sábado, 28 de febrero de 2009

Antología de Spoon River

Soga ( Fuente Wikipedia)
ROGER HESTON

¡Cuántas veces Hernest Hyde y yo
discutimos sobre el libre albedrío!
Mi metáfora preferida era sobre la vaca de Priccket,
pastando atada en el prado, y libre, por tanto, en la medida
de la longitud de la soga.
Un día, mientras así discutíamos mirando a la vaca,
que estiraba de la soga tratando de llegar más allá del círculo
que ya tenía pelado,
la estaca se soltó, y, alzando y sacudiendo la cabeza la vaca corrió hacia nosotros.
Y eso, ¿qué es? ¿No es libre albedrío? dijo Ernest corriendo.
Yo caí al recibir una cornada mortal.

Antología de Spoon River
Edgar Lee Masters

Tierra de los Hombres

Roman Frances. Mantón negro.
He aterrizado en la dulzura del atardecer. ¡Punta Arenas! Me reclino contra una fuente y miro a las muchachas. A dos pasos de su gracia siento mejor aún el misterio humano. En un mundo en que la vida se une tan bien a la vida, en que las flores en el lecho mismo del viento se mezclan a las flores, en que el cisne conoce a todos los cisnes. Sólo los hombres construyen su soledad. ¡Qué espacio se reserva entre ellos su parte espiritual! Un sueño de muchacha la aísla de mí. ¿Cómo alcanzarla en él? ¡Qué puede uno conocer de una muchacha que vuelve a su casa a pasos lentos, los ojos bajos, sonriéndose a sí misma y llena de invenciones y de mentiras adorables! De los pensamientos, de la voz y de los silencios de un amante ella ha podido hacerse un reino, y desde entonces ya no hay para ella más que bárbaros fuera de él. Más bien que en otro planeta, yo la siento encerrada en su secreto, en sus costumbres, en los ecos cantantes de su memoria. Nacida ayer de los volcanes, de la hierba o de la salmuera de los mares, ya se volvió semidivina.

Tierra de los Hombres
Antoine de Saint-Exupéry

viernes, 27 de febrero de 2009

Retorno al campo (III)

He sembrado yo judías
al pie del Monte Poniente.
Crecen sólo escasos brotes,
y abundan malas hierbas.
Al alba salgo a escardarlas.
Con el azadón al hombro
regreso acompañado de la luna.
Angosta es la senda,
y altos los abrojos.
El rocío vespertino
me moja la túnica.
Más nada de esto me importa.
Lo único que quiero
es hacer lo que me gusta.

Tao Yuanming (Tao Qian,Tao Chien) (365-427)

jueves, 26 de febrero de 2009

El Asno de Tres Patas

Astrid Strasser, Asno de tres patas. Birome sobre papel
EL ASNO DE TRES PATAS
Plinio atribuye a Zarathustra, fundador de la religión que aún profesan los parsis de Bombay, la escritura de dos millones de versos; el historiador arábigo Tabari afirma que sus obras completas, eternizadas por piadosos calígrafos, abarcan doce mil cueros de vaca. Es fama que Alejandro de Macedonia las hizo quemar en Persépolis, pero la buena memoria de los sacerdotes pudo salvar los textos fundamentales y desde el siglo IX los complementa una obra enciclopédica, el Bundahish, que contiene esta página:
"Del Asno de Tres Patas se dice que está en la mitad del océano y que tres es el número de sus cascos y seis el de sus ojos y nueve el de sus bocas y dos el de sus orejas y uno su cuerno. Su pelaje es blanco, su alimento es espiritual y todo él es justo. Y dos de los seis ojos están en el lugar de los ojos y dos en la punta de la cabeza y dos en la cerviz; con la penetración de los seis ojos rinde y destruye.
"De las nueve bocas, tres están en la cabeza y tres en la cerviz y tres adentro de los ijares... cada casco, puesto en el suelo, cubre el lugar de una majada de mil ovejas, y bajo el espolón pueden maniobrar hasta mil jinetes. En cuanto a las orejas, son capaces de abarcar a Mazandarán". El cuerno es como de oro y hueco, y le han crecido mil ramificaciones. Con ese cuerno vencerá y disipará todas las corrupciones de los malvados.
"Del ámbar se sabe que es el estiércol del Asno de Tres Patas. En la mitología del mazdeísmo, este monstruo benéfico es uno de los auxiliares de Ahura Mazdah (Ormuz), principio de la Vida, de la Luz y de la Verdad".
El libro de los seres imaginarios
(El Manual de zoología fantástica)
Jorge Luis Borges/Margarita Guerrero

Brisa marina

Escuela francesa. Mallarmé con 19 años.
¡Ay, triste está la carne y he leído todos los libros!
¡Huir! ¡Huir lejos! ¡Ebrios siento a los pájaros
De estar entre la espuma ignorada y los cielos!
Nada, ni aun viejos parques que los ojos reflejan,
Retendrá al corazón que en los mares se baña.
¡Noches! Ni la desierta claridad de mi lámpara
Sobre el papel vacío que su blancura defiende
Ni la joven esposa que amamanta a su hijo.
¡Yo partiré! ¡Vapor que balanceas tu mástil,
Leva el ancla hacia una naturaleza exótica!

Brisa marina (fragmento)
Stéphane Mallarmé

miércoles, 25 de febrero de 2009

Los hombres que aman a otros hombres

Édouard-Henri Avril:De Figuris Veneris, Plate VII,
Hadrian and Antinous in Egypt (Fuente:Wikipedia)
El amor de los muchachos
Prefacio
La continuidad de la imágenes
¿Cuáles son las imágenes literarias de los hombres que aman a otros hombres que han perdurado en el tiempo? ¿Qué motivos, personajes y temas artísticos sirvieron para representar la vida de los que fueran nombrados en distintos momentos históricos -por discursos científicos, religiosos, médicos, literarios, periodísticos, por el saber de la época o por los propios actores sociales interesados-: "pederastas", "afeminados", "sodomitas", "ganímedes", "invertidos", "oscares", "uranistas", "homoxesuales", "mariquitas", "locas", "gays", "queer", entre otras denominaciones? ¿Qué metáforas se utilizaron para designar y simbolizar el amor entre varones en Occidente desde la Antigüedad hasta las puertas del siglo XXI? ¿De qué manera estas representaciones artísticas han dado cuenta de la imagen social del amor y el sexo entre hombres y de aquellos que lo practican, de la vida cotidiana de los mismos, de las formas de amar, pensar y sentir y de las políticas sexuales que debieron afrontar los varones amantes de otros varones?
El amor de los muchachos
Homoxesualidad & Literatura
Adrián Melo

Un vagabundo toca con sordina

Alfredo Andersen. Knut Hamsun.
Esta mañana, al vestirme, pensaba: "Ya verdean todos los bosques. Ya la nieve se funde en las montañas; los rebaños encerrados en los establos quieren salir y en las casas de los hombres las ventanas se abren de par en par". Entreabro yo mi camisa y dejo que el viento acaricie mi piel y siento que el influjo de las estrellas y una turbulencia desenfrenada se adueñan de mi alma. Es un momento como yo he vivido otros hace muchos años, cuando era joven y más fogoso que hoy. Acaso exista en el este o en el oeste, he pensado hoy, un bosque, en que un viejo pueda sentirse tan feliz como un joven. Hacia allí voy.

