lunes, 16 de septiembre de 2019

Una cosa

Clarice Lispector retratada por Hugo Enio Braz.

1967
9 de diciembre

Vi una cosa. Una cosa en realidad. Eran las diez de la noche en la Plaza Tiradentes y el taxi corría. Entonces vi una calle que nunca más voy a olvidar. No voy a describirla: es mía. Sólo puedo decir que estaba vacía y eran las diez de la noche. Nada más. Pero fui fecundada.

Traducción de Claudia Solans

Descubrimientos
Clarice Lispector

domingo, 15 de septiembre de 2019

Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas

Hugo Enio Braz. Kafka.

Son muchos los que esperan. Una inmensa muchedumbre que se pierde en la oscuridad. ¿Qué quieren? Parece que vienen con determinadas exigencias. Me enteraré de lo que piden y responderé después. Pero al balcón no voy a salir; tampoco podría, aunque quisiera. En invierno cierran la puerta del balcón y no tengo a mano la llave. Pero tampoco me acercaré a la ventana. No quiero ver a nadie, no quiero ver nada que me perturbe; mi sitio está junto al escritorio, la cabeza entre las manos: ésa es mi posición.

He hablado hoy con el capitán en su camarote. Me he quejado de los otros pasajeros. Le dije que aquello no podía recibir el nombre de barco de pasajeros, que por lo menos la mitad de los que iban en él eran gentuza de la peor especie. Que mi mujer apenas se atrevía a salir de la cabina, pero que incluso con la puerta cerrada no se sentía segura y yo tenía que quedarme con ella.

Dos hombres estaban sentados ante una mesa toscamente labrada. Sobre ellos pendía una lámpara de petróleo, de vacilante llama. Era muy lejos de mi tierra natal.

Introducción, traducción y notas de Carmen Gauger

Carta al padre y otros escritos
Franz Kafka

viernes, 13 de septiembre de 2019

Oidor andante

Remedios Varo. La batalla.


La batalla

¿Quién, resonante,
baja por la noche,
sino palabra apolo
con sus flechas furiosas
que hierven al oído
como abejas?
Maligna, triste, silenciosa peste
sobre aquel que rehuye la batalla,
si dentro sintió el fuego.
Para el que acepta,
diaria, contrincante muerte.

La palabra

Expectantes palabras,
fabulosas en sí,
promesas de sentidos posibles,
airosas,
          aéreas,
                   airadas,
                             ariadnas.
Un breve error
las vuelve ornamentales.
Su indescriptible exactitud
nos borra.

Oidor andante (1972)
Ida Vitale

martes, 10 de septiembre de 2019

Viaje al Oriente

George Owen Wynne Apperley. Recuerdo.

Capítulo primero

La historia de la Humanidad me parece a veces un enorme pliego de láminas que reflejasen la nostalgia más vigorosa y obcecada del hombre: la nostalgia del olvido. ¿No intenta borrar cada generación todo lo que a la anterior le parecía más importante, empleando para ello la coerción, el silencio y la burla? ¿No lo acabamos de vivir últimamente? Recordemos la forma en que una guerra terrible, cruel y larga ha sido olvidada, negada, reprimida y borrada por pueblos enteros, y como estos mismos pueblos, ahora que se han recuperado un poco, tratan de recordar de nuevo mediante excitantes novelas de guerra aquello que ellos mismos provocaron y sufrieron. Llegará también el día en que las hazañas y padecimientos de nuestro Círculo, hoy olvidados o bien ridiculizados por el mundo, sean descubiertos de nuevo. Mis anotaciones servirán para ello.
Una de las peculiaridades de nuestro peregrinaje a Oriente fue que, a pesar de perseguir con este viaje unos fines colectivos muy concretos y elevados (los mismos pertenecen a los secretos del Círculo y me es imposible revelarlos aquí), cada uno de los participantes podía tener al mismo tiempo sus propios objetivos. Es más, debía de tenerlos, ya que nadie podía participar en el viaje sin estos objetivos particulares. Cada uno de nosotros, mientras parecía perseguir un ideal y un objetivo comunes y combatir bajo una misma bandera, llevada en sí como fuerza intrínseca y como último consuelo, sus propios y necios sueños de la infancia. El objetivo particular que me impulsara a mí a emprender el viaje, y por el cual fui preguntado antes de mi admisión en el Círculo por la Gran Silla, era extremadamente sencillo, en tanto que otros miembros se habían propuesto alcanzar fines que, aunque yo respetaba, no acababa de comprender del todo. Uno de ellos, por ejemplo, era buscador de tesoros y en su mente no albergaba otro pensamiento que el de descubrir un gran tesoro al que llamaba «Tao»; a otro, se le había metido en la cabeza cazar una determinada serpiente, la cual, según decía, poseía poderes mágicos y a la que él llamaba «Kundalini», la finalidad que yo me había propuesto representaba el objetivo de toda mi vida; quería realizar el sueño de mis años de adolescencia: ver a la princesa Fatme y, si ello me era posible, conquistar su amor.

