viernes, 20 de enero de 2017

Estelas

Mercedes Escolano. Estelas.

XXIV

De la noche aprendí el precio de la luz.
De los libros, la luz sin precio
para el hombre. De la noche y los libros
le vienen al hombre no pequeños placeres.

XXXIX

Júpiter, que da y quita los bienes
a voluntad, quiso concederme
días agradables: buenos libros,
amistades sencillas y tranquilos
días en el campo, alejado de la turba
y el bullicio indómito de Roma.

Estelas (1991)
Mercedes Escolano

Aviso de caminantes

Eloy Sánchez Rosillo. Elegías.

En la suma de días indistintos
que la vida da al hombre, acaso hay uno
en que el destino, trágico y hermoso,
pasa por nuestro lado y el azar manifiesta
una insólita luz, un desusado
fulgor inconfundible.
Pero no has de dudar. Ten el coraje
cuando llegue el momento,
de abandonar las cosas con que siempre
te engañó la costumbre, y sube pronto
a ese carro de fuego.
                                    Poco dura
el milagro.
                   Después, si te negarás
a partir, sólo noche
merecerás. Y nunca, aunque quisieras,
podrás comprar la luz que despreciaste.

Elegías (1984)
Eloy Sánchez Rosillo

jueves, 19 de enero de 2017

Libro del desasosiego

Alexei Galushkov. Chevrolet. (Retroatelier).

347
¿Viajar? Para viajar basta con existir. Voy de día a día, como de estación a estación, en el tren de mi cuerpo, o de mi destino, asomado a las calles y a las plazas, a los gestos y a los rostros, siempre iguales y siempre diferentes como, al final, lo son todos los paisajes.
Si imagino, veo. ¿Qué más hago si viajo? Sólo la debilidad extrema de la imaginación justifica que haya que desplazarse para sentir.
«Cualquier carretera, esa misma carretera de Entepfuhl, te llevará hasta el fin del mundo» Pero el fin del mundo, desde que el mundo se ha acabado dándole la vuelta, es el mismo Entepfuhl de donde se ha partido. En realidad, el fin del mundo, como el principio, es nuestro concepto del mundo. Es en nosotros donde los paisajes tienen paisaje. Por eso, si los imagino, los creo; si los creo, existen; si existen, los veo como a los otros. ¿Para qué viajar? En Madrid, en Berlín, en Persia, en la China, en ambos Polos, ¿dónde estaría yo sino en mí mismo, y en el tipo y género de mis sensaciones?
La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.

Traducción de Ángel Crespo

Libro del desasosiego
Fernando Pessoa (1888-1935)

martes, 17 de enero de 2017

Tratado de las vírgenes

San Ambrosio. Tratado de las vírgenes.

Libro primero

Las mujeres que adornan sus cuerpos a manera de ídolos, para ser agradables a los hombres, se disminuyen ante ellos mismos, perdiendo en cambio el amor a sus maridos; porque aquéllos las rechazan por vanas, y éstos por dudar de la fidelidad de ellas, al verlas ocupadas en deshonestas liviandades. Pero vosotras que despreciáis tales ornamentos, os vestís el hábito humilde de la modestia, que es el mejor adorno de la belleza. No os agujeréis las orejas, para colgarles brillantes arracadas, ni ajustéis vuestras gargantas con los collares, que aprisionan la cerviz de las mundanas como el fuerte dogal aprisiona el cuello del esclavo, o la cadena el pie del desdichado galeote condenado a servidumbre por sus crímenes: que cadena es cadena al fin, aunque dorada, su fulgor no hace menos amarga la prisión del encadenado, ni suaviza su desgracia. ¿Le importa acaso estar ligado con hierro o con oro, siendo igualmente prisionero de ambas maneras? ¿Puede el lazo precioso endulzar su cautiverio? ¿Acaso el grillete de oro hará menos infame a la servidumbre?

Traducción de A. Conca

Tratado de las vírgenes
San Ambrosio (340-397)

sábado, 14 de enero de 2017

Por si acaso

Ángel Gabilondo. Por si acaso.

Puestos a cambiarlo todo, conviene incluirse.

Cerrar los ojos para pensar es como cerrar la boca para comer.

Despertarse lleva a veces años.

Sin horizontes no veo ni de cerca,

Cuando era niño no tenía probablemente infancia. Ahora sí.

Por si acaso. Máximas y mínimas (2014)
Ángel Gabilondo

viernes, 13 de enero de 2017

Ocaso de un imperio

Thomas Kinkade. El rosal.

Swift inventó el país de Liliput, poblado por hombres diminutos, y Tomás Moro la isla de Utopía, cuya capital es Amauroto. Yo también me dedico a inventar lugares imaginarios. Sin ir más lejos, ayer dibujé un círculo con guijarros en el patio y lo nombré Imperio de Chu. Chu es un país árido, sembrado de agujas de pino y habitado sólo por hormigas. Más allá de sus fronteras se extienden parterres con begonias y crisantemos, y también un sendero de grava que conduce hasta la verja de salida, esa verja que siempre permanece cerrada (al menos, para mí). Todos los imperios están condenados a desaparecer: esta mañana, el jardinero arrasó Chu al pasarle un rastrillo por encima. Como me encaré con él, las enfermeras decidieron inyectarme una nueva dosis de tranquilizante.