Traducción de Pedro Camacho

Un vagabundo toca con sordina
Knut Hamsun

En la madrugada (El llano en llamas)

Fuente:librodearena

San Gabriel sale de la niebla completamente húmedo de rocío. Las nubes de la noche durmieron sobre el pueblo buscando el calor de la gente. Ahora está por salir el sol y la niebla se levanta despacio, enrollando su sábana, dejando hebras blancas encima de los tejados. Un vapor gris, apenas visible, sube de los árboles y de la tierra mojada atraído por las nubes; pero se desvanece enseguida. Y detrás de él aparece el humo negro de las cocinas, oloroso a encino quemado, cubriendo el cielo de cenizas.
Allá lejos los cerros están todavía en sombras.
Una golondrina cruzó las calles y luego sonó el primer toque del alba.
Las luces se apagaron. Entonces una mancha como de tierra envolvió el pueblo, que siguió roncando un poco más, adormecido en el color del amanecer.

Juan Rulfo
El llano en llamas

martes, 24 de febrero de 2009

Seda

Guan Zeju. La túnica.
Seis días después Hervé Joncour se embarcó, en Takaoka, en un barco de contrabandistas holandeses que lo llevó hasta Sabirk. Desde allí ascendió por la frontera china hasta el lago Baikal, atravesó cuatro mil kilómetros de tierra siberiana, superó los Urales, llegó hasta Kiev y recorrió en tren toda Europa, de este a oeste, hasta entrar, después de tres meses de viaje, en Francia. El primer domingo de abril -justo a tiempo para la misa mayor- llegó a las puertas de Lavilledieu. Se detuvo, dio gracias al Señor, y entró en el pueblo a pie, contando sus pasos, para que cada uno tuviera un nombre, y para no olvidarlos nunca más.
-¿Cómo es el fin del mundo? -le preguntó Baldabiou.
-Invisible.
A su mujer, Héléne, le trajo de regalo una túnica de seda que ella, por pudor, nunca se puso. Si se sostenía entre los dedos, era como coger la nada.

Seda
Alessandro Baricco

César

Sanesi. César cruzando el Rubicón.
Cuando llegaba al río que delimita la Galia Cisalpina separándola de Italia, que se llama Rubicón, comenzó a reflexionar; a medida que se aproximaba al peligro y la cabeza le iba dando vueltas ante la grandeza y osadía de su empresa, disminuía cada vez más la carrera y, finalmente, deteniendo del todo su camino, sopesó en silencio consigo mismo muchas resoluciones diferentes, cambió de decisión en uno y otro sentido, y su determinación giró entonces en muchísimas direcciones. Compartió también con sus amigos presentes, entre los que se encontraba Asinio Polión, sus numerosas dudas, calculando cuán enormes desgracias inauguraría para todos los hombres el cruzar el río, y qué grande sería la memoria de esta acción para la posteridad. Finalmente, como si se dejara llevar por un irrefrenable impulso, fuera de todo raciocinio, hacia el futuro, y tras pronunciar esta frase que se ha convertido en preludio común para quienes se arrojan en avatares dificultosos y audaces: "¡La suerte está echada!", se lanzó con resolución a vadear el río y, marchando ya en adelante a galope, penetró en Arimino antes del amanecer y la ocupó.

Vidas paralelas
Plutarco

Epitalamio de las ninfas del río Eveno

William Adolphe Bouguereau:Céfiro y Flora (Fuente:Wikipedia)

La "PROCTOMAQUIA"
o "EL CANTAR DE LOS CULOS"
CANTO IX
PRIMAVERA SOBRE EL RÍO EVENO
LAS BODAS DE FLORA Y CÉFIRO

Epitalamio de las ninfas del río Eveno (1)

Se casan Flora y la Brisa.
Venid, venid a las bodas.

Con su celeste y fresca
el blando Céfiro sopla
y arremolina el vestido
que lleva la ninfa Flora.

El viento con dedos suaves
rodeó su talle de rosa
cuando la vio que pasaba
por los valles de la zona.

Se casan Flora y el Viento.
Venid, venid a las bodas.

Ella esparcía perfumes
como alas de mariposa;
zumbaban danzas de mieles
las abejas afanosas.

Él peinaba los trigales
soplando risas y bromas.
Y al verla se enamoró
por ser flor y por ser Flora.

Se casan Flora y el Céfiro.
Venid, venid a las bodas.

Su pasión era tan joven,
tan decidida, tan loca,
que la raptó sin pensar
en casarla, como a todas.

La niña gimió al contacto
de esos brazos de aire y sombra,
pero al verlo transparente,
ella también se enamora.

Se casan Flora y el Céfiro.
Apuraos que ya es hora.

Está llegando de azul,
vistiendo livianas ropas,
el novio que vuela suave
con pies de brisa hacia Etolia.

Ella una túnica larga
de mil colores endosa
y se ha calzado de pétalos
cada pie para la boda.

Se casan Flora y el Viento.
Los dos se besan y lloran.
¡Venid, venid, presurosos!
¡Se casan Céfiro y Flora!

(1) Los que afirman que el episodio aquí narrado del casamiento de Flora y Céfiro tiene un corte más latino que griego, hacen ver el tono intensamente catuliano de este epitalamio. Con todo Catulo (84-54 a.C. circa) compuso epitalamios como el carmen 61 y 62 con la mirada puesta en poetas griegos.
La "PROCTOMAQUIA" o "EL CANTAR DE LOS CULOS"
POEMA ÉPICO-PARÓDICO de Aristón de Mitiline
(Versión y notas de Horacio Argüello)
Edición a cargo de Wenceslao Maldonado
Wenceslao Maldonado
+ en libronera

lunes, 23 de febrero de 2009

La Primaluna

Madeline Von Foerster. Mirabilis.
En un sueño le fue revelado a la Primaluna que tenía parientes en la Luna. Ya lo había sospechado, pues nunca ha ido a un país sin tropezar con gente que le resulte familiar y conocida. Amigos no eran, nunca los había visto y tampoco entendían su idioma. Era más bien algo en su aspecto: la inclinación de la cabeza, la redondez de las uñas, la posición expectante de los pies.

