sábado, 19 de mayo de 2018

Los buscadores de oro

Augusto Monterroso. Los buscadores de oro.

III

Al lado de todo esto, estoy convencido de que para quien en un momento dado, de pronto o gradualmente, decide que va a ser escritor, no existe diferencia alguna entre nacer en cualquier punto de Centroamérica, en Dublín, en París, en Florencia o en Buenos Aires. Venir a este mundo al lado de una mata de plátano o a la sombra de una encina puede resultar tan bueno o tan malo como hacerlo en medio de un prado, en la pampa o en la estepa, en una aldea perdida de provincia o en una gran capital. Enfrentar el mosquito anófeles del paludismo en una aislada población del trópico o los bacilos de Koch en Praga puede, es verdad, determinar el curso que seguirá su vida, acortar ésta o hacerla insoportable y melancólica, pero no impedirle concebir ideas originales y formularlas en frases brillantes o, para el caso, salvarlo de pensar tonterías y exponerlas en frases torpes. El pequeño mundo que uno encuentra al nacer es el mismo en cualquier parte en que se nazca; sólo se amplía si uno logra irse a tiempo de donde tiene que irse, físicamente o con la imaginación.

Los buscadores de oro (1993)
Augusto Monterroso

martes, 15 de mayo de 2018

A medias

Mercedes Escolano. No amarás.

Mi doble se sienta en los cafés del puerto
tranquilamente a esperar
que los barcos descarguen.
Observa con desdén los movimientos
de la grúa, su ir y venir entre fardos.
Ojea los titulares de la prensa,
le aburre el texto. Apura el café
y algunos cigarrillos con las piernas cruzadas.
Las horas pasan lentas para mi doble.
La observo desde el barco
con interés y hastío.
Tanta indolencia en una muchacha
podría albergar sospechas, si no fuera
porque atentamente vigila
todos y cada uno de mis gestos.

No amarás (2001)
Mercedes Escolano

domingo, 13 de mayo de 2018

Las semillas de los cuentos

José María Merino, retratado por Eloy Rubio Carro.

Diré también que, para mí, todo cuento es resultado de una misteriosa fecundación. La semilla, escondida entre los pliegues y recovecos de ciertos lugares reales, salta sobre la imaginación del narrador y allí se mantiene, hasta terminar germinando. La semilla puede tener cualquier apariencia y es capaz de generar una historia, sin que el espécimen resultante tenga por qué conservar ninguna de las características de la forma originaria. Seguramente hay en la imaginación del narrador una predisposición a dejar que tales semillas se depositen en ella, y sin duda la predisposición proviene de una actitud acechante. El narrador está siempre esperando —por no decir buscando— esas semillas de los relatos, que están presentes en el mundo real pero que sólo pueden germinar en los campos de la imaginación, para acabar elevando sus tallos y ramajes en esa otra realidad que es la literatura. En algunos de mis cuentos he intentado reflejar ese acecho del narrador, que no vive libremente, sino sujeto a esa pasión, o manía, de dejarse fecundar por las azarosas semillas del relato. También yo me reconozco escrutando la realidad, al atisbo de tales semillas, y creo que casi siempre he sido capaz de reconocer su naturaleza, aunque es cierto que permanecen dentro de mi imaginación, estériles y confusas, algunas formas que confundí algún día con semillas verdaderas. Quién sabe si algún día germinarán.

Prólogo a 50 cuentos y una fábula
José María Merino

sábado, 12 de mayo de 2018

Escasez de la vivienda en el Japón

Francisco Ayala. El jardín de las delicias.

Un pintoresco suceso ocurrido en Tokio pone de relieve la gravedad que en aquel país ha alcanzado el problema de la vivienda. La policía detuvo días atrás en un parque céntrico a una pareja que, al abrigo de un seto, estaba entregándose a las efusiones más íntimas. Conducidos a la comisaría los fogosos amantes, su identificación dio a conocer que los detenidos eran marido y mujer. Ante circunstancia tan insólita, quiso saber el comisario qué motivo  había impulsado a la pareja a ejercer en lugar público sus actividades genéticas en vez de reservarlas para el sagrado del domicilio conyugal; y entonces el esposo, no sin orientales circunloquios y embarazadas sonrisas, hubo de explicarle que dicho domicilio consistía en una sola habitación donde se alojaban, con el matrimonio y tres hijitos, su suegra y dos cuñadas, cuya presencia continua ofrecía más penoso impedimento a las naturales expansiones que el eventual paso de algún extraño por los arriates del parque.

El jardín de la delicias (1971)
Francisco Ayala

miércoles, 9 de mayo de 2018

Canción del este

Álvaro Mutis. Los trabajos perdidos.

A la vuelta de la esquina
un ángel invisible espera;
una vaga niebla, un espectro desvaído
te dirá algunas palabras del pasado.
Como agua de acequia, el tiempo
cava en ti su arduo trabajo
de días y semanas,
de años sin nombre ni recuerdo.
A la vuelta de la esquina
te seguirá esperando vanamente
ése que no fuiste, ése que murió
de tanto ser tú mismo lo que eres.
Ni la más leve sospecha,
ni la más leve sombra
te indica lo que pudiera haber sido
ese encuentro. Y, sin embargo,
allí estaba la clave
de tu breve dicha sobre la tierra.

