miércoles, 26 de abril de 2017

Paseo de portales

Alexei Butirskiy. Arcos.

Paseo de portales.
Horas dulces y lentas.
Mirar, soñar, charlar
y dar vueltas, más vueltas.

Paseo de portales
Gerardo Diego

lunes, 24 de abril de 2017

Espejos. Una historia casi universal

Eduardo Galeano. Espejos.

Cavernas

Las estalactitas cuelgan del techo. Las estalagmitas crecen desde el suelo.
Todas son frágiles cristales, nacidos de la transpiración de la roca, en lo hondo de las cavernas que el agua y el tiempo han excavado en las montañas.
Las estalactitas y las estalagmitas llevan miles de años buscándose en la oscuridad, gota tras gota, unas bajando, otras subiendo.
Algunas demorarán un millón de años en tocarse.
Apuro, no tienen.


Fundación del fuego

En la escuela me enseñaron que en el tiempo de las cavernas descubrimos el fuego frotando piedras o ramas.
Desde entonces, lo vengo intentado. Nunca conseguí arrancar ni una humilde chispita.
Mi fracaso personal no me ha impedido agradecer los favores que el fuego nos hizo. Nos defendió del frío y de las bestias enemigas, nos cocinó la comida, nos alumbró la noche y nos invitó a sentarnos, juntos, a su lado.

Espejos. Una historia casi universal (2008)
Eduardo Galeano

domingo, 23 de abril de 2017

Como tú

León Felipe. Versos y oraciones de caminante.

Así es mi vida,
piedra,
como tú; como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una Lonja,
ni piedra de una Audiencia,
ni piedra de un Palacio,
ni piedra de una Iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que, tal vez, estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...

Versos y oraciones de caminante (1920 y 1929)
León Felipe

jueves, 20 de abril de 2017

Málibu

Luis Cernuda. Desolación de la Quimera.

Málibu,
Olas con lluvia.
Aire de música.

Málibu,
Agua cautiva.
Gruta marina.

Málibu,
Nombre de hada.
Fuerza encantada.

Málibu,
Viento que ulula.
Bosque de brujas.

Málibu,
Una palabra,
Y en ella, magia.

Desolación de la quimera (1962)
Luis Cernuda

lunes, 17 de abril de 2017

Hipatia

Alfred Seifert. Hipatia.

Va con cualquiera —decían, queriendo ensuciar su libertad.
No parece mujer —decían, queriendo elogiar su inteligencia.
Pero numerosos profesores, magistrados, filósofos y políticos acudían desde lejos a la Escuela de Alejandría, para escuchar su palabra.
Hipatia estudiaba los enigmas que habían desafiado a Euclides y a Arquímides, y hablaba contra la fe ciega, indigna del amor divino y del amor humano. Ella enseñaba a dudar y a preguntar. Y aconsejaba:
Defiende tu derecho a pensar. Pensar equivocándote es mejor que no pensar.
¿Qué hacía esa mujer hereje dictando cátedra en una ciudad de machos cristianos?
La llamaban bruja y hechicera, la amenazaban de muerte.
Y un mediodía de marzo del año 415, el gentío se le echó encima. Y fue arrancada de su carruaje y desnudada y arrastrada por las calles y golpeada y acuchillada. Y en la plaza pública la hoguera se llevó lo que quedaba de ella.
Se investigará —dijo el prefecto de Alejandría.

Espejos. Una historia casi universal (2008)
Eduardo Galeano

domingo, 16 de abril de 2017

Meditaciones

Marco Aurelio. Meditaciones.

Libro II

14. Aunque debieras vivir tres mil años y otras tantas veces diez mil, no obstante recuerda que nadie pierde otra vida que la que vive, ni vive otra que la que pierde. En consecuencia, lo más largo y lo más corto confluyen en un mismo punto. El presente, en efecto es igual para todos, lo que se pierde es también igual, y lo que se separa es, evidentemente, un simple instante. Luego ni el pasado ni el futuro se podría perder, porque lo que no se tiene, ¿cómo nos lo podría arrebatar alguien? Ten siempre presente, por tanto, esas dos cosas: una, que todo, desde siempre, se presenta de forma igual y describe los mismos círculos, y nada importa que se contemple lo mismo durante cien años, doscientos o un tiempo indefinido; la otra, que el que ha vivido más tiempo y el que morirá más prematuramente, sufren idéntica pérdida. Porque sólo se nos puede privar del presente, puesto que éste sólo posees, y lo que uno no posee, no lo puede perder.

Traducción de Ramón Bach Pellicer

Meditaciones
Marco Aurelio (121-180)

sábado, 15 de abril de 2017

Voces

Antonio Porchia, retratado por Libero Badii.

