sábado 14 de noviembre de 2009

Con Agatha en Estambul

Cubierta: detalle de Cafe Society, 1980, de Gary Kelley.
Cada año, en cuanto se acercaban ciertas fechas, Julio decía lo mismo: "Las próximas navidades las pasaré en un lugar donde no se celebren las navidades". Esta vez le tomé la palabra. Fue un acto impensado, espontáneo, una decisión que todavía me asombra. Me había detenido frente a una agencia de viajes, miraba los anuncios del escaparate, cuando, casi sin darme cuenta, abrí la puerta, entré y pedí dos billetes para Estambul. La empleada me sugirió que cerrara la vuelta. "Hay una oferta muy especial", dijo. "No incluye hotel. Pero es muy ventajosa. De diez a quince días". Tampoco lo pensé dos veces. "Quince". Era un lunes por la mañana de un frío mes de diciembre. Al día siguiente, por la tarde, incrédulos aún, aterrizábamos en el aeropuerto de Yelsikoy.
-Tengo la sensación de que van a pasarnos cosas -dije.
La niebla había acudido a recibirnos hasta la misma puerta del avión y en el aeropuerto, lleno de gente, se respiraba un extraño silencio. Miré a mi alrededor. Todo de pronto me parecía imposible, irreal. No hacía ni veinticuatro horas que frente a una maleta vacía me había preguntado: "¿Hará mucho frío en Estambul?". Y mientras acomodaba jerseys, bufandas, pantalones, una falda larga (por si acaso), un par de gorros y unos cuantos libros, fue como si, al tiempo, ordenara las imágenes de una ciudad que no conocía. Santa Sofía, la Mezquita Azul, el Gran Bazar... Pero ahora estábamos allí. Con nuestros equipajes en el maletero de un taxi, Julio encogiéndose de hombros e indicando al chófer: "Pera Palas", y yo cruzando disimuladamente los dedos. "Ojalá haya sitio. Precisamente allí. A la primera. En el Pera Palas".

Con Agatha en Estambul
Cristina Fernández Cubas

La práctica del relato


René Magritte:Le château des Pyrénées. Fuente de la Imagen:telefonica
La práctica del relato
Manual de estilo literario para narradores
1
Naturalidad

También en los discursos estará la expresión apropiada en concentrar o amplificar; por eso habrá de hacerse sin que la gente se dé cuenta, y no parecer que se habla artificiosamente, sino con naturalidad (ya que esto es persuasivo y aquello lo contrario; porque se sospecha del orador que tiene asechanzas, igual que de los vinos mezclados).
Aristóteles, RETÓRICA,III, 2

Tal como yo lo veo, la primera precaución que ha de tomar el escritor que empieza es no hacerse las cosas más difíciles de lo que son. Esto suena a consejo de Pero Grullo, ya lo sé; y sin embargo en mi trabajo con escritores y escritoras principiantes me enfrento muy a menudo a una labor previa de desbroce. Por expresarlo de algún modo:mi primera tarea consiste en advertir a los alumnos contra el exceso de "literatura" en los textos.

Ángel Zapata

viernes 13 de noviembre de 2009

Robinsón desafortunado

Antonio Cazorla. Sonidos del mar.
Corro hacia la playa. Si las olas hubieran dejado sobre la arena un pequeño barril de pólvora, aunque estuviese mojada, una navaja, algunos clavos, incluso una colección de pipas o unas simples tablas de madera, yo podría utilizar esos objetos para construir una novela. Qué hacer en cambio con estos párrafos mojados, con estas metáforas cubiertas de lapas y mejillones, con estos restos de otro triste naufragio literario.

Casa de geishas
Ana María Shua

jueves 12 de noviembre de 2009

BALDANDERS


Baldanders (cuyo nombre podemos traducir por "Ya diferente" o "Ya otro" ) fue sugerido al maestro zapatero Hans Sachs, de Nuremberg, por aquel pasaje de la Odisea en que Menelao persigue al dios egipcio Proteo, que se transforma en león, en serpiente, en pantera, en un desmesurado jabalí, en un árbol y en agua. Hans Sachs murió en 1576; al cabo de unos noventa años, Baldanders resurge en el sexto libro de la novela fantástico-picaresca de Grimmelshausen Simplicius Simplicissimus. En un bosque, el protagonista da con una estatua de piedra, que le parece el ídolo de algún viejo templo germánico. La toca y la estatua le dice que es Baldanders y toma las formas de un hombre, de un roble, de una puerca, de un salchichón, de un prado cubierto de trébol, de estiércol, de una flor, de una rama florida, de una morera, de un tapiz de seda, de muchas otras cosas y seres, y luego, nuevamente, de un hombre. Simula instruir a Simplicissimus en el arte "de hablar con las cosas que por su naturaleza son mudas, tales como sillas y bancos, ollas y jarros"; también se convierte en un secretario y escribe estas palabras de la Revelación de San Juan: "Yo soy el principio y el fin", que son la clave del documento cifrado en que le deja las instrucciones. Baldanders agrega que su blasón (como el del turco y con mejor derecho que el Turco) es la inconstante luna. Baldanders es un monstruo sucesivo, un monstruo en el tiempo; la carátula de la primera edición de la novela de Grimmelshausen trae un grabado que representa un ser con cabeza de sátiro, torso de hombre, alas desplegadas de pájaro y cola de pez, que con una pata de cabra y una garra de buitre pisa un montón de máscaras, que pueden ser los individuos de las especies. En el cinto lleva una espada y en las manos un libro abierto, con las figuras de una corona, de un velero, de una copa, de una torre, de una criatura, de unos dados, de un gorro con cascabeles y un cañón.
El libro de los seres imaginarios
(El Manual de zoología fantástica)