Traducción de Víctor Scholz

Viaje al Oriente (1932)
Hermann Hesse

Calesita

Christiane Vleugels. Calesita.

El carrusel, el tiovivo, el cómo
se llamaba, la calesita, llama
que me ofrecía un ciervo, una calesa
un cisne y un caballo encabritado,
el prodigio que giraba tan quieto,
que tan quieto trotaba por un aire
con organillo y campanillas, aire
que no movía la cola del caballo
dorado y blanco, pero de peligro,
peligro de caerme en pleno vuelo,
de caerme y quedar así olvidada
del padre, de bajar en otro punto
del punto de subida y verme sola,
sin nubes, sin ya viento en el pelo,
perdida sin el miedo delicioso
de volar con las manos aferradas
a crines que me sueltan y yo arcilla
que en el horno del aire recupera
su forma quieta, forma del principio,
de ser sola y sin alas.

Trema (2005)
Ida Vitale

lunes, 9 de septiembre de 2019

Elogio de la locura

L. Pardo Figueroa. El sabio.

XXXVII. Volvamos a la felicidad de los locos, los cuales pasan la vida muy alegremente, y después, sin haber tenido miedo ni noción de la muerte, emigran directamente hacia los Campos Elíseos, y allí deleitan con sus gracias a las almas piadosas y desocupadas. Comparemos ahora a cualquier sabio con un loco de esta clase. Tomemos para ello un verdadero modelo de sabiduría, el que ha consumido en el estudio de las ciencias toda la infancia y la juventud, y perdido lo mejor de su vida en vigilias, cuidados y fatigas, y que en todo el resto de su vida no ha saboreado el menor placer; siempre sobrio, pobre, triste, sombrío, severo y duro para sí mismo, grave e insoportable para los demás; muy pálido, delgado, enfermizo, legañoso, con aspecto de viejo, calvo mucho antes de tiempo y que abandona la vida prematuramente. ¿Qué importa, por lo demás, que muera así quien nunca ha vivido? Ahí tenéis la egregia imagen de un sabio.

Elogio de la locura (1511)
Erasmo de Rotterdam

domingo, 8 de septiembre de 2019

Tu musa

Gabriel de Cool. La musa.

Covéncete primero de que le caes simpático,
de que lo pasa bien cuando sale contigo.
Llévala a casa luego, sírvele un par de copas
y, en un momento dado, mordisquéale el cuello.
Unas veces querrá pasar al dormitorio,
otras alegará una indisposición
y otras te contará su vida por entregas.
Muéstrale en cada caso la dosis de cariño
que te pidan sus ojos. Sé generoso siempre.
Trata de conservarla como sea a tu lado.
Sin ella, sin tu musa, no eres nadie poeta.

Por fuertes y fronteras (1996)
Luis Alberto de Cuenca

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Fábulas mitológicas

Higino. Fábulas mitológicas.

221. Los siete sabios

Pítaco de Mitilene, Periandrio de Corinto, Tales de Mileto, Solón de Atenas, Quilón de Esparta, Cleóbulo de Lindos, Biante de Priene. Máximas suyas son:
Cleóbulo, habitante de Lindos, dice: «La medida es lo mejor».
De Periandrio de Éfira aprendes: «Todo debe ser meditado».
Pítaco, nacido en Mitilene, dice: «Conoce el momento oportuno».
Biante de Priene afirma que  «la mayoría de los hombres son malos».
Y Tales de Mileto amenaza: «Para el fiador, ruinas».
«Conócete a ti mismo», dice Quilón, nacido en Esparta.
Y el cecropio Solón aconsejó: «Nada en demasía».

Nota: Éfira, es decir, Corinto.

Traducción, introducción y notas de Francisco Miguel del Rincón Sánchez

Fábulas mitológicas
Higino (64 a. C - 17)

domingo, 1 de septiembre de 2019

Siete hectáreas de bosque

Giampaolo Guisetti. Árboles.

Siete hectáreas de bosque, que podrían
ser viñedos, o trigo
esperando la siega,
probablemente páramos,
pero serán de bosque,
porque una fundación
privada, que prefiere lo concreto,
lo que pesa, ha plantado
siete hectáreas de bosque
a favor del futuro.

Confiado (2015)
Juan Antonio González-Iglesias

jueves, 29 de agosto de 2019

Camaradas de Ícaro

Aurora Luque. Camaradas de Ícaro.

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Vendo roca de Sísifo,
añeja, bien lustrada,
llevadera, limada por los siglos,
pura roca de infierno.
Para tediosos y desesperados,
amantes del absurdo
o para culturistas metafísicos.
Almohadilla de pluma para el hombro
sin coste adicional.