Tras un tanteo inicial encuentran por lo general una tercera lengua que les permite entenderse, se sientan juntos, intercambian sus linajes y pronto reducen las aparentes distancias. Mucho se ha peregrinado en este mundo y los hombres abandonan su país por infinidad de motivos. la Tierra es pequeña, hoy lo sabemos, y poco significan las distancias. Ya han dado con un nombre que les suena a ambos, y con un poco de paciencia y muchísimo tacto comprueban, quién lo creería, que pertenecen a la misma familia y que hasta habían sospechado de su mutua existencia. Quien tenga disposición para estas cosas y mantenga alerta los ojos y el recuerdo vivo, no tendrá que preocuparse de buscar amigos, pues hallará parientes en todas partes.
"Llevo un registro de ellos", dice la Primaluna, "y no viajo por ningún otro motivo. Aún no he estado en un país donde no haya encontrado parientes. El mundo no puede ser tan malo como dicen. ¿Por qué no buscan todos a sus familias? En vez de viajar al extranjero para ser un extranjero, hay que viajar para sentirse en su país".

Cincuenta caracteres
Elías Canetti

Prólogo a "Juegos de parejas" de Javier Tomeo

Portada de "Juegos de parejas"
Prólogo
No sé hasta que punto puede ser válido lo que un novelista opine sobre la obra de un compañero.No resulta nada fácil, ciertamente, admitir que otro colega, madurado en el mismo solar por soles y vientos comunes, pueda internarse por los grandes paisajes literarios del país siguiendo caminos distintos a los que él emprende y, además, lo haga provisto de otras alforjas.
-Mi camino es el más directo y mi alforja la mejor provista-se suele pensar. Los caminos que recorren los demás no son más que discutibles circunvalaciones.
Cuidado, sin embargo, con nuestras opiniones. Lo dijo ya hace muchos años Oscar Wilde: los artistas reconocen a sus admiradores, pero no se reconocen entre sí porque el polvo que levantan las carrozas en las que viajan les oculta los unos de los otros.
Algo parecido, supongo yo, me habrá ocurrido a mí con las novelas de ciertos colegas que pueden vanagloriarse de haber logrado entusiastas comentarios de los más famosos críticos de este país y que, además, han conseguido un notable índice de penetración en el mercado.
¿Y si la opinión adversa que nos merece tal o cual novela que la crítica aclama puede estar viciada por motivaciones extraliterarias? ¿Y si las ramas de tus árboles no me dejasen ver el bosque de los demás?
Ésa es, a mi juicio, la regla general, pero de vez en cuando se producen pequeños milagros que acaban con nuestros desasosiegos y nos devuelven la confianza en la validez de otras fórmulas literarias que poco o nada tienen que ver con las que utilizamos nosotros.
Sucede, en efecto, que algunas veces llega a nuestras manos una nueva novela recién aparecida en el mercado, o incluso un original todavía no publicado, y advertimos entonces que los dioses de las letras no han dejado tan abandonados a los escritores como para que en el universo del quehacer literario sólo exista una opción válida para alcanzar los objetivos propuestos.
Eso es, poco más o menos, lo que me ha ocurrido con "Juegos de parejas", un volumen de relatos que firma Asdrúbal Hernández y que con toda seguridad habrá de constituir una grata sorpresa para muchos lectores.
El libro está constituido por dieciocho historias.Entre todas ellas, hay, a mi juicio, una que merece especial mención. Me refiero a la titulada "Gramática convencional", que es precisamente la que inicia la serie. Pocas palabras para decir muchas cosas. Eso es lo más debería importar a los escritores de raza, conseguir lo que algunos llaman la "ecuación de las margaritas".
En apenas tres páginas, "Gramática convencional" nos traslada a la entrañable codidianidad de una familia de clase media. Una mañana al salir de casa, la madre constata el misterio de un bosque vecino que, antes de que llegue el otoño, en el transcurso de una sola noche, ha perdido todas sus hojas. Frente a la madre, un marido excesivamente preocupado por el gélido mundo de la informática, que no siente el menor interés por descifrar el maravilloso enigma que le propone su mujer. También están los niños, inventando palabras imposibles. Todos ellos instalados en mundos distintos, entre los que apenas existe comunicación posible. ¿No nos ofrece acaso esta breve historia una certera instantánea sobre el aburrimiento, la rutina e incluso el desamor conyugal?
Sin desmerecer a los demás relatos, nos parece también soberbio "Lejos de todo", que nos habla brevemente de otra familia, constituida por padre, madre y dos hijos, que deciden comprar en el mercado semanal, además de una caja de frutas y un saco de patatas, una cría de boa que después olvidan incomprensiblemente en el jardín de la casa.
Misterio, pues en "Gramática convencional", el de las hojas que desaparecen de los árboles de la noche a la mañana.
Misterio, también, en "Lejos de todo", con esa pequeña boa abandonada por todos en el jardín familiar. Ambos enigmas, enmarcados en la vida cotidiana y absolutamente creíble de dos familias absolutamente normales.
Descifrar los enigmas que plantean las hojas tan repentinamente desaparecidas y la cría de la boa podría significar, a fin de cuentas, tanto como descubrir cuáles son los problemas más profundos que esas dos familias, con mejor o peor fortuna, procuran ocultar.
Estamos convencidos de que esta antología de relatos que firma Asdrúbal Hernández merecerá la atención de esos impenitentes lectores que, a pesar de sentirse ya muy fatigados por una oferta literaria desmedida, no quieren renunciar todavía a la nobilísima aventura que supone la lectura de unos relatos que se mueven lejos de esas coordenadas consumistas que amenazan con devorarlo todo.
Prólogo a "Juegos de parejas"
Javier Tomeo

domingo, 22 de febrero de 2009

La última escala del Tramp Steamer

Gavin Hellier. Monumento a Sibelius, Helsinki.
Tuve que viajar a Helsinki para asistir a una reunión de expertos en publicaciones internas de las compañías petroleras. Iba, en verdad, con muy pocas ganas. Finalizaba noviembre y los pronósticos del tiempo para la capital de Finlandia eran más bien sombríos. Mi admiración y familiaridad con la música de Sibelius y con algunas páginas inolvidables del más olvidado de los premios Nobel: Franz Emil Sillampaa, eran razones suficientes para alimentar mi curiosidad de conocer Finlandia. Me habían dicho también que, desde el extremo más avanzado de la península de Vironniemi, se alcanzaba a ver, en los días sin bruma, la mirífica aparición de San Petersburgo, con las doradas cúpulas de sus iglesias y la imponente maravilla de sus edificios. Éstos eran argumentos suficientes para enfrentar la terrible perspectiva de un invierno como jamás antes había yo padecido. Helsinki estaba, en efecto, como paralizada dentro de un translúcido e inviolable cristal, a cuarenta grados bajo cero. Cada ladrillo de sus edificios, cada ángulo de las rejas de sus parques sepultados en una nieve marmórea, cada detalle de sus monumentos públicos, se destacaban con nitidez incisiva, casi intolerable. Recorrer las calles de la ciudad era una hazaña con riesgos mortales pero con inquietantes compensaciones estéticas.