Jorge Luis Borges/Margarita Guerrero

miércoles 11 de noviembre de 2009

El arte de viajar

Cyril Connolly frente a su escritorio. Foto: Sunday Times, 1950.
El viaje, de hecho, no es una afición, sino una droga. Estimulante y opiácea a la vez, es la forma más noble de autoexpresión y sin embargo encoge la personalidad. He ahí el misterio, el mágico poder del arte, ya que gracias a su anonimato el viajero es capaz tanto de encontrarse a sí mismo como de perder la conciencia de sí a lo largo del camino. Llega a un lugar donde nadie le conoce y donde, por tanto, puede ser lo que quiera. La autoafirmación, la autonegación, el autoengaño son las cualidades del viajero, y es capaz de hacer realidad simultáneamente sus dos sueños más recurrentes: la ilusión de la acción y la ilusión de la huida. Y es que el viaje proporciona a la gente sedentaria y reflexiva todo lo que envidian de las vidas heroicas. Hay que tomar decisiones constantemente, elaborar planes; si se viaja con amigos hay una multitud a la que persuadir, y a menudo un motín que sofocar. Además está la constante procesión de extraños que han de ser engatusados, amenazados, engañados o con los que hay que negociar, y con muchos de ellos las relaciones personales se reducirán a una lucha de voluntades, ese duelo sin castigo. Pero sobre todo es en el viajar, en el propio movimiento, donde se encuentran las emociones, donde la sensación de hacer algo, de pertenecer al mundo de la acción, se une al concepto más profundo y más digno de la huida.

Obra selecta
Cyril Connolly

martes 10 de noviembre de 2009

Calzado humano

Ana Arango. Botas.
Me abrazo a vosotros -¡oh zapatos!- color herrumbre de bodega
En los viejos barcos sarnosos que crujen de miedo
Color muro de monasterio y puerta de letrina
Zapatos míos queridos que beso y se disuelven como una caricia de arena

Encajonado en vosotros soy el rehén vagabundo
De este planeta cálido como una bestia
Lleno de hojas
Y calles que el invierno baldea inundando vuestras suelas por un frío agujero
Y no obstante
Con apasionados labios de cuero volvéis a la hierba
Trotando en silenciosos parques o franjas de césped baldío de los suburbios
Y el repiquetear sobre los adoquines cuando el alba aparece
envuelta en leche humeante
O bien zapatos de cementerio
Junto a la sangre polar de un ataúd
Bamboleado en lo alto sobre vosotros y agitando sus largas cintas moradas
que se desprenden como los tentáculos de
un ronco carguero que zarpa en la niebla
Con el chasquido de la resaca
Y un rumor de pisadas que se alejan

Calzado humano (Fragmento)
Enrique Molina

lunes 9 de noviembre de 2009

Notas


Eugène Delacroix. Autorretrato.
Estrasburgo, 20 de agosto de 1859. Experimento en este momento un exquisito placer. En el jardincillo de mi buen primo oigo sonar las campanas. Me embelesan, y advierto que una parte del deleite que ellas me proporcionan tiene que ver con el recuerdo de las campanas de Bélgica. Mi placer resulta, pues, de mi situación presente y de aquella que recuerdo.

Notas
Eugène Delacroix

domingo 8 de noviembre de 2009

Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros

Marcus Gossler. Diccionario latino.
¡Libros!, ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: "amor, amor", y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso, Fiódor Dostoyevski, padre de la Revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: "¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!". Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua, pedía libros, es decir horizontes, es decir escaleras para subir a la cumbre del espíritu humano.

Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros
Federico García Lorca

sábado 7 de noviembre de 2009

Agenda del escritor


Augusto Monterroso. Foto de Gorka Lejarcegui.
Lunes 3. Oficina. Preparar conferencia sobre los males del exilio. Almuerzo con Roberto. Tarde, terminar conferencia función social del libro.
Martes 4. Oficina. Revisar ponencia Congreso Lingüístico. Comida con Rigoberto. Tarde, presentar libro de Osberto en Librería Tagore. Cena en casa de Osberto.
Miércoles 5. Universidad. Participación en mesa redonda sobre literatura y compromiso. Comida con Edelberto.
Jueves 6. Oficina. Intervención Coloquio Internacional Medios Comunicación y Sociedad. Almuerzo en el hotel. Tarde, firma libros de Gilberto Librería Tagore. Cena con Gilberto.
Viernes 7. Oficina. Homenaje nacional a Adalberto. Almuerzo y cena con Adalberto.
Sábado 8. Mesa redonda en Canal 7: "Problemas de la creación." Cena con participantes y Roberto.
Domingo 9. Redondear conferencia males exilio. Comida con Gilberto. Tarde, escribir y llevar periódico carta aclaratoria. Noche, escribir hai ku, tema luna.
Lunes 10. Oficina. Preparar discurso de Osberto aniversario José Enrique Rodó. Comida con Osberto. Tarde, presentación libro cuentos Filiberto (coctel).
Martes 11. Oficina. Fiesta aniversario de la Asociación (Comida allí).
Miércoles 12. Universidad. Tarde, lectura de Alberto. Cena con Alberto.
Jueves 13. Desayuno de trabajo con Osberto. Oficina. Noche, terminar hai ku.
Viernes 14. Oficina. Tarde, boda de la hija de Umberto. Cena en el Club.
Sábado 15. Revisar hai ku. Comida con Rigoberto.
Domingo 16. Terminar conferencia males aquejan escritor: Persecución, ideología, indiferencia, carestía, incomprensión, analfabetismo, sectarismo, canibalismo, oportunismo, influyentismo, mafias, otros. Comida con Osberto. Tarde, revisar hai ku. Noche, pasar en limpio hai ku.

La letra e
Augusto Monterroso

viernes 6 de noviembre de 2009

Libros

Francine Van Hove. Céline, con una manzana.
Ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran.

Libros
André Gide

jueves 5 de noviembre de 2009

Una historia natural de los muertos


Ernest Hemingway. Fotografía de Lloyd Arnold.
Siempre me pareció que se ha omitido la guerra como campo de observación para el naturalista. Tenemos encantadores y exactos relatos y descripciones de la flora y la fauna de la Patagonia, escritos por el extinto W. H. Hudson; el reverendo Gilbert White ha relatado cosas interesantes de las abubillas, en sus ocasionales y poco comunes visitas a Selbourne, y el obispo Stanley nos ha dejado una valiosa, aunque popular Historia de los Pájaros. ¿No podemos acaso ofrecer al lector algunos hechos nuevos y racionales acerca de los muertos? Así lo espero.
Cuando el perseverante viajero Mungo Park se hallaba desfalleciente en la vasta aridez de un desierto africano, desnudo y solo, considerando contados los minutos de su vida; cuando no parecía tener otro recurso que dejarse caer y morir, sus ojos se posaron sobre una flor de extraordinaria belleza. "Aunque la planta entera -dijo- no era más grande que uno de mis dedos, no pude completar la delicada conformación de sus raíces, sus hojas y sus flores sin sentir admiración, en esa oscura parte del globo, algo que parecía de tan pequeña importancia, ¿podría contemplar con indiferencia el sufrimiento de las criaturas creadas a su imagen y semejanza? Seguramente, no. Reflexiones como ésta, me impidieron entregarme a la desesperación. Olvidando el hambre y la fatiga, seguí adelante, seguro de que el socorro se hallaba cerca, y no quedé decepcionado".

Relatos
Ernest Hemingway

miércoles 4 de noviembre de 2009

De los viajes

Michel de Montaigne. Pintura de Daniel Dumonstier.
El viajar me parece un ejercicio provechoso. El alma, viajando, percibe cosas desconocidas y nuevas, y, como digo a menudo, no conozco mejor escuela de formación de la vida que el proponerle incesantemente la diversidad de muchas otras existencias, imaginaciones y usanzas, y hacerle saborear la perpetua variedad de formas de nuestra naturaleza. El cuerpo, al viajar, no está ocioso ni se fatiga, sino que la moderada agitación del camino estimula sus alientos.

Por mi parte amo las lluvias y los barros. No me importan las mutaciones de aire y de clima; cualquier cielo me es igual, y no me altera nada, fuera de mis transtornos internos, que incluso me atormentan menos cuando viajo. Es difícil hacerme mover, pero una vez en marcha voy a donde se quiere llevarme. Tanto titubeo en acometer una empresa pequeña como una grande, y equiparme para visitar a un vecino me cuesta tanto trabajo como equiparme para un viaje. He aprendido a hacer mis viajes a la española, es decir, en jornadas largas y de un tirón.

