viernes, 25 de septiembre de 2020

Versos de retorno

José Antonio Muñoz Rojas. Versos de retorno.

Papeles viejos
de mis estantes,
decidme vuestros secretos.

Los ha escrito
con su tinte amarillento
y su pluma de ave vieja,
el tiempo.

Maestros,
decidme vuestro saber
—oro viejo.

Papeles de mis estantes,
los estantes de la casa
de mi pueblo,
decidme lo que en vosotros
escribió el tiempo.

Nada nuevo,
dicen los papeles nuevos.

Versos de retorno (1929)
José Antonio Muñoz Rojas 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Ansiedad por el estatus

 Jean-Baptiste Chardin. Comida para un convaleciente, 1746.

Arte y esnobismo

3

Los cuadros también pueden cuestionar la interpretación habitual que tiene el mundo sobre quién o qué es importante.
Jean-Baptiste Chardin pintó su Comida para un convaleciente en 1746. Una mujer vestida con sencillez está de pie en una habitación apenas amueblada, pelando pacientemente un huevo para una persona enferma que no podemos ver. Es un momento cualquiera en la vida de una persona corriente. ¿Por qué pintar algo así? Durante gran parte de la carrera de Chardin sus críticos estuvieron de acuerdo con el tono escéptico de la pregunta. Era un pintor de talento que, misteriosamente, había decidido centrar su atención en barras de pan, platos rotos, cuchillos y tenedores, manzanas y peras, así como en trabajadores o personajes de clase media baja atendiendo a sus ocupaciones en cocinas y salones modestos.
Desde luego, esto no era lo que se suponía que tenía que pintar un gran creador, según las normas artísticas prescritas por la Academia de Pintura Francesa. Desde que Luis XIV la fundara en 1648, la Academia había establecido una jerarquía de géneros pictóricos en función de la importancia de cada uno. En la cima figuraban los de temática histórica: óleos que expresaban la nobleza de la Antigüedad griega y romana, o mostraban alegorías bíblicas de índole moral. Después venían los retratos, sobre todo de reyes y reinas. En tercer lugar figuraban los paisajes y sólo al final aparecían las que con desprecio se denominaban «escenas de género», dedicadas a la vida doméstica del vulgo. La jerarquía artística reflejaba perfectamente la jerarquía social del mundo que existía fuera de los estudios de los artistas, donde era natural considerar que un Rey a caballo inspeccionando sus propiedades era superior a una mujer humildemente vestida pelando un huevo.

Traducción de Jesús Cuéllar

Ansiedad por el estatus (2003)
Alain de Botton  

martes, 22 de septiembre de 2020

Infancia

Sofía Gandarias. Retrato de Onetti. Serie Presencias.

Sí, fue una infancia feliz. Pero tal vez no exista ningún período de la vida tan profundamente personal, tan íntimo, tan mentiroso en el recuerdo como éste. Hay decenas de libros autobiográficos sobre el tema: la experiencia me ha enseñado a saltearlos. Ningún niño puede contarnos su paulatino y sorpresivo, desconcertante, maravilloso, repulsivo descubrimiento de su mundo particular. (Dispongo de más adjetivos, espero que no sean necesarios).
Y los adultos que lo han intentado —salvo cuando engañan con talento literario— padece siempre de un exceso de perspectiva. El niño inapresable se diluye; lo reconstruyen con piezas difuntas, inconvincentes y chirriantes. En primer plano, inevitable, está siempre el rostro ajetreado del mayor, hombre o mujer.
Decir la infancia implica sin remedio un fracaso equivalente a contar los sueños. Como decía un amigo, no habrá jamás comprensión verdadera entre Oriente y Occidente.
Yo fui un niño conversador, lector, y organizador de guerrillas a pedradas entre mi barrio y otros. La reiteración del «or, or» pertenece a usted y a Poe. Recuerdo que mis padres estaban enamorados. Él era un caballero esclavista y ella una dama del sur de Brasil.
Y lo demás es secreto. Se trata de un santuario (W.F.) sagrado (T.E.M.).

Miscelánea 
Juan Carlos Onetti

sábado, 19 de septiembre de 2020

¡Adentro!

Miguel de Unamuno retratado por Pedro Bueno.

Te repito que no se hace el plan de vida, sino que ésta se lo traza a sí misma. ¿Fijarte un camino? El espacio que recorras será tu camino, no te hagas, como planeta en su órbita, siervo de una trayectoria. Querer fijarse de antemano la vía redúcese en rigor a hacerse esclavo de la que nos señalen los demás, porque eso de ser hombre de meta y propósito fijos no es más que ser como los demás nos imaginan, sujetar nuestra realidad a su apariencia en las ajenas mentes. No sigas, pues, los senderos que a cordel trazaron ellos; ve haciéndote el tuyo a campo traviesa, con tus propios pies, pisando sus sementeras si es preciso. Así es como mejor les sirves, aunque otra cosa crean ellos. Tales caminos, hechos así a la ventura, son los hilos cuya trama forma la vida social; si cada cual se hace el suyo, formarán con sus cruces y trenzados rica tela, y no calabrote.

Obras selectas
Miguel de Unamuno

jueves, 17 de septiembre de 2020

Máximas y reflexiones

Johann Wolfgang von Goethe retratado por Karl Bauer (1920).