La última escala del Tramp Steamer
Álvaro Mutis

La Vía Láctea

La Vía Láctea.Fuente Wikipedia
Sonetos
La Vía Láctea

Blanco polen de mundos, dulce leche del cielo
¡Quién fuera una gigante mariposa divina
Para hundir la cabeza en aquella tu harina
Impalpable y libarte como a cosa del suelo!

Ya de nuevo en los ojos quema la primavera,
Mas mi pasión humana yace, roto el peciolo,
Y agotada mi alma está el mundo tan solo
Que camino y retumban mis pasos en la esfera.

Y en las noches nevadas, cuando a pesar de quietos
Siento moverse arriba los blancos esqueletos
De las estrellas muertas, me acomete como un

Deseo de los cielos, y no sé qué ofreciera
Porque sobre mi frente miserable cayera
Una gota tan sólo de la leche de Juno.
Sonetos
Alfonsina Storni

sábado, 21 de febrero de 2009

Escritos de un salvaje

Foto antigua. Muchacha tahitiana.
Dentro de dos días estaré en Nouméa, donde me recogerá un barco que me llevará a Tahití. He tenido una agradable y rápida travesía con un tiempo magnífico, hecho a propósito para mí. ¡Cuántos pasajeros extraordinarios te encuentras en estos viajes!

Hace ya veinte días que he llegado, y he visto tantas cosas nuevas que estoy totalmente turbado. Todavía necesitaré tiempo para poder hacer un buen cuadro. Voy metiéndome en el trabajo, estudiando cada día... Te escribo por la noche. Este silencio nocturno de Tahití es más extraño que todo lo demás. Solo existe aquí, sin un grito de pájaro que turbe el descanso. Aquí y allí, una gran hoja seca que cae; pero esto no puede considerarse un ruido; se parece más a un roce incorpóreo. Los indígenas se pasean a menudo por la noche, pero van descalzos y en silencio. Siempre este silencio. Comprendo muy bien cómo estos individuos se pueden pasar horas, días, sentados, sin pronunciar una palabra y contemplando el cielo con melancolía. Siento que todo esto pronto me invadirá, y en este momento me relajo extraordinariamente. (julio 1891, Tahití).

Escritos de un salvaje
Paul Gauguin

viernes, 20 de febrero de 2009

2001 Una odisea espacial


Tengo miedo...
2001 Una odisea espacial
S. Kubrick/A. C. Clarke

A su retrato

Juan de Miranda (Siglo XVIII):Detalle de la cara de Sor Juana Inés de la Cruz
(Fuente: Cervantes Virtual)
Soneto CXLV
A su retrato

Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

Éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,

Es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:

Es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.
Sonetos
Sor Juana Inés de la Cruz

jueves, 19 de febrero de 2009

CÓMO LEO

Fritz Goro. Leyendo en la habitación.
De joven leía casi siempre para aprender; hoy me ocurre que leo para olvidar.

Los libros que leí cuando tenía siete años, o diez, han desaparecido todos. Y he perdido los que poseía a los quince o a los veinte. Quedan algunos supervivientes de los que tuve entre los veinte y treinta años.
Tal vez sean más grandes, más ricos y hermosos los que poseemos en la actualidad, pero no es lo mismo. Me gustaría volver a tener, por ejemplo, aquella Divina Comedia impresa pobremente en tres tomos allá por el año 1830, con los lomos de tela encarnada en los que yo mismo escribí el título, y que leía en los últimos años del reinado de Humberto, sentado en un frío banco de mosaico, a la vera de una fingida gruta llena de agua verdosa, allá arriba en las cercanías de San Salvatore al Monte.

Exposición personal
Giovanni Papini

Los cuadernos de don Rigoberto

Walter Sanders. la estación de Berlin.
El Orient Express a Venecia sale el miércoles al mediodía, de la gare Saint Lazare. Viajando y descansando pasaremos ese día y la noche siguiente, pero, según quienes han protagonizado dicha aventura ferrocarrilera, recorrer en esos camarotes belle époque la geografía de Francia, Alemania, Austria, Suiza e Italia, es relajante y propedeútico, excita sin fatigar, entusiasma sin enloquecer y divierte hasta por razones de arqueología, debido al gusto con que ha sido resucitada la elegancia de los camarotes, aseos, bares y comedores de ese mítico tren, escenario de tantas novelas y películas de la entreguerra. Llevaré conmigo la novela de Aghata Christie, Muerte en el Orient Express, en versión inglesa y española, por si se te antoja echarle una ojeada en los escenarios de la acción. Según el prospecto, para la cena aux chandelles de esa noche, la etiqueta y los largos escotes son de rigor.

Los cuadernos de don Rigoberto
Mario Vargas Llosa

Fábula de Polifemo y Galatea

Édouard Zier:Acis et Galathée se cachant de Polyphème
Fábula de Polifemo y Galatea
......
I
Ninfa, de Doris hija, la más bella,
Adora, que vio el reino de la espuma.
Galatea es su nombre, y dulce en ella
El terno Venus de sus Gracias suma.
Son una y otra luminosa estrella
Lucientes ojos de su blanca pluma:
Si roca de cristal no es de Neptuno,
Pavón de Venus es, cisne de Juno.

Purpúreas rosas sobre Galatea
La Alba entre lilios cándidos deshoja:
Duda el Amor cuál más su color sea,
O púrpura nevada, o nieve roja.
De su frente la perla es, eritrea,
Émula vana. El ciego dios se enoja,
Y, condenado su esplendor, la deja
Pender en oro al nácar de su oreja.

Invidia de las ninfas, y cuidado
De cuantas honra el mar deidades, era;
Pompa del marinero niño alado
Que sin fanal conduce su venera.
Verde el cabello, el pecho no escamado,
Ronco sí, escucha a Glauco la ribera
Inducir a pisar la bella ingrata,
En carro de cristal, campos de plata.

Marino joven, las cerúleas sienes,
Del más tierno coral ciñe Palemo,
Rico de cuantos la agua engendra bienes,
Del Faro odioso al promontorio extremo;
Mas en la gracia igual, si en los desdenes
Perdonado algo más que Polifemo,
De la que, aún no le oyó, y, calzada plumas,
Tantas flores pisó como él espumas.