Revendo laberintos
usados, muy confusos.
Se garantiza pérdida total
por siete u ocho años.
Si no queda contento,
reembolsamos el hilo de Ariadna.

Camaradas de Ícaro (2003)
Aurora Luque

miércoles, 28 de agosto de 2019

Elevado y abatido

Idries Shah. Pensadores de Oriente.

Un hombre que viajaba sobre un camello, se cruzó con el sabio Zardalu y, al ver a alguien tan humilde que, sin embargo, era considerado por sus discípulos como un gran maestro, exclamó:
—Si la Enseñanza está concebida para elevar al hombre, ¿por qué se pueden encontrar tantos hombres abatidos?
Zardalu respondió sin levantar la cabeza:
—Si no fuera por la Enseñanza, estoy de acuerdo con que el hombre no estaría abatido. Estaría extinguido.

Traducción de J. E. R. A. D y Francisco Martínez Dalmases

Pensadores de Oriente (1971)
Idries Shah

lunes, 26 de agosto de 2019

Signos en la piedra

Antonio Colinas. Canciones para una música silente.

Sigue la senda de las piedras musgosas,
la que conduce a la gran roca,
a la raíz del ara, a la raíz del tiempo.
Mira la nieve humilde de la cima
tutelar.
Posa en ella tus ojos.

Luego, pósalos en el ara.
Posa también tus manos:
que se aquieten tus manos como palomas,
que echen raíces
en el silencio helado de la piedra.

Verás en ella señales muy leves,
signos dictados por el firmamento,
los símbolos de un tiempo infinito,
revelación del alma que no muere.

No podrás ir más allá.
No debes ir más allá.

Canciones para una música silente (2014)
Antonio Colinas

domingo, 25 de agosto de 2019

El rumor

Ilustración de Wang Weidong.

Lieh Tzu era pobre y parecía muy mal alimentado. Alguien lo comentó al primer ministro, Cheng Tzu-yang. 
—Lieh Tzu es un entendido en el Tao muy conocido, si sufre indigencia mientras está en el estado de vuestra señoría, ¿no se pensará que vuestra señoría es reacia a los sabios?
A Tzu-yang le faltó tiempo para enviar un funcionario con provisiones para Lieh Tzu. Lieh Tzu se adelantó para recibir al enviado del ministro y le hizo una gran reverencia, pero rechazó el regalo. El mensajero se fue. Lieh Tzu volvió a entrar en su casa, donde la esposa se golpeaba el pecho y miraba a su marido llena de desesperación.
—Vuestra humilde esposa ha creído siempre que la familia de los entendidos en el Tao gozaría de buena posición —dijo—. Ahora que estamos en la indigencia, el primer ministro nos ha enviado a un hombre para honrarnos con provisiones, ¡y vos os habéis negado! ¡Qué suerte la mía!
Lieh Tzu sonrió y dijo a su mujer:
—El primer ministro no sabe nada de mí directamente. Nos ha enviado comida apoyándose en las hablillas de un tercero. Si me hubiera condenado, es muy probable que también lo hubiera hecho basándose en rumores de terceros. Por eso he rechazado el regalo.
Con el tiempo, el pueblo derrocó a Tzu-yang.

Tomado del libro Los cuentos fantásticos de China de Moss Roberts

Traducción de Antonio-Prometeo Moya

El rumor
Lieh Tzu

Buena suerte viviendo

Ilustración de Rob Milliken.

Habla la piedra

¿Cuál de ustedes va a decidirse al fin y recogerme?
No le hagan caso a ese arameo: ¡Arrojadme ya, miserables!

Por un instante

Esa luz en la noche,
¿Será un reflector nuestro?
¿Será un arma de ellos?

(Por un instante
Había olvidado
Que hay en el cielo luna, que hay estrellas).

Buena suerte viviendo (1962-1965)
Roberto Fernández Retamar

jueves, 22 de agosto de 2019

La última palabra

Idea Vilariño. Nocturnos.

Que no me importa
digo repito explico
que no me importa
grito
que no me importa.
No me importa
no quiero
diré otra vez que no
retraeré la mano
no volveré a aceptar.
Digo que no me importa
y aunque me desdijera
seguiría siendo esa
la única verdad
la última palabra.

Nocturnos (1955)
Idea Vilariño

miércoles, 21 de agosto de 2019

Las ruinas de Palmira

Volney. Las ruinas de Palmira.