El imperio de Chu (2008)
Manuel Moyano

jueves, 12 de enero de 2017

Dirección única

Walter Benjamin en París, 1938, fotografiado por Gisèle freund.

Material didáctico
Principios del mamotreto o el arte de fabricar libros gruesos

I. En toda la exposición deberán entreverarse continuas y prolijas referencias al plan de la obra.

II. Se introducirán términos para designar conceptos que, salvo en su definición misma, no vuelvan a aparecer en todo el libro.

III. Las distinciones conceptuales a las que con gran dificultad se llegue a lo largo del texto, deberán desdibujarse de nuevo en las notas a los pasajes correspondientes.

IV. Se darán ejemplos para ilustrar conceptos que sólo sean tratados en su acepción general: así, donde se hable de máquinas, se enumerarán todos sus tipos.

V. Todo cuanto a priori esté claro de un objeto, será corroborado por una retahíla de ejemplos.

VI. Las correlaciones representables gráficamente serán descritas con palabras. En vez de dibujar, por ejemplo, un árbol genealógico, todos los vínculos de parentesco serán pormenorizados e ilustrados.

VII. Varios adversarios que defiendan la misma argumentación, deberán ser refutados uno a uno.

Traducción de Juan J. del Solar y Mercedes Allendesalazar

Dirección única
Walter Benjamin

martes, 10 de enero de 2017

Vida de un hombre

Giuseppe Ungaretti. Vida de un hombre.

Vagabundo
Campo de Mailly mayo 1918

En ninguna
porción
de tierra
puedo
alojarme

En cada
nuevo
clima
que hallo
me siento
languideciente
aunque
antes ya estaba
acostumbrado

Y de allí me desprendo siempre
extranjero

Naciendo
al retornar desde tiempos demasiado
vividos

Gozar un solo
minuto de vida
inicial

Busco un país
inocente

Traducción de Gianna Prodan y Miguel Galanes

Vida de un hombre
Giuseppe Ungaretti

sábado, 7 de enero de 2017

Cómo leo

David Hamilton. Muchacha leyendo.

VI

Hay libros primaverales que brotan en nuestra memoria cuando el aire empieza a tener efluvios de violetas, y tan cálidos de sol y de amor que no sería posible leerlos en otras estaciones. En invierno más bien serían tormento que compensación; en otoño nos ablandarían en la nostalgia.
Ciertos libros heroicos, duros, ascéticos, tonificantes, hay que leerlos por la mañana temprano, cual si nos pusiéramos la armadura después de un baño helado. Y hay otros —pienso especialmente en ciertos poetas— que están hechos para ser leídos al anochecer, al lado de una ventana, en esa tibieza que deja el sol reciente, en esa hora que se presta a las primeras escaramuzas con la tristeza, a los recuerdos molestos que resucitan, como los fantasmas, al aproximarse la gran solemnidad de la noche.

Traducción de Alfonso Banda Moras

Exposición personal (1941)
Giovanni Papini

miércoles, 4 de enero de 2017

Las ruinas

Ferdinand Knab. Ruinas.

En la contemplación de las ruinas, el argumento se reduce al mínimo y deja visible en toda su amplitud el horizonte, el tránsito de las cosas de la vida; es el raro privilegio de que gozan y que es causa de su fascinación. También las cosas gastadas muestran el paso del tiempo y en el caso de un objeto usado por el hombre algo más: la huella, siempre misteriosa de una vida humana grabada en su materia. Un cepillo usado, un zapato viejo, un traje raído, casi llegan a alcanzar la categoría de ruina. Porque ruina es solamente la traza de algo humano vencido y luego vencedor del paso del tiempo.

El hombre y lo divino (1955)
María Zambrano

jueves, 29 de diciembre de 2016

Pensamientos

Retrato de Giacomo Leopardi por D. Morelli.

CVII

Muchas tonterías se dicen en público por el simple afán de hablar. Pero el joven que en algo se estima a sí mismo, cuando se introduce en el mundo por primera vez, fácilmente comete otro defecto, es decir: que para hablar espera que en su vida ocurran cosas extraordinariamente bellas e importantes. Así, esperando, acaece que no habla nunca. La más sensata conversación del mundo y la más estrepitosa se componen, en su mayor parte, de dichos y de razonamientos frívolos y ordinarios, con los que, de cualquier modo, se procurará pasar el tiempo hablando. Y es necesario que cada cual se decida a decir las cosas más comunes, para decir las no comunes sólo a veces.

Traducción de Antonio Colinas

Pensamientos
Giacomo Leopardi (1798-1837)

Por otro rey

Roberto Fernández retamar. A quien pueda interesar.

Largos, infinitos poemas vienen: yo los rechazo;
Vuelven como en oleadas insistentes, en paños,
En aguas vastas y golpeantes: yo los empujo
Contra su propio fragor, yo los hundo
Unos en otros; regresan otra vez, van a los ojos,
Van al rostro, buscan la boca, el cuerpo:
Yo los resisto, los alejo, vuelven, siempre vuelven.
Multitud espesa de letras
Está ya en marcha, y es inútil el rechazo.

A quien pueda interesar. Poesía (1958-1970)
Roberto Fernández Retamar

martes, 27 de diciembre de 2016

Aforismos

Georg Cristoph Lichtenberg. Aforismos.