Huye la ninfa bella: y el marino
Amante nadador, ser bien quisiera,
Ya que no áspid a su pie divino,
Dorado pomo a su veloz carrera;
Mas, ¿cuál diente mortal, cuál metal fino
La fuga suspender podrá ligera
Que el desdén solicita? ¡Oh cuánto yerra
Delfín que sigue en agua corza en tierra!
......
Fábula de Polifemo y Galatea
Luis de Góngora y Argote

miércoles, 18 de febrero de 2009

Tierras de cristal

Dino Valls. Vanitas
(Había un hombre que partía, viajaba, y cuando regresaba, antes que él llegaba una joya, en una caja de terciopelo. La mujer que lo esperaba abría la caja, veía la joya y entonces sabía que iba a regresar. La gente creía que era un regalo, un valioso regalo por cada fuga. Pero el secreto era que la joya era siempre la misma. Cambiaban las cajas pero la joya no. Partía con el hombre, permanecía con él allá donde viajara, pasaba de maleta en maleta, de ciudad en ciudad, y después volvía atrás. venía de las manos de la mujer y a ellas regresaba, exactamente como el reloj regresaba a las manos del Almirante. La gente creía que era un regalo, un valioso regalo por cada fuga. En cambio, era lo que custodiaba el hilo de su amor en el laberinto de mundos por el que el hombre corría, como una grieta a lo largo de un vaso. Era el reloj que contaba los minutos del tiempo anómalo, y único, que era el tiempo de su amarse. Volvía atrás antes que él para que ella supiera que dentro de aquel que estaba a punto de llegar no se había roto el hilo de aquel tiempo. Así el hombre llegaba, al final, y no había necesidad de decir nada, de preguntar nada, ni de saber. El instante en que se veían era, para los dos, una vez más, el mismo instante.)

Tierras de cristal
Alessandro Baricco

Drácula

Simon Mardens. Castillo de Drácula en Transilvania.

En Londres, aproveché unas horas que tenía libres para ir al Museo Británico a consultar los libros y mapas de la biblioteca referentes a Transilvania; pensé que sería una ayuda tener de antemano alguna idea del país, antes de entrevistarme con un noble de ese lugar. Averigüé que la región a la que hacía referencia está en el extremo este del territorio, exactamente en los límites de tres estados: Transilvania, Moldavia y Bukovina, en plena cordillera de los Cárpatos, y que es una de las regiones más remotas menos conocidas de Europa. No conseguí descubrir en ningún libro ni mapa el lugar exacto del castillo de Drácula, ya que no existen mapas de este país comparables a nuestros Ordnance Survey maps; pero averigüé que Bistritz, la ciudad donde el conde Drácula decía que debía apearme, era bastante conocida. Consignaré aquí algunas notas que me ayuden a recordar, cuando hable con Mina del viaje.
La población de Transilvania está formada por cuatro nacionalidades distintas: los sajones al sur; y mezclados con ellos, los valacos, que son descendientes de los dacios; los magiares al oeste, y los szekelys al este y al norte. Me encuentro entre estos últimos, que pretenden ser descendientes de Atila y de los hunos. Puede ser, porque cuando los magiares conquistaron el país, en el siglo XI, encontraron a los hunos asentados en él. He leído que en la herradura de los Cárpatos se reúnen todas las supersticiones del mundo, como si fuese el centro de una especie de remolino de la imaginación; si es así mi estancia me va a resultar interesante.

Drácula
Bram Stoker

martes, 17 de febrero de 2009

Yo me celebro y yo me canto

Leaves of Grass
Song of Myself
1

I celebrate myself, and sing myself,
And what I assume you shall assume,
For every atom belonging to me as good belongs to you.

I loafe and invite my soul,
I lean and loafe at my ease observing a spear of summer grass.

My tongue, every atom of my blood, form'd from this soil, this air,
Born here of parents born here from parents the same, and their parents the same,
I, now thirty-seven years old in perfect health begin,
Hoping to cease not till death.

Creeds and schools in abeyance,
Retiring back a while sufficed at what they are, but never forgotten,
I harbor for good or bad, I permit to speak at every hazard,
Nature without check with original energy.


Hojas de hierba

Canto de mí mísmo
1

Yo me celebro y yo me canto,
Y todo cuanto es mío también es tuyo,
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te
pertenezca.

Indolente y ocioso convido a mi alma,
Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano.

Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta
tierra, con este aire,
Nacido aquí, de padres cuyos padres nacieron aquí, lo
mismo que sus padres,
Yo ahora, a los treinta y siete años de mi edad y con
salud perfecta, comienzo,
Y espero no cesar hasta mi muerte.

Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás ;
me sirvieron, no las olvido;
Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin
cuidarme de riesgos,
Naturaleza sin freno con elemental energía.
Hojas de hierba
(Prólogo, traducción y notas de Jorge Luis Borges)
Walt Whitman

Ying Chü

Long Shan Yen. Sabio meditando

Ying Chü es un sabio chino que habita una cueva en la provincia de Shansi, a unos tres kilómetros al oeste de la ciudad de Kolan. Según se dice, tiene cien años de edad y tal reputación de sabiduría que muchas personas eminentes del mundo entero acuden alli para consultarle. Él fue antaño un hombre rico e hizo largos viajes por Europa y Asia, pero hoy día vive del arroz y los vegetales que le ofrecen los campesinos. Aunque él no fuera comunista, Mao Tse-tung le toleró e incluso le pidió consejo de vez en cuando. He aquí algunas de sus respuestas a preguntas significativas:

Durante una gira por las misiones anglicanas, el arzobispo de Canterbury consultó con Ying Chü sobre la cuestión de si los ricos podrían salvarse no obstante las cosas despreciativas que Jesús había dicho sobre ellos. Ying contestó: "Según Confucio, la máxima virtud que puede tener un hombre es la benevolencia, y es evidente que cuanto más dinero posea tanto más eficaz será su benevolencia".

Hitler envió un emisario secreto a Ying Chü para preguntarle si debería invadir Rusia o no. Ying tomó un sorbo de té y luego murmuró:
-¿Por qué no?

Durante sus viajes por China, Bertrand Russell buscó a Ying Chü para conocer su criterio sobre la filosofía occidental. "Casi toda su filosofía -dijo él- consiste en desenredar las madejas que han hecho los filósofos precedentes. El romperse la sesera con unos asuntos tan triviales no conduce a ninguna parte. Quienes buscan de verdad la sabiduría se pasan sus días contemplando el fluir del río y escuchando el canto de los pájaros. Además, consagran sus noches al amor".

Traducción de Manuel Vázquez

Pensamientos en una estación seca
Gerald Brenan

El Túnel ( XII )

"A la mañana siguiente, a eso de las diez, llamé por teléfono. Me atendió la misma mujer del día anterior. Cuando pregunté por la señorita María Iribarne me dijo que esa misma mañana había salido para el campo. Me quedé frío.
-¿Para el campo? - pregunté.
-Sí, señor. ¿Usted es el señor Castel?
-Sí, soy Castel.
-Dejó una carta para usted, acá. Que perdone, pero no tenía su dirección.
Me había hecho tanto a la idea de verla ese mismo día y esperaba cosas tan importantes de ese encuentro que ese anuncio me dejó anonadado. Se me ocurrieron una serie de preguntas: ¿Por qué había resuelto ir al campo? Evidentemente, esa resolución había sido tomada después de nuestra conversación telefónica, porque, si no, me habría dicho algo acerca del viaje y, sobre todo, no habría aceptado mi sugestión de hablar por teléfono a la mañana siguiente. Ahora bien, si esa resolución era posterior a la conversación por teléfono ¿sería también consecuencia de esa conversación? y si era consecuencia , ¿por qué?, ¿quería huir de mí una vez más?, ¿temía el inevitable encuentro del otro día?
Este inesperado viaje al campo despertó la primera duda."