Estar en compañía no es estar con alguien, sino estar en alguien.

Dirán que andas por un camino equivocado, si andas por tu camino.

Un poco de ingenuidad nunca se aparta de mí. Y es ella la que me protege.

Y si crees que eres como cualquier ser, como cualquier cosa, eres todos los seres, todas las cosas. Eres el universo.

Toda persona anónima es perfecta.

Miles de soles lejanos no disipan la noche.

Voces
Antonio Porchia

Susana y los viejos

Hendrick Goltzius. Susana y los viejos.

Furtivos, silenciosos, tensos, avizorantes,
Se deslizan, escrutan y apartando la rama
Alargan sus miradas hasta el lugar del drama:
El choque de un desnudo con los sueños de antes.

A solas y soñando ya han sido los amantes
Posibles, inminentes, en visión, de la dama.
Tal desnudez real ahora los inflama
Que los viejos se asoman, tímidos estudiantes.

¿Son viejos? Eso cuentan. Es cómputo oficial.
En su carne se sienten, se afirman juveniles
Porque lo son. Susana surge ante su deseo,

Que conserva un impulso cándido de caudal.
Otoños hay con cimas y ráfagas de abriles.
—Ah, Susana. —¡Qué horror! —Perdóname. ¡Te veo!

Homenaje. Reunión de vidas (1949-1966)
Jorge Guillén

viernes, 14 de abril de 2017

Juegos de parejas

Juegos de parejas
Juegos de parejas

—Voy a cazar mariposas.
—Pero, Clarisse —replicó Walter—, en esta estación no hay mariposas.
—Quién sabe.
El hombre sin atributos
Robert Musil

Gramática convencional
Esa mañana temprano, Eva se puso la malla y la sudadera que su marido le había regalado en su cumpleaños y salió al balcón. Era temprano, y aún no había amanecido. El cielo estaba estrellado, estrellas como puños. Solía correr una media hora y a la vuelta preparaba el desayuno de todos. Correr con las estrellas, lo llamaba ella. Bajó los cuatro pisos en ascensor y salió a la calle.
Era sábado. Las ventanas de las casas del vecindario permanecían apagadas. Eva se apoyó en la empalizada del jardín de la comunidad y empezó con los ejercicios para entonar las piernas. Soplaba una brisa algo fresca, anticipando el otoño. Mientras se ponía a punto, se fijó en el césped cubierto de hojas y alzó la vista hasta el magnolio. Empezó a correr, y a la luz de las farolas vio que los plátanos de ambos lados de la carretera estaban igualmente desnudos, sus hojas muertas alfombrando la alameda, que los pies levantaban en medio de pequeñas explosiones de hojarasca seca.
Juegos de parejas
Asdrúbal Hernández

jueves, 13 de abril de 2017

Uno de esos días

Uno de esos días
Bien, ¿tendría que repetírselo? ¿Cómo quería que se lo dijera? ¿Acaso no hablaban el mismo idioma? Lo repitió una vez más. Más o menos con las mismas palabras, que, sin embargo, remarcó ahora con un tonillo de irritación que expresaba el incipiente agotamiento de su paciencia.
—Te lo repito, hoy salgo tarde y no puedo ir a retirarlo.
—Pero ya he quedado para jugar al golf —repitió a su vez ella—. ¿Es que no lo entiendes? ¿No me escuchas?
—Por Dios, ¿te das cuenta de que si no lo recogemos hoy nos pasaremos el fin de semana sin él?
—¿Y qué? ¿No tenemos el otro? ¿Para qué queremos los dos coches el fin de semana?—repuso ella.
Él no respondió de inmediato. ¿Qué podía oponer a eso?
—Mira… —empezó.
—Además, por qué no me lo dijiste anoche? No, tenías que esperar a que quedara con mis amigas para decírmelo.
—Santísimo Jesucristo, ¿pero no te entra en la cabecita que se ha terminado de estropear es-ta-ma-ña-na? Cómo iba a decírtelo anoche. Lo que te dije anoche es que se me había calado en un semáforo volviendo a casa, y que la semana pasada le había pasado lo mismo otras dos veces, pero que luego había vuelto a arrancar. ¿Quién no escucha a quién? Te lo dije delante de los chicos, mientras cenábamos. Ellos son testigos.
—¿Los chicos, dices? Siempre igual. No los obligues a tomar partido, te llevarías una sorpresa.
—¿Qué quieres decir? No me vengas…
Uno de esos días
Asdrúbal Hernández