Nos gusta tanto mirar al futuro porque tenemos el deseo secreto de orientar a favor nuestro todo ese azar que se agita de aquí para allá.

Por más retirado que se viva, uno se convierte sin darse cuenta en deudor o en acreedor.

Comunicarse es naturaleza; recibir lo comunicado tal como se nos da es educación.

Nadie hablaría tanto en las reuniones sociales si fuera consciente de que él mismo suele entender mal a los demás.

Toda palabra que se dice convoca a su contraria.

Traducción y selección de Pablo Gianera

Máximas y reflexiones (1907)
Johann Wolfgang Goethe (1749-1832)

lunes, 14 de septiembre de 2020

Persistencia

N. C. Wyeth. Las carabelas de Colón.

Pero es inmensa la recompensa: al otro lado nos esperamos a nosotros mismos, encarnados en esa libertad y en esa abundancia de que ahora carece nuestro planeta. Debemos durar, debemos resistir, no sólo porque el retorno es imposible, sino porque mienten cuando dicen preferir la seguridad de la prisión que dejaron. La verdad, me digo, es obligatoria. Y el encargo que llevamos nos ha sido encomendado por todos los hombres de la Tierra, aun por aquellos que no saben de este viaje e ignoran lo miserable de su existencia.
El viaje continuará, así tuviese que matarlos a todos y gobernar yo solo la nave. Nadie puede escapar, si no es a través de su propia muerte: confío en sus instintos, más que en sus razonados temores. Hasta ahora no hemos encontrado las horribles pesadillas que algunos timoratos previeron. Sé que todo marchará bien, o todos moriremos juntos; si así fuera, si lo último se cumpliera, otros retomarán la esperanza y esa huida que será un gran encuentro. El cielo es negro sobre nosotros, pero miles de luces nos acompañan; son como cirios de esperanza. Ellos las miran con temor y odio; no quieren comprender que son guardianes y guías: ¿Cómo no sentirse hermano de las estrellas, que observan, comprensivas, nuestra soledad que es la de ellas?
Me siento solo, y no me siento solo. ¿Habrá alguien que pueda comprender esta atracción por un abismo que para mí no es sino una ruta más? Es cierto que a veces tengo miedo, como todos. No soy sino un hombre frente a fuerzas desconocidas: las intuyo, pero no las domino; las comprendo pero no son mías. Pero sin miedo no hay esperanza.
Y sin embargo, el tiempo es largo, sobre todo para ellos. El viaje se les aparece infinito. Empiezan a sentirse privados de toda realidad; se creen fantasmas de sí mismos. Sus ojos me amenazan, porque siempre hay un culpable. La nave cruje y se mece, la inmensidad es cada vez más aplastante, pese a esos signos que, desde hace un par de días, nos aseguran que no hay error, que mis cálculos son correctos.
Debo anotar, pues, que ojalá se cumplan los pronósticos favorables antes que el temor termine totalmente con la confianza. Rogaré al Señor para que tal cosa no ocurra. Danos, pues, Señor, la gracia de poder cumplir nuestra misión antes que finalice este octubre de 1492.
(fragmento)

Cuentos del relojero abominable (1973)
José B. Adolph

sábado, 12 de septiembre de 2020

Fábulas

Jan Cossiers. Prometeo trayendo el fuego a la humanidad.

66. Las dos bolsas de Prometeo

Prometeo era uno de los dioses y uno de los primeros. Dicen que fue quien formó al hombre de la tierra para que fuese el señor de los animales, y dicen que le colgó dos bolsas llenas de todos los defectos de los hombres, la de delante de los ajenos y de los propios la de atrás, que era la mayor. Por esto, creo yo, se ven tan exactamente los fallos de otros y se ignoran los de casa.

70. La Guerra y el Exceso

Cuando los dioses se casaron y cada uno tuvo su cónyuge se presentó la Guerra, después de todos, a elegir en el último turno del sorteo. Se casó con el Exceso, que era el único que quedaba, y lo amó de manera tan extraordinaria, según dicen, que lo sigue a donde quiera que vaya. ¡Ojalá que el Exceso no visite a las naciones ni a las ciudades de los hombres y que no gane el favor de la gente, porque tras él vendrá inmediatamente la Guerra!.

Traducción de Javier López Facal

Fábulas
Babrio

viernes, 11 de septiembre de 2020

La cuenta

Ilustración de Andrés Castellanos.

Como todas las tardes,
asomado al balcón, hago la cuenta
de todo lo que pasa por mi calle.
Hacia las diez hubo un anciano
por la esquina de arriba, luego el aire
dormido en las veletas y un vencejo
y un corro de ruidosos colegiales;
abrieron El Alivio, llovió un poco
y ahora se refleja en los cristales
un cielo tan exacto
que yo casi prefiero equivocarme:
por cada hoja perdida pongo un ramo
de más, por cada instante
invento los minutos, meses, años
que son, en mi balcón, eternidades
cuando recuerdo. Y siento,
como todas las tardes,
lo mucho que se ha ido en este día,
lo poco que ha quedado y que es mi parte.

Destiempo (2004)
Gabriel Insausti 

jueves, 10 de septiembre de 2020

Voces

Antonio Porchia. Voces.

Sin esa tonta vanidad que es el mostrarnos y que es de todos y de todo, no veríamos nada y no existiría nada.

Un poco de ingenuidad nunca se aparta de mí. Y es ella la que me protege.

