domingo, 28 de agosto de 2016

Barcos fantasmas

Ilustración de Bernie Wrightson.

Barcos fantasmas somos, silenciosos, rumbo
a las salidas del sol y los amaneceres.
Barcos sin hogar somos, eternamente errantes.
Navegamos en tempestades septentrionales
y en tibios oleajes meridionales, silentes.
Barcos sin hogar somos, eternamente errantes.

Y constantemente aparecen en nuestro viaje
como fantasmas los mismos sueños salvajes
y las mismas canciones suenan una y otra vez.
Y olvidadas tempestades se despiertan
danza de la muerte sobre las corrientes
y dulce y conciliador canturrea el mismo oleaje

Mira: mil barcos han perdido el rumbo
y a la deriva navegan entre nieblas
y mil hombres se han ido a pique
rezando a las estrellas.
Y vemos el mismo destino todavía
camino a los rayos de un alba bella.
Y los mismos sueños llenan todavía
los cansados cerebros.

En oscuros espacios brilla sin embargo
Orión igual de centelleante
sobre hombres cansados,
que han dejado de mirar a las visiones matinales.
Nosotros, los demás, soñamos aún esta noche
con la luz del alba, que deslumbrante
se elevará sobre pecios en dunas fantasmales.

Traducción de Francisco J. Uriz

Barco fantasma (1929). Entre luz y oscuridad.
Harry Martinson

jueves, 25 de agosto de 2016

La carretilla roja

William Kay Blacklock. Idilio.

cuánto
depende

de una carre
tilla roja

barnizada de
agua de lluvia

junto a blancas
gallinas

Versión de Octavio Paz

La carretilla roja
William Carlos Williams

Tiburón

Davisd Bucklow. Tiburón.

Pez acuático que, en la mayoría de las tradiciones marinas, presenta un simbolismo un tanto ambivalente, que oscila entre el temor y la reverencia. En ciertas regiones del Pacífico, se tiene por un remedio divino y el mero hecho de encarar un tiburón a mar abierto constituye un rito iniciático de primer orden en ceremonias como el paso de la niñez a la madurez. En Occidente, se asocia primordialmente con una de las expresiones más rotundas del mal. Tanto es así que, en la más prosaica literatura del género de aventuras, se le suele designar como "diablo del mar" o, en el caso del tiburón blanco, el que más temor infunde a los seres humanos, "la muerte blanca". Por lo común, el tiburón representa el peligro ignoto que acecha bajo la impenetrable oscuridad del océano.

Diccionario de símbolos (2003)
José María Albert de Paco

miércoles, 24 de agosto de 2016

Tres revoluciones: tres testimonios

Diego Rivera. Tierra y Libertad.

Ni en el carácter ni en los hechos se parecen Madero, Villa y Zapata. Tampoco en las ideas y en los métodos. Cada uno es distinto y único: Madero, el terrateniente educado en Europa y en los Estados Unidos, ferviente teósofo y en comunicación constante con el más allá y los espíritus de los muertos, creyente en la educación y en el cambio pacífico, tolerante y bondadoso, empeñado en transformar a México en una Suiza más grande y civilizada que la de Europa; Villa, el cuatrero convertido en general, el gran soldado y el político confuso, el centauro niño movido por vientos contrarios: una inmensa sed de justicia  —mezcla de generosidad y rencor— aliada a una ambición desmesurada, el libertador esclavo de sus pasiones; Zapata, el desconfiado campesino del Sur, astuto y legalista, solitario y comunitario, revolucionario y tradicionalista, poseído por una sola idea, fija y devorante: la vuelta a la mítica edad de oro del comienzo, la comunidad original de los labriegos y artesanos libres, la aldea anterior a la historia. Madero, el libro; Villa, el vendaval; Zapata, la semilla. Nada los une, excepto su fin. No vidas sino muertes paralelas: los tres murieron asesinados por un traidor. Traición: palabra maldita interminablemente repetida a lo largo de nuestra historia. Los diez años del ascenso y la caída de los tres jefes revolucionarios chorrean sangre. Abundaron las acciones heroicas; también las matanzas estúpidas. Inmenso desperdicio de vidas, ideas, talentos, virtudes, tiempo. Al cabo de tantas muertes y de tantas batallas ganadas y perdidas, el lector se pregunta si Bolívar no tuvo razón cuando, al final de sus días y sus trabajos, dijo: aré en el mar. 

Al paso (1992)
Octavio Paz

martes, 23 de agosto de 2016

Pecios y hombres

Robert de la Croix. Misterios del mar.

Algunos viejos lobos de mar pretenden poder leer el destino de un barco según su aspecto, según el modo como queda modificado por el paso de los años, según como queda modelado por la edad. Pero no nos comunican su procedimiento. Es más cuestión de intuición que de técnica.
Haced vosotros mismos el siguiente experimento: idos a pasear a lo largo de un puerto negro de barcos e intentad imaginar el destino de cada uno de ellos. Este de aquí terminará, sin duda, en un dique de demolición; al cabo de treinta años de servicio será vendido en pública subasta y su casco, antaño batido por las aguas de todos los océanos, será distribuido a un traficante en chatarra. El de más allá, cuando su máquina ya no tenga alientos para seguir adelante, cuando ya haya gemido durante largos años bajo el embate de las olas, será vendido a un armador, quien lo utilizará todavía en oscuras tareas. Los griegos se han hecho célebres, además de serlo ya por otros muchos motivos, por el de ser coleccionistas de barcos viejos, principalmente antes de la guerra de 1939. Su flota, una de las menos modernas del mundo, estaba compuesta por una especie de cementerio marino andante, un cementerio compuesto no exactamente de pecios, pero sí de vapores que se sobrevivían a sí mismos, cuya hélice giraba como el debilitado pulso de un enfermo, un enfermo que tuviera su puntillo en proseguir con sus tareas habitueles, a pesar de todo, hasta el irremediable final.
Aquel otro cargo que hay allí abajo se hundirá después de haber chocado contra una roca o será víctima de un incendio o de una guerra, y éste de más acá, que acaso quede abandonado en alta mar, ya está marcado por la misteriosa señal del pecio. 
Si así fuere, tendrá algunas probabilidades de no morir del todo, ya que los pecios, como ya sabemos, poseen una asombrosa resistencia. No pueden hundirse porque, a lo que parece, la metamorfosis por ellos sufrida los protege de la muerte natural que sufren los otros barcos. Los pecios se hallan más allá de los naufragios. Incluso algunas veces vuelven a adquirir un nuevo rango en la flota de los navíos vivientes.

Traducción de Jaime Elías

Misterios del mar
Robert de la Croix

lunes, 22 de agosto de 2016

Intemperie sin fin

Ilustración de Suizan Kurokawa.

