miércoles, 13 de noviembre de 2019

El mar y las campanas

Pablo Neruda. El mar y las campanas.

Todos me preguntaban cuándo parto

Todos me preguntaban cuándo parto,
cuándo me voy. Así parece
que uno hubiera sellado en silencio
un contrato terrible:
irse de cualquier modo a alguna parte
aunque no quiera irme a ningún lado.

Señores, no me voy,
yo soy de Iquique.
soy de las viñas negras de Parral,
del agua de Temuco,
de la tierra delgada,
soy y estoy.

Esperemos

Hay otros días que no han llegado aún,
que están haciéndose
como el pan o las sillas o el producto
de las farmacias o de los talleres:
hay fábricas de días que vendrán:
existen artesanos del alma
que levantan y pesan y preparan
ciertos días amargos o preciosos
que de repente llegan a la puerta
para premiarnos con una naranja
o para asesinarnos de inmediato.

El mar y las campanas (1973)
Pablo Neruda

martes, 12 de noviembre de 2019

Escribir

Marguerite Duras fotografiada por Boris Lipnitzki.

Escribir: es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado.

Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará. 

Un libro abierto también es la noche.

En la casa escribía en el primer piso. No escribía abajo. Después, al contrario, escribí en la gran habitación central de la planta baja para estar menos sola, quizá, ya no lo sé, y también para ver el jardín.

Traducción de Ana María Moix

Escribir (1993)
Marguerite Duras

domingo, 10 de noviembre de 2019

Pero qué

Idea Vilariño. Pobre Mundo.

Uno se envuelve
uno se rodea
- arbolitos que crecen a ojos vistas
una lámpara
nombres
circunstancias
obligaciones
libros
los amigos -
pero qué cuando solos
pero qué cuando abriendo los ojos
en lo oscuro
nos sentimos rodando con la tierra
despojados de todo
hasta del nombre
sin destino
sin nadie
hacia la nada.

Pobre Mundo (1966)
Idea Vilariño

sábado, 9 de noviembre de 2019

Rubaiyat

Omar Kheyyam retratado por Hossein Behzad.

132

Frecuenté mucho el trato de sabios y de doctos
en mi edad juvenil. Grandemente admiraba
doctrinas, teorías... Pero al dejar sus aulas
estaba más confuso que al penetrar en ellas.

136

Descubrir quise en vano el Cielo y el Infierno
más allá de la Tierra y aun del infinito.
Pero una voz me dijo: «¡Necio! Cielo e Infierno,
hasta el fin de los siglos, viven sólo en ti mismo».

150

Aprendí y olvidé. Llevaba en mi cerebro
en orden mis ideas, cada una en su sitio.
Viví inquieto hasta el día que vi lo imposible
de afirmar o negar la más pequeña cosa.

Traducción del árabe de José Gibert
Puestos en verso castellano por Diego Navarro

Rubaiyat
Omar Kheyyam

viernes, 8 de noviembre de 2019

Máximas

Retrato de François de La Rochefoucauld. (Wikimedia Commons).

Máximas póstumas

511.—Todo lo tememos como mortales que somos, y todo lo deseamos cual si fuésemos inmortales.

515.—La esperanza y el temor son inseparables: no hay temor sin esperanza, ni esperanza sin temor.

538.—Poco hace falta para hacer al sabio feliz; nada puede contentar al necio: he aquí por qué la mayor parte de los hombres son desdichados.

539.—Nos atormentamos menos para tratar de ser dichosos que por hacer creer que lo somos.

544.—Un verdadero amigo es el mayor de todos los bienes y en el que no obstante menos pensamos en adquirir.

551.—La felicidad y la desgracia van de ordinario a los que más tienen tanto de una como de otra.

Traducción de Juan B. Bergua

Máximas
François de La Rochefoucauld (1613-1680)

jueves, 7 de noviembre de 2019

Viajeros

Pablo Montoya. Viajeros.

Noé

Cansado, vuelvo a recorrer el arca. Los míos se han desmoronado en una descreencia donde no hay fondo alguno. Ya no preguntan por el fin de esta líquida travesía. El silencio instalado entre nosotros ni siquiera lo rompen los animales. Sólo me resta evocar las tierras, y los rebaños que cuidaba, y no estas especies diezmadas por el hambre y el encierro. Movido por la orden, y no por la esperanza, miro la última paloma. Dudo que pueda volar un palmo más allá de mis brazos. La tomo y la suelto para verla caer en la bruma tramada por el agua. Por qué, me pregunto, esta necedad de ir sin conocer el rumbo, y mejor desaparecer, y olvidar el mandato de la supervivencia.