Invocación

¡Yo os saludo, ruinas solitarias, tumbas santas, muros silenciosos! Yo os invoco y os dirijo mi plegaria. Sí. Mientras que vuestro aspecto hace apartar espantadas las miradas del vulgo, mi corazón halla en contemplaros el encanto de los sentimientos profundos y de los pensamientos elevados. ¡Qué de lecciones útiles, qué de reflexiones interesantes no ofrecéis al espíritu que sabe consultaros! Vosotras, cuando esclavizada, la Tierra entera enmudecía ante los tiranos, proclamabais ya las verdades que detestan y, confundiendo los restos de los reyes con los del último esclavo, testimoniabais el santo dogma de IGUALDAD. Es en vuestro recinto en donde, amante solitario de la LIBERTAD, he visto aparecerme su genio, no como le pinta el insensato vulgo, armado de antorchas y de puñales, sino bajo el aspecto augusto de la JUSTICIA, llevando en sus manos la sagrada balanza en que son pesadas las acciones de los mortales en la puertas de la ETERNIDAD.
¡Cuántas virtudes poseéis, oh, tumbas! Vosotras espantáis a los tiranos, emponzoñáis con secreto terror sus goces impíos; así huyen de vuestro aspecto incorruptible y llevan cobardemente lejos de vosotras el orgullo de sus palacios. Vosotras castigáis al opresor poderoso, despojáis del oro al concusionario avaro y vengáis a su débil víctima; compensáis las privaciones del pobre, erizando de cuidados el fausto del rico; consoláis al desventurado ofreciéndole un postrer asilo; dais, en fin, al alma ese justo equilibrio de fuerza y sensibilidad que constituye la sabiduría, la ciencia de la vida. Considerando que hay que restituíroslo todo, el hombre reflexivo no procura cargarse de vanas grandezas ni riquezas inútiles; mantiene su corazón en los límites de la equidad; y, no obstante, puesto que es menester que alimente su carrera, emplea los instantes de su existencia y usa de los bienes que le son concedidos. Así, ponéis un freno saludable al impetuoso arranque de la concupiscencia, calmáis el ardor febril de los placeres que turban los sentidos, dais descanso al ánima en la fatigosa lucha de las pasiones y la eleváis por encima de los miserables intereses que atormentan a la muchedumbre. Y desde vuestras cumbres, abrazando el escenario de los pueblos y de las épocas, solo se desplega el espíritu a grandes efectos y no concibe sino ideas sólidas de gloria y virtud. ¡Ah! Cuando el sueño de la vida haya terminado, ¿de qué habrán servido sus agitaciones, sino dejan huella de utilidad?
¡Oh, ruinas! Yo volveré a recibir vuestra sabias lecciones; me reinstalaré en la paz de vuestras soledades, y allí, lejos del espectáculo desconsolador de las pasiones, amaré a los hombres en sus recuerdos, me ocuparé de su felicidad; y la mía consistirá en la idea de haberla apresurado.

Traducción de Cristóbal Litrán

Las ruinas de Palmira
Volney (1757-1820)

lunes, 19 de agosto de 2019

La arquitectura de la felicidad

Henri Cartier-Bresson. Brasserie Lipp, París, 1969. 

Autoconocimiento

1.

Una vez pasé un verano en un hotelito del segundo arrondissement de París, a tiro de piedra de la fría seriedad de la vieja Biblioteca Nacional, donde recalaba cada mañana en un vano intento de documentarme para un libro que esperaba escribir (y al final no escribí). Era una zona animada de la ciudad, y cuando me aburría de mi trabajo, que era la mayor parte del tiempo, a menudo me sentaba en un café cercano a mi hotel llamado, como recién salido de una guía turística, Chez Antoine. Antoine había muerto, pero su cuñado, Bertrand, se había hecho cargo del café y lo llevaba con un carisma y una cordialidad poco frecuentes. Todo el mundo parecía pasar por Chez Antoine en algún momento del día. Por las mañanas había mujeres elegantes que se tomaban un café y se fumaban un cigarrillo en la barra. Los policías comían allí, los estudiantes pasaban las tardes en la terraza cubierta, y por la noche se daba cita una mezcla de intelectuales, políticos, prostitutas, divorciados y turistas que flirteaban, discutían, cenaban y jugaban al millón. En consecuencia, aunque estaba solo en París y pasaban los días sin que apenas hablara con nadie, no me sentí en absoluto desplazado, como me había ocurrido en otras ciudades, por ejemplo en Los Ángeles, donde una vez viví unas cuantas semanas en un bloque de edificios entre autopistas. Ese verano, como debe de haberles sucedido a muchas otras personas, no podía imaginar mayor felicidad que la de vivir en París para siempre, siguiendo la rutina de ir a la biblioteca, caminar sin prisas por las calles y mirar el mundo desde la mesa de un rincón de Chez Antoine. 

Traducción de Mercedes Cebrián

La arquitectura de la felicidad (2006)
Alain de Botton

domingo, 18 de agosto de 2019

Tantas devastaciones

José Jiménez Lozano. Tantas devastaciones.