El haiku es una poesía que contraría la imagen tópica del escriba clavado a su escritorio, inmerso en el silencio, morador de un castillo de belleza exclusiva. Desde el comienzo de su arte, al menos desde el siglo XVI o XVII, muchos hombres del haiku reivindicaron su carácter pedestre, buscando conformarse con la condición de poetas callejeros. Quien dice calle dice polvo y barro, suciedad, ruido ambiente, estrechez, insectos y animales, suciedades varias. Quien dice calle ciudadana alude a callejeo, a peatón, a errancia y bohemia, y por ende a poesía con los pies en la tierra. Quien dice sendero campestre sugiere, sin duda, intemperie sin techo. Cuando es vagabundo, en la ciudad o el campo, el poeta vive «afuera», no tiene domicilio fijo, es nómada por fuerza, pobre por condena social. Es alguien que está situado al margen.
Vive, dije, a la intemperie: al albur de la desigualdad del clima, a cielo descubierto, a merced del irremediable desequilibrio ambiente. En lo que se refiere a domicilio, por supuesto. Y también en lo que toca al fundamento de su arte poético. Porque la intemperie, que es forma de su vida, llega a ser modalidad de su expresión y sentimiento, auténticos núcleos duros del poeta del haiku. Matsuo Bashô, augural, lo aclaraba en un terceto escrito durante una de sus caminatas por los andurriales del aislado Japón de la era Tokugawa: 

«A la intemperie
El corazón al viento
El cuerpo helado».

El libro del haiku (2005)
Alberto Silva 

domingo, 21 de agosto de 2016

El cuervo y el zorro

Félix María Samaniego. Fábulas morales.

En la rama de un árbol,
bien ufano y contento,
con un queso en el pico
estaba el señor Cuervo.
Del olor atraído
un Zorro muy maestro,
le dijo estas palabras,
a poco más o menos:
«Tenga usted buenos días,
señor Cuervo, mi dueño;
vaya que estáis donoso;
mono, lindo en extremo;
yo no gusto lisonjas,
y digo lo que siento;
que si a tu bella traza
corresponde el gorjeo,
juro a la diosa Ceres,
siendo testigo el cielo,
que tú serás el Fénix
de tan vastos imperios».
Al oir un discurso
tan dulce y halagüeño,
de vanidad llevado,
quiso cantar el Cuervo.
Abrió su negro pico,
dejó caer el queso;
el muy astuto Zorro,
después de haberlo preso,
le dijo: «Señor bobo, 
pues sin otro alimento,
quedáis con alabanzas
tan hinchado y repleto,
digerid las lisonjas
mientras yo como el queso».
Quien oye aduladores,
nunca espere otro premio.

Fábulas morales (1781)
Félix María Samaniego 

jueves, 18 de agosto de 2016

El Capitán Trueno

El Capitán Trueno.

El desierto de Gobi es un territorio del Asia Central repartido entre Mongolia, Sinkiang y China...¡Cruzándolo bajo un sol de plomo, encontramos al Capitán Trueno y a sus inseparables Crispín y Goliath, siempre en busca de nobles causas por las que luchar!

El Capitán Trueno
Víctor Mora, Miguel Ambrosio (Ambrós)

Viajar, viajar

Tibor Szendrei. Viajero.

Viajar, viajar... Conforme los años nos pasan por encima, la palabra va tomando un significado más hondo, un mayor sentido poético, un sonido más dulce. A veces, ese hermosos instrumento que es el diccionario de la Real Academia de la Lengua; transmite en sus definiciones significados y sentidos  que se quedan muy cortos con relación a la esencia de una palabra. Viajar es "hacer viaje", según la RAL, y viaje es "ida de una parte a otra".
¿Nada más? Los años pasan sobre nuestra piel y quienes amamos viajar, o quienes tenemos ya la droga del viaje enterrada en la vena, sabemos que no es sólo eso. Viajar es, primero, una huida, un escape de la melancolía que nos propone la vida cotidiana, pero es también una aventura del conocimiento, pues marchamos a encontrarnos con lo que ignoramos y a movernos en un ámbito ajeno. Salir de la madriguera, abandonar la mesa camilla, comportó el riesgo de lo imprevisible, es una forma de audacia. Si bien huir supone cobardía, también supone coraje. El viajero es una mezcla de cobarde y de valiente, un ser que transita entre el temor y la osadía.
Quien viaja es, también, un ser más próximo a la eternidad que quien se queda en casa. La eternidad se relaciona siempre con la pemanencia; pero no es así, sino todo lo contrario. El tiempo corre sobre uno cuando se queda quieto, pero si uno anda, si camina lejos, lo hace cabalgando el tiempo. Viajar es una forma de suspensión en el espacio, una forma de ingravidez en los territorios donde el reloj deja de correr, porque es uno quien corre. Y quien niega el tiempo, afirma el valor de lo que es eterno. Todos los grandes viajeros, cuando miran hacia atrás y contemplan su vida, perciben la realidad de una existencia dilatada, como si los días se hubieran convertido en meses y los años en siglos. Viajar nos prolonga en la existencia y viajando nos sentimos mas lejos de los brazos de la muerte.
La existencia del viajero se parece más al río de Heráclito que a la madriguera del ser que nos ofrece Parménides. Se es al dejar de ser, como quería el filósofo de Éfeso, se es sobre la negación de la quietud, se es sobre las olas, empujado por el capricho de los vientos. 
Y es que viajar, además, nos cambia, nos hace Otros, somete nuestro corazón al reino de lo relativo. Nos aparta del dogma, del criterio cerrado, de la ciega fe. Nos hace hombres reconciliados con la abrumadora verdad de la existencia, despoja nuestro cerebro de la estulticia de muchas ideas, nos deja ver que el hombre es uno, sólo uno, sea cual fuere el color de su piel o las palabra de su lengua materna.
Y se debe viajar para escribir, para pintar, para hacer música, para crear en suma. El viaje supone una honda forma de creación, ya que todo se suspende en el vacío y en cada momento hay que inventar la vida, viajamos literariamente, decía Chatwin, y es probable que sea mejor decir que viajamos creativamente. Sin esa invención diaria de la vida que supone todo desplazamiento, no hay verdadero viaje.
Pero todo discurso y toda definición se quedan cortos ante el bello sonido de esa voz: viajar, viajar...
(1997)
Viajar, viajar
Javier Reverte

sábado, 13 de agosto de 2016

El falso fugitivo

Pedro Ugarte. Foto: Editorial Páginas de Espuma.

Apología de la mansedumbre

Desengáñate.
Tu rebelde y desordenado cuerpo
más feliz sería
si al fin se rindiera
en este atroz combate
con la vida.

Nada como la erección pacífica
a lo largo de los años
de un minucioso albergue de medallas y uniformes

Fundamentos del poema

Difícil venganza
la de odiar
sin enemigos.