Ovidio

En el exilio la nostalgia nos ilumina y nos consume. En el exilio un diálogo persistente con nuestra sombra quieta. En el exilio el primer y el último crepúsculo reflejan el aparente paso de los días. En el exilio el eco de los hallazgos se difumina y su opacidad es inmensa. En el exilio la tierra acosa en su ineluctable distancia. En el exilio tu fuga, amor, es definitiva.

Viajeros (1999)
Pablo Montoya 

El escritor y su sombra

Gaëtan Picon. Introducción a una estética de la literatura.

Buscar referencias acerca de un momento, acerca de una obra, acerca de un texto, para la inteligencia de un texto, siempre fuera del texto mismo (son los mismos que aparentan haber inventado el recurrir al texto, el ir al texto), (las célebres fuentes, como ustedes saben), buscar noticias acerca de un texto, en todas partes, siempre con esta sola condición, que no sea en el texto mismo...

Numerosos artistas, al consagrar al arte todas sus fuerzas, están hoy en la situación de los hombres del "divertimiento" ante ese "único necesario", de que hablaba Pascal. Al crear nadie escapa por completo al remordimiento de sustituir la actividad social por una actividad secundaria. Tampoco escapa el que prefiere el amor de las cosa creadas por otros y la reflexión sobre ellas a la preocupación por la condición histórica de los hombres. ¿Quién puede hoy elegir sin remordimiento una vida de amante del arte, de espectador del arte? ¿Quién no respira, en la soledad de cerca de los museos y las bibliotecas, el perfume sospechoso de las evasiones? ¡Qué lejanos están los tiempos en que se podía vivir y morir entre las piedras de Venecia, pensando que se había elegido la más alta parte del hombre; los tiempos en que se podía ir del Prado al Ermitage, de Toledo a Aigues-Mortes, sin tener el sentimiento de rehuir la más urgente responsabilidad.

Traducción de Edgar Bayley

Introducción a una estética de la literatura. El escritor y su sombra (1953)
Gaëtan Picon

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Tántalo

Tántalo. Ilustración de Tableaux du temple des muses. (Wikimedia Commons).

Tántalo

Durante mucho tiempo sufrió Tántalo sus crueles tormentos. Tenía sed y no conseguía beber: en cuanto bajaba la cabeza la tierra absorbía las aguas del lago. Tenía hambre y no conseguía comer: en cuanto estiraba los brazos un viento se llevaba los frutos de los árboles. Al fin tántalo comprendió la inutilidad de todo esfuerzo. Ni bajó la cabeza ni estiró los brazos. Entonces, ya sin las intervenciones de Tántalo, el lago se desbordó e inundó la ciudad y los árboles se enviciaron y quedaron estériles.
Ahora los hombres decían, con rencor:
—Tántalo no debería resignarse a su sed y a su hambre. ¿Por qué no hace algo? Que baje la cabeza y beba, que estire los brazos y coma.

El gato de Cheshire (1965)
Enrique Anderson Imbert

jueves, 31 de octubre de 2019

Canción de invierno y de verano

Ángel González. Tratado de urbanismo.

Cuando es invierno en el mar del Norte
es verano en Valparaíso.
Los barcos hacen sonar sus sirenas al entrar en el puerto de
            Bremen con jirones de niebla y de hielo en sus cabos,
mientras los balandros soleados arrastran por la superficie del
             Pacífico Sur bellas bañistas.
Eso sucede en el mismo tiempo,
pero jamás en el mismo día.
Porque cuando es de día en el mar del Norte
—brumas y sombras absorbiendo restos
de sucia luz
es de noche en Valparaíso
—rutilantes estrellas lanzando agudos dardos
a las olas dormidas.

Cómo dudar que nos quisimos,
que me seguía tu pensamiento
y mi voz te buscaba —detrás,
muy cerca, iba mi boca.
Nos quisimos, es cierto, y yo sé cuánto:
primaveras, veranos, soles, lunas.

Pero jamás en el mismo día.

Tratado de urbanismo (1967)
Ángel González

viernes, 25 de octubre de 2019

Voces

Retrato de Antonio Porchia. 

Cuando no ando en las nubes, ando como perdido.

Estar en compañía no es estar con alguien, sino estar en alguien.

Mueren cien años en un instante, lo mismo que un instante en un instante.

Cuando uno comprende que es hijo de sus creencias, pierde sus creencias.

Cuando comienzan a vernos como esto, como aquello, comienzan a no vernos.