miércoles, 12 de abril de 2017

Tres de corazones

Tres de corazones
(relatos)
Todos los huevos
El día siguiente transcurrió con
normalidad; al otro todo cambió.
Soldados de Salamina
Javier Cercas
Llamó a Elena.
Eso fue lo primero que Leisa hizo nada más bajar del avión. Luego tomó un taxi y se dirigió a la ciudad. Entre todo lo que la distancia le había permitido hacer durante esos tres meses que había pasado fuera estaban los planes para empezar de nuevo, y ahora, recostada sobre el respaldo del asiento y con la cabeza algo levantada y ensoñadoramente vuelta a un lado, fue repasando todo cuanto se había propuesto hacer desde mañana mismo.
Tres de corazones
Asdrúbal Hernández

domingo, 9 de abril de 2017

Acerca de los cometas

El Gran Cometa de 1811, de R. A. Proctor, Flowers of the Sky.

Si yo fuera un cometa, debería considerar al hombre de nuestro tiempo como una raza degenerada.
En tiempos pasados, el respeto hacia los cometas era universal y profundo. Uno de ellos anunció la muerte de César, otro fue interpretado como indicador de la proximidad de la muerte del emperador Vespasiano. Éste era un hombre de carácter y sostuvo que el cometa debía de tener otra significación, puesto que tenía cabellera y él era calvo, pero fueron pocos los que compartieron este extremo de racionalismo. Beda el Venerable dijo que «los cometas presagian revoluciones en los reinos, pestes, guerras, vientos o calores». John Knox consideraba los cometas como pruebas de la ira divina, y otros protestantes escoceses pensaban que eran «una advertencia al rey para que exterminara a los papistas».
Norteamérica, y especialmente Nueva Inglaterra, tuvo su debida parte en la atención de los cometas. En 1652 apareció un cometa precisamente en el momento en que el eminente señor Cotton cayó enfermo, y desapareció a su muerte. Sólo diez años más tarde un nuevo cometa advirtió a los perversos habitantes de Boston que se abstuvieran de «la voluptuosidad y el abuso de las buenas criaturas de Dios por la licenciosidad en la bebida y en las modas del vestido». Mather, el eminente teólogo, consideraba que los cometas y los eclipses habían presagiado las muertes de algunos presidentes de Harvard y de algunos gobernadores coloniales, y recomendó a su rebaño que rogara al Señor que no «se llevara las estrellas y enviara cometas para substituirlas».
Toda esta superstición fue disipada por el descubrimiento por Halley de que al menos un cometa giraba alrededor del sol en una elipse regular, igual que un juicioso planeta, y por la prueba de Newton de que los cometas obedecen la ley de gravitación. Durante algún tiempo, los profesores de las universidades más anticuadas tuvieron prohibido mencionar estos descubrimientos, pero, a la larga, la verdad no pudo ser ocultada.
En nuestros días, es difícil imaginar un mundo en el que todos, pobres o ricos, educados o incultos, estaban preocupados por los cometas y se llenaban de terror cuando aparecería alguno. La mayoría de nosotros nunca ha visto un cometa. Yo he visto dos, pero eran mucho menos impresionantes de lo que yo había esperado. La causa del cambio en nuestra actitud no es únicamente el racionalismo, sino el alumbrado artificial. En las calles de una ciudad moderna, el cielo nocturno es invisible; en los distritos rurales, viajamos con vehículos con potentes faros. Hemos borrado los cielos, y sólo unos pocos científicos siguen atendiendo a las estrellas y los planetas, los cometas y los meteoritos. El mundo de nuestra vida diaria es más artificial que en cualquier época anterior. En ello hay un menoscabo, así como una ventaja: el hombre, en la seguridad de su poder, se está haciendo superficial, arrogante y un poco loco. Pero no creo que un cometa produjera ahora el saludable efecto moral que produjo en Boston en 1662; ahora sería menester una medicina más fuerte.

Traducción de María Elena Rius

Elogio de la ociosidad y otros ensayos
Bertrand Russell (1872-1970)

jueves, 6 de abril de 2017

Demasiadas cosas

Pablo Picasso. El asceta, 1903.

El asceta es consciente de demasiadas cosas.
Un exceso de amor lo amarra al mundo.
Cada casualidad se convierte en un vínculo.
Siente cada palabra, cada letra.
Se puede enamorar de una definición
encontrada al azar en cualquier diccionario.
A veces tiene miedo de que su corazón alcance el tamaño del cosmos.
Por eso con paciencia va deshaciendo nudos.
Corta ataduras. Se le va la vida
en desentenderse.

Eros es más (2007)
Juan Antonio González-Iglesias

miércoles, 5 de abril de 2017

Minidecálogo de la ley del minirrelato

Raúl Renán, fotografiado por Salvador Castañeda.