Ensayos
Michel de Montaigne

martes 3 de noviembre de 2009

Pi

Número Pi. Fuente Wikimedia
Se lanzará desde el trapecio. Correrá a través de la raíz cuadrada, sintiendo cómo el aliento de la malvada hipotenusa se le acerca hasta casi atraparlo para siempre. En un intento vano por despistarla llega al abismo de la derivada. Se siente acorralado, pero no, encuentra una salida en la división y vuelve a escapar deslizándose por ésta. El número Pi se salva y llega hasta el infinito. Pero...
-Andrés, ¿me escuchas?
-Sí, maestra.
-Muy bien, continuemos. Si un tren sale de Madrid a las ocho de la mañana y otro de Barcelona a las diez...
La malvada hipotenusa capturó a Pi.

Pi
Estefanía Morán

lunes 2 de noviembre de 2009

Tierras de cristal


Mauricio Skrycky. Leyendo en el Transiberiano, 2008.
En los trenes, para salvarse, para detener la perversa rotación de aquel mundo que los golpeaba desde el otro lado de los cristales, y para esquivar el miedo, y para no dejarse tragar por el vértigo de la velocidad que sin duda tenía que golpearles continuamente en el cerebro por lo menos bajo la forma de aquel mundo que se deslizaba al otro lado del cristal en formas antes nunca vistas, maravillosas, claro, pero imposibles porque el serles concedidas sólo durante un momento instantáneamente ponía en marcha de nuevo el miedo y, por consiguiente, aquella ansiedad densa e informe que, cristalizada en pensamiento, se revelaba a todos los efectos nada menos que como el sordo pensamiento de la muerte -en los trenes, para salvarse, cogieron la costumbre de entregarse a un gesto meticuloso, una práctica aconsejada incluso por los propios médicos y por insignes estudiosos, una minúscula estrategia de defensa, obvia pero genial, un pequeño gesto exacto, y espléndido.
En los trenes, para salvarse, se leía.

Tierras de cristal
Alessandro Baricco

domingo 1 de noviembre de 2009

Cervecería


Walter Benjamin. Fotografía de Gisèle Freund.
Los marineros bajan raramente a tierra; el servicio en alta mar es un servicio dominical comparado con el trabajo en los puertos, donde a menudo hay que cargar y descargar día y noche. Luego, cuando a un grupo le llega el permiso para desembarcar por unas horas, ya ha oscurecido. En el mejor de los casos, la catedral se yergue como una mole oscura camino de la taberna. La cervecería es la llave de cualquier ciudad; saber dónde se puede beber cerveza alemana es, como conocimiento de geografía y etnología, más que suficiente.

La ciudad no se visita, se compra. En la maleta del marinero cohabitan el cinturón de cuero de Hong Kong, la vista panorámica de Palermo y la foto de una chica de Stettin. Exactamente así es su verdadero hogar. Nada sabe de esa nebulosa lejanía que, para el burgués, encierra mundos desconocidos. Lo primero que se impone en cada ciudad es el servicio a bordo; luego vienen la cerveza alemana, el jabón de afeitar inglés y el tabaco holandés. Tienen presente hasta en la médula la norma internacional de la industria; no son víctimas de las palmeras ni de los icebergs.

Dirección única
Walter Benjamin

sábado 31 de octubre de 2009

Asamblea reunida en Papeete

Pierre Loti. La reina Pomaré IV, Papeete, Tahití.
Y la asamblea indígena, compuesta
de diputados de
todas las islas del protectorado
formuló el voto
de que en lo sucesivo el archipiélago
no fuese designado con el nombre
de Paümotu (islas sometidas)
sino con el de Tuamotu (islas lejanas)

Y las autoridades,
satisfaciendo este deseo, no han dado
otro nombre a las islas
que el de Tuamotu, oficialmente
desde 1852

Terminado el almuerzo,
una piragua nos conduce a tierra.

Asamblea reunida en Papeete
Aníbal Núñez

viernes 30 de octubre de 2009

Caminatas

Luis Romero. Encinas al atardecer.
Ahora bien, para gozar propiamente de ella, una caminata debe hacerse en solitario. Si se va en grupo o incluso por parejas, ya no es una caminata más que de nombre; se trata de algo distinto y con las características de un picnic. Una caminata se debe hacer en solitario porque la libertad forma parte de su esencia; porque se debe poder parar o continuar, y seguir este o aquel camino según el capricho del momento. Y porque debemos ir a nuestro propio paso, sin trocar al lado de un campeón de la marcha a pie ni frenar nuestro paso para adecuarlo al de una niña. Y también debemos estar abiertos a todas las impresiones y dejar que nuestros pensamientos se tiñan del color de lo que vemos. Deberíamos ser como una flauta que cualquier brisa pueda hacer sonar. "No puedo entender -dice Hazlitt- el sentido que tiene caminar y hablar al mismo tiempo. Cuando estoy en el campo deseo vegetar como el campo." Ahí está el quid de la cuestión. No debe haber un cacareo de voces a nuestro lado para destrozar el silencio meditativo de la mañana.

