lunes, 13 de julio de 2020

El conde Lucanor

Don Juan Manuel. El conde Lucanor.

Cuento XXXI

La sentencia que dio un cardenal a los canónigos de París y a los franciscanos

Otro día, hablando el conde Lucanor con Patronio, su consejero, dijo lo siguiente:
—Patronio, un amigo mío y yo queremos hacer una cosa que nos conviene mucho a los dos; yo podría hacerlo en este momento, pero no me atrevo por no estar él. Por el buen entendimiento que Dios os dio os ruego que me aconsejéis sobre esto.
—Señor conde Lucanor —respondió Patronio—, para que hagáis en esto lo que más os conviene me gustaría que supierais lo que sucedió a los canónigos de París y a los franciscanos.
El conde le pidió que se lo contara.
—Señor conde Lucanor —comenzó Patronio—, los canónigos decían que puesto que la catedral es lo más importante, ellos debían tocar las horas antes que nadie; los frailes alegaban tener que estudiar y levantarse a cantar maitines y que perdían horas de trabajo si se retrasaban; además que, por ser exentos, no tenían obligación de esperar a nadie.
El pleito duró mucho y costó mucho dinero a entrambas las partes. Al fin, un papa nuevo encargó de él a un cardenal y le mandó que lo sentenciara sin más tardanza. El cardenal hizo que le trajeran el proceso, que era tan grande que solo su volumen espantaba. Cuando el cardenal tuvo delante todos los autos, les señaló día para que vinieran a oír la sentencia. Al llegar el día, el cardenal hizo quemar delante de los interesados todos los papeles y les dijo así:
—Amigos, este pleito ha durado ya mucho y habéis gastado en él mucho dinero; por lo cual yo no lo prolongo más y doy por sentencia que el que se despierte antes toque antes.
A vos, señor conde, si la cosa es conveniente para los dos y la podéis hacer, os aconsejo que la hagáis y no perdáis tiempo, pues muchas veces se pierden las cosas por aplazarlas, y después, cuando uno querría hacerlas, ya no se puede.
Al conde le pareció éste un buen consejo, y lo hizo así y le salió muy bien. Viendo don Juan que este cuento era bueno, lo hizo poner en este libro y escribió unos versos que dicen así:

Si algo que te conviene puedes hacer,
no hagas con dilaciones que se pueda perder.

Versión española moderna de Enrique Moreno Báez

El conde Lucanor
Don Juan Manuel

viernes, 10 de julio de 2020

La última inocencia

Alejandra Pizarnik. La última inocencia.

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar fila para morir.

He de partir

Pero arremete, ¡viajera!

La última inocencia (1956)
Alejandra Pizarnik

miércoles, 8 de julio de 2020

Cuadernos de un escritor

H. Pohl. El mar.

1916

El Pacífico. Algunos días ofrece todos los colores de vuestra fantasía. El mar está en calma y bajo el cielo azul es de un azul brillante. En el horizonte hay algunas nubes aborregadas, bajo el sol poniente adquieren extrañas formas y parece imposible que no sean cordilleras. Las noches son entonces deliciosas; las estrellas, muy brillantes y, más tarde, cuando sale la luna, su luminosidad deslumbra. Pero muy a menudo el mar está encrespado, coronado de blancas crestas, y algunas veces gris como el Atlántico. Hay una fuerte marejada. La cosa más maravillosa del Pacífico es su soledad. Se pasan días y días sin ver un barco. De vez en cuando las gaviotas sugieren que la tierra no está lejana, la de una de esas islas perdidas en la inmensidad desierta de las aguas; pero ni un vapor, ni un barco de vela, ni una barca pesquera aparecen a la vista. Es un desierto vacío, y este vacío llena luego de una sensación de vago presentimiento. En aquella vasta y silenciosa superficie desierta hay un algo que asusta.

Traducción de Manuel Bosch

Cuadernos de un escritor (1892-1944)
William Somerset Maugham

martes, 7 de julio de 2020

El cambio de rueda

Ilustración de Gil Elvgren (1967).

Estoy sentado al borde de la carretera,
el conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar adonde voy.
¿Por qué miro el cambio de rueda
con impaciencia?
                                               (1953)

Versión de Jesús López Pacheco sobre la traducción directa del alemán de Vicente Romano.

Poemas y canciones
Bertolt Brecht

lunes, 6 de julio de 2020

Entre otros olvidos

José Antonio Muñoz Rojas. Entre otros olvidos.

I
Cuestiones

15

Qué hará ése en medio del campo,
escribiendo en medio del campo,
que ha parado su coche
y se ha puesto a escribir.
Ése, que a lo mejor soy yo,
a lo mejor trataba
de contar el sentimiento
de esta tarde tan bella.
Como se sabe, inútilmente.

Entre otros olvidos (2002)
José Antonio Muñoz Rojas

martes, 30 de junio de 2020

Guirnalda con amores

Adolfo Bioy Casares. Guirnalda con amores.