Los trabajos perdidos (1965)
Álvaro Mutis

martes, 8 de mayo de 2018

La vida oculta

Soledad Puértolas. La vida oculta.

II. Afinidades

25. El escritor a solas

La vida de los escritores que admiramos, la personalidad y el carácter del autor de las novelas, siempre está envuelta en el misterio. ¿Qué pensaban de sí mismos, qué importancia concedían a su vocación, hasta qué punto se retrataron en sus personajes?
¿Cómo acceder al mundo interior de los escritores cuando, precisamente, quien escoge la novela como medio de expresión se propone, en buena medida, huir de sí mismo? Ciertamente, queda reflejado en sus personajes, pero a la vez, y por paradójico que pueda parecer, éstos son tanto más verdaderos cuanta más vida propia sean capaces de adquirir. La frase «Madame Bobary soy yo» es verdad. Todo lo verdad que pueda ser una mentira. Emma Bobary es Flaubert, o todo lo que Flaubert nunca hubiera podido ser. Los personajes no son mera prolongación de la personalidad del escritor sino, por el contrario, muchas veces se crean a partir de las negaciones y carencias del escritor, de sus necesidades y sueños, de sus ambiciones y obsesiones. El escritor se disfraza en la literatura, se oculta. Como decía Pavese «desaparece en su obra».
Y ésta es, indiscutiblemente, una de las grandes satisfacciones del escritor: desaparecer en la obra. La misteriosa naturaleza del acto de la creación parece facilitarle la tarea. El personaje creado cobra una vida que al propio autor asombra y, a través de él, de ese desconocido, el novelista sale de sí mismo y alcanza una extraña comunicación con el mundo. Pero el acto de crear, misterioso e íntimo, permanece en la oscuridad, detrás de la obra. Pertenece a la vida del escritor, no a su literatura.

La vida oculta (1993)
Soledad Puértolas

viernes, 4 de mayo de 2018

El libro de la almohada

Sei Shonagon. El libro de la almohada.

109. El mar es siempre aterrador...

El mar es siempre aterrador, aún más aterrador debe ser para esas pobres mujeres que, en busca de perlas, tienen que sumergirse en el abismo para ganarse la vida. Uno se pregunta qué les sucedería si la cuerda que ciñe su cintura se rompiera. Yo puedo imaginarme a hombres haciendo esta clase de trabajo que requiere un valor extraordinario en el caso de una mujer. Después que la mujer ha descendido, los hombres se quedan tranquilamente en los botes, entonando largas canciones, sin perder de vista la cuerda que flota en la superficie. La escena es asombrosa, porque no parece importarles nada el peligro que corre la mujer. Cuando quiere salir, la mujer tira de la cuerda y los hombres la izan fuera del agua con una rapidez que entiendo muy bien. Casi enseguida ella está aferrada al borde del bote, respirando jadeante. Esta vista es suficiente para que el espectador sienta esto como una experiencia propia. Me cuesta imaginar que alguien pueda desear este trabajo.

Nota 155. Es costumbre en el Japón que la pesca de perlas sea hecha por mujeres.

Selección y traducción de María Kodama y Jorge Luis Borges

El libro de la almohada
Sei Shonagon

martes, 1 de mayo de 2018

Dentro de ti está el secreto

Amado Nervo. Plenitud.

Busca dentro de ti la solución de todos los problemas, hasta de aquellos que 
creas más exteriores y materiales.

Dentro de ti está siempre el secreto: dentro de ti están todos los secretos.

Aún para abrirte camino en la selva virgen, aún para levantar un muro, aún para
tender un puente has de buscar antes, en ti, el secreto.

Dentro de ti hay tendidos ya todos los puentes.

Están cortadas dentro de ti las malezas y lianas que cierran los caminos.

Todas las arquitecturas ya están levantadas dentro de ti.

Pregunta al arquitecto escondido: él te dará sus fórmulas.

Antes de ir a buscar el hacha de más filo, la piqueta más dura, la pala
más resistente, entra en tu interior y pregunta...

Y sabrás lo esencial de todos los problemas y se te enseñará lo mejor de todas las 
fórmulas, y se te dará la más sólida de todas las herramientas.

Y acertarás constantemente, pues que dentro de ti llevas la luz misteriosa de todos
los secretos.

Plenitud (1918)
Amado Nervo

domingo, 29 de abril de 2018

Bampo

Jaime Siles. Pasos en la nieve.

Hay en el agua nubes
y hojas de cilantro.
Y, como en los veranos
de mi infancia,
el aire huele a hollín.

Bajo su lenta bóveda
rosas y tuyas forman
un trasparente
centro geométrico
y su color me llega,
más que en la vista,
con la respiración.

Aspiro el loto
de roja lava nívea
y sé que un día
de hace varios siglos
estaba, estuve
o estaré aquí.

Pasos en la nieve (2004)
Jaime Siles

Breviario de la aurora

Rafael Argullol. Breviario de la aurora.