1)   Todo es incipit.
2)   Omnipersonaje.
3)   Esencia de la esencia.
4)   Nadanécdota.
5)   Tensión contención.
6)   Candado verbal.
7)   Honduración.
8)   Instantaneidad.
9)   Amoral.
10) Vida in nuce. 

Minidecálogo de la ley del minirrelato
Raúl Renán

domingo, 2 de abril de 2017

Poemas proféticos y prosas

William Blake, retratado por Thomas Phillips.

PROVERBIOS INFERNALES

El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría.

El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.

Lo que hoy es evidencia, ayer fue sólo imaginación.

Un solo pensamiento colma la inmensidad.

Así como la oruga escoge las hojas más hermosas para poner los huevos, el sacerdote deposita su maldición sobre las más hermosas alegrías.

La creación de una florecilla es trabajo de siglos.

Fecundidad sin tasa es la Belleza.

Las mejoras enderezan los caminos; pero los caminos tortuosos, sin mejoras, son los propios del Genio.

De El matrimonio del Cielo y del Infierno

Traducción de Cristóbal Serra

Poemas proféticos y prosas
William Blake (1757-1827)

sábado, 1 de abril de 2017

Estrategias del deseo

Cristina Peri Rossi. Estrategias del deseo.

Contra la identidad

La pregunta que me atormentaba a los seis años
«¿por qué soy yo y no cualquier otro u otra?»
sigue sin respuesta
muchos años después.

Sólo que en ese tiempo
a menudo he sido otro
otra
sin necesidad de ir a Casablanca
a cambiar de sexo
ni a una clínica de cirugía estética
a cambiar de aspecto.


Contra lo ordinario

Nadie ha podido demostrar hasta ahora
       de manera fehaciente
que los pequeños deseos
son más fáciles de conseguir que los grandes.
Sólo se ha podido demostrar
        de manera fehaciente
que son más numerosos.

Estrategias del deseo (2004)
Cristina Peri Rossi

viernes, 31 de marzo de 2017

Kôan

S. Hodo. Peregrino caminando en la nieve.

¡No vayas!
¡No vuelvas!
¡No te quedes de pie!
¡No te sientes!
¡No te levantes!
¡No te tumbes!

Traducción de Godofredo González

Misterios de la sabiduría inmóvil del maestro Takuán
Takuán (1573-1645)

jueves, 30 de marzo de 2017

La espuma de las horas

Octavio Paz. Foto: Manuel Álvarez Bravo.

La espuma de las horas: Marie José Paz

La vocación comienza con un llamado. Es un despertar de facultades y disposiciones que dormían adentro de nosotros, y que, convocadas por una voz que viene de no sabemos dónde, despiertan y nos revelan una parte de nuestra intimidad. Al descubrir nuestra vocación nos descubrimos a nosotros mismos. Es un segundo nacimiento. Por esto muchos artistas cambian el nombre que les dieron sus padres por otro, el de su vocación. El nuevo nombre es una señal, mejor dicho, una contraseña que les abre el camino hacia una región oculta de su persona. Vocación viene de vocatio: llamamiento; a su vez, vocatio es un derivado de vox. La palabra designó al principio, dice el Diccionario de Autoridades, «a la inspiración con que Dios llama a un estado de perfección, especialmente al de religión». Dios tiene distintas maneras de llamar y, como refiere la Biblia, muchas son mudas; señales silenciosas, signos que debemos descifrar.
Aunque el significado religioso de vocación se ha extendido a otros campos, sobre todo a los del arte y pensamiento, la palabra designa, en todos los casos, a dos actos correlativos: el llamado y la respuesta. ¿Quién o qué nos llama? No lo sabemos a ciencia cierta; es un agente exterior, una fuerza, un hecho en apariencia insignificante pero cargado de sentido, una palabra oída al azar, qué se yo; no obstante, aunque viene de fuera, se confunde con nosotros mismos. La vocación es el llamado que un día, señalado entre todos, nos hacemos y al que no tenemos más remedio que responder, si queremos realmente ser. El llamado nos obliga a salir de nosotros mismos. La vocación es un puente que nos lleva a otros mundos que son nuestro verdadero mundo.

Al paso (1992)
Octavio Paz

miércoles, 29 de marzo de 2017

Vida

José Hierro. Cuaderno de Nueva York.

DESPUÉS de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito "¡Todo!", y el eco dice "¡Nada!".
Grito "¡Nada!", y el eco dice "¡Todo!".
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada).

Que más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

Cuaderno de Nueva York (1998)
José Hierro

martes, 28 de marzo de 2017

Los ojos del asceta

Juan Antonio González-Iglesias. Eros es más.