Gran final

El viejo literato dijo a la muchacha que en el momento de morir él quería tener un último recuerdo de lujuria.

Programa

Me dijo: «Anoche, antes de apagar la luz, mientras bebía un vaso de agua fresca, me prometí un porvenir atento a los escondidos placeres menores y a las continuas bellezas de la vida».

Promesa

Las mujeres deseadas y los ideales, ay, se alcanzan.

Guirnalda con amores (1959)
Adolfo Bioy Casares

lunes, 29 de junio de 2020

Cartas

Ilustración de Fortunino Matania.

LIBRO IV

Cartas de cortesanas

15

De Filúmene a Critón

¿Por qué razón te atormentas a ti mismo escribiéndome tanto? Lo que necesito son cincuenta monedas de oro y nada de cartas. Por tanto, si me amas, dámelas. Pero si amas más al dinero, no me molestes. Adiós.

Traducción de Elisa Ruiz García

Cartas de pescadores, campesinos, parásitos y cortesanas
Alcifrón

Yo vivo

Dominique Peyronnet. El mar.

Capítulo III

De la casa a la playa

Al abrir el portón, la bocanada del sol. Distinto claror que el de ayer. El día que empieza no es hijo del anterior, sino otro. El polvo, la semana, han desaparecido. Todo es nuevo a la luz nueva. El cielo, sin nubes. Nadie entre Enrique y el mar. A lo lejos el ruido amarillo de un tranvía. Verano. Silencio. Unos pasos lejanos, que se van.
Luz intocada, para él. Virginidad que el paso desflora continuamente. Este azul rosado que será índigo, aquel opalino que llegará a azul, este pajizo que será cerezón, aquel glauco que cobrará con el día tintes oliváceos, son todos nuevos, acabados de nacer, todavía con la fárfara de su aparición. ¡Doncellez de cada día al alcance de todos, sin mirada que la marchite! Y el aire, nacido del mar, con gusto de su salitre, que pierde unos cientos de metros tierra adentro vencido de tanta habitación donde todavía duerme la gente.
El mar cabrillea cubierto de peces dorados y brillantes. ¡El mar, el mar y su playa! El mar solitario, la playa solitaria, puestos ahí: para él. El traje de baño le ciñe encerrándole en sus límites. El pecho se ensancha de todo el aire que le cabe. ¡Dueño de la tierra y del mar! No muy seguro, porque sus pies se hunden desigualmente en la finísima arena, tibia en su superficie, fría adentro. Atrás quedan las casas y el cemento. ¡El mar esperándole! ¡Vértigo! ¡Sólo él! Pero también la playa que le sostiene y el aire que le acaricia.

Yo vivo (1951)
Max Aub

martes, 23 de junio de 2020

Más allá del bien y del mal

Salomon Koninck. El filósofo.

292

Un filósofo: es un hombre que constantemente vive, ve, oye, sospecha, espera, sueña cosas extraordinarias; alguien al que sus propios pensamientos le golpean como desde fuera, como desde arriba y desde abajo, constituyendo su especie particular de acontecimientos y rayos; acaso él mismo sea una tormenta que camina grávida de nuevos rayos; un hombre fatal, rodeado siempre de truenos y gruñidos y aullidos y acontecimientos inquietantes. Un filósofo: ay, un ser que con frecuencia huye de sí mismo, que con frecuencia tiene miedo de sí, —pero que es demasiado curioso para no «volver a sí» una y otra vez.

Traducción de Andrés Sánchez Pascual

Más allá del bien y del mal (1886)
Friedrich Nietzsche

lunes, 22 de junio de 2020

Una vida entre libros

Cristóbal Toral. Embalajes.

En la calle aguarda el camión de la mudanza
cargado con los libros de una vida.
¿Qué me retiene en estas
habitaciones vacías? ¿Tal vez el olor
que los libros dejaron? ¿Las horas, tal vez,
compartidas en intimidad y tristeza?
Los estantes han quedado desnudos
y los cuartos comienzan a adquirir
un aire de orfandad y sinsentido.
El peso de la tinta,
el peso del papel acariciado,
el peso sutil e ingrávido de las palabras,
¿qué más placer podrían darme?
Abajo aguarda el camión de la mudanza.
Las cajas han sido cuidadosamente apiladas,
como si de fina porcelana se tratase.

Una vida entre libros
Mercedes Escolano

domingo, 21 de junio de 2020

Memoria de la nieve

Julio Llamazares. Memoria de la nieve.

1

Mi memoria es la memoria de la nieve. Mi corazón está blanco como un campo de urces.

En labios amarillos la negación florece. Pero existe un nogal donde habita el invierno.

Un lejano nogal, doblado sobre el agua, a donde acuden a morir los guerreros más viejos.

En un mismo exterior se deshacen los días y la desolación corroe los signos del suicidio: globos entre las ramas del silencio y un animal sin nombre que se espesa en mi rostro.

2

No existe otra espiral que el bramido del tiempo.