G
(1779-1783)

54
Pagar deudas con el mismo placer con que se cobra dinero es, sin duda, un signo inequívoco de que se ha mejorado.

79
Hay gente capaz de creer en todo lo que quiere: ¡son tan felices!

150
El libro que primero merecería ser prohibido en el mundo sería un catálogo de libros prohibidos.

184
Entre todas las curiosidades que había acumulado en su casa, él mismo acababa siendo la más grande.

212
Hacer que cada momento de nuestra vida sea el mejor posible, independientemente de la mano del destino de que provenga y de si es favorable o desfavorable: en esto consiste el arte de vivir y el verdadero privilegio de un ser racional.

Traducción de Juan del Solar

Aforismos
Georg Christoph Lichtenberg

lunes, 26 de diciembre de 2016

Paralajes

Cometa Hale Boop, fotografiado por Franz Haar, en 1997. (Wikipedia).

VIMOS el cometa
que pasa cada seis mil años.
Las palabras despertaron.
Los oídos se embriagaron
con su clamor sigiloso.
Los ojos fueron cautivos
de su incesante manar,
que entretejía coronas en el aire
con las hebras del misterio.
Y nos recorrió un jardín
de quietud abarcadora
que en el confín del no ser
el puro ser custodiaba.
Vimos el cometa,
lo vimos y lo vemos
porque somos materia
de una estrella muerta
y la luz es nuestro secreto.

Paralajes (2002)
Clara Janés

sábado, 24 de diciembre de 2016

Sin novedad en el frente

Erich Maria Remarque. Sin novedad en el frente.

X
Soy joven, tengo veinte años, pero no conozco de la vida más que la desesperación, el miedo, la muerte y el tránsito de una existencia llena de la más absurda superficialidad a un abismo de dolor. Veo a los pueblos lanzarse unos contra otros, y matarse sin rechistar, ignorantes, enloquecidos, dóciles, inocentes. Veo a los más ilustres cerebros del mundo inventar armas y frases para hacer posible todo eso durante más tiempo y con mayor refinamiento. Y, al igual que yo, se dan cuenta de ello todos los jóvenes de mi edad, aquí y entre los otros, en todo el mundo; conmigo lo está viviendo toda mi generación. ¿Qué harán nuestros padres si un día nos levantamos y les exigimos cuentas? ¿Qué esperan que hagamos cuando llegue una época en la que no haya guerra? Durante años enteros nuestra tarea ha sido matar; éste ha sido el primer oficio de nuestras vidas. Nuestro conocimiento de la vida se reduce a la muerte. ¿Que más puede suceder después de esto? ¿Y qué será de nosotros?

Traducción de Judith Vilar

Sin novedad en el frente (1929)
Erich Maria Remarque

Por sendas de montaña

Matsuo Basho. Por sendas de montaña.

Por sendas de montaña
encontré algo sublime:
la silvestre violeta.

En mi vida viajera
arar, yendo y viniendo,
una parcela.

Al olor del ciruelo,
sale de pronto el sol
por sendas de montaña.

Traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Por sendas de montaña
Matsuo Basho (1644-1694)

sábado, 17 de diciembre de 2016

Entre la vida y el sueño

Antonio Fuertes. Tren

Fragmentos de un diario de vacaciones

Lo que me gusta de una salida de viaje —dije mientras el mozo de blusa azul colocaba mi maleta en la red—, lo que me gusta de una marcha, es que nos libera de falsas desgracias. ¿Qué es una injuria tan pronto como el que ha insultado se haya a cien leguas de distancia? ¿Qué es el amor desde el momento que la amante está fuera de nuestro alcance? Sólo viajando —continué, dejándome caer sobre los almohadones— somos verdaderamente nosotros mismos. He aquí a Yorick, es decir, un cuerpo, necesidades, recuerdos, y no la casa de Yorick, los servidores de Yorick, los amigos y los enemigos de Yorick, la leyenda de Yorick y la fortuna de Yorick. Ya no hay bienes para administrar, excepto las seis camisas, los doce pañuelos y los veinticinco volúmenes que contiene esta maleta. Ya no hay que temer ni más llamadas ni más visitantes. En este momento, cuando el tren arranca, deslizándose sobre las vías chirriantes de la estación del Norte, decidí escribir el relato de mi viaje...

Traducción de Rosa S. de Naveira

Entre la vida y el sueño
André Maurois (1885-1967)

martes, 13 de diciembre de 2016

Diccionario del hombre contemporáneo

Bertrand Russell. Diccionario del hombre contemporáneo.

Aventura

Una vida sin aventura probablemente es insatisfactoria, pero una vida en la cual se permite que la aventura tome cualquier forma, es, seguramente, corta.

Cambio

Cambio es una cosa, y progreso otra. El cambio es "científico", y el progreso es "ético"; el cambio es indudable, mientras que el progreso es un asunto de controversia.

Grandes hombres

Los grandes no están solos; de la oscuridad surgen las voces de los predecesores, claras y animosas; y por lo tanto, a través de las edades realizan  un desfile imponente, orgullosos, impávidos, inconquistables. El ingresar en esta gloriosa compañía, el engrosar las filas de los que el destino no logró someter, puede ser la felicidad: ¿pero qué significa la felicidad para aquéllos cuyas almas están llenas de esa música celestial?

Traducción de Josefina Martínez Alinari

Diccionario del hombre contemporáneo
Bertrand Russell (1872-1970)

jueves, 8 de diciembre de 2016

El sabor del éxito

José María Merino, fotografiado por Claudio Álvarez (2012).