El falso fugitivo (1991)
Pedro Ugarte

viernes, 12 de agosto de 2016

De las memorias de un detective privado

Greg Hildebrandt. Pin Up.

1
Deseando obtener cierta información de miembros de la WCTU (una asociación moralista de mujeres) en una ciudad de Oregón, me presenté como secretario de la Liga de Pureza Cívica. Una de ellas me leyó un largo discurso acerca de los efectos eróticos de los cigarrillos en las jovencitas. Experimentos posteriores demostraron que este viaje era inútil.
2
Un hombre al que estaba siguiendo, salió al campo a dar un paseo un domingo por la tarde y se perdió por completo. Tuve que indicarle el camino de vuelta a la ciudad.
3
El robo con escalo es probablemente el trabajo peor pagado del mundo. Nunca he conocido a nadie que pudiera vivir de ello. 
Pero, a decir verdad, pocos delincuentes, sea cual fuere su especialidad, logran mantenerse, a no ser que de vez en cuando consigan algún trabajo legal. La mayoría de ellos vive de sus mujeres.
4
Conozco un detective a quien, mientras andaba a la caza de carteristas en el hipódromo, le robaron la cartera. Más tarde llegó a ser agente en una empresa de detectives del este.
5
Me confundieron tres veces con un agente de la Prohibición, pero nunca tuve problemas para aclarar el malentendido.
6
Una noche, cuando llevaba a un detenido desde un rancho de Gilt Edge, en Montana, a Lewistone, se averió mi automóvil y tuvimos que quedarnos allí sentados hasta el amanecer. El prisionero, que sostenía con firmeza su inocencia, sólo llevaba unos pantalones ligeros y una camisa. Después de pasarse toda la noche tiritando en el asiento delantero, su moral cayó por los suelos y a la mañana siguiente no tuve dificultad para conseguir una confesión completa mientras caminábamos hacia el rancho más cercano.
7
De todos los empleados desfalcadores con los que he tenido contacto, no puedo recordar ni una docena que fumaran, bebieran o tuvieran alguno de los vicios en los que las compañías de seguros se fijan tanto.
8
Una vez fui falsamente acusado de perjurio y tuve que jurar en falso para evitar el arresto.
9
El agente de una empresa de detectives en San Francisco sustituyó una vez la palabra «verdadero» por «voraz» en una de mis informes, con la excusa de que el cliente no iba a poder entender el texto.
Pocos días más tarde, en otro informe, «simular» se convirtió en «apresurar» por la misma razón.
10
De todos los hombres de distintas nacionalidades que frecuentan los juzgados criminales, los griegos son los más difíciles de condenar.
Simplemente se limitan a negarlo todo, no importa lo concluyentes que puedan ser las pruebas; y nada impresiona más a un jurado que la escueta afirmación de un hecho, aunque ese hecho sea claramente improbable y absurdo frente a la abrumadora evidencia de lo contrario.
11
Conozco a un hombre que puede falsificar cualquier tipo de huella dactilar por 50 dólares.
12
Nunca he conocido a nadie capaz de convertir un buen trabajo en un negocio, profesión o arte, que fuera al mismo tiempo un criminal profesional.
13
Conozco a un detective que una vez quiso disfrazarse a la perfección. El primer policía con quien se tropezó lo detuvo.
14
Conozco a un sheriff de Montana que en cierta ocasión fue a arrestar a un ranchero. Este salió al porche empuñando un rifle. El sheriff sacó su revólver y trató de disparar por encima de la cabeza del otro, para asustarle. La distancia era larga y soplaba un fuerte viento.
La bala arrancó el rifle de las manos del ranchero. Con el paso del tiempo, el sheriff acabó creyéndose la reputación de puntería que este incidente le dio, y no sólo permitió a sus amigos que le inscribieran en un concurso de tiro, sino que se jugó todo lo que tenía confiando en su destreza.
En el concurso sus seis tiros no dieron ni una sola vez en el blanco.
15
Una vez en Seattle, la esposa de un estafador fugitivo me ofreció una fotografía de su marido por 15 dólares. Yo sabía dónde podía conseguir una gratis, así que no la compré.
16
Una vez fui contratado para ayudar a una mujer en las tareas de su casa.
17
El argot usado entre delincuentes es en general un código utilizado adrede y además sectario destinado más que nada a confundir a la gente, pero a veces es singularmente expresivo; por ejemplo, perdedor en dos tiempos: Uno que ha sido condenado dos veces; y el más antiguo irse a leer y escribir: encontrar conveniente alejarse por un tiempo.
18
La del carterista es la práctica delictiva más fácil de aprender. Basta no ser inválido para ser experto en un solo día.
19
En 1917, en Washington, conocí a una chica que no me dijo que mi trabajo «debía ser muy interesante».
20
Incluso cuando el criminal no hace ningún esfuerzo por borrar sus huellas dactilares y las deja esparcidas por todo el escenario del crimen, la posibilidad de encontrar una huella lo bastante clara para ser de algún valor es una sobre diez.
21
El jefe de policía de una ciudad del sur me proporcionó una vez la descripción de un hombre, completa hasta incluir el detalle de un lunar en el cuello, pero olvidó mencionarme que sólo tenía un brazo.
22
Conozco a un falsificador que dejó a su mujer porque había aprendido a fumar mientras él cumplía condena en prisión.
23
La terminología de la prensa diaria utiliza el apodo de «Raffles» inmediatamente después del de «Dr. Jekill y Mr. Hyde». Los periodistas, en cuanto pueden, utilizan la expresión «ladrón caballeroso».
Un retrato aproximado del personaje al que los periódicos atribuyen este apodo nos mostraría a un bebedor de láudano, con una herradura de diamantes que reluciera en su pecho bajo un lazo de terciopelo, mientras sonríe a su víctima y exclama:  «No se asuste, señorita, no le voy a hacer mucho daño. ¡No soy un manazas!».
24
El detective más inteligente y de más éxito que conozco es muy miope.
25
Si se hace un itinerario desde las ciudades más grandes hasta las aldeas rurales más remotas, se descubre un porcentaje constantemente decreciente de crímenes que tienen que ver con el dinero y un aumento proporcional en la frecuencia del sexo como motivo del crimen.
26
Una noche, mientras trataba de espiar el interior del piso superior de un albergue en el norte de California el hombre que andaba buscando estaba en Seattle en esos momentos— parte del techo del porche cedió bajo mis pies y me caí, torciéndome un tobillo. El propietario de la casa me dio agua caliente para hacerme una cura.
27
La principal diferencia entre el problema excepcionalmente enredado al que se enfrenta el detective de ficción y el que tiene que resolver un detective real es que, generalmente, al primero le faltan pistas, mientras el segundo encuentra demasiadas.
28
Conozco a un hombre que robó una vez un tiovivo.
29
Uno de los mitos menos controvertidos es el de que tarde o temprano se detiene al malhechor. Y, sin embargo, en todas las agencias de detectives del mundo los ficheros rebosan datos sobre misterios irresueltos y criminales sin capturar.