Amasar la memoria es bondad de alfareros, lentitud de veranos en fabulación.

Las grosellas derraman granates en la nieve y los silencios más antiguos en humo y humildad se desvanecen.

¿Dónde encontrar ahora el amargor del muérdago y el agua?

¿Dónde la ocultación de las leyendas y los bardos?

Memoria de la nieve (1982)
Julio Llamazares

martes, 16 de junio de 2020

Lector de piedras

Vicente Herrero Heca. Piedras.

Las piedras:
Cuentas de un ábaco gigante,
Fósiles de nube, atrios de la luna,
Sílabas de tiempo.

Migas de un astro
Caídas desde el altar del cielo.

Antes de ser catedral,
Viento atrapado en su gótico gesto,
La piedra conoció el bautizo del río,
El cincel de la lluvia.

El lector de piedras
Recorre sus formas encantadas y ciegas:
Sabe que entre ellas
Moran los dioses de un país dormido.

Pero es la mano del albur, minero de Dios,
¿La que decide cuál piedra se hace cárcel,
Cual piedra iglesia o tumba,
Paredón de lamentos, muro de fusilados?

Las hipótesis de Nadie (2005)
Juan Manuel Roca

lunes, 15 de junio de 2020

Mudo pez en el mar

Ilustración de Terry Gilecky.

Lo opuesto a la tiranía no es la democracia, sino la ley.

¿Por qué les encoleriza oír lo que ya ni se molestan en ocultar?

Nada peor que el que tiene necesidad de poner ejemplos sin necesidad.

Con la ira se nace; el rencor se aprende.

Hay gente que sin querer no hace nada que no quiera.

Lo bueno de lo que no tiene remedio es que, con el tiempo, deja de tener importancia.

Los persas enseñaban tres cosas a sus hijos: montar a caballo, disparar con arco y decir la verdad. Por eso, cuando enseñes a tu hijo a decir la verdad, no olvides darle un caballo para huir y un arco para defenderse.

Mudo pez en el mar
Juan Varo Zafra

domingo, 14 de junio de 2020

Jericó

Katarina Ali. La destrucción de Jericó.

Cualquier ciudad del mundo puede llamarse Jericó.
No importa que Jericó no exista,
que encima de ella se levante otra
cuyo nombre recuerde
la antigua perfección humana.
Cualquier calle te llevará a Jericó,
cualquier palabra te abrirá sus puertas,
cualquier gesto
hará que brote de nuevo el agua de sus fuentes.
Ante tus ojos
se alza un solo e imperecedero lugar
construido y devastado mil veces.
Frente a ti
las murallas que la Historia hizo pedazos,
el resplandor de cúpulas
desaparecidas bajo el peso
                                                 de la tea y de la espada.
No es tan fácil borrar el sueño
de las vastas generaciones,
ni es posible ignorar
que repetimos sus viejas palabras
que viento y lluvia
                                   sepultan en el fango.
Contempla tu ciudad.
Como quien descubre, entre las ruinas,
un insólito y perdido paraíso, recórrelo.
No temas,
tu destino está escrito en cada piedra,
tu memoria brota de allí,
de las sangrantes piedras de Jericó.

Háblame de las ciudades perdidas (1999)
José Pérez Olivares

miércoles, 10 de junio de 2020

La expectativa

Jonathan Hernández. Barrotes.

Boran fue condenado a cadena perpetua. Pasaron los años. Murieron los guardianes y los sustitutos de los guardianes. Se extinguió la especie humana. Los barrotes de acero se deshicieron con la erosión continuada e implacable del aire. Entonces Boran escapó. «Sólo era cuestión de tiempo», se dijo.

La máquina de languidecer (2009)
Ángel Olgoso

martes, 9 de junio de 2020

Cuaderno de escritura

Walter Helfenbein. Ex libris de Karl Astor.

3

Hay que escribir como un sonámbulo. Lo demás es oficio, necesario, pero que no basta.

31

Sustituir lo natural por lo inventado, la realidad por la quimera.

33

Comentario de una escritora: Al terminar la jornada, si veo la papelera rebosante me digo. ¡Qué bien he trabajado hoy!

56

Si uno se mira en el espejo y no ve sus fantasmas interiores no ve nada.

85

Es idiota pensar que en la literatura se pone lo mejor de uno mismo (aunque la idea es frecuente porque al parecer mitiga sensaciones de fracaso). Se pone lo más secreto o lo más brillante, todo convenientemente disfrazado, extrañas materias por las que resulta que nos van a conocer los demás.

Cuaderno de escritura (1988)
Carlos Pujol

domingo, 7 de junio de 2020

El mito de Sísifo

Pietro della Vecchia. Sísifo.

Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser se dedica a no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra. No se nos dice nada sobre Sísifo en los infiernos. Los mitos están hechos para que la imaginación los anime. Con respecto a éste, lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente humana de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta. Sísifo ve entonces cómo la piedra desciende en algunos instantes haciea ese mundo inferior desde el que habrá de volverla a subir hasta las cimas, y baja de nuevo a la llanura.
Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa. Un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra. Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia el tormento cuyo fin no conocerá. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca.