El lirio

Pasó el Emperador junto a mi casa
¡Qué prodigio de blanco raso!
¡Qué impalpable seda, irisada de luz
con el rocío, el lirio que miraba!
No concedí mi tiempo, ni mis ojos
a los andrajos imperiales,
estando el lirio por abrirse.
Quien lo ha visto en su gloria
¿cómo podría ser un leal súbdito?
No oí el carro imperial, ni el vocerío,
y ni siquiera pude despreciarlo.

Atardecer

El sol es oro líquido,
azul perla el cielo por saliente:
invernal ocaso.
El huracán azota el seto
de envejecido boj, y tienes
un libro de Pascal entre tus manos,
junto al dorado fuego que se mueve
como una inquieta ardilla
o la espada de un ángel.
¡Oh, si este momento fuese eterno!
Nada más pedirías a la vida.
¿Estás seguro?

Tantas devastaciones (2017)
José Jiménez Lozano

miércoles, 14 de agosto de 2019

Gatos de Roma

Ciruelo Cabral. Gato negro.

Los gatos,
No vagabundos pero sin un dueño,
Al sol adormecidos
En calles sin aceras,
O esperando una mano dadivosa
Tal vez por entre ruinas,
Los gatos,
Inmortales de modo tan humilde.
Retan al tiempo, duran
Atravesando las vicisitudes,
Sin saber de la Historia
Que levanta edificios
O los deja abismarse entre pedazos
Bellos aún, ahora apoyos nobles
De esas figuras: libres.
Mirada fija de unos ojos verdes
En soledad, en ocio, y luz remota.
Entrecerrados ojos,
Rubia piel y calma iluminada.
Erguido junto a un mármol,
Superviviente resto de columna,
Alguien feliz y pulcro
Se atusa con la pata relamida.
Gatos. Frente a la Historia,
Sensibles, serios, solos, inocentes.

A la altura de las circunstancias (1963)
Jorge Guillén

martes, 13 de agosto de 2019

Nuevo orden

José Emilio Pacheco. El silencio de la luna.

Lo acumulado se rebela en caos,
secuestro bajo la muchedumbre ingobernable
de papeles y objetos.

No hay que rendirse al pasado
sino echar por la borda el lastre.

Lo que fue hecho para frenar el instante
se transforma en cadáver de aquel instante.

Vivir ligeros, sin souvenirs, sin archivos.
Lo que ha sido se ha ido.
Ya se fue.

El mañana
vendrá como quiera y sin miramientos.

Sobre todo sin miramientos.

El silencio de la luna (1996)
José Emilio Pacheco

miércoles, 7 de agosto de 2019

De repente te lo encuentras en el papel

José Antonio Muñoz Rojas retratado por Jesús Romero Benítez.

Quizás la mejor explicación de cómo surge un poema está en el primero de Entre otros olvidos, donde es verdad todo lo que se dice, eso de estarle vagamente rondándole a uno por la cabeza o por donde sea y de pronto encontrárselo en el papel. Explicar ese paso misterioso de la cabeza a la página no es fácil y ni siquiera posible. A uno le andan rondando indefinidamente versos por la cabeza o por el corazón y no realizarlos en la página casi nunca. A veces incluso nos pasa encontrarnos diciéndonos unos versos que a lo mejor son nuestros y no darnos cuenta. El milagro de la transición real de la idea del poema a su versión en la página es siempre inesperada y misteriosa, y encontrarse el poema, como sucede en ese de Entre otros olvidos, una mañana cualquiera y que surge del puntapié como piedra prehistórica que estaba allí de siempre esperando.

A veces inesperadamente fiel

A veces inesperada-
mente fiel, otras rebelde,
cuanto más precisa
más tenaz su ausencia.
Otras, el verso escondido
estaba en sus abismos,
salta de sus abismos.

Cómo se hace un poema. El testimonio de 52 poetas (2002)
José Antonio Muñoz Rojas

martes, 6 de agosto de 2019

Tiresias

Johann Ulrich Kraus. Tiresias golpeando las serpientes.

Célebre adivino, hijo de Everes y Cariclea. En su juventud, cuando paseaba por el monte Cileno, vio a dos serpientes copulando y al tratar de separarlas se convirtió en mujer. Cuando, siete años más tarde, al pasar por el mismo lugar, vio otras dos serpientes en cópula, volvió a intervenir y recuperó su antiguo sexo. Esta experiencia determinó su vida posterior. En efecto, un día Júpiter y Juno discutían sobre quién recibía más placer en el amor, el hombre o la mujer. Ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo, consultaron a Tiresias, el único que había podido experimentar los dos puntos de vista. Este afirmó que si el goce del amor se componía de diez partes, la mujer poseía nueve y el hombre una. Irritada Juno porque Tiresias no le daba la razón, le privó de la vista, pero a cambio, Júpiter le otorgó el don de la profecía.