Traducción de Jorge Berlanga

De las memorias de un detective privado
Dashiell Hammett 

jueves, 11 de agosto de 2016

El camino no elegido

Giampaolo Ghisetti. El campo.

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizá la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.

Versión de Agustí Bartra

El camino no elegido
Robert Frost

martes, 9 de agosto de 2016

Diógenes de viaje

Retrato de Diógenes, en Thomas Stanley, Historia de la Filosofía, 1665. Wikipedia.

Diógenes el cínico estaba de viaje cuando llegó a un río muy caudaloso y se detuvo ante la imposibilidad de pasarlo. Uno que se dedicaba a vadearlo al verlo perplejo se acercó y lo pasó. Diógenes, complacido por su amabilidad, se reprochaba su pobreza, que le impedía corresponder con su bienhechor. Estaba todavía pensando en esto cuando vio a otro caminante que tampoco podía pasar; el hombre corrió hacia él y lo cruzó. Entonces, Diógenes se acercó y le dijo: «Pues yo ya no te estoy agradecido por tu ayuda, porque veo que esto no lo haces por una decisión juiciosa, sino por manía».
La fábula muestra que quienes favorecen a quienes nada se merecen junto con las personas serias, no obtienen el reconocimiento de su servicio, al contrario, se les acusa más bien de insensatez.

Traducción de P. Bádenas de la Peña

Fábulas
Esopo (Siglo VI a. de C.) 

sábado, 6 de agosto de 2016

La vara y la aguja

Ilustración de Xu-Ning.

Existía en la antigüedad un famoso poeta chino. Aunque sus poesías recibían grandes alabanzas por su sentido de la belleza y su infinita inspiración, cierto día, el poeta dejó de escribir. Cuando su familia y sus allegados le preguntaban qué le había sucedido, él les respondía que su inspiración se había agotado.
Ya no se sentaba más en su mesa de trabajo y pasaba los días deambulando por el campo, visitando lugares cercanos.
En una de sus caminatas llegó hasta un río. En la orilla, una anciana lijaba una gruesa vara de metal sobre una piedra. El poeta se sentó a observarla durante largo rato.
Cuando la anciana se levantó, él la siguió intrigado y le preguntó qué hacía.
La anciana le contestó: "Una aguja para tejer". El poeta asombrado, le preguntó: "Pero, anciana, ¿cómo esperas que una vara tan gruesa se transforme en una fina aguja de tejer? Es una tarea casi imposible de lograr.
La anciana lo miró con infinita paciencia y le respondió: "Joven, tal vez no consiga hacerlo en un solo día, pero si trabajo todos los días estoy segura de que finalmente lo lograré".
El poeta comprendió lo que la anciana trataba de decirle. Regresó de prisa a su casa y retomó su trabajo con alegría

La estrategia del Dragón
Analía L'Abbate, Karina Qian Gao

El sepulcro sin sosiego

Cyril Connolly, en 1962. Foto: ITV Rex Shutterstock.

Partir nueces de color rojizo, mirar por la ventana los plátanos rojizos, festoneados de verde y amarillo, leer el Tao-te-King junto a una buena chimenea encendida: he ahí la sabiduría propia de octubre, bienaventuranza del otoño: el estudio equinoccial de las religiones.

Huir a la campiña: el despertar matinal en una casa de campo, el ruido de las mujeres en el patio, las gallinas, los patos, los gansos y los perros que salen al aire libre tras pasar la noche en el corral; el loro que afila el pico contra los barrotes de su jaula; el aroma del desayuno, el hortelano que trae los tomates y las lechugas; los periódicos dominicales, el correr del agua en el grifo y el murmullo de los escuadrones de cazas allá en lo alto. Almorzar al aire libre.

La siesta vespertina, tan rica en disturbios de la memoria; el baño a la desvaída luz del día, con el rumor del grifo del agua caliente y los chillidos de los niños al acostarse, mientras la fría luz del sol se extingue entre los olmos, sobre los campos líquidos. El paseo antes de acostarse, el estimulante aire de la noche.
Solamente en el campo podemos llegar a conocer a una persona o un libro.

Traducción de Miguel Martínez-Lage

El sepulcro sin sosiego
Cyril Connolly

jueves, 4 de agosto de 2016

El arte de tirar

Ilustración de Daniel K. Tennant.

Sí a tirar

Tenemos que solucionar este dilema de algún modo. Tal y como están las cosas, da igual el tiempo que pase: no conseguiremos liberarnos fácilmente del hechizo de los objetos.
¿Es posible que la manera de liberarse del hechizo sea cuidar de los objetos y dejar de comprar cosas innecesarias, como dicen los ecologistas y los partidarios de llevar una vida más austera? Yo no lo creo así. Dejar de comprar para evitar que aumenten las pertenencias me parece demasiado triste. Evidentemente si dejamos de adquirir objetos, tarde o temprano disminuirán y nos sentiremos aliviados. Pero dudo que un estilo de vida así resulte divertido, a menos que estemos hablando de una persona muy estoica. O eso pienso yo, al menos. 
Tener aquellas cosas que deseamos es divertido, llevar ropa nueva nos hace sentir bien. Aunque tengamos la televisión o el periódico a mano, queremos leer revistas. No sé que puede tener de bueno no comprar estos utensilios de cocina que tengo ante mis ojos y que tanto deseo. Quizá la econonía familiar lo agradezca, pero mi vida será más aburrida.
¿No habrá un modo que me permita vivir a mi manera, de forma divertida y sin reparos, sin tener que preocuparme por no desperdiciar o acumular cosas?
La respuesta que propongo en este libro consiste en aprender a tirar. Para mejorar esta situación en la que vivimos, rodeados de objetos, lo primero que tenéis que hacer es empezar a tirar. No os dejéis llevar por la idea de que tirar es un «desperdicio», pues el hecho de tirar os ayudará a analizar el valor de las cosas. Al plantearos por qué poseéis un objeto, os daréis cuenta de que además de porque «no hay que desperdiciar», existen otros motivos que os atan a ellos. Al decidir qué objetos debéis tirar, os daréis cuenta de cuáles debéis conservar. Y así, precisamente, es como conseguiréis controlar los objetos que llenan vuestra vida.

Traducción de Yasuko Tojo

El arte de tirar
Nagisa Tatsumi

viernes, 29 de julio de 2016

Tierra inalcanzable

Ilustración de Alisa Verner.

Autodescripción honesta con un vaso de Whisky, en el aeropuerto, digamos que en Minneapolis

Mis oídos se pierden en las conversaciones, mis ojos se apagan,
pero siguen siendo insaciables.