Cuando algo consigue todavía
cuando alguien consigue
que vuelva la cabeza,
celebro fugazmente
cada contemplación,
porque sé que a partir
del año cuadragésimo de vida
los ojos del asceta
apenas miran ya las cosas de este mundo.

Eros es más (2007)
Juan Antonio González-Iglesias

miércoles, 22 de marzo de 2017

La conquista de la Luna

Ilustración de Al Feldstein.

Después de establecer un servicio de viajes de ida y vuelta a la Luna, de aprovechar las excelencias de su clima para la curación de los sanguíneos, y de publicar bajo el patronato de la Smithosonian Institution la poesía popular de los lunáticos (Les Complaintes de Laforgue, tal vez) los habitantes de la Tierra emprendieron la conquista del satélite, polo de las más nobles y vagas displicencias.
La guerra fue breve. Los lunáticos, seres los más suaves, no opusieron resistencia. Sin discusiones en café, sin ediciones extraordinarias de El matiz imperceptible, se dejaron gobernar por los terrestres. Los cuales, a fuer de vencedores, padecieron la ilusión óptica de rigor —clásica en los tratados de Físico-Historia— y se pusieron a imitar las modas y usanzas de los vencidos. Por Francia comenzó tal imitación, como adivinaréis.
Todo el mundo se dio a las elegancias opacas y silenciosas. Los tísicos eran muy solicitados en sociedad, y los moribundos decían frases excelentes. Hasta las señoras conversaban intrincadamente, y los reglamentos de policía y buen gobierno estaban escritos en estilo tan elaborado y sutil que eran incomprensibles de todo punto aun para los delincuentes más ilustrados.
Los literatos vivían en la séptima esfera de la insinuación vaga, de la imagen torturada. Anunciaron los críticos el retorno de Mallarmé, pero pronto salieron de su error. Pronto se dejó también de escribir porque la literatura no había sido sino una imperfección terrestre anterior a la conquista de la Luna.

Ensayos y poemas (1917)
Julio Torri

martes, 21 de marzo de 2017

La lectura

Jean-Baptiste Camille Corot. Mujer leyendo.

Capítulo VI
Los autores espirituales que han hablado de la manera de leer un libro para que sirva de alimento al alma, aconsejan cesar de leer desde el instante que el alma se siente conmovida. Y la más bella imagen que pueda darse de la lectura es la de esa mujer que Corot ha pintado, y que sueña o contempla, la mano en un libro en el cual abandona un dedo. Lo que el autor desea, desde luego, es realizarse en un alma. Os ofrece espacios entre los renglones y en los márgenes para que escribáis vuestros pensamientos junto a los suyos. Nada es tan conmovedor como un libro abierto en la misma página, bajo vuestra mirada atenta, mientras esperáis el ruido de la hoja que no será vuelta...
Es verdad que si se levantara tienda en cada pasaje que agrada o mueve a reflexión, no se leería jamás. Se cuenta que un Padre del desierto, deseando meditar sobre el Padrenuestro, no había pasado al cabo de algunos años del "Padre Nuestro...", que lo contiene todo. Sin embargo, para leer bien un libro, conviene leerlo por completo, aunque sea a la carrera, y captar su ritmo a fin de que las partes que se elijan se mantengan envueltas en la luminosidad del Todo.

Traducción de Celia Pereira y Carlos A. Duval. Revisión de Carlos Rovetta.

El trabajo intelectual (1951)
Jean Guitton

domingo, 19 de marzo de 2017

Memorias

Isaac Asimov. Memorias.

Recuerdo las cálidas tardes de verano en que había poco movimiento en la tienda y mi padre, con o sin mi madre, podía arreglárselas sin mí. Me sentaba fuera de la tienda (siempre disponible por si había una emergencia), con mi silla apoyada contra la pared.
También recuerdo que después de nacer mi hermano Stanley tuve que ocuparme de él; empujaba el cochecito alrededor de la manzana veinte o treinta veces mientras leía un libro que apoyaba contra el manillar.
Me recuerdo volviendo de la biblioteca con tres libros, uno bajo cada brazo y leyendo el tercero. (Se lo contaron a mi madre calificándolo de «comportamiento extraño» y me riñó, ya que tanto a ella como a mi padre los horrorizaba la posibilidad de molestar a sus clientes. Como usted se imaginará, no hice ningún caso).
En otras palabras, era un clásico «ratón de biblioteca». A los que no lo son, les puede resultar extraño que alguien se pase el día leyendo, dejando que la vida con todo su esplendor pase inadvertida, malgastando los despreocupados días de la juventud y perdiéndose la maravillosa interacción entre el músculo y los tendones. Puede parecer que eso tiene algo de triste, incluso de trágico, y uno podría preguntarse qué impulsa a un joven a hacer algo así.
Pero la vida es fantástica cuando uno es feliz; la interacción entre el pensamiento y la imaginación es muy superior a la de músculos y tendones. He de decir, si usted no lo sabe por propia experiencia, que leer un buen libro, embebido en el interés de sus palabras y pensamientos, produce en algunas personas (en mí, por ejemplo) una increíble sensación de felicidad.
Si quiero evocar la paz, la serenidad y el placer, pienso en mí mismo durante esas tardes de verano perezosas, con la silla apoyada contra la pared, el libro en el regazo y pasando las páginas suavemente.
En determinadas épocas de mi vida ha habido ocasiones de mayor éxtasis, grandes momentos de satisfacción y triunfo, pero por lo que respecta a una felicidad tranquila y reposada, nunca nada que se pueda comparar con esto.