Y si no pudiera alejarme de mí, no podría acercarme a nadie, a nada. Ni a mí.

Voces
Antonio Porchia (1885-1968)

martes, 22 de octubre de 2019

Escolios a un texto implícito

Nicolás Gómez Dávila. Escolios a un texto implícito.

35
El vulgo admira más lo confuso que lo complejo.

37
Negarse a admirar es la marca de la bestia.

61
La momentánea belleza del instante es lo único que concuerda en el universo con el afán de nuestras almas.

67
La vulgaridad consiste en pretender ser lo que no somos.

68
La idea inteligente produce placer sensual.

81
Sólo vive su vida el que la observa, la piensa, y la dice; a los demás su vida los vive.

101
Basta que unas alas nos rocen para que miedos ancestrales resuciten.

110
La literatura toda es contemporánea para el lector que sabe leer.

116
Ser joven es temer que nos crean estúpidos; madurar es temer serlo.

132
¿Quién no teme que el más trivial de sus momentos presentes parezca un paraíso perdido a sus años venideros?

Escolios a un texto implícito I
Nicolás Gómez Dávila

viernes, 18 de octubre de 2019

Vagabundo

Ilustración de Balthus.

NO puedo
poner casa
en ningún
lugar
de la tierra

A cada
nuevo
clima
que encuentro
advierto
desfallecido
que
antaño
ya me había
acostumbrado a él

Y siempre me alejo
extranjero

Naciendo
de regreso de épocas demasiado
vividas

Gozar un solo
minuto de vida
inicial

Busco un pueblo
inocente
Campo de Mailly, mayo de 1918

Versión de Giovanni Cantieri

Vida de un hombre
Giuseppe Ungaretti

miércoles, 16 de octubre de 2019

El oficio de poeta

Cesare Pavese. El oficio de poeta.

Es ilusorio buscar en el apoyo directo de los hechos en la escuela de la dura experiencia, en la aventura vivida, aquella seriedad y aquella precisión de fantasía que nacen solamente —cuando nacen— de la lenta costumbre y maduración de la vida interior. Que sea deber de cada uno enriquecer en toda forma —no definitiva, sino aceptando y respetando los propios límites— esta vida interior, es cosa obvia. Que cada uno de nosotros —también el escritor— esté radicado en una situación dada, en una clase, en un conflicto histórico inevitable, es verdad, pero es cierto también que, cuando se toma la pluma para narrar verdaderamente, todo ha sucedido ya, se cierran los ojos y se escucha una voz que está fuera del tiempo.

Traducción de Rodolfo Alonso y Hugo Gola

El oficio de poeta
Cesare Pavese

martes, 15 de octubre de 2019

Poesías

Catulo. Poesías.

85

Odio y amo. Quizá me preguntes por qué.
No lo sé, pero así lo siento. Y sufro.

Edición bilingüe de José Carlos Fernández Corte
Traducción de Juan Antonio González Iglesias

Poesías
Catulo

Razones para el lector

Enrique Badosa. Razones para el lector.

El auténtico escritor no le teme al tiempo. No teme que sus ideas queden desvalorizadas en pocos meses, que su decir quede rápidamente exhausto de significado. El arte es largo y la vida breve. Pero el escritor auténtico no tiene prisa. No se puede apresurar la sensibilidad, ni la imaginación, ni la inventiva, ni la disposición útil para escribir... Todo requiere su momento. Todo requiere ese tiempo útil de que nos habla con palabra de gravedad, el Eclesiastés. Por eso es penoso ver que algunos escritores se lanzan a escribir contra reloj. Porque uno teme que el tiempo de escribir que le está concedido, quede malbaratado. El tiempo no se vence ni se trasciende con la prisa, sino con la atención y la paciencia; con el total sufrir y con el vivir en intensidad y en extensión el tiempo de escribir.

Razones para el lector (1964)
Enrique Badosa

lunes, 14 de octubre de 2019

Botánica del Caos

Kant. Litografía de Heinrich Wolff (1924).

Puntualidad de los filósofos I

El profesor Kant es tan regular en sus costumbres que cada día esperamos su paso para poner en hora nuestros relojes. Cruza la calle siempre por esta esquina a las cuatro en punto de la tarde. El resto del universo, en cambio, es irregular, confuso, impredecible. A las cuatro en punto de la tarde a veces brilla un sol violento y a veces es de noche. Hay días en recién acabamos de cenar y otros en que las cuatro de la tarde llegan inmediatamente después del desayuno. Los peores son esos días de infierno en que las cuatro en punto vuelven una y otra vez, casi a cada momento. Imagínese usted en qué horrible caos viviríamos si no nos informara el profesor Kant, con su paso regular y confiable, cuando están empezando a ser otra vez esas veleidosas cuatro de la tarde.