Veo sus piernas con minifaldas, con pantalones o con sinuosas telas,

Las miro una a una por separado, miro sus muslos y sus nalgas,
absorto, meciéndome en sueños pornográficos.

Viejo verde, es hora de ir a la tumba, no de jugar y divertirse
como un joven.

Pero es simplemente lo que siempre he hecho, crear escenas de
este mundo por orden de la imaginación erótica.

No es que desee a estas criaturas en concreto, lo deseo todo, y
ellas son como señales de una unión extática.

No tengo la culpa de que hayamos sido moldeados de esta manera,
mitad contemplación desinteresada, y mitad apetito.

Si voy al Cielo cuando muera, todo debería ser como aquí, sólo
que liberado de estos torpes sentidos, de estos pesados huesos.

Convertido tan sólo en una mirada, seguiré absorbiendo las 
proporciones del cuerpo humano, el color de los lirios, una calle
parisina en junio, al alba, toda esta incomprensible abundancia,
la incomprensible abundancia de las cosas visibles.
De Esto (2000)
Traducción de Xavier Farré

Tierra inalcanzable. Antología poética
Czeslaw Milosz

miércoles, 27 de julio de 2016

Arte poética

Carlos Pujol. Vidas de los poetas.

La perfección tal vez, o el simulacro
que sirve de consuelo por su ausencia,
no depende jamás del añadir
tal o cual adjetivo,
seguramente todos extravían,
sino de la cordura de no usar
las palabras sobrantes. Casi todas.
Aludiendo a razones
desconocidas, pero imprescindibles,
un poema se teje con silencios
que la voz reconoce como suyos.
Para poder contar lo que sabemos
acerca del amor, de cómo pasa
el tiempo por las vidas.

Vidas de los poetas (1995)
Carlos Pujol

martes, 26 de julio de 2016

Ser escritor

Abelardo Castillo. Ser escritor.

Podrás corregir tus textos o no corregirlos. Tolstoi escribió siete veces Guerra y paz; Stendhal terminó La cartuja de Parma en cincuenta y dos días. El único problema es cómo se las arregla uno para ser Tolstoi o Stendhal.

Nadie escribió nunca un libro. Sólo se escriben borradores. Un gran escritor es el que escribe el borrador más hermoso.

Nunca escribas que alguien tomó algo con ambas manos. Basta con escribir las manos y a veces es suficiente una sola. La gente en general tiene cara, no rostro. No asciende las escaleras, sube por ellas. No penetra a las recámaras, entra en los dormitorios. Evitarás los ventanales y sobre todo los grandes ventanales. Dicho sea de paso, las ventanas no son de cristal, son de vidrio. Lo mismo los vasos. No digas que alguien empezó a cantar o a vestirse si no estás dispuesto a que termine de hacerlo. En los libros la gente empieza a reírse o a llorar en la página 3 y da la impresión de seguir así hasta que se muere. Sé ahorrativo: si lo que viene al galope es un jinete, no hace falta el caballo. La inversa no se cumple. La palabra caballo viene misteriosamente sin jinete.

Podrás escribir: “Volvió a verla tres días más tarde”, pero sólo a condición de saber perfectamente (aunque no lo digas) qué le pasó a tu personaje en esos tres días, y por qué fueron tres días y no una semana o un año.

No cualquier cosa, por el mero hecho de haberte sucedido, es interesante para otro. Esto vale tanto para escribir como para conversar.

Escribir como se quiere es destreza. Escribir lo que se debe, probidad. El más grande y el peor de los escritores se parecen en una sola cosa: únicamente escriben como y lo que pueden.

Ser escritor (1997)
Abelardo Castillo

sábado, 23 de julio de 2016

Gran diccionario múltiple de citas

Jean-Léon Gérôme. Napoleón Bonaparte en El Cairo.

Napoleón Bonaparte (1769-1821) Militar y emperador francés

Antes de pensar en la injuria que hemos recibido hay que dejar pasar cuando menos una noche.
Con audacia se puede intentar todo, mas no conseguirlo todo.
De todos los hombres el soldado es el más sensible a las recompensas.
El fundamento de toda autoridad está en las ventajas obtenidas por el que obedece.
El mejor medio de cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás.
En política, un absurdo no es un obstáculo.
Hay un solo paso de lo sublime a lo ridículo.
Nos batimos más por nuestros intereses que por nuestros derechos.
Para ganar la guerra se necesitan tres cosas: dinero, dinero y dinero.
¿Queréis contar a vuestros amigos? Caed en el infortunio.

Gran diccionario múltiple de citas (1991)
Josep M. Albaigés, M. Dolors Hipólito

viernes, 22 de julio de 2016

Lisboa, 26 de septiembre de 1982

Howard Fogg. Tren.

Viaje en tren. Y aquí estoy, dándole alegría a mi espíritu y lamentando los perjuicios y las desgracias que el automóvil y el avión nos han causado. La velocidad terrestre o aérea de estos inquietantes medios de transporte de nuestra prisa y de nuestra soledad nunca me proporcionó momentos tan placenteros, tan cordiales y tan ricos como éstos de ahora. Un compartimento oscurecido por la presencia de cinco tipos sombríos y bastó que entrara aquel hombre aparentemente anodino, para que todo cambiase de color. A pesar de no conocer a nadie, se puso a hablar con todos, y en cosa de minutos aquel pequeño cubículo parecía un hogar feliz. No tardamos mucho en comer y beber totalmente confraternizados. Llevaba whisky en la bolsa de viaje, fue a comprar pasteles y refrescos, nos habló de su existencia aventurera de viajante de comercio e hizo reir hasta a los más serios. Y, mientras yo iba aportando también  mi chispita de gracia, pensaba en el milagro de que existan personas así, que rezuman humanidad por los cuatro costados. Que no se rinden a ese absurdo que es la vida. Que son felices en todas las circunstancias. Que animan los momentos más penosos con la irresponsabilidad de su entusiasmo. Que no han leído nunca, ni saben siquiera que fue escrito, el Eclesiastés.

Traducción de Eloísa Álvarez

Diario (1932-1987)
Miguel Torga

Eclesiastés

Santa Biblia.

Advertencia
 
Llamaron los griegos Eclesiastés, nombre que significa Predicador, a este libro de la Sagrada Escritura, llamado entre los hebreos Cohéleth, terminación femenina, que significa Predicadora, porque en él la divina sabiduría predica contra la vanidad y fragilidad de las cosas humanas, para que los hombres aprendan a gobernarse sabiamente mientras viven en este mundo y sepan enderezar sus pasos hacia la eterna bienaventuranza.