Traducción de Teresa de León

Memorias
Isaac Asimov

jueves, 16 de marzo de 2017

A ti solo

Juan Ramón Jiménez, retratado por Daniel Vázquez Díaz.

¡No corras, ve despacio, que adonde tienes que ir es a ti solo!

Arenal de eternidades (1916-1917)
Juan Ramón Jiménez

Atracción de contrarios

José Manuel Caballero Bonald. Diario de Argónida.

Se me quedó la vida en muchos sitios
donde no estuve nunca.
                                             Vuelvo así
consecutivamente de esas ávidas
lontananzas de la imaginación
hasta el lugar fortuito en que ahora estoy.

No se ve a nadie desde tantas
fabulaciones de la geografía,
sólo un crespón de bruma matinal,
la trama ondisonante del otoño,
el dardo gris del frío.

Los fulgores viajeros son ya mustias
supercherías de la luz
y es como si de pronto se fuera insinuando
un último vestigio de alcohol y de abulia
por los abigarrados vericuetos
del tiempo:
                      esa impura manera
de ir dejando la vida
en lugares donde nunca estuve.

Diario de Argónida (1997)
José Manuel Caballero Bonald

lunes, 13 de marzo de 2017

El pueblo natal

Alexander Kanoldt. Olevano.

En el pueblo natal, en el jardín esponjado por las lombrices,
crece todavía la aquilea
y en todas las casas se oye el vetusto tictac de los relojes de pesas.
El humo asciende de las cabañas como columnas del sacrificio
y para aquellos que vienen de lejos,
del duro trabajo de los mares del mundo y de las calles de putas de Barcelona,
este sereno pueblecito parece una mentira silenciosa.
Una mentira junto a la que a uno le gustaría demorarse.
Una mentira por la que uno querría
                           pisotear todas las malvadas verdades.
De Antología de lírica moderna (1931) 

Traducción de Francisco J. Uriz

Entre luz y oscuridad
Harry Martinson

domingo, 12 de marzo de 2017

El arte de la armonía

Ramiro A. Calle. El arte de la armonía.

La gran liberación

El discípulo anhelaba respuestas y quería hallar la armonía definitiva. Una mañana, mientras paseaba con su preceptor, le preguntó:
—¿Qué es la gran liberación?
—¡Apresúrate!
—Pero ¿en qué debo apresurarme?
—¡Contempla el torrente!

Comentario


Se tiene que despertar la mente, activarla, mantenerla en el presente, abrir los sentidos, conectar con cada instante, sentir, percibir intensamente, no adormecerse en los propios pensamientos incontrolados.
¡Contemplad! Sin reacciones desagradables, sin recuerdos que se interpongan, sin comparaciones banales. ¡Contemplad! Pero empezad ya, no mañana, porque la enfermedad del mañana nos gana y el mañana nunca llega. Ahora es el momento de contemplar: esa flor, ese atardecer, el rostro de ese amigo... ¡Contemplad! A menudo nos contemplamos, no percibimos, no estamos despiertos, sino que somos mecánicos, psíquicamente sonámbulos, embotados.
Contemplad con atención, contemplad con ecuanimidad. Mantened la mente en estado meditativo, abierta y alerta, pues cada instante cuenta para el que sabe contemplar; pero no dejéis que nada interfiera entre el que contempla y lo contemplado.

El arte de la armonía (2002)
Ramiro A. Calle

sábado, 11 de marzo de 2017

Dichos

Rafael Cadenas, fotografiado por Manuel Sardá.

Sondear ese extraño que uno es. Pero ¿quién indaga? Alguien perdido sale a buscar a alguien perdido.

El misterio tiembla en todas partes, también en nosotros, pero no nos percatamos.

No hay diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario.

