinón rojo, y, por fin, con una amplia sala rectangular, en penumbra. En los muros sobresalen los marcos de muchos cuadros de igual tamaño, y en un extremo hay una mesita iluminada por una lámpara ante la que se sienta un conserje, que ha percibido la presencia del ministro y se acerca con rapidez servicial.
«Son los retratos de sus antecesores, excelencia», dice el conserje, y la luz eléctrica ilumina ya, aunque someramente, esos muros en que las miradas inmóviles de los retratados ignoran la curiosidad de su sucesor. Desde los antiguos uniformes de gala, los retratados muestran la evolución de la vestimenta a lo largo de más de doce décadas.
De repente, el conserje hace una observación: «Don Vicente», exclama, señalando un retrato.«En su época empecé yo a trabajar aquí. Ésos son los siguientes, don Cruz, don Carlos, don Julio, don Javier, don Manuel, don Fermín, doña Esperanza, doña Pilar, A todos los he conocido», sigue explicando.
En la pared queda mucho espacio vacío. El ministro agradece la información y regresa a su despacho. En la galería de retratos hacía frío, y se nota un poco destemplado, y con una impresión de súbita melancolía cuyas razones no es capaz de identificar.

Días imaginarios (2002)
José María Merino

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Robert Southey Burke

Edgar Lee Masters, en Egipto, 1921. Foto: Myweb. wvnet. edu.

Me gasté mi dinero para que te eligieran alcalde,
A. D. Blood.
Te prodigué mi admiración,
eras para mí el hombre casi perfecto.
Tú devoraste mi personalidad,
y el idealismo de mi juventud,
y la fuerza de una noble fidelidad.
Y todas mis esperanzas para el mundo,
y toda mi fe en la Verdad
se fundieron en el ciego ardor
de mi devoción por ti
para moldearse a tu imagen.
Y cuando descubrí lo que eras,
cuando descubrí tu espíritu pequeño,
y que tus palabras eran tan falsas
como tus dientes de blanquiazulada porcelana
y los puños de celuloide de tu camisa,
odié el amor que te tenía,
me odié a mí mismo, te odié
por mi espíritu desperdiciado y mi desperdiciada juventud.
Y os digo a todos: cuidado con los ideales,
cuidado con poner vuestro amor
en ningún hombre vivo.

Traducción de Jesús López Pacheco y Fabio L. Lázaro

Antología de Spoon River (1915)
Edgar Lee Masters

martes, 6 de diciembre de 2016

Vaguedad

Carmen Jodra Davó. Las moras agraces.

Ya no sé lo que creo ni lo que soy.
Me gustaría ser perfecta:
ni hombre ni mujer,
material pero sin mancha alguna
de materia.
Sin embargo mi peso en el colchón
me dice que me deja de bobadas.

Las moras agraces (1999)
Carmen Jodra Davó

domingo, 4 de diciembre de 2016

El año sabático

Alfonso Canales. El año sabático.

LXI

Esto aprendí de Drácula: me llevo donde quiera que voy un ataúd con tierra natal. (A cada uno su suelo da una forma de vida y de muerte). Aprendí de Zavattini a guardar una vaca en el cuarto de baño, por si me llega el hambre y hay guerra por las calles de la ciudad con los comercios rotos. Aprendí de Tomás a poner dedos en todos los costados, por augustos que sean. De la tortuga de Zenón (y de Héctor) aprendí a no dejar que se me acerque el iracundo Aquiles. De Macario quise aprender la soledad. De Lewis Carroll, a penetrar en los espejos y a escrutar el revés de los retratos. Ahora sólo me falta ir aprendiendo algo de mí mismo.

El año sabático (1976)
Alfonso Canales