Capítulo III

1. Todas las cosas tienen su tiempo, y todo lo que hay debajo del cielo pasa en el término que se le ha prescrito.
2. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo que se plantó.
3. Tiempo de dar muerte y tiempo de dar vida; tiempo de derribar y tiempo de edificar.
4. Tiempo de llorar y tiempo de reir; tiempo de luto y tiempo de gala.
5. Tiempo de esparcir piedras y tiempo de recogerlas; tiempo de abrazar y tiempo de alejarse de los abrazos.
6. Tiempo de ganar y tiempo de perder; tiempo de conservar y tiempo de arrojar.
7. Tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar.
8. Tiempo de amor y tiempo de odio; tiempo de guerra y tiempo de paz.
9. Y al cabo, ¿qué fruto saca el hombre de su trabajo?
10. He visto la pena que ha dado Dios a los hijos de los hombres para su tormento.
11. Todas las cosas que hizo Dios son buenas, usadas a su tiempo; y el Señor entregó el mundo a las vanas disputas de los hombres; de suerte que ninguno de ellos puede entender perfectamente las obras que Dios crió desde el principio hasta el fin.
12. Y así he conocido que lo mejor de todo es estar alegre, y hacer buenas obras mientras vivimos.

La Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata Latina al español por Félix Torres Amat

La Biblia
Eclesiastés 

jueves, 21 de julio de 2016

Rubaiyat

Omar Kheyyam. Rubaiyat. Portada de J. Palet.

9
Por el destartalado mesón que es este mundo,
cuyas únicas puertas son la noche y el día,
¡qué de altivos sultanes fastuosos y opulentos
pasaron un instante y luego se marcharon.

208
Esfuérzate en ganar cuanto sea preciso
y necesites para comer y beber. Pero
no quieras agotar tu vida preciosísima
por todas esas cosas que sabemos superfluas.

Traducción del árabe de José Giber
Puestos en verso castellano por Diego Navarro

Rubaiyat
Omar Kheyyam

miércoles, 20 de julio de 2016

En un biombo chino

William Somerset Maugham. En un biombo chino.

El jefe mogol

Sólo Dios sabe de que misteriosa distancia procedía. Bajó a caballo por el sinuoso sendero de la alta meseta mogola con sus montañas estériles, pedregosas e inaccesibles que se extendían por todas partes como una impenetrable barrera; pasó en su caballo por delante del templo que defendía la entrada del desfiladero, hasta llegar al cauce del viejo río que venía a ser la puerta de China. Estaba encajonado por la sombra de las colinas que brillaban al sol de la mañana. El incontable tráfico de muchos siglos había formado en aquel suelo pedregoso una primitiva carretera. El ambiente era diáfano y limpio y el cielo azul. Por allí, durante todo el año, desde el alba al crepúsculo, pasaban interminables filas de camellos transportando té hasta Urga, a setecientas millas de distancia, a Siberia, y largas filas de carros tirados por plácidos bueyes y pequeños carritos en grupos de dos y tres arrastrados por robustas jacas; en dirección contraria, hacia China, otros camellos en caravana transportaban pieles para el mercado de Pekín junto con carros que formaban una larga procesión. De pronto, pasó un grupo de caballos y después un rebaño de cabras. Pero sus ojos no se fijaron en aquel variado espectáculo. Iba acompañado por sus servidores, por seis o siete de ellos, que tenían un aspecto bastante miserable, pero una feroz catadura. Formaban un grupo zarrapastroso. Él iba vestido con una chaqueta de seda negra y unos pantalones también de seda negra metidos en sus altas botas de montar, con la puntera torcida hacia arriba, y en la cabeza llevaba el alto gorro de piel de su país. Cabalgaba erguido y, un poco deante de sus servidores; al verle pasar con la cabeza alta y los ojos graves, uno se pregunta si no pensaría que en tiempos pretéritos sus antecesores habían atravesado las montañas por aquel mismo lugar, en rápidos corceles y hacia las fértiles llanuras de China donde ricas ciudades les brindaban un espléndido botín.

Traducción de José Romero de Tejada

En un biombo chino (1922)
William Somerset Maugham

lunes, 18 de julio de 2016

Las influencias

Azorín, retratado por Ignacio Zuloaga, 1941.

¿Quién podrá conocer y explicar todas las infuencias que obran sobre el escritor? Influye el escritor en el escritor; influyen las obras en las obras; influyen las cosas; influyen los mismos animales domésticos a quienes estimamos. ¿Es que la marmota que el padre Isla tenía en su celda no influía, con su reposo, con su sosiego, en el padre Isla? ¿Y es que agudizando un poco, temerariamente acaso, no podríamos ver en esas cartas familiares en que el padre Isla habla de su marmota una tranquila jovialidad, una alegría apacible, trascendida del curioso animal?
¿Y cómo influyen las cosas? Las cosas viven; las cosas nos esclavizan a veces; pero las cosas nos liberan otras de la tristeza y nos dan pábulo para la obra. Escribo estas líneas en una casa de campo; en la cantarera, enfrente de mí, sobre la losa arenisca y húmeda, se yerguen tres cántaros. Escribo en el zaguán iluminado vívidamente por el sol que entra de un cielo límpido. Los cántaros amarillentos reposan con sus líneas puras. Desde lo remoto pretérito han llegado, siempre quebradizos, siempre frágiles, renovándose de unos en otros, hasta nuestras manos. ¿Y es que tú, escritor, podrás tener esta perennidad? ¿Y es que tu obra podrá transmitirse como estos cántaros, de mano en mano, a lo largo de las generaciones? ¿Y es que tu prosa tendrá la pureza, la sencillez, la simplicidad de estas deleznables vasijas? Ello es eterno e insuperable: hagamos lo que hagamos, ni el más hábil escultor, ni un Donatello, ni un Rodin, podrían mejorar la forma prístina de estos cántaros humildes y milenarios. De una vez y para la eternidad han sido creados por manos primitivas en el arcano de los tiempos.
Suspiro. ¿Por qué suspirar? ¿Y después de todo qué importa el dejarse influir por un autor de hace tres siglos o un coetáneo nuestro? ¿Y qué me importa que ese coetáneo sea ilustre o humilde y esté lejano o próximo? El misterio del escritor no lo penetrará jamás nadie. El misterio de la obra literaria no será jamás por nadie enteramente esclarecido. Sin influencias no hay obras. Sin injertos no hay en el árbol fructuoso fecundidad.

El escritor (1942)
Azorín

Días imaginarios

Ilustración de Andreas M. Wiese.

12
Después del accidente

No sientes el silencio de la noche porque dentro de ti continúan vibrando todos los sonidos del accidente, el chirrido del frenazo, el golpe contra la barrera, el retumbar del vehículo al despeñarse. Y escuchas el murmullo de la radio, una voz ininteligible, mientras la luz cada vez más débil de los faros hace brillar la escarcha en los matorrales. Hay también otros brillos y, desde el lugar que ocupa tu cuerpo, caído fuera del coche, comprendes de repente que son los refejos de esa iluminación escasa en unos ojos. «¡Laura!», exclamas lleno de terror, incorporándote. Entonces los ves. Sobre sus uniformes reluce la fosforescencia de unos cascos que parecen enormes y extraños en la negrura. «No te preocupes por ella», dice el más alto, con voz serena, «eres tú quien debe venir con nosotros. Ella está viva».
 