Todo hombre es antiquísimo, pero no lo quiere saber.

Estar sin ídolos, con la vida, siendo.

Lo esencial no es de ninguna época.

Ningún viento puede apagar la llama que en nada se apoya.

Somos arenas susurrantes.

La vida, ese hecho deslumbrante, inasible, tremendo, no es suficiente para el hombre. Él exige más, y por supuesto, nada puede aplacar su descontento.

Lo inmediato, esa cima.

Dichos
Rafael Cadenas

miércoles, 8 de marzo de 2017

Litología

José Manuel Ruiz Blanco. La piedra mágica II

Arrojaría la primera piedra
si tan sólo supiera
                                   contra qué
                                   contra quién
Pero callo
                   obedezco
gasto mis días
                          pongo
hasta el cansancio piedra sobre piedra
Repito:
sobre esta piedra inventaré mi vida
Repito:
sola piedra de escándalo la muerte
Y oigo la piedra de moler del tiempo
que adelanta noticias de mi polvo
Hasta las piedras saben esa historia:
que no quedará piedra sobre piedra

Plagio I. Comentarios
Ulalume González de León

lunes, 6 de marzo de 2017

Escultura

Enrique Badosa. Mapa de Grecia.

En lo definitivo de mi edad,
más que nunca me siento responsable
de este lugar que ocupo en el espacio.
Donde yo estoy, podría hallarse un hombre
no sólo con más fuerza de vivir,
con más dominio y más inteligencia,
sino con más bondad en la mirada.
Debo mucha alegría y juventud,
el amor, la amistad, los libros verdaderos
y el regresar a Grecia para siempre.
Ocupo yo tal vez el lugar de otro
que lo merece más.
Pero me acepto y seguiré pensando
en las obras maestras.

Mapa de Grecia (1979)
Enrique Badosa

domingo, 5 de marzo de 2017

Remedia amoris II

Ángel García Pinto. Jinetes asirios, siglo IX a. de C.

Los soldados asirios nunca amaron.
Así se afirma en un tratado antiguo.
Si no te sirve el caso, a mí tampoco,
pero deja el amor para mañana.
Si desprecias la guerra, no guerrees:
dedícate al estudio, por ejemplo,
hay campos no trillados todavía:
el imperio Kitán, Saray quemada,
la diplomacia escita, el Siglo Oscuro,
pero deja el amor para mañana.

Europa y otros poemas (1979-1990)
Julio Martínez Mesanza

viernes, 3 de marzo de 2017

Razón de amor

Pedro Salinas. Razón de amor.

¡Pasmo de lo distinto!
¡Ojos azules, nunca
igual a ojos azules!
La luz del día este
no es aquella de ayer,
ni alumbrará mañana.
En infinitos árboles
del mundo, cada hoja
vence al follaje anónimo,
por un imperceptible
modo de no ser otra.
Las olas,
unánimes en playas,
hermanas, se parecen
en el mirar azul,
en el color del pelo,
o gris, sí. Pero todas
tienen letra distinta
cuando cuentan sus breves
amores en la arena.

¡Qué gozo, que no sean
nunca iguales las cosas,
que son las mismas! ¡Toda,
toda la vida es única!
Y aunque no las acusen
cristales ni balanzas,
diferencias minúsculas
aseguran a un ala
de mariposa, a un grano
de arena, la alegría
inmensa de ser otras.
Si el vasto tiempo entero
—río oscuro— se escapa,
en las manos nos deja
prendas inmarcesibles
llamadas días, horas
en que fuimos felices.

Razón de amor (1936)
Pedro Salinas

jueves, 2 de marzo de 2017

Miedo

Antonio Berni. Retrato de Nicolás Guillén.

De repente me asusta
pensar que estoy viviendo.
¡Qué aventura terrible,
qué miedo!
Estar aquí encerrado,
el corazón latiendo;
aquí, sin saber nada,
con los ojos abiertos;
aquí como un sonámbulo,
manos rectas, de ciego,
buscando una salida,
un gendarme, un portero.

Yo aquí en la vida, solo,
viviendo.

Summa poética
Nicolás Guillén

martes, 28 de febrero de 2017

Bosque sombrío

Juan Eduardo Zúñiga. El anillo de Pushkin.

El pueblo ruso ha creado un proverbio «El alma ajena son tinieblas» que hará desistir a quien intente entrar en los secretos de los demás, ya que el alma humana parece huir ante toda indagación, por lo que el príncipe Mishkin —de El idiota de Dostoievski— exclama: «¿Por qué no podemos nunca saberlo todo del otro?» Y el hombre en parte será irreconocible para sus semejantes y preservará una zona, un pozo de mina desconocido de todos. Porque es evidente una decisión de silencio, de ocultarse tras los tupidos matorrales, los troncos próximos ornados de musgo, bajo las vencidas ramas de los abetos. El poeta Fedor Tiutchev —del que dijo Aleksandr Blok que era «el alma más nocturna de la literatura rusa»— lo propone tácitamente en su famoso poema  «Silentium».