No hallé como quién ser, en ninguno. Y me quedé, así: como ninguno.

El hombre habla de todo, y habla de todo como si el conocimiento de todo estuviese todo en él.

Mucho de lo que he dejado de hacer en mí, sigue haciéndose en mí, solo.

El universo no constituye un orden total. Falta la adhesión del hombre.

Voces 
Antonio Porchia (1885-1968)

No amanece el cantor

El profeta Habacuc. Escultura de Donatello.

NO DEJÉIS MORIR a los viejos profetas pues alzaron su voz contra la usura que ciega nuestros ojos con óxidos oscuros, la voz que viene del desierto, el animal desnudo que sale de las aguas para fundar un reino de inocencia, la ira que despliega el mundo en alas, el pájaro abrasado de los apocalipsis, las antiguas palabras, las ciudades perdidas, el despertar del sol como dádiva cierta en la mano del hombre.

NO PUDE DESCIFRAR, al cabo de los días y los tiempos, quien era el dios al que invocara entonces.

LENTAS SIGUEN las lunas a las lunas, como cede a la luz la luz, los días a los días, el párpado tenaz al mismo sueño. Vivir es fácil. Arduo sobrevivir a lo vivido.

No amanece el cantor (1992)
José Ángel Valente 

viernes, 4 de septiembre de 2020

Cuentos gnósticos

Carlos Montemayor. Los cuentos gnósticos de M.O. Mortenay.

Ramadán

Días después, la primera tarde en que mi tío y yo regresamos de Isfahan, recordaré las horas que estuve sentado frente a las ruinas de la Mezquita de Baybars, en la puerta del noroeste. Sentiré los muros, el ruido de la calle, el paso de los autobuses, los niños jugando, los ancianos sentados a mi lado, indiferentes, los limosneros gritándose de una acera a otra. Volveré a sentarme frente a las ruinas, bajo una mancha de días y recuerdos, bajo la furia de no ser otra vez, de no retener conmigo, como mirar una plaza o una página, lo que tuve, lo que nunca he deseado perder.

Los cuentos gnósticos de M.O. Mortenay (1985)
Carlos Montemayor

jueves, 3 de septiembre de 2020

Aforismos e ideas líricas

Juan Ramón Jiménez. Aforismos e ideas líricas.

No comprendo más que una crítica, la autocrítica.

Alto es siempre profundo. Profundo no es siempre alto.

Andar entre lo inútil envejece.

De lo bueno a lo peor, la diferencia no es mucha; pero ¡qué grande de lo bueno a lo mejor!

Corregir: ordenar la sorpresa.

Si queremos ser felices, no vayamos nunca tras lo que se va, quedémonos siempre con lo que se queda.

Aforismos e ideas líricas
Juan Ramón Jiménez

lunes, 31 de agosto de 2020

Sobre el oficio de escritor

Raymond Chandler retratado por Scott Laumann.


18 de marzo de 1949
A Alex Barris

Siempre estoy leyendo artículos de otros escritores que cuentan que ellos nunca esperan la inspiración; se sientan ante su escritorio cada mañana a las ocho, tanto si llueve como si hace sol, aunque tengan resaca y un brazo roto, y ponen manos a la obra. Aunque tengan la mente en blanco o el ingenio embotado, a ellos que no les vengan con tonterías sobre la inspiración. les declaro mi admiración y procuro mantenerme alejado de sus libros.
Por mi parte, espero la inspiración, aunque no la llamo necesariamente por ese nombre. Creo que para que un texto tenga vida hay que escribirlo con el plexo solar. Se trata de un trabajo duro, en el sentido de que te puede dejar cansado, incluso agotado. No es un trabajo de esfuerzo consciente. Lo importante es que debe existir un espacio de tiempo, pongamos un mínimo de cuatro horas al día, en el que un escritor profesional no haga nada, aparte de escribir. No es preciso que escriba, y si no se siente inspirado más vale que no lo intente. Puede mirar por la ventana o hacer el pino o revolcarse por el suelo, pero no debe hacer ninguna otra cosa concreta: ni leer, ni escribir cartas, ni hojear revistas, ni firmar cheques. O escribe o no hace nada. Es lo mismo que mantener el orden en la escuela. Si consigues que los chavales se comporten, tendrán que aprender algo para matar el aburrimiento. He comprobado que funciona. Dos reglas muy sencillas: A, no es necesario que escribas. B, no puedes hacer nada más. El resto sale solo. 

Traducción de Juan Manuel Ibeas

Chandler por sí mismo
Raymond Chandler

domingo, 30 de agosto de 2020

Oveja

Richard Ansdell. Oveja con corderos.

En general, simboliza la obediencia ciega y carente de inteligencia. En la tradición cristiana, los fieles suelen compararse al rebaño de Cristo, a quien se tiene por pastor y guía de almas. En ciertas tradiciones celtas e irlandesas, no obstante, las ovejas devienen seres diabólicos. Asimismo, la distinción entre ovejas blancas y ovejas negras simboliza, respectivamente, a aquellos individuos que cumplen la norma establecida, que no se apartan del redil, y aquellos otros que, por el contrario, infringen las leyes de la comunidad o se declaran en rebeldía.

Diccionario de símbolos (2003)
José María Albert de Paco

Sobre escritura y estilo

Arthur Schopenhauer retratado por Johann von Strasioipka.