Traducción de Luis Echávarri

El mito de Sísifo (1942)
Albert Camus

lunes, 1 de junio de 2020

Sherezade

Alberto Vargas. Sherezade.

Por vengarse de una, que lo había traicionado, el rey degollaba a todas.
En el crepúsculo se casaba y al amanecer enviudaba.
Una tras otra, las vírgenes perdían la virginidad y la cabeza.
Sherezade fue la única que sobrevivió a la primera noche, y después siguió cambiando un cuento por cada nuevo día de vida.
Esas historias, por ella escuchadas, leídas o imaginadas, la salvaban de la decapitación. Las decía en voz baja, en la penumbra del dormitorio, sin más luz que la luna. Diciéndolas sentía placer, y lo daba, pero tenía mucho cuidado. A veces, en pleno relato, sentía que el rey le estaba estudiando el pescuezo.
Si el rey se aburría, estaba perdida.
Del miedo de morir nació la maestría de narrar.

Mujeres (2015)
Eduardo Galeano

jueves, 28 de mayo de 2020

Cuadernos de un escritor

William Somerset Maugham. Cuadernos de un escritor.

1936

El mar está infestado de tiburones y la gente dice riéndose que son los mejores guardianes.

He pasado el día de hoy averiguando los motivos que habían sido la causa de los asesinatos que llevaron aquellos hombres a presidio para toda la vida, y quedé sorprendido al descubrir que si bien a primera vista habían matado llevados por amor, celos, odio, venganza o arrebato pasional, cuando profundicé un poco más vi que, en el fondo, el motivo del asesinato suele ser el motivo económico. En otras palabras, salvo en uno de los casos, el dinero estaba en el fondo de todos los asesinatos. La excepción era un muchacho pastor, que había violado a una chiquilla y cuando ésta gritó, temiendo que la gente la oyese, la había estrangulado. Tiene ahora sólo dieciocho años.

1938

Es posible que el Yo que todos llevamos en nosotros sea la causa de toda nuestra maldad, y lo sea también de toda nuestra música, nuestra pintura, nuestra poesía. Entonces, ¿qué?

Un yogui tenía que ir a algún sitio en tren, pero, como no tenía dinero, le preguntó al jefe de estación si podía ir gratis: el jefe de estación se negó y el yogui se sentó sobre el andén. Cuando fue la hora de salir, el tren no pudo arrancar. Se creyó que la locomotora tenía algo y enviaron a buscar mecánicos que hicieron cuanto pudieron, pero el tren no arrancaba. Finalmente el jefe de estación les habló del yogui a los empleados. Se le rogó que subiese al tren y éste arrancó en el acto.

Traducción de Manuel Bosch

Cuadernos de un escritor (1892-1944)
William Somerset Maugham

Al cuco

El cuco. Ilustración de Friedrich Specht. (Wikipedia).

¡Oh alegre recién llegado!, te he oído,
te oigo, y me alegro.
¡Oh cuco! ¿Te llamaré ave,
o voz errante.

Mientras estoy tendido en la hierba
escucho tu grito de dos notas,
de colina a colina parece que pasa,
a la vez lejano, y cerca.

Aunque murmurando sólo al valle,
de luz y de sol y de flores
me traes una historia
de horas de visionario.

¡Sé tres veces bienvenido, amor de Primavera!
Incluso, tú, para mí eres
no un ave, sino algo invisible,
una voz, un misterio;

el mismo a quien en mis días de escuela
escuché; ese canto
que me hizo buscar de mil maneras
en arbustos, en árboles y en cielo.

Para buscarte, a menudo vagabundeaba
por los bosques y praderas;
y tú aún eras una esperanza, un amor
aún anhelado, nunca visto.

Puedo escucharte aún;
puedo yacer en la llanura
y escuchar, hasta que recuerdo
aquella edad dorada, nuevamente.

¡Oh ave bendita!, la tierra que pisamos
otra parece ser,
insubstancial, tierra de hadas,
¡y ese es tu hogar más apropiado!

Traducción de Santiago González Corugedo

Al cuco 
William Wordsworth

miércoles, 27 de mayo de 2020

Equinoccio

Retrato de Francisco Tario realizado por su hermano Antonio Peláez (1951).

Para probar la existencia del libre albedrío un hombre se sienta y se levanta de un sillón tantas veces como ha prometido. ¡Y su mujer y sus hijos aplauden!

Siempre quedará la duda de si uno podría o no haber pasado a la Posteridad.

—¿Que por qué escribo, pues? Que...

—Me doy cuenta. Pues escribo por si a alguien se le ocurriera alguna vez seguir este mismo camino.

La vida —que está en nosotros y a nuestro alrededor y que tratamos de espantar a manotazos como si fuera una mosca.

Volver del heroísmo —tomarse medidas para una estatua.

El infinito: las doce en punto. Pero siempre.