Ernesto Sábato
"El Túnel"

lunes, 16 de febrero de 2009

Un descenso interminable

Plutonia
Capítulo IX
UN DESCENSO INTERMINABLE
Por fin llegaron al otro lado de la muralla. En el último alto, Borovói encendió el infiernillo de alcohol del hipsómetro con la absoluta convicción de que señalaría lo mismo que delante del cinturón de hielos, es decir, unos novecientos metros bajo el nivel del mar. Pero cuando colocó el termómetro en el tubo, subió a 105°, luego a 110° y tampoco se detuvo allí.
- ¡Eh, eh! -gritó Borovói-. ¡Que se va a romper el cristal!
- ¿Qué ocurre? ¿Qué pasa? -preguntaron varias voces.
Todos habían acudido presurosos y se agrupaban en torno al aparato, colocado sobre un cajón.
- ¡Es una cosa inaudita, increíble! -exclamó Borovói con voz quebrada por la emoción-. En este maldito agujero el agua hierve a 120°.
- O sea que...
- O sea, que hemos descendido a un abismo por el cinturón de hielos. Así, al pronto, no puedo calcular siquiera a cuántos miles de metros bajo el nivel del mar corresponde esta temperatura de ebullición. Esperen, que vamos a verlo por las tablas.
Sentóse en su saco de dormir, extrajo del bolsillo el prontuario de las alturas, rebuscó en las tablas e hizo, unas operaciones al margen. Mientras tanto, sus campañeros iban acercándose uno a uno al aparato para convencerse de que, efectivamente, el termómetro marcaba 120° sobre cero. La columna de mercurio se había detenido en ese punto, y no cabía la menor duda.
Sólo el ligero borboteo del agua que hervía en el aparato rompía el silencio reinante entre los hombres, sobrecogidos por el asombro.
Al fin se escuchó un suspiro profundo de Borovói y estas palabras pronunciadas en tono solemne:
- Calculando por encima, la temperatura de 120° de ebullición corresponde a la altura negativa de cinco mil setecientos veinte metros.
- ¡No puede ser! ¿No se ha equivocado usted?
-- Pueden comprobarlo. Aquí están las tablas. En ellas, naturalmente, no figuran los datos de esta temperatura de ebullición, que nadie ha observado nunca fuera del laboratorio. Hay que hacer los cálculos aproximados.
Kashtánov verificó los cálculos y dijo:
- Es exacto. En estos dos días, trepando por los bloques de hielo, hemos descendido cuatro mil novecientos metros en una extensión de diez o doce kilómetros.
- ¡Y no nos hemos dado cuenta del descenso!
Plutonia
(Trad. Isabel Vicente)
(Preparado por Antonio Bravo)
V.Obruchev

Sobre los viajes

Retrato antiguo del filósofo Séneca.
¿Piensas que sólo a ti te ha sucedido, y te sorprende, como un hecho insólito, que con tan largo viaje, a través de países tan diversos, no disipaste la tristeza y la ansiedad del espíritu? Debes cambiar de alma, no de clima. Por más que surques el anchuroso mar, por más que, en frase de nuestro Virgilio, "tierras y ciudades se alejen de tu vista", te seguirán, a dondequiera que llegues, los vicios.
A uno que se quejaba por este mismo motivo Sócrates le arguyó: "¿Por qué te maravillas de que tus viajes al extranjero de nada te aprovechen, cuando es a ti mismo a quien llevas de un lugar para otro? Te agobia la misma causa que te impulsó a salir". ¿En qué puede aliviarte la novedad de las tierras?, ¿en qué el conocimiento de ciudades y comarcas? A nada útil conduce ese ajetreo. ¿Quieres saber por qué esa huida no te reconforta? Huyes contigo mismo. Tienes que descargar el peso del alma; hasta entonces ningún paraje te agradará.

Epístolas morales a Lucilio
Séneca

domingo, 15 de febrero de 2009

El escritor y los escritores

E. O. Hoppe. Henry James
Henry James ha pasado a la historia como uno de los escritores más exclusivamente interesados por la literatura. En él los estímulos comunes de la vida se subordinan a esta pasión casi religiosa: saber escribir, bien, y todo lo demás se dará por añadidura.

Pero puede haber más aún. No conformarse con disimular la vida artísticamente en el acto de escribir, sino incluso escribir sobre los que escriben. Indicio quizá de monomanía excluyente: uno es literatura y vive haciéndola, pero también tiene que serlo la historia contada, también tiene que hacerla y vivirla el personaje. Nada escapa al ámbito de escribir.

Los papeles de Aspern (1888) es lo mejor que escribió James sobre este tema. En su origen hubo una estancia en el norte de Italia (1886-1887), sobre todo en Florencia y Venecia, y dos anécdotas que en la imaginación del escritor se complementaron: Claire Clairmont, antigua amante del poeta Byron y madre de su hija Allegra, había vivido en Florencia hasta una edad muy avanzada, y el propio James había pasado muchas veces sin saberlo ante la puerta de su casa de Via Romana. Oportunidad perdida de conocer personalmente a quien formaba parte de un remotísimo mito literario. Estaba además la historia de un capitán de barco bostoniano gran admirador de Shelley, que se enteró de que Claire Clairmont conservaba papeles íntimos relacionados con Shelley y Byron, y que para conseguirlos se introdujo en su casa en calidad de huésped.
De ahí salió la trama de la novela de Henry James, que tiene por centro una de esas situaciones asombrosamente artificiales, o si se quiere fútiles, que tanto le atraían, y en las que acertaba a poner un dramatismo matizado por un toque de absurdo. El protagonista vive en función de la literatura, pero no para cultivarla, sino para averiguar cosas de escritores ya muertos y consagrados; en suma, es un erudito capaz de sacrificarlo todo a la imperiosa necesidad de descubrir aspectos desconocidos de un gran escritor. Otra sustitución aún más retorcida, más indirecta, del fenómeno sustitutorio del hombre por la literatura; no se trata de escribir libros sobre cosas reales, sino libros sobre libros, libros sobre gente que escribió libros.

El escritor y los escritores
Carlos Pujol

Entrevista a Paul Auster

Quint Buchholz. Libro en mitad del camino.

Sinda Gregory: ¿A qué tipo de cosas se refiere? ¿A pequeñas cosas, como una llamada telefónica equivocada (que inspira el argumento de La ciudad de cristal), o algo más insólito, como encontrar por casualidad a su padre en el Palacio de la Luna después de muchos años?