Tan joven y ya ministro, piensa, y sonríe al sentir la frase repetirse una y otra vez en su cabeza, como una jaculatoria, eco incesante de las palabras de su madre, de su padre, de todos sus familiares, de sus compañeros y colegas. Es el destino, mi destino, y vuelve a sonreír, satisfecho.
Ha asumido pacíficamente los dominios del ministro saliente, amigo y compañero de partido, la gente de su secretaría y hasta los cajones y las estanterías a medio vaciar. Y tras un día de enorme ajetreo, a esta hora, última de la tarde, se ha quedado solo y se complace en esa tranquilidad.
Se siente colmado de euforia mientras observa el espacio que lo rodea, la enorme mesa de despacho, la otra circular, los grandes sofás, la madera que cubre las paredes, con ese color un poco funerario del roble, y los cuadros con paisajes de planicies vertiginosas.
En la pared de la derecha está la puerta de la secretaría, y en la de enfrente una más pequeña, que da acceso al cuarto de aseo, y otra que el ministro no ha abierto todavía.
El flamante ministro descorre el pestillo de esa puerta. Topa con el cuerpo denso pero endeble de un cortinón rojo, y, por fin, con una amplia sala rectangular, en penumbra. En los muros sobresalen los marcos de muchos cuadros de igual tamaño, y en un extremo hay una mesita iluminada por una lámpara ante la que se sienta un conserje, que ha percibido la presencia del ministro y se acerca con rapidez servicial.
«Son los retratos de sus antecesores, excelencia», dice el conserje, y la luz eléctrica ilumina ya, aunque someramente, esos muros en que las miradas inmóviles de los retratados ignoran la curiosidad de su sucesor. Desde los antiguos uniformes de gala, los retratados muestran la evolución de la vestimenta a lo largo de más de doce décadas.
De repente, el conserje hace una observación: «Don Vicente», exclama, señalando un retrato.«En su época empecé yo a trabajar aquí. Ésos son los siguientes, don Cruz, don Carlos, don Julio, don Javier, don Manuel, don Fermín, doña Esperanza, doña Pilar, A todos los he conocido», sigue explicando.
En la pared queda mucho espacio vacío. El ministro agradece la información y regresa a su despacho. En la galería de retratos hacía frío, y se nota un poco destemplado, y con una impresión de súbita melancolía cuyas razones no es capaz de identificar.

Días imaginarios (2002)
José María Merino

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Robert Southey Burke

Edgar Lee Masters, en Egipto, 1921. Foto: Myweb. wvnet. edu.

Me gasté mi dinero para que te eligieran alcalde,
A. D. Blood.
Te prodigué mi admiración,
eras para mí el hombre casi perfecto.
Tú devoraste mi personalidad,
y el idealismo de mi juventud,
y la fuerza de una noble fidelidad.
Y todas mis esperanzas para el mundo,
y toda mi fe en la Verdad
se fundieron en el ciego ardor
de mi devoción por ti
para moldearse a tu imagen.
Y cuando descubrí lo que eras,
cuando descubrí tu espíritu pequeño,
y que tus palabras eran tan falsas
como tus dientes de blanquiazulada porcelana
y los puños de celuloide de tu camisa,
odié el amor que te tenía,
me odié a mí mismo, te odié
por mi espíritu desperdiciado y mi desperdiciada juventud.
Y os digo a todos: cuidado con los ideales,
cuidado con poner vuestro amor
en ningún hombre vivo.

Traducción de Jesús López Pacheco y Fabio L. Lázaro

Antología de Spoon River (1915)
Edgar Lee Masters

martes, 6 de diciembre de 2016

Vaguedad

Carmen Jodra Davó. Las moras agraces.

Ya no sé lo que creo ni lo que soy.
Me gustaría ser perfecta:
ni hombre ni mujer,
material pero sin mancha alguna
de materia.
Sin embargo mi peso en el colchón
me dice que me deja de bobadas.

Las moras agraces (1999)
Carmen Jodra Davó

domingo, 4 de diciembre de 2016

El año sabático

Alfonso Canales. El año sabático.

LXI

Esto aprendí de Drácula: me llevo donde quiera que voy un ataúd con tierra natal. (A cada uno su suelo da una forma de vida y de muerte). Aprendí de Zavattini a guardar una vaca en el cuarto de baño, por si me llega el hambre y hay guerra por las calles de la ciudad con los comercios rotos. Aprendí de Tomás a poner dedos en todos los costados, por augustos que sean. De la tortuga de Zenón (y de Héctor) aprendí a no dejar que se me acerque el iracundo Aquiles. De Macario quise aprender la soledad. De Lewis Carroll, a penetrar en los espejos y a escrutar el revés de los retratos. Ahora sólo me falta ir aprendiendo algo de mí mismo.

El año sabático (1976)
Alfonso Canales

sábado, 3 de diciembre de 2016

Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas

Kafka, retratado por Björn Griesbach.