NOTA PREVIA

El Breviario de la aurora, nacido con voluntad de concisión, es un texto paralelo a mi Enciclopedia del crepúsculo. Está formado por 360 voces o definiciones, organizadas alfabéticamente, en las cuales me he exigido el reto de la brevedad: ninguna de ellas podía superar las tres líneas, siendo preferible, en las más, un laconismo todavía mayor. Aunque escritas en cualquier momento del día, la gran mayoría de estas definiciones o voces surgieron neblinosamente tras el sueño (y demasiado a menudo tras el insomnio).

absoluto: El bloque de mármol antes de esculpir la figura.

alegría: Ver el mar siempre por primera vez.

alud: Inesperadamente los acontecimientos se precipitan sobre nuestras cabezas.

añoranza: El presente en manos del pasado.

arcadia: El tiempo sin tiempo.

armonía: Nuestra vida desde el punto de vista de las estrellas.

aurora: El regalo cotidiano que no hemos hecho nada por merecer.

avatar: Vivir una vida nueva cada día.

Azar: Lo que está escrito en el libro que nunca leeremos.

Breviario de la aurora (2006)
Rafael Argullol 

sábado, 28 de abril de 2018

Último brindis

Nicanor Parra. Canciones rusas.

Lo queramos o no
Sólo tenemos tres alternativas:
El ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
Porque como dice el filósofo
El ayer es ayer
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
A la rosa que ya se deshojó
No se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
Son solamente dos:
El presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
Porque es un hecho bien establecido
Que el presente no existe
Sino en la medida en que se hace pasado
Y ya pasó...,
                       como la juventud.

En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca

Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.

Canciones rusas (1967)
Nicanor Parra

Un presidente virtuoso

Juan Pedro Aparicio fotografiado en su despacho por Raquel P. Vieco. Diario de León.

EL ACUSADO por el Santo Tribunal aceptó los cargos de tener mando sobre demonios para evitar la tortura y de paso demostrar lo absurdo de las acusaciones. Señalando al presidente del tribunal dijo: «Yo ahora ordeno a mis demonios que se lo lleven al Averno». Hubo un momento de pánico en la sala que puso una gran palidez en los rostros, pero nada sucedió. «¿Ve, Vuecencia? —argumentó con una media sonrisa—. Nadie viene. Los demonios no me obedecen». El presidente del tribunal, recuperado el color del rostro, afirmó con aplomo: «No es su maldad la que aquí prevalece, sino mi virtud».

La mitad del diablo (2006)
Juan Pedro Aparicio

viernes, 27 de abril de 2018

Sobre los acantilados de mármol

Ernst Jünger. Sobre los acantilados de mármol.

I

Todos vosotros conocéis la profunda melancolía que nos sobrecoge al recordar los tiempos felices. Esos tiempos que se han alejado para no volver más y de los cuales estamos más implacablemente separados que por cualquier distancia. Y las imágenes de la vida son más seductoras todavía vistas en el reflejo que nos dejan, y pensamos en ellas como en el cuerpo de una amada difunta que reposara bajo tierra y que de pronto se nos apareciera, como un luminosos espejismo. Una y otra vez nos entregamos a nuestros sedientos ensueños y tratamos de revivir el pasado, deteniéndonos ante cada uno de sus pormenores y de sus detalles. Y cuando tal hacemos nos parece que nunca hemos sabido apurar las posibilidades de la vida y del amor, pero nuestro arrepentimiento no puede hacer emerger lo que en definitiva se ha hundido para siempre en la nada. ¡Ojalá que este sentimiento fuera una lección que pudiéramos tener presente en cada momento de felicidad!

Traducción del alemán por Tristán la Rosa

Sobre los acantilados de mármol (1939)
Ernst Jünger

Fábulas

Esopo. Fábulas.

94. El padre y las hijas

Un padre que tenía dos hijas, casó a una con un hortelano y a la otra con un alfarero. Pasado el tiempo, fue a visitar a la del hortelano y le preguntó cómo estaba y qué tal les iban las cosas. Ella respondió que todo les iba bien, pero que una sola cosa pedía a los dioses, que viniera el invierno y las lluvias para que se regaran las hortalizas. Poco después se fue a ver a la del alfarero y le preguntó cómo estaba. Ella dijo que nada le faltaba, pero que sólo pedía que durase el tiempo despejado y el sol brillante para que se secase la cerámica. El padre dijo: «Si tú me pides buen tiempo y tu hermana malo, ¿con cuál de las dos haré mis plegarias?». 
Del mismo modo, quienes a un tiempo acometen empresas diferentes, normalmente fracasan en las dos.

Traducción de Pedro Bádenas de la Peña

Fábulas
Esopo

martes, 24 de abril de 2018

Del honor y de la verdad

Arthur Schopenhauer, retratado por Karl Bauer.

Máxima 1

El honor es la opinión que tienen los demás acerca de nosotros, y en especial la opinión general de quienes saben algo de nosotros. Y más específicamente aún. es la opinión general de quienes están calificados para opinar acerca de nosotros, conocen nuestro valor en cualquier aspecto digno de consideración, aspecto que va a determinar la respectiva especie del honor. De ahí que se lo pueda denominar el representante de nuestro valor ante los pensamientos ajenos.

Máxima 8
e) El honor de la humanidad

Bajo honor de la humanidad se entiende la opinión que se formaría sobre la misma un observador imaginario situado fuera de ella, que la juzgase basándose en las acciones de los individuos que la componen. Tiene la única desventaja de que, mientras que las manchas de todo tipo de honor individual se borran con la muerte, las de la humanidad permanecen para siempre. Como tales hay que considerar la ejecución de Sócrates, la crucifixión de Cristo, el asesinato de Enrique IV, la inquisición y la trata de esclavos.