Virginibus puerisque y otros escritos
Robert Louis Stevenson

jueves 29 de octubre de 2009

El pájaro imperfecto


Gale Franey. Libro y pájaro.
Una mañana, en que Safi Konokono abrió su libro de Ciencias Naturales y comprobó con sorpresa que el águila dorada había desaparecido de su página, confuso, no se atrevió a decir nada.
Al día siguiente, cuando se hizo patente que le faltaba el halcón peregrino, quizá por prudencia, tampoco lo dijo a nadie.
Cuando, con posterioridad, se le escaparon de las hojas todos los pájaros, y después los reptiles y los ofidios y los mamíferos, Safi se hizo el tonto, porque, de repente, entendió que un libro en blanco era la mejor contribución a sus dotes de pésimo estudiante.

El pájaro imperfecto
Josep-Ramon Bach

miércoles 28 de octubre de 2009

De las colinas y el agua

Chang Jeng Yu. Viviendo entre montañas.
La nieve nos recuerda un estudioso muy inteligente; la flor nos recuerda damas hermosas; el vino nos recuerda buenos espadachines; la luna nos recuerda buenos amigos, y las colinas y el agua nos recuerdan buena poesía y buena prosa que complacen al mismo autor.
Hay panoramas en la tierra, panoramas en la pintura, panoramas en los sueños y panoramas en el pecho. La belleza de los panoramas en la tierra reside en la profundidad y en la irregularidad de sus contornos; la belleza de los panoramas en la pintura reside en la libertad y el lujo de acción del pincel y la tinta; la belleza de los panoramas en los sueños reside en sus vistas, que cambian extrañamente, y la belleza de los panoramas en el corazón reside en que todo está en su debido lugar.
Para los lugares que pasamos durante nuestros viajes, no tenemos que ser exagerados en nustras exigencias artísticas; pero debemos serlo para los lugares en que vamos a instalarnos.

De las colinas y el agua
Chang Chao

martes 27 de octubre de 2009

Oda marítima

Ana Arango. Navío
¡Ah, los paquebotes, los buques carboneros, los barcos de vela!
¡Ya escasean -¡ay de mí!- los barcos de vela en los mares!
¡Y yo que amo la civilización moderna, que beso con el alma las máquinas,
yo el ingeniero, yo el civilizado, yo el educado en el extranjero,
quisiera tener otra vez ante mis ojos sólo veleros y barcos de madera,
y no saber de más vida marítima que de la vida antigua de los mares!
Porque los mares antiguos son la Distancia Absoluta,
la Pura Lejanía, liberada del peso de lo Actual...
Y ah, cómo me recuerda aquí toda aquella vida mejor,
aquellos mares mayores, porque se navegaban más despacio,
aquellos mares misteriosos, porque de ellos se sabía menos.

Oda marítima (Fragmento)
Fernando Pessoa

lunes 26 de octubre de 2009

Viajes en el espacio y en el tiempo

Gisèle Freund. Marguerite Yourcenar
En mis propias obras dos viajeros, sobre todo, se imponen. Uno de ellos, el emperador Adriano, parece haber poseído verdaderamente las características más esenciales de los viajeros de todos los tiempos: hombre de negocios y hombre de Estado movido por razones pragmáticas, que recorre, en sus largos periplos, el vasto mundo romano de su tiempo y sus fronteras bárbaras, pero para quien el viaje era también placer y pasión personales, además -cosa que sigue siendo, incluso en nuestros días, todo viaje inteligentemente realizado-, una escuela de resistencia, de asombro, casi de ascesis, un medio de perder los propios prejuicios confrontándolos con los del extranjero. Adriano el Griego, como lo llamaban sus detractores en Roma, escapó de la rutina romana o, más bien, supo integrarse en otra cosa gracias a su cultura, es verdad, pero también gracias a sus viajes. Parece ser que fue el primer hombre -el primer hombre conocido- que escaló una montaña no sólo por razones religiosas, como lo hizo en el monte Cassio en Siria, sino también, como en el Etna, por el puro placer estético y científico de contemplar desde muy alto el sol naciente. A la vez organizador, peregrino, aficionado y observador del bello espectáculo del mundo.