Paul Auster: Me refiero tanto a las pequeñas cosas como a las grandes. Conocer a tres personas llamadas George en un mismo día. O registrarse en un hotel y que el número de la habitación coincida con el de la casa de uno. Hace siete u ocho años, mi esposa y yo fuimos invitados a una cena en Nueva York, y en la mesa había un hombre encantador, muy educado, con gran inteligencia y sentido del humor, un sorprendente orador que cautivó a todos los comensales con sus relatos. Mi esposa se educó en un pequeño pueblo de Minnesota y en un momento dado pensó: "Para esto he venido a Nueva York, para conocer a personas como ésta". Más tarde, todos comenzamos a hablar sobre nuestra infancia y los sitios donde habíamos crecido y dio la casualidad que el hombre que la había hechizado, el que ella había considerado una encarnación de la sofisticación de Nueva York, procedía del mismo pueblo de Minnesota que ella. ¡El mismo pueblo! Era increíble, como algo sacado de una novela de O. Henry.

Traducción de María Eugenia Ciocchini

El arte del hambre
Paul Auster

sábado, 14 de febrero de 2009

Vagando por Marte (Roving Mars)

El canto rodado

Serge Balkin. William Somerset Maugham.
Y es que toda su trayectoria era notabilísima. Hijo de un cirujano veterinario, había sido reportero en los tribunales londinenses y luego se inscribió como camarero en un mercante que hacía la ruta de Buenos Aires. Había desertado, y de un modo u otro atravesó media Sudamérica. Desde un puerto de Chile logró llegar a las Marquesas, donde pasó un semestre viviendo de la caridad de aquellos nativos, siempre dispuestos a ofrecer su hospitalidad a un hombre blanco; luego consiguió mediente ruegos un pasaje en una goleta que hacía escala en Tahití, de donde viajó a Xiamen en calidad de segundo de a bordo de una vieja bañera que llevaba mano de obra, a las Islas de la Sociedad.
Aquello sucedió nueve años antes de que yo lo conociera. Después había vivido en China. Primero trabajó con la Compañía B.A.T., pero en tan sólo dos años se le hizo monótono el trabajo. Como había adquirido ciertos conocimientos de lengua china, pasó a trabajar para una empresa que distribuía medicamentos patentados a todo lo largo y ancho del país. Por espacio de tres años vagabundeó de provincia en provincia vendiendo píldoras. Al final, tenía ochocientos dólares ahorrados. De nuevo se dio a la deriva.
Comenzó entonces la más notoria de sus aventuras. Partió de Pekín y emprendió un viaje a través de todo el país, viajando disfrazado de pobre chino con su catre enrollado a la espalda, su pipa al estilo chino y su cepillo de dientes. Se alojó en posadas chinas, durmiendo en los Kangs de madera, bajo los cuales se introducía un brasero, apretado con otros caminantes y comiendo comida china. No es esta una hazaña desdeñable. Se sirvió poco de los trenes; la mayor parte del viaje la hizo a pie, en carreta, por los ríos. Atravesó Shenxi y Shanxi, recorrió a pie las ventosas mesetas de Mongolia, arriesgó el pellejo en la barbarie del Turquestán; pasó largas semanas con los nómadas del desierto, viajó con las caravanas que portan los adoquines de té prensado a través de la aridez del Gobi. Al final, cuatro años después, una vez gastado el último de sus dólares, llegó de nuevo a Pekín.

En un biombo chino
William Somerset Maugham

Majestuoso, el orondo Buck Mulligan

Marilyn leyendo el Ulises. Foto de Eve Arnold
Ulysses
1
Stately, plump Buck Mulligan came from the stairhead, bearing a bowl of lather on which a mirror and a razor lay crossed. A yellow dressinggown, ungirdled, was sustained gently behind him on the mild morning air. He held the bowl aloft and intoned:
-Introibo ad altare Dei.
Halted, he peered down the dark winding stairs and called out coarsely:
-Come up, Kinch! Come up, you fearful jesuit!
Solemnly he came forward and mounted the round gunrest. He faced about and blessed gravely thrice the tower, the surrounding land and the awaking mountains. Then, catching sight of Stephen Dedalus, he bent towards him and made rapid crosses in the air, gurgling in his throat and shaking his head. Stephen Dedalus, displeased and sleepy, leaned his arms on the top of the staircase and looked coldly at the shaking gurgling face that blessed him, equine in its length, and at the light untonsured hair, grained and hued like pale oak.

Ulises
1
Majestuoso, el orondo Buck Mulligan llegó por el hueco de la escalera, portando un cuenco lleno de espuma sobre el que un espejo y una navaja de afeitar se cruzaban. Un batín amarillo, desatado, se ondulaba delicadamente a su espalda en el aire apacible de la mañana. Elevó el cuenco y entonó:
-Introibo ad altare Dei.
Se detuvo, escudriñó la escalera, sinuosa y llamó rudamente:
-¡Sube, Kinch! ¡Sube, desgraciado jesuita!
Solemnemente dio unos pasos al frente y se subió a la plataforma redonda. Dio media vuelta y bendijo gravemente tres veces la torre, la tierra circundante y las montañas que amanecían. Luego, al darse cuenta de Stephen Dedalus, se inclinó hacia él y trazó rápidas cruces en el aire, barbotando y agitando la cabeza. Stephen Dedalus, molesto y adormilado, apoyó los brazos en el remate de la escalera y miró fríamente la cara agitada barbotante que lo bendecía, equina en extensión, y el pelo claro intonso, veteado y tintado como roble pálido.
Ulises
(Traducción Francisco García Tortosa y
María Luisa Venegas Lagüéns)
James Joyce

viernes, 13 de febrero de 2009

Una torre en la Toscana

Thomas Allen. Torre de libros.
Quienes de nosotros presumen de escribir libros caen al parecer en dos categorías: los estables y los itinerantes. Hay escritores que sólo funcionan "a domicilio", con la silla adecuada, los estantes de diccionarios y enciclopedias, y ahora tal vez con el ordenador. Y luego están esos otros, como yo, que quedan paralizados por el "domicilio", para quienes el domicilio es sinónimo del proverbial bloqueo del escritor, y que ingenuamente creen que todo estaría bien con que sólo se hallaran en alguna otra parte. Incluso entre los muy grandes se encuentra la misma dicotomía: Flaubert y Tolstói, que trabajan en sus bibliotecas; Zola, con una armadura junto a su escritorio; Poe, en su cabaña; Proust, en la habitación tapizada de corcho. Por otra parte entre los itinerantes está Melville, a quien afincarse como un caballero en Massachusetts "lo echó a perder", o Hemingway, Gogol o Dostoievski cuyas vidas, por elección o necesidad, fueron un permanente e impetuoso ir de un hotel a otro, de una habitación de alquiler a otra -y el último en una prisión en Siberia-.
Por lo que me atañe (y por lo que valga), he intentado escribir en lugares tan variados como una choza de barro africana (con una toalla mojada en la cabeza), un monasterio del Monte Athos, una colonia de escritores, una casucha en un páramo y hasta una tienda. Pero no bien llega la tormenta de arena, o comienza la estación lluviosa o un martillo pilón destruye toda esperanza de concentrarme, me maldigo y pregunto "¿qué estoy haciendo yo aquí, por qué no estoy en la Torre?".