En algún camino que nadie conoce se encontrarán algún día el primer hombre de la Tierra y el último y se darán fríamente la mano.

Equinoccio (1946)
Francisco Tario

viernes, 22 de mayo de 2020

La carta

Ilustración de Janet Ternoff.

Ha llegado la carta.

Está sobre la mesa,
al lado de las flores.
La miro
                largamente.
Conozco la letra.

Pero la leeré
a la medianoche,
cuando los trenes
que pasan hacia el norte
hagan temblar
los vidrios de la casa.

Patio solo (1986)
Susana Cabuchi

miércoles, 20 de mayo de 2020

Ajedrez

Thomas Eakins. La partida de ajedrez.

I

En su grave rincón, los jugadores
Rigen las lentas piezas. El tablero
Los demora hasta el alba en su severo
Ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
Las formas: torre homérica, ligero
Caballo, armada reina, rey postrero,
Oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
Cuando el tiempo los haya consumido,
Ciertamente no habrá cesado el rito.

En el oriente se encendió esta guerra
Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

El hacedor (1960)
Jorge Luis Borges

lunes, 18 de mayo de 2020

Vida

Gerald Brenan. Pensamientos en una estación seca.

Cuando descubrimos que estamos dando varias explicaciones diferentes sobre nuestro comportamiento, sabemos que estamos ocultando algo a la propia conciencia.

Para los jóvenes, la pobreza puede ser una aventura, pues confían en abandonarla algún día, pero para los pobres es una rutina.

Una senda hacia la felicidad es el cultivar la curiosidad acerca de todo lo existente. No sólo sobre la gente, sino también sobre las materias; no sólo sobre artes, sino también sobre historia y costumbres exóticas. No sólo sobre países y ciudades, sino también sobre plantas y animales. No sólo sobre rocas liquenoideas y señales extrañas en cortezas de árboles, sino también sobre estrellas y átomos. No sólo sobre nuestros amigos, sino también sobre el singular laberinto que habitamos y que denominamos nuestro propio ser. Pues bien, si hacemos todo eso, no tendremos jamás ni un momento de tedio.

Debemos vivir como si nuestras vida pudieran ser eternas, aunque recordando en el fondo de la mente que nuestro tiempo es corto.

Traducción de Manuel Vázquez

Pensamientos en una estación seca (1978)
Gerald Brenan

viernes, 15 de mayo de 2020

Los días

Duffy Sheridan. Un luminoso día. 

—¡Qué diítas más buenos!
     O:
—¡Vaya diítas!
Los días eran pedazos de espacio que medían nuestro paso y nuestra ansia. Lo estremecedor de ellos era su sucesión. Salía el sol tan tranquilo: ya estaba presente el día. Se iba empinando, colmando, enriqueciéndose, redondo y monótono. Todos los días igual, hasta que un campanillazo, una noticia, una presencia venían a romperlo. Y ya no era un día. Era otra cosa. Sencillamente aquel campanillazo, aquella presencia, aquella voz. A veces una tormenta, a veces una muerte, a veces sólo un temblor por dentro que avanzaba palpando, creciendo. A veces nada. Pasaban los días con su calor, con su frío, con su poca alegría, sin nada. Se iban perdiendo atrás y se extendían delante, derechos, sin fin.
¿A dónde iban los días? ¿De dónde venían? ¿Quién los iba lanzando por el borde del cielo, quién los recogía luego por el otro borde, mientras nosotros, minúsculos, los veíamos venir, los veíamos irse, navegábamos en ellos, nos plantaban en la otra noche y en el sueño, al borde de otro abismo? ¿Eran pájaros? ¿Olas lanzadas por una gran mano, uno y otro y otro? ¿Qué hacíamos nosotros, inertes, en medio de aquella procesión de los días, quizá parte de ellos, quizá sólo objeto de su mella? Perdidos, en lo hondo, confusos, todavía aparece cada uno distinto, con su melancolía, su esperanza o su pobreza.

Las musarañas (1957)
José Antonio Muñoz Rojas

jueves, 14 de mayo de 2020

Escribir en cualquier sitio

Natalie Goldberg. El Gozo de Escribir.