Viajes en el espacio y en el tiempo
Marguerite Yourcenar

domingo 25 de octubre de 2009

Poesía completa


Singladura
El mar es una espada innumerable y una plenitud de pobreza.
La llamarada es traducible en ira, el manantial en tiempo, y la
cisterna en clara aceptación.
El mar es solitario como un ciego.
El mar es un antiguo lenguaje que yo no alcanzo a descifrar.
En su hondura, el alba es una humilde tapia encalada.
De su confín surge el claror, igual que una humareda.
Impenetrable como de piedra labrada
persiste el mar ante los muchos días.
Cada tarde es un puerto.
Nuestra mirada flagelada de mar camina por su cielo:
última playa blanda, celeste arcilla de las tardes.
¡Qué dulce intimidad la del ocaso en el huraño mar!
Claras como una feria brillan las nubes.
La luna nueva se ha enredado a un mástil.
La misma luna que dejamos bajo un arco de piedra y cuya luz
agraciaría los sauzales.
En la cubierta, quietamente, yo comparto la tarde con mi
hermana, como un trozo de pan.
Singladura
Jorge Luis Borges

sábado 24 de octubre de 2009

Residuos

Alexei Butirskiy. Ciudad.
Cuántas veces me descubro pensando en las innumerables personas que hacen el amor en este preciso instante, detrás de esas ventanas. Es un reconocimiento que nunca deja de asombrarme y que me hace sentir, al caminar por las calles, como si yo fuera el cuidador de un gigantesco burdel.

Manual del distraído
Alejandro Rossi

viernes 23 de octubre de 2009

Wakefield

Nathaniel Hawthorne, 1840. Retrato de Charles Osgood.
Recuerdo haber leído, en algún viejo periódico o revista, la historia, contada como cierta, de un hombre -llamémoslo Wakefield- que se ausentó durante mucho tiempo del lado de su esposa. Dicho así, en abstracto, el hecho no es muy raro, ni tampoco, a menos que se conozcan debidamente las circunstancias, debe condenarse por indecente o absurdo. Sea como fuere, el caso, aunque lejos de ser el más grave, es quizá el más extraño de los que figuran en los anales de la delincuencia marital; más aún, no se hallará excentricidad más notable en el catálogo de las curiosidades humanas. La pareja vivía en Londres. El hombre, con el pretexto de emprender un viaje, se alojó en una calle vecina a su propia casa y allí, sin que lo supieran su mujer y sus amigos, y sin la sombra de una razón para el exilio que se había impuesto, residió más de veinte años. Durante este tiempo vio su casa todos los días y, con frecuencia, a la Sra. Wakefield, a quien había abandonado. Después de una interrupción tan prolongada de su felicidad matrimonial -cuando su muerte se daba por segura, su herencia se había repartido, su nombre borrado de la memoria y su esposa, desde mucho tiempo atrás, se hallaba resignada a la viudez otoñal- entró una tarde por la puerta de su casa, tranquilamente, como tras un día de ausencia, y se convirtió hasta su muerte en un marido amante.

Wakefield
Nathaniel Hawthorne

jueves 22 de octubre de 2009

Rig-Veda

Caravana atravesando el paso de Kyber. Escuela inglesa.
He ganado mi vida en una apuesta.
Después de atravesar el paso de Kyber,
en las estribaciones del Himalaya,
las rocas gravitaron sobre mi hatillo de viajero.
Barrancos pedregosos. Albas que apenas
se atreven a cruzar el Indo-Kush.
No hubo ni una brizna de hierba
que consolase mi mirada.
He cruzado las frías estepas de Persia,
y conté los años por inviernos hasta llegar aquí,
a este valle de frutos deliciosos y de dulces auroras
que sobre los seres vivos esparcen resplandor.
He ganado mi vida sobreviviendo a mi camino.
Si todo lo mata la muerte,
¿no habrá también quien pueda
acabar con ella alguna vez?
Qué más da. Soy feliz,
y ni siquiera eso me importa demasiado.
Amo los avellanos silvestres de la cordillera
y las nubes que se deshacen entre las montañas
más altas de la Tierra. No tengo nada mío.
Nada mío está aquí.
He ganado mi vida en la apuesta de la vida,
y algún día viviré en el Sol
como la luz de la mañana.

Rig-Veda
Ángela Vallvey

miércoles 21 de octubre de 2009

Uno y el Universo

Ernesto Sabato. Uno y el Universo, 1945. Editorial Sudamericana.
TÁCTICA MILITAR
Como los oficiales egipcios en Caesar and Cleopatra, el general von Kleist declaró, en 1942, que el ejército ruso no había sido aún aniquilado porque los mariscales soviéticos ignoraban las reglas del arte militar.

GENGIS KANT
Bárbaro conquistador y filósofo alemán.