Era un pasadizo estrecho, bajo, abovedado, revocado de blanco, yo estaba delante de la entrada, que llevaba en línea oblicua hacia lo hondo. No sabía si entrar, indeciso frotaba con los pies la escasa hierba que crecía delante de la entrada. Llegó entonces un señor, seguramente por casualidad, estaba un poco encorvado, pero voluntariamente, porque quería hablar conmigo.«¿A dónde vas pequeño?», preguntó. «A ninguna parte aún -dije contemplando su alegre pero altanero rostro (habría sido altanero aun sin el monóculo que llevaba)-, a ninguna parte aún. Todavía lo estoy pensando».

Traducción de Carmen Gauger

Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas
Franz Kafka

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Palacio, biblioteca

Lynn Shaler. Colección privada.

La biblioteca en el palacio viejo
Da a sus libros un aura inteligente,
Que predispone a la lectura lenta,
A las sabrosas averiguaciones.
Raro quizá el lector de estos volúmenes.
Revestidos de bellas pieles, oros
En tejuelos, a gusto bien erguidos
Y por tamaños ordenados, velan,
Aguardan tiempo con memoria firme,
Pese a la destrucción innumerable.

Y otros poemas (1973)
Jorge Guillén

Materia y forma en poesía

Amado Alonso. Materia y forma en poesía.

La interpretación estilística de los textos

Nunca me parece poner demasiado énfasis en un aspecto de la obra literaria que la crítica ha descuidado siempre: que eso que el poeta ha ido haciendo, lo ha hecho con el acicate de un placer estético. Que el placer estético de ir haciendo la obra literaria entra constitutivamente en la obra misma, y que, en el terreno estrictamente poético, ese placer estético es la última y fundamental justificación. La crítica tradicional se ha conformado con dar por supuesto el goce estético en toda la obra de arte; pero no ha contado con ello concretamente para el análisis y valoración de cada obra. Analizan los materiales valiosos que en ella encuentran, pero no su función estética.
La estilística se ocupa primordialmente de ese goce estético, motor principal en la creación literaria; del goce estético salvado, guardado y dispuesto en la obra literaria como se guarda dispuesta una sinfonía en un disco; del goce estético que el lector no descarriado recoge, recibe y se apropia como principal enriquecimiento de su alma.
En el acto creador, ni la aducción de pensamientos y sentimientos valiosos, ni la formación de una realidad significativa, ni la convocatoria de palabras extrañamente sugestivas, ni el gracioso andar de la frase, ni la encantadora disposición de la materia sonora, nada de lo que constituye la obra literaria habría ocurrido si el prurito del goce estético no los hubiera convocado. En su última esencia, toda construcción artística es una aérea construcción de puro goce estético. Lo que llamamos inspiración es la tensión de espíritu producida en el poeta por el prurito de goce estético, de esa «llama que arde con apetito de arder más», como definió San Juan de la Cruz al amor.

Materia y forma en poesía (1955)
Amado Alonso

lunes, 28 de noviembre de 2016

Cuaderno de escritura

Carlos Pujol. Cuaderno de escritura.

26
Lo que solemos llamar escribir bien no es más que irresistible capacidad persuasiva.

39
Establecer con palabras un orden misterioso, subjetivo y necesario, el único orden personal y universal que le es dado a cada uno.

73
Escribir enriquece y disipa, agiganta trozos de la existencia y deja vacíos dentro de uno, como fragmentos de vida que se interrumpió durante un largo viaje por tierras extrañas.

98
La invención literaria se hace y se deshace en el fondo de uno mismo de manera misteriosa, hasta que al fin cuaja en palabras en las que casi no nos reconocemos porque tienen su propia vida.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

domingo, 27 de noviembre de 2016

Vida de Plinio

Litografía de Plinio el viejo. Imagen de la Wikipedia.

Retóricos ilustres

Plinio el Viejo era de Como. Cumplió con distinción los cargos militares de los caballeros, y encargado continuamente de las misiones más brillantes, dio pruebas en ellas de la más grande integridad. Se entregó, a pesar de todo, con tal ardor a los estudios literarios, que difícilmente podría citarse un hombre que en sus ocios haya escrito más que él. Escribió, en efecto, en veinte volúmenes las historia de las guerras emprendidas contra los germanos, y en treinta y siete libros la historia completa de la Naturaleza. Pereció en el desastre acaecido en la Campania: mandaba allí la flota de Micenas, y durante la erupción del Vesubio se acercó al volcán con una nave de Liburnia, a fin de estudiar de cerca las causas del fenómeno. Vientos contrarios le impidieron salir de nuevo al mar, pereciendo ahogado bajo el polvo y la ceniza. Según algunos autores, fue muerto por uno de sus esclavos, a quien él suplicó que le diera muerte, al verse ahogado por el calor.

Nota: No era de Como, sino de Verona.

Traducción de Jaime Arnal

Los doce césares
Cayo Suetonio

sábado, 26 de noviembre de 2016

Rimbomba

Saúl Yurkievich. Rimbomba.

Historia

Esta es mi historia. Por fin. No es diferente de otras, no soy diferente de otros, pero ésta la acaparo. En esta historia soy el personaje principal.
Me desplazo, discurro, transcurro. 
Ahora salgo, camino, me siento en un banco de la plaza, veo lo que pasa.
Pienso cosas extraordinarias, pero no ocurren.
Luego tengo hambre. Debo aguardar.
Mis deseos cambian.
Hago lo de siempre.
Es mi historia. Mientras pueda la retengo, la dilato. Nunca tuve oportunidad igual. No quiero dejarla escapar.
Suceden, se suceden varios episodios.
Noto que no vale la pena detallarlos. No sé si meter a alguien más. No quiero compartir mi historia.