Supervisado, ampliado y corregido por el profesor Francesc-Lluis Cardona

Diccionario de Mitología Universal
J. F. M. Noël y otros autores

domingo, 4 de agosto de 2019

Punto de vista

José Manuel Caballero Bonald, retratado por Hernán Cortés, 2012.

Conservo un talismán oriundo
de Oriente, una madera fósil
con cierta apariencia antropomorfa,
que un día encontré en los ya miserables
distritos mitológicos
del Éufrates.
                       Sagrada
efigie tutelar, materia venerable
del despiadadamente profanado
templo de Babilonia, todavía la guardo
entre ese doble fondo de la desconfianza
y el mal paso de la condescendencia.

Con frecuencia me dicta
una clave, un conjuro, una señal,
para que nunca olvide
que un día estuve donde estuvo dios.

Diario de Argónida (1997)
José Manuel Caballero Bonald

jueves, 1 de agosto de 2019

Porvenir

Ángel González. Sin esperanza con convencimiento.

Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
... Mañana!
                    Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.

Sin esperanza, con convencimiento (1961)
Ángel González

miércoles, 31 de julio de 2019

Conócete a ti mismo

Jorge Guillén. Y otros poemas.

"Conócete a ti mismo". ¿Quién soy yo?
Amante hacia la amada, padre hacia criatura,
Poeta hacia poema, amigo hacia el amigo.
¿Quién soy yo? No lo sé. No soy mi asunto.
Conocerse a sí mismo...
¿Y quién será ese "mismo" tan abstracto?
Atiendo sólo a meta.

Y otros poemas (1973)
Jorge Guillén

lunes, 29 de julio de 2019

Retorno a Sísifo

Pietro della Vecchia. Sísifo.

Rodó la piedra y otra vez como antes
la empujaré, la empujaré cuestarriba
para verla rodar de nuevo.

Comienza la batalla que he librado mil veces
contra la piedra y Sísifo y mí mismo.

Piedra que nunca te detendrás en la cima:
te doy las gracias por rodar cuestabajo.
Sin este drama inútil sería inútil la vida.

El silencio de la luna (1996)
José Emilio Pacheco

viernes, 26 de julio de 2019

De la altanería

Teofrasto. Caracteres.

La altanería es un cierto desprecio de todo lo que no es uno mismo. El altanero es un individuo capaz de decirle, a alguien que tiene prisa, que lo recibirá después de la comida, durante el paseo. Según afirma, no se olvida del favor prestado. Mientras se pasea, en su calidad de árbitro, otorga su dictamen a los que sostienen un litigio. Habiendo sido elegido para un cargo público, renuncia al mismo mediante juramento, alegando que no tiene tiempo. No quiere acercarse a nadie el primero. Suele ordenar a sus proveedores y asalariados que se presenten en su casa al amanecer. Va por las calles sin hablar con las personas que le salen al encuentro: unas veces mira al suelo y otras, cuando le parece, hacia arriba. En el caso de que invite a sus amigos, él no come con ellos, sino que encarga a uno de sus subordinados que los atienda. Cuando se pone en camino, envía por delante a alguien para que anuncie su próxima llegada. No permite que nadie se acerque mientras se unge, se lava o come. Por supuesto, al ajustar las cuentas con otra persona, le ordena al esclavo que haga los cálculos, obtenga el importe total y se lo cargue en la cuenta. Cuando redacta una carta, no emplea: «Me harías un favor», sino: «Quiero que se haga», y «Te he enviado una persona para que me lo traiga», o «Procura que esto sea así y no de otra manera» y «Rápidamente». 

Traducción y notas de Elisa Ruiz García

Caracteres
Teofrasto (371-287 a. C.)

miércoles, 24 de julio de 2019

Cartas

Henryk Siemiradki. Friné en la fiesta de Poseidón en Eleusis, 1889, detalle. 

Libro IV
Cartas de cortesanas

1

De Friné a Praxíteles

[...] No estés receloso, pues has realizado una obra bellísima, como nadie ha visto jamás de cuantas han sido creadas por manos de hombre. Conseguiste que una estatua de tu propia amante se alce en un recinto sagrado: estoy colocada en medio de Afrodita y de Eros, obras también tuyas. Y no me envidies este honor, ya que cuantos nos contemplan elogian a Praxíteles. Gracias a tu maestría artística he llegado a estar situada entre unos dioses sin que los tespios lo juzguen inconveniente. Una sola cosa le falta todavía a tu regalo: que vengas hasta mí, para que podamos yacer en el lugar sagrado. Ciertamente, no ofenderemos a unos dioses a los que nosotros mismos hemos dado vida. Adios.

Nota: Tespios: habitantes de Tespis, ciudad de Beocia, región de donde procedían muchas cortesanas.