Saca otro bloc, coge otra pluma, y escribe, escribe, escribe. En el centro del mundo, es suficiente con dar un sólo paso positivo. En el centro del caos, es suficiente con hacer un sólo acto definitivo. Escribe y basta. Di que sí, quédate viva, mantente despierta. Escribe y basta. Escribe, escribe.
Al fin y al cabo, la perfección no existe. Si queremos escribir, hay que cortar por lo sano y escribir. No existen atmósferas perfectas, libretas perfectas, plumas o escritorios perfectos. Por eso hemos de entrenarnos a ser flexibles.
Intentemos escribir en circunstancias y lugares distintos. Intentemos escribir en el tren, en el autobús, en la mesa de la cocina, en solitario en el bosque, apoyados en el tronco de un árbol, en la orilla de un riachuelo con los pies en el agua, sentados encima de una roca en medio del desierto, sobre la acera de enfrente de casa, bajo un porche o una galería, en el asiento posterior de un coche, en la biblioteca, sobre el banco de un chiringuito, en un callejón, en la mesa de un bar, en el aeropuerto, en Texas, en Kansas o en Guatemala, sorbiendo una Coca-Cola, fumando un cigarrillo, comiendo un sandwich de bacon, lechuga y tomate.
Hace poco he estado en New Orleans, y he ido a visitar un cementerio en el que las tumbas se encuentran sobre el nivel del suelo a causa de las frecuentes inundaciones. Me había llevado la libreta, me senté sobre el cemento de la delgada sombra de una losa en la caliente humedad de Louisiana, y me puse a escribir. Cuando levanté la mirada, había transcurrido una hora. "He aquí la perfección", me dije a mí misma. Lo que era perfecto no era la situación física: cuando estamos realmente dentro de lo que estamos escribiendo, no importa dónde nos encontremos, porque de todas formas es perfecto. Saber que podemos escribir en todas partes, nos da una sensación de gran autonomía y seguridad. Si queremos escribir, al final encontraremos, sin duda, la oportunidad de hacerlo.

Traducción de Rosanna Zanarini

El Gozo de Escribir
Natalie Goldberg

Rubayats

Rumi retratado por Hosein Behzad.

30

Anoche la vi en una asamblea.
No podía tomarla en mis brazos;
Con el pretexto de decirle un secreto,
Puse mi mejilla contra su mejilla.

94

No te preocupes por los accidentes que produce el mundo sin cesar;
De todo lo que ocurre, nada es duradero, no te preocupes,
Considera cada instante como una suerte,
No te preocupes por lo que ha ocurrido, ni por lo que ocurrirá.

228

Es extraño que mi amada quepa en mi corazón,
Pero el alma de dos mil cuerpos cabe en mi cuerpo.
En un grano de trigo caben mil mieses,
Y mil mundos caben en el ojo de una aguja.

Traducción de Manuel Escrivá de Romaní

Rubayats. Odas a la embriaguez divina
Djalal Ud Din Rumi (1207-1273)

lunes, 11 de mayo de 2020

Pensamientos despeinados

Stanislaw Jerzy Lec. Pensamientos despeinados. 

No abras nunca tu puerta a aquellos que, de todas formas, la abrirán sin tu permiso.

Optimismo y pesimismo se diferencian sólo por la fecha del fin del mundo.

¡No te permitas tantas confianzas contigo mismo!

Cuando caigan cabezas no bajes la tuya.

La sabiduría debería ser más abundante, puesto que apenas se usa.

¡NO hay retorno posible a las cavernas! ¡Somos demasiados!

¿Qué es el caos? Es el orden destruido durante la Creación del Mundo.

Yo mismo presencié un milagro. Fue cuando las cosas aún podían arreglárselas sin ellos. 

Traducción de Elzbieta Bortkiewicz y Abraham Gragera

Pensamientos despeinados (1957)
Stanislaw Jerzy Lec

jueves, 7 de mayo de 2020

Paciencia

Janet Ternoff. Tren.

Cada vez que voy a tomar el tren oigo a la gente decir: «No llegaremos hasta tal hora; ¡qué viaje tan lento y aburrido!». El problema está en que creen que será así; nuestro estoico andaba sobrado de razón cuando decía: «Suprime el juicio y suprimirás el mal».
Si miráramos las cosas de otro modo, veríamos que un viaje en tren es uno de los placeres más vivos. Si se abriese una sala de espectáculos panorámica en la que pudieran admirarse los colores del cielo y la tierra, y la fuga de las cosas, como sobre una gran noria cuyo centro estuviese en el fondo del horizonte, todo el mundo querría asistir a ese espectáculo. Y si el inventor reprodujera también la trepidación del tren y los ruidos del viaje, el espectáculo parecería aún más hermoso.
Pues todas esas maravillas, en cuanto subís a un tren, las tenéis gratuitamente; sí, gratuitamente, porque el precio que pagáis por el billete es para ser transportados, no para ver los valles, los ríos y las montañas. La vida está llena de esos placeres vibrantes que no cuestan nada y de los que no se disfruta lo suficiente. Sería necesario instalar rótulos, escritos en todos los idiomas, que dijeran: «Abrid los ojos, disfrutad».
Me responderéis: «Soy viajero, no espectador. Un asunto importante reclama mi presencia aquí o allá, lo más pronto que pueda. No pienso en otra cosa; cuento los minutos y las vueltas de las ruedas. Maldigo esas paradas y a esos empleados indolentes que arrastran los baúles sin pasión. Yo arrastro los míos mentalmente; arrastro el tren; arrastro el tiempo. Usted dirá que es absurdo, y yo digo que es natural e inevitable, si se tiene un poco de sangre en las venas».
Desde luego que es bueno tener sangre en las venas, pero los animales que han triunfado sobre esta tierra no son los más coléricos, sino los razonables, los que reservan su pasión para el momento adecuado. Por ejemplo, el más temible campeón de esgrima no es el que se abalanza enérgicamente sin saber adónde irá; es el flemático que espera que el hueco esté abierto y que se cuela de repente, como una golondrina. De igual modo, no arrastréis vuestro vagón, puesto que ya avanza sin necesitar vuestro esfuerzo. No arrastréis el majestuoso e imperturbable tiempo que conduce, de un instante a otro instante, todos los universos reunidos. Las cosas sólo están esperando una mirada para atraparos y llevaros con ellas. Hay que aprender a ser buen amigo de uno mismo.