Traducción de Fabio Morales

El arte de hacerse respetar
Arthur Schopenhauer

miércoles, 18 de abril de 2018

El apicultor

Maxence Fermine. El apicultor.

Aurélien Rochefer se había hecho apicultor por afición. No es que estuviera ansioso de riquezas ni que, cosechando miel, tuviera la menor posibilidad de enriquecerse, sino que, en todas las cosas, buscaba lo que él llamaba, de forma muy singular, el oro de la vida.
Era un ser en busca de la belleza. en su opinión, la existencia sólo valía la pena vivirla por los pocos instantes de magia pura que la salpicaban..
En 1885, Aurélien cumplió veinte años y comenzó a soñar con las abejas. Tenía el proyecto de construir una docena de colmenas y hacer miel. Sabía que iba a convertirse en el único apicultor de Langlade, y la miel que vendería sería la mejor de toda la Provenza.
Y este proyecto, por insólito que fuera, bastaba para hacer de su vida un sueño.

Las abejas pueden morir de amor por una flor.

Las abejas pueden morir de amor.
Las abejas pueden.

En verdad, no se sabe nada del poder de las abejas.

Traducción del francés por R. M. Bassols

El apicultor (2000)
Maxence Fermine

sábado, 14 de abril de 2018

Lo obvio y lo obtuso

Roland Barthes. Lo obvio y lo obtuso.

Directo a los ojos

La ciencia interpreta la mirada de tres maneras (combinables); en términos de información (la mirada informa), en términos de relación (las miradas se intercambian), en términos de posesión (gracias a la mirada, toco, alcanzo, apreso, soy apresado): tres funciones: óptica, lingüística, háptica. Pero la mirada siempre busca : algo, a alguien. Es un signo inquieto: singular dinámica para un signo; su fuerza lo desborda.

Frente a mi casa, al otro lado de la calle, a la altura de mis ventanas, hay un piso aparentemente desocupado; no obstante, de vez en cuando, como en los mejores folletines policíacos o fantásticos, una presencia, una luz bien entrada la noche, un brazo que sale y cierra un visillo. Como no veo a nadie y yo soy el que miro (escruta) deduzco que no estoy siendo mirado, y dejo abiertas las cortinas. Pero quizás es al contrario: quizá yo soy que, sin cesar, soy intensamente mirado por alguien agazapado. La moraleja de este apólogo sería que, a fuerza de mirar, uno se olvida de que puede ser también  objeto de miradas, Es más: en el verbo mirar, la frontera entre voz activa y pasiva son inciertas.

Traducción de C. Fernández Medrano

Lo obvio y lo obtuso
Roland Barthes (1915-1980)

miércoles, 11 de abril de 2018

Paz en la guerra

Miguel de Unamuno. Paz en la guerra.

Era la casería una de las más antiguas de Vizcaya, de armazón de madera. Era un hermoso ejemplar de la vivienda del pastor que se hace sedentario, testigo vivo del período de transición del pastoreo al cultivo del campo. El granero y la cuadra, sobre todo ésta, la ocupaban casi por completo; resultando así una cuadra con apéndices para las personas. Había en ella algo de vegetal, como brote de la tierra misma, diríase que era una espontánea eflorescencia del suelo o un capricho geológico. Un parral cubría sus fachadas; y trepaba por sus costados, abrazándola amorosamente, la yedra verde, por entre cuya trama asomaban las reducidas ventanas. Tenía a la vez cierta fisonomía humana, como si se hubieran en ella impreso los silenciosos dolores y las oscuras alegrías de vidas ignoradas. Parecía nacida allí, a la vez condensación del ámbito rural y expansivo del hombre, del encuentro de uno y otro, rústica y vieja, hecha a las lluvias, los vientos, las nieves y las tormentas, triste y seria.

Paz en la guerra (1897)
Miguel de Unamuno

Mundolibro

Lynn Shaler. Colección privada.

Capítulo I
Libros en los estantes

Los libros pasan mucho tiempo en el estante, como quien mata el tiempo en la acera, esperando a que alguien aparezca con alguna idea para hacer algo. Los libros son como compañeros de baile, erguidos, pegados unos a otros y dependiendo del resto para asumir su estatus colectivo. Son los mártires del sábado por la noche, acaban en en el mismo lugar y a la misma hora una semana tras otra. Los libros con sobrecubierta son como la cola en la parada del autobús, la hilera de usuarios con el rostro escondido tras el periódico. Los libros son como delincuentes en la rueda de reconocimiento: todos encajan en el perfil, pero sólo uno será escogido. Los libros son un objeto de búsqueda.

Traducción de Miquel Izquierdo

Mundolibro (1999)
Henry Petroski

sábado, 7 de abril de 2018

Por el camino de Chuang Tzu

Thomas Merton. Por el camino de Chuang Tzu.

Cuando la vida era plenitud no había historia

En la era en que la vida sobre la tierra era plenitud, nadie prestaba particular atención a los hombres valiosos, ni señalaba al hombre de habilidad. Los gobernantes eran simplemente las ramas más altas del árbol, y el pueblo era como los ciervos en los bosques. Eran honestos y justos, sin darse cuenta de que estaban "cumpliendo con su deber". Se amaban los unos a los otros y no sabían que esto significaba "amar al prójimo". No engañaban a nadie y aun así no sabían que eran "hombres de fiar". Eran íntegros y no sabían que aquello era "buena fe". Vivían juntos libremente, dando y tomando, y no sabían que eran "generosos". Por esta razón sus hechos no han sido narrados. No hicieron historia.