Traducción y notas de Elisa Ruiz García

Cartas de pescadores, campesinos, parásitos y cortesanas
Alcifrón

Los buitres

Juan Manuel Borrero. Buitres. 

Aves volaban altas, cielo altísimo.

¿Cómo se llamarán?
                                    -Son buitres, nombre

Siempre siniestro. Cuando ya perciben
Olores, por olfato extraordinario,
De algún muerto, difunto de catástrofe,
Con su rapacidad irresistible,
Fatalmente orientada hacia la muerte,
Buscarán el cadáver delicioso.

Y volando seguían,
                                   y suspensas las alas.

Publicado en la revista Nueva Estafeta, 23 de octubre de 1980

Final (1981)
Jorge Guillén

lunes, 22 de julio de 2019

El cónsul

Cónsul romano. Acuarela del siglo XIX. Escuela catalana.

Mi ciudad -fuera cual fuese- era civilizada y era noble. La gente libre y pacífica (aunque siempre existe la miseria) y el oro una metáfora, un cuerpo, un libro...
¿Por qué no vivo en mi ciudad y porqué perdí aquella casa -allí- espaciosa y tranquila? Vine a la frontera. O me enviaron, no lo recuerdo bien. Y ahora -han pasado bastantes, muchos años- no sé salir ni sé volver. Y aún peor, pues ignoro si mi ciudad (aquella armoniosa ciudad) existe todavía. Vivo aquí, en clima áspero y entre gente ruda. Entre zafios y patanes, muy presuntuosos a menudo. Adoro a ciertos hijos suyos, que a veces me lanzan verriondos aullidos... Ignorantes, toscos, poderosos, ricos, incultos hasta el yermo, groseros, mendaces, híspidos. ¿Qué hago yo entre ellos? No, éste no es mi mundo, ni éstos -patrioteros como son, de una u otra esquina- son mi gente. De los míos sólo de tanto en tanto recibo noticias, con retraso notable. He dicho que mi ciudad -probablemente- ha sido ya censurada y abolida. Por lo demás, no sé volver, y estos patanes usan una moral de viejas tontas... Sé que casi nunca me entienden. A veces, al despertarme -entrado el mediodía- desazonado casi siempre, digo: ¿dónde estoy? ¿Qué hago yo aquí? Y no sé, de veras, si pertenezco ya al pasado o al futuro.

La prosa del mundo (2009)
Luis Antonio de Villena

jueves, 18 de julio de 2019

Plagio

Ulalume González de León. Plagio.

Palabra

Pronunciada palabra
tan sola
tan desnuda:
regrésate a vestirte de indecible


Palabras

Quiero regalarte palabras
                                              bellas palabras
Están usadas pero duran toda la vida
Quiero decirte: para siempre
No hables de falta de perspectiva
Las palabras significan lo que uno quiere

Plagio (1973)
Ulalume González de León

martes, 16 de julio de 2019

El mundo y la casa

Clara Gangutia. La casa grande, 1991.

No había más que tirar de la campanilla.
—¿Quién?
—Paz.
Abrían la puerta. Al cerrarla tras nosotros quedaba fuera lo temeroso, lo injusto, lo penoso. Dentro lo tranquilo, lo hermoso, lo bueno. El mundo se dividía en estas dos grandes mitades: la casa y todo lo demás. La casa no se movía, estaba siempre esperándonos, no exactamente la misma, algunas veces más llena, otras menos, siempre nuestra y conocida. Sabíamos sus gentes, sus rincones, sus luces. El mundo era vasto, confuso, desalentador. Escocía. Presentíamos su sordera, su despoblación a lo nuestro.
La casa crecía con nosotros, se iba haciendo a nuestra medida. Sabíamos la luz de cada paso, la sombra de cada rincón, el olor de cada lugar.
Al cerrar la puerta subíamos despacio, con recreo, la escalera donde los baldosines relucían de siglos y aceites. Ahora hacíamos girar el picaporte, empujábamos la puerta, penetrábamos en la habitación. El sol atravesaba tranquilo los cristales. Era una luz quieta, preciosa, eterna. Sigue iluminando la estancia. Dentro estaba templado y revestido por una presencia de personas, de flores, de muebles conocidos. Al entrar, oíamos:
—¿Estás ya aquí?
Y la pregunta sonaba natural. Ahora parece extraña porque, en verdad, nunca hemos acabado de salir de aquella habitación, de la casa aquella, del tiempo aquel. ¿No será lo demás, esto de ahora, irrealidad pura, sueño, desatino?

Las musarañas (1957)
José Antonio Muñoz Rojas

domingo, 14 de julio de 2019

Historia como sistema

José Ortega y Gasset. La historia como sistema.