275

La auténtica vida de un pensamiento dura únicamente hasta que llega a la frontera de la palabra: allí se petrifica, de ahí en adelante está muerto, pero inquebrantable, como las bestias y plantas petrificadas del mundo primitivo. También a la del cristal durante la cristalización se puede comparar su vida, fugazmente auténtica. 
En cuanto nuestro pensamiento ha encontrado palabras, deja de ser íntimo, e incluso solemne, en su sentido más profundo. Donde empieza a ser una realidad para otros, deja de vivir en nosotros; como el niño que se separa de la madre cuando empieza a tomar conciencia de una identidad propia. Dijo el poeta:

¡No me debéis confundir con contradicciones!
Tan pronto como se habla comienzan los errores.

Traducción Eva Fructuoso

Sobre escritura y estilo
Arthur Schopenhauer

lunes, 24 de agosto de 2020

El suplicio de las moscas

Marie Louise von Motesiczky. Retrato de Canetti, 1930.

I

Le habría gustado venir al mundo en cualquier época, una y otra vez, y, a poder ser, cada vez para siempre.

Le gusta alabar a las personas que, de cualquier modo, no llegarán a nada. Pero se vuelve prudente cuando alguien da muestras de talento.

El que conoce a muy pocas personas no tardará en tratar únicamente con demonios.

Su memoria le odia, siempre se presenta cuando debería tener la boca callada.

Desea instantes que ardan el tiempo que arde una cerilla.

Escila y Caribdis del espíritu: decir demasiadas cosas, o pocas, demasiado a menudo. 

¡Qué convincente suena todo cuando se sabe poco!

Traducción del alemán de Cristina García Ohlrich

El suplicio de las moscas. Apuntes. (1992)
Elías Canetti

viernes, 21 de agosto de 2020

La arena desnuda

Ilustración de André de Dienes.

Arena impura, manchada
por el mar de la desidia,
transita de un sitio a otro,
sin entusiasmo. Desnuda,
se deja llevar del aire
como si fuera ceniza.

No tiene peso, parece
ingrávida, tan ligera
que no levanta recelo.
De un sitio a otro, mojada
o seca, no tiene nombre,
tampoco tiene guarida.

Fue alguna vez una roca
la arena que ahora pisamos.
Hace tiempo que se fue,
prefirió ser fugitiva
a seguir siendo partícipe:
se entregó al viento y al agua,
no pudo ser tierra firme.

El desierto, la arena (2006)
José Carlos Rosales

jueves, 20 de agosto de 2020

El cometa Halley

El cometa Halley. Grabado de Le Magasin Pittoresque. (Wikimedia Commons).

Cuando en tu madurez
El gran cometa venga nuevamente
Recuérdame: un niño despierto
Una noche de verano,
Junto a mi pequeña cama
Mirando esa estrella de pelo largo
Hace ya muchos años.
Ve hacia la oscuridad y mira
Su penacho sobre el agua
Derramándose en la noche líquida,
Y piensa que la vida y la gloria
Se agitaron alguna vez en mi sangre,
Al igual que para los que se fueron
Antes que yo, pequeñas gotas
De ese río de billones de años de largo
Que fluye ahora por tus venas.

Versión de Marcelo Pellegrini y Armando Roa Vidal

La señal de todas las cosas. Antología
Kenneth Rexroth (1905-1982)

miércoles, 19 de agosto de 2020

Lo sencillo

Juan Antonio González-Iglesias. Jardín Gulbenkian.

Lo sencillo está diseminado por el mundo.
A veces no se ve, porque es diáfano.
Su lugar es la rutina tanto como el acontecimiento.
No necesita explicación porque ya está desplegado.
Estaba antes y estará después.
Vuelve verdaderamente inolvidable
el encuentro con otro ser humano.
Convierte las cosas en momentos.
A pesar de lo que pudiera parecer,
lo complicado no prevalecerá.

Jardín Gulbenkian (2019)
Juan Antonio González-Iglesias

martes, 18 de agosto de 2020

Revelación de un mundo

Clarice Lispector. Revelación de un mundo. 


1967
19 de agosto
La sorpresa

Mirarse en el espejo y decirse deslumbrada: qué misteriosa soy. Soy tan delicada y fuerte. Y la curva de los labios conservó la inocencia. 
No hay hombre ni mujer que no se haya mirado en el espejo y no se haya sorprendido consigo mismo. Por una fracción de segundo nos vemos como un objeto a observar. A esto lo llamarían tal vez narcisismo, pero yo lo llamaría: alegría de ser. Alegría de encontrar en la figura exterior los ecos de la figura interna: ah, entonces es cierto que no me imaginé, yo existo. 

1971
9 de octubre
Recordar lo que nunca existió

Escribir es tantas veces recordar lo que nunca existió. ¿Cómo lograré saber lo que ni siquiera sé? Así: como si lo recordara. Con un esfuerzo de memoria, como si yo nunca hubiera nacido. Nunca nací, nunca viví: pero recuerdo, y el recuerdo es en carne viva.

Traducción de Amalia Sato

Revelación de un mundo
Clarice Lispector

miércoles, 12 de agosto de 2020

Cadmo

Lee Lawrie. Cadmo. Biblioteca del Congreso, Washington D. C. 