11 de diciembre de 1910

Traducción de Emilio Manzano

Mira a lo lejos. 66 escritos sobre la felicidad
Alain

lunes, 4 de mayo de 2020

El acto de leer

Ilustración de Christian Heuser.

Pero el lector, además de recrear, se recrea, se crea a sí mismo de nuevo, vuelve a crear su propio espíritu. Recreación es, en efecto, esa enmienda que de nosotros hace la lectura cuando aquello que se lee interviene, rectificándonos, en lo que conservamos de nuestra vida anterior: saberes, hábitos intelectuales o estimativos. Recreación hay también, aunque de otro orden, cuando la lectura pertenece a las que de modo más estricto llamamos "recreativas". Siempre que merced a un libro hemos vagado un rato por el campo del ensueño, sea ese campo el quijotesco de Montiel, el proustiano del tiempo perdido o, más modestamente, el policial de Scotland Yard, volvemos a nosotros mismos más jóvenes, más ágiles, mejor dispuestos para la vida que no es sueño; en una palabra, recreados.

La aventura de leer (1956)
Pedro Laín Entralgo

domingo, 3 de mayo de 2020

La posada de Soka


Shuho. Barcas bajo la luna.

Sin muchas cavilaciones decidí, en el segundo año de la Era de Genroku (1689), emprender mi larga peregrinación por tierras de Oou. Me amedrentaba pensar que, por las penalidades del viaje, mis canas se multiplicarían en lugares tan lejanos y tan conocidos de oídas, aunque nunca vistos; pero la violencia misma del deseo de verlos disipaba esa idea y me decía ¡he de regresar vivo! Ese día llegué a la posada de Soka. Me dolían los huesos, molidos por el peso de la carga que soportaban. Para viajar debería bastarnos sólo con nuestro cuerpo; pero las noches reclaman un abrigo; la lluvia, una capa; el baño, un traje limpio; el pensamiento, tinta y pinceles. Y los regalos que no se pueden rehusar... Las dádivas estorban a los viajeros.

Versión de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya

Sendas de Oku
Matsuo Basho (1644-1694)

viernes, 1 de mayo de 2020

El Club de los Indecisos

Cristina Peri Rossi. Cosmoagonías.

Los indecisos saben que cualquier decisión es parcialmente equivocada, no por el sentido de la misma, sino por el mero hecho de elegir. Es tan impertinente, en todo caso, salir o no salir a la calle, de modo que el hombre que opta por abrir la puerta, cruzar el umbral e integrarse a la muchedumbre anónima que circula por la ciudad no se equivoca menos que el otro, cerrador de puertas, que decide instalarse en un sillón y no abandonar la casa. Una u otra decisión, aparentemente opuestas, coinciden en un punto: intervienen sobre la realidad, desencadenan una serie de hechos imprevisibles y determinan otros, en un proceso incontrolable acerca del cual una sola responsabilidad es excesiva, y ninguna, cobardía.

Cosmoagonías (1988)
Cristina Peri Rossi 

miércoles, 29 de abril de 2020

Sobrevida

Edward Potthast. Noche estrellada, 1918.

Dame noche
las convenidas esperanzas,
dame no ya tu paz,
dame milagro,
dame al fin tu parcela,
porción del paraíso,
tu azul jardín cerrado,
tus pájaros sin canto.
Dame, en cuanto cierre
los ojos de la cara,
tus dos manos de sueño
que encaminan y hielan,
dame con qué encontrarme
dame, como una espada,
el camino que pasa
por el filo del miedo,
una luna sin sombra,
una música apenas oída
y ya aprendida,
dame, noche, verdad
para mí sola
tiempo para mí sola,
sobrevida.

Palabra dada (1953)
Ida Vitale

lunes, 27 de abril de 2020

Diccionario de los vientos

Ivetta Guerasimchuk. Diccionario de los vientos.