Traducción de Antonio Resines

Por el camino de Chuang Tzu
Thomas Merton

lunes, 2 de abril de 2018

Dichos de Luder

Julio Ramón Ribeyro. Dichos de Luder.

4
Ven con nosotros le dicen sus amigos. La noche está espléndida, las calles tranquilas. Tenemos entradas `para el cine y hasta hemos reservado mesa en un restaurante.
¡Ah, no! protesta Luder. Yo sólo salgo cuando hay un grado, aunque sea mínimo, de incertidumbre.

11
Nunca he sido insultado, ni perseguido, ni agredido, ni encarcelado, ni desterrado dice Luder. Debo en consecuencia ser un miserable.

74
Al despertarte no tires nunca de la cola del sueño dice Luder. Es mejor dejar que el monstruo regrese a su madriguera.

78
Detesto dar consejos literarios dice Luder. Pero si algún joven insiste en pedírmelos le responderé como un guardia de tránsito: evitar los cruceros, tomar las avenidas.

84
Nada me impresiona más que los hombres que lloran dice Luder. Nuestra cobardía nos ha hecho considerar el llanto como cosa de mujercitas. Cuando sólo lloran los valientes: por ejemplo, los héroes de Homero.

87
Luder lanza una mirada lenta, circular y fatigada a los miles de libros que contienen los estantes de su biblioteca.
¡Cuánto ignoramos! suspira.

91
Lo encuentran paseándose abstraído en torno a la mesa de su biblioteca.
Me he dado cuenta dice Luder que nuestra vida solo consiste en dar vueltas y vueltas alrededor de unos cuantos objetos.

Dichos de Luder (1989)
Julio Ramón Ribeyro

viernes, 30 de marzo de 2018

Piedras

José Ruiz Blanco. Un extraño en el paraíso.

Dedicatoria

Hablo de piedras que siempre se han acostado al raso o que han dormido en su yacimiento y en la noche de las vetas. No interesan a la arqueología, ni al artista, ni al diamantista. Nadie hizo con ellas palacios, estatuas, joyas; ni siquiera diques, fortificaciones o tumbas. No son útiles ni famosas. Sus facetas no brillan en ninguna sortija, en ninguna diadema. No promulgan, grabadas en caracteres indelebles, las listas de victorias, las leyes del imperio. Ni hitos, ni estelas. Expuestas a la intemperie, aunque sin honores ni reverencias, sólo dan testimonio de sí mismas.

Hablo de piedras con más edad que la vida y que permanecen, en los planetas fríos, incluso después de que ésta tuviera la fortuna de eclosionar en ellos. Hablo de piedras que ni siquiera tienen que esperar la muerte y que no tienen nada más que hacer que permitir que se deslicen sobre su superficie la arena, el aguacero o la resaca, la tempestad, el tiempo.

Traducción de Daniel Gutiérrez Martínez

Piedras (1966)
Roger Caillois

miércoles, 28 de marzo de 2018

Aforismos

Georg Christoph Lichtenberg. Aforismos.

H
(1784-1788)

Me gustaría poder desacostumbrarme de todo, poder ver, oír y sentir todo de nuevo. La costumbre echa a perder nuestra filosofía.

Al que está enamorado de sí mismo, su amor le ofrece al menos la ventaja de que no llegará a tener muchos rivales.

Los reyes creen a menudo que lo que hacen sus generales y almirantes es patriotismo y celo en cosas que atañen a su propio honor. El móvil que lleva a realizar grandes hechos no es muchas veces sino una muchacha que lee el periódico.

Es muy bueno releer siempre los libros que otros han leído ya cientos de veces, pues si bien el objeto sigue siendo el mismo, el sujeto es diferente

Traducción de Juan del Solar

Aforismos
Georg Christoph Lichtenberg

lunes, 26 de marzo de 2018

Leo, luego escribo

Mónica Lavín. Leo, luego escribo.

¿Para qué sirve leer novelas y cuentos?

Una novela de ciencia ficción Farenheit 451, de Ray Bradbury, pinta una hipotética sociedad del futuro donde los libros están proscritos. Un régimen totalitario que en aras de la eficiencia controla los pensamientos y placeres de los ciudadanos. Poseer libros, esconderlos, es un delito. Un grupo de subversivos que vive en el bosque ha tenido que memorizar las grandes obras de la literatura para preservarlas. Así uno de los viejos es La guerra y la paz, otro Tom Sawyer, Ana Karenina. A su vez recitan las palabras de estos libros a los más jóvenes para que sean ellos los depositarios del legado tan finito como la vida y la memoria y su capacidad de transmitirlo. Los 451 grados Farenheit son la temperatura a la que arde el papel.
¿Entonces si los libros no sirven para nada, porqué han sido sentenciados y satanizados a lo largo de la historia? Los libros felizmente nos muestran un mundo más amplio; cargan ideas, vivencias, emociones, nos hacen pensar, sentir, disentir. La lectura como experiencia nos marca. En términos concretos —aunque no lo podamos sumar a nuestra ficha curricular— nos permiten expresarnos mejor, conocer las palabras adecuadas, construir ideas y comunicarlas. Pero sobre todo los libros nos permiten experimentar un mundo más amplio, infinitos puntos de vista, tiempos y espacios. La literatura explora la condición humana: es su materia. Leer es conocer, comprender y tolerar. Leer es codearse con la belleza.

Leo, luego escribo (2001)
Mónica Lavín

sábado, 24 de marzo de 2018

Alas

Enrique Anderson Imbert. El grimorio.

Yo ejercía entonces la medicina en Hamauaca. Una tarde me trajeron un niño descalabrado; se había caído por el precipicio de un cerro. Cuando para revisarlo le quité el poncho vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el niño pudo hablar le pregunté: —¿Por qué no volaste, m'hijo, al sentirte caer? —¿Volar? —me dijo— ¿Volar, para que la gente se ría de mí?

El grimorio (1961)
Enrique Anderson Imbert

jueves, 22 de marzo de 2018

Lo perdido

Jorge Luis Borges. El oro de los tigres.

¿Dónde estará mi vida, la que pudo
Haber sido y no fue, la venturosa
O la de triste horror, esa otra cosa
Que pudo ser la espada o el escudo
Y que no fue? ¿Dónde estará el perdido
Antepasado persa o el noruego,
Dónde el azar de no quedarme ciego,
Dónde el ancla y el mar, dónde el olvido
De ser quién soy? ¿Dónde estará la pura
Noche que al rudo labrador confía
El iletrado y laborioso día,
Según lo quiere la literatura?
Pienso también en esa compañera
Que me esperaba, y que tal vez me espera.

El oro de los tigres (1972)
Jorge Luis Borges

miércoles, 21 de marzo de 2018

Tel Quel

Paul Valéry retratado por Jos Jullien.

Cosas calladas

Un hombre echaba a suerte todas sus decisiones. No le fue mucho peor que a quienes antes se paran a reflexionar.

Conocerse no significa enmendarse.
Conocerse, subterfugio para absolverse

¡Cuántas criaturas si la mirada fecundara!
¡Cuántos difuntos si matara!
Las calles estarían repletas de cadáveres y de mujeres encinta.


Literatura

Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre: el fuego, lo húmedo, las bestias, el tiempo, y, además, su propio contenido.

Traducción de Nicanor Ancochea

Tel Quel . Cosas calladas. Moralidades. Literatura. Cuaderno B 1910.
Paul valéry

domingo, 18 de marzo de 2018

El saber del no saberse

Hugo Mujica. El saber del no saberse.

Quemar la obra

Un hombre, un imaginario hombre en Tapalqué o en Sabah, una mujer sin nombre en Lille o en Gliwice, ahora, antes o después, no pide ni difiere, lo hace: quema su obra, la que nadie leyó, la que jamás leeremos; otros lo piden y el leal amigo, la devota compañera o el esposo fiel, cumplen el legado, el del silencio de tantas y tantas páginas que terminan ardiendo, amarilleándose en cajones, apagadas en computadoras arrumbadas... Ellos sí, tal vez, redimidos por el olvido.

Polvo, cenizas, anchos desiertos de cenizas anónimas, de las que, quizá, haya nacido una y otra vez el ave Fénix de la literatura.

El saber del no saberse (2014)
Hugo Mujica

sábado, 17 de marzo de 2018

Apuntes

Elias Canetti. Apuntes 1992-1993.

1992

Nada desea tanto el viejo como impartir consejos; no tiene por qué saber lo que dice, pero lo dice.

Apuntes de una nueva vida, que no recoja nada de la anterior.

Escribir te alivia. Aunque no tengas nada que decir, te alivia escribir.
¿Sabe uno cuándo no tiene nada que decir?

Atrás han quedado los tiempos en que me apetecía leer sin parar sobre los pueblos "simples, primitivos".
¿He renunciado a ellos? ¿Los he abandonado también yo a su destino?
No, pero es aterrador que los que se han salvado sean como nosotros.

Cualquier contradicción en los demás lo alarma. Las suyas ni las nota.

Traducción de Juan José del Solar

Apuntes 1992-1993
Elias Canetti

miércoles, 14 de marzo de 2018

La vida cotidiana en Pompeya

Francesco Paolo Palizzi. Muchacha pensativa en las excavaciones de Pompeya (1865).

Capítulo I

En su carrera hacia las puertas meridionales—puerta de Estabia o puerta de Nocera—, los pompeyanos no escaparon a la implacable suerte. Sobre el foro, algunos quedaron aplastados por la caída de las columnas. En el callejón de los Esqueletos se contaron siete cuerpos: una mujer embarazada perdió mucho tiempo reuniendo sus joyas, su vajilla, su dinero y cerró con llave su casa. Retraso funesto que hubo de pagar con su vida. Detrás de ella aparecían una mujer y una muchacha de catorce años que, antes de morir, había apoyado en su brazo su cabeza recubierta con su vestido; un esclavo de talla gigante, que las acompañaba, pereció al lado de ellas.
Espectáculo que mueve a compasión el de esta ciudad del que poco a poco desaparece toda vida. Pero no conozco nada más impresionante que las actitudes de los trece muertos más recientemente descubiertos en Pompeya, en 1962, cerca de la puerta de Nocera. Tres familias se habían reunido al abrigo de un techo para resguardarse de los lapilli, luego de las cenizas mezcladas con la lluvia torrencial. Intentaron entonces una salida. Un esclavo marchaba delante, con un saco a sus espaldas, probablemente cargado de provisiones para el camino. Cayó, vencido por el peso y la fuerza del viento contra la que debía luchar. Tras él, dos niños con las manos juntas, sostenían una teja o un trozo de hierro para protegerse. Seguíalos una pareja con una niña. La mujer cayó de rodillas, apretando contra su boca un trozo de tela para intentar protegerse de los vapores mortales. El hombre de edad que cerraba la marcha cayó a su vez y trató desesperadamente de levantarse sosteniéndose apenas sobre sus dos brazos para llevar ayuda a los suyos y lanzar sobre ellos una última mirada.

La muerte cumplió brutalmente su labor, tanto en Pompeya como en la campiña circundante. El único camino verdadero de salvación era el del mar. ¿Cuántos pensaron en utilizarlo, cuántos pudieron hacerlo? El mar tendría que ser removido y sus bajos fondos escudriñados, como en la costa de Herculano. Raros debieron de ser los que partieron después de la primera explosión; en todo caso, hubieran tenido que dejar atrás Estabia y Herculano: el mensajero de Rectina es un ejemplo de ello. Ante una catástrofe de esta naturaleza, el historiador no encuentra más que destinos personales sellados por los mismos sentimientos de terror y por el mismo instinto de conservación: de buena gana se dejaría llevar de su imaginación para repetir las últimas palabras, los últimos pensamientos, los últimos gestos de cada uno. Sin ser moralista, cree muy poco en las palabras históricas, en las preocupaciones metafísicas o en las aptitudes teatrales de los últimos minutos. Porque es también una página cotidiana, tantas veces sórdida aun con su carácter impresionante, lo que descubre en Pompeya en esas horas del 24 de agosto del año 79, tan cortas para el historiador y tan largas para los que sufrieron su atroz pasión.

Traducción del francés por José Antonio Miguez

La vida cotidiana en Pompeya (1966)
Robert Etienne

El zapatero

Gianni Strino. El zapatero.

Grueso, seguramente vivo,
Con paso de señor severo,
Va por el parque, ondula
Como un barco grave. Le decimos
Algo de la piel, del color,
Del tacón, de que mañana
Recoja o devuelva los zapatos.
Atento asiente, con su gran saco
Al lado jadeante, como un niño;
Luego lo carga otra vez, paternal,
Hace señas de saberlo quizá todo,
Y respirándose el aire entero
Hacia el cielo de oro camina,
Tan verdadero y tan cabal
Que el pecho se le llena a uno
De algo como orgullo o deleite
Al saber que un emperador secreto
Se desvela por nuestros zapatos.

Con las mismas manos. Ensayo y Poesía.
Roberto Fernández Retamar

martes, 13 de marzo de 2018

Uno y el universo

Ernesto Sabato. Uno y el universo.

Infinito

Es digno de ser meditado el hecho de que, cada vez que es posible, el hombre elimina apresuradamente el infinito. Los griegos, tan amantes de lo mesurado y perfecto, trataron de descartarlo, pues les parecía irracional, impensable e imperfecto. Por desgracia, la humanidad se ha visto frecuentemente obligada a refutar a los griegos, y el fantasma rechazado por la puerta ha entrado por la ventana, acompañado de varios parientes. La matemática moderna exhibe una considerable variedad de infinitos, como si se hubieran reproducido en el éxodo, como los judíos. Desde luego, todos son inintuibles y jalonan el creciente alejamiento entre el mundo sensible y el mundo matemático. El infinitamente pequeño y el infinitamente grande marcan las fronteras de las zonas prohibidas para el ciudadano. Cuando un enamorado afirma un amor infinito, su forma de hablar debe ser denunciada como una forma filosóficamente irresponsable.


Táctica militar

Como los oficiales egipcios en Caesar and Cleopatra, el general von Kleist declaró en 1942, que el ejército ruso no había sido aún aniquilado porque los mariscales soviéticos ignoraban las reglas del arte militar.

Uno y el universo (1945)
Ernesto Sabato

sábado, 10 de marzo de 2018

El gusto literario

L. L. Schücking. El gusto literario.

VII
La aceptación pública

Toda persona que quiera estar al día y participar en las conversaciones, se ve obligada a ocuparse de las obras que han causado cierta sensación. La perogrullada que está en la base del refrán "dinero llama dinero" se puede aplicar en cierta medida al escritor de éxito. Se origina algo así como un remolino del gusto. Pero, al parecer, esto ocurre desde épocas muy remotas. Ya en el siglo XII  hubo una "sensación literaria"; la fantástica Historia Regum Brittaniae del juicioso celta Godofredo de Monmouth, que iba a inspirar todo el ciclo épico del rey Arturo. Tenemos el testimonio de un tal Arthur of Beberly, a quien tanto le preguntaron si había leído la obra que, por fin, se fastidió y consiguió el manuscrito. Confesiones como ésta, acerca de un libro leído por la coacción de una moda imperiosa, se encuentran frecuentemente en los siglos posteriores. En su célebre diario, escribe Pepys (26 de diciembre de 1622), que se ha desprendido del reciente libro de Butler, Hudibras, porque le parece demasiado ingenuo; pero seis semanas más tarde lo vuelve a comprar porque entretanto todo el mundo, esto es, el mundo cortesano que dictaba las normas del gusto, lo había declarado modelo de ingenio. Cien años después, el virtuosos Samuel Richardson se indignaba de que un libro tan frívolo e indecente como el Tristram Shandy de Laurence Sterne estuviera en boca de todo el mundo: ¿pero quién puede contra el poder de la moda? We are obliged to read every foolish book that fashion renders prevalent in conversation, dice ("Estamos obligados a leer cualquier libro estúpido que la moda convierta en tema favorito de las conversaciones").
Medio siglo más tarde, Lord Byron tuvo a su vez la suerte de hacerse tema de conversación diaria y salir, de pronto, de la oscuridad absoluta a la deslumbrante luz de lo sensacional. De casos como éste está llena la historia de la literatura. En todos ellos el factor social falsifica el efecto puramente literario. El lector sucumbe a lo que le parece la communis opinio, la cual, por decirlo así, le tapa la boca; de modo que renuncia muchas veces a su propia crítica, y ve de pronto la obra a una luz enteramente distinta. "Al libro que ha causado sensación ya no podemos, en realidad, juzgarlo" dijo Goethe el 11 de junio de 1822 al canciller von Müller.

Traducción de Margit Frenk Alatorre

El gusto literario (1931)
L. L. Schücking

viernes, 9 de marzo de 2018

Opiniones y sentencias

Federico Nietzsche. Opiniones y sentencias.

167. «Sibi scribire».—El autor razonable no escribe para otra posteridad que la suya, es decir, para su propia vejez, para poder entonces alegrarse en sí mismo.

237. El viajero se habla a sí mismo en la montaña.—Hay indicios ciertos en que reconocerás que has andado y has subido más alto; el espacio es ahora más libre en derredor, y tu vista abarca un horizonte más vasto que el que veías antes, el aire es más puro y también más dulce —pues ya no tienes la locura de confundir la dulzura y el calor— tu andar hase hecho más rápido y más firme y hanse fundido el valor y la circunspección; por todas estas razones tu camino será quizá en adelante más solitario y seguramente más peligroso que hasta ahora, pero no, ciertamente, en la medida imaginada por los que te han visto subir, a ti, viajero, desde el valle brumoso, hasta las montañas.

Traducción de Editorial Maucci

Opiniones y sentencias
Federico Nietzsche

miércoles, 7 de marzo de 2018

Génesis

H. G. Oesterheld. El eternauta y otros cuentos de ciencia ficción.

Y el hombre creó a Dios, a su imagen y semejanza.
Y hubo amor, y placer, y virtud en el mundo. Y los días fueron largos, demasiado largos.
Entonces el hombre creó al Demonio, a su imagen y semejanza.
Y hubo así amor y odio en el mundo, placer y dolor, virtud y pecado.
Y los días fueron cortos, muy cortos.
Y fue bueno vivir.

El eternauta y otros cuentos de ciencia ficción
Héctor Germán Oesterheld

martes, 6 de marzo de 2018

Voces

Antonio Porchia. Voces.

Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago, para que el universal equilibrio de que soy parte no pierda el equilibrio.

El hombre no va a ninguna parte. Todo viene al hombre, como el mañana.

Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto.

Quien perdona todo ha debido perdonarse todo.

Quien no llena su mundo de fantasmas, se queda solo.

Desde hace mil años me pregunto ¿qué haré ahora? Y aún no necesito responderme.

A veces creo que no existe todo lo que veo. Porque todo lo que veo es todo lo que vi. Y todo lo que vi no existe.

Algunas cosas me he resignado tanto a no tenerlas que ya no me resignaría a tenerlas.

Te quiero como eres, pero no me digas como eres.

Voces (1943)
Antonio Porchia

A sabiendas

José Emilio Pacheco. Como la lluvia.

Toda la noche escribe el cangrejo en la arena húmeda
el poema infinito de los mares.
Lo hace aunque sabe que al amanecer
vendrán las olas a borrar su escritura.

Como la lluvia (2009)
José Emilio Pacheco

sábado, 3 de marzo de 2018

Notas

Nicolás Gómez Dávila. Notas.

Todo libro debe tener para nosotros la faz indeterminada de un destino y toda lectura debe dejarnos más ricos o más pobres, más dichosos o más tristes, más seguros o más inciertos, pero nunca intactos. 

Humildemente acepto que me circunde un ancho silencio; pero haced, Dios mío, que las palabras pueblen mi soledad y labren en ella sus ricas mieles. 

Yo carezco de opiniones, sólo tengo breves ideas, transitorias y fugaces, más parecidas a las posadas destartaladas donde descansamos una noche que a las mansiones espléndidas, donde no sabemos bien si moramos, o si somos prisioneros de su misma magnificencia. 

Días enteros pasados sin pensar en nada, sometidos a la tiranía y al capricho del momento. ¿En qué piensan los otros? Esta interrogación me parece un problema, hasta que recuerdo la oquedad en que vago días enteros como en un largo y lento lago azul.

La inteligencia es una patria. 

Notas (1954)
Nicolás Gómez Dávila