En realidad hay dos torres en mi vida. Ambas medievales. Ambas con paredes espesas que las hacen cálidas en invierno y frescas en verano. Ambas con vistas de montañas delimitadas por ventanas muy pequeñas que impiden que uno se distraiga. Una está en la frontera galesa, en las praderas acuosas del río Usk. La otra es la torre de señalización de Beatrice von Rezzori, construida en los días de los güelfos y gibelinos y que se alza en una colina de bosques de robles y nogales, a unos veinticinco kilómetros al este de Florencia.
Que yo sepa Beatrice nunca compró nada que no fuera una ganga, aun teniendo que viajar al otro lado del mundo para conseguirla. Compró alfombras dhurrie en el bazar de alfombras de Kabul. Más cerca de casa compró sillas del Castello di Sammezzano, un falso palacio morisco en una colina cercana. Además tenía una variedad de objetos extraños del tipo que los refugiados meten en sus baúles: un incensario dorado; grabados de odaliscas; o un retrato de su abuelo pachá que una vez fue gobernador cristiano de Líbano -objetos que necesitaban un hogar y que, con un poco de imaginación, podían conjurar ecos de perezosas tardes estivales en casas de verano junto al agua-.
Cada vez que me instalo en un lugar fijo, el lugar se vuelve un mar de libros y papeles y camas deshechas y ropas tiradas aquí y allá. Pero la Torre es un lugar donde siempre he trabajado con la cabeza clara y bien, en invierno y en verano, de día o de noche -y los lugares donde uno trabaja bien son los lugares que más ama-.

Anatomía de la inquietud
Bruce Chatwin

Dzhan

Henry Sandham. Convictos rusos en ruta a Siberia.
-Conozco ese pueblo, he nacido allí -dijo Chagatayev.
-Por eso te mandan -explicó el secretario-. ¿No te acuerdas cómo se llama ese pueblo?
-No se llama de ninguna manera -contestó Chagatayev-. Pero ellos mismos se han dado un nombre.
-¿Cómo es?
-Dzhan. Significa el alma o la vida feliz. El pueblo no tenía nada aparte del alma y la vida que les daban las mujeres-madres, porque les trajeron al mundo.
El secretario frunció el ceño y se puso triste.
-Entonces, todo lo que tienen es un corazón, y sólo cuando late.
-Sólo el corazón -confirmó Chagatayev-, sólo la vida; más allá del cuerpo no les pertenece nada. Pero la vida tampoco era de ellos, les parecía que lo era.
-¿Te dijo tu madre quiénes eran los Dzhan?
-Sí. Gente que había huido, huérfanos de todas partes y esclavos viejos y enfermos, a los que habían hechado. También había mujeres que habían engañado a sus maridos y que se ocultaban allí por miedo, llegaban chicas enamoradas de alguien que se había muerto de repente y que no querían casarse con otro. También vivían hombres que no conocían a Dios, que se burlaban del mundo, criminales... Pero no recuerdo a todos, era pequeño.
-Vete a buscarlos. Encuentra a ese pueblo perdido...

Dzhan
Andrei Platónov

jueves, 12 de febrero de 2009

El Santa Cruz

El Santa Cruz (Fuente:The Complete Work of Charles Darwin Online)
A Naturalist's Voyage Round the World
Chapter IX
SANTA CRUZ, PATAGONIA, AND THE FALKLAND ISLANDS.
April 13th, 1834.—The Beagle anchored within the mouth of the Santa Cruz. This river is situated about sixty miles south of Port St. Julian. During the last voyage Captain Stokes proceeded thirty miles up it, but then, from the want of provisions, was obliged to return. Excepting what was discovered at that time, scarcely anything was known about this large river. Captain Fitz Roy now determined to follow its course as far as time would allow. On the 18th three whale-boats started, carrying three weeks' provisions; and the party consisted of twenty-five souls—a force which would have been sufficient to have defied a host of Indians. With a strong flood-tide and a fine day we made a good run, soon drank some of the fresh water, and were at night nearly above the tidal influence.
The river here assumed a size and appearance which, even at the highest point we ultimately reached, was scarcely diminished. It was generally from three to four hundred yards broad, and in the middle about seventeen feet deep. The rapidity of the current, which in its whole course runs at the rate of from four to six knots an hour, is perhaps its most remarkable feature. The water is of a fine blue colour, but with a slight milky tinge, and not so transparent as at first sight would have been expected. It flows over a bed of pebbles, like those which compose the beach and the surrounding plains. It runs in a winding course through a valley, which extends in a direct line westward. This valley varies from five to ten miles in breadth; it is bounded by step-formed terraces, which rise in most parts, one above the other, to the height of five hundred feet, and have on the opposite sides a remarkable correspondence.

Viaje de un naturalista alrededor del mundo
CAPÍTULO IX
El Santa Cruz, la Patagonia y las islas Falkland.
13 de abril de 1834. El Beagle echa el ancla en la desembocadura del Santa Cruz. Este río desagua en el mar a unas 60 millas al sur del puerto San Julián.
Durante su último viaje lo había remontado el capitán Stokes en una extensión de cerca de 30 millas; pero la falta de provisiones le obligó a retroceder. No se conocía de este río más que lo descubierto en la excursión de que acabo de hablar. El capitán Fitz-Roy se resuelve a penetrar todo lo que el tiempo permitiese, y partimos el 18 en tres balleneras llevando provisiones para tres semanas. Componíase nuestra expedición de 25 hombres, fuerza suficiente para desafiar a un ejército de indios. La marea ascendente nos arrastró muy pronto; el tiempo estaba bueno e hicimos una larga etapa; no tardamos en beber agua dulce del río, y por la tarde nos encontramos donde ya no se dejaba sentir la marea.
En este punto toma el río el aspecto y la anchura que conserva casi sin diferencia hasta el extremo de nuestro viaje. La anchura media es de 300 a 400 metros, y la profundidad, en el centro, 17 pies.
Uno de los caracteres más notables de este río es la constante rapidez de la corriente, que oscila entre cuatro y seis nudos por hora. El agua tiene un hermoso color azul, aunque con ligero tinte lechoso, y no es tan transparente como se cree a primera vista. Forman el lecho cantos rodados como los de las orillas y las llanuras inmediatas. Describe numerosas inflexiones en un valle que se extiende en línea recta hacia el oeste, y que tiene de cinco a diez millas de anchura; limitándolo terrazas que se elevan comúnmente por grados, unas sobre otras, hasta la altura de 500 pies, coincidiendo marcadamente en los dos lados del valle.
Viaje de un naturalista alrededor del mundo
(Traducción Manuel Vílchez de Serradel,1906)
Charles Darwin