Llevamos el árbol del granado, cuyo fruto revela la complejidad del cosmos. Cedros para la construcción. Y el duro metal con que se hacen los venablos. Pronto fundaré una ciudad, y en las naves me acompañan hombres. Uno pule el marfil y así agradece a las divinidades. Otro es diestro en pelear sobre caballos. Uno, silencioso, toca la flauta. Otro, de ojos apagados, predice lluvias. Las mujeres, vestidas de púrpura, traen secretos donde flota la dicha de noches futuras. Pero junto a mí vienen ocultas dos tablillas con letras trazadas por un viejo de Oriente. Su oficio es contar lo que somos. Nombrar el viaje, esa fisura en el tiempo. Y la muerte necesaria para que la palabra viva.

Viajeros (1999)
Pablo Montoya

lunes, 10 de agosto de 2020

Balada del viajero

Hernán Valdovinos. Viajero del tiempo.

Alguna vez estuve en el pasado,
entonces lo llamábamos presente.

Parecía interminable, pero era
tan pequeño y fugaz que terminaba
sin haber empezado. Con el tiempo
aumentó sus dominios, sus fronteras
quedaron rebasadas. Sólo entonces
se volvió interminable y ocupaba
cada vez más espacio: como arena
irritante, entraba en cualquier sitio.

Alguna vez estuve en el pasado:
si hoy volviera a vivir entre sus dunas
no podría quedarme en esa arena
minúscula que enreda, araña, hiere.

El desierto, la arena (2006)
José Carlos Rosales

miércoles, 5 de agosto de 2020

Japón

Aoki. Barcas en el lago cerca del monte Fuji.

5. La suavidad del paisaje

Hay paisajes extremados que nos atraen o nos repugnan, que apreciamos u odiamos, según el temperamento de cada cual. Por ejemplo, la infinitud sin límites del desierto, sobre cuyas arenas se deslizan como sombras purpúreas las horas del día y los días del año; el Norte, frío, húmedo, de un verdor grisáceo, o la continuidad inmensa de la selva virgen. Y hay paisajes que simplemente gustan a todo el mundo, incluso sin saber por qué. Por ejemplo, el paisaje japonés.
El Japón es suave y dulce. Dondequiera que se encuentre uno en este país, el paisaje le ofrece una multitud de encantos: cerezos en flor que se reflejan en un agua tranquila, una pagoda grácil, un lago de montaña al pie de colinas cubiertas de nieve, un trocito de mar, unos campos de arroz o bien —lo más hermoso de todo— la pirámide geométrica, regular, del Fuji-Yama. A cada vuelta del camino nos espera una nueva sorpresa, aunque no sea más que un tori barnizado de color o un grupo de altos cedros. Es un paisaje que invita a merendar alegremente con un grupo de amigos, un paisaje que parece compuesto de graciosas tarjetas postales.
La veneración que los japoneses tributan a su paisaje en el transcurso de los siglos se ha convertido en una especie de culto. Los japoneses son capaces de discutir las cualidades de un buen punto de vista con la misma seriedad con que discuten sobre la calidad de una obra de arte. El Fuji-Yama significa para ellos algo así como las columnas del Partenón para los europeos: la medida de la belleza.
En el Japón la veneración de la naturaleza constituye lo más hondo de su cultura. Sólo en el Japón podía suceder que un poeta, a la vista de un paisaje perfecto, se sintiera tan feliz y embargado que ya no hallara palabras para expresarlo, por lo que tan sólo pudo balbucir el nombre del lugar:

«Myashima
¡oh! Myashima
Myashima, Myashima...» 

Traducción y adaptación de Ernesto Mascaró y José J. Llopis

Pueblos y enigmas de Oriente
Herbert Kirsch

lunes, 3 de agosto de 2020

Lunes o martes

Ohara Koson. Garzas.

Floja e indiferente, sacude ágilmente sus alas, va segura del recorrido, la garza vuela por sobre la iglesia en medio del cielo. Blanca y distante, parece absorbida en sí misma, el cielo que nunca se acaba la esconde y la revela, la mueve y la deja inmóvil. ¿Un lago? Sus orillas se confunden con el paisaje. ¿Una montaña? Qué perfección: el sol aparece por sobre sus laderas. Vuela hacia abajo donde hay helechos, o puede que sean plumas blancas, siempre, siempre...
Una desea comprender la realidad, la espera, la destila laboriosamente unas pocas palabras, todo el día desea (un llanto a la izquierda, otro a la derecha; unas ruedas golpean desigualmente el pavimento; un grupo de buses atascado), desea a lo largo del día, (el reloj asegura con inconfundibles doce campanadas la llegada del mediodía; la luz refleja diferentes escalas de tonos dorados; un enjambre de escolares pasa por afuera), desea comprender esta realidad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; de las chimeneas sale humo; un ladrido, un llanto, alguien grita «¡Compro metales!» ¿Y la realidad?
Rayos de sol iluminan pies de hombres y de mujeres, zapatos negros o con hebillas doradas (está nublado; ¿azúcar? No, muchas gracias; qué sucederá con la Inglaterra del futuro), alguien hecha leña y la luz del fuego cubre de rojo la habitación con excepción de las figuras negras y sus ojos brillantes, mientras afuera una furgoneta es descargada, la señora como-sea-que-se-llame toma té en su escritorio, y el cristal protege los abrigos de piel en una vitrina...
Como una hoja ligera se desvanece en los bordes, se eleva por medio de las ruedas de autos, a veces plateada, proviene del patio de un hogar, entera, esparcida, malgastada de diferentes maneras, barrida hacia abajo, arriba, rasgada, hundida, destruida, ensamblada... ¿así es la realidad?
Es hora de rememorar cerca de la chimenea de mármol blanco con forma cuadrada. Desde las profundidades de marfil las palabras ascienden y arrojan su negritud; florecen y penetran. Caído el libro; en la llama, en el humo, en las chispas momentáneas (o ahora mientras viajo en mi cabeza, veo un cuadrado de mármol y me imagino minaretes por debajo y mares de la India, mientras arriba el espacio proyecta azul y las estrellas ya brillan) también hay verdad, ¿no? Por lo tanto, ¿así es la realidad?, ¿o esto es lo más cerca que se puede estar?
Floja e indiferente la garza vuela de regreso; el cielo la cubre con una capa de estrellas; luego desaparecen.

Traducción Antonio Díaz Oliva

Lunes o martes. Cuentos y bosquejos
Virginia Woolf (1882-1941)

domingo, 2 de agosto de 2020

Empédocles

René Boyvin. Empédocles. (Wikimedia Commons).

XIV

Empédocles

58. Empédocles, natural de Agrigento, explicó el origen del mundo por la combinación de los cuatro elementos: agua, aire, tierra y fuego, dando a este último la preferencia. Aunque no parece que en esta teoría se encerrase más que la física de Empédocles, pues que distinguía entre el mundo sensible y el intelectual; no obstante, el modo con que explicaba la naturaleza y operaciones del alma, inspira algunas dudas sobre el verdadero sentido de sus doctrinas. En efecto, decía que el alma estaba compuesta de los cuatro elementos, y que conocemos la tierra con la tierra, el agua con el agua, y así de los demás. Esta teoría es materialista; pero no concluye absolutamente contra el espiritualismo del filósofo, porque, extendiendo al alma la distinción entre lo sensible y lo inteligible, quizás explicaba la sensación por la materia, y la inteligencia por el espíritu.
59. Empédocles niega a Dios la forma humana, y afirma que es un ser necesario, espiritual, invisible e inefable. Esto dicen algunos; pero no lo cree Cicerón, pues que le achaca el que divinizara los cuatro elementos.
60. Tocante al bien y al mal, atribuye el primero al amor y el segundo al odio; las pasiones del hombre han producido el mal sobre la tierra, destruyendo la harmonía primitiva; pero ésta se restablecerá con el triunfo del amor, que unirá en suave lazo a todos los seres del universo.
61. Empédocles no se contentó con parecer filósofo: quiso representar el papel de santo y profeta. Su desgraciado fin en el cráter del Etna ha dado lugar a varias narraciones, siendo notable la que le achaca el haber querido pasar por Dios, desapareciendo de una manera extraordinaria. Pero esto ¿por dónde consta? ¿no sería más sencilla la explicación, diciendo que, aficionado al estudio de la naturaleza, quiso examinar demasiado de cerca los fenómenos del volcán, que acabó con su vida? Florecía por los años de 440 antes de la era vulgar.

Historia de la Filosofía
Jaime Balmes (1810-1848)

viernes, 31 de julio de 2020

La lámpara maravillosa

Valle-Inclán retratado por Juan de Echevarría. (1922).

El anillo de Giges

II

El poeta solamente tiene algo suyo que revelar a los otros cuando la palabra es impotente para la expresión de sus sensaciones: tal aridez es el comienzo del estado de gracia.

¡Qué mezquino, qué torpe, qué difícil balbuceo el nuestro para expresar este deleite de lo inefable que reposa en todas las cosas con la gracia de un niño dormido! ¿Con cuáles palabras decir la felicidad de la hoja verde y del pájaro que vuela? Hay algo que será eternamente hermético e imposible para las palabras. ¡Cuántas veces al encontrarme bajo las sombras de un camino al viñador, al mendigo peregrinante, al pastor infantil que vive en el monte guardando ovejas y contando estrellas, me dijeron sus almas con los labios mudos, cosas más profundas que las sentencias de los infolios! Ningún grito de la boca, ningún signo de la mano puede cifrar ese sentido remoto del cual apenas nos damos cuenta nosotros mismos, y que, sin embargo, nos penetra con un sentimiento religioso. Nuestro ser parece que se prolonga, que se difunde con la mirada, y que se suma en la forma grave del árbol, en el canto del ruiseñor, en la fragancia del heno. Esta conciencia casi divina nos estremece como un aroma, como un céfiro, como un sueño, como un anhelo religioso.

La lámpara maravillosa (1916)
Ramón María del Valle-Inclán

miércoles, 29 de julio de 2020

No sufrir compañía

Viktor Zarubin. Voces del silencio(1907)

De los modos de decir en silencio

II

En Delfos, en Dodona, los oráculos tenían en la no respuesta, en la ausencia de voz, una forma de designio. Con frecuencia conminaban a no hablar en señal de sujeción y purificación; otras veces, su no pronunciamiento significaba la aceptación del mundo secreto del que allí acudía. «Guarda silencio, iniciado», se lee en uno de los oráculos caldeos; y como signo de temperancia los pitagóricos conminaban a «cubrir las opiniones dentro de una mente muda». No por azar Homero llamaba «callados» a los virtuosos y mesurados. Entre los filósofos griegos era común acogerse al silencio en tanto que manifestaba, tanto más elocuentemente que el lenguaje, su extrañamiento moral, esa extranjería que llevó al sabio y errante Misón a vagar por los parajes apartados y que indujo a Heráclito a tomar el camino de las montañas para huir de toda presencia humana.

Estar solo, callado, favorece la pérdida de la dualidad, facilita caer en la cuenta que uno es ante todo, y muy íntimamente, la relación con lo que ignora. Plotino refiere que si la Naturaleza, a la vez contemplación y objeto de contemplación, fuera preguntada por qué produce, respondería a su interlocutor: «No debieras preguntar, sino comprender en silencio tú también, como yo guardo silencio y no acostumbro a hablar» (Enéada III, 8, 4). Ocurre de un modo similar en el Tao: «Hablar poco y seguir la Naturaleza» (XXIII). Mirar, callar, contemplar el escenario donde fue retenida la palabra de los dioses, el paisaje en el que nada puede ser dicho porque, de resonar una voz, alejaría a la divinidad.

No sufrir compañía. Escritos místicos sobre el silencio (2010)
Ramón Andrés 

lunes, 27 de julio de 2020

Pasos

Susana Cabuchi. Foto: Marcos Ferreyra.

He bebido las aguas
del Shu-Am
como si no estuvieran
contaminadas.
A orillas
del río silencioso
crecen flores amargas
sobre las que he descansado,
                          leyendo.
Y no he pecado
sino
lo necesario.

Álbum familiar (2000)
Susana Cabuchi

domingo, 26 de julio de 2020

La rosaleda

Ilustración de Justyna Kopania.

I. Sobre el carácter de lo reyes

Cuento 7

Cierto rey se encontraba en el mismo barco que un esclavo persa. El esclavo era la primera vez que veía el mar y nunca antes se había embarcado ni había experimentado las incomodidades de navegar. El llanto se apoderó de él y un fuerte temblor tenía imperio sobre su cuerpo, de manera que no había quien lo tranquilizara. El rey mostró desazón porque no veía solución alguna. En el barco había un sabio que le dijo al rey: «Si lo ordena, sé una manera de hacer que se calle». El rey contestó: «Un gran favor sería». El sabio dio orden de que el esclavo fuese arrojado al mar; lo sumergieron en el agua y le dieron varias ahogadillas, después lo asieron por los pelos, lo subieron al barco y lo colgaron por las manos en la popa del barco. Cuando volvió en sí, se sentó en un rincón y se tranquilizó. El rey preguntó extrañado que sabiduría había en ello. Respondió el sabio: «No había probado la desgracia de ahogarse y por eso no apreciaba la seguridad de un barco, ya que el valor de la felicidad lo conoce aquel que ha conocido la calamidad».

Traducción: El Cobre Ediciones

La rosaleda
Sadí de Shiraz

sábado, 25 de julio de 2020

Cartas

Roberto Bompiani. Fiesta romana.

Libro III

Cartas de parásitos

38

De Conoposfrantes a Iscnolimo

Vanas esperanzas tenía yo depositadas en el joven Polícrito. Pues yo creía que, si su padre moría, él gastaría ostentosamente grandes sumas, organizando banquetes y festejos, en compañía de nosotros y de cuantas cortesanas descuellan por su belleza, y que, de este modo, dilapidaría la mayor parte de su patrimonio. Pero, desde que su progenitor se quedó como un lirio, él toma una sola comida al día, y ésta a hora tardía, cuando ya el sol está a punto de ponerse. Y no se alimenta con caros manjares, sino con pan corriente del mercado y, como acompañamiento, si en aquel día se festeja algo especial, unos frutos ya maduros y unas aceitunas de mala calidad.
Al desvanecerse esta fatua esperanza, no sé qué hacer. Pues si el que tiene que mantener necesita de uno que lo mantenga, ¿qué debe esperar el que tiene que ser mantenido? Doble desgracia es que el hambriento conviva con otro hambriento.

Cartas de pescadores, campesinos, parásitos y cortesanas
Alcifrón

viernes, 24 de julio de 2020

Nihil humanum

Leonid Afrémov. Lluvia.

La vida que ellos viven.
                                          La que a veces
adivinas, furtivo,
en los rostros que pasan por tu calle.
La que sólo conoces por palabras
oídas por azar junto a tu mesa,
a la hora del café.
                                La que te incita
a pensar en ciudades,
malecones, juzgados, factorías.
La que hace que ahora escribas, distraído,
unos versos sin fe.
                                 La que tú nunca
cambiarías, lo sabes, por la tuya.

Vida y milagros (2007)
Gabriel Insausti

lunes, 20 de julio de 2020

La siesta

Vladimir Tsarev. La lectora dormida.

Si alguien me preguntara cuando un día
llegue al confín secreto: ¿Qué es la tierra?
Diría que un lugar en que hace frío.
En el que el fuerte oprime, el débil llora,
y en el que como sombra, la injusticia
va con su capa abierta recogiendo
el óbolo del rico y la tragedia
del desahuciado: un sitio abrupto.
Pero también diría que otras veces,
en claras situaciones alternantes,
cuando llega el estío y los países
parecen dispensar la somnolencia
de un no saber por qué se está cansado,
mientras vibra en lo alto, alucinante,
un cielo azul, los frutos se suceden
sobre las mesas blancas, y entornados
los ventanales, frescos de penumbra,
buscamos un rincón donde rendirnos
al dulce peso, entonces sí, diría
que la tierra es un bien irremplazable,
un fluido feliz, un toque absorto.
Como una tentación sin precedentes
hecha a la vez de ardor y de renuncia.
Una inmersión gustosa, un filtro lento.

Diálogos elementales (1952)
Juan Gil-Albert

jueves, 16 de julio de 2020

Silencio

Octavio Paz. Poemas (1935-1975).

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.

Poemas (1935-1975)
Octavio Paz

lunes, 13 de julio de 2020

El conde Lucanor

Don Juan Manuel. El conde Lucanor.

Cuento XXXI

La sentencia que dio un cardenal a los canónigos de París y a los franciscanos

Otro día, hablando el conde Lucanor con Patronio, su consejero, dijo lo siguiente:
—Patronio, un amigo mío y yo queremos hacer una cosa que nos conviene mucho a los dos; yo podría hacerlo en este momento, pero no me atrevo por no estar él. Por el buen entendimiento que Dios os dio os ruego que me aconsejéis sobre esto.
—Señor conde Lucanor —respondió Patronio—, para que hagáis en esto lo que más os conviene me gustaría que supierais lo que sucedió a los canónigos de París y a los franciscanos.
El conde le pidió que se lo contara.
—Señor conde Lucanor —comenzó Patronio—, los canónigos decían que puesto que la catedral es lo más importante, ellos debían tocar las horas antes que nadie; los frailes alegaban tener que estudiar y levantarse a cantar maitines y que perdían horas de trabajo si se retrasaban; además que, por ser exentos, no tenían obligación de esperar a nadie.
El pleito duró mucho y costó mucho dinero a entrambas las partes. Al fin, un papa nuevo encargó de él a un cardenal y le mandó que lo sentenciara sin más tardanza. El cardenal hizo que le trajeran el proceso, que era tan grande que solo su volumen espantaba. Cuando el cardenal tuvo delante todos los autos, les señaló día para que vinieran a oír la sentencia. Al llegar el día, el cardenal hizo quemar delante de los interesados todos los papeles y les dijo así:
—Amigos, este pleito ha durado ya mucho y habéis gastado en él mucho dinero; por lo cual yo no lo prolongo más y doy por sentencia que el que se despierte antes toque antes.
A vos, señor conde, si la cosa es conveniente para los dos y la podéis hacer, os aconsejo que la hagáis y no perdáis tiempo, pues muchas veces se pierden las cosas por aplazarlas, y después, cuando uno querría hacerlas, ya no se puede.
Al conde le pareció éste un buen consejo, y lo hizo así y le salió muy bien. Viendo don Juan que este cuento era bueno, lo hizo poner en este libro y escribió unos versos que dicen así:

Si algo que te conviene puedes hacer,
no hagas con dilaciones que se pueda perder.

Versión española moderna de Enrique Moreno Báez

El conde Lucanor
Don Juan Manuel

viernes, 10 de julio de 2020

La última inocencia

Alejandra Pizarnik. La última inocencia.

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar fila para morir.

He de partir

Pero arremete, ¡viajera!

La última inocencia (1956)
Alejandra Pizarnik

miércoles, 8 de julio de 2020

Cuadernos de un escritor

H. Pohl. El mar.

1916

El Pacífico. Algunos días ofrece todos los colores de vuestra fantasía. El mar está en calma y bajo el cielo azul es de un azul brillante. En el horizonte hay algunas nubes aborregadas, bajo el sol poniente adquieren extrañas formas y parece imposible que no sean cordilleras. Las noches son entonces deliciosas; las estrellas, muy brillantes y, más tarde, cuando sale la luna, su luminosidad deslumbra. Pero muy a menudo el mar está encrespado, coronado de blancas crestas, y algunas veces gris como el Atlántico. Hay una fuerte marejada. La cosa más maravillosa del Pacífico es su soledad. Se pasan días y días sin ver un barco. De vez en cuando las gaviotas sugieren que la tierra no está lejana, la de una de esas islas perdidas en la inmensidad desierta de las aguas; pero ni un vapor, ni un barco de vela, ni una barca pesquera aparecen a la vista. Es un desierto vacío, y este vacío llena luego de una sensación de vago presentimiento. En aquella vasta y silenciosa superficie desierta hay un algo que asusta.

Traducción de Manuel Bosch

Cuadernos de un escritor (1892-1944)
William Somerset Maugham

martes, 7 de julio de 2020

El cambio de rueda

Ilustración de Gil Elvgren (1967).

Estoy sentado al borde de la carretera,
el conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar adonde voy.
¿Por qué miro el cambio de rueda
con impaciencia?
                                               (1953)

Versión de Jesús López Pacheco sobre la traducción directa del alemán de Vicente Romano.

Poemas y canciones
Bertolt Brecht

lunes, 6 de julio de 2020

Entre otros olvidos

José Antonio Muñoz Rojas. Entre otros olvidos.

I
Cuestiones

15

Qué hará ése en medio del campo,
escribiendo en medio del campo,
que ha parado su coche
y se ha puesto a escribir.
Ése, que a lo mejor soy yo,
a lo mejor trataba
de contar el sentimiento
de esta tarde tan bella.
Como se sabe, inútilmente.

Entre otros olvidos (2002)
José Antonio Muñoz Rojas