Botánica del Caos (2000)
Ana María Shua

miércoles, 9 de octubre de 2019

Un marino holandés

Christopher Blossom. Navegando en el Ártico.

Mañana nos pondremos en camino hacia una meta inexplorada: hallar la ruta de Catay en medio de océanos de hielo. Entonces veré las casas de Ámsterdam alejarse. Y en las olas, rostros, diálogos, olores de otra edad se irán uniendo al vuelo de las gaviotas. Es posible que no haya reencuentro, y la noche de ahora, noche del amor que hacemos una y otra vez sin hastiarnos, sea la última. Pero piensa que tus ojos de almendra, el eco de tu cuerpo blanco regarán mi memoria en los fríos parajes. Si no vuelvo, y algún día el hijo guardado en tu carne me pregunta, dile que aún busco un paso que me traiga, que siempre estaré intentando regresar.

Viajeros (1999)
Pablo Montoya

lunes, 7 de octubre de 2019

El cuco

Philip Henry Gosse. El cuco. (Wikimedia Coomons).

Aquel año oyó el cuco a principios de abril.
Tal vez, porque estaba inquieto,
tal vez, por esa manía de ordenar el caos,
quiso adivinar en qué notas cantaba.

La tarde siguiente, allí estaba en el bosque,
con un diapasón, esperando.
Al rato, lo escuchó.
El diapasón no mentía:
Si-Sol eran las notas del cuco.

El descubrimiento se supo en todas partes
todos querían probar si de verdad el cuco
cantaba en esas notas.
Pero, los resultados no coincidían.
Cada uno decía su verdad.
Algunos que eran Fa-Re, otros Mi-Do.
No se ponían de acuerdo.

Mientras tanto, el cuco seguía cantando en el bosque.
Ni Si-Sol, ni Fa-Re, ni Mi-Do.
Como hace mil años
cantaba: Cucú, cucú.

Traducción de Kirmen Uribe, Gerardo Markuleta y Ana Arregi

Mientras tanto dame la mano
Kirmen Uribe

domingo, 6 de octubre de 2019

El bosque transparente

Ángel Crespo. El bosque transparente.

Fin del mundo

Salvo sin prisa un
cristal de roca, una
medalla; salvo un verso
y una pluma en el aire;
algo de olor a pan, una ventana
sobre la nada abierta.

¿Qué río?

¿Qué río corre por debajo
de las palabras?
¿Qué árboles muertos y qué enjambres
arrastra su agua?

¿De qué fuentes vienen, o valles,
sus avenidas?
¿Hay un mar, un lago, un vacío,
que las reciba?

¿Qué río corre por encima
de las palabras?
¿Qué piedras muertas o diamantes
oculta su agua?

El bosque transparente (1971-1981)
Ángel Crespo

lunes, 30 de septiembre de 2019

El corazón secreto del reloj

Elías Canetti. El corazón secreto del reloj. 

1975

No dejes que las cartas de otros tiempos te den una imagen falsa de ellos. 

Uno sólo puede vivir no haciendo con mucha frecuencia lo que se propone.

El arte consiste en elegir acertadamente lo que no se hará.

¿Habrá alguna idea que merezca no ser pensada de nuevo?

1976

Dios fue interrumpido por el hombre.

Recibió un puntapié hacia la luz ¿Será feliz?

1980

Tras una vida llena de miedo logró ser asesinado.

Sin el desorden de la lectura no hay un solo escritor.

Ya no me irrita el final feliz del cuento: lo necesito.

Traducción de Juan José del Solar

El corazón secreto del reloj. Apuntes, 1973-1985
Elías Canetti

sábado, 28 de septiembre de 2019

Actos sacramentales

Kenneth Rexroth. Actos sacramentales.

Plinio - XXXVI - Lampridius - XXIX

Cuando recuerdo esa carta de Plinio
Sobre la vida cotidiana de un hombre de letras
En la época de Trajano -masseuses de
Diversos colores antes del desayuno, todas
Ellas versadas en los poetas griegos,
Discursos filosóficos en el baño, sones de
Flauta y matemáticas con la comida,
Pavos asados para cenar y luego ménades
Diversas o bien astronomía, según el
Talante y el tiempo-, soy presa del asombro.
Aquí estoy yo, pobre, orgulloso y
Hogareño, manejando mi máquina de escribir,
Y por la ventana de mi biblioteca
Veo regresar del instituto, lujuriantes en
Extremo y sacudidas por risitas
Esotéricas, a las distantes hijas de mis vecinos.