I

La vida humana es una realidad extraña, de la cual lo primero que conviene decir es que es la realidad radical, en el sentido de que a ella tenemos que referir todas las demás, ya que las demás realidades, efectivas o presuntas, tienen de uno u otro modo que aparecer en ella.
La nota más trivial, pero a la vez la más importante de la vida humana, es que el hombre no tiene otro remedio que estar haciendo algo para sostenerse en la existencia. La vida nos es dada, puesto que no nos la damos a nosotros mismos, sino que nos encontramos en ella de pronto y sin saber cómo. Pero la vida que nos es dada no nos es dada hecha, sino que necesitamos hacérnosla nosotros, cada cual la suya. La vida es quehacer. Y lo más grave de estos quehaceres en que la vida consiste no es que sea preciso hacerlos, sino, en cierto modo, lo contrario; quiero decir que nos encontramos siempre forzados a hacer algo, pero no nos encontramos nunca estrictamente forzados a hacer algo determinado, que no nos es impuesto este o el otro quehacer, como le es impuesta al astro su trayectoria o a la piedra su gravitación. Antes que hacer algo, tiene cada hombre que decidir, por su cuenta y riesgo, lo que va a hacer. Pero esta decisión es imposible si el hombre no posee algunas convicciones sobre lo que son las cosas en su derredor, los otros hombres, él mismo. Sólo en vista de ellas puede preferir una acción a otra, puede, en suma, vivir.

Historia como sistema (1941)
José Ortega y Gasset

viernes, 12 de julio de 2019

Este mundo

Ida Vitale. Cada uno en su noche.

Sólo acepto este mundo iluminado
cierto, inconstante, mío.
Sólo exalto su eterno laberinto
y su segura luz, aunque se esconda.
Despierta o entre sueños,
su grave tierra piso
y es su paciencia en mí
la que florece.
Tiene un círculo sordo,
limbo acaso,
donde a ciegas aguardo
la lluvia, el fuego
desencadenados.
A veces su luz cambia,
es el infierno;
a veces, rara vez,
el paraíso.
Alguien podrá quizás
entreabrir puertas,
ver más allá
promesas, sucesiones.
Yo sólo en él habito,
de él espero,
y hay suficiente asombro.
En él estoy, me quede,
renaciera.

Cada uno en su noche (1960)
Ida Vitale

jueves, 11 de julio de 2019

Soleares

Rafael Montesinos retratado por Marisa Calvo, 1986.


Las mañanas eran claras
porque mi vida lo era,
no porque fueran mañanas.


Buscaría aquellas piedras,
y en aquel mismo camino
tropezaría con ellas.

Antología por soleares (1944-1996)
Rafael Montesinos

miércoles, 10 de julio de 2019

Viajeros

Lewis Morris Rutherford. La luna, marzo de 1865.

Galileo

A través del lente el cielo está aquí, a un paso de mis ojos. La distancia es un vaho de tiempo y espacio desvanecido. No tengo naves ni espadas ni oraciones. Sin batallas atravieso los límites de la Tierra. Quieto, contemplo los valles de la luna, que está sola y desnuda.

Ícaro

Atraído por la luz emprendí el vuelo. Ahora he tocado el sol y mi herida es mortal. Pero miro la tierra. Me pertenece. Desnudo, hecho de viento, no sé si caigo o floto al lado de las estrellas.

Viajeros (1999)
Pablo Montoya

lunes, 8 de julio de 2019

Árbol de Diana

Alejandra Pizarnik. Árbol de Diana.

8

Memoria iluminada, galería donde vaga la sombra de lo que espero.
No es verdad que vendrá. No es verdad que no vendrá.

13

explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome

23

una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo

la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos

28

te alejas de los nombres
que hilan el silencio de las cosas

Árbol de Diana (1962)
Alejandra Pizarnik

viernes, 5 de julio de 2019

La tentación del maestro

Harry Martinson. Antología poética.

Cuando el demonio hubo reflexionado largo tiempo sobre la forma
de obstaculizar y confundir al maestro
se fue un día hacia él y le dijo:
Tú que eres el maestro, ¿no has notado el riesgo de esa ilusión
que te transforma en un ciego para todo lo que ansías abandonar?
¿Estás seguro de que no has descuidado nada
de aquello que has dejado atrás?
Así como las piedras preciosas pueden estar ocultas en la piedra
y las venas de agua pueden fluir hacia algún sitio bajo los desiertos
también puede haber una verdad que no has encontrado,
aquí en el bosque ruidoso y gritón de Samsara,
una verdad bien escondida y difícil de descubrir.
No estés tan seguro de que vas por buen camino.
Retrocede y busca de nuevo.
Quizás encuentres entonces un camino completamente diferente.

 De Poemas sobre luz y oscuridad (1971)
Traducción de Francisco J. Uriz

Antología poética
Harry Martinson