Uno y el Universo
Ernesto Sabato

martes 20 de octubre de 2009

El viajero querubínico

Angelus Silesius. Fuente wikipedia.
El viaje no es tan largo, cristiano; a menos de un paso está el Paraíso.
Aunque un réprobo alcanzara el cielo más alto, el dolor del Infierno seguiría atormentándolo.
No me dolería el Infierno, aunque yo siempre estuviera ahí; si el fuego del Infierno te quema, tuya es la culpa.
Con un solo beso, la novia se hace más merecedora del Paraíso, que todos los mercenarios que trabajan hasta la muerte.
Hombre, deja de ser hombre si quieres llegar al Paraíso; Dios sólo recibe a otros dioses.
Hombre, si no contienes el Paraíso, nunca entrarás en él.
Ya basta amigo. Si quieres seguir leyendo, transfórmate tú mismo en el libro y en la doctrina.

El viajero querubínico
Angelus Silesius

lunes 19 de octubre de 2009

El fin del deambular

Peter Handke. Fotografía CORBIS.
El poeta lírico está sentado cómodamente en casa.
El poeta épico recorre las colinas.

El fin del deambular
Peter Handke

domingo 18 de octubre de 2009

Los cuadernos de don Rigoberto

Oscar Villalón.El puente de Rialto, Venecia, Italia.
La suite del Hotel Cipriani, en la isla de la Giudecca, tiene vista sobre el Gran Canal, la Plaza de San Marco y las bizantinas y embarazadas torres de su iglesia. He contratado una góndola y al que la agencia considera el guía más preparado (y el único amable) de la ciudad lacustre, para que en la mañana y tarde del jueves nos familiarice con las iglesias, plazas, conventos, puentes y museos, con un corto intervalo al mediodía para un tentempié -una pizza, por ejemplo- rodeados de palomas y turistas, en la terraza del Florian. Tomaremos el aperitivo -una pócima inevitable llamada Bellini- en el Hotel Danielli y cenaremos en el Harry's Bar, inmortalizado por una pésima novela de Hemingway. El viernes continuaremos la maratón con una visita a la playa del Lido y una excursión a Murano, donde todavía se modela el vidrio a soplidos humanos (técnica que rescata la tradición y robustece los pulmones de los nativos). Habrá tiempo para souvenirs y hechar una mirada furtiva a una villa de Palladio. En la noche, concierto en la islita de San Giorgio -I Musici Veneti-con piezas dedicadas a barrocos venecianos, claro: Vivaldi, Cimarosa y Albinoni. La cena será en la terraza del Danielli, divisando, noche sin nubes mediante, como "manto de luciérnagas" (resumo guías) los faroles de Venecia. Nos despediremos de la ciudad y del Viejo Continente, querida Lucre, siempre que el cuerpo lo permita, rodeados de modernidad, en la discoteca Il gatto nero, que imanta a viejos, maduros y jóvenes adictos al jazz (yo no lo he sido nunca y tú tampoco, pero uno de los requisitos de esta semana ideal es hacer lo nunca hecho, sometidos a las servidumbres de la mundanidad).

Los cuadernos de don rigoberto
Mario Vargas Llosa

sábado 17 de octubre de 2009

El holandés errante

Gustavo Doré. Barco entre los hielos.
Cuando va a ser visto el holandés por esos mares de Dios, generalmente alguien sueña con él. Casi siempre han sido mujeres. La última vez que alguien habló con él fue en Marsella, en 1817. El holandés desembarcó y la hija de un tratante en cueros se enamoró de él. Un tío de la muchacha había sido agente de Fouché, y era de los más exaltados napoleónicos. Se le ocurrió que el holandés errante podía ir con su nave a Santa Helena, recoger allí al Gran Corso y traerlo a Francia. El errante dijo que tardaría siete años en poder volver a tocar tierra.
-¡No podemos esperar tanto! -dijo el marsellés- ¡Francia hiede!
Y golpeaba la mesa de roble, que había sido del priorato de Bellecourt, con un saco de cuero lleno de monedas de oro, de espléndidos napoleones, que alzaba difícilmente con las dos manos...
No me digan que no hubiese sido precioso el retorno del Emperador en la nave del holandés errante.
El extraño y desesperado viajero eterno va a ser visto en cualquier parte, en una de esas raras escalas que le están permitidas. Mientras dure su peregrinación, su nave no se hundirá, y el irreprochable roble germánico de que está construida, no lo pudre el mar. Los grandes temporales respetan sus mástiles y sus velas, y la provisión de pan y agua a bordo es inagotable. El holandés lleva siempre un pañuelo rojo al cuello. Lo que más sorprende es que se ha hecho políglota. En Nápoles habló italiano, en el siglo XVII; en Lisboa portugués, seis días antes del terremoto, y en Marsella, con el fiel al Emperador, en francés. Es un tipo alto, flaco, con los ojos claros. Siempre tiene sed.