Días imaginarios (2002)
José María Merino

viernes, 15 de julio de 2016

Historias extraordinarias

Roald Dahl. Historias extraordinarias.

RACHA DE SUERTE
CÓMO ME HICE ESCRITOR
Un escritor de ficciones es una persona que inventa historias.

He aquí algunas de las cualidades que debería poseer o tratar de adquirir si desea convertirse en escritor de ficción.
1
Debe tener una imaginación viva.
2
Debe ser capaz de escribir bien. Con eso quiero decir que debe ser capaz de hacer que una escena cobre vida en la mente del lector. No todo el mundo posee esta habilidad. Es un don que sencillamante se tiene o no se tiene.
3
Debe tener resistencia. Dicho de otro modo, debe ser capaz de seguir con lo que hace sin darse jamás por vencido, hora tras hora, día tras día, semana tras semana y mes tras mes.
4
Tiene que ser un perfeccionista. Eso quiere decir que nunca debe darse por satisfecho con lo que ha escrito hasta que lo haya reescrito una y otra vez, haciéndolo tan bien como le sea posible.
5
Debe poseer una gran autodisciplina. Trabaja usted a solas. Nadie le tiene empleado. Nadie le pondrá de patitas en la calle si no acude al trabajo y nadie le reñirá si hace usted el vago.
6
Es una gran ayuda tener mucho sentido del humor . Esto no es esencial cuando se escribe para adultos, pero es de vital importancia cuando se escribe para niños.
7
Debe tener cierto grado de humildad. El escritor que piense que su obra es maravillosa, lo pasará mal.

Traducción de Jordi Beltán

Historias extraordinarias
Roald Dahl

jueves, 14 de julio de 2016

Diálogo zen

Bankei Yotaku. Caligrafía zen.

89. Diálogo zen

Los maestros zen adiestran a sus discípulos jóvenes para que se expresen. Cada uno de dos templos zen tenía un niño protegido. Uno de ellos, cuando iba cada mañana a buscar verduras, se encontraba con el otro en el camino.
—¿A dónde vas? —preguntaba uno.
—Voy dondequiera que vayan mis pies —respondía el otro.
Esta respuesta dejaba perplejo al primer niño, el cual pidió ayuda a su maestro.
—Mañana por la mañana —le dijo el maestro—, cuando encuentres a ese chiquillo, hazle la misma pregunta. Cuando te dé la misma respuesta, pregúntale: «Supón que no tienes pies; ¿adónde vas entonces?». Eso le enseñará.
A la mañana siguiente los dos niños volvieron a encontrarse.
—Voy donde quiera que sople el viento —respondió el otro.
Esto volvió a desconcertar al pequeño, y fue a ver al maestro para exponerle su derrota.
—Pregúntale adónde va si no sopla el viento —le sugirió el maestro.
Al día siguiente los niños se encontraron por tercera vez.
—¿Adónde vas? —preguntó el primer niño.
—Voy al mercado a comprar verduras —replicó el otro.

Transcritos por Nyogen Senzaki y Paul Reps
Traducción de Jordi Fibla

101 cuentos zen
Nyogen Senzaki, Paul Reps

Vigilias

Octavio Paz. Primeras letras.

VIGILIAS: DIARIO DE UN SOÑADOR

Vigilias III

Cambiar y ser uno mismo siempre. Tal es el secreto de la naturaleza, el secreto del viaje y del aventurero. Pero, así como algunos no quieren cambiar, enamorados de sí mismos, otros, disgustados de su intimidad, de sus fantasmas, sólo ambicionan del viaje los cambios, no el regreso.

Vigilias IV

El hombre en su búsqueda por la verdad se guarda mucho de encontrarla: podría destruirlo.

"Ver las cosas como son" consiste, en cierto modo, en no verlas.

"Estoy vacío," lleno de mí.

El aburrimiento es una de las experiencias más profundas del hombre. Para huir de él se han inventado muchas cosas. Todo es preferible al aburrimiento, por donde puede escapar ese yo incógnito.

Primeras letras (1931-1943)
Octavio Paz

miércoles, 6 de julio de 2016

Acudo a los andenes

Fotografía de Larry Silver.

Acudo a los andenes de las viejas
estaciones y asisto al desenfreno
de los abrazos, a la húmeda
intensidad de las miradas.
Llegar, partir, no tienen más sentido
que el de la ceremonia del encuentro
o del adiós.

Echan a nadar bufando las antiguas
locomotoras y en las ventanillas
de los vagones se suceden
escenas silenciosas
cuyo principio y cuyo
final jamás conoceré.

De madrugada ya, se quedan solos
los andenes y en todos hay un banco
de madera y una luz roja al fondo.

Las edades del frío (1998)
Rafael Guillén

miércoles, 29 de junio de 2016

Las cosas y sus causas

Zhu Yiyong. Medianoche con luna.

4.16. Si uno dibuja con carboncillo el halo de la luna, el halo real adopta la forma del dibujado.
4.17. Cuando hay luchas entre los qilin, se producen los eclipses; cuando mueren las ballenas, aparecen los cometas; cuando lloran los recién nacidos, dan leche los pechos de las madres; cuando se rompen los hilos de los gusanos de seda, se parten las cuerdas de los instrumentos.
4.18. Según el libro Zhuangzi, «si en un lugar se planta sorgo por espacio de tres años, estará lleno de serpientes los siete siguientes».
4.19. Cuando uno quema artemisas que haya tenido amontonadas durante tres años, rezuman un líquido que es plomo y estaño. Esto ha sido ensayado, y es cierto que así ocurre.
4.20. Si uno calienta aceite de cáñamo hasta que deja de despedir vapor de agua y humo, entonces deja de bullir y se enfría solo y uno puede removerlo con la mano. Pero si cae en él algo de agua, se levantan unas llamas que vuelan y se desperdigan por todas partes y que no hay modo de apagar. Esto ha sido ensayado, comprobándose que así ocurre.
4.21. Por Thingzhou fluye el río Ba, un río cuyas aguas atraviesan toda vasija con que se la quiera coger, ya sea ésta de oro o de plata o de cualquier metal. Sólo con hojas de calabaza puede uno cogerla.
4.22. Cuando se deja carne de dragón en vinagre, le salen dibujos de mil colores.
4.23. Si se acumulan diez mil shi de aceite, es natural que se prendan fuego solos. A esto se debió el conocido incendio en los almacenes del emperador Wu en los años Taishi: a que tenía acumulado aceite.

Traducción de Yao Ning y Gabriel García-Noblejas

Relación de las cosas del mundo
Zhang Hua (232-300 a. de C.)