Traducción de Carlos Manzano

Actos sacramentales
Kenneth Rexroth

jueves, 26 de septiembre de 2019

Vértigo

Hubert de Lartigue. Vértigo.

Varada velocísima en
tu borde,
veraz de veras,
en vilo, en vela
virando hacia,
en ti guarecida,
guarnecida quiero seguir
imaginando cómo se amanece,
capaz de maullar
por las azoteas del frío
o del ardor final,
feliz naciendo
de la diaria muerte.

Oidor andante (1972)
Ida Vitale

miércoles, 25 de septiembre de 2019

El arte de la memoria

Grabado de Charles-Nicolas Cochin de un dibujo de Jean-Baptiste Oudry. 
Simónides salvado por los dioses.

Capítulo 1

En un banquete que daba un noble de Tesalia llamado Scopas, el poeta Simónides de Ceos cantó un poema lírico en honor de su huésped, en el que incluía un pasaje en elogio de Cástor y Pólux. Scopas dijo mezquinamente al poeta que él sólo le pagaría la mitad de la cantidad acordada y que debería obtener el resto de los dioses gemelos a quienes había dedicado la mitad del poema. Poco después se le entregó a Simónides el mensaje de que dos jóvenes le estaban esperando fuera y querían verle. Se levantó del banquete y salió al exterior, pero no logró hallar a nadie. Durante su ausencia se desplomó el tejado de la sala de banquetes aplastando y dejando, bajo las ruinas, muertos a Scopas y a todos los invitados; tan destrozados quedaron los cadáveres que los parientes que llegaron a recogerlos para su enterramiento fueron incapaces de identificarlos. Pero Simónides recordaba los lugares en los que habían estado sentados a la mesa y fue, por ello, capaz de indicar a los parientes cuáles eran sus muertos. Los invisibles visitantes, Cástor y Pólux, le habían pagado hermosamente su parte en el panegírico sacando a Simónides fuera del banquete momentos antes del derrumbamiento. Y esta experiencia sugirió al poeta los principios del arte de la memoria del que se le consideró inventor. Reparando en que fue mediante su recuerdo de los lugares en los que habían estado sentados los invitados como fue capaz de identificar los cuerpos, cayó en la cuenta de que una disposición ordenada es esencial para una buena memoria.

Traducción de Ignacio Gómez de Liaño

El arte de la memoria (1966)
Frances A. Yates

lunes, 23 de septiembre de 2019

Apócrifos del libro

Emilio Pascual. Apócrifos del Libro.

El monstruo en su laberinto 

La construcción de la torre empezó a desviarse tras una sucesión de malentendidos. La idea era rozar el cielo con las yemas de los más elevados chapiteles. Viejas leyendas atribuían a aquella llanura al borde del río el emplazamiento de un antiguo paraíso, nebuloso como cualquier edad de oro. La reunión estuvo teñida de melancolía, de victimismo, de soberbia. La melancolía alimentaba por contraste fanáticos fervores: el entusiasmo ciego de quien se siente habitado por los dioses; el victimismo encendía el deseo de desquite; la soberbia iluminaba un fin sin límites. Advertí un ánimo abonado para emprender proyectos temerarios, y propuse la edificación de la torre. Construiríamos la puerta del cielo que en algún momento de una mitología incierta se nos había cerrado; sería como forzar la verja del paraíso perdido, desarmar el querubín y arrebatarle el fuego de la espada. Me nombraron por unanimidad el arquitecto. 
Con ese ardor insano que solo saben provocar la religión o el patriotismo, todos se declararon albañiles. Fui moldeando su sentir como ellos los ladrillos. Hasta hacerles creer que mi voluntad era la suya. Algo tan elemental como la piedra fue sometida a juicio y derrotada. ¿Por qué edificar con piedra, una cosa tradicional y de cantera, cuando podíamos modelar nuestros propios materiales a nuestra imagen y semejanza? Les enseñé el arte del adobe y del ladrillo y su cocción al fuego, sin que alcanzaran a deslindar la tenue línea que separa la libertad del cautiverio: pisar barro y paja para construir la casa ajena es esclavitud; pisar la misma paja, el mismo barro para edificar tu torre, es independencia.

Apócrifos del Libro (2004)
Emilio Pascual 

domingo, 22 de septiembre de 2019

Epigramas

Retrato de Ausonio. Ilustración: Bibliothèque nationale de France.