Rimbomba (1978)
Saúl Yurkievich

jueves, 24 de noviembre de 2016

Imágenes, imágenes...

Richard Borrmeister. Princesa india, 1888.

Prestigios y problemas del sueño
La imagen onírica

La India antigua conoce el misterio de los sueños paralelos que anuncian a dos seres que se ignoran el uno al otro una futura comunidad de destino. En el Kathâsaritsagara, es decir Océano de los Ríos de los Cuentos, un autor del siglo XII, Somadeva, cuenta cómo el rey Vikrâmâditya ve en sueños, en una región desconocida, a una joven de la que se enamora. Sueña que la estrecha en sus brazos, cuando el vigilante nocturno viene a interrumpir su dicha. Al mismo tiempo, en un país lejano, la princesa Malayavatî, que sentía horror por los hombres, percibe en sueños a un gran personaje que sale de un monasterio. Lo desposa y con él está gozando de los placeres del amor en el lecho nupcial cuando su camarera la despierta. Después de numerosas peripecias, los dos héroes se encuentran, se reconocen y se unen en la realidad como primero lo hicieron en sueños.

Traducción de Dolores Sierra y Néstor Sánchez

Imágenes, imágenes
Roger Caillois (1913-1978)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Crónicas marcianas

Ray Bradbury. Crónicas marcianas.

Marzo de 2000
El contribuyente

Quería ir a Marte en el cohete. Bajó a la pista en las primeras horas de la mañana y a través de los alambres les dijo a gritos a los hombres uniformados que quería ir a Marte. Les dijo que pagaba impuestos, que se llamaba Pritchard y que tenía el derecho de ir a Marte. ¿No había nacido allí mismo en Ohio? ¿No era un buen ciudadano? Entonces, ¿por qué no podía ir a Marte? Los amenazó con los puños y les dijo que quería irse de la Tierra; todas las gentes con sentido común querían irse de la Tierra. Antes que pasaran dos años iba a estallar una gran guerra atómica, y él no quería estar en la Tierra en ese entonces. Él, y otros miles como él, todos los que tuvieran un poco de sentido común, se irían a Marte. Ya lo iban a ver. Escaparían de las guerras, la censura, el estatismo, el servicio militar, el control gubernamental de esto o aquello, del arte y de la ciencia. ¡Que se quedarán otros! Les ofrecía la mano derecha, el corazón, la cabeza, por la oportunidad de ir a Marte. ¿Qué había que hacer, qué había que firmar, a quién había que conocer para embarcar en un cohete?
Los hombres de uniforme se rieron de él a través de los alambres. No quería ir a Marte, le dijeron. ¿No sabía que las dos primeras expediciones habían fracasado y que probablemente todos sus hombres habían muerto?
No podían demostrarlo, no podían estar seguros, dijo Pritchard, agarrándose a los alambres. Era posible que allá arriba hubiera un país de leche y miel, y que el capitán York y el capitán Willians no hubieran querido regresar. ¿Le abrirían el portón para dejarlo subir al Tercer Cohete Expedicionario, o lo rompería el mismo a puntapiés?
Le dijeron que se callara.
Vio a los hombres que iban hacia el cohete.
—¡Espérenme! —les gritó—. ¡No me dejen en este mundo terrible! ¡Quiero irme! ¡Va a haber una guerra atómica! ¡No me dejen en la Tierra!
Lo sacaron de allí a rastras. Cerraron de un golpe la portezuela del coche policial y se lo llevaron al alba con la cara pegada a la ventanilla trasera. Poco antes que la sirena del automóvil comenzara a sonar, al acercarse una curva, vio el fuego rojo, y oyó el ruido terrible y sintió la trepidación con que el cohete plateado se elevó abandonándolo en una ordinaria mañana de lunes en el ordinario planeta Tierra.

Traducción de Francisco Abelenda

Crónicas marciana (1950)
Ray Bradbury

martes, 22 de noviembre de 2016

Escribir literatura de viajes

Miles Hyman. El escritor de viajes.

5.
¿Es necesario el trabajo en casa?

Muchos escritores de viajes leen cuanto cae en sus manos acerca de un destino antes de salir de casa, mientras otros prefieren llegar a un nuevo país sin las ideas preconcebidas que se forman inevitablemente con la lectura de las impresiones de otra gente. A menudo es difícil mejorar una descripción de un lugar que, en su día, un escritor famoso ya acuñó en una sola frase, y es más sencillo concebir algo original si no se han leído descripciones previas. Después de haber oído que Finlandia era «la tierra del encaje líquido», por ejemplo, me sentí impotente a la hora de intentar mejorar aquella acertada frase, que por otro lado parece haber quedado grabada para siempre en mi mente. Y la descripción de John Betjeman del Sydney Opera House como «una melé de rugby de monjas» se interpone inexorablemente entre el viajero y su bloc de notas. Sin embargo, pertenezco a la generación de «lee todo cuanto puedas antes de ir a la escuela del pensamiento», sobre todo guías. Es frustrante regresar de un viaje y descubrir que, de haber realizado este trabajo de antemano, habríamos sabido que nos hallábamos lo bastante cerca de un jardín de excepcional belleza como para visitarlo con el autobús local, mientras que, por el contrario, andábamos desesperados por llegar a la galería de arte que se había previsto visitar la próxima vez que estuviéramos en París o Florencia y ésta estaba cerrada.