Calla, esconde y guarda
los sentimientos y los sueños.

En el fondo del alma
amanecen y anochecerán
igual a la estrella que vive en la noche.
Ámalos y calla.

¿Cómo expresarse con el corazón?
¿Podrá otro comprenderte?
El pensamiento comunicado es falso:
si cavas, alterarás las fuentes:
nútrete de ellas y calla.

Vivir solo en sí mismo es sensato:
en tu alma hay todo un mundo
de pensamientos secretos y mágicos;
les ahoga el fragor de fuera,
la luz del día les ciega.
Escucha su canción y calla.

El anillo de Pushkin (1983)
Juan Eduardo Zúñiga

lunes, 27 de febrero de 2017

El tigre

Collin Bogle. Tigre.

Iba y venía, delicado y fatal, cargado de infinita energía, del otro lado de los firmes barrotes y todos lo mirábamos. Era el tigre de esa mañana, en Palermo, y el tigre del Oriente y el tigre de Blake y de Hugo y Shere Khan, y los tigres que fueron y que serán y asimismo el tigre arquetipo, ya que el individuo, en su caso, es toda la especie. Pensamos que era sanguinario y hermosos. Norah, una niña, dijo: Está hecho para el amor.

Historia de la noche (1977)
Jorge Luis Borges

Grandezas de la burocracia

Dionisio Baxeiras. Abderramán III recibe a Juan de Gorce.

Cuentan que Abderrahmán decidió fundar la ciudad más hermosa del mundo, para lo cual mandó llamar a una multitud de ingenieros, de arquitectos y de artistas a cuya cabeza estaba Kamaru-I-Akmar, el primero y el más sabio de los ingenieros árabes.
Kamaru-I-Akmar prometió que en un año la ciudad estaría edificada, con sus alcázares, sus mezquitas y jardines más bellos que los de Lusa y Ecbatana y aún que los de Bagdad. Pero solicitó al califa que le permitiera construirla con entera libertad y fantasía y según sus propias ideas, y que no se dignase a verla sino una vez que estuviese concluida. Abderrahmán, sonriendo, accedió.
Al cabo del primer año Kamaru-I-Akmar pidió otro año de prórroga, que el califa gustosamente le concedió. Esto se repitió varias veces. Así transcurrieron no menos de diez años. Hasta que Abderrahmán, encolerizado, decidió ir a investigar. Cuando llegó, una sonrisa le borró el ceño adusto.
—¡Es la más hermosa ciudad que han contemplado ojos mortales! —le dijo a Kamaru-I-Akmar—. ¿Por qué no me avisaste que estaba construida?
Kamaru-I-Akmar inclinó la frente y no se atrevió a confesar al califa que lo que estaba viendo eran los palacios y jardines que los ingenieros, arquitectos y demás artistas habían levantado para sí mismos mientras estudiaban los planes de la futura ciudad.
Así fue construida Zahara, a orillas del Guadalquivir.

Falsificaciones (1966)
Marco Denevi

domingo, 26 de febrero de 2017

Atlas

Boris Vallejo. Atlas.

Atlas estaba parado, con las piernas bien abiertas, cargando el mundo sobre sus hombros. Hiperión le preguntó:
—Supongo, Atlas, que te pesará más cada vez que cae un aerolito y se clava en la tierra.
—Exactamente —contestó Atlas—. Y por el contrario, a veces me siento aliviado cuando un pájaro levanta vuelo.

El gato de Cheshire (1965)
Enrique Anderson Imbert

sábado, 25 de febrero de 2017

Industrias y andanzas de Alfanhuí

Dan McCarthy. Lluvia.

Y así toda sutileza se conocía, porque había verdes que parecían iguales y, sin embargo, el agua, al mojarlos, sacaba de ellos un brillo oculto y los revelaba diferentes. Y éstos eran los verdes de lluvia, porque sólo bajo la lluvia se daban a conocer y estaban para guardar en sus gamas el recuerdo de cuanto en los días de lluvia había ocurrido y en lo demás del tiempo se estaban ocultos y nada decían. Porque las mismas cosas tienen, en distintos días, distintos modos de acontecer y lo que ocurrió bajo la lluvia, sólo bajo la lluvia puede ser contado y recordado.

Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951)
Rafael Sánchez Ferlosio