2

Exhortación a la modestia

Se dice que el rey Agatocles comía en escudillas de barro y que a menudo llenaba el aparador con arcilla de Samos, mientras ponía toscas bandejas bajo sus copas adornadas de joyas, y mezclaba, todo junto, las riquezas y la pobreza. Al preguntarle la razón, contestó: «A mí, que soy rey de Sicilia, me engendró un alfarero». Lleva con moderación tu suerte si te vuelves rico de repente, y habías salido de un humilde lugar.

14

Sobre uno que encontró un tesoro cuando quería colgarse de una soga

Un hombre, en el momento de colgarse de una soga, encontró oro y en el lugar del tesoro dejó la soga: pero quien lo había escondido, al no encontrar el oro, se ató al cuello la soga que sí encontró.

15

Traducido del griego

El comienzo es la mitad del todo

Empieza: la mitad de la obra es haber comenzado.
Queda la otra mitad: empiézala también y habrás acabado.

63

A una estatua de mármol de Níobe

Yo existía: me hicieron una roca y después, pulida por las manos de Praxíteles, vuelvo a gozar de la vida, yo Níobe. La mano del artífice me devolvió todo, pero sigo sin juicio; tampoco lo tuve cuando me atreví a injuriar a los dioses. 

Traducción y notas de Antonio Alvar Ezquerra

Obras II
Décimo Magno Ausonio

jueves, 19 de septiembre de 2019

Máximas

Chamfort. Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas.

Lo que he aprendido, no lo sé. Lo poco que sé aún, lo he adivinado.

Me he limitado a buscar todos mis placeres en mi interior, es decir en el exclusivo ejercicio de mi inteligencia. La naturaleza ha puesto en el cerebro humano una pequeña glándula llamada cerebelo, la cual desempeña el papel de un espejo; ahí se representan, mal que bien en grande o en pequeño, en líneas generales o en detalle, todos los objetos del universo, incluidos los productos de su propio pensamiento. Es una linterna mágica que pertenece al hombre y ante la cual se suceden escenas donde es alternativamente actor y espectador.

La vida contemplativa es con frecuencia miserable. Es preciso actuar más, pensar menos y no mirarse vivir.

Existen siglos en los que la opinión pública es la peor de las opiniones.

Traducción de Antonio Martínez Sarrión

Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas
Nicolas Chamfort (1741-1794)

lunes, 16 de septiembre de 2019

Una cosa

Clarice Lispector retratada por Hugo Enio Braz.

1967
9 de diciembre

Vi una cosa. Una cosa en realidad. Eran las diez de la noche en la Plaza Tiradentes y el taxi corría. Entonces vi una calle que nunca más voy a olvidar. No voy a describirla: es mía. Sólo puedo decir que estaba vacía y eran las diez de la noche. Nada más. Pero fui fecundada.

Traducción de Claudia Solans

Descubrimientos
Clarice Lispector

domingo, 15 de septiembre de 2019

Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas

Hugo Enio Braz. Kafka.

Son muchos los que esperan. Una inmensa muchedumbre que se pierde en la oscuridad. ¿Qué quieren? Parece que vienen con determinadas exigencias. Me enteraré de lo que piden y responderé después. Pero al balcón no voy a salir; tampoco podría, aunque quisiera. En invierno cierran la puerta del balcón y no tengo a mano la llave. Pero tampoco me acercaré a la ventana. No quiero ver a nadie, no quiero ver nada que me perturbe; mi sitio está junto al escritorio, la cabeza entre las manos: ésa es mi posición.

He hablado hoy con el capitán en su camarote. Me he quejado de los otros pasajeros. Le dije que aquello no podía recibir el nombre de barco de pasajeros, que por lo menos la mitad de los que iban en él eran gentuza de la peor especie. Que mi mujer apenas se atrevía a salir de la cabina, pero que incluso con la puerta cerrada no se sentía segura y yo tenía que quedarme con ella.

Dos hombres estaban sentados ante una mesa toscamente labrada. Sobre ellos pendía una lámpara de petróleo, de vacilante llama. Era muy lejos de mi tierra natal.

Introducción, traducción y notas de Carmen Gauger

Carta al padre y otros escritos
Franz Kafka

viernes, 13 de septiembre de 2019

Oidor andante

Remedios Varo. La batalla.


La batalla

¿Quién, resonante,
baja por la noche,
sino palabra apolo
con sus flechas furiosas
que hierven al oído
como abejas?
Maligna, triste, silenciosa peste
sobre aquel que rehuye la batalla,
si dentro sintió el fuego.
Para el que acepta,
diaria, contrincante muerte.