Traducción de Joan Carles Guix Vilaplana

Escribir literatura de viajes
Morag Campbell

lunes, 14 de noviembre de 2016

Suspense

Patricia Highsmith. Suspense.

Capítulo 4
Distracciones y consejos para evitarlas

En cuanto a las pequeñas dificultades de la vida, las hay a miles. ¿Qué escritor no ha tenido que trabajar con dolor de muelas, con facturas que hay que pagar, con un niño enfemo en la habitación de al lado o en la misma habitación, cuando te visitan los parientes políticos, cuando una relación amorosa acaba de terminar o cuando el Gobierno te exige que rellenes más y más formularios? Apenas transcurre una mañana sin que el cartero traiga algo que puede producir molestias psíquicas. Nunca me han demandado por difamación, tampoco tengo deudas, pero hay otras cosas que pueden complicarle la vida al escritor la insistencia del Gobierno en que calcules tus ingresos para el año próximo, lo cual es imposible; la noticia de la pérdida o apropiación de bienes causada por haberte mudado de domicilio o por haberte ido a otro país (los escritores viajan con frecuencia porque necesitan cambiar de escenario); o la dificultad de encontrar una vivienda. Una vez, cuando ya tenía resuelto todo lo relativo a un piso nuevo en Manhattan —ya había pagado el alquiler por anticipado, firmado el contrato y avisado a los de las mudanzas— me dijeron que no podía ocuparlo porque era un piso para profesionales. Los escritores no son profesionales, ya que «sus clientes no les visitan». Estuve a punto de escribir al Departamento de la Vivienda o a quien hubiera redactado semejante ley y decirles: «No tienen ustedes idea de cuántos personajes llaman a mi puerta y vienen a verme cada día, y son absolutamente necesarios para mi existencia». Pero no llegué a escribir, sólo me hice la reflexión de que las prostitutas probablemente tenían derecho a un piso como aquél, pero los escritores no.

Traducción de Jordi Beltrán

«Suspense». Cómo se escribe una novela de intriga
Patricia Highsmith   

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Consideraciones sobre la escritura

Jaime Bames. Metafísica.

Capítulo XVIII
Consideraciones sobre los admirables efectos de la palabra y de la escritura

216. La escritura es la ampliación de la palabra; es la palabra misma, triunfando del espacio y del tiempo. Con la escritura no hay distancias. Un hombre retirado en un ángulo del Mundo concibe una idea, y hace un signo en una hoja deleznable; el hombre muere desconocido; el viento esparce sus cenizas antes de que se haya descubierto su ignorada tumba. Y, sin embargo, la idea vuela por toda la redondez del Globo, y se conserva intacta a través de las corrientes de los siglos, entre las revoluciones de los Imperios, entre las catástrofes en que se hunden los palacios de los monarcas, en que perecen las familias más ilustres, en que pueblos enteros son borrados de la faz de la Tierra, en que pasan sin dejar memoria de sí tantas cosas que se apellidan grandes. Y el pensamiento del mortal desconocido se conserva aún; el signo se perpetúa; los pedazos de la débil hoja se salvan y en ella está el misterioso signo donde la mano del obscuro mortal envolvió su idea y la transmitió al Mundo entero en todas sus generaciones. Tal vez el desgraciado perecía como Camoëns en la mayor miseria; su voz moribunda se exhalaba sin un testigo que le consolase; tal vez trazaba aquellos signos a la escasa luz de un calabozo; ¡qué importa! desde un cuerpo tan débil su espíritu domina la Tierra; la voz que no quieren oir sus enfermeros o carceleros, la oirá la humanidad en los siglos futuros. Esto hace la escritura. ¡Cuán débiles somos! ¡y cuán grandes en medio de nuestra debilidad!

Metafísica (1847)
Jaime Balmes

martes, 8 de noviembre de 2016

Las mujeres sabias

Fotograma de Cyrano de Bergerac, 1950. Dirigida por Michael Gordon.

Los hombres la creen tonta. Creen que no se da cuenta de nada, que lo único que sabe hacer es maquillarse, sonreír, manejar con gracia el abanico y tocar el clavicordio. Roxana no mata una mosca, dicen. Está siempre en las nubes, dicen. En fin, la tienen por una perfecta babieca a la que se la puede engañar como a un niño. Pero es ella quien engaña a todos. Ha comprendido desde el primer momento que las cartas de Cristian las escribe Cyrano. Y que el famoso discurso debajo de su balcón lo pronunció Cyrano (reconoció su horrible voz gascona) y no Cristian. Sabe que Cyrano es una lumbrera y que Cristian un burro. Pero ama a Cristian y no ama a Cyrano. De modo que sigue la comedia. ¿O qué pretendemos? ¿Que admita, delante de todos nosotros, no ignorar las pocas luces de Cristian y, sin embargo, estar enamorada de ese borrico? Entonces sí que la pondríamos en la picota. Sus amigas, sobre todo, se burlarían de ella. En cambio nos convence de que está convencida de la inteligencia de Cristian gracias a los trucos de Cyrano. Después que se case con Cristian todo el gasto de cerebro lo hará ella, aunque atribuyéndoselo a su marido.

Falsificaciones (1966)
Marco Denevi

viernes, 4 de noviembre de 2016

No amanece el cantor

José Ángel Valente. No amanece el cantor.