Vidas de los poetas

Ilustración de Caspar David Friedrich.

Del pillaje del tiempo sobrevive
lo que casi no cuenta,
una remota habitación cerrada,
la ciudad que es oscura
y fantasmas antiguos,
nosotros, que podemos recordar.

Vidas de los poetas (1995)
Carlos Pujol

lunes, 27 de junio de 2016

Elogio del caminar

David Le Breton. Elogio del caminar.

Umbral del camino

El caminar es una apertura al mundo. Restituye en el hombre el feliz sentimiento de su existencia. Lo sumerge en una forma activa de meditación que requiere una sensorialidad plena. A veces, uno vuelve de la caminata transformado, más inclinado a disfrutar del tiempo que someterse a la urgencia que prevalece en nuestras existencias contemporáneas. Caminar es vivir el cuerpo, provisional o indefinidamente. Recurrir al bosque, a las rutas o a los senderos, no nos exime de nuestra responsabilidad, cada vez mayor, con los desórdenes del mundo, pero nos permite recobrar el aliento, aguzar los sentidos, renovar la curiosidad. El caminar es a menudo un rodeo para reencontrarse con uno mismo.

Traducción del francés de Hugo Castignani

Elogio del caminar
David Le Breton

sábado, 25 de junio de 2016

El escritor y sus fantasmas

Ernesto Sabato. El escritor y sus fantasmas.

DEL COSMOS AL HOMBRE 

La preocupación del ser humano ha estado siempre sometida a un ritmo: del Universo al Yo, del Yo al Universo. Es curioso que siempre haya empezado por interrogar el vasto universo: mucho antes que Sócrates se preguntara sobre el bien y el mal, sobre el destino de nuestra vida y sobre la realidad de la muerte, los filósofos niños de Jonia habían buscado el secreto del Cosmos, la misión del agua y el fuego, el enigma de los astros.
Hoy, como cada vez que el ciclo platónico retorna al punto catastrófico, el hombre dirige su atención a su propio mundo interior. Y el gran tema de la literatura no es ya la aventura del hombre lanzado a la conquista del mundo externo sino la aventura del hombre que explora los abismos y cuevas de su propia alma.

UNA DE LAS PARADOJAS DE LA FICCIÓN 

Es característico de una buena novela que nos arrastre a su mundo, que nos sumerjamos en él, que nos aislemos hasta el punto de olvidar la realidad. ¡Y sin embargo es una revelación sobre esa misma realidad que nos rodea!

El AIRE DE FAMILIA

RECONOCERÍAMOS un cuadro de Gauguin o una novela de Proust aunque no estuvieran firmados, del mismo modo (y por parecidos motivos) que un conocedor sabe si realmente un vino es de Burdeos: su tono, su sabor es rigurosa consecuencia de la tierra en que se produjo, de la singular y única mezcla de sales y atributos físicos que lo peculiarizan. Y los personajes de un novelista profundo son singularmente suyos, tienen ese aire de familia a causa de que se forman, nacen y viven en esa tierra espiritual de su creador: tierra caracterizada por determinadas ideas, obsesiones y vivencias. Que son de él y únicamente de él.

El escritor y sus fantasmas (1963)
Ernesto Sabato 

jueves, 23 de junio de 2016

Diapsálmata

Soren Kierkegaard. Diapsálmata.

No hay que ser enigmático para los demás solamente; hay que serlo también para sí mismo. Yo me estudio a mí mismo: cuando me canso, enciendo un cigarro y me pongo a pensar —bien lo sabe Dios— qué se ha propuesto el Señor conmigo o qué es lo que quiere sacar de mí.

Sólo tengo un amigo: el eco. ¿Y por qué es mi amigo? Porque yo amo mi pena y él no me la quita. Yo sólo tengo un confidente: el silencio de la noche. ¿Y por qué es mi confidente? Porque se calla.

Traducción del danés de Javier Armada

Diapsálmata
Soren Kierkegaard (1813-1855)

miércoles, 22 de junio de 2016

Dichos

Rafael Cadenas, retratado por Daniel Bourdon, 2011.

Nuestra morada es impenetrable, y la habitamos.

No somos la fuente de nuestro vivir, pero por nosotros pasan las aguas.

Si lo que existe nos parece poco, ¿qué puede sosegarnos?

Digámoslo en voz baja para que la vida no lo oiga: somos personajes.

El todo es impensable.

La esfinge siempre nos cita.

Nada es nuestro.

Hablamos de la naturaleza como si estuviera fuera de nosotros.

Dichos (1992)
Rafael Cadenas

jueves, 16 de junio de 2016

Escarabajo Hércules

Escarabajo Hércules. Foto: Wikipedia.

Soy un insecto magnífico, nadie puede negarlo. Tengo un cuerpo macizo, de color gris perla espolvoreado con manchitas negras, y un cuerno impresionante, proyectado al frente como el espolón de una galera.
Poseo, además, otro segundo cuerno, aunque no sea tan grande como el primero, y un par de alas membranosas, protegidas por un caparazón quitinoso. De un extremo al otro de mi cuerpo puedo llegar a medir treinta centímetros y avanzo contoneándome sobre seis robustas patas como un barco de guerra sacudido por vientos de través.
Lo malo, señores, es que a pesar de mi terrible aspecto, soy una criatura inofensiva, que odia la violencia y que cada mañana, en el rincón más apacible del bosque, se emborracha de savia azucarada y sueña mundos mejores.
Dirán ustedes que eso no es grave y que puedo sentirme orgulloso de ser un insecto pacífico.
Yo, sin embargo, vivo con el alma pendiente de un hilo, temiendo que llegue el día en que alguien descubra que, con mis dos cuernos, ni siquiera soy capaz de partir el pétalo de una rosa.
Cuando eso ocurra, no tendré más remedio que renunciar a mi máscara y aceptar el desafío de los que hoy, al verme aparecer, huyen aterrorizados.

Bestiario (1988)
Javier Tomeo

Botánica del caos

Ana María Shua. Botánica del caos.

Por falta de pruebas

Saltos enormes, de veinte o treinta metros de largo en los que me elevo por encima de las copas de los árboles y sin embargo son solo eso, saltos: la prueba cruel de que no levanto vuelo.

El mapa del tesoro

Dos pícaros le venden a un tonto el mapa de un tesoro. El tonto cava en el lugar indicado y no encuentra nada. Los pícaros apuestan el dinero en el casino y ganan una fortuna.
La mujer del tonto lo abandona y se va con uno de los pícaros o quizás con los dos. El tonto se sienta a la puerta de su choza a lamentarse de la ruptura de los códigos tradicionales y cada vez que pasa un autor contemporáneo le tira piedras. Por suerte, además de ser tonto, tiene mala puntería.

Botánica del caos (2000)
Ana María Shua