La palabra

Expectantes palabras,
fabulosas en sí,
promesas de sentidos posibles,
airosas,
          aéreas,
                   airadas,
                             ariadnas.
Un breve error
las vuelve ornamentales.
Su indescriptible exactitud
nos borra.

Oidor andante (1972)
Ida Vitale

martes, 10 de septiembre de 2019

Viaje al Oriente

George Owen Wynne Apperley. Recuerdo.

Capítulo primero

La historia de la Humanidad me parece a veces un enorme pliego de láminas que reflejasen la nostalgia más vigorosa y obcecada del hombre: la nostalgia del olvido. ¿No intenta borrar cada generación todo lo que a la anterior le parecía más importante, empleando para ello la coerción, el silencio y la burla? ¿No lo acabamos de vivir últimamente? Recordemos la forma en que una guerra terrible, cruel y larga ha sido olvidada, negada, reprimida y borrada por pueblos enteros, y como estos mismos pueblos, ahora que se han recuperado un poco, tratan de recordar de nuevo mediante excitantes novelas de guerra aquello que ellos mismos provocaron y sufrieron. Llegará también el día en que las hazañas y padecimientos de nuestro Círculo, hoy olvidados o bien ridiculizados por el mundo, sean descubiertos de nuevo. Mis anotaciones servirán para ello.
Una de las peculiaridades de nuestro peregrinaje a Oriente fue que, a pesar de perseguir con este viaje unos fines colectivos muy concretos y elevados (los mismos pertenecen a los secretos del Círculo y me es imposible revelarlos aquí), cada uno de los participantes podía tener al mismo tiempo sus propios objetivos. Es más, debía de tenerlos, ya que nadie podía participar en el viaje sin estos objetivos particulares. Cada uno de nosotros, mientras parecía perseguir un ideal y un objetivo comunes y combatir bajo una misma bandera, llevada en sí como fuerza intrínseca y como último consuelo, sus propios y necios sueños de la infancia. El objetivo particular que me impulsara a mí a emprender el viaje, y por el cual fui preguntado antes de mi admisión en el Círculo por la Gran Silla, era extremadamente sencillo, en tanto que otros miembros se habían propuesto alcanzar fines que, aunque yo respetaba, no acababa de comprender del todo. Uno de ellos, por ejemplo, era buscador de tesoros y en su mente no albergaba otro pensamiento que el de descubrir un gran tesoro al que llamaba «Tao»; a otro, se le había metido en la cabeza cazar una determinada serpiente, la cual, según decía, poseía poderes mágicos y a la que él llamaba «Kundalini», la finalidad que yo me había propuesto representaba el objetivo de toda mi vida; quería realizar el sueño de mis años de adolescencia: ver a la princesa Fatme y, si ello me era posible, conquistar su amor.

Traducción de Víctor Scholz

Viaje al Oriente (1932)
Hermann Hesse

Calesita

Christiane Vleugels. Calesita.

El carrusel, el tiovivo, el cómo
se llamaba, la calesita, llama
que me ofrecía un ciervo, una calesa
un cisne y un caballo encabritado,
el prodigio que giraba tan quieto,
que tan quieto trotaba por un aire
con organillo y campanillas, aire
que no movía la cola del caballo
dorado y blanco, pero de peligro,
peligro de caerme en pleno vuelo,
de caerme y quedar así olvidada
del padre, de bajar en otro punto
del punto de subida y verme sola,
sin nubes, sin ya viento en el pelo,
perdida sin el miedo delicioso
de volar con las manos aferradas
a crines que me sueltan y yo arcilla
que en el horno del aire recupera
su forma quieta, forma del principio,
de ser sola y sin alas.

Trema (2005)
Ida Vitale

lunes, 9 de septiembre de 2019

Elogio de la locura

L. Pardo Figueroa. El sabio.

XXXVII. Volvamos a la felicidad de los locos, los cuales pasan la vida muy alegremente, y después, sin haber tenido miedo ni noción de la muerte, emigran directamente hacia los Campos Elíseos, y allí deleitan con sus gracias a las almas piadosas y desocupadas. Comparemos ahora a cualquier sabio con un loco de esta clase. Tomemos para ello un verdadero modelo de sabiduría, el que ha consumido en el estudio de las ciencias toda la infancia y la juventud, y perdido lo mejor de su vida en vigilias, cuidados y fatigas, y que en todo el resto de su vida no ha saboreado el menor placer; siempre sobrio, pobre, triste, sombrío, severo y duro para sí mismo, grave e insoportable para los demás; muy pálido, delgado, enfermizo, legañoso, con aspecto de viejo, calvo mucho antes de tiempo y que abandona la vida prematuramente. ¿Qué importa, por lo demás, que muera así quien nunca ha vivido? Ahí tenéis la egregia imagen de un sabio.