LENTAS SIGUEN las lunas a las lunas, como cede a la luz la luz, los días a los días, el párpado tenaz al mismo sueño. Vivir es fácil. Arduo sobrevivir a lo vivido.

No amanece el cantor (1992)
José Ángel Valente

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Hacedor de estrellas

Akageno Saru. Noche estrellada, 2012.

1. El punto de partida

¿El mundo entero? ¿El universo entero? Arriba, la oscuridad reveló una estrella. Una trémula flecha de luz, proyectada quién sabe cuántos miles de años atrás, ahora alcanzaba mis nervios como un punto visible, y me estremecía. ¿Pues qué podía significar nuestra comunidad, frágil, evanescente, fortuita, en un universo semejante?
Pero, irracionalmente, sentí en mí una rara reverencia, no hacia el astro, un simple fuego que la distancia santificaba falsamente, sino hacia otra cosa, algo que mi corazón descubría en aquel terrible contraste entre la estrella y nosotros. Sin embargo, ¿qué podía ser eso? La inteligencia, mirando más allá del astro, no descubría ningún Hacedor de Estrellas, sólo oscuridad; ningún Amor, ningún Poder siquiera, sólo nada. Y sin embargo, el corazón parecía cantar una alabanza.

Traducción de Gregorio Lemos

Hacedor de estrellas (1937)
Olaf Stapledon

miércoles, 26 de octubre de 2016

Confesiones del aventurero Félix Krull

Thomas Mann, fotografiado por Fred Stein, 1943.

Capítulo tercero

Por aquella época solía cavilar también sobre un problema que preocupaba a menudo mi mente y que aún ahora no ha perdido para mí su atractivo.
«¿Qué actitud es más provechosa —me preguntaba, considerar al mundo como algo importante o como algo trivial?». Para los grandes hombres —pensaba—, los generales, los políticos insignes y para todos los tipos de conquistadores y dominadores, por su misma naturaleza, probablemente no sería más que un tablero de ajedrez, pues de otro modo carecerían de la irresponsabilidad y de la frialdad necesarias para disponer con tanta despreocupación del bien y del mal de la comunidad, de acuerdo con sus inescrutables planes. Por otra parte, esta supuesta opinión tan despectiva puede ser fácilmente la causa de que se fracase en la vida; pues quien estima en muy poco al mundo y a los hombres y se convence tempranamente de su pequeñez, se siente propenso a hundirse en la indiferencia y la pereza, y prefiere desdeñosamente un estado de inactividad absoluta a cualquier agitación del espíritu; sin contar con que su insensibilidad y su falta de interés y comprensión ofenderán a cada paso a todo el mundo, cerrándole el camino del éxito. «¿Será acaso mejor me preguntaba— considerar al mundo y a la humanidad como algo grande, magnífico y digno de nuestro mayor celo, para merecer la estima y el respeto?». El aspecto negativo de esta consideración reside en que la actitud reverente puede llevar fácilmente a la timidez y al menosprecio de sí mismo, y el mundo se deslizará junto al estúpido respetuoso, para buscarse amantes más viriles. Por otra parte, la fe y culto del amor mundano ofrece también grandes ventajas. Pues quien acepta las cosas y los hombres como plenos de importancia, no sólo lisonjeará con ello a éstos, asegurándose así más de una protección, sino que también impregnará su propio pensamiento y su conducta de una seriedad y responsabilidad que, a la vez que lo harán más interesante y simpático como persona, pueden conducirlo hacia los éxitos y los destinos más altos.
Así meditaba, pesando el pro y el contra. Por lo demás, sin querer y de acuerdo con mi naturaleza, siempre me atuve a la segunda posibilidad, considerando el mundo como un fenómeno maravilloso, infinitamente seductor, que puede ofrecer las más dulces alegrías y que me parece digno de cualquier esfuerzo.

Traducción de Anny Dell'Erba

Confesiones del aventurero Félix Krull
Thomas Mann

domingo, 23 de octubre de 2016

Bajo la espada de Damocles

Richard Westall. La espada de Damocles.

Estar bajo la espada de Damocles es estar bajo la amenaza persistente de un peligro. Leemos en la prensa: «El "efecto 2000", una espada de Damocles sobre Rusia». Esta locución proviene de un episodio de la Antigüedad que nos cuenta Cicerón en Tusculanas (V, 20-22). Damocles era un cortesano de Dionisio el Viejo, rey de Siracusa (Sicilia) a comienzos del siglo IV a.C. Como este cortesano acostumbraba a ponderar la felicidad de los reyes, Dionisio, en una ocasión, le cedió su puesto, ordenando que le trataran a cuerpo de rey para que gustara por sí mismo tanta felicidad. Rodeado por un lujo fastuoso y atendido por bellos mancebos que a la menor señal le servían suculentos manjares, Damocles se sentía feliz. Hasta que vio sobre su cabeza, pendiente del techo y apenas sostenida por una crin de caballo, una afilada espada. Esto le hizo ver que los reyes viven en una constante inquietud y pidió permiso para abandonar, pues «ya no deseaba ser feliz».
Estar bajo la espada de Damocles es expresión que seguimos utilizando como advertencia cuando, en momentos de paz y prosperidad, acecha y amenaza algún peligro.

Estar al loro (2005)
José Luis García Remiro