El holandés errante
Álvaro Cunqueiro

viernes 16 de octubre de 2009

El Aleph

Juan Medina. Aleph.
... Vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

El Aleph
Jorge Luis Borges

jueves 15 de octubre de 2009

Peter Camenzind

Michael Albrechtsen. Paisaje.
Tras diez años de existencia diaria encerrado entre las altas montañas y las orillas del lago, tuvo lugar ese milagro que aun recuerdo muy bien. Contemplé por vez primera el cielo abierto sobre mi cabeza y abarqué con la mirada todo el horizonte. Fué al doblar un recodo, mediada la ascensión, cuando apareció ante mí con toda su inmensidad. Sentí una gozosa sorpresa. ¿Tan grande era el mundo? Nuestra aldea estaba recostada en la hondonada, casi perdida a nuestros ojos, como una mancha insignificante a orillas del lago. Y las cumbres que desde el valle parecían muy juntas, se veían separadas desde la altura por muchas leguas de camino.
Entonces comencé a presentir la inmensidad del mundo y tuve la intuición de que allá lejos, detrás de las montañas, existían grandes cosas de las que yo no tenía ni idea. Y al solo pensamiento noté que temblaba en mi interior algo semejante a la aguja de una brújula y me sentí atraído por la nostalgia de la lejanía. Aquello me hizo comprender una vez más la belleza y el melancólico encanto de las nubes, acuciadas siempre, empujadas por el viento hacia horizontes infinitos.

Peter Camenzind
Hermann Hesse

miércoles 14 de octubre de 2009

Moby Dick

Rockwell Kent. El Pequod. Moby Dick.
Hay en ese extraño caos que llamamos la vida algunas circunstancias y momentos absurdos en los cuales tomamos el universo todo por una inmensa broma pesada, aunque no logremos percibir con claridad en qué consiste su gracia y sospechemos que nosotros mismos somos las víctimas de la burla. Sin embargo, nada nos desalienta, nada nos parece digno de disensión. Engullimos todos los acontecimientos, todos los cultos, todas las creencias y persuasiones, todas las cosas difíciles, visibles e invisibles, por indigestas que sean, como un avestruz de estómago poderoso engulle balas y pedernales. En cuanto a las dificultades y preocupaciones sin importancia, las perpectivas de ruina imprevista, los riesgos de la vida y el cuerpo, todo eso, incluso la muerte misma, nos parecen golpes ingeniosos y sin mala intención, alegres puñetazos en los costados que nos da el invisible y misterioso viejo bromista. Esta especie de humorismo caprichoso de que hablo nos sobreviene sólo en circunstancias de extrema aflicción, en medio de nuestra seriedad misma, de modo que lo que poco antes parecía cosa de enorme importancia, al fin nos parece sólo una parte de la burla universal. Nada puede engendrar este modo de filosofía risueña y temeraria como los peligros de la caza de ballenas; y con ella consideré yo entonces el viaje del Pequod y su meta, la gran Ballena Blanca.

Moby Dick
Herman Melville

martes 13 de octubre de 2009

El autor y la escritura

Biblioteca de Ernst Jünger. Fuente:Museo Ernst Jünger de Wilflingen
¿Dónde detenerse entonces? ¿Hasta qué punto se reconoce y satisface la literatura? Ella tiene su propio Eros, su propio hechizo, intenso, pero difícil de describir, que casi todo el mundo ha experimentado. Si el lenguaje es efectivamente, como lo denominó Heidegger, "la casa del Ser", entonces no sólo tiene patria sino también una fuerza que construye un hogar. Aun el que no cruzó nunca el Océano Índico se siente allí en su casa con Baudelaire. Y quien ha visto ya las Islas con sus ojos, descubre que sólo ahora las conoce a fondo. Fue la poesía quien lo condujo allí.

Para muchos es más importante lo que escuchan acerca de un libro que el texto mismo. Spitteler se burlaba: si al suizo se lo lleva delante de dos puertas, sobre una de las cuales hay un letrero que dice: "Entrada al Paraíso" y en la otra: "Conferencia sobre el Paraíso", elegiría la segunda. Esto vale no solamente para los Confederados.

El autor y la escritura
Enrst Jünger

lunes 12 de octubre de 2009

Fervor de Buenos Aires


AUSENCIA
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.
Fervor de Buenos Aires
Jorge Luis Borges

domingo 11 de octubre de 2009

Siglo pasado

José Emilio Pacheco. Fotografía de César Durione, 2009.
¿Qué pensaría de mí si entrara en este momento
y me encontrara en donde estoy, como soy
aquel que fui a los veinte años?

Tarde o temprano
José Emilio Pacheco