Elogio de la locura (1511)
Erasmo de Rotterdam

domingo, 8 de septiembre de 2019

Tu musa

Gabriel de Cool. La musa.

Covéncete primero de que le caes simpático,
de que lo pasa bien cuando sale contigo.
Llévala a casa luego, sírvele un par de copas
y, en un momento dado, mordisquéale el cuello.
Unas veces querrá pasar al dormitorio,
otras alegará una indisposición
y otras te contará su vida por entregas.
Muéstrale en cada caso la dosis de cariño
que te pidan sus ojos. Sé generoso siempre.
Trata de conservarla como sea a tu lado.
Sin ella, sin tu musa, no eres nadie poeta.

Por fuertes y fronteras (1996)
Luis Alberto de Cuenca

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Fábulas mitológicas

Higino. Fábulas mitológicas.

221. Los siete sabios

Pítaco de Mitilene, Periandrio de Corinto, Tales de Mileto, Solón de Atenas, Quilón de Esparta, Cleóbulo de Lindos, Biante de Priene. Máximas suyas son:
Cleóbulo, habitante de Lindos, dice: «La medida es lo mejor».
De Periandrio de Éfira aprendes: «Todo debe ser meditado».
Pítaco, nacido en Mitilene, dice: «Conoce el momento oportuno».
Biante de Priene afirma que  «la mayoría de los hombres son malos».
Y Tales de Mileto amenaza: «Para el fiador, ruinas».
«Conócete a ti mismo», dice Quilón, nacido en Esparta.
Y el cecropio Solón aconsejó: «Nada en demasía».

Nota: Éfira, es decir, Corinto.

Traducción, introducción y notas de Francisco Miguel del Rincón Sánchez

Fábulas mitológicas
Higino (64 a. C - 17)

domingo, 1 de septiembre de 2019

Siete hectáreas de bosque

Giampaolo Guisetti. Árboles.

Siete hectáreas de bosque, que podrían
ser viñedos, o trigo
esperando la siega,
probablemente páramos,
pero serán de bosque,
porque una fundación
privada, que prefiere lo concreto,
lo que pesa, ha plantado
siete hectáreas de bosque
a favor del futuro.

Confiado (2015)
Juan Antonio González-Iglesias

jueves, 29 de agosto de 2019

Camaradas de Ícaro

Aurora Luque. Camaradas de Ícaro.

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Vendo roca de Sísifo,
añeja, bien lustrada,
llevadera, limada por los siglos,
pura roca de infierno.
Para tediosos y desesperados,
amantes del absurdo
o para culturistas metafísicos.
Almohadilla de pluma para el hombro
sin coste adicional.


Revendo laberintos
usados, muy confusos.
Se garantiza pérdida total
por siete u ocho años.
Si no queda contento,
reembolsamos el hilo de Ariadna.

Camaradas de Ícaro (2003)
Aurora Luque

miércoles, 28 de agosto de 2019

Elevado y abatido

Idries Shah. Pensadores de Oriente.

Un hombre que viajaba sobre un camello, se cruzó con el sabio Zardalu y, al ver a alguien tan humilde que, sin embargo, era considerado por sus discípulos como un gran maestro, exclamó:
—Si la Enseñanza está concebida para elevar al hombre, ¿por qué se pueden encontrar tantos hombres abatidos?
Zardalu respondió sin levantar la cabeza:
—Si no fuera por la Enseñanza, estoy de acuerdo con que el hombre no estaría abatido. Estaría extinguido.

Traducción de J. E. R. A. D y Francisco Martínez Dalmases

Pensadores de Oriente (1971)
Idries Shah

lunes, 26 de agosto de 2019

Signos en la piedra

Antonio Colinas. Canciones para una música silente.

Sigue la senda de las piedras musgosas,
la que conduce a la gran roca,
a la raíz del ara, a la raíz del tiempo.
Mira la nieve humilde de la cima
tutelar.
Posa en ella tus ojos.

Luego, pósalos en el ara.
Posa también tus manos:
que se aquieten tus manos como palomas,
que echen raíces
en el silencio helado de la piedra.

Verás en ella señales muy leves,
signos dictados por el firmamento,
los símbolos de un tiempo infinito,
revelación del alma que no muere.

No podrás ir más allá.
No debes ir más allá.

Canciones para una música silente (2014)
Antonio Colinas