Introdución

Unos, armados con el ejemplo de los lotófagos de Homero, aspiran a «liberar» el futuro del pasado. El Diccionario de los vientos los denomina «anemófilos». Éstos creen firmemente que el tiempo es infinito, y no les interesa cuánto tiempo ha transcurrido ya, pues lo infinito no tiene límites ni tienen fin los cambios del mundo que se producen en él. Los «anemófilos» celebran todo cambio y prefieren el viento a su ausencia, incluso si se trata de la más poderosa de las tormentas.
Otros valoran el tiempo por encima de cualquier cosa, pues consideran que es un don de Dios y sería insensato, un grandísimo pecado, consumirlo. El Diccionario de los vientos los denomina «cronistas». Los «cronistas» no están seguros del futuro, como tampoco están convencidos de que el tiempo sea infinito. En cambio, están seguros del pasado, y por esto hacen lo posible por «liberar» el pasado del futuro, que lleva en sus entrañas, junto con los cambios que tanto aborrecen los «cronistas», lo desconocido.
Los «anemófilos» y los «cronistas» viven juntos, tanto en el mundo real como en el mundo del Diccionario de los vientos, habitan en cada uno de nosotros. Son seres que aman, padecen, se dedican a búsquedas científicas o de otro orden, mantienen entre sí inacabables disputas en las que no hay ni vencedores ni vencidos; buscan respuestas a las mismas preguntas, unos interrogantes planteados ya hace mucho, y sienten de manera intuitiva que estas respuestas existen. Y tarde o temprano las encuentran. Pero a menudo aquello que descubren no les satisface. Y vuelven a dudar de ellas y comienzan a buscar de nuevo.

Traducción: Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores

Diccionario de los vientos
Ivetta Guerasimchuk

domingo, 26 de abril de 2020

Sahara

Simeon Lyutakov. Oasis de Siwa. Mi desierto. Mi amor.

El desierto es el fondo de un mar ausente. En vez de agua, peces, huellas de naufragio y formaciones de coral, sólo hay arena seca, tatuada y modelada por los vientos. La mayor idea de masa que puede concebir nuestra mente es la pluralidad de sus granos de arena. Unánimes se aprietan y se apartan, cambian de forma con la flexibilidad de la nube. Cada uno de ellos contiene en su interior otro desierto, compuesto a su vez de infinitos e invisibles átomos de arena. Las dunas son montañas de un día. Oponen a la fijeza la plasticidad, a la permanencia el movimiento. El desierto es el espejo de la muerte. La arena, el polvo en que todo habrá de convertirse, el sudario que envolverá los imperios. Memento de que lo empezado en agua terminará en la aridez de la arena, en el desierto ávido que por nuestra locura se está adueñando de la tierra entera.

Desde entonces (1980)
José Emilio Pacheco

viernes, 24 de abril de 2020

El imitador de voces

Thomas Bernhard. El imitador de voces.

Hotel Waldhaus

No tuvimos suerte con el tiempo y nos tocaron en la mesa también comensales desagradables en todos los sentidos. Hasta nos quitaron el gusto por Nietzsche. Incluso cuando se mataron en un accidente de coche y estaban de cuerpo presente en la iglesia de Sils, seguíamos detestándolos.

Sin alma

Mientras en los hospitales los médicos se interesen sólo por los cuerpos y no por las almas, de las que, aparentemente, no saben casi nada, tendremos que calificar a los hospitales no sólo de establecimientos de derecho público sino también de asesinato público, y a los médicos de asesinos y compinches de ejecuciones. Cuando un, así llamado, científico privado de Ottnang am Hausruck, que había sido internado en el hospital de Vöcklabruck por una, así llamada, peculiaridad, fue reconocido de pies a cabeza, preguntó, según escribe en una carta a la revista médica Der Arzt: ¿y el alma? A lo que el médico que había reconocido su cuerpo le respondió: ¡cállese!

Traducción de Miguel Sáenz

El imitador de voces (1978)
Thomas Bernhard

martes, 21 de abril de 2020

Prosas apátridas

Julio Ramón Ribeyro en su casa de París. Foto: Archivo familiar.

188

Las palabras que callamos eran las que deberíamos haber pronunciado. Los gestos que guardamos por pudor eran los que deberíamos haber cumplido. Los actos que nos parecieron triviales eran los que se esperaba de nosotros. Otros los hicieron en nuestro lugar. Paguemos ahora las consecuencias.

191

Para llegar adonde debes llegar elige las calles por donde no sople el helado viento del norte. Pero sólo las calles que conducen a ese lugar están barridas por el helado viento del norte.

192

La carta que aguardamos con más impaciencia es la que nunca llega. No hacemos otra cosa en nuestra vida que esperarla. Y no nos llega, no porque se haya extraviado o destruido, sino sencillamente porque nunca fue escrita.

Prosas apátridas (1975)
Julio Ramón Ribeyro

domingo, 19 de abril de 2020

Elegías menores

José Jiménez Lozano, retratado por Lupe de la Vallina. Para Jot Dow.

El ojo del mundo

Tras la lluvia,
en el jardín de arena,
un guijarro negro relucía
como el ojo del mundo.
Y quizá lo era.

Gorrioncillo

Gorrioncillo urbano,
perdido entre las mesas
de una terraza, en un hotel de lujo.
Como a ti, me bastan y me sobran
las migajas del mundo.
Yo sólo quiero tu alegría.

Elegías menores (2002)
José Jiménez Lozano