lunes, 31 de enero de 2022

Tapia con árbol

César Simón. Erosión.

Esta tierra
ocre. Paredes blancas,
sucias, de rosa,
de azulete.

Estos corrales con las puertas 
roídas, con las tapias
de barro.

Cómo vibra el solano
sobre los baches.
Cómo se queman la pared,
la puerta, cómo apenas
la copa de la acacia
sobre el cielo,
sobre el cielo de julio,
oh vientos de la vida
que sopláis de tan lejos.

Erosión (1971)
César Simón 

Tapia con árbol

César Simón. Erosión.

Esta tierra
ocre. Paredes blancas,
sucias, de rosa,
de azulete.

Estos corrales con las puertas 
roídas, con las tapias
de barro.

Cómo vibra el solano
sobre los baches.
Cómo se queman la pared,
la puerta, cómo apenas
la copa de la acacia
sobre el cielo,
sobre el cielo de julio,
oh vientos de la vida
que sopláis de tan lejos.

Erosión (1971)
César Simón 

jueves, 27 de enero de 2022

La trastienda de la escritura

Liliana Heker. La trastienda de la escritura.

La página en blanco o De las ganas

En mis inicios, busqué experimentar el terror —tan prestigioso— a la página en blanco. Fue inútil: poner una hoja en la máquina de escribir o, muchos años después, abrir un archivo nuevo en la computadora, siempre me ha provocado una sensación inquietante pero que no tiene nada que ver con el terror. El rito de instalar ante mí una página en blanco supone dos acontecimientos dichosos: he vencido la inercia del no-trabajo y tengo algo que escribir (el orden suele ser inverso), seguramente de contornos difusos o carente de todo contorno, pero que, en potencia, ya es. No ignoro que a partir de ese rito inicial voy a intentar numerosos comienzos, que escribiré sucesivos borradores, que más de una vez voy a decidir tirar todo a la papelera y a otra cosa mariposa, que voy a tardar semanas, o meses, en acercarme a lo que busco, que el trabajo podrá estar atravesado por accidentes diversos y por otras escrituras. Pero eso que ya estoy persiguiendo, perfectamente representado por la página en blanco (y el adverbio no es casual: nada más parecido a la perfección que la página en blanco, pura promesa en la que cualquier cosa que conciba es posible), ese trabajo del que ya di el primer paso es lo que de verdad me instala como escritora-para-mí (circunstancia evanescente y bastante alejada del rol estable que, a esta altura de mi vida, me asignan los otros). La página en blanco es vacío, cierto, pero vacío por llenar.

La trastienda de la escritura (2019)
Liliana Heker

La trastienda de la escritura

Liliana Heker. La trastienda de la escritura.

La página en blanco o De las ganas

En mis inicios, busqué experimentar el terror —tan prestigioso— a la página en blanco. Fue inútil: poner una hoja en la máquina de escribir o, muchos años después, abrir un archivo nuevo en la computadora, siempre me ha provocado una sensación inquietante pero que no tiene nada que ver con el terror. El rito de instalar ante mí una página en blanco supone dos acontecimientos dichosos: he vencido la inercia del no-trabajo y tengo algo que escribir (el orden suele ser inverso), seguramente de contornos difusos o carente de todo contorno, pero que, en potencia, ya es. No ignoro que a partir de ese rito inicial voy a intentar numerosos comienzos, que escribiré sucesivos borradores, que más de una vez voy a decidir tirar todo a la papelera y a otra cosa mariposa, que voy a tardar semanas, o meses, en acercarme a lo que busco, que el trabajo podrá estar atravesado por accidentes diversos y por otras escrituras. Pero eso que ya estoy persiguiendo, perfectamente representado por la página en blanco (y el adverbio no es casual: nada más parecido a la perfección que la página en blanco, pura promesa en la que cualquier cosa que conciba es posible), ese trabajo del que ya di el primer paso es lo que de verdad me instala como escritora-para-mí (circunstancia evanescente y bastante alejada del rol estable que, a esta altura de mi vida, me asignan los otros). La página en blanco es vacío, cierto, pero vacío por llenar.

La trastienda de la escritura (2019)
Liliana Heker

Odisea III

William Blake. Homero.

Yo no inventé ninguna de esas cosas,
ni la guerra de Ilión ni los naufragios
de Ulises el ladino ni el amor
tenebroso de Circe;
ni aquel ir y venir entre gigantes,
sirenas y otros monstruos de la vida.
Todo lo oí cantar,
yo solo urdí la trama de palabras
a las que quise dar alas o música,
para decir que la aventura existe.
Mi nombre preferí que lo ignorarais;
contesté "Homero, el ciego"
si alguien quiso saber quién era yo.
¿Sucedió lo que cuentas?,
me preguntan siempre. Siempre respondo:
"Para mí es tan verdad como la luz".

Los aventureros (1996)
Carlos Pujol 

Odisea III

William Blake. Homero.

Yo no inventé ninguna de esas cosas,
ni la guerra de Ilión ni los naufragios
de Ulises el ladino ni el amor
tenebroso de Circe;
ni aquel ir y venir entre gigantes,
sirenas y otros monstruos de la vida.
Todo lo oí cantar,
yo solo urdí la trama de palabras
a las que quise dar alas o música,
para decir que la aventura existe.
Mi nombre preferí que lo ignorarais;
contesté "Homero, el ciego"
si alguien quiso saber quién era yo.
¿Sucedió lo que cuentas?,
me preguntan siempre. Siempre respondo:
"Para mí es tan verdad como la luz".

Los aventureros (1996)
Carlos Pujol 

miércoles, 26 de enero de 2022

Mi casa

Clara Gangutia. La casa grande.

A pesar de todas sus transformaciones, mi casa ha conservado su aspecto anónimo e impersonal: o al menos, así nos parece a nosotros, que vivimos en ella, pero ya se sabe que todos somos malos jueces de aquello que nos concierne, del propio carácter, de los propios vicios y virtudes, incluso de la propia voz o del propio rostro. A otros, tal vez, les podrá parecer muy sintomático del carácter apartado de mi familia. Cierto es que, a nivel consciente, nunca le he pedido a mi casa mucho más que la satisfacción  de las necesidades primarias: espacio, calor, comodidad, silencio, privacidad. Ni he intentado nunca conscientemente hacerla mía, asimilarla a mí, embellecerla, enriquecerla, sofisticarla. No me resulta fácil hablar de la relación que me une a ella, quizá sea de naturaleza gatuna: como los gatos, amo las comodidades pero puedo prescindir de ellas, y me habría adaptado bastante bien a un alojamiento sin comodidad alguna, como varias veces me ha ocurrido y como me ocurre cuando voy a un hotel. No creo que mi modo de escribir esté influenciado por el ambiente en el que vivo y escribo, ni creo que este ambiente se refleje en las cosas que he escrito. Debo de ser, pues, menos sensible que la media a las sugestiones e influencias del ambiente, y no soy en absoluto sensible al prestigio que el ambiente confiere, conserva o deteriora. Vivo en mi casa como lo hago dentro de mi piel: sé de pieles más hermosas, más amplias, más resistentes, más pintorescas, pero no me parecería natural cambiarlas por la mía.

Traducción de Antoni Vilalta Seco

El oficio ajeno (1985)
Primo Levi 

Mi casa

Clara Gangutia. La casa grande.

A pesar de todas sus transformaciones, mi casa ha conservado su aspecto anónimo e impersonal: o al menos, así nos parece a nosotros, que vivimos en ella, pero ya se sabe que todos somos malos jueces de aquello que nos concierne, del propio carácter, de los propios vicios y virtudes, incluso de la propia voz o del propio rostro. A otros, tal vez, les podrá parecer muy sintomático del carácter apartado de mi familia. Cierto es que, a nivel consciente, nunca le he pedido a mi casa mucho más que la satisfacción  de las necesidades primarias: espacio, calor, comodidad, silencio, privacidad. Ni he intentado nunca conscientemente hacerla mía, asimilarla a mí, embellecerla, enriquecerla, sofisticarla. No me resulta fácil hablar de la relación que me une a ella, quizá sea de naturaleza gatuna: como los gatos, amo las comodidades pero puedo prescindir de ellas, y me habría adaptado bastante bien a un alojamiento sin comodidad alguna, como varias veces me ha ocurrido y como me ocurre cuando voy a un hotel. No creo que mi modo de escribir esté influenciado por el ambiente en el que vivo y escribo, ni creo que este ambiente se refleje en las cosas que he escrito. Debo de ser, pues, menos sensible que la media a las sugestiones e influencias del ambiente, y no soy en absoluto sensible al prestigio que el ambiente confiere, conserva o deteriora. Vivo en mi casa como lo hago dentro de mi piel: sé de pieles más hermosas, más amplias, más resistentes, más pintorescas, pero no me parecería natural cambiarlas por la mía.

Traducción de Antoni Vilalta Seco

El oficio ajeno (1985)
Primo Levi 

martes, 25 de enero de 2022

Vida

Gerald Brenan, retratado por Julia Gross.

Todos nosotros acarreamos por doquier a un enemigo secreto que esconde nuestros lápices, nuestras gafas, nuestro billete de avión y esa carta de negocios tan importante a la que es preciso dar respuesta cuanto antes. Él nos acompaña a todas partes, un silente trasgo cuyo sentido del humor no llegamos nunca a comprender.

Nosotros perseguimos la felicidad, pero cuando miramos hacia atrás por encima de los años, averiguamos que lo que hemos ganado ha sido experiencia. Acerca de esto, Schopenhauer dice que somos como esos alquimistas que fracasaron en su intento de fabricar oro, pero descubrieron en su lugar cosas más útiles tales como la pólvora, los medicamentos, los nuevos compuestos químicos y unas cuantas leyes de la Naturaleza.

Algunas personas piensan que la verdad es más importante que la vida. Éstas son pedantescas, pues la verdad, esgrimida con intolerancia excesiva, puede ser enemiga de la vida como bien sabe todo antropólogo o psiquiatra. ¡Dejad tranquila a la gente con sus ilusiones inofensivas!

Traducción de Manuel Vázquez

Pensamientos en una estación seca (1978)
Gerald Brenan 

Vida

Gerald Brenan, retratado por Julia Gross.

Todos nosotros acarreamos por doquier a un enemigo secreto que esconde nuestros lápices, nuestras gafas, nuestro billete de avión y esa carta de negocios tan importante a la que es preciso dar respuesta cuanto antes. Él nos acompaña a todas partes, un silente trasgo cuyo sentido del humor no llegamos nunca a comprender.

Nosotros perseguimos la felicidad, pero cuando miramos hacia atrás por encima de los años, averiguamos que lo que hemos ganado ha sido experiencia. Acerca de esto, Schopenhauer dice que somos como esos alquimistas que fracasaron en su intento de fabricar oro, pero descubrieron en su lugar cosas más útiles tales como la pólvora, los medicamentos, los nuevos compuestos químicos y unas cuantas leyes de la Naturaleza.

Algunas personas piensan que la verdad es más importante que la vida. Éstas son pedantescas, pues la verdad, esgrimida con intolerancia excesiva, puede ser enemiga de la vida como bien sabe todo antropólogo o psiquiatra. ¡Dejad tranquila a la gente con sus ilusiones inofensivas!

Traducción de Manuel Vázquez

Pensamientos en una estación seca (1978)
Gerald Brenan 

El viajero

Carlos Clementson. Archipiélagos.

Ha venido esta noche.
El perro había ladrado por un rato en la sombra,
y luego extrañamente se calló en el silencio.

Pobre y casi desnudo, el mar había labrado
hondos surcos de tiempo sobre su enjuto rostro
de marino o pastor, quemado por los soles,
y dejado en sus párpados un rojor de salitre.

Nadie le conocía. Quizá estuviera loco.
En su delirio hablaba de sirenas y monstruos
de un solo ojo enorme, de héroes y de naufragios,
de aventuras horribles en las que él tuvo parte.

Decía que en un tiempo él fue rey de esta isla.

Aquí ni a los más viejos les sonaba su nombre.

Quizá no fuera nadie:
el viento que del mar sopla en las largas noches.

Se ha vuelto con las sombras.

Archipiélagos (1995)
Carlos Clementson

El viajero

Carlos Clementson. Archipiélagos.

Ha venido esta noche.
El perro había ladrado por un rato en la sombra,
y luego extrañamente se calló en el silencio.

Pobre y casi desnudo, el mar había labrado
hondos surcos de tiempo sobre su enjuto rostro
de marino o pastor, quemado por los soles,
y dejado en sus párpados un rojor de salitre.

Nadie le conocía. Quizá estuviera loco.
En su delirio hablaba de sirenas y monstruos
de un solo ojo enorme, de héroes y de naufragios,
de aventuras horribles en las que él tuvo parte.

Decía que en un tiempo él fue rey de esta isla.

Aquí ni a los más viejos les sonaba su nombre.

Quizá no fuera nadie:
el viento que del mar sopla en las largas noches.

Se ha vuelto con las sombras.

Archipiélagos (1995)
Carlos Clementson

lunes, 24 de enero de 2022

Hora matinal

Ilustración de Cornelis Kloos.

Poco antes de despertar soñé algo extrañamente bello de lo que media hora más tarde apenas sabía nada. Al levantarme, sólo me vino a la mente la imagen de una hermosa mujer a la que adoraba rebosante de sentimiento juvenil. Me sentía maravillosamente renovado y excitado por la floreciente juventud del bonito sueño. Me vestí deprisa, todavía estaba oscuro. El aire invernal se abatió sobre mí desde la ventana abierta. Los colores era tan serios, tan nítidos... Un verdor frío y noble luchaba con el incipiente azul; el cielo estaba repleto de nubes rosáceas. El día que despertaba aún llevaba al cuello a la luna  como una joya de plata y se me antojaba de una celestial belleza. Me apresuré a salir al aire libre, a la calle, alegre, emocionado y animado por el bonito sueño y el hermoso día. Invadido por un deseo y una esperanza juvenil, había adquirido una delicada y al tiempo ilimitada confianza en mí mismo. No quería pensar en nada, en nada más, ni indagar qué me alegraba tanto. Caminé monte arriba, feliz. Qué sublime te sientes cuando estás alegre, qué feliz te sientes con una confianza renovada, y qué bien estás cuando la cabeza y el corazón rebosan de esperanzas renacidas.

Traducción de Rosa Pilar Blanco

Sueños. Prosa de la época de Biel (1913-1920)
Robert Walser

Hora matinal

Ilustración de Cornelis Kloos.

Poco antes de despertar soñé algo extrañamente bello de lo que media hora más tarde apenas sabía nada. Al levantarme, sólo me vino a la mente la imagen de una hermosa mujer a la que adoraba rebosante de sentimiento juvenil. Me sentía maravillosamente renovado y excitado por la floreciente juventud del bonito sueño. Me vestí deprisa, todavía estaba oscuro. El aire invernal se abatió sobre mí desde la ventana abierta. Los colores era tan serios, tan nítidos... Un verdor frío y noble luchaba con el incipiente azul; el cielo estaba repleto de nubes rosáceas. El día que despertaba aún llevaba al cuello a la luna  como una joya de plata y se me antojaba de una celestial belleza. Me apresuré a salir al aire libre, a la calle, alegre, emocionado y animado por el bonito sueño y el hermoso día. Invadido por un deseo y una esperanza juvenil, había adquirido una delicada y al tiempo ilimitada confianza en mí mismo. No quería pensar en nada, en nada más, ni indagar qué me alegraba tanto. Caminé monte arriba, feliz. Qué sublime te sientes cuando estás alegre, qué feliz te sientes con una confianza renovada, y qué bien estás cuando la cabeza y el corazón rebosan de esperanzas renacidas.

Traducción de Rosa Pilar Blanco

Sueños. Prosa de la época de Biel (1913-1920)
Robert Walser

martes, 18 de enero de 2022

La simiente enterrada

Antonio Colinas. La simiente enterrada.

Esta diferencia del pensar entre Oriente y Occidente se observa también de manera muy nítida en la significación que el azar tiene en el I Ching. En este libro el azar es, sin más, el que concede el mensaje o la respuesta de lo Superior u Oculto, de lo Incontrolable. Por el contrario, en Occidente, el azar es algo ligado a la superstición o a las creencias irracionales. En las tres monedas que voltean en el aire o en la posición de las ramitas de milenrama hayamos la respuesta por excelencia. O la «herejía», para la mente occidental.

Hay en la vida, para el poeta contemplativo, un hondo sentido, pero a veces sabe que le faltan las palabras para expresarlo. Por eso, la mayoría de las veces los poetas chinos se ciñen simplemente a hacer la tarea de los pintores: copiar la realidad que sus ojos ven. Una montaña, una choza, un lago en el que se reflejan las grullas, una caña que el viento inclina, las nubes cargadas del otoño, un bosque, un prado. Y, sin embargo, todas estas cosas naturales y comunes tienen un hondo sentido. Hay en ellas algo más: unos símbolos que orientan al hombre extraviado; algo más que el pintor transmite levemente y que el poeta revela intensamente por medio de palabras que no mueren.

La simiente enterrada (2005)
Antonio Colinas

La simiente enterrada

Antonio Colinas. La simiente enterrada.

Esta diferencia del pensar entre Oriente y Occidente se observa también de manera muy nítida en la significación que el azar tiene en el I Ching. En este libro el azar es, sin más, el que concede el mensaje o la respuesta de lo Superior u Oculto, de lo Incontrolable. Por el contrario, en Occidente, el azar es algo ligado a la superstición o a las creencias irracionales. En las tres monedas que voltean en el aire o en la posición de las ramitas de milenrama hayamos la respuesta por excelencia. O la «herejía», para la mente occidental.

Hay en la vida, para el poeta contemplativo, un hondo sentido, pero a veces sabe que le faltan las palabras para expresarlo. Por eso, la mayoría de las veces los poetas chinos se ciñen simplemente a hacer la tarea de los pintores: copiar la realidad que sus ojos ven. Una montaña, una choza, un lago en el que se reflejan las grullas, una caña que el viento inclina, las nubes cargadas del otoño, un bosque, un prado. Y, sin embargo, todas estas cosas naturales y comunes tienen un hondo sentido. Hay en ellas algo más: unos símbolos que orientan al hombre extraviado; algo más que el pintor transmite levemente y que el poeta revela intensamente por medio de palabras que no mueren.

La simiente enterrada (2005)
Antonio Colinas

lunes, 17 de enero de 2022

Libertad de los personajes

Ernesto Sabato. Heterodoxia.

Los seres reales son libres. Si los personajes de una novela no son también libres, son falsos; y la novela se convierte en un simulacro sin valor. 
El autor se siente frente a un personaje como un espectador ineficaz frente a un ser de carne y hueso: puede ver, hasta puede prever, el acto pero no lo puede evitar. Hay algo irresistible que mana de las profundidades del ser ajeno, de su propia libertad, que ni el espectador ni el autor pueden impedir.
Lo curioso, lo ontológicamente digno de asombro, es que ese personaje es una hipóstasis del propio autor. Es como si una parte de su ser fuese esquizofrénicamente  testigo de la otra parte, y testigo ineficaz.
La vida es libertad dentro de una situación, pero la novela es una doble libertad, pues nos permite ensayar (misteriosamente) otros destinos: es a la vez una tentativa de escapar a nuestra finitud —valor ontológico— y una evasión de lo cotidiano —valor psicológico.

Heterodoxia (1951)
Ernesto Sabato 

Libertad de los personajes

Ernesto Sabato. Heterodoxia.

Los seres reales son libres. Si los personajes de una novela no son también libres, son falsos; y la novela se convierte en un simulacro sin valor. 
El autor se siente frente a un personaje como un espectador ineficaz frente a un ser de carne y hueso: puede ver, hasta puede prever, el acto pero no lo puede evitar. Hay algo irresistible que mana de las profundidades del ser ajeno, de su propia libertad, que ni el espectador ni el autor pueden impedir.
Lo curioso, lo ontológicamente digno de asombro, es que ese personaje es una hipóstasis del propio autor. Es como si una parte de su ser fuese esquizofrénicamente  testigo de la otra parte, y testigo ineficaz.
La vida es libertad dentro de una situación, pero la novela es una doble libertad, pues nos permite ensayar (misteriosamente) otros destinos: es a la vez una tentativa de escapar a nuestra finitud —valor ontológico— y una evasión de lo cotidiano —valor psicológico.

Heterodoxia (1951)
Ernesto Sabato 

sábado, 8 de enero de 2022

Máximas

Chamfort. Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas.

117

Un filósofo considera lo que se llama una posición en el mundo, del mismo modo que los Tártaros las ciudades, es decir, como una prisión. Se trata de un círculo donde las ideas se estrechan y se concentran, despojando al alma y al espíritu de su extensión y desarrollo. Un hombre que ostenta una gran posición en el mundo se encuentra en una prisión mayor y más adornada. El que no tiene más que una posición pequeña, se encuentra en un calabozo. El hombre sin posición es el único libre, siempre que viva con desahogo o, al menos, que no tenga ninguna dependencia de los demás.

144

Goza y haz gozar, sin dañarte a ti o a los demás; a esto se reduce, creo yo, toda la moral.

148

No estudio más que lo que me place; no ocupo mi espíritu sino en las ideas que me interesan. Éstas serán útiles o inútiles, para mí o para los demás. El tiempo propiciará o no las circunstancias que me permitirán hacer de mis adquisiciones un empleo provechoso. En todo caso, habré tenido la inestimable ventaja de no contrariarme y de haber obedecido a mi pensamiento y a mi carácter. 

Traducción de Antonio Martínez Sarrión

Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas
Nicolas Chamfort (1741-1794)

Máximas

Chamfort. Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas.

117

Un filósofo considera lo que se llama una posición en el mundo, del mismo modo que los Tártaros las ciudades, es decir, como una prisión. Se trata de un círculo donde las ideas se estrechan y se concentran, despojando al alma y al espíritu de su extensión y desarrollo. Un hombre que ostenta una gran posición en el mundo se encuentra en una prisión mayor y más adornada. El que no tiene más que una posición pequeña, se encuentra en un calabozo. El hombre sin posición es el único libre, siempre que viva con desahogo o, al menos, que no tenga ninguna dependencia de los demás.

144

Goza y haz gozar, sin dañarte a ti o a los demás; a esto se reduce, creo yo, toda la moral.

148

No estudio más que lo que me place; no ocupo mi espíritu sino en las ideas que me interesan. Éstas serán útiles o inútiles, para mí o para los demás. El tiempo propiciará o no las circunstancias que me permitirán hacer de mis adquisiciones un empleo provechoso. En todo caso, habré tenido la inestimable ventaja de no contrariarme y de haber obedecido a mi pensamiento y a mi carácter. 

Traducción de Antonio Martínez Sarrión

Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas
Nicolas Chamfort (1741-1794)

miércoles, 5 de enero de 2022

Danza de espadas

As de espadas. Naipes Heraclio Fournier

Tras blandir su espada flamígera contra Adán y Eva, el ángel del Paraíso la hundió en la roca dispuesta expresamente para que el rey Arturo, más tarde, desclave Excalibur. Esta torpeza del ángel, su imprecisión cronológica y topográfica, desencadena deplorables espectáculos: la espada Muérdago —única que puede hacerlo— no acierta a matar al gigante Balder, para regocijo del monstruo; la espada que pende sobre la cabeza de Damocles, sostenida sólo por una fina crin de caballo, se precipita fatalmente; Roldán no encuentra por ningún lado su espada Durandarte y, pese a la previsible humillación, se defiende a bofetadas del enorme ejército que lo reduce al instante en los Pirineos; a falta de la mágica y temible espada que perteneció a su padre, Sigfrido se esfuerza en atravesar al dragón Fafnir con una Tizona de plástico, lo cual le acarrea no pocas burlas del gremio de animales mitológicos; y lo que es peor, no llega a mis manos ese as de espadas que necesito desesperadamente para ganar el juego en el que, esta noche, he apostado mi vida.

La máquina de languidecer (2009)
Ángel Olgoso 

Danza de espadas

As de espadas. Naipes Heraclio Fournier

Tras blandir su espada flamígera contra Adán y Eva, el ángel del Paraíso la hundió en la roca dispuesta expresamente para que el rey Arturo, más tarde, desclave Excalibur. Esta torpeza del ángel, su imprecisión cronológica y topográfica, desencadena deplorables espectáculos: la espada Muérdago —única que puede hacerlo— no acierta a matar al gigante Balder, para regocijo del monstruo; la espada que pende sobre la cabeza de Damocles, sostenida sólo por una fina crin de caballo, se precipita fatalmente; Roldán no encuentra por ningún lado su espada Durandarte y, pese a la previsible humillación, se defiende a bofetadas del enorme ejército que lo reduce al instante en los Pirineos; a falta de la mágica y temible espada que perteneció a su padre, Sigfrido se esfuerza en atravesar al dragón Fafnir con una Tizona de plástico, lo cual le acarrea no pocas burlas del gremio de animales mitológicos; y lo que es peor, no llega a mis manos ese as de espadas que necesito desesperadamente para ganar el juego en el que, esta noche, he apostado mi vida.

La máquina de languidecer (2009)
Ángel Olgoso