miércoles, 17 de enero de 2018

Diario de la galera

Imre Kertész visto por Loredano.

¿Dónde se encuentra aquella extraordinaria historia sobre el lord y su criado? Preguntan al joven lord, que vive lejos del mundanal ruido, por qué no se implica en la vida. La pregunta estremece al lord: ¿qué es la vida? Pues la sociedad, los campeonatos, los amigos, casarse, fundar una familia, le responden. Vaya —contesta el lord—, si la vida es eso, mi criado se ocupa de ella.

El factor desconocido más horripilante: yo mismo.

Tengo deberes y tareas. Entre mis tareas está el tener deberes.

Chernóbil: aquí está la muerte, no pierdas el tiempo en menudencias.

Traducción de Adan Kovacsics

Diario de la galera
Imre Kertész

martes, 16 de enero de 2018

Los cuatro libros clásicos

Confucio. Los cuatro libros clásicos.

Capítulo III

1. En el Libro de las Canciones se lee:

Al pueblo le agrada situar su morada
no más lejos de mil li del palacio imperial.

2. Se lee también en el Libro de las Canciones:

El mien-man, pájaro amarillo de melancólico cantar,
estable su morada en la frondosa profundidad de los bosques.

El Maestro (Confucio o Kung-tsé) comentaba así estos versos:
Este pájaro, estableciendo allí su morada, demuestra que conoce cuál es su propio destino. El hombre, el más inteligente de todos los seres, ¿será más ignorante que este pájaro?

Traducción de Oriol Fina Sanglas

Los cuatro Libros Clásicos
Confucio (551-479 a. C.)

lunes, 15 de enero de 2018

Sentencias Vaticanas

Agostino Scilla. Retrato de Epicuro.

19. Quien un día se olvida de lo bien que lo ha pasado se ha hecho viejo ese mismo día.

52. La amistad recorre el mundo entero proclamando a todos nosotros que despertemos ya a la felicidad.

59. Lo insaciable no es la panza, como el vulgo afirma, sino la falsa creencia de que la panza necesita hartura infinita.

65. Es estúpido pedir a los dioses las cosas que uno no es capaz de procurarse a sí mismo.

68. Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.

71. Ante cualquier deseo debemos formularnos la siguiente cuestión: ¿qué me sucederá si se cumple el objeto de mi deseo, y qué si no se cumple?

Traducción de José Vara

Obras completas
Epicuro (341-270 a. C)

domingo, 14 de enero de 2018

El diccionario del diablo

Ambrose Bierce. El diccionario del diablo.

Idiota, s. Miembro de una tribu grande y poderosa cuya influencia en los asuntos humanos siempre ha sido inmensa y prominente. La actividad del idiota no se restringe a un campo específico del pensamiento o la acción sino que «impregna y regula la totalidad». Tiene la última palabra en todo; su decisión es inapelable. Impone las modas en el gusto y la opinión; dicta los límites de lo que se puede decir y circunscribe las conductas con un tope infranqueable.

Idólatra, s. Que profesa una religión en la que nosotros no creemos, con un simbolismo distinto. Persona para la que importa más una imagen en un pedestal que en una moneda.

Ignorante, s. Persona que no está familiarizada con ciertos tipos de conocimiento que usted sí posee, pero que posee otros de los que usted no tiene la menor idea.

Traducción de Vicente Campos González

El diccionario del diablo (1911)
Ambrose Bierce

miércoles, 10 de enero de 2018

Epigramas

Carlos Díaz Dufoo Hijo. Epigramas.

Cuando se convenció de que había tocado un puerto seguro, al abrigo de los vientos de la fortuna, pidió prestada una teoría social, moderada y rotunda, y compró un respetable sistema religioso que resolvía, sin sobresaltos, todos los problemas.

Acomodarse es, a un tiempo, triunfar y perecer.

Epitafio

Extranjero, yo no tuve un nombre glorioso. Mis abuelos no combatieron en Troya. Quizá en los demos rústicos del Ática, durante los festivales dionisiacos, vendieron a los viñadores lámparas de pico corto, negras y brillantes, y pintados con las heces del vino siguieron alegres la procesión de Eleuterio, hijo de Semele. Mi voz no resonó en la asamblea para señalar los destinos de la república, ni en los symposia para crear mundos nuevos y sutiles. Mis acciones fueron oscuras y mis palabras insignificantes. Imítame, huye de Mnemosina, enemiga de los hombres, y mientras la hoja cae vivirás la vida de los dioses.

Epigramas (1927)
Carlos Díaz Dufoo Hijo 

domingo, 7 de enero de 2018

Rubaiyat

Omar Kheyyam. Rubaiyat.

78
Goza con la bebida, los perfumes, la música,
los mancebos esbeltos cual cipreses; y goza
también de las mujeres. Aunque fueras la fuente
del Zem-Zem, el destino te llevará a la Nada.

78 ...la fuente — del Zem-zem: nombre que se dio al manantial que Dios hizo brotar en el desierto para que mitigasen su sed la esclava Agar y su hijo Ismael, abandonados en él por el patriarca hebreo Abraham. En el edén musulmán, las almas escogidas beben en una fuente del mismo nombre, cuyas aguas dan la vida eterna.

Traducción del árabe y notas de José Giber
Puestos en verso castellano por Diego Navarro

Rubaiyat
Omar Kheyyam

Canción de los arqueros de Shu

Ezra Pound. Cathay.

Henos aquí, arrancando los primeros brotes de los helechos
y diciéndonos: ¿Cuándo volveremos a la patria?
Henos aquí porque el Ken-nin es nuestro enemigo,
no tenemos reposo con estos mongoles.
Acabamos con los tiernos brotes de los helechos
y cuando alguien menciona el retorno, los demás se llenan de tristeza.
Pesadumbre, tristeza infinita, estamos hambrientos y sedientos.
Nuestras defensas son muy débiles, nadie permitiría el regreso del amigo.
Codiciamos los viejos tallos de los helechos.
Nos preguntamos: ¿Volveremos en Octubre?
Son muy arduos los asuntos reales, no tenemos sosiego.
Es amarga nuestra pena pero no querríamos regresar a la patria.
¿Qué flor ha reventado sus capullos?
¿De quién esta carroza? Del General.
Hasta sus caballos están fatigados. Eran robustos.
No tenemos descanso, tres batallas por mes.
Oh dioses, sus caballos están fatigados.
Los generales los cabalgan y los soldados van tras ellos.
Los caballos están adiestrados, los generales ostentan flechas de marfil y aljabas
ornadas con piel de pescado.
Raudo es el enemigo, debemos ser precavidos.
Cuando partimos los sauces estaban grávidos de primavera.
Regresamos en la nieve,
marchamos lentamente, hambrientos y sedientos,
apesadumbrados, ¿quién sabrá de nuestra pena?

Traducción de Ricardo Silva-Santisteban

Cathay (1915)
Ezra Pound

miércoles, 3 de enero de 2018

Novela de ajedrez

Mikica Mitrovic. Los jugadores de ajedrez.

Al cabo de tres días empezó a fastidiarme realmente que sus tácticas de evasión fuesen más hábiles que mi voluntad de abordarlo. Nunca en mi vida había tenido la oportunidad de conocer personalmente a un campeón de ajedrez, y ahora, cuanto más me esforzaba por plasmar tal tipo de personaje, más inverosímil se me antojaba una actividad mental que durante una vida entera no hiciera otra cosa que girar en torno a un espacio de sesenta y cuatro casillas blancas y negras. Conocía desde luego, por propia experiencia, el misterioso poder de atracción del «juego de reyes», de ese juego entre los juegos, el único entre los ideados por el hombre que escapa soberanamente a cualquier tiranía del azar, y otorga los laureles de la victoria exclusivamente al espíritu, o mejor aún, a una forma muy característica de agudeza mental. ¿Pero no es ya el solo hecho de tildarlo de juego una degradación insultante? ¿No es acaso también una ciencia, un arte que gravita entre estas diferentes categorías como entre el cielo y la tierra el ataúd de Mahoma? ¿No es por azar un vínculo único entre todos los pares de contrarios; antiquísimo y sin embargo siempre nuevo; mecánico en su disposición y sin embargo eficaz tan sólo por obra de la fantasía; limitado a un espacio rígidamente geométrico y a un tiempo ilimitado en sus combinaciones; en perpetuo desarrollo y sin embargo estéril: un pensamiento que no lleva a nada, una matemática que nada calcula, un arte sin obras, una arquitectura sin sustancia, y aún así más manifiestamente perenne en su esencia y existencia que todos los libros y obras de arte, el único juego que pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas y del que nadie sabe qué dios lo legó a la tierra para matar el hastío, aguzar los sentidos y estimular el espíritu. ¿Dónde empieza, dónde acaba?

Traducción de Manuel Lobo

Novela de ajedrez (1941)
Stefan Zweig

domingo, 31 de diciembre de 2017

Horizontes perdidos

James Hilton. Horizontes perdidos.

Capítulo V

Una sección que le interesó singularmente, estaba dedicada a Tibetiana, si se me permite la expresión, descubriendo entre aquellos libros algunos notabilísimos, como por ejemplo, el Novo descubrimento do grao catayo ou dos regos de Tibet, de Antonio de Andrada (Lisboa, 1626); La China, de Atanasius Kircher (Amberes, 1667); Voyage a la Chine des péres Grueber et D'Orville, de Thevenet; y Relazione inedita di un viaggio al Tibet, de Beligatti.
Examinaba atentamente este último, cuando observó los ojos de Chang fijos en él con suave curiosidad.
—¿Es usted literato, tal vez? —preguntó.
Conway no supo qué responder. Su período de estudios en Oxford le prepararon para responder afirmativamente, pero sabía que aquella palabra, aunque le habría atraído la consideración del chino, no habría sonado más que como una petulancia de su parte a los oídos de sus compañeros.
Respondió pues:
—Me gusta mucho leer, desde luego, pero el ejercicio de mi profesión no me ha permitido, durante estos últimos años, dedicarme por entero a mis aficiones literarias.
—¿Y le gustaría satisfacerlas?
—No sé qué responderle... Desde luego, sí que me gustaría...
Mallinson, que acababa de coger un libro, le interrumpió, diciendo:
—Aquí tiene algo para empezar su vida de estudios, Conway. Un mapa de esta región.
—Poseemos una colección de varios cientos de ellos —dijo el chino—. Están a su entera disposición, pero creo conveniente advertirles algo que les evitará un sinnúmero de molestias, aunque sé que los desilusionará... No encontrará Shangri-La en ninguno de ellos.
—Es curioso —respondió Conway—. ¿Y a qué se debe esa omisión?
—Hay excelentes razones para ello; pero lamento no poder decírselas. 
Conway sonrió, pero Mallinson dirigió a Chang una mirada rencorosa.
—Más misterios —dijo con acento airado—, y hasta ahora no hemos visto nada que valga la pena de ocultar.
De pronto, la señorita Brinklow se recobró de su estupor mudo.
—¿No nos va a enseñar a los lamas en su trabajos? —inquirió en un tono que habría atemorizado a más de un londinense.
Indudablemente, tenía la imaginación saturada de confusas visiones de artesanía indígena..., alfombras ondulantes en que hacían sus rezos, o cualquier otra cosa pintorescamente primitiva de las que pudiera hablar cuando volviese a casa.
Poseía un arte especial para no dejarse sorprender por nada, adoptando al mismo tiempo una actitud despótica cada vez que se dignaba dirigir la palabra al oriental.
Pero notóse en sus ojos una expresión de indignación cuando Chang le respondió:
—Lamento tener que decirle que es imposible, señora. Los lamas no salen nunca, o, mejor dicho, sólo en raras ocasiones, de sus celdas.
—Tendremos que pasarnos sin ellos —declaró Barnard—. ¡Qué lástima...! No puede usted figurarse lo que habría dado por estrechar la mano de su padre prior.
Chang acogió la declaración con benigna seriedad.
La señorita Brinklow, empero, no se amilanó por el poco éxito de su primera pregunta y prosiguió:
—¿Qué es lo que hacen los lamas?
—Se dedican, señora, a la contemplación y a la adquisición de sabiduría.
—Pero eso es no hacer nada.
—Pues entonces, señora, no hacen nada.

Traducción de H. C. Granch

Horizontes perdidos (1933)
James Hilton

sábado, 30 de diciembre de 2017

Cultura genuina

Bertrand Russell retratado por Roger Fry en 1923.

La cultura genuina consiste en ser ciudadano del universo, no solo de uno o dos fragmentos arbitrarios de espacio y tiempo; ayuda a los hombres a comprender la sociedad humana en general, a estimar precisamente los fines que las comunidades deben perseguir, y a ver el presente en su relación con el pasado y el futuro. La cultura genuina es, por lo tanto, de gran valor, a los que van a gobernar, para los cuales es, al menos, tan útil como una información detallada. El modo de hacer útiles a los hombres es hacerles sabios y una parte esencial de la sabiduría es una mente amplia.

Traducción de Josefina Martínez Alinari

Diccionario del hombre contemporáneo
Bertrand Russell (1872-1970)

viernes, 29 de diciembre de 2017

El viaje

Ilustración de Fernando Sáenz Pedrosa.

Alguna noche, cuando el tren paraba
en un dormido pueblo cuyo nombre
se ignora, y una ráfaga
de viento helado con sabor a humo
remontaba el cristal a medias abatido,
sentí ignorar de pronto
desde dónde partí y a dónde iba.
Solamente una luz triste, un ladrido
lejano, algunas casas
oscuras, eran mundo: mi lugar de estar solo.
Inútilmente quise
reconstruir el día anterior (faltaban
todos los datos, toda la documentación). Inútilmente
quise ver mi destino en el billete
(un cartón sin palabras), con antiguas monedas
pagado (encontré algunas tan gastadas del uso
que era imposible averiguar la fecha
y el país). Mi país era aquel pueblo,
mi tierra muerta y sola de ayer y de mañana.
Llegaría la aurora,
y en un pobre local enjuagaría vasos
alguien con sueño aún. El tren estaba quieto
para siempre, cuadradas
las ruedas, frío el centro de la fuerza que tuvo
hasta allí; si es que no era
otra casa de adobe de aquel pueblo
triste.
De pronto, fuera
algo retrocedió, sonaba un grito
de hierro, y había árboles (apenas sensitivos)
que quedaban atrás, o duras piedras
fugándose. Y un serio funcionario
entró donde yo estaba, exigiendo la prueba
de mi conformidad con el viaje.
Le dije: ¿A dónde vamos? ¿Y de dónde venimos?
No quiso responderme.

Glosa (1982)
Alfonso Canales

jueves, 28 de diciembre de 2017

La letra e

Augusto Monterroso. La letra e.

Postergaciones
El verdadero escritor no deja nunca de escribir; cuando deja de hacerlo dice que lo pospone. En estas posposiciones puede pasársele la vida.

Historia fantástica
Contar la historia del día en que el fin del mundo se suspendió por mal tiempo.

Exposición al ambiente
No te muestres mucho ni permitas demasiadas familiaridades: de tanto conocerte la gente termina por no saber quién eres.

Transparencias
—En todo lo que escribo oculto más de lo que revelo.
—Eso crees.

La letra e (1987)
Augusto Monterroso

domingo, 24 de diciembre de 2017

Nadie es profeta en su tierra

José María Iribarren. El porqué de los dichos.

Dicho que hace referencia a la dificultad de que alguien triunfe en su lugar de nacimiento o residencia.
Es sentencia que dijo Jesucristo, estando explicando la ley en la sinagoga de Nazaret, pueblo de Galilea, en el que se había criado, al ver que sus compatriotas, lejos de aprovecharse de la ocasión que el Señor les ofrecía, le despreciaban, ya por creerle hijo de un pobre artesano, ya porque no había hecho sino muy pocos milagros en Nazaret, cuya ingratitud conocía.
Así aparece en el Evangelio de San Mateo (13, 57) y en el de San Juan (4, 44).
Es probable que Cristo hubiese utilizado un proverbio hebreo antiguo.
San Juan, en el pasaje citado, dice que «el mismo Jesús dio prueba de que el profeta en su tierra no tiene honra», es decir, que no es comprendido ni ensalzado por sus paisanos.
El dicho se repite hoy en francés y en inglés: Nul n'est prophéte dans son pays. A prophet is not without honour save in his own country, frase esta última que es copia textual de las palabras de San Mateo.
Los árabes dicen: El sabio es en su patria como el oro oculto en la mina.

El porqué de los dichos (1955)
José María Iribarren (1906-1971)

sábado, 23 de diciembre de 2017

Las muchedumbres

Charles Baudelaire. Pequeños poemas en prosa.

No todos pueden tomar un baño de multitud. Gozar de la muchedumbre es un arte, y aquélla sólo puede ofrecer, a expensas del género humano, una francachela de vitalidad, al que un hada le haya imbuído en la cuna la afición al disfraz y a la máscara, el odio al domicilio y la pasión del viaje. Multitud, soledad: términos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. Quien no acierte a poblar su soledad no sabrá tampoco permanecer a solas en medio de afanada muchedumbre.
El poeta goza de este incomparable privilegio, y puede, a su manera, ser él mismo y otro. Como esas almas errantes que buscan un cuerpo, el poeta se infiltra, cuando quiere, en esta o la otra persona.
Sólo para él está todo vacante. Y si algunos sitios le están, al parecer, vedados, es que, a sus ojos, no valen la pena de que los visite.
El solitario y meditabundo paseante experimenta una extraña embriaguez con esta universal comunión. El que fácilmente se desposa con la muchedumbre, conoce febriles placeres que le estarán eternamente prohibidos al egoísta, cerrado como un cofre, y al perezoso, oculto como un molusco. Adopta como suyas todas las profesiones, todas las alegrías y todas las miserias que las circunstancias le ofrecen.
Eso que los hombres llaman amar es cosa muy pequeña, restringida y endeble por demás, si se compara a esta inefable orgía, a esta sagrada prostitución del alma, que por completo se entrega —poesía y caridad— a lo imprevisto que surge, a lo desconocido que pasa.
Es bueno, algunas veces, enseñar a los dichosos de este mundo —siquiera sea para humillar un momento su necio orgullo— que existen placeres más amplios y refinados, placeres superiores a los suyos.
Los fundadores de colonias, los pastores de pueblos, los padres misioneros desterrados en los confines del mundo, conocen, sin duda y en parte, estas misteriosas embriagueces, y en el seno de la amplia familia que se han forjado con su genio, deben reír, tal cual vez, de aquellos que les compadecen por la recia agitación de su destino y la excesiva castidad de su existencia,

Traducción de Compañía Ibero-Americana de Publicaciones

Pequeños poemas en prosa
Charles Baudelaire

viernes, 22 de diciembre de 2017

El pozo sin fondo

G. K. Chesterton. El hombre que sabía demasiado.

—Temo no estar muy versado en leyendas árabes —dijo Boyle algo picado.
—Es una lástima —repuso Fisher —, especialmente desde el punto de vista de usted. El mismo Lord Hastings es una leyenda árabe. Tal vez sea esto lo verdaderamente importante en él. Si su reputación se desvaneciera, esto nos debilitaría en toda el Asia y el África. Bien; la historia acerca de este agujero en el suelo, que llega hasta nadie sabe dónde, siempre me ha fascinado un poco. Es mahometana por la forma; pero no me extrañaría que fuese más antigua que Mahoma. Se refiere a un sultán llamado Aladino; no nuestro amigo de la lámpara, por supuesto, pero un poco parecido a él en lo de tener que ver con genios y gigantes y cosas por el estilo. Dicen que ordenó a los gigantes que le construyeran una especie de pagoda que se elevara y se elevara por encima de las estrellas. Lo más alto posible, como decía la gente que construía la torre de Babel. Pero los que erigieron la torre de Babel eran gente modesta y casera, una especie de ratoncillos, si se les compara con el viejo Aladino. Sólo querían una torre que llegara al cielo, una pura bagatela. Él quería una torre que pasara del cielo, que se elevara por encima de él y continuara creciendo siempre. Y Alá le abatió con un rayo, que penetró en la tierra, abriendo un agujero cada vez más profundo, hasta que hizo un pozo que no tiene, como la torre no debía tener, remate. Y, por aquella torre invertida de tinieblas, el alma del orgullosos sultán está cayendo sin cesar.

Traducción de R. Berenguer

El hombre que sabía demasiado (1922)
G. K. Chesterton

jueves, 21 de diciembre de 2017

Un caso común

Santiago Sylvester. Escenarios.

Qué puedo decir de este hombre que ocupa mi lugar,
conquista los litorales
o me expulsa hacia ellos
mientras despliega un esplendor ficticio.

Escribe un poema completamente falso,
opina sin meditación
sobre cosas que ignora,
desea a una mujer que yo no amo
y se asoma a la ventana con esta ansiedad inaceptable
que yo quisiera esconder en un cajón.

Ninguno cree en el otro;
sin embargo, unidos por el cigarrillo,
por la misma camisa
y una forma común de estar en desacuerdo,
entramos juntos a la escena
y corremos los dos contra reloj.

Escenarios (1993)
Santiago Sylvester

lunes, 18 de diciembre de 2017

Piedras

Roger Caillois. Piedras.

Mitología

Piedras de China

En el fondo del valle del río I Ngan se alzan algunas piedras que recuerdan por su forma a las piedras que sobrevuelan las montañas. La gente del lugar las reacomoda ligeramente y las coloca en la entrada de los templos. Son naturalmente notables, extraordinarias.

La piedra yng che se yergue elegante y bella en los escarpes de la montaña Ling-nan, a pesar de no haber sufrido la acción del cincel o del dolobre. Tiene un sonido metálico. Se emplea como ornamento. Esta piedra es una maravilla. Grande. es rara. 

Al oeste de la prefectura de K'i, a setenta li del distrito de Long, existe una gruta llamada la caverna de los dragones o de los peces. Allí se encuentra una piedra que a veces es grande, otras veces pequeña. Si alguien la rompe y examina su interior, percibe las figuras de dragones y de peces.
Quienes pasan ante la caverna evitan hablar de ella. Escuchan ruidos lejanos de truenos y de huracanes. Se detienen, presas del terror. No todo el mundo escucha estos ruidos.

En la Isla del Medio existe una piedra que tiene hijos. En pleno ciclo Wen lou, un hombre recogió la piedra, que por aquel entonces era pequeña. La dejó en una esquina. Al cabo de ochenta años había crecido mucho y había dado a luz a un millar de piedras pequeñas: su descendencia.

Traducción de Daniel Gutiérrez Martínez

Piedras (1966)
Roger Caillois

domingo, 17 de diciembre de 2017

El arte de tirar

Antonio Capel. El desván.

Las cosas que debéis tirar en primer lugar –por lo general, las más fáciles– son las que no usáis. Seleccionadlas, elegid de entre ellas las que sois claramente capaces de tirar y hacedlo sin vacilar.
Se sigue conservando una cosa, aunque de hecho no se use, porque se cree que un día u otro se presentará la ocasión de utilizarla, ¿no es cierto? Lógicamente, entre diez o veinte objetos, es posible que tarde o temprano os entren ganas de usar uno de ellos. Tenéis dos opciones: seguir conservando los veinte, en nombre de ese único objeto que tal vez decidáis usar una única vez en el transcurso de varios años; o tirarlos todos y cuando se presente esa única vez en que os haga falta el objeto en cuestión, volver a comprarlo o pedirlo prestado. ¿Cuál de esas dos opciones os parece una aptitud más racional?
Empeñarse en conservar las cosas solo porque «algún día pueden resultar útiles», aumenta el ruido de fondo de la mente y no os aporta más que desorden e inquietud. No vale la pena correr el riesgo de apegarse a un objeto durante diez años por la posibilidad remota de poder usarlo otros diez años después.
Tiradlo. Y si diez años más tarde lo necesitáis de verdad, volver a comprarlo será mucho menos dañino para vuestra salud mental.

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari (2009)
Ryunosuke Koike

sábado, 16 de diciembre de 2017

Testamento literario

Johannes Rosierse. Muchacha.

La vocación

La poesía es una hermosa que sólo se entrega a los discretos. Aquello que se escribe para sí mismo suele ser lo mejor. Un joven poeta francés del siglo pasado, llamado Mauricio Guerin, nacido y criado en una aldea, corrió a París con ansias de gloria, escribió poemas, contrajo amistades famosas, frecuentó los círculos literarios. Su hermana Eugenia permaneció en su rincón campestre y sin pretensión alguna apuntó con lápiz en un cuaderno los menudos acontecimientos del día, un paseo por el campo, la visita del párroco, la merienda de unos niños, la muerte de un pájaro; vertió en aquellas hojas secretas las emociones de su alma inocente. Los versos del poeta hace ya largo tiempo que yacen enterrados, si es que alguna vez han vivido. El diario de la humilde lugareña, reimpreso muchas veces, traducido a todos los idiomas, corre todavía por el mundo leído y admirado.

Testamento literario (1929)
Armando Palacio Valdés

viernes, 15 de diciembre de 2017

Estar al loro

José Luis García Remiro. Estar al loro.

El chocolate del loro

«Eso es suprimir el chocolate del loro», decimos para referirnos a cosas de poco valor o importancia, cuyo ahorro apenas influye en la marcha de una economía, cuando, para solucionar una situación ruinosa, se decide ahorrar una partida cuyo gasto es mínimo. Se cuenta, como origen de esta expresión, de un matrimonio de burgueses en decadencia, cuyos ingresos ya no alcanzaban a cubrir los lujos que se habían impuesto en ese «quiero y no puedo» para mantener su estatus, que después de largas deliberaciones sobre qué gastos deberían suprimir para no terminar arruinándose, decidieron suprimir... el chocolate del loro.

Tirar de la manta

Con esta frase se amenaza con descubrir cosas que pueden perjudicar a más de uno. Para rastrear su origen, no hace falta recurrir a personajes ilustres que la hayan utilizado. Se trata simplemente de una elemental metáfora formada sobre el hecho de que, entre gente pobre que tiene cosas que ocultar, si uno tira de la manta hacia un lado de la cama, el otro queda al descubierto con todas sus miserias.

Estar al loro (2005)
José Luis García Remiro

jueves, 7 de diciembre de 2017

Felicidad natural

Thomas Benton. Trigal.

Es bueno para el cuerpo contemplar los trigales
verdes esta mañana de principio de mayo.
Es bueno para el cuerpo imaginar
que esta alta pradera, tan sometida al viento
que parece estar hecha sólo del mismo viento,
no terminara nunca en una suma
de áridas aristas.
Es bueno para el cuerpo que el único sonido
sea
el rumor de la lluvia sobre el techo del coche.
Es bueno para el cuerpo detenerse.
Y salir.
En un punto indeterminado de esta península, la más occidental de Europa,
recuerdo la liturgia de la Iglesia de Oriente,
que en el momento de la comunión
se limita a decir:
lo bueno,
para los buenos.

Eros es más (2007)
Juan Antonio González-Iglesias

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Te tuve

Ángel González. Áspero mundo.

Te tuve
cuando eras
dulce,
acariciado mundo.
Realidad casi nube,
¡cómo te me volaste de los brazos!
Ahora te siento nuevamente.
No por tu luz, sino por tu corteza,
percibo tu inequívoca
presencia,
... agrios perfiles, duros meridianos,
¡áspero mundo para mis dos manos!

Áspero mundo (1956)
Ángel González

martes, 5 de diciembre de 2017

Fahrenheit 451

Ray Bradbury. Fahrenheit 451.

3. Fuego brillante
—¿Cuántos son ustedes? 
—Miles en los caminos, las vías de ferrocarril abandonadas. Vagabundos por fuera, bibliotecas por dentro. No lo planeamos en un principio. Siempre había alguien que quería recordar un libro, y así lo hacía. Luego, después de veinte años, nos encontramos, fuimos de un lado a otro, unimos los hilos sueltos, e ideamos un plan. No debíamos olvidar lo más importante: no éramos importantes. Debíamos evitar toda pedantería. No debíamos sentirnos superiores a nadie en el mundo. No éramos más que cubiertas protectoras de libros; ése era nuestro único significado. Algunos de nosotros viven en pueblos. El capítulo primero de Walden de Thoreau en Green River; el capítulo segundo en Willow Farm, Maine. Hasta hay una aldea en Maryland, de veintisiete habitantes, que es los ensayos completos de un hombre llamado Bertrand Russell. Ninguna bomba tocará esa aldea. Uno puede, casi, tomarla en la mano, y pasar las páginas, tantas páginas por persona. Y cuando la guerra termine, algún día, algún año, podrán escribirse los libros otra vez; se llamará a la gente, una a una para que recite lo que sabe, y los guardaremos impresos hasta que llegue otra Edad de las Tinieblas, y tengamos que rehacer enteramente nuestra obra. Pero eso es lo maravilloso en el hombre; nunca se descorazona o disgusta tanto como para no empezar de nuevo. Sabe muy bien que su obra es importante y valiosa.

Traducción de Francisco Abelenda

Fahrenheit 451 (1953)
Ray Bradbury

lunes, 4 de diciembre de 2017

Aforismos

Georg Christoph Lichtenberg. Aforismos.

K
(1793-1796)

Me he creado una pequeña Siberia para mis súbditos rebeldes.

Las prerrogativas de la belleza son de naturaleza totalmente distinta de las de la felicidad. Para gozar de las ventajas de la belleza en el mundo es preciso que otras personas lo crean a uno bello; en el caso de la felicidad, esto  no es en absoluto necesario, basta simplemente con que uno mismo lo crea.

El hombre ama la compañía, aunque sólo sea de una velita encendida.

La gente que nunca tiene tiempo es la que menos cosas hace.

Traducción de Juan del Solar

Aforismos
Georg Christoph Lichtenberg

jueves, 30 de noviembre de 2017

La mujer desnuda

Ilustración de Vladimir Laphsin.

18. La espalda

Si dar la espalda es grosero porque se ignora deliberadamente a un acompañante, tensarla es amenazador, porque sugiere una preparación corporal para la acción violenta. Por esta razón, a los militares se los entrena especialmente para tensar la espalda, de modo que, incluso estando relajados y cómodos, parezcan un poco más agresivos que el ciudadano medio. Tensar la espalda tiene también el efecto de incrementar ligeramente la altura global del cuerpo, un cambio que contribuye a una exhibición de dominio. El hundimiento de la espalda, lo que sucede con la depresión, transmite señales de pérdida de dominio, agachando el cuerpo ligeramente; es casi como si uno estuviera inclinando la cabeza en señal de sumisión.
Los gestos en los que se lleva a cabo una toma de contacto con la propia espalda son diversos. El más simple es el que consiste en permanecer de pie o caminar con «los brazos detrás de la espalda». Esto suele hacerse con los nudillos de una mano agarrados por la palma de la otra y es una postura adoptada en general por los individuos de alto estatus, especialmente la realeza y los líderes políticos en ocasiones oficiales, por ejemplo cuando están visitando exposiciones especialmente preparadas para ellos. La postura es de extremo dominio y es la contraria a la del «cruce de brazos» nervioso en el que los brazos se mantienen cruzados por delante del cuerpo como una especie de barrera de seguridad. La postura de manos detrás de la espalda dice que la persona está tan segura de su dominio que no tiene necesidad ni siquiera de la mínima protección frontal. Los profesores adoptan también esta postura cuando caminan por su escuela, demostrando así su dominio de ese territorio en particular.
Otras ocasiones en las que se toma contacto con la espalda son aquellas en la que ésta se utiliza para ocultar ademanes, como cuando una niña se lleva la mano a la espalda para cruzar los dedos cuando dice una mentira.

Traducción de Miguel Hernández Sola y Virginia Villalón

La mujer desnuda (2004)
Desmond Morris

miércoles, 29 de noviembre de 2017

El acto de leer

Ludwig Gloss. El sabio en su despacho.

Es, pues, la lectura —al menos cuando logra su pleno acabamiento— un silencioso coloquio del lector con el autor de lo leído. Éste da figura a una parte de lo que su espíritu contiene, idea, sentimiento, recuerdo o invención; y el lector llega a serlo plenamente cuando, puesto en contacto sensorial con lo escrito, descubre y entiende lo que con ello quiso el autor expresar. Nadie lo ha dicho más sucinta y vigorosamente que Galeno. En el primer libro de su tratado de usu partium elogia la excelencia de la mano, órgano con que el hombre "escribe sus leyes, erige a los dioses altares y estatuas, construye naves, flautas, liras, cinceles y todos los instrumentos de las artes, deja a la posteridad sus comentarios escritos a las especulaciones de los antiguos; y así —añade Galeno—, gracias a las letras y a las manos es hoy posible conversar con Platón, Aristóteles, Hipócrates y otros antiguos". El médico por antonomasia vio claramente que leer no es sino conversar, sostener un mudo coloquio con el autor de lo leído. 

La aventura de leer (1956)
Pedro Laín Entralgo

lunes, 27 de noviembre de 2017

Más Platón y menos Prozac

Lou Marinoff. Más Platón y menos Prozac.

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La crítica más vehemente que se hace a quienes han ascendido hasta los cargos más elevados es que suelen olvidar de dónde vienen. El olvido constituye el mayor error: no sólo podría emplear su conocimiento para hacer mejor su actual trabajo, sino que también podría ganarse el auténtico respeto de quienes trabajan bajo sus órdenes. Y lo que es más importante, ese conocimiento nunca le permitirá olvidar que todos somos seres humanos, al margen del cargo que aparezca en su tarjeta de visita.
La mayoría hemos perdido el contacto con cualquier otro trabajo que no sea nuestra pequeña parcela laboral. No tenemos conocimiento sobre los trabajos de otras personas ni sobre los esfuerzos de otras personas. Sin embargo, dependemos del trabajo de los demás para todas nuestras necesidades. ¿Se ha parado a pensar de dónde salen esos tomates que hay en el supermercado en febrero? Esta desconexión es previsible en una sociedad globalizada altamente tecnológica, empezando por el punto más básico de que lo que consumimos cada vez tiene menos que ver con lo que producimos. 
El budismo Zen ofrece otra perspectiva sobre hacer el trabajo básico. El Zen enseña que el trabajo rutinario es un valor en y por sí mismo. Humillarse a sí mismo es una vía hacia la mejora personal en la tradición budista. Cualquier tarea que haga con sumo cuidado puede ser una poderosa forma de meditación. Por este motivo los retiros Zen incluyen el trabajo y la meditación. Ningún trabajo es servil. Lo que hacemos no es lo que somos.

Traducción de Borja Folch

Más Platón y menos Prozac (1999)
Lou Marinoff

domingo, 26 de noviembre de 2017

Ejércitos de la oscuridad

Silvina Ocampo. Ejércitos de la oscuridad.

No elegiría otra época para vivir que la actual; tampoco elegiría otro país para hacerlo mío. Siempre fui muy obediente a mi destino.

Aprendí a mentir para ser más buena.

Hay sueños que quedaron grabados en mi memoria. Éste es uno de ellos: en el jardín de mi infancia estoy sentada en la barranca. Nunca termina el día: un día perfecto, divino. Y lloro porque no terminará jamás. No hay nadie. Es la eternidad.

Recuerdo lugares donde nunca estuve.

Ejércitos de la oscuridad
Silvina Ocampo

sábado, 25 de noviembre de 2017

Diarios

Franz Kafka. Diarios.

1910
Los espectadores se pasman, cuando pasa el tren.

1911
8 de noviembre.
La muchacha que, sólo por andar del brazo de su amado, miraba tranquila a su alrededor

1913
Anoche, en el Belvedere, bajo las estrellas.

Sesión de debate en el Círculo de Funcionarios. He sido yo quien lo ha presidido. Las curiosas fuentes del sentimiento de la propia dignidad. Mi frase introductoria: «Debo iniciar el debate de hoy lamentando el hecho de que se celebre» La verdad es que no me habían avisado con tiempo y por ello no estaba preparado.

Traducción de Feliu Formosa

Diarios (1910-1913)
Franz Kafka

lunes, 20 de noviembre de 2017

En la Patagonia

Guillermo Muñoz Vera. La Ciudad de los Césares.

42
Aproximadamente en el año 1650, dos marineros españoles, ambos desertores y asesinos, salieron trastabillando de los bosques situados frente a la isla de Chiloé, después de haber trepado por la vertiente oriental de los Andes desde el estrecho de Magallanes. Quizá para distraer la atención del gobernador y apartarla de los crímenes que habían perpetrado, anunciaron que habían descubierto una ciudad cuyos palacios tenían tejados de plata, y cuyos habitantes, de tez blanca, hablaban castellano y descendían de los sobrevivientes de la colonia que Pedro de Sarmiento había fundado en el Estrecho.
La narración de estos hombres reavivó el interés por Trapalanda, la Ciudad Encantada de los Césares, otro El Dorado oculto en los Andes meridionales y bautizado en homenaje a Francisco César, piloto de Sebastián Caboto. En 1528 aquél se internó tierra adentro desde el Río de la Plata, atravesó los Andes y descubrió una civilización donde el oro era de uso corriente. En torno de este relato se desarrolló una leyenda que inflamó las expectativas y la codicia humana hasta el siglo XIX.
Varias expediciones partieron en busca de la ciudad. Muchos exploradores solitarios desaparecieron en el curso de esta misma empresa. Una descripción del siglo XVIII la situaba al sur de la latitud 45 (Paso Roballos se encuentra en la latitud 47) y la presentaba como una fortaleza enclavada en las montañas, al pie de un volcán y a orillas de un hermoso lago. Había un río, el Diamante, donde abundaban el oro y las piedras preciosas. La ciudad tenía una única entrada, defendida por un puente levadizo, y se necesitaban dos días para atravesarla de un extremo al otro. Los edificios eran de piedra labrada y sus puertas estaban tachonadas de joyas; los arados eran de plata y los muebles de las casas más modestas eran de plata y oro. No se conocían las enfermedades: los ancianos morían como si les sorprendiera el sueño. Los hombre usaban tricornios, chaquetas azules y capas amarillas (en la mitología indígena estos eran los colores del Ser Supremo). Cultivaban la pimienta, y las hojas de su rábanos eran tan grandes que se podía amarrar un caballo a ellas.
Pocos viajeros han visto alguna vez esta ciudad. Tampoco existe una opinión unánime acerca de su verdadero emplazamiento: la isla de Patmos, los bosques de Guyana, el desierto de Gobi o la ladera septentrional del monte Meru son algunos de los puntos sugeridos. Todos éstos son lugares desolados. Los nombres de la ciudad también son muy variados: Uttarakuru, Avalón, la Nueva Jerusalén, las Islas de los Bienaventurados. Quienes la vieron llegaron a destino después de sufrir tremendas penurias. En el siglo XVII, dos asesinos españoles demostraron que no hay que ser Ezequiel para confundir una fachada de roca con el Edén

Traducción de Eduardo Goligorsky

En la Patagonia (1977)
Bruce Chatwin

sábado, 18 de noviembre de 2017

Cuentos breves y extraordinarios

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Cuentos breves y extraordinarios.

La estatua

La estatua de la diosa, en Saís, tenía esta inscripción enigmática: "Soy todo lo que ha sido, todo lo que es, todo lo que será, y ningún mortal (hasta ahora) ha alzado mi velo.
Plutarco, tratado de Isis y Osiris, noveno párrafo.

Final para un cuento fantástico

—¡Qué extraño! —dijo la muchacha, avanzando cautelosamente—. ¡Qué puerta más pesada!
La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.
—¡Dios mío! —dijo el hombre—. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos ha encerrado a los dos!
—A los dos, no. A uno solo —dijo la muchacha. Pasó a través de la puerta y desapareció.
I. A. Ireland, Visitations (1919)

Aurea mediocritas

Malherbe no estaba muy seguro de que hubiera otra vida, y decía cuando le hablaban del infierno o del paraíso: "He vivido como todos, quiero morir como todos, quiero ir donde van todos".
Tallemant des Réaux, Les Historiettes (xxix)

Cuentos breves y extraordinarios (1957)
Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares

viernes, 17 de noviembre de 2017

Tallar el aire

Jesús Ferrero. Negro sol.

La figura más precisa
debe ser al mismo tiempo
la que más niebla cobija
en sus pulidos miembros.

Por eso tallar el aire
es un arte tan difícil
(los poetas ya lo saben).

Yo me dedico a tallarlo.
El delito no es grave
(decían los viejos bardos)
si al hacerlo se consiguen
aves vivas y capaces
de vuelo sereno y alto.

Los versos no tienen ley
por más que ajusten su ritmo
a los rigores del tiempo.
Los versos no tienen amo.

Pájaros bien limitados
pero de vuelo agilísimo,
poemas como milanos.

Por eso no ha de olvidarse
lo que ya dije al principio,
que la imagen más precisa
es la que más aire alberga

en sus alas extendidas.

Negro sol (1987)
Jesús Ferrero

martes, 14 de noviembre de 2017

Acerca de la escritura poética

Ada Salas. Ilustración de la Universidad de Almería.

La escritura es un estado permanente de carencia. Su lugar es el hueco. El poeta no enuncia: llama, convoca. Desanda el camino de la elipsis diaria. Busca, en la palabra, la faz de lo real que lo real elude. No huye de la realidad, intenta completarla, acrecentarla. No transmuta, desvela. Su mirada no es parcial, sino totalizadora. Son fragmentos los poemas, sí: esas piezas que faltan en el puzzle ilusorio de nuestra existencia.
El tiempo del poema no es nunca el presente. Ni, en realidad, el pasado o el futuro. El tiempo del poema es el no-tiempo, porque es el de la memoria inmemorial del hombre, el tiempo esencial, común, universal. Por eso es, a la vez, el tiempo del recuerdo y el de la profecía, en el que todo lector, de cualquier época, puede situarse. Se equivoca el poeta que cree, al escribir, estar dando cuenta de su presente. Necesita, quizá, creerse ese espejismo para que su labor adquiera ante sus ojos cierta consistencia. Pero, en realidad, la labor poética es mucho más vertiginosa: se escribe en el vacío, en el caos. La fuente de la escritura es anterior -y exterior- a todo y a todos. Su materia sería 'el agua' de Tales o el 'aire' de Anaxímenes. Más que palabra en el tiempo, el poema es palabra fuera del tiempo, al margen. Desde su orilla, la poesía ve pasar el río de los hombres y, reflejándose en cada uno de ellos, su esencia es, a la vez, cambiante e inmutable.

Acerca de la escritura poética
Ada Salas

sábado, 11 de noviembre de 2017

El peón de ajedrez

Tony Luciani. Ajedrez.

Me gusta mirar a la gente cuando juega al ajedrez.
Mis ojos siguen esos peones
que poco a poco encuentran su camino
hasta alcanzar la última línea.
Ese peón avanza con tal soltura
que te hace pensar que llegando a esa línea
en ella comenzarán sus alegrías y su recompensa.
Encuentra muchos obstáculos en su camino.
Los poderosos lanzan sus armas contra él.
Los castillos le acometen con sus
altas almenas; dentro de sus campos
veloces jinetes pretenden con astucia
impedir su avance,
y por todos lados, desde el campo enemigo
la amenaza avanza contra él.

Mas sale indemne de todos los peligros
y alcanza triunfante la última línea.

Con qué aires de victoria la alcanza
en el momento exacto:
qué alegremente avanza hacia su propia muerte.

Porque al llegar a esa línea, el peón morirá,
todos sus afanes eran para esto.
Cae en el Hades del ajedrez,
y de su tumba resucita
la reina que nos salvará.
(Julio de 1894)
Traducción de José María Álvarez

Poesías completas
Konstantino Kavafis

Las ruinas

Caspar David Friedrich, Templo de Juno en Agrigento.

Lo arruinado lo está por el "transcurrir del tiempo". Pero ¿qué es ese algo arruinado? algo, ¿el qué? Algo que nunca fue enteramente visible; la ruina guarda la huella de algo que aun cuando el edificio estaba intacto no aparecía en su entera plenitud. Entre todas las ruinas la que más conmueve es la de un templo. Y es que el templo es, entre todo lo que el hombre ha edificado, aquello que más rebasa de su forma, por perfecta, por adecuada que sea. Todo templo, por grande que sea su belleza, tiene algo de intento frustrado, y cuando está en ruinas parece ser más perfecta, auténticamente un templo; parece responder entonces adecuadamente a su función. Un templo en ruinas es el templo perfecto y al par la ruina perfecta. Y aún más: toda ruina tiene algo de templo; es por lo pronto un lugar sagrado. Lugar sagrado porque encarna la ligazón inexorable de la vida con la muerte; el abatimiento de lo que el hombre orgullosamente ha edificado, vencido ya, y la supervivencia de aquello que no pudo alcanzar en la edificación: la realidad perenne de lo frustrado; la victoria del fracaso.
De toda ruina emana algo divino, algo divino que brota de la misma entraña de la vida humana; algo que nace del propio vivir humano cuando se despliega en toda su plenitud sin que haya venido a posarse como regalo concedido de lo alto; algo ganado por haber apurado la esperanza en su extremo límite y soportado su fracaso y aun su muerte: el algo que queda del todo que pasa.

El hombre y lo divino (1955)
María Zambrano

Escribir y callar

Nuria Amat. Escribir y callar.

La lengua es el aliento de la escritura. La cuna donde se mecen las palabras del mundo. El aire de la vida. Escribir es vestir con palabras el silencio del lenguaje. Abrigar los múltiples vacíos del pensamiento hueco. Y la lengua es la ropa del vestido. Sin lengua el lenguaje anda desnudo y entonces la escritura no existe. La lengua es la vida del estilo literario. Sin lengua no hay estilo. La lengua invita al nacimiento de la voz literaria. La resurrección del tono. Idioma es otra cosa. El idioma tiene que ver con el habla popular. La lengua, sin embargo, es rumor interno, ecos ocultos y necesarios que invocan la aparición de la escritura.

Escribir y callar (2010)
Nuria Amat 

jueves, 9 de noviembre de 2017

Las Gracias

Jean-Étienne Liotard. La Tres Gracias (1737).

Compañeras y amigas de Venus, la diosa de la hermosura le debían el encanto y el atractivo que aseguraba su triunfo. Los antiguos esperaban los más preciosos bienes de estas divinidades bienhechoras. Su poder se extendía a todas las delicias de la vida. Ellas dispensaban a los hombres no sólo la buena gracia, la igualdad de humor, la facilidad de los modales y todo cuanto derrama la felicidad en las sociedades, sino también la liberalidad, la elocuencia, la sabiduría. La más preciosa de todas sus prerrogativas era la de presidir a las buenas acciones y al reconocimiento. Crisipo nos ha transmitido la opinión de los antiguos sobre sus atributos, y nos ha revelado los misterios que ocultaban estos mismos atributos: «Se llamaron en su origen Carites, nombre derivado de una palabra griega que significa alegría, para indicarnos que, sin olvidar los placeres, debemos hacer beneficios y reconocer a los que nos los hacen. Eran jóvenes, para enseñarnos que la memoria de un beneficio no debe envejecer jamás: vivas y ligeras, para hacer conocer que es menester obligar con prontitud, y que un beneficio no debe hacerse esperar. Así los griegos acostumbraban decir que una gracia que viene lentamente, deja de serlo; lo que explicaban con un juego de palabras, frivolidad que no disgustaba a los griegos. Eran vírgenes, para dar a entender 1) que, al hacer el bien se deben tener intenciones puras, sin lo cual se corrompe el beneficio; 2) la inclinación al bien debe ir acompañada de prudencia y retención. Por esta segunda razón, viendo Sócrates un hombre que prodigaba los beneficios sin distinción a todos los que venían: ¡Los dioses te confundan! exclamó. Las gracias son vírgenes y tú las conviertes en cortesanas. Se tienen de las manos para indicar que por medio de los beneficios mutuos debemos estrechar los vínculos de nuestra unión recíproca. En fin, danzan en círculo para enseñarnos que debe haber una circulación de beneficios entre los hombres: y además, por medio del reconocimiento, el beneficio debe volver naturalmente al lugar de donde ha salido».

Traducción de Edicomunicación, S. A.

Diccionario de Mitología Universal
J. F. M. Noël

martes, 7 de noviembre de 2017

La Montaña Análoga

Dean Fidelman. Piedras desnudas.

Nota del encargado de la edición

Definiciones. —El alpinismo es el arte de recorrer las montañas enfrentándose a los mayores peligros con la mayor prudencia.
Aquí llamamos arte a poner en práctica un conocimiento mediante una acción.
No podemos permanecer siempre en las cumbres. Hay que descender... Entonces, ¿qué sentido tiene? Este: lo alto conoce a lo bajo; lo bajo no conoce a lo alto. Al subir retén todas las dificultades del camino; mientras estés subiendo puedes percibirlas. En la bajada ya no las notarás, pero sabrás que están allí si las has observado atentamente.
Hay un arte en la forma de dirigirse hacia las regiones bajas, a través del recuerdo de lo que se ha visto cuando se estaba más arriba. Cuando ya no podemos ver, por lo menos todavía podemos saber.
Mantén la mirada fija en el camino hacia la cima, pero no olvides mirar a tus pies. El último paso depende del primero. No creas haber llegado porque ves la cima. Vigila tus pies, asegura el paso siguiente, pero que eso no te distraiga del objetivo más elevado. El primer paso depende del último.

Traducción de Carmen Santos

La Montaña